La idea de la siguiente historia viene por parte de un comisionado del usuario P1V3loco123 en Wattpad. Espero que la disfruten tanto como a nosotros el presentárselas.
Descargo de responsabilidad. El concepto de "Loud House" y todo lo relacionado con el mismo pertenecen a su autor y casa productora: Chris Savino & VIACOM - NICKELODEON © 2016.
Capítulo 1
Lincoln dormía tranquilamente en su cama cuando los rayos del sol se filtraron por la persiana de su ventana golpeándole directamente en la cara. El muchacho bostezó sintiéndose acalorado. A pesar de que era primavera y tenía la frente húmeda, comprobó con sorpresa que lo que llenaba de calidez su cuerpo no era el sol, ni el pijama que, a pesar del clima, se alegró de haberse puesto la noche anterior dadas las circunstancias que pronto descubriría al levantarse; tampoco se trataría de la frazada que estaba en el suelo en lugar de cubrirlo, era por su hermana Lynn, abrazada a su torso, quien sin soltarlo, como él comenzaba a despertarse.
—Buenos días, Linky —feliz murmuró antes de darle un beso en la mejilla y emitir un bostezo— ¿Cómo dormiste, mi dulce hermanito?
Si se lo hubiera preguntado en el pasillo, tras encontrársela saliendo de la habitación en la que se suponía que ella debió de haber dormido, el chico habría sido completamente sincero al decirle que, de lo más cómodo, pero no se atrevería a sincerarse ahora que estaba lúcido, ya que el sentimiento era todo lo contrario a lo que con molestia deseaba responderle.
—¿Qué estás haciendo en mi habitación?
Cariñosamente la adolescente castaña de catorce años pegó su mejilla contra la del muchacho peliblanco de doce, para enseguida darle un corto beso en el cuello estremeciéndolo, entonces se separó de él apenas un poco, y con un dedo jugueteó en su pecho acariciándoselo de arriba hacia abajo mientras que con el cuerpo apoyado contra uno de sus brazos lo observaba.
—Pues pasando preciados momentos con mi hermano favorito.
"Preciados para ti, al menos", pensó Lincoln, aunque no era eso a lo que se refería cuando le hizo aquella pregunta.
—Estoy seguro de que cerré mi puerta con llave antes de acostarme.
Lynn se encogió de hombros con desinterés.
—Es curioso. Uno pensaría que más allá de la ropa y sobre las modas del momento, Leni no tendría otra cosa que enseñarnos si le pusiéramos la debida atención, tal es el caso de abrir una cerradura con algo tan sencillo como lo es un pasador. Creo que la subestimamos demasiado. De cualquier modo, no debiste tratar de encerrarte —lo miró brevemente con reproche—, luego sería difícil que yo o cualquiera pudiera entrar para auxiliarte en caso de que te ocurriera un accidente.
Lincoln no se imaginaba qué clase de accidente podría sucederle estando dentro de la seguridad que hasta esa mañana creyó le ofrecía su habitación. Horrorosas imágenes de incidentes en los que su hermana estaba de un modo u otro involucrada de pronto inundaron su cabeza.
—Me… ¿me acabas de amenazar?
—¡Linky! —exclamó sinceramente dolida—. Lo que intento decirte es que si quieres que te cuide tan bien como lo he hecho hasta ahora, lo mejor será que no intentes ponerme trabas para ir en tu ayuda. Por el contrario, sabes que cuando estoy contigo, mi única intención es protegerte asegurándome de que te encuentres bien.
Ese dedo con el que estuvo haciéndole círculos sobre el pecho mientras hablaba, fue bajando peligrosamente hacia su abdomen, de ahí hacia su vientre, y en el momento en que estaba por bajar todavía más, Lincoln salió de su ensimismamiento consiguiendo tomarla por la muñeca apartándola de él. Ante su acción, con descaro ella le sonrió acercando de manera sugestiva su rostro al suyo, provocando que el muchacho se hundiera contra su almohada al retroceder todo lo que pudo.
—Me encanta cuando te resistes mostrándome que tienes agallas.
Parecía alejarse dando por terminado el momento, por lo que Lincoln se estaba incorporando, cuando de pronto su hermana se dio la vuelta y le dio un rápido beso justo en los labios antes de levantarse de la cama.
—Bueno. Ese fue un magnífico descanso —mencionó tras ponerse de pie de un salto, para a continuación frente a su hermano estirar los brazos, las piernas, la espalda y rotar su cuello de lado a lado. Enseguida con la cintura giró su torso por unos segundos, mientras que todavía en la cama, el conmocionado muchacho se llevaba las manos a la boca por su acción—, pero ya es hora de ir a desayunar y de seguro papá nos estará esperando, así que vístete y date prisa, Linky.
La deportista de la familia tomó del suelo su camisón y se lo pasó por encima de la cabeza para cubrir su cuerpo, siendo hasta ese momento cuando Lincoln se dio cuenta que ella había dormido con él usando sólo un top y unos calzoncillos rojos que al instante reconoció.
—¡Oye! ¡Esos calzoncillos son míos!
Lynn aparentando confusión se alzó con descaro el camisón.
—¿En serio? ¡Ups! Supongo que me confundí ayer al momento de recoger la ropa limpia. Enseguida te los devuelvo.
Con la boca sostuvo el borde frontal alzado de su camisón para con sus manos tomar los bordes laterales de los calzoncillos. Entendiendo lo que pretendía, Lincoln se sonrojó y cerró los ojos dándose la vuelta.
—¡No! ¡Está bien! ¡Quédatelos!
Ella se rió.
—No seas tan exagerado. Ya puedes ver. Sólo estaba bromeando.
Lincoln, que no confiaba en absoluto en su hermana, apenas entreabrió un ojo para comprobar que fuese cierto. En efecto, Lynn, con su camisón en su lugar, ya estaba abriendo la puerta. Leni, que pasaba por el pasillo, la saludó.
—Buenos días, Lynn. ¿Qué haces en el cuarto de Linky?
—Hola, Leni. Vine a despertar al apestoso y para asegurarme de que se esté dando prisa si no quiere que me coma su desayuno.
—No seas tan mala con él, por el contrario deberías de ser más cariñosa.
Lynn volvió la mirada hacia el chico quien tragó saliva. Definitivamente Lincoln lamentaba el que su hermana, y no por hacerle caso a Leni, ya fuera lo suficiente y cuestionablemente cariñosa con él, por lo que lo último que necesitaba era que lo fuese todavía más.
—Te veré en la mesa, apestoso.
Tras esto, Lynn por fin se marchó cerrando ella misma la puerta de la habitación al salir.
Lincoln suspiró frustrado por lo sucedido. Con disgusto se relamió los labios al mismo tiempo que comenzaba a levantarse de la cama. Al quitarse la sábana y la cobija de encima, constató aliviado que aún llevaba algo puesto de la cintura para abajo. Repentinamente, justo cuando estaba por incorporarse, Lynn abrió la puerta de nuevo y riéndose le arrojó algo a la cara tomándolo por sorpresa.
—¡Casi se me olvidaba!
Volvió a marcharse, ahora carcajeándose, mientras que Lincoln se quitaba aquello con lo que le había cubierto los ojos. Con horror descubrió que eran sus calzoncillos rojos, precisamente los que su hermana estaba usando hace un momento. Hubiera preferido fingir que no eran los mismos, pero estaban impregnados con el aroma de Lynn.
Con temor a que otra cosa sucediese, se apresuró a vestirse para ganar tiempo. Tras terminar, y antes de salir del todo de su habitación, se asomó por la puerta para comprobar el estado de la fila hacia el baño. Entendió que ya era tarde, pues ya sólo se encontraban Luan, Lynn y Lana esperando a entrar.
Apenas un poco aliviado, aguardó su turno posicionándose detrás de su hermana la comediante. Cuando Lola salió y entró Lana, Lynn, que para su suerte lo había ignorado hasta ese momento, se frotó el estómago y le dijo a Luan.
—Creo que la cena de anoche todavía no termina de cocinarse bien ahí dentro. Si quieres toma mi lugar mientras caliento motores.
—Gracias, Lynn. Esa es una "Lynnea" que agradezco saltarme. ¿Entiendes?
Sin que Luan se diera cuenta, Lynn le dedicó una mirada insinuante a Lincoln sobre su hombro, quien cerró los ojos con frustración por no haberse librado de ella todavía.
Una vez que Lana salió y Luan entró, la deportista que aún llevaba su no tan largo camisón, se pegó de espaldas contra el pecho de Lincoln.
—Ya es muy tarde. Podemos entrar juntos si quieres para que ahorremos tiempo.
Alarmado, Lincoln miró a su alrededor pensando que en cualquier momento alguna de las otras chicas saldría.
—Gracias, pero no tengo tanta prisa por bajar a desayunar.
—Podría tomarme mi tiempo si ocupo yo sola el baño. ¿Crees que podrás aguantar?
La verdad era que él también se sentía en la necesidad de usarlo.
—Supongo que puedo salir al patio trasero a hacer lo mío en un árbol. Además, de cualquier manera solamente tenemos un inodoro.
—Podrías hacerlo en la tina, a mí no me molestaría. Incluso podríamos tomar un baño juntos para ir a la escuela más aseados.
Le guiñó un ojo. Lincoln se estremeció cuando Lynn intentó restregarle el trasero sobre cierta zona de su cuerpo, que ante el contacto lo obligó a retroceder casi pegando un salto.
—¡Basta! —le reclamó en el tono más bajo que pudo esperando no llamar la atención de nadie más— ¿¡En serio no puedes darte cuenta de lo desagradable que haces!?
—¿Desagradable? ¿Así es como tú lo sientes? —le preguntó sin inmutarse manteniendo su actitud burlona—, pues deberías de ponerte de acuerdo en eso con tu "amiguito", que no parece opinar lo mismo, hasta creo que se alegró de verme.
El peliblanco gruñó sintiéndose culpable por la involuntaria reacción que tuvo. Lynn no le dio tregua.
—Es increíble cómo te lo sentí. No vayas a decirme que no te pareció divertido, o que realmente no te gustó, porque la evidencia habla por sí sola.
Lincoln no quería darle el gusto a su hermana diciéndole la verdad, lo último que necesitaba era darle más cuerda, pero el mentir no se le daba bien cuando se sentía bajo presión. Muy a su pesar tenía que reconocer que la sensación en esta ocasión, a diferencia de las anteriores en las que Lynn ya le había hecho lo mismo, se había sentido demasiado diferente, demasiado… íntima. Demasiado…
—Lynn… ¿sigues sin llevar nada debajo?
Con picardía ella expandió su sonrisa.
—¿Quieres averiguarlo, Linky?
Con ambas manos inesperadamente Lynn se levantó el camisón, y a pesar de haber cerrado los ojos escandalizado, por una fracción de segundo Lincoln tuvo un buen vistazo de algo que tenía ya algunos años de no ver.
—¡Buenos días, Lisa!
Con apuro Lynn volvió a bajarse el camisón tras el nervioso saludo que Lincoln emitió mirando detrás de ella.
En el preciso instante en el que Lynn realizó su travesura, de otra habitación la pequeña genio de la familia con tan sólo cinco años, salió tan concentrada en el artefacto que llevaba entre sus manos que no se percató de lo que estaba sucediendo frente a ella, incluso pasado el momento, continúo andando cabizbaja con la vista clavada en el mecanismo de aquel aparato.
—Buenos días, unidades fraternales —alzó los ojos y finalmente se dignó a ver a sus hermanos, para enseguida mirar el reloj en su muñeca, entonces gruñó para sí misma—. Parece que soy la última en la fila.
Luan entonces salió del baño dejándole abierta la puerta a Lynn.
—Todo tuyo.
La castaña se giró hacia Lincoln esperando que de prisa se le ocurriera alguna manera en la que pudiese tentarlo para que entrara con ella sin que le pareciese extraño a las chicas, cuando el muchacho de pronto cargó a Lisa para plantarla en medio de los dos. La pequeña no mostró sorpresa ante la acción por estar concentrada aún en ese aparatejo.
—Te cedo mi lugar, Lis. A mí… creo que se me quitaron las ganas y además ya tengo mucha hambre.
—Gracias, Lincoln.
El chico se marchó corriendo escaleras abajo y Lynn gruñó por lo bajo. Al final con cierta frustración decidió concederle a su hermano aquella pequeña victoria por el momento.
Minutos después casi toda la familia ya estaba sentada a la mesa. Lincoln entró a la casa por la puerta trasera revisando por última vez que tuviera la cremallera arriba. Tomó una de las tres sillas desocupadas que estaban posicionadas juntas, y Lynn no tardó en aparecer para por supuesto sentarse a su lado. Aunque la palmada que le dio en la rodilla fue interpretada por la familia como un gesto cariñoso, el chico no estaba seguro si sólo fue por eso, pues ya no sabía qué esperar de ella. Tras que Lisa bajara con aquel artefacto y ocupará la otra silla, fue que comenzaron a desayunar.
Al menos la comida fue un distractor para Lynn, lo que en consecuencia para Lincoln el desayuno resultó tranquilo. Iba a tomar un pan dulce de la canastilla, cuando Lynn fue más rápida al hacerlo.
—Muy lento, apestoso.
—Lynn, no molestes a tu hermano. —Su madre le llamó la atención apenas mirándola, más interesada en lo que Leni le estaba explicando acerca de un proyecto escolar que le encargaron.
—Sí, Lynn. Ya te dije que deberías de ser más amable y cariñosa con Linky. —Leni secundó a su madre para enseguida reanudar lo que le contaba.
Lynn hizo un gesto de fastidio y se encogió de hombros como si no le importara, mientras los demás escuchaban también a Leni o estaban en lo suyo, como las gemelas quienes se mantenían enfrascadas en una discusión en la que arrastraron a Lucy. De pronto la mano desocupada de la deportista bajó una vez más hacia una de las piernas de Lincoln para apretársela cariñosamente. De mal modo el muchacho la miró y ella por una fracción de segundo le dedicó una sonrisa coqueta con la que parecía decirle: "¿Qué? Sólo estoy siendo más amable y cariñosa como Leni me lo pidió."
El chico bufó y tras asegurarse de que nadie le estaba prestando atención, pues por fortuna Luna estaba tratando de enfocarse en una seguidilla de chistes malos de Luan, y Lisa continuaba prestándole más atención al aparato que había llevado a la mesa, le susurró a su hermana.
—¿Podrías dejarme desayunar en paz? Estoy seguro de que ni a ti te gustaría que te molestara cuando lo haces.
Lynn lo soltó, pero no alcanzó a respirar con alivio, cuando enseguida ella ahora lo tomó de una mano estirándola y haciendo que la tocara justamente en la entrepierna, lo que lo asustó tanto al punto que repentinamente se puso de pie de la mesa tan pálido como Lucy.
Toda la familia lo miró con sorpresa ante su inesperado comportamiento, incluso Lynn lo hizo haciéndose la desentendida y siendo la primera en preguntarle.
—¿Y ahora qué mosca te picó, apestoso?
Y por la manera en que Lincoln la miró con una mezcla de asombro y rencor que le dolió profundamente, Lynn temió haberse extralimitado por fin provocando quizás que en ese momento Lincoln la delatara frente a todos. En sus labios tenía preparada ya una serie de negativas a las acusaciones que le haría, y también algunas explicaciones acerca de que se trataban de simples juegos, o incluso si el asunto adquiría un matiz más grave y serio… decir la verdad y conllevar todas las consecuencias subsecuentes, cuando…
—Me… me olvidé de una tarea que iba a entregar hoy.
Luna comprensiva le preguntó.
—¿No puedes hacerla en el camino o pedir una prórroga?
Lentamente Lincoln regresó a su asiento sonrojado.
—Sí… supongo que puedo.
Lucy se volvió hacia Lisa.
—¿No podrías ayudarlo?
La niña genio, que había vuelto a ponerse a trabajar en aquella caja metálica tras la distracción, iba a responderle con el ceño fruncido, cuando Lincoln la interrumpió.
—Estoy bien así. Se trata de algo que… puedo manejar.
Esto último lo dijo mirando a Lynn, quien tuvo a su parecer por lo menos la cortesía de avergonzarse.
La cotidianidad no tardó en regresar, entonces ahora fue el turno de Lisa de recibir el regaño de su madre.
—Cariño, por lo que más quieras ya deja eso y desayuna de una buena vez.
Lisa suspiró e hizo a un lado el aparato para comer a grandes bocados de forma apresurada. Lana curiosa aprovechó su descuido para tomar aquella pequeña máquina.
—¿Y ahora qué estás haciendo? ¿Es un aparato de rayos láser o algo así?
Alarmada, Lisa al instante se lo quitó de un tirón.
—¡No lo toques! Es delicado y con tu falta de cuidado podrías dañarlo.
—¡Oye! ¿Se te olvida que soy una mecánica certificada?
—Hasta donde sé, nadie ha certificado tus habilidades que no pongo en duda, pero esto es mucho más complejo y muchísimo más frágil que un motor de combustión interna con función a base todavía de combustibles fósiles.
Rita volvió a regañarla.
—Sea lo que sea, sabes la regla: nada de inventos en la mesa, jovencita. Guarda eso ya. No te lo volveré a repetir.
Fastidiada, Lisa por lo bajo murmuró algo inentendible.
Alguien más que se apresuró a terminar rápido fue Lincoln, que tan pronto lo hizo se levantó con su plato para llevarlo al fregadero de la cocina.
—Con permiso. Voy a… voy a terminar esa tarea antes de irnos.
Por la mirada que le dirigió a Lynn, ésta comprendió que en realidad buscaba huir de ella, lo que la enfurruñó.
Ya en su habitación, Lincoln con fastidio se talló los ojos sintiéndose frustrado por las muy incómodas situaciones en las que su hermana lo ponía. No es que odiara a Lynn, la quería como al resto de sus hermanas, a pesar de que ese importante parentesco poco parecía importarle a ella.
Si bien cuando niño disfrutaba la muy estrecha cercanía que hasta donde recordaba mantenían desde entonces, cuando comenzó a tener mayor uso de razón y con ello cierta necesidad de independencia, quizá como a los siete u ocho años, fue el momento en el que Lynn comenzó a parecerle algo encimosa y pegajosa, pero lo dejaba pasar a sabiendas que después de todo seguía siendo su mejor amiga, en quien más confiaba y que era obvio sus intenciones siempre habían sido buenas para con él. En su inocencia incluso le había parecido divertida la rabieta que ella montó cuando su madre les prohibió que continuaran bañándose juntos cuando tenían cinco y siete años… ahora ya no le parecía que lo fuera.
Las cosas comenzaron a torcerse aún más cuando fue Lynn con once años, y no sus padres, quien le explicó la realidad de la vida acerca de la diferencia entre los niños, las niñas y el modo en que los bebés llegaban al mundo, sintiéndose muy entusiasmada por las clases que tuvo en la escuela aquél día, dándole todos los sórdidos detalles para los que quizá no estaba aún preparado, incluso graficándoselo consigo misma y consiguiendo convencerlo de que la siguiera a su habitación para que estudiaran juntos acerca del tema. Leni los había descubierto, pero con lo despistada que era, Lynn consiguió engañarla con que sólo estaban estudiando "lecciones de biología" mostrándole los libros y folletos que le dieron en la escuela, consiguiendo con eso justificar el por qué los dos no estaban usando ropa, aunque no el por qué se encontraba encima de Lincoln a lo que la adolescente de catorce años, para fortuna de la castaña, no hizo preguntas. Lincoln creía que esa oportuna interrupción impidió que Lynn consiguiera ir por todo con él.
Tres años después de eso, por mucho que el chico se sintiera atraído por el sexo opuesto y el sexo en sí, Lynn parecía no entrarle en la cabeza que no sería con ella con quien buscaría algo así, por lo que se hizo habitual el que ella lo molestara buscando hacerlo sentir mal por eso.
La realidad que se había negado a afrontar durante casi toda su vida y hasta los últimos meses era sencilla: Lynn tenía una muy fuerte obsesión por él. No estaba seguro si sólo se sentía muy atraída, o si en serio estaba enamorada de él, pero cualquiera que fuese la causa, su plan de sólo esperar a que se le pasara, o que conociera a un chico en la escuela o en cualquier otro lado que llamara su atención no estaba funcionando, incluso cuando usó sus propios dotes de planificación con el propósito de intentar hacer que ella conociera a otros chicos con gustos afines terminó fracasando. Parecía que la terapia psicológica sería la opción más práctica para afrontar el problema, aunque no tenía idea de cómo podría convencerla de recibirla y a la vez sobrevivir en el intento.
Estaba la opción de delatarla con sus padres, aunque le preocupaba la reacción que podrían tener para con ella, por lo que descartaba la opción, todo con tal de no meterla en problemas, en los que presentía que sus padres podrían buscar como solución el expulsarla de la familia.
En todo esto se encarrilaban sus pensamientos, cuando tocaron a su puerta por mera cortesía, pues sin esperar una respuesta Lynn entró sin que al muchacho esto le causara gran sorpresa.
—Hola, Linky. Oye, de lo que ocurrió en la mesa… lo siento. Supongo que me dejé llevar un poco.
—¿Un poco? —Exclamó indignado.
—Vamos. No te lo tomes tan a pecho. ¿Es que no puedes soportar una broma que no sea de Luan?
—Al menos cuando Luan bromea, genuinamente todo lo que trata es ser divertida. Tú lo que buscas es…
No se atrevía a completar la oración. Lynn entendía por qué estaba molesto. Se le acercó y sin ninguna otra intención que no fuese reconfortarlo, le masajeó los hombros. Muy a su pesar, Lincoln tuvo que reconocer que ella estaba consiguiendo relajarlo.
—Deberías parar esto, Lynn. Mira, de verdad me halaga el que yo te… bueno… pero está mal. Soy tu hermano por lo que, aunque quisiera, no podría ser tu novio.
—No tienes que serlo —le respondió sonriente sin dejar de masajearlo—. Me basta con que estemos juntos y nos permitamos ciertas "libertades" el uno con el otro.
El muchacho se sintió un tanto ofendido.
—¿Eso es realmente todo lo que quieres que seamos? ¿Sólo hermanos con… "derechos"?
—Suenas decepcionado. Si eso no te gusta y significa tanto para ti, podría entonces convertirme en tu novia, que a diferencia de como piensas tú, yo no tengo problemas con nada.
Lincoln negó sonrojado por la manera en que Lynn supo voltearle las cosas.
—Todo lo que quisiera es que fuéramos hermanos normales.
—¿Y qué se supone que es normal? ¿Hablas de ser como esas familias de la televisión donde los hermanos pelean todo el tiempo, pero que se apoyan mutuamente cuando tienen algún proyecto? Eso ya lo hacemos, todo lo que hago es añadirle un poco más de emoción e intensidad a lo que tenemos.
Lincoln estaba por echarle en cara que ambos no tenían nada, ¿pero en realidad a estas alturas así era? Cuánto le costaba mucho razonar con ella o hacerle entender su punto de vista.
—Quiero que dejes de escabullirte a mi habitación cada vez que quieras. Lucy podría sospechar.
Lynn consideró el confesarle que Lucy estaba al tanto de sus sentimientos hacia él, o que ni siquiera ella era la única en la familia que lo sabía, pero decidió callarse y evitarle ese problema a las chicas.
—Soy más discreta de lo que piensas, como toda una ninja.
El muchacho no pudo rebatirle eso dado lo de anoche.
—Sigo sin entender cómo es que pudiste quedarte a dormir conmigo sin que me diera cuenta. Últimamente he tenido el sueño bastante ligero.
Ella se encogió de hombros con simpleza.
—Nada del otro mundo para mí que no pueda conseguir gracias a mi agilidad, o a mi fuerza física, mi resistencia, mi destreza, a las pastillas para dormir que te puse molidas en tu vaso con leche tibia, mis conocimientos de artes marciales, o mi entereza.
Con horror Lincoln miró el vaso vacío que desde anoche aún tenía sobre la cómoda.
—¿¡En serio me drogaste!?
—Sólo un poco, no le des tanta importancia.
—¡Cómo no se la voy a dar! —exclamó exaltado—. ¡Lynn, esto es algo serio! ¡Pudiste haberme hecho daño dándome medicamentos controlados así como así!
—Vamos. No exageres. Es verdad de que se trató de un somnífero algo potente, pero ya es evidente que no te dejó secuelas. Además, déjame decirte que gracias a él es que dormiste como un bebé y nunca te sentí quejarte cuando me acurruqué a tu lado, incluso me estrechaste entre tus brazos diciéndome entre sueños lo mucho que me amabas tanto como yo te amo a ti, demostrándomelo no sólo con palabras, sino también con hechos.
Todo lo último se lo había dicho haciendo unos ademanes dramáticos que enorgullecerían a la directora del club de teatro de Luan. Aterrado, Lincoln se abrazó a sí mismo temblando.
—Me… me… Tú me… Acaso tú me…
Sintió la apremiante necesidad de correr al baño para examinar a conciencia a su "amiguito" buscando algo distinto en él y fuera de lugar que hubiese pasado por alto cuando fue al patio a hacer lo suyo contra un árbol. Con esto dejó a Lynn perpleja.
—¿Y por qué eres tú el que actúa de esa manera? —una vez más hizo ademanes exagerados de sufrimiento y emoción—. ¡Soy yo la que debería de quejarme por el salvajismo con el que me tomaste entre tus brazos montándome como un semental en celo destrozando mi interior!
Remató con un sollozo fingido, provocando que Lincoln se pusiera pálido y se sintiera a punto de sufrir un infarto. La muchacha se echó a reír pensando que ya lo había hecho sufrir bastante por ahora.
—¡Era sólo una broma! ¡Ya tranquilízate! ¡Sólo estaba tomándote el pelo!
Para estas alturas Lincoln ya no podía confiar en ella sobre cuándo era que le decía la verdad.
—¿En serio estabas solamente jugando? ¿De verdad es mentira que me drogaste y que me…? ¡Ah…! Eso.
—Por supuesto que estaba jugando —le decía de manera comprensiva consiguiendo acercarse lo suficiente para acariciarle el cabello, sin que Lincoln retrocediera o hiciera algún ademán para que lo dejara, bajando de forma considerable sus defensas ante ella—. Es cierto que te drogué para poder pasar la noche contigo, pero te juro que todo lo que hicimos fue dormir.
Una vez más asustado y boquiabierto, Lincoln volvió a mirar aquel vaso. De pronto creyó recordar que anoche la leche parecía tener un sabor ligeramente extraño.
—Por favor, no vuelvas a hacer algo como eso.
—Descuida, que no soy un monstruo, sólo soy algo juguetona y traviesa. Ten por seguro que el día en que consiga finalmente convencerte sobre lo mucho que ambos nos complementamos, querré que en nuestra primera vez los dos estemos plenamente conscientes de lo que hacemos. En fin. Fue divertido hablar y aclarar algunas cosas contigo, Linky, pero ya es algo tarde y tengo que terminar de prepararme para ir a la escuela. ¡Nos vemos allá!
Le dio un beso en la mejilla sin que Lincoln pusiera alguna objeción, pues se sentía bastante ofuscado y derrotado.
Cuando Lynn se marchó, el muchacho se frotó las sienes pensando en que el intentar solucionar su situación con ella sería muchísimo más difícil de lo que se imaginaba, incluso ya estaba pensando que quizá esto no tendría arreglo y que todo quedaría entre darle lo que esperaba de él o delatarla con sus padres. Ninguna de las dos opciones le terminaban de gustar.
Tomó el vaso de anoche ya vacío y suspiró. Lynn se había pasado bastante esta vez, pero al menos agradecía que después de todo tuviera un límite que no se atreviera a cruzar. Se preguntó dónde habría conseguido aquel narcótico del que se le figuraba ver rastros en el fondo del vaso.
Cuando Lynn salió de la habitación de su hermano, campante se dirigió al suyo cuando pasó al lado de Lisa cuya vista continuaba enfrascada en aquel aparato. Al cruzarse, Lisa levantó una mano hacia ella deteniendo su camino.
—Págame.
Gruñendo por lo bajo, la mayor sacó de su bolsillo unos billetes que le entregó. Tras contarlos apenas dándoles un vistazo, indignada la científica se volvió hacia ella molesta.
—¡Esto es apenas la mitad de lo acordado!
—Tu porquería apenas hizo la mitad del trabajo.
—Querías un sedante que lo incapacitara por completo, ¿no?
—¡Casi por completo! Había algo que Lincoln necesitaba… mantener despierto, pero nunca lo hizo por lo que tuve que conformarme con sólo acurrucarme con él y ya.
Lisa se sonrojó incómoda al comprender lo que insinuaba. A veces odiaba el ser más despierta que cualquier otra niña de su edad.
—Sigo sin entender tu fijación por algo tan desagradable como eso.
—Y eso es porque aún eres una niña. Verás que cuando crezcas comprenderás las bondades que ofrece el sexo opuesto.
En realidad, eso podía entenderlo. Pese a sus inferiores intelectos en comparación al suyo, era capaz de reconocer que había uno o dos compañeros en su salón de la escuela que podía calificar como "lindos", aunque por supuesto ni siquiera la mitad de lo que recordaba lo era quien fuese el tutor que una vez Lincoln tuvo. Lo que no podía comprender era la específica atención que su hermana mayor tenía por su propio hermano. Pensaba que podría hacer de ello un interesante proyecto de estudio, claro si no fuese porque le resultaba incómodamente repugnante, y eso ya era mucho decir para alguien que estudiaba la composición de las heces.
—Lo que sea. Por cierto, ¿podrías llevarme al centro comercial en la tarde? Necesito unos aditamentos electrónicos para mi proyecto.
Ayer Lynn había anunciado que después de clases iría allá para comprar un nuevo guante de béisbol… y quizá también le daría un vistazo al nuevo local de videojuegos, esto lo había dicho mirando la reacción de su hermano, esperando por supuesto que le pidiese acompañarla, aunque no obtuvo ningún resultado.
—Sí, claro.
—¿También puedo acompañarlas?
Ambas saltaron por el susto que Lucy les dio al preguntarles eso detrás de ellas. No se habían dado cuenta de en qué momento llegó, y como de costumbre, ella no había hecho ruido al andar.
—¡Cielos, Lucy! ¡Quedamos en que ya no harías eso! —tras recuperarse un poco por la impresión, le preguntó—. ¿Y tú para qué quieres ir al centro comercial?
—Necesito un nuevo diario para escribir mis poemas. El que tengo estoy a nada de terminarlo.
Lynn estaba segura de que habían transcurrido menos de dos semanas desde el último que compró. Vaya que su hermana y compañera de habitación estaba inspirada últimamente.
—Sí, está bien. Puedes venir con nosotras.
Lincoln que salía de su habitación con mejor semblante, preguntó curioso tras ver a las chicas reunidas.
—¿A dónde dicen que irán?
—Al centro comercial en la tarde. —Lisa le contestó incapaz de mirarlo a la cara. Guardaba cierta culpa por lo que en complicidad contribuyó a lo que Lynn trató de hacerle.
—Genial. Déjenme ir con ustedes. Pedí la semana pasada un cómic que se supone debió de llegar ayer en la tarde.
Lynn sintió un tic en el ojo. Se suponía que había comentado ayer su salida durante la cena esperando que Lincoln le pidiera acompañarla para así conseguir una cita en toda regla con él. De haber sabido que tardíamente se animaría a pedírselo, nunca habría invitado a las otras dos enanas.
Lincoln por su parte se sentía agradecido por poder ir más tarde con las chicas aprovechando que irían en grupo, pues de lo contrario hubiese esperado hasta el fin de semana para recoger su cómic. Nunca se hubiese animado a acompañar a Lynn él solo, ante el temor de que ella comenzara a hacer las cosas incómodas diciendo que tenían una cita o algo así.
La tarde de ese día estaba resultando agradable a pesar de haber mucha gente en el centro comercial. Antes de ir a lo que habían ido inicialmente, Lincoln y sus hermanas se permitieron bobear por los alrededores, o al menos es lo que tanto el muchacho como Lynn y Lucy hacían, pues Lisa que se limitaba a seguirlos continuando enfrascada con aquél curioso artefacto entre sus manos tras habérselo llevado.
—Cielos, Lis. ¿No pudiste dejar eso en casa? —Lynn le llamó la atención—, que bien podrías sólo disfrutar el momento y aprovecharte de Lincoln como puedes apostar a que yo lo haré.
El chico se giró hacia Lynn consternado por lo que dijo.
—¿Disculpa?
—Lo que oíste, te guste o no, ya me puse de acuerdo con Lucy para abusar de ti.
La niña gótica sonrojada negó con un gesto de forma apresurada.
—¡A mí no me involucres en tus cosas!
—Ni te atrevas echarte para atrás. Claramente durante el camino estuviste de acuerdo conmigo en que abusemos de la confianza de Lincoln para hacer que nos compre un helado a cada una.
Lisa alzó la vista y murmuró mirando a su hermano tras sus anteojos empañados.
—Un helado de chocolate estaría bien para mí.
El muchacho suspiró. Le concedería esa a Lynn pensando que el mal pensado fue él, aunque en esencia, la culpable de que estuviese en un constante estado de alerta como siempre era ella.
—Está bien. Vamos por un helado.
Lucy, que buscando desentenderse de los dobles sentidos de su compañera de habitación, los cuales y a pesar de su corta edad ya era capaz también de mal interpretarlos para su propia consternación, interesada miró por el aparador de una tienda de esotería una colección de piedras místicas.
—¿Pueden acompañarme más tarde por el diario en lo que primero miro algo de aquí?
Lincoln asintió.
—En unos diez minutos ve a la fuente que está por el área de comida. No tardes más de eso si no quieres que tu helado se derrita. ¿Lo quieres como siempre de chocolate con moras?
—Por favor.
Lincoln miró a Lucy entrar a aquel local, dándose cuenta que de pronto se había quedado a solas con Lynn en el momento en que lo tomó por el brazo. Ignorándola, miró a su alrededor buscando a su otra hermanita.
—¿Dónde está Lisa?
—Me dijo algo sobre que iría al hospital de computadoras, pero descuida, creo que alcanzó a escuchar lo que le dijiste a Lucy, por lo que es seguro que la veamos por la fuente en un momento, que también va a querer su helado de chocolate al igual que yo.
Resignado a la suerte que le tocó, Lincoln se dirigió hacia la tienda de cómics con ella, cuando de pronto Lynn se tensó y lo detuvo siendo un poco brusca al aplicar mucha fuerza sobre su agarre en él.
—¿Qué es lo que pasa?
—¿No vamos a ir primero por los helados?
—Se conservarán mejor si los pedimos después. Primero déjame ir a comprar mi cómic. Será algo rápido. Se supone que ya está apartado.
—Si es así, entonces no irá a ningún lugar y seguirá ahí más tarde. Vamos entonces primero por mi guante.
—¿La tienda de artículos deportivos que frecuentas no se supone que está en la segunda planta?
—Sí. ¿Por qué?
—Porque ir primero ahí nos quitaría mucho más tiempo.
—Entonces ni tú ni yo. Primero vamos a tomarnos un helado juntos y después le compraremos a las enanas los suyos. ¿Te parece bien?
Por supuesto que no le parecía bien. Con fastidio y deseoso porque le soltara del brazo, pues algunas personas que los miraban parecían reírse entre dientes ante las aparentes dificultades que aquel chico del cabello blanco estaba lidiando con su "novia", con su mano libre se sacó del bolsillo cuatro monedas de un dólar para entregárselas.
—Mejor adelántate y compra tú los helados. El mío lo quiero de vainilla. Te veo en menos de diez minutos donde acordamos reunirnos con Lucy y Lisa.
De un tirón la obligó a soltarlo y se marchó a pasos rápidos. Lynn molesta consideró en armarle una escena para dejarlo en evidencia como un "mal novio", cuando reconoció por el escaparate de una tienda de ropa a dos de sus compañeras de escuela a las que hasta ese momento no había visto, ellas tampoco parecían haberla notado, pero lo harían si comenzaba a victimizarse para llamar la atención de Lincoln.
Con fastidio se guardó en el bolsillo las monedas, pero en lugar de ir a la heladería, con pocos ánimos fue directamente hacia la fuente pensando en el mal trago que estaba pasando.
Se sentó en el borde y cerró los ojos. Permaneció unos segundos sin hacer nada cuando de pronto lentamente echó su cuerpo hacia atrás, provocando que unos pocos curiosos se detuvieran a mirarla, seguros de que se arrojaría de espaldas hacia el agua, ya sea a propósito o de forma intencional, pero Lynn como de costumbre y gracias a su buena coordinación y fuerza, por mucho que asomó su cuerpo hacia la misma, lo único que se mojó fue apenas la punta de la coleta de su cabello, aunque consiguiendo al arquear su espalda el proyectar la mitad superior de su cara contra el agua.
—¿Y nuestros helados?
Tras escuchar la voz de Lucy, la deportista abrió los ojos sólo para cegarse un momento debido al brillo de las monedas contra la luz que estaban en el fondo de la fuente. Ante la cantidad que había pensó que podría hacerse rica, o por lo menos comprarse además del guante, un bate, una gorra, tacones y un nuevo uniforme de béisbol, pero sólo se trataba de una idea boba que no llevaría a cabo, ni siquiera ella era tan ruin como para hacer la tontería de tratar de robárselas. Cada fin de semana un empleado de la plaza recolectaba las monedas para llevarlas a un centro de beneficencia.
Lynn se enderezó y de mala manera miró a sus hermanas, pues incluso Lisa, todavía enfrascada en aquél aparatejo, se encontraba ya ahí junto a Lucy más pronto de lo que le hubiera gustado. Ambas se sentaron también en el borde de la fuente a cada lado de ella
—Lancen unas monedas a la fuente y pídanselos a ella.
—Sabes —Lisa le habló sin despegar la vista de su artefacto—, el que estés frustrada por las consecuencias de las malas decisiones que has tomado al fijarte en tu propia unidad fraternal masculina como prospecto romántico, no es justificación para que la tomes contra nosotras.
Lynn suspiró teniendo que aceptar que como de costumbre, Lisa tenía algo de razón.
—¿Y dónde está Lincoln, por cierto? —Lucy le preguntó.
—Prefirió ir por sus tontos cómics en lugar de compartir un helado conmigo.
—Es sólo una suposición, pero creo que si no tomarás por "tontos" sus pasatiempos, sólo quizá, nuestro hermano no se mostraría tan repelente contigo como para huir de ti a la primera oportunidad.
Lisa desatendió su trabajo para mirar de mala manera a Lucy.
—Por favor, no incentives sus perversiones.
—¿Hacer un simple comentario es incentivarla mucho? ¿Entonces cómo llamarías el prepararle y venderle un brebaje para dormir a nuestro hermano con el propósito de violarlo?
Lisa enrojeció y pareció atragantarse con algo a pesar de no estar comiendo nada. Horrorizada, miró a Lynn, quien escandalizada por la acusación de Lucy, se apresuró a aclararle a Lisa.
—¡No iba a violar a nadie! ¡No iba a hacer nada de eso! ¡Sólo…! ¡Sólo fui a acurrucarme con Lincoln! —se volvió molesta hacia la gótica—. ¡Y tú guárdate tus comentarios, en especial delante de Lisa! ¡Será muy inteligente y todo, pero todavía sigue siendo muy pequeña como para escuchar esas cosas, como tú también para decirlas!
Lisa inhaló y exhaló aire varias veces de forma muy rápida para conseguir apaciguarse, agradecida que de milagro no hubiese tirado su invento a causa de la fuerte impresión que le provocaron. Lucy se enfurruñó ante el regaño, mientras que Lynn se preguntó qué tan lejos se hubiera atrevido a llegar con Lincoln si aquél merjunge de Lisa no le hubiese adormilado todo el cuerpo anoche.
—Bueno, lo que sea. Igual mis planes para tener una cita con Lincoln como hubiera querido supongo que ya se arruinaron. ¿Alguna sugerencia que puedan darme para arreglar el problema que tengo, chicas?
—Mucha terapia. —Lisa le contestó ya más restablecida, con Lucy mostrándose de acuerdo con ella.
Lynn negó con un gesto.
—Sólo son unas niñas.
—Unas niñas que quieren helado.
Lynn se puso de pie y sacó las cuatro monedas que Lincoln le entregó, dándole sólo tres de estas a sus hermanas.
—Si tanto los quieren, ustedes mismas vayan y cómprenselos. Lincoln dijo que el suyo lo quiere de vainilla.
—¿Y qué hay de ti? ¿No quieres un helado?
La enamorada deportista contempló la moneda de dólar que le sobró ya sin ánimos para helado, mientras que el aparato de Lisa comenzó a emitir un pitido que la hizo desinteresarse de Lynn, para entusiasta tratar de analizar la reacción que consiguió después de alternar sus circuitos con los que le compró y acababa de incorporar.
—Lo que quisiera… —comenzó Lynn a expresarse apretando la moneda en su mano ignorando a sus hermanas— lo que más desearía es que sin que perdiera lo que más me gusta de él, sería el estar con un Lincoln dispuesto a correr más riesgos, que no fuera tan desconfiado y que no se cerrara a la posibilidad de estar conmigo. Desearía estar con un Lincoln que me mirara más como una chica que como su hermana.
Sin darse cuenta, al igual que Lucy, de que el aparato de Lisa comenzaba a brillar peligrosamente, haciendo que la científica temiera que estuviese a punto de explotarle en las manos, Lynn arrojó la moneda a la fuente sentándose de nuevo sobre el borde, para que el dólar hiciese compañía al resto de monedas de diferentes denominaciones que fueron dejadas ahí por niños o jóvenes, ya sea por curiosidad, juego, o por creer en serio en la posibilidad de ver cumplidos sus deseos.
La moneda se hundió muy rápido, llegando al fondo casi al instante, justamente cuando Lincoln se acercaba a ellas con un cómic bajo el brazo.
—Oigan, chicas, ya tienen sus… —y entonces notó lo que la menor de sus hermanas presentes tenía entre sus manos, algo que se le figuró una bomba por el modo en que brillaba con matices rojizos— ¡Qué rayos es eso, Lisa! ¡Suéltalo!
También alarmada por la reacción que estaba teniendo aquella cosa, sin pensarlo y en un impulso desesperado, Lisa se dio la vuelta y con todas sus fuerzas arrojó el aparato hacia la fuente esperando que el agua pudiera contener el estallido, sin fijarse que por poco estuvo a nada de pegarle a Lynn en la cara, la cual desprevenida tratando de esquivar aquella cosa, de forma inconsciente se echó para atrás sin pensar en la posición en la que se encontraba.
—¡Aaah!
Cuando Lynn cayó de espaldas dentro de la fuente, Lincoln dejó que el cómic se le resbalara al suelo y corrió hacia ella para tratar de auxiliarla, pues aunque no había mucha profundidad, igual podría hacerse daño si se golpeaba en la nuca contra el fondo de piedra atestado de monedas de metal.
—¡Lynn!
También preocupadas por ella, Lisa y Lucy se asomaron al borde junto con algunos curiosos que vieron la escena. Todos se echaron para atrás por el muy luminoso resplandor producido, aparentemente, por el agua de la fuente que los cegó por espacio de unos segundos.
Tras tallarse los ojos, Lincoln volvió a asomarse para ayudar a su hermana a salir, algo que no consiguió porque…
Lynn no estaba ahí dentro.
El chico miró a su alrededor esperando de pronto encontrarse a su hermana enojada, de pie y empapada no muy lejos de ahí con ganas de golpear a Lisa por lo que le provocó con su aparato, pero no se le veía, tampoco habían en el suelo pisadas o rastros de agua que indicaran que hubiera salido, más allá de las pocas gotas producidas por los salpicones a cuando tanto Lynn como el aparato de Lisa cayeron al agua.
—¡Cáspita!
Desentendiéndose de Lynn, Lisa miró con tristeza en el fondo de la fuente a su extraño artefacto soltar algunas burbujas antes de dejar de hacerlo y apagarse en su totalidad. Lincoln la escuchó y supuso que su expresión se debió a algo distinto.
—¿Cáspita, qué? ¡Lisa! ¿¡Qué fue lo que esa cosa le hizo a Lynn!?
Perpleja ante la acusación, Lisa miró a Lincoln confundida.
—¿Qué? ¿Algo le pasó a Lynn?
Finalmente y como el resto, se dio cuenta de que su hermana se había esfumado así nada más. Lucy la sujetó por el hombro con demasiada fuerza.
—¿Qué tipo de magia científica utilizaste para evaporar a nuestra hermana?
Instintivamente la pequeña niña tras sus anteojos buscó con la mirada a Lincoln, esperando que la protegiera como el afectivo hermano mayor que era, pero este parecía igual o hasta más enfadado y asustado que Lucy por lo que pudo haberle ocurrido a Lynn
—¡Respóndenos, Lisa! ¿Qué fue lo que le hiciste con esa cosa?
—¡Nada! ¡Les juro que de esto soy inocente! Mi invención sólo se trataba de un sistema de alarma experimental que estaba haciendo para el restaurante de papá. Todo lo que se supone que debía de hacer es cegar con una luz aturdidora muy fuerte a los allanadores de propiedad privada y emitir un pitido muy potente, al mismo tiempo que se pondría en contacto con las autoridades pertinentes si detectaba que alguien ingresaba al recinto por la fuerza. ¡Eso es todo!
Pero ni Lincoln ni Lucy le creyeron. ¿Cómo hacerlo cuando no parecía haber ninguna otra razón evidente para la desaparición de su hermana que no fuese por la intervención de la científica de la familia? De pronto Lisa recordó algo.
—¡Esperen! Puede haber otra explicación para su desaparición.
—¿Y esa sería…?
Lincoln se veía bastante tenso. Puede que tuviera dificultades para relacionarse correctamente con Lynn debido a la manera en que ella lo acosaba, pero eso no borraría el hecho de que de cualquier forma la quería mucho del mismo modo en que lo hacía con el resto de sus hermanas. Realmente esperaba que Lisa resolviera el misterio para dar una explicación distinta a la evidente del por qué Lynn pareció desvanecerse en el agua y así dejar de responsabilizarla por el suceso.
—¡Noté que Lynn arrojó una moneda a la fuente deseando algo, unidad fraternal mayor! Aunque no le presté mucha atención a lo que dijo por estar ocupada con la alarma, es probable que su deseo esté ligado a su desaparición.
Sus dos hermanos se quedaron fríos tras oírla. Lincoln lucía aún más furioso que antes.
—¿¡Esa es tu gran explicación lógica y científica!? ¿¡La magia lo hizo!?
—Bueno… nunca dije que sería una explicación lógica o científica, sólo dije que era una… explicación.
A su hermano no pareció gustarle el tono en que le dio la respuesta, por lo que la niña miró a Lucy buscando su apoyo, después de todo ella podría avalarla gracias a sus creencias sobre lo paranormal de que aquella podría ser una posibilidad viable, pero su hermana moviendo la cabeza de lado a lado se mostraba bastante decepcionada de ella.
—Eso incluso a mí me parece ridículo.
Pensando en las serias cuentas que tendría que rendirles a sus padres en cuanto regresaran a casa, Lincoln tomó a su hermanita del brazo con brusquedad y fuerza moderada. Tal cual la niña regañada a la que había sido reducida, cabizbaja Lisa permitió que así se la llevara junto a Lucy del centro comercial.
Llorosa, la pequeña ya se imaginaba cómo injustamente todos la acusarían de haberle hecho algo terrible a Lynn.
—La… fuente… —Murmuró ahogándose con los moquitos que su llanto le producían.
