Declamer: los personajes que se nombraran en dicha historia no me pertenecen, pertenecen a los autores del manga y anime que se nombraran Naoko y de Gotouge.
Capítulo 2: Sombras de un Recuerdo
La jornada empezaba como cualquier otra en la Clínica Chiba, después de varios meses Reiko Hino se había adaptado a su nueva vida dentro de la clínica, había encontrado nuevos colegas los cuales en secreto la divertían mucho. Ami seguía siendo su confidente dentro de la Clínica y la que la ayudaba mas a adaptarse, en poco tiempo, se volvió no solo buena medica por sus habilidades quirúrgicas sino también muy popular por su belleza y su rechazo casi tajante a personas fuera de su círculo.
Rei llegó puntual, como siempre, inmaculada, con su cola de caballo alta, su té de Matcha en la mano y su maquillaje casi imperceptible, después de terminar sus rondas de pacientes hospitalizados, se movía con soltura, saludando con una inclinación de cabeza a enfermeras y residentes haciendo alarde de la educación pulcra y respetable, se dirigió directo al estar de médicos para organizarse para su jornada quirúrgica, la cual iniciaba con una laparotomía de urgencia, saludo a sus compañeras y personal de salud que se encontraba ahí y ya cambiándose se dirigió a su sala destinada.
Mientras tanto, en ortopedia y traumatología, Kyōjurō discutía con Tengen sobre un caso complicado de una fractura pélvica, donde también se encontraban los internos que los observarían en el día de hoy, los cuales eran Tanjiro Kamado, Zenitsu Agatsuma e Inosuke Hashibara.
—Esto, mis jóvenes discípulos, es lo que en términos artísticos se llama: "una desgracia estética". -hablo Tengen con orgullo y diversión.
—¿Artísticos? —repitió Kyōjurō, divertido. Mientras Tanjiro, Zenitsu e Inosuke intentaban ver lo "artístico" de una fractura que a todas luces era un milagro que el paciente estuviera vivo.
-Pero mírala! Es demasiado extravagante —continuó Tengen, exagerando los gestos—. ¿Cómo no vas a emocionarte?
Rengoku solo reía de las ocurrencias de Tengen mientras continuaban explicando a sus "pupilos", hasta que, por alguna razón, sintió un escalofrío y un olor a orquídeas y frambuesas lo hizo hipnotizar. Un parpadeo. Y con una imagen: una figura vestida de rojo frente a un fuego en un techo alto. Su pecho se apretó por un instante.
—¿Te pasa algo, Rengoku? —preguntó Tengen, arqueando una ceja viendo que quedo mirando por un segundo la nada.
—N-no… sólo un déjà vu. Nada importante —respondió con su clásica sonrisa. Pero no dejó de pensar en la sensación que había sentido. Entrado todos ellos al pasillo de los quirófanos y encontrándose a lo lejos a Rei donde ya se lavaba para entrar a su cirugía y que por alguna extraña razón el olor que sintió le hacia extrañamente familiar.
La cafetería de la clínica bullía con el sonido de tazas, pasos apurados y la voz inconfundible de una enfermera que se quejaba por la máquina de expreso y su café aguado. Rei estaba en una de las mesas de la esquina con Ami, repasando historias clínicas en su Tablet mientras compartían una tostada a medias y fruta.
—Te lo juro, que estoy a tres doritos de explotar, no he dormido bien y en 2 horas, tengo cirugía con Humada sempai sabiendo que ella es super estricta con sus residentes mayores—suspiró Ami, hundiendo la cara entre las manos.
—Creo que esto ya lo has dicho muchas veces y siempre sales librada —respondió Rei, tomando un sorbo de café.
—¡Rei!
—¿Qué? Te lo digo porque te quiero—dijo con una sonrisa ladina.
Ami frunció el ceño, pero luego río también. En eso, la puerta de la cafetería se abrió con el sonido metálico de costumbre y Rei sintió un extraño cosquilleo antes de mirar. Ya sabía quién era sin necesidad de ver. Su voz atronadora se sentía por todo el lugar y su presencia que irradiaba felicidad inundaba el lugar, se encontraba hablando con Tengen y Tomioka.
—Terminamos rápido ese caso, pero seguimos con uno igual, ¿Qué están haciendo los pacientes, luchando en torneos clandestinos? —comentó Tengen, teatral como siempre – es demasiado extravagante hasta para mí.
—No creo que algo sea mas extravagante aparte de ti Uzui – Sugirió como quien no quiere la cosa Tomioka, volteando a ver de forma irritada. – por ahora vamos a comer algo antes de seguir, no sé porque siempre me juntan con ustedes a pesar de que no soy de la misma especialidad.
—¡Amigo Giyuu siempre pertenecerás a nuestro combo alegre! —rio Kyōjurō, su presencia era tan vibrante que parecía iluminar la estancia. Llevaba el cabello recogido en una media coleta descuidada y el uniforme de residente le quedaba con una dignidad que Rei encontraba… molesta y sexy. O eso se decía a sí misma, en eso sus ojos se encontraron y la sonrisa que le dedico a Rei fue para desarmar ese corazón estoico y frio, cosa que hizo sonrojarla un poco y provocarle un vuelco en el estómago.
—Miren ahí está Ami y Rei—saludó Tengen efusivamente, deteniéndose frente a su mesa y sentándose entre ellas.
—Tengen sensei—respondió Rei, seca pero divertida de ver como Tomioka y Rengoku tomaban lugar.
—Entonces… ¿cómo van las cosas en trauma? —preguntó Ami, intentando cambiar el foco antes de que Tengen empezara con sus "poesías improvisadas" e hiciera alarde de su galantería oxidada y floja de casanova.
—¡Explosivas! —exclamó Tengen—. Hoy tuvimos una fractura de pelvis tan grotesca que Tomioka casi escupe su café de la mañana por la cantidad de sangre derramada.
—Solo estaba mal preparado —aclaró Giyuu, sin emoción.
—¿La fractura o el café? —preguntó Rei, divertida.
—Ambos —respondió él, frio, en esas a su mesa se ve a querida novia Shinobu Kochō, llegado en silencio y apoyando una mano en el hombro de Giyuu sorprendiéndolo.
—¿Me perdiste otra taza, Giyuu? —le preguntó ella, divertida y su sonrisa característica.
—Voy —murmuró él.
Ami se tensó ligeramente al ver a la pareja tan tranquila, su corazón se sentía dividido cada vez que pensaba en su propio novio, Taiki el cual se encontraba en Alemania y cuya identidad solo lo sabían sus amigas, nada de presentaciones a sus amigos de universidad.
La conversación fluyó con naturalidad. Entre bromas, quejas de guardias y comentarios médicos, el grupo tenía una dinámica que se veía sólida. Rei se sorprendió a sí misma disfrutando del momento. Incluso cuando Kyōjurō hizo un comentario muy puntual sobre una cirugía reciente y sus manos rozaron al pasarle azúcar, volvió el fugaz calor en el pecho. Un recuerdo que no era suyo o se sentía ajeno a ello. Calor, polvo, una columna derribándose y una voz fría gruesa que conmovedor … Parpadeando, Rei se para de improviso, guardando su Tablet.
—Tengo una laparoscopía en veinte minutos. Suerte con los huesos rotos, chicos, Ami animo que ya casi terminas.
—Y tú con los intestinos rebeldes, cirujana- la miraba Kyōjurō con camarería. Ganándose una mirada sorprendida de Shinobu y una risa excéntrica de Tengen.
—Nos vemos a la hora del almuerzo bella dama? —dijo Uzui con su coquetería habitual, guiñando un ojo.
—Uzui sabes que eso no funciona con Rei—dijo Ami, cansada de ver a su amigo insistirle a Rei, llevándose una mano a la cara— Además tu ya tienes tres esposas, que dirían ellas si te vieran.
—¡Lo haré hasta que funcione! El arte de la persistencia es mi sello y lo sabes Ami —dijo él, guiñando un ojo. Luego miró a Rei—. No pueden culparme por intentar conquistar a Rei, es la más sensata de este hospital.
—¿Sensata? —murmuró Tomioka, alzando una ceja.
—Bueno, comparada con el resto, sí. – Tengen mirándolos a todos buscando aprobación de lo dicho, Shinobu solo se reía discretamente mientras la vena de su frente intentaba explotar. – Deja de decir eso Uzui, no sabes quien pueda oír tu coquetería con ella sin saber si tiene novio o pareja.
Rei ya saliendo suelta una risa discreta mientras Kyōjurō siente que el mundo se le va encima dy queda en shock, mientras Ami ríe viendo la reacción del peli amarillo– jajaja Kosho no tengo pareja, pero es divertido no haberle aclarado a Tengen porque solo quiero ver cómo se avergüenza un poco más. – y dicho eso sale para continuar con su día.
La ciudad dormía bajo un cielo sin luna, Rei se encontraba de turno junto con Rengoku, las luces del hospital parpadeaban a lo lejos, y en dos habitaciones separadas por varios pisos, ellos se encontraban intentado dormir y cerrando los ojos al mismo tiempo. El cansancio arrastró sus cuerpos, pero sus mentes… sus almas, quizás, fueron a otro lugar.
Rei caminaba por un pasillo de mármol rojo con negro, que columnas blancas coronadas por estandartes dorados y techos parecidos a padogas antiguas. El cielo a lo lejos se veía púrpura, infinito, y sobre él se alzaba un palacio de cristal teñido por los reflejos del atardecer, ella con una Chihaya parecida a la que usaba en el templo cuando ejercía sus funciones de sacerdotisa, roja, suelta; no llevaba bata, ni uniforme quirúrgico. Su cabello caía libre, como una cortina negra que brillaba con el fuego que brotaba de los candelabros flotantes.
Y él estaba ahí, a lo lejos, esperándola.
Rengoku —aunque no exactamente él— se encontraba al final del pasillo. Llevaba una armadura roja, con el emblema del fénix en el pecho y una espada envainada en la espalda, similar a una Katana. Su expresión no era la misma de siempre. Era más grave. Más serena. Pero sus ojos ardían con el mismo fuego, con determinación y admiración por igual.
—Mi princesa… —dijo, su voz un susurro que resonaba en los muros del lugar.
Rei sintió que su corazón latía fuera de ritmo. Sus pies avanzaban sin que ella pudiera detenerse. No sabía por qué, pero su alma lo reconocía.
—Capitán! – dijo ella emocionada, dándole la mano para que le ayudara a avanzar.
La escena cambió. Una guerra. Un castillo destruido. Cuerpos sin nombre al rededor. Gritos. La princesa de Marte luchaba con furia, invocando fuego desde sus manos, desde su cuerpo. Y junto a ella, el guerrero de la llama cortaba enemigos que no tenían rostro… demonios, youmas, oscuridad misma.
Entonces, una explosión, una risa fría y estridente. Ella gritó su nombre, pero el viento se lo tragó.
Y el sueño se desmoronó como vidrio.
Ambos despertaron.
Rei, en su habitación, sentada de golpe con el corazón latiendo enloquecido, el rostro cubierto de sudor frío. Se llevó una mano al pecho, lagrimas secas en sus mejillas.
—¿Kyō…? —susurró, sin saber por qué.
Kyōjurō se incorporó en su cuarto de residentes después de haber sonado el timbre de su celular, mirando a su alrededor como si esperara ver aún el campo de batalla. Se tocó la frente.
—Otra vez… —murmuró.
Y, por primera vez, recordó su nombre en el sueño.
—Reiko.
Horas después, el hospital comenzaba a despertar de nuevo. Alarmas, timbres, enfermeras preparando café. Todo parecía normal, ella feliz de terminar su turno nocturno. De salir a descansar un poco. Rei cruzó a Kyōjurō en el pasillo central, justo frente al área de rayos. Él estaba con algunos algodones en la mano, lleno de yeso para inmovilizaciones, ella con su celular en la mano.
—Buenos días, Rei-san —saludó él, con una sonrisa genuina.
Ella lo miró fijamente por un segundo de más mientras intentaba enfocarlo. Había olvidado sus gafas en la maleta, en posturno por decimotercera vez.
—Buenos días, Rengoku- san.
Sus voces eran amables, casi rutinarias. Pero algo invisible pasó entre ambos, algo que no necesitó ser dicho.
No todavía.
—Posturno? – indago el intentando entablar conversación con ella – si quieres te invito a un café antes de que te vayas.
-Me gustaría en verdad, pero tengo que terminar ronda para poder irme, mi abuelo se encuentra solo. Lo lamento, en otra oportunidad te lo acepto Rengoku -san. – y dando una reverencia se aleja y al mismo tiempo los dos pensaron:
"¿Nos volveremos a soñar?"
Esa noche, la terraza de la cafetería de Makoto estaba reservada para lo que oficialmente se llamaba "reunión de amigas". Era costumbre que cada cierto tiempo lograran coincidir para hablar, aunque con Minako entre giras, Serena atrapada en campañas publicitarias que aun no se sabía como lograba el éxito que tenía dado lo despistada que era le funcionaban siempre y Ami esclava de la gineco-obstetricia, a veces parecía un milagro.
—¡¿Qué?! ¿Soñaste con un palacio en llamas y guerra y no nos dijiste nada hasta ahora? —Serena casi derramó el té que Makoto le había servido con tanto cariño, mientras Rei contaba su sueño sacado casi a tirabuzón, y mejor liberando lo que sentía con sus amigas.
—No es la primera vez —dijo Rei, cruzada de brazos, mirando el cielo estrellado desde su asiento—. Pero esta vez fue distinto. Nunca habían aparecido mas personas que yo recordara, pero, había una, un capitán.
Makoto apoyó la tetera con cuidado, sentándose frente a ella.
—¿Capitán?
—Sí.
—¿Y cómo era? – pregunto Serena obviamente mas interesada en que por primera vez su amiga soñara con un hombre.
Rei sonrojada solo atino a decir – era similar a Rengoku san, el residente de ultimo año de Ortopedia.
—¿El musculoso con sonrisa brillante que come arroz con curry cuando está estresado? —agregó Minako desde el otro lado, quitándose unas gafas oscuras—. Lo vi una vez en la cafetería del hospital. Alto. Espalda ancha, voz atronadora y sexy. Le pondría un diez, si no, es más.
—¡Mina! —suspiró Ami.
—¿Y? —insistió la rubia ignorando el llamado de Ami y más interesada por el chisme—. ¿Soñaste con él como en rollo romántico o más tipo…? – dejo la pregunta al aire cosa que hizo sonrojar a Rei y ponerla seria, mientras Ami y Serena se tapaban la cara y Mako reía. – no lo sé, solo se que al parecer era parte de mi guardia real en Marte. En el Milenio de Plata.
Las chicas se quedaron en silencio por un momento.
—Rei… —dijo Makoto, con voz suave—. ¿Estás segura?
—Tan segura como lo estuve cuando recordé lo de la Luna. Cuando recuperamos todo después de Galaxia. No es un simple déjà vu. Lo reconozco, incluso si él aún no se acuerda, o no se si sean la misma persona o alma.
—¿Y qué vas a hacer? —preguntó Ami.
Rei suspiró.
—No lo sé. No puedo ir corriendo a decirle "Hey, fuiste mi guardaespaldas en otra vida, y te moriste en una guerra". No suena precisamente cuerdo.
—Tampoco es como si nosotras no supiéramos sobre lo sobrenatural ni los demonios ni los cristales mágicos y acá estamos —dijo Minako encogiéndose de hombros.
Serena asintió, aun masticando galletas, despreocupadamente.
—Tal vez tu corazón solo está buscando algo que ya conoce.
Rei no respondió enseguida. Miró las luces de la ciudad, brillando más allá de la terraza. Había tantas cosas que aún no entendía, pero una parte de ella —la parte más antigua, más profunda— sabía que ese encuentro no era casualidad.
—No pienso dejar que se repita lo que viví, lo que vivimos —dijo finalmente, en voz baja.
—¿Qué cosa? —preguntó Ami.
Rei cerró los ojos, apretando ligeramente los puños.
—Que todo se destruya sin antes conocer la felicidad completa.
Y entonces, como si el viento hubiera querido darle la razón, una llama de la vela del centro de la mesa titiló con fuerza, aunque no había brisa alguna.
Las chicas la miraron.
—Rei… —susurró Serena, tragando saliva.
—Tranquila. Esta vez… estoy lista para lo que venga, y todas estaremos unidas nuevamente.
...
Aqui volviendo con un nuevo capitulo. Espero guste. Ya tengo mas de la mitad el fanfic en borrador por lo que podre actualizar con mas ritmo y tiempo.
Hasta aqui.
Gracias por leer.
