Hola a todos, sé que tengo mucho que explicar, mucho tiempo fuera de este mundo de la creación y continuación de historias. La verdad ha sido un largo trayecto y he tenido muchos contratiempos, pero…aquí estamos.

Prometo seguir avanzando la otra historia que tengo pendiente, los he leído respecto a continuar, lo sé, algunos incluso ya no siguen la historia dado a que las he pausado POR AÑOS. Se necesita tiempo, motivación e inspiración para este tipo de cosas.

Ahora que tengo computadora de nuevo, aunque digamos que el tiempo y mi salud emocional no sobran, pero, entiendo que puedo hacerlo, poco a poco. Aquí estaba pensando un poco en el querido personaje incomprendido de Albedo, un joven con altas capacidades que se dedicó a lo que más amaba, pero la ambición y los celos lo llevaron a cambiar totalmente, lo intoxicaron. Veamos un poco sobre lo que pienso de él, esta historia solo abarca la versiones de Fuerza Alienígena y Supremacía. Pienso que el Albedo de Omniverse es más complejo y malvado, y la verdad habría que pensar bastante en como es su mente, por ahora solo me enfocaré en el "clásico".


Todo giraba a su alrededor, sentía mareos y náuseas mientras estaba en el suelo. Solo podía escuchar el sonido de una alarma sonar por todos lados. No veía con claridad, todo era borroso y confuso, pero podía percibir lo que eran colores oscuros y rojizos a su alrededor que confirmaban la alerta emitida. Poco a poco se incorporó mientras se sostenía de una pared a su lado, se agarró la cabeza tratando de calmar esas sensaciones y comenzó a realizar una respiración profunda para oxigenar mejor su cuerpo y mente.

"¿Qué he hecho?"- Se dijo para sí mismo, antes comenzar a correr. Sabía que pronto lo descubrirían y que en cuanto "él" supiera todo, probablemente lo condenaría a un castigo capital.

No pensaba con claridad, ni siquiera se daba cuenta dónde estaba. Corrió fuera de lo que era su laboratorio que quedaba al lado de su habitación, no tomó nada consigo, solo corrió. No se daba del todo cuenta, pero todo a su alrededor era peculiarmente pequeño, estaba tan enfocado en huir cuanto antes que a pesar de sentir que algo era anormal no tenía tiempo para enfocarse y pensar. Se mantuvo corriendo lo más lejos posible de donde se encontraba, los guardias no tardarían en encontrarlo y capturarlo.

Mientras huía, su brazo izquierdo chocó y rozó fuertemente una pared, no se detuvo a observar, ni siquiera sentía dolor, la adrenalina era tal que su único enfoque era huir.

Se encontró en la sala de naves, todas eran particularmente pequeñas, no entendía que pasaba, pero no era hora de ponerse a pensar. Miraba a su alrededor con desesperación cuando se enfocó en una nave de búsqueda, estas eran de mayor tamaño. Corrió hacia ella.

Una vez allá dentro presionó todos los botones de encendido y sin pensarlo, colocó de forma aleatoria una dirección lo más lejana posible. La nave se encendió y voló a alta velocidad lejos.


En Galvan Prime, muchos guardias armados estaban dentro de lo que era la habitación de la mano derecha de Azmuth. El Primer Pensador se abrió paso entre todos encontrándose con el desastre.

"Señor, todo indica que huyó del planeta en una nave poco después de que sucediera todo. Pasó muy rápido y…." - Le hablaba el comandante a Azmuth, pero este estaba tan perplejo que no lo escuchaba con claridad, nunca pensó que su asistente más apreciado llegara a esto.

"Oh, Albedo…." - Dijo con decepción.

"Señor, ¿quiere que salgamos a buscarlo?" .- Comentó el comandante Hoquidon.

El Primer Pensador estaba en shock, no respondió a la pregunta de una vez. No lo podía creer, sabía que su asistente era un engreído, arrogante, orgulloso y terco, era el único que se tomaba el atrevimiento de cuestionar y expresar su inconformidad ante ciertas decisiones, definitivamente no era un galván común, pero nunca pensó que llegaría a tales extremos.

"Quiero que investiguen todo, TODO. Hagan lo que crean conveniente, necesito ... .un tiempo para pensar." - Dijo el Primer Pensador.

"¿Señor?"- Preguntó el comandante.

"¡HAGAN LO QUE SEA NECESARIO!"- Vociferó Azmuth dándoles la espalda y marchándose del lugar.


El joven galván se paró frente a una de las grandes ventanillas, observaba con tristeza como poco a poco se alejaba de su planeta natal. Lanzó un suspiro, pero comenzó a sentirse más tranquilo al no ver ninguna nave perseguirlo. Colocó su mano derecha sobre el cristal del ventanal mientras contemplaba el planeta y ahí fue que se percató de todo …. su mano ¡no era realmente su mano! Con susto miró bien su reflejo en el ventanal y ahí vio que no era más un galván, sino un adolescente humano. Era el cuerpo de ese humano, ¡Ben Tennyson!. Se observó de pies a cabeza antes de caer de rodillas mientras veía sus manos humanas, se agarró su cabello con ambas manos y comenzó a llorar de forma desconsolada.

"No puede ser" -pensó con gran desesperación, definitivamente todo había salido mal.


Pasaron unos 10 minutos antes de que Albedo parara de llorar y se tranquilizase. Comenzó a percibir su ambiente, sentía frío y poco a poco también percibió como algo caliente cubría su brazo izquierdo hasta la mano, era algo líquido. Lentamente se paró del suelo y comenzó a observarse con más detenimiento, estaba desnudo y… su brazo izquierdo estaba todo ensangrentado. Se asustó y trató de buscar la fuente del sangrado, allí vio una herida un poco profunda en su brazo, fue en ese momento que comenzó a sentir un dolor punzante en la zona y un poco de mareo, ¿cuánto tiempo llevaba herido? Bueno, eso no importaba ahora, debía curar la herida cuanto antes y esperar no haber perdido mucha sangre, los humanos eran particularmente conocidos por ser una especie débil y delicada. Buscó un botiquín lo más rápido posible, todas las naves galván siempre estaban equipadas.

Pasó un buen rato para poder curar su herida, pero lo logró sin muchas complicaciones, el detalle era que había perdido mucha sangre, su color pálido y todo el derrame en el suelo lo confirmaban. Ese era un problema que no podía solucionar en el momento, era algo importante, pero no tenía cómo resolverlo mientras estuviera en el espacio. Debía ser fuerte, por lo menos estaba de pie y estable.

Nuevamente comenzó a sentir frío y recordó…..estaba desnudo, ¡Era un humano desnudo! ¡Qué asco! Fue transformado en el cuerpo de Ben, un cuerpo de un primate asqueroso, peludo en casi en su totalidad, piel delgada y sencilla, y que encima de ello traía sus genitales expuestos. La palabra asqueado quedaba poco para lo que él sentía, era entre horrorizado, espantado y si…nuevamente asqueado. Tenía que cambiar de forma cuanto antes, buscó en el dial de su Omnitrix su especie, la galván, pero esta no aparecía en el catálogo, solo aparecían los 10 alienígenas de Tennyson. Eso no lo detuvo, con su conocimiento del dispositivo procedería a configurarlo, después de todo, él fue el asistente y aprendiz más inteligente de Azmuth.


No se percató del tiempo, pero habían pasado lo que parecían horas y el dispositivo no se configuraba, estaba totalmente sincronizado con el del adolescente humano, por más que lo intentaba, no logró nada. Albedo no era el tipo de persona que se rendía fácilmente, a pesar de los resultados, volvió a intentarlo con diferentes métodos una y otra vez. La cuestión es que era un momento diferente: estaba fuera de su planeta, no tenía muchas herramientas disponibles en la nave, estaba huyendo de los suyos, adolorido y por si fuera poco en un cuerpo de una especie que para su gusto era repugnante. Esta vez sí que la paciencia se le había acabado, se comenzó a frustrar bastante con cada intento de transformación y de reconfigurar el Omnitrix.

Con enojo golpeó una pared "¡Maldición!". - Dijo luego de tantos intentos fallidos.

Se sentó en el suelo totalmente lleno de frustración, sentía que el mundo se había vuelto contra él. Lo único que quería era justicia, SU justicia, lo que él consideraba justo para sí.

"Debo encontrar a Tennyson"- Inmediatamente fue a los controles de la nave y reajustó el rumbo hacia el planeta Tierra. Sabía que debía encontrar al humano y con él, el Omnitrix original.

Era lo único que podía hacer en el momento, o eso él creía, ya una vez tenía más claro lo que haría recordó que aún estaba descubierto y que no había comido nada en horas. Buscó ropa que ponerse en uno de los armarios de la nave, pero no había ninguna que le sirviera, todas estaban diseñadas para los galván. Estaba comenzando a molestarse, además de todo lo que estaba pasando, tendría que soportar el frío y ver ese horrible cuerpo humano en su trayecto a la Tierra. Algo debía encontrar para cubrirse. Siguió buscando hasta que en una parte encontró lo que parecían ser unas mantas blancas, no eran exactamente una ropa, pero tenían el tamaño suficiente para cubrirlo.


Por fin, ya no hay más cuerpo humano que ver, por ahora…

Tocaba alimentarse, ya de por si estaba débil por las heridas y la sangre perdida. Caminó con tranquilidad hacia las despensas que almacenan alimento para los viajes. En una esquina había insectos disecados, estos eran especiales, eran de la especie Shiwu, unos insectos domésticos criados y alimentados de tal manera que estaban altamente enriquecidos en nutrientes, por lo menos para un galván… cada uno poseía 50 kcal siendo la mayoría de esta proteína, bastaría uno o dos para mantener nutrido a un galván por horas. El detalle es que él ya no era un galván, su cuerpo era el de un humano, una especie que no es insectívora y que además, requería muchas más calorías. No había suficientes Shiwu para alimentarlo correctamente, debía encontrar algo más. Siguió buscando y en otra parte encontró algunas frutas pequeñas, los galván no solían comerlas con frecuencia, pero eran un complemento en su dieta, de vez en cuando. No pensó más, tomó un puño de Shiwu y los metió en su boca, comenzó a masticarlos cuando…. "¡Iagh!" No podía ser, lo que era un manjar para los galván, su cuerpo humano lo rechazaba. Genial…


Pasaron algunos minutos, se había forzado a sí mismo a comer todos los Shiwu disponibles y los diferentes tipos de frutas que estaban almacenadas. Estaba un poco asqueado, pero era el único alimento que tenía allí, tuvo que comerlo si o si. Solo esperaba que no hubiera consecuencias por esto, no sabía que tanto su organismo lo toleraría.

Ya estaba muchísimo más tranquilo, se sentó y recostó en el suelo. Vaya día. Su cabeza pensaba en muchas cosas. Pensaba en cómo las cosas cambiaron de un momento a otro: estaba terminando su copia cuando de pronto algo salió mal y hubo una reacción que terminó alertando a todos, sabía que lo que estaba construyendo a escondidas era algo que no se iba a tolerar, por eso huyó en cuanto recuperó la consciencia.

No se dio cuenta, pero el cansancio era tal que mientras se perdía en sus pensamientos, también caía dormido. No pasó mucho para que esto pasara.


Sus ojos se abren de sorpresa, despertó de un sobresalto, por un momento había olvidado todo y creía que estaba en su habitación. Se levantó y recayó en la realidad tan solo mirar a su alrededor. No dijo nada, solo hizo una mueca de inconformidad. Se rascó detrás de la nuca y fue rumbo a los monitores de la nave.

No era la más rápida, pero ya estaba bastante cerca de la Tierra, en una horas terrestres ya estaría en el planeta, por fin algo bueno. ¿Por cuánto tiempo se había dormido? Tenía que planear qué haría al llegar, Tennyson probablemente no lo conocía, no entregaría su Omnitrix a la ligera, mucho menos en esa forma en la que él estaba.

Pensó en resolver eso cuando estuviera allá, por ahora debía establecer un punto cercano al joven humano. El planeta no era de los más grandes, pero nunca lo había visitado. Sabía que Ben pertenecía a un país de la porción norte del occidente, pero desconocía la localización exacta. Fijó su rumbo al norte, una vez en el planeta se encargaría de encontrarlo.


Albedo se encontraba sentado en el suelo, había pasado un buen rato y no encontraba cómo matar el tiempo, fue un poco…aburrido. En un momento determinado sintió curiosidad y comenzó a explorar este nuevo cuerpo. Había visto humanos vivos, pero nunca había tenido la oportunidad de conocer sus organismos o estudiarlos por completo. Sabía que eran mamíferos; frotaba sus manos entre sí y sentía el calor de su cuerpo al tacto, eran seres de sangre caliente con una temperatura que se mantenía relativamente estable ante el ambiente; alimentación omnívora, pensaba esto mientras entraba un dedo en su boca e inspeccionaba su dentadura, una muy diferente a la de los galván, era compleja, diferentes piezas dentales con diferentes funciones cada una; piel delgada y con pelo delgado y corto, sabía que los humanos machos, en mayoría, al madurar, su pelaje crecía y era más abundante, pero Ben era solo un adolescente; miraba sus manos, podía ver el trayecto de sus venas y palparlas con suma facilidad, esto lo hizo sentirse vulnerable por un momento. "Debo tener cuidado si quiero permanecer con vida en este cuerpo…"- pensaba el joven Albedo mientras ponía una mano sobre su cabeza.

De un momento a otro la nave comenzó a pitar sacando a Albedo de sus pensamientos. El galván se levantó, caminó lentamente y con los brazos cruzados se dirigió hacia el ventanal. Por fin había llegado, la Tierra estaba a la vista.


Finalmente la nave aterriza. La compuerta se abrió y Albedo camina hacia afuera, sus pies descalzos entraron en contacto con la tierra seca, vaya que eran sensibles, percibía todo. Se sentía diferente, el ambiente era diferente, en el lugar en el que había aterrizado era de noche lo que le daba una hermosa vista del cielo estrellado. Respiró profundo inhalando oxígeno terrestre, no lo admitiría, pero le gustaba. "¿Con qué esta es la Tierra? Jum" - dijo para sí. Comenzó a caminar, estaba en una zona solitaria, no parecía que estuviera cerca de una ciudad.

Mientras caminaba, escuchó un sonido que llamó su atención, sonaba como agua en movimiento. Lo siguió y se encontró con un hermoso río pequeño. No lo pensó dos veces para ponerse de rodillas y con ambas manos tomar agua…Dios, que bien se sentía. Al tomar el primer sorbo, suspiró y miró al cielo, luego comenzó a tomar de forma impulsiva, no lo sabía, pero tenía mucha sed.

Satisfecho se levantó del suelo, con su brazo derecho se limpió la boca. "¿Qué sigue ahora?"- Fue entonces cuando escuchó el sonido de un arma.

"¡Alto ahí, levanta las manos y date la vuelta!"- Dijo alguien.

Por unos segundos se sorprendió, pero luego se tranquilizó, sabía que eran simplemente humanos. Lentamente se dio la vuelta para estar cara a cara con ellos. Había dos hombres armados y una mujer con ellos.

"¿Quién eres y qué buscas aquí, muchacho?" - Exigía respuesta uno de los hombres, el otro solo se mantenía apuntando.

Albedo no respondió nada, pero estaba listo para transformarse y deshacerse de ellos para seguir con su objetivo. Comenzó a acercar su mano derecha hacia el Omnitrix lentamente, cuando….

"Espera, amor"- Dijo la mujer interponiéndose entre ellos y bajandole el arma al hombre que hablaba. - "¡Tan solo míralo!, es obvio que este niño está perdido y no es de por aquí" - La mujer caminó hacia Albedo lentamente, calmandolo. "Pobrecillo, mira como estas, vamos a abrigarte"- La mujer lo tomó de los brazos y comenzó a guiarlo fuera de allí.

Los hombres no se sentían conformes con esto, se miraron entre ellos bajando completamente las armas. La mujer pasó al lado de los caballeros guiando a Albedo, estos intercambiaron miradas, pero no pasó a mayores.


Albedo estaba dentro de una pequeña casa, aún se encontraban apartados de algún pueblo o ciudad. Se dio cuenta que estas personas eran humildes. Miraba a su alrededor todo, vaya que los humanos estaban atrasados en lo que respecta a tecnología; las casas de los galván estaban bastante equipadas, hasta los más sencillos tenían acceso a lo último en tecnología. Estaba claro de eso, pues él era parte de la fabricación e investigación de nuevos artículos de forma diaria. Mientras lo pensaba, por un momento recordó su planeta y como trabajaba a diario al lado de su maestro para garantizar lo mejor para la especie. Esto era algo que ya no sucedería más. Albedo, de forma discreta, decayó emocionalmente.

"Aw, no estés triste, toma, ponte esto"- Dijo la mujer dándose cuenta de los sentimientos que tenía Albedo. Le pasó ropa para que se vistiera.

Albedo la tomó, la miró arriba y abajo sin decir nada. No era parecida a las que usaba en Galvan Prime, pero se veía y sentía bastante cómoda. Era eso o las mantas que traía.


Habían pasado una o dos horas desde que estaba allá, aún no había dirigido su primera palabra a estos humanos. La señora lo había sentado en la mesa para cenar junto con los demás.

"Espero que te guste, se ve que tienes hambre"- Dijo la señora colocando un plato lleno de comida frente a él. Albedo se quedó mirándola, "¿Qué es esto?"- pensó.

La señora se percató de cómo él no se motivaba a probar su platillo. - "Anda, no seas tímido y come todo lo que quieras"- le dijo.

Albedo miró a todos en la mesa, ambos hombres y la señora estaban observando, ella estaba expectante, pero los caballeros lo miraban con curiosidad. Desde que él había llegado no le quitaban la mirada de encima, algo sospechaban.

A Albedo no le atraía la comida humana, se veía rara y el olor era diferente, pero se sintió presionado ante las miradas, sin contar que era consciente que necesitaba alimentarse. ¿Por dónde comenzaría? Con precaución tomó una de las piezas, no estaba del todo convencido, lentamente la acercó a su boca y tomó un mordisco. La masticó poco a poco hasta sentir ese gran placer, ¡era fantástica! Continuó comiendo, esta vez con confianza y algo de rapidez. La comida tenía una bomba de sabores, no era dulce, pero en definitiva le parecía maravillosa al paladar, y con un toque de picante.

La señora lo veía comer y sonrió. "¡Vaya!, sí que tenías hambre" - comentó sin apartarle la mirada de encima - "¡ja! nadie se resiste a mi platillo".

"¿Y quién podría? Tus tacos al pastor son los mejores" - Comentó uno de los caballeros.

"Tacos al pastor… ¿de qué estaba conformada esta delicia?" Pensaba Albedo mientras lo observaba y saboreaba con detenimiento, veía lo que parecía ser carne aunque desconocía de qué especie, diferentes tipos de verduras y salsas. En Galvan Prime este tipo de alimento no se veía, solo variedades de invertebrados, siendo el 85% insectos.

Todos elogiaban el plato de la señora cuando de pronto el hombre de la casa comenzó a hablar. "Me llamo Pedro, Pedro Gonzáles" - Le extendió la mano a Albedo, a lo que él no comprendía lo que estaba pasando ¿Qué está haciendo este humano con su mano? Pasaron unos segundos para que Pedro se diera cuenta que su saludo no iba a ser correspondido, lentamente retiró su mano.

"Este de aquí es mi hermano, Manuel." - El hombre hizo un simple gesto de saludo.

"Y yo soy Marta"- Dijo la dama con una gran sonrisa mientras se acercaba a Albedo. Su amabilidad cortó la tensión que se estaba comenzando a formar en el ambiente.

Pedro se sentó y miró a Albedo mientras se sobaba su barba. "¿Tú cómo te llamas, muchacho?".- preguntó.

Albedo seguía masticando su comida, tragó y no estaba seguro de hablar, pero….

"Shhh, miren, otra vez esas noticias" - Decía Marta mientras subía cada vez más el volumen de una pequeña televisión que tenían en la sala. Todos fijaron sus miradas hacia allá.

Albedo respiró profundo y no le dio importancia a lo que estaban observando, debían ser esas cosas sencillas de humanos, continuó comiendo lo que era la última porción, pero algo captó su atención…. lentamente bajó la comida al plato y observó. Era un reportaje sobre un país llamado Estados Unidos. Reportaban como diferentes criaturas habían sido capturadas por cámara luchando contra lo que parecían ser unos Caballeros.

"¡Vamos Marta! ¿Otra vez con eso? Es obvio que el gobierno americano quiere llamar la atención de todos siempre, mantienen a su pueblo esclavizado por medio del miedo"-Dijo Manuel entre burlas.

Hubo unos minutos de silencio, el reportaje continuaba. Albedo se había levantado de su asiento y estaba bastante cerca de la televisión observando y escuchando todo. Ese debía ser Tennyson.

"No lo sé, Manu, ¿Sabes? Creo que últimamente han estado pasando cosas muy extrañas por estos lados" - Dijo Pedro captando la atención de Albedo y sin apartar la mirada sobre él.

Nuevamente hubo unos segundos de silencio y tensión en el ambiente.

"¿Y si son aliens?"- Dijo Marta de forma rápida, con emoción y curiosidad.

"¡No seas ridícula, mujer! ¿Aliens? - Comenzó Manuel nuevamente a reir- "Esas cosas no existen, estamos solos en este universo. Es claro que deben ser uno de esos extraños experimentos que hacen allá. Dejemos a los americanos con sus problemas, nosotros ya tenemos suficiente con los nuestros. No sé porque transmiten esas noticias de forma internacional" - Manuel comenzó a pararse de donde estaba sentado, ya era tarde y tenía que retirarse.

Posterior a esto, todos comenzaron a movilizarse, Manuel se despidió de su hermano con un gesto y se marchó.

Pedro comenzó a retirarse, no sin antes pararse al lado del joven galván "Mañana es otro día, muchacho. Ya veremos por donde encaminarte." - Nuevamente había algo de incomodidad bajo sus palabras.

Marta caminó lentamente hacia Albedo y colocó una de sus manos en el hombro de este provocando que él la mirara.

"No les hagas caso, así son estos hombres. Pensar que estamos solos en el vasto universo es algo que para mí no tiene sentido. Nunca dejes de creer" - Le dijo guiñandole un ojo. - "Vamos, necesitas descansar, tengo un lugar donde puedo acomodarte".


Marta guió a Albedo a una habitación. Ella se quedó en la entrada mientras que él se adentró y comenzó a observar todo con detenimiento, era bastante sencilla y pequeña, había una cama, algunos muebles y una ventana.

Marta suspiró profundo captando la atención de Albedo. "Esta era la habitación de nuestro hijo, Alberto. Sé que a él no le molestaría compartirla por esta noche… - Algunas lágrimas comenzaron a formarse en los bordes de sus ojos, ella sonrió para sí y se las secó. "Descansa bien"- Se marchó cerrando la puerta con suavidad.


Habían pasado algunas horas, todos estaban durmiendo, exceptuando a Albedo. Él se encontraba acostado boca arriba en la cama con ambas manos tras su cabeza. En un momento se levantó de la cama y lentamente se acercó a la puerta, la abrió un poco para confirmar que los humanos realmente estuvieran profundamente dormidos.

Con suma cautela salió de la casa por la ventana y se dirigió a su nave. Había visto la transmisión, era cuestión de captar la localización exacta y descargarla al Omnitrix.

Se alejaba lentamente de la casa, mirando todo el tiempo hacia atrás y asegurándose que nadie lo perseguía. ¿Qué tan difícil podía ser? Había podido escabullirse y escapar de su planeta, uno muchísimo más sofisticado y con mayor vigilancia. Tal vez aún seguía paranoico.

El sitio de aterrizaje de la nave estaba bastante cerca de la casa de los humanos que lo acogieron, le sorprende que no la hayan encontrado.


Había llegado a la nave, no le tomó más de unos minutos llegar. Entró y se dirigió a la computadora principal, comenzó a manipularla y solo fueron necesarios unos segundos para reconstruir la antigua transmisión y localizar el sitio de origen.

"¡Te tengo!" - Decía Albedo para sí mientras descargaba todo a su Omnitrix.

"¡Vaya, vaya! Efectivamente no eres un simple niño" - Albedo estaba tan enfocado en todo que no se había percatado que Pedro lo había seguido y ahora lo estaba apuntando con su arma.

Albedo lo miró con arrogancia ¿Qué cree este ser inferior que le haría? Esta vez Marta no estaba para salvarlo. Extendió su brazo izquierdo e iba a activar su Omnitrix.

"¡Cuidado con lo que haces!" - Cargó el arma e iba a dispararle.

Casi inmediatamente, Albedo activó su Omnitrix y se transformó en un Polimorfo evadiendo el disparo. Pedro se asustó al verlo, eso si que no lo esperaba. Sin pensarlo continuó disparando, tanto que no midió el cartucho. Siguió halando el gatillo, pero ya no salía nada, tomó el arma y se la lanzó al extraño ser de apariencia gomosa y verde para huir del lugar. Esto le pareció patético a Albedo, se le abalanzó causando que el humano resbalara con el material que conformaba al alienígena. Pedro cayó inconsciente al golpearse la cabeza.

Al joven galván le hubiese gustado acabar por completo con este ser, pero ya tenía lo que quería, solo debía seguir con su objetivo. La suerte estaba del lado de este humano.

Albedo volvió a su forma y activó la secuencia de autodestrucción de la nave, no quería dejar más evidencia a los locales. Tras activarla corrió fuera y sin detenerse se transformó en un Aerofibio. Continuó el resto volando.

Pedro recuperó la consciencia y se puso a buscar al humano de inmediato, fue allí cuando vio la criatura en el aire alejándose, perplejo se levantó y trató de correr tras él, pero ahí mismo explotó la nave ocasionando que este cayera al suelo. Pedro se cubrió hasta que pasara la conmoción, miró lo que quedaba de la nave con asombro y luego dirigió su mirada al cielo. Ya no había nada.


Marta se despertó en la madrugada con el sonido de los gallos. En esa localidad tendían a comenzar el día antes de que saliera el sol. Se levantó y fue motivada a ver a su invitado. Luego de lo mucho que disfrutó la cena, ya estaba pensando en que le prepararía para desayunar.

Al llegar, se topó con la habitación vacía y la ventana abierta, él se había marchado. No pudo evitar entristecerse, pero ya no podía hacer nada. Caminó hacia la ventana para cerrarla y fue allí que vio algo moverse sobre la cama. Era color blanco y se movía un poco por la brisa que entraba, era un papel. Lo tomó con curiosidad y lo leyó, casi al instante una sonrisa se le dibujó en su rostro y se marchó.

El papel cayó sobre la cama revelando lo que decía:

"Gracias"

-Albedo


Bueno, espero que no se les haga largo, la verdad tenía en mente que esta historia fuera de un solo capítulo, pero el profundizar en la mente de Albedo se llevó bastante. No quiero alargar la historia, ya que va a estar conformada por varios capítulos, espero que no pasen de 5. Por ahora, necesito más inspiración, si algo se les ocurre, no duden en escribirlo.

See you later, alligator!