Albedo había volado alrededor de 1 hora convertido en un Aerofibio. Mientras estaba en el aire, ya podía visualizar el pueblo; las luces y los edificios alzados. A pesar de ser altas horas de la noche, se veía movimiento de personas.

Como Aerofibian, bajando la velocidad de vuelo, tocó el símbolo de su dispositivo mostrando este la localización registrada. No tardó mucho en aterrizar y cambiar a su forma humana. Se encontraba en un lugar un poco apartado. Delante de él se alzaba una construcción rústica, había visto de esas edificaciones, parecía un lugar que albergaba conocimiento o búsqueda de este para los humanos.

El edificio estaba claramente cerrado, era cuestión de entrar en silencio y buscar pistas. Caminó lentamente observando y una vez lo tenía lo suficientemente cerca se transformó en un Necrofibian. Se hizo intangible y se adentró. Efectivamente, una vez dentro, se encontró con lo que parecían ser exhibiciones, bastantes sencillas desde su perspectiva, pero qué más podía esperar, estaba en el territorio de los humanos. "¿Acaso esto es un museo?"- se preguntó. En fin, no importa.

Se destransformó y caminó entre ellas, algunas aparentaba tener cientos de años, dentro de sus pensamientos sonrió. Cien años…demasiado para los humanos, mientras que para su especie era algo tan insignificante. Un galván de un siglo de edad apenas estaba entrando en la pubertad. Vaya recuerdos: Bajo protección de sus cuidadores, una estricta capacitación y poco, para no decir ningún, tiempo de ocio. Una crianza estricta, controlada y vigilada de forma constante. Quizás los humanos deberían someterse a algo parecido y, solo así, tal vez evolucionarían un poco más haciendo que sus miserables mentes sean más capaces de servir a otras especies menos inferiores.

Colocó sus manos dentro de los bolsillos y caminó tranquilamente entre las exhibiciones. Habían reliquias, cuadros y objetos. Iba lentamente leyendo las descripciones de algunos que estaban frente a él. Se detuvo en uno que parecía una especie de modelo de un transporte….¿Esto era algo digno de presentarse? Ridículo…Caminó y caminó hasta ver en la distancia algo que captó seriamente su atención. Fue directo, cautivado, hacia una exposición en particular, una que estaba en una esquina. "¿Será…?"-Dijo colocando una mano en el cristal que lo aislaba activando al instante una alarma.

"Nunca pensé que los humanos tuvieran sistemas de seguridad"- Pensó mientras retrocedía poco a poco hasta chocar con algo tras sí.

"No deberías estar aquí, muchacho"- Albedo giró para observar a la persona que le había hablado… Era un caballero, precisamente de esos que vio en el noticiero.

Un humano macho con una armadura que se veía bastante avanzada para ser hecha por terrestres. El caballero sacó la espada y lo amenazaba con esta.

"Alejate del Undedosk"- Dijo el caballero.

Hmmm, sabía que algo de familiar tenía esa reliquia. Los Undedosk eran un tipo de tecnología de planeta de Aracna. No eran lo más sofisticado del universo, pero sin duda no esperaba encontrar algo así en un museo de la Tierra.

"Te lo advierto niño, contaré hasta tres para que respondas y….."-Fue interrumpido al ser pegado de una pared por un Albedo transformado en Vaxasaurian.

"NO, escuchame tú. ¿dónde está el terrícola conocido como Ben 10?" - preguntó Albedo con autoridad.

El caballero se burló "Estás loco…"- rápidamente con la espada lo cortó en el brazo. Se sorprendió al ver que solo infligió una herida superficial, Albedo ni se inmutó ante el pequeño dolor que sintió. El joven Galvan lo levantó y tiró lejos, hacia el otro lado de la sala. El caballero se golpeó muy fuerte, pero gracias a su armadura no sufrió daños peores. Su casco cayó al suelo y se levantó lentamente. Cuando entró en consciencia de sí vio a aquel Vaxasaurian abalanzarse sobre él rompiendo lo que quedaba de pared.

"Dime, ¿dónde está?... - Preguntó Albedo.

El caballero estaba confundido con todo, ¿qué no era este el fenómeno juvenil?, con esfuerzo trató de zafarse, pero no respondería ninguna de las preguntas.

Albedo iba a acabar con su vida cuando otros caballeros llegaron a la escena.

"¡AUXILIO, AUXILIO!"- Gritaba el pobre hombre.

Albedo apretó los dientes, lo soltó y comenzó a luchar contra los otros de forma muy agresiva. De forma fugaz Albedo se percató y confirmó que esa no era tecnología terrestre, algo especial tenían estos hombres.

De Vaxasaurian cambió a la forma Sonorosian. Rápidamente se multiplicó e hizo una bomba sónica. Así como habían llegado, así mismo habían caído en cuestión de segundos.

Albedo se destransformó y caminó hacia uno que estaba aún consciente y se arrastraba con lentitud tratando de alejarse. Le colocó un pie arriba haciéndole presión. "Asquerosos humanos, dime, ¿dónde está Ben Tennyson?"

El caballero, con la poca fuerza que tenía se comenzó a reír.

Albedo presionó más fuerte hacia abajo y apretó los puños. Su paciencia se había acabado, pero….tenía que bajar la ira, si lo mataba, no obtendría la información que buscaba. No le dirigió la palabra y solo suspiró. Se sacó algo pequeño del bolsillo y se lo lanzó al caballero. Este se espantó "¿¡qué es esto!?"- Iba a retirarselo, pero casi al instante al objeto le salieron una especie de pequeñas extensiones como si fueran miembros de insectos y se le incrustó en la piel.

Albedo se marchaba del lugar teniendo de fondo las vociferaciones de maldiciones del caballero a las cuales él no les dio importancia, eran solo un pataleo. Se iría, pero no sin antes tomar la reliquia que había visto con anterioridad.


Albedo caminaba por las calles silenciosas, aún no amanecía, pero había sido una larga noche para él. Tantas cosas pasaron en tan poco tiempo.

No había alta circulación de vehículos, podían verse uno o dos y parecían ser conducidos por humanos jóvenes, probablemente adolescentes inmaduros. Se movilizaban de forma temeraria, incluso hubieron dos que casi colisionan.

"Estos humanos están locos, ¿que no han visto sus miserables cuerpos?" - Pensaba Albedo mientras recordaba lo vulnerable y frágil que ahora él era.

La noche estaba fría, aún llevaba las ropas que le dio la Sra. Marta, eran ropas bien cómodas, pero no encajaban mucho con la localidad. Si quería encontrar a Ben, debería mezclarse con los locales. Aunque las horas de la noche no convertían eso en una prioridad. Ahora debía encontrar un lugar donde establecerse.


Caminando se encontró con un callejón que parecía no estar habitado, con curiosidad dio unos pasos hacia delante. Era silencioso y tranquilo. "Puedo adaptar esta área"- Pensó.

Era un sitio un poco sucio, habían restos de comida, botellas de vidrio rotas y bolsas de basura por todos lados. Lo importante para Albedo era que no se veía la desagradable presencia de ningún otro humano. Había edificios alzados a su alrededor de este, se ve que era un vertedero en común.

A su derecha había una escalera contra incendios, debajo de esta podría asentarse por el momento. Movió un bote de basura del lugar haciendo espacio. Allí se sentó en el suelo y sacó del bolsillo el dispositivo robado del museo. Lo miraba con detenimiento, algo podría sacar de esto, algo útil. Pensaba en ello cuando unas gotas de agua comenzaron a caer y lo sacaron de sus pensamientos.

Los Galvans amaban la humedad, como anfibios, esta era una forma de refrescarse y relajarse, sus presiones arteriales se regulan por este método y se aclaraban sus mentes. Albedo suspiró, salió más al centro del callejón donde podría mojarse mejor. Miró hacia arriba recibiendo la lluvia con los brazos abiertos y alzados. El agua chocando y derramándose sobre su cara, se sentía bien…pero algo comenzó a sentirse ¿diferente? Su pelo estaba todo mojado en conjunto con su ropa, comenzó a sentir bastante frío, uno incluso peor que el que sintió en la nave. Ya no era agradable, era incómodo. Necesitaba resguardarse de la lluvia, por un momento lo olvidó, pero él ya no era más un galvan.

Miró a su alrededor y no vio nada, alzó la mirada en las edificaciones, todas las ventanas estaban cerradas ¿Ahora qué? De pronto una ventana se abrió y una botella de vidrio fue lanzada casi golpeándolo en la cabeza. Sin pensarlo mucho, aprovechó que esa ventana estaba abierta y como Necrofigiano voló y entró.

El lugar estaba a oscuras, exceptuando algunas luces que venían de estructuras sencillas de lo que parecía ser cera ¿no había algo tan sencillo como la electricidad? Había personas allí, algunos con poca ropa o ropa sucia y rota, condición corporal por debajo de lo que sería saludable.

Las personas estaban atónitas con lo que estaban viendo ¿Qué carajos era eso? Uno llegó hasta pensar que lo que estaba consumiendo lo había intoxicado.

Albedo abrió sus alas y comenzó a lanzar un poco de aliento frío haciendo que estas personas salieran huyendo lo más rápido posible. Perfecto, ahora tenía un lugar donde alojarse ahora.

El lugar estaba sucio, muchas cosas en el suelo, botellas, cigarrillos, olores extraños y demás. Sabía que esas personas que se habían encontrado allí eran vagabundos, humanos sin recursos, desnutridos y probablemente sin familia. En su planeta era imposible ver a un Galvan en esas condiciones, siempre se buscaba la mejor calidad de vida, aún para aquellos "abandonados". Siempre había trabajo que hacer y lo más sencillo era buscarle un lugar de producción a un ser tan inteligente y capaz como un Galván. Le dio un poco de tristeza esto, pero qué más podía esperar de esta especie miserable como la humana.


Había pasado alrededor de una hora, la lluvia continuaba cayendo afuera. No era una costumbre para los Galvan después de mojarse retirarse el exceso de humedad, ellos suelen dejar que esta se absorba en la piel en conjunto con oxígeno. Por costumbre no se había retirado la ropa ni secado, tenía bastante frío y no sabía cómo proceder.

En poco tiempo consiguió establecer la energía eléctrica y con algunos electrodomésticos antiguos y dañados que estaban en lugar, logró improvisar creaciones para sus requerimientos. Desde el punto de vista de un Galván eran creaciones muy "sencillas".

Trató de calmarse, no podía olvidar el hecho de que tenía mucho frío, pero ahora debía concentrarse. Ahora, con sus improvisaciones, tenía una pantalla. Suspiró y se sentó, la encendió. Funcionaba a la perfección, para él era algo sumamente sencillo, pero realmente le funcionaba para sus requerimientos.

Con calma comenzó a procesar aquel dispositivo robótico que implantó en el caballero que dejó consciente. Era un rastreador. Solo esperaba que el caballero aún estuviera con vida o que por lo menos hubiera podido pararse y desplazarse.

Para su suerte, el caballero se encontraba en una localización diferente a donde lo había dejado. El punto se marcaba en la parte externa del pueblo, posiblemente en otro de sus castillos. Sabía que estos tipos lo guiarán a su objetivo.


Albedo se exaltó con un fuerte escalofrío que le recorría el cuerpo entero, abrió los ojos y había una fuerte luz que lo estaba deslumbrando. Alzó una mano y la colocó frente a él para taparse. Se encontraba en el suelo, justo al lado de uno de sus dispositivos de rastreo. No se había dado cuenta, pero se había quedado dormido de nuevo por el cansancio. No solo eso, sino que a juzgar por la luz que entraba, ya era de día. ¿Por cuánto tiempo se había dormido?

Le tomó unos segundos darse cuenta de todo, estaba recuperando aún la conciencia cuando ….LA SEÑAL. Se enfocó rápidamente en la pantalla y, para su suerte, el rastro aún seguía allí. No podía perder más tiempo o corría riesgos de fracasar.

Se transformó en un Aerofibian e iba a volar a la dirección marcada, pero….todo comenzó a dar vueltas a su alrededor, de un momento a otro tropezó cayendo por poco al suelo ¿Qué me pasa? Se destransformó y comenzó a pensar: A pesar de llevar unas buenas horas sin comer ni tomar agua, esto no justificaba su sentir. Recordó la herida, sin pensarlo la expuso y esta ya había cicatrizado, no se veía infectada, sin embargo, le pasó por la mente la cantidad de sangre que perdió durante el proceso.

Esta podría ser una respuesta a su sentir cuando….. "COF COF", comenzó a toser con fuerza. Oh no! Ahora lo veía con claridad. Él era un humano ... un humano que no estaba inmunizado. Estaba expuesto a todo. Cayó al suelo sentado, comenzó a arrastrarse retrocediendo, estaba entrando en pánico. NO PUEDE SER! Algo debió haber contraído, solo esperaba que no sea mortal. No sabía qué hacer, ni a quién recurrir. Los centros médicos locales, si así es que podrían llamarse, eran patéticamente sencillos. A los humanos les faltaba bastante que conocer, de hecho, le sorprende que esta especie haya proliferado tanto. Comenzó a sollozar un poco, abrazó sus brazos alrededor de sus piernas cuando sintió su piel, estaba caliente, incluso más de lo que debería ser para un humano. El miedo y la frustración lo inundó, ahora si comenzó a llorar de verdad.


Estaba débil, había llorado bastante. Ya era hora de volver a enfocarse en su objetivo, debía volver a su forma cuanto antes. Despacio se levantó del suelo con lentitud, ya era hora de seguir adelante. Se transformó nuevamente en Aerofibian y voló.

Le tomó aproximadamente unos 10 minutos llegar al sitio. Efectivamente tenía razón, el punto de destino resultó ser otro de los castillos de estos caballeros.

Comenzó a caminar e iba a adentrarse, pero luego pensó… debía ser discreto, estaba demasiado débil como para un enfrentamiento. Aún con su arrogancia y ego, sabía reconocer sus límites. Dirigió su mirada hacia su pecho, allí donde estaba el símbolo de su creación, lo tocó y de un momento a otro pasó de ser un Aerofibian a un Polimorfo. Esta especie tenía la suficiente versatilidad para infiltrarse sin llamar la atención.

Pasó por unas tuberías y se adentró al interior del castillo sin llamar la atención de la primera línea de defensa del castillo, los guardias. Una vez dentro, con su copia del Omnitrix, fijó el lugar exacto del caballero. Se pegó al techo y comenzó a desplazarse en silencio. Poco a poco iba cada vez más al centro. Llegó a una escalera, al bajar por ella se encontraría justo con el localizador. Volvió a su forma humana y bajó en silencio.

Ya estaba en el lugar. Para su buena fortuna estaba en lo que parecía ser una especie de enfermería. En un lado había un humano que no vestía armadura, pero si una vestimenta blanca, no estaba seguro, pero le recordaba el tipo de vestimenta universal que usaban los médicos, un poco menos sofisticado que los de su planeta, pero sí lo suficiente para reconocerlo.

Habían varias camillas, en una de ellas se encontraba el caballero al que le había incrustado el localizador, estaba siendo atendido, sin duda lo había golpeado fuerte.

En este momento no podía ser muy agresivo o no obtendría lo que quería. Lentamente se acercó, no llamaba la atención, pero tampoco se estaba ocultando. Fue allí cuando el caballero herido lo vio y comenzó a gritar.

"ES EL, ¡EL MALDITO BEN TENNYSON!- Dijo el caballero exaltandose de la camilla a tal punto de casi caerse de ella.

El médico quedó alertado y miró en dirección hacia donde señalaba su paciente, pero antes de que pudiera hacer algo, Albedo estaba allí, frente a él. Tenía la mano en el dial de su Omnitrix.

"Mucho cuidado con lo que haces o a quien llamas" y ahí dirigió su mirada fría al caballero de la camilla que se encontraba aún gritando - "En cuanto a tí, callate, o terminaré lo que comencé".

Albedo no agregó nada más, se acostó boca arriba en una de las camillas, para colmo, justo al lado del pobre caballero que estaba herido, quien a pesar de no alertar a nadie, su respiración y su estado era bastante agitado.

El médico se acercó a Albedo un poco temeroso, tragó en seco y se armó de valor.

"¿Qué quieres que haga?"- Preguntó.

Albedo no se alteró, mantenía su postura seria y arrogante "Quiero que me diagnostiques y me trates" - Dijo.

Sin pensarlo, el médico se acercó a él y comenzó la exploración física rápida, lo primero que notó fue la palidez de la piel de Albedo y la temperatura que tenía a tan solo el tacto. Con una mano llamó un dispositivo flotante que se le colocó en la cabeza y comenzó un escaneo, luego se movilizó hacia los pies de este. En frente de ellos, estaba una pantalla y allí se presentó el cuerpo de Albedo. Tenía una temperatura de 40 grados celsius, el porcentaje de glóbulos rojos era severamente bajo y sus células de defensa estaban elevadas. Tenía un paciente con una anemia considerable y que además estaba cursando con un proceso infeccioso.

Albedo tenía los ojos cerrados, pero aún estaba pendiente de todo, no se fijó en los resultados, solo estaba recostado tranquilo, en verdad que se sentía mal. Estaba un poco mareado cuando sintió un dolor agudo en el brazo que lo hizo abrir los ojos y mirar, el médico le estaba colocando una especie de vía en el brazo con sangre.

"¿Qué haces, humano?"- preguntó Albedo con algo de enojo.

"Debo hacer una transfusión antes de seguir con los demás estudios. De no tratarte, podrías morir de un shock hipovolémico"

"¡DÉJALO MORIR, DÉJALO MORIR!- Vociferó el caballero en la camilla.

Albedo ni siquiera lo miró, trató de ignorarlo, pero en su lenguaje físico se notaba que su paciencia se estaba agotando. El médico lo percibió de inmediato, sin mediar ninguna palabra fue y buscó un sedante. No lo pensó dos veces para administrarlo a su agitado paciente.

Ahora sí, ya había silencio de nuevo, lo que terminó por calmar a Albedo. Dio un suspiro y se tranquilizó un poco, concentrándose en lo que sucedía en el momento. "Lo que faltaba, me están pasando una asquerosa sangre humana a mi organismo"-Pensó Albedo.

El médico notó la sensación de Albedo, colocó su mano en el hombro de este. "Percibo tu disgusto, descuida, es sangre artificial, no posee antígenos que reaccionen ni genera anticuerpos, a pesar de su color, solo contiene lo necesario para recuperar a pacientes en tu estado" -Le dijo con voz calmada.

Albedo no comentó nada, nuevamente suspiró, cerró los ojos y trató de relajarse. Le guste o no la forma en la que estaba siendo atendido, era para salvaguardar su vida y eso era lo que necesitaba.


Había pasado alrededor de una hora, se sentía un poco mejor. En todo este tiempo el médico estuvo monitoreando y por otra vía colocada, le administraba medicamentos. Albedo aparentemente había contraído un proceso viral que se había complicado con uno bacteriano. Para su suerte, en ese dispensario médico contaban con buenos antibióticos y de acción rápida, de igual manera tomaría días en recuperarse completamente.

Albedo se estaba quedando dormido nuevamente, pero no podía hacerlo, no en este lugar. Sabía que lo matarían en cuanto pudieran. Siempre estuvo atento a lo que el médico le administraba, no vaya a ser que terminara indefenso y vulnerable como su compañero al lado de él.

"Muy astuto lo del rastreador" -Comentó el médico rompiendo el silencio y dándole la espalda a Albedo.

Albedo se hizo el ignorante, pero sabía muy bien a lo que él se refería. Había encontrado el pequeño dispositivo incrustado bajo la piel del caballero. El joven Galvan no le respondió nada al respecto.

"Sé que no eres ese niño al que todos buscan. ¿Quién eres en realidad y por qué estás convertido en él? Se nota que hay algo más tras esa coraza arrogante y orgullosa que presentas, ¿miedo tal vez? o ..."- Fue interrumpido. "¿Cuánto falta para que pueda pararme de aquí?"- preguntó Albedo con algo de molestia.

El médico sonrió con un poco de nerviosismo. "No es tan fácil, solo llevas aquí 1 hora"- Comentó. Albedo frunció el ceño, ya sabía su diagnóstico y era algo que en su planeta ya se hubiera resuelto, pero que esperaba… seguía en tierra de humanos.


Ya toda la sangre que necesitaba había pasado, el médico procedió a retirarle la vía. Albedo se sentía mucho mejor, ya no tenía fiebre, se sentía más animado y fuerte, había recuperado color. Ya se sentía más como… él.

Luego de retirada la vía se sentó en la camilla y comenzó a quitarse por su propia cuenta las demás, por donde le estaban pasando soluciones y los medicamentos.

"¿Qué haces?" - Dijo el médico con incertidumbre.

Albedo no lo miró, siguió retirándose todo. "Es suficiente, tengo una búsqueda que cumplir" - Dijo sin expresar ninguna emoción.

"¡Aún no estás listo, debemos seguir tratando la infección!" -Comentó el médico algo alarmado.

Albedo, nuevamente, no le respondió de una vez, solo lo miró y rápidamente se transformó en un Methanosian. El médico se asustó e iba a salir corriendo, cuando Albedo hizo crecer unas ramas que lo envolvieron.

El médico en pánico trató de zafarse sin éxito alguno. Albedo hizo un movimiento con las manos que hizo que la enredadera creciera y se dirigiera hacia él causando que el médico quedara cara a cara con él.

"Dame los medicamentos que necesito"- Dijo Albedo con voz fría. El médico seguía resistiendo "No…lo…entiendes, aún necesitas ser tratado, sigues delicado de salud".

Albedo no dijo nada, seguía con su misma actitud, solo le dirigió al médico una mirada de enojo. El médico entendió, no lo convencería… "Bien, toma esas jeringas que están en la mesa, debes inyectarte su contenido en las mañanas, durante 3 días seguidos. No me hago responsable de lo que te suceda". Albedo, sin soltarlo, extendió una rama y tomó las jeringas para guardarlas, luego lo miró.

"Te dejaré vivir solo porque me ayudaste"- El médico se calmó pensando que Albedo solo lo soltaría, pero en su lugar le lanzó una especie de semillas que desprendía un gas azulado, esto ocasionó que el médico cayera inconsciente.

Albedo se destransformó. Una vez como humano, antes de irse, se acercó al médico recordando lo que este le dijo sobre sus emociones. Tragó en seco, apretó los puños y suspiró. No era hora de pensar en eso, tenía una búsqueda que seguir.


Seguía buscando dentro del castillo de los caballeros, allí encontró algo que llamó su atención, eran unas vestimentas. Era una chaqueta verde con un 10 en el lado izquierdo, un t-shirt negro y unos jeans. Le llamó la atención. La ropa que le había proporcionado la Sra. Marta habían sido cómodas en su momento, pero tras la humedad y el sudor de su cuerpo, había causado un mal olor en esta. Se aseguró que nadie lo estuviera viendo y procedió al cambio.

Ya se había cambiado, no comentó nada y tampoco lo admitiría, pero le gustó el estilo. Se preguntaba cómo estaba ese tipo de vestimenta bien escondida en ese castillo, con estos caballeros, no parecía algo que ellos usaran. Bueno, no importa.


Siguió caminando hasta encontrarse con un grupo de caballeros, se escondió tras una pared, por suerte no lo habían visto. Estos estaban bromeando y charlando entre ellos. No parecían estar en servicio.

"Oye, ¿escuchaste el chisme? La esposa de Norbert lo sacó de la casa solo por no recordar el aniversario" - Dijo uno de los caballeros.

Todos rieron.

"Norbert llegó ese día preguntando si se podía quedar a dormir aquí. Sir Lancelot no le respondió, solo lo sacó del castillo.

Nuevamente todos rieron.

"De seguro tuvo que dormir debajo de un puente con todo y armadura".

Albedo aprovechó que estaban distraídos y se transformó en un Sonorosian y con una fuerte onda de sonido los dispersó por los aires. Caminó entre ellos. "Basta de palabrerías, ¿Dónde está el humano llamado Ben Tennyson?"

Los caballeros comenzaron a levantarse del suelo lentamente, se miraban entre ellos con gran confusión, pero no era hora de charlar, tenían un problema en frente. Todos sacaron de sus cinturas armas y le apuntaron.

Ya había pasado por esto en el castillo anterior, pero no debía destruir este, no sin obtener lo que quería. "Así que nadie dirá nada, ¿eh? Bien, supongo que ustedes no me sirven de nada"- Dijo Albedo.

Utilizó otra onda sónica lo suficientemente potente como para romper las armaduras de algunos de los caballeros y mandarlos a volar. Todos cayeron inconscientes.

Albedo se destransformó en decepción, había sido algo rápido, pero seguía sin respuestas.

Procedió a continuar con calma, ya que estos no eran una amenaza para él. Cuando pasó frente a una mesa intacta, algo hizo que su estómago retumbara ¡era comida!. Aún estaba caliente, por lo que era fresca. Se acercó, no le gustaba como olía, pero tenía hambre. Tomó un bocado, masticó con duda cuando ... WOW. Tenía bastante grasa, mezcla de sabores, la carne tenía un sabor fuerte, era simplemente delicioso. Algo le daba un sentimiento, el toque de picante le recordaba la comida de la Sra. Marta y ese fue el toque que terminó de "enamorarlo". Tomó la caja en donde venía y leyó lo que decía "Burger Shack". Interesante nombre. Se marchó mientras seguía comiendo.


En su búsqueda se topó con computadoras, justo lo que necesitaba. Nadie parecía estar vigilando, mejor aún.

Corrió hacia ellas y comenzó a recopilar la información que tenían, vaya que estos tipos tenían muchos datos alienígenas ¿Qué clase de humanos eran estos? -Pensó. Siguió indagando para ver si encontraba algo y no le tomó mucho toparse con información de Ben Tennyson, los caballeros tenían recopilaciones de él, lo habían investigado. Se puso a leer lo que tenían y allí vio una imagen, no lo podía creer. De la sorpresa dio un par de pasos hacia atrás y se miró de pies a cabeza, no lo podía creer, la ropa que llevaba puesta era la misma que la del joven humano. Ahora le hacía sentido que estuviera en el castillo. Siguió indagando cuando…

"Alto ahí"- Se escuchó una voz. Albedo miró en dirección a esta, eran más caballeros.

"Has cometido muchos errores, Benjamin, pero venir a uno de nuestros castillos será el último que cometerás" - Dijo un caballero diferente, este no tenía casco, quizás era un tipo de autoridad allá, pero eso no importaba.

Ya Albedo se estaba cansando de estos tipos, frunció el ceño y suspiró. Aquí vamos otra vez…


La vista mostraba el castillo totalmente destruido y en llamas. Albedo salía de este sin problemas, había avanzado mucho, pero aún desconocía la localización exacta del adolescente humano.

Ahora, había recopilado información de donde estaban los diferentes castillos de estos caballeros. De ser necesario, visitaría uno a uno para obtener lo que quería.