"No correspondido"
Capítulo 4
(Lado Izuku)
.
.
.
.
Me gustas, Kacchan.
Esa es una verdad que tú y yo sabemos. Te lo digo tan poco que siento lo palpable que es mi temor de avanzar de escalón en esto. No soy una chica de los manga shoujo que he visto que lees donde dicen «Me pregunto si sentirá lo mismo que yo», porque sé que no es así. Más bien, diría que soy Izuku Midoriya, tu novio secreto y que no tiene problema con esperar el tiempo que necesites para anunciar nuestra relación a los demás.
Quisiera que te animaras. No es que sea impaciente, sólo deseo saber qué ocurre en tu cabeza para decirme tus pensamientos con mayor soltura.
Pienso todo esto, mientras te tengo recostado en la cama. Te he besado más de lo que solemos hacer. Tus labios están rojos, ligeramente hinchados, suaves y húmedos. Respiras por la boca, tus mejillas enrojecidas son producto de que mis sentimientos te han llegado, tus refulgentes irises me perforan como una estaca clavarse en mi corazón. Soy tan apegado a ti, que me confundió tu repentina cercanía a Todoroki-kun.
Conozco cuán buena es tu amistad con Todoroki-kun. Es mi amigo; lo quiero y lo aprecio demasiado. Estoy consciente que tienen una buena sintonía al momento de pelear contra un villano y la comunicación mediante gestos y miradas que me es imposible tener contigo.
Al menos, es lo que creo.
Me miras con esos ojos rojos y mis pensamientos quedan en el olvido. Beso tus labios. Siento tus manos en mi espalda, estirarse y apegarse a mí. Es una sensación tan plena, Kacchan. Puedo ver que confías en mí; que vas soltando un poco tu orgullo.
Me hace tan feliz poder tenerte así, poder besarte y sentir cómo te estremeces cuando te toco.
Me gustas, me gustas, me gustas.
—¡Mierda! ¡Izuku, detente! —Gritas, mientras me detienes con tus manos en mis hombros.
Te miro, extrañado de tu conducta. No comprendo tu enojo hasta que noto tus mejillas tan rojas como si hubieras venido de una exhaustiva misión con Endeavor, y tu respiración entrecortada delatando lo distinto que nuestros besos se han vuelto, más por mi parte que la tuya. Más por estos celos hacia mi amigo.
—Lo siento —Digo sinceramente.—Lo siento. Me excedí.
—Idiota eso es lo que eres.
Percibo tu voz tan lejana, debido a los desbocados latidos de mi corazón. Eres tan hermoso y sé que no soy el único que lo ha notado; también Todoroki-kun. Y quién sabe qué otros compañeros de otros grados más lo han notado. Es una tortura pensarlo, una tortura pensar que mi fortuna se acabará tarde o temprano, porque tus sentimientos cambiarán, verán que soy un pozo de inseguridades y dudarás de haberme escogido.
Sé que debo mostrar seguridad ante eso, pero cuando imagino las miles de posibilidades que te pueden hacer cambiar de opinión, me aterra.
—Ahora, quítate de encima —Te quejas—, Pesas un montón.
—Sí, sí. Lo siento.
—¡Deja de disculparte!
Me acomodo a tu lado, recargando nuestras espaldas en la pared. Sigues rojo, con un suave delineado de mis besos en tus labios húmedos, ligeramente hinchados. Sin contemplarlo mucho, me acerco a darte un beso en los labios y retirarme. Noto que no me esquivas y eso me hace sonreír estúpidamente. Creí que estarías más molesto. A veces tus palabras son más hirientes que tus acciones. Pero sé que no lo dices en serio, salvo que tu voz se vuelva más visceral y tus explosiones más punzantes, es cuando quieres lastimar a quien te hace daño.
Las palabras, de alguna manera, siempre nos han unido; para bien o para mal. Nos comunicamos distinto, nos hablamos con gestos que interpretamos. Me alegra saber que hemos desarrollado nuestro propio lenguaje, nuestras maneras de tocarnos con las palabras, las formas de querernos con las miradas discretas.
Me gusta eso de ti.
De un arrebato, coloco mi mano sobre la tuya y le doy un ligero apretón. Incluso en el silencio, podemos sentirnos. Y es un hermoso acontecimiento.
Es de esos momentos en que tener los ojos muy abiertos no es suficiente y tengo que esforzarme por grabarme el mínimo detalle de tu cara para no olvidarlo; tal vez para recordarlo cuando piense en ti—como si nunca lo hiciera—, y cerrarme a ti en las horas que no nos vemos.
Kaminari me dijo que estoy obsesionado contigo, porque mis libretas están llenas de dibujos de ti, de tus movimientos, los arreglos a tu traje, tus expresiones con el traje puesto, tu cabello, frases tuyas. Todo. Me reí y sonrojé, pero no le di la razón. Esa clase de cosas las reservo para cuando te tengo al frente y me lleno de ti.
Con mi falta de respuesta, le di motivo suficiente para que lo dijera en el comedor y en la sala de estar cada vez que el tema de que entrenamos juntos salía a colación.
Me gusta que me relacionen contigo, pero no me agrada que no nos vean juntos. Tengo la sensación de que intuyen que algo pasa entre nosotros, mas lo descartan cuando ven a Todoroki-kun cerca, implantando la semilla de la duda en nuestra relación.
Jamás imaginé que sentiría este sentimiento tan devastador por un amigo.
Estoy seguro que si te lo digo, me dirás que soy un celoso infantil.
Y no lo dudo, Kacchan.
—Estás pensando muy fuerte, nerd —Comentas; deshaciendo el silencio.
Me río por reflejo.
—¿En qué piensas? Espero que no sea ver esa película donde All Might salva a las personas de una explosión, otra vez.
—¡Kacchan! Es una buena película. No me cansaría de verla.
Gruñes.
—Algo te está inquietando, ¿No es así? ¡Escúpelo!
Te miro unos segundos, aprieto tu mano, nuevamente. A pesar de los años de conocerte, continúa sorprendiéndome lo perceptivo que eres.
Así que te cuento mis inseguridades y pensamientos respecto a tu amistad con Todoroki-kun. Vi que tu semblante tranquilo, se convirtió a uno de fastidio. Luego me intentaste explotar, te detuve, pero alcanzaste a darme un golpe en la cabeza que me tumbó de la cama.
Caí de espaldas.
—¡Eres un idiota!
—¡Qué! Pero, dijiste que te lo contara.
—No mierda como esa.
—¡Kacchan!
—¡No entiendes nada, Deku!
Frunzo el entrecejo, anonadado.
—¿Qué es lo que no entiendo?
Estás rojo, tus puños cerrados y el cuerpo crispado como si te hubieran atacado. Supongo que he tocado una fibra que no debía de tocar en ti y me corresponde lidiar con tu enojo.
—¡Nada! ¡Olvídalo!
—Dime, Kacchan. Quiero saber.
Bufas y me miras de soslayo.
Subo a la cama, cauteloso de no irrumpir con tus cavilaciones, o lo que creo que está pasando por tu mente.
Te miro por unos segundos, minutos; lo que me fascina hacer siempre, lo que place a mi corazón enormemente.
—¡Idiota!
Me remuevo en mi lugar, sobresaltado. De pronto, te colocas encima de mi, tus ojos encendidos, tu labio torcido en una mueca, tus manos clavadas en mis hombros.
Puse mis manos en tu cintura.
Logro sentir cómo te estremeces ante mi; es maravilloso.
Uraraka me ha dicho que tengo el aire de ser inexperto en las relaciones amorosas, y yo creo, no, sé que viene en la forma en la que la rechacé en segundo año. Prácticamente le dije que me gustaba otra persona, o sea tu, pero de la manera más torpe que se me ocurrió (le dije que prefería a los chicos que a las chicas, porque era más fácil hablar con ellos; lo sé, una tontería), dadas las circunstancias en las que estábamos situados todos: habían pasado escasos tres días de la batalla contra Shigaraki, la ciudad estaba destruida y las demás aledañas, había muchos heridos, se acababan pronto el equipamiento y estábamos afectados por lo mismo.
Tú estabas grave, llevabas días sin despertar, desde el incidente, (que me encargué de regresárselo a Shigaraki el doble) y, mientras aguardaba en la sala de espera con los tíos, que se enteraron de tu condición por la transmisión en vivo echa por La Brava, y mi madre, Uraraka se acercó a pedir que hablara con ella. No sé por qué o qué le hizo quererse confesar en un diminuto callejón de en frente de donde te tenían, pero lo entendí cuando me dejaron ingresar a tu habitación y te vi conectado por esas máquinas, lleno de vendas en el pecho y supe que si no te decía mis sentimientos, no tendría otra oportunidad de hacerlo.
Sin embargo, me rechazaste en cuanto despertaste. No me extrañó. Cómo le ibas a corresponder a tu amigo de la infancia del que recién le habías pedido disculpas. Era ilógico; además, no sabías cómo terminó todo. No sabías que hice polvo—literalmente— a Shigaraki. Tampoco que All Might hizo lo que pudo contra All For One, en lo que éste humillaba a otros héroes y no estaba disponible para pelear contra él. Y lo hizo mejor que en Kamino.
Lo único que querías era saber, saber qué había sido de la batalla, saber si ganamos. Y, quise darte el gusto de hacerte saber que mi destino, que tú odiabas (y sigues odiando), había sido terminar con la maldición de este poder.
Duraste varios días sin dirigirme la palabra. Te visitaba, pero apenas si me mirabas. No sabes lo que me dolió recibir tu indiferencia.
No obstante, jamás imaginé que estaríamos así. Contigo en mi regazo, sintiendo tus piernas en las mías, tu aliento en mi rostro, la nitroglicerina de tu sudor traspasándose a mi piel.
—¡No entiendes nada! —Repites.
Deslizo mis manos hacia tus caderas.
—¿Qué es lo que no entiendo?
Me acerco a tu boca y miro tu labio torcido; escucho, incluso, el tronar de tus dientes.
Me besas. Abro demasiado los ojos. Mi corazón se acelera y mi cuerpo parece combustionar. Te abrazo. Tus labios se pegan a los míos, como si quisieras devorarlos, mas te detienes; parece que esperas que yo haga algo o que ocurra algo que nos haga seguir así, perplejos en los besos o dispuestos a romper esa barrera invisible que nos hace quedarnos en el pasmo sentimental.
Tus brazos rodean lentamente mis hombros, y tus rodillas se anclan a mis costados. No puedo creer lo cerca que estamos. Podría llorar si sólo se tratara de mi imaginación. Aprieto los párpados y te agarro para no soltarte. Gruñes con esa maniobra, pero no te separas.
Tenerte así es lo mismo que ver a Mineta bailar bajo las instrucciones de Ashido: un bombardeo de fallos, que siendo nosotros, con años de intentarlo vamos cediendo. Creo que si hubiéramos empezado a salir en segundo año las cosas no se hubieran dado como se están dando ahora.
Esperarte y respetarte fue lo mejor que pude haber hecho y ha sido la mejor recompensa que he tenido y no estoy mintiendo, Kacchan.
Eres lo mejor que me ha pasado. Más allá que conocer a All Might y heredar el OFA.
Eres mucho más que eso.
Sin ti no hubiera llegado hasta donde estoy. Es más, me atrevo a decir, que todavía estuviera en la línea de despegue, aguardando pacientemente por la señal de ponerme en la ruta y encender los motores. Contigo he despegado a miles de kilómetros. Sigo de pie, en el aire, en la tierra, en el subsuelo, en las atmósferas, en ultramar. He estado en todas partes sin salir de aquí.
Te quiero y sé que no me basta con sólo decirlo.
No nos basta ser sólo nosotros.
Besarte es la alquimia de la plenitud.
Pones los elementos para que éstos exploten y formen constelaciones en mi interior, allá donde mis latidos se aceleran tanto que se vuelven roncos. Me sacas un lado que no sabía que tenía en mi; o sea, no voy a negar que me gustan las formalidades y que te fastidio con querer respetarte y ponerte primero, porque te disgusta que te tengan «compasión», que es algo que no tengo por ti.
Besarte me saca un lado distinto, me hace ansiar aferrarme a ti, hasta por los pies. Asirme a ti en contracorriente, o yuxtapuesto de las adversidades que nos esperan.
Después del primer año me he apegado demasiado a vivir el presente, que no planeo mi futuro más allá de tres meses.
Sólo me he centrado en graduarme, en crecer como héroe, en las personas que me rodean y en ti.
Besarte me convierte en sonámbulo y me siento perdido si no te tengo.
El día que terminamos los exámenes escritos,(restaba hacer el examen práctico de Aizawa-sensei, del cual nos pidieron que necesitábamos descansar por lo menos dos días antes) decidí llevarte al parque de diversiones(esa era la sorpresa que quería darte), porque quería cumplir un sueño mío: comer crepas dulces y tomarnos de la mano.
Estuviste fastidiado la mayor parte del tiempo en que nos subimos a los juegos rudos, y cuando elegí irnos por la noria, fue que comenzaste a soltarte un poco y te noté que cedías a mi deseo infantil, o quizás a la idea de que pasábamos un buen rato juntos y nadie nos estaba interrumpiendo como en los dormitorios.
Luego de que compré unas crepas de fresas con crema, te rehusaste a comerlas, dejándome a que las terminara, mientras te quejabas de que hacía un calor molesto para ser principios de la primavera y que tus amigos te preguntarían adónde fuiste, a lo que te dije que les podríamos decir de nosotros, pero bufaste y te mantuviste callado.
Era un poco dolorosa tu indiferencia, pese a estar acostumbrado a ella, y más si te negabas a que nuestra relación pasara a ser sólo un secreto.
No obstante, eso no me impidió de tomar tu mano al cabo de acabarme la crepa y ver que el rubor de tus mejillas decía todo lo contrario a tu actitud. Sonreí. Pensar negativo no me llevaría a ningún lado y si te tenía, en contra y pos de las circunstancias, no me importaba lo demás.
De regreso, te besé. Te besé hasta que me golpeaste en la cabeza, diciéndome que me había pasado. Estabas tan rojo que pensé que se te quemaría la cara.
No pude evitarlo. Te volví a besar.
Besarte era tan dulce que me sentía flotar.
Te abracé, asegurándome de que sólo éramos un par de sombras encontradas en un parque público. La tarde nos acariciaba con su viento templado y sus olores a pétalos de flores. Creí que te molestarías si insistía en que era incapaz de soltarte, cuando no habíamos tenido una oportunidad como esa de penetrar con la noción de que nadie nos interrumpía, ni siquiera las miradas frías de Todoroki-kun cada que nos veía juntos en el gimnasio (no soy tan ingenuo como para percatarme de que te observaba con ganas de sacarme de la pantalla y ponerse a tu lado)
Nadie.
Sólo nosotros, Kacchan.
Tus labios tan suaves se envolvieron en los míos; el sabor de la calidez, el aroma de las flores y el dulce del caramelo se imbricados en mi.
—Te quiero —Murmuré entre besos, gruñiste, mis manos en tu cintura, las tuyas en mi pecho, me abrazaste más. Aferrados, juntos, esperanzados, encallados.
Te quiero y ni los símbolos del amor eran suficientes para lograr contenerte.
.
.
.
.
NOTA: Me costó poner el lado de Izuku.
Izuku enamoradísimo de Kacchan.
Espero que les haya gustado el capítulo.
