Declamer:los personajes que se nombraran en dicha historia no me pertenecen, pertenecen a los autores del manga y anime que se nombraran Naoko y de Gotouge.

Capitulo 3: Entre huesos y recuerdos.

La mañana comenzó con un aviso en los celulares: múltiples heridos tras un choque entre un autobús y un camión en la autopista de la bahía. Todos los servicios se encontraban alerta. Cirugía, traumatología, anestesia, urgencias… todos se preparaban para el caos.

Rei terminó de colocarse la bata mientras revisaba el mensaje en su celular.

—"Paciente masculino, 20 años. Hipotenso, trauma abdominal, fractura de pelvis inestable." Perfecto para un lunes —murmuró con cansancio empezando otra semana mas de trabajo y caminando a pasos suaves por el pasillo que conducía a urgencias.

—Parece que nos toca a los dos —dijo una voz conocida a su lado, saliendo a ritmo de intentar alcanzarla.

Kyōjurō apareció con sus manos en los bolsillos y el cabello recogido a medias, su bata semiabierta como si hubiera salido corriendo del otro lado de la clínica.

—No me digas que corriste otra vez por las escaleras.

—¡Son cinco pisos! ¡Perfecto para activar la circulación! —respondió con una sonrisa tan brillante que Rei sólo pudo rodar los ojos, conteniendo una sonrisa.

—Tenemos pacientes inestables. No estás en una maratón, Rengoku san.

—Siempre lo estoy, Rei-san. Solo que algunas veces se juegan muchas cosas de por medio.

Ambos llegaron juntos a urgencias y vieron el caos. Una residente de urgencias les esperaba junto a la camilla. El paciente estaba pálido, jadeando, con el abdomen visiblemente distendido y la pierna izquierda en una rotación extraña, sin contar los rasguños, y el brazo derecho inflamado.

—Eco FAST positivo, presión sistólica en 80. Está con cristaloides, pero sigue inestable —informó la residente mientras Ami pasaba corriendo porque dentro de los heridos se encontraba una mujer embarazada gritando dado que se encontraba en inicio de trabajo de parto.

—¿Responde al dolor? —preguntó Rei, ya palpando el abdomen con precisión.

—Sí, pero se queja en todo el hemiabdomen superior. Está taquicárdico e hipotenso a pesar de la reanimación.

Kyōjurō se agachó para revisarlo.

—La pelvis está inestable. Necesitamos fijarla de urgencia.

—Probablemente tenga un sangrado hepático. —Rei miró el monitor y luego al equipo—. Lo tenemos que llevar al quirófano ya. Pasaré la boleta como categoría I para que se preparen en salas.

Mientras caminaban empujando la camilla, el ritmo de sus pasos era coordinado. Rei y Kyōjurō intercambiaban frases clínicas sin alzar la voz. Al llegar al quirófano, Rei ya tenía el plan en mente y Rengoku ya tenia listo lo que iba a realizar. Ya habían pedido permiso a sus superiores y dado que estaban próximos a graduarse podrían empezar la cirugía mientras llegaban los sus superiores a revisar.

—Yo entro por línea media y controlo el sangrado, será cirugía de trauma rápida y sin demorarnos. En cuanto te dé campo, empieza a fijar la pelvis.

—Entendido. Me avisas si necesitas ayuda.

—¿Vas a querer tornillos o prefieres fijador externo? – hablaba la instrumentadora que se encontraba en la sala alistando los elementos necesarios.

—Prefiero tornillos. Pero si sangra más de lo que piensas, paso al externo. – mientras el salía también a lavarse y prepararse para iniciar la cirugía.

La cirugía comenzó con un silencio absoluto. El ambiente era tenso. Rei abría el abdomen con firmeza, guiada por la urgencia, mientras Kyōjurō ayudaba a preparar su instrumental. En la cabecera, Tengen observaba con los brazos cruzados y una ceja alzada lo que hacia su "pupilo" y próximamente colega.

—Si estos dos fueran más sincronizados, les harían una película —le murmuró a Tomioka, quien solo asintió, sin apartar los ojos del monitor de constantes mientras su profesor colocaba una línea arterial.

—Sutura hepática… pinzas… succión —decía Rei con ritmo rápido.

—Listo para colocar la guía. Necesito ángulo izquierdo libre —añadió Kyōjurō.

—Te lo abro —dijo Rei, moviendo cuidadosamente las asas intestinales—. Toma.

En ese momento, el paciente comenzó a desaturar y a bajar la presión arterial. Los monitores chillaron. Una enfermera jadeó.

—¡Oigan tengan cuidado con la cava! – hablo el profesor de anestesia mientras Tomioka se asomaba a ver que estaban haciendo.

Rei se tensó por un segundo. Kyōjurō la miró de reojo y, sin pensarlo, apoyó su mano sobre la de ella.

—Tranquila. Suelta un poco los intestinos. Ya casi termino.

La mirada de él era cálida, intensa. Y en ese roce fugaz, un destello los invadió a ambos.

Ella, vestida de cazadora, con una espada que no parecía suya. Él, caminando sobre nieve, llevándola en brazos, cubriéndola con su haori característico hacia la finca Mariposa. Sus ojos encontrándose, suavemente, los ojos de él vislumbrando preocupación, ella cerrando lentamente sus ojos.

Rei parpadeó. Kyōjurō también. El recuerdo se desvaneció tan rápido como llegó, pero algo dentro de ellos quedó temblando.

—¡Presión en 75! ¡Está subiendo! — les dijo Tomioka para que se relajara el ambiente.

—Menos mal, me alcance a asustar—dijo Rei, retomando el control con más seguridad—. Termino la ligadura y puedes continuar con la cirugía Rengoku san.

—De acuerdo —respondió Kyōjurō. Y sin decir más, siguieron trabajando.

Cuando la cirugía terminó, una hora después, el paciente estaba estable y en la unidad de cuidados intensivos. Al salir del quirófano, Rei se dejó caer en una de las sillas del estar médico, cansada mientras su profesor del día le decía que iría a revisar un paciente particular.

—¿Siempre es así de intenso tus lunes? —preguntó, con una botella de agua en la mano a Kyōjurō que se sentaba a su lado.

—Sólo cuando me toca operar contigo —respondió Kyōjurō, apoyándose junto a ella mientras le recibía la botella de agua que ella le ofrecía.

Ambos se quedaron en silencio por un momento, compartiendo el mismo respiro largo. La clínica seguía girando a su alrededor. Pero en ese instante, entre el trabajo, la tensión y su amistad que se había formado algo invisible entre ellos se fortalecía.

Y ninguno estaba listo para nombrarlo aún.

Esa misma tarde, el ajetreo del accidente se resolvía a pasos agigantados encaminándose a la paz habitual, los quirófanos estaban menos agitados, y los pasillos de recuperación llenos de pacientes estables. Médicos y enfermeras volvían a su tranquilidad normal.

Rei estaba sentada frente a su computadora, revisando la evolución postoperatoria del paciente en unidad de cuidados intensivos (UCI), que había operado junto con Rengoku. Sin bata, solo su uniforme quirúrgico, su cabello amarrado a un moño donde finos mechones caían hacia su cara y su expresión, más serena. A su lado, Ami hojeaba unos exámenes de la paciente que termino en cesárea inestable y en la unidad de cuidados intensivos teniendo el ceño ligeramente fruncido.

—El paciente se estabilizó más rápido de lo que esperaba —comentó Ami sabiendo como termino la cirugía que había hecho su amiga junto con su posible romance.

—Kyōjurō hizo una fijación perfecta. Siento que somos un buen equipo como si… como si ya lo hubiéramos hecho mil veces.

—Quizá lo hicieron y así se enamoraron antes —respondió Ami sin alzar la vista, como si fuera un dato clínico más. Rei la miro con desconcierto sin embargo se había sonrojado mucho. Kyōjurō apareció en la UCI, Estaba despeinado y la frente apenas brillando de sudor. Pero su sonrisa era la misma: clara, honesta, luminosa.

—Le invito atentamente un café para la cirujana que salvó el día —anunció, sentándose al lado de ella con sonrisa triunfal.

—¿Me siento importante? —bromeó ella.

—Hoy fuiste mi heroína quirúrgica —respondió él, y sus ojos se quedaron un poco más de lo necesario sobre los de ella.

Ami se excusó discretamente, llevándose su celular y murmurando disimuladamente "olvide hacer algo". Pero cuando pasó al lado de Kyōjurō, murmuró:

—Tómense cinco minutos para relacionarse más. El hospital no se va a caer.

Kyōjurō la miró confundido. Rei quiso derretirse en su silla.

—No le hagas caso. Ami esta hablando incoherencias.

—Parece tener buen instinto —dijo él, aun sonriendo. El silencio se hizo cómodo. – entonces que me dices de ese café? - Rei sin mirarlo afirmo y empezaron a salir de la Uci hacia la cafetería de la clínica.

—¿Sueñas cosas extrañas a menudo? – pregunto Rei como quien no quiere la cosa recibiendo su café y caminando hacia la mesa mas cercana.

Kyōjurō se sentó en la silla de al lado, apoyando los codos en las rodillas. – me creerías si te dijera que sí?, sé que nos estamos volviendo cercanos, pero sueño con fuego, armaduras. Siento que estoy defendiendo a alguien… siempre la misma mujer. No le veo el rostro, pero…

—¿Pero?

—Sé que es importante para mí. Sé que muero por ella. Literalmente. – dijo con voz firme haciendo a Rei temblar levemente y sintiendo cómo se le cerraba la garganta. No dijo nada por un momento. Luego murmuró:

—Tal vez no sean sueños.

Kyōjurō la miró con atención.

—¿Has tenido eso alguna vez?

Ella dudó. Iba a responder, pero en ese momento la puerta se abrió de golpe.

—¡¿Por qué no me esperaron para tomarnos un café!? —Tengen apareció con dos bandejas en las manos de panecillos y galletas que Mitsuri Kanroji (amiga de la infancia de Rengoku) había llevado a la clínica para visitarlos—. ¡Salvan una vida juntos y se creen la pareja protagonista de una novela médica!

—No sabíamos que vendrías con nosotros —dijo Rei, como si no estuviera al borde del colapso emocional. – sabes? Existen los mensajes por celular.

—¡Soy un actor secundario vitalísimo en este romance floreciente! —declaró, sentándose entre ambos.

—¿Otra vez con eso? —murmuró Tomioka desde la puerta, donde Shinobu se apoyaba sonriente, mientras bebía de su café.

—Estoy segura de que Uzui interrumpió algo interesante —dijo ella, mirando a Rei de reojo, mientras ella tosía y Rengoku se hacia el desentendido. Ambos sonrojados.

—No había nada que interrumpir —aseguró Rei, más rápido de lo que debería.

Kyōjurō no dijo nada, pero sus dedos jugaron con el vaso vacío, nervioso. Sus ojos aún estaban puestos en Rei. Como si quisiera seguir la conversación que no habían terminado.

Cuando todos se dispersaron, Rei se quedó sola un instante junto a la ventana. Afuera, las luces de la ciudad comenzaban a parpadea y a aparecer. Ella se llevó la mano al pecho, justo donde el colgante en forma de Fénix se encontraba en su cuello.

Recordó la mirada de él. La visión compartida en cirugía.

No, no eran sueños.

Y aunque las palabras no alcanzaran todavía, sabía que el tiempo corría. Que sus almas estaban buscándose a través de los siglos, una vez más, con esa sensación se paró para terminar el día y retirarse al Templo Hikawa.

Al llegar, el viento mecía las ramas de los cerezos tardíos, y el incienso dejaba un rastro dulce que flotaba entre los escalones de piedra mientras subía los escalones. El abuelo de Rei dormía en su habitación, y el mundo se reducía al murmullo del viento, al crujido tenue de la madera, al crepitar del fuego del altar.

Rei se sentó frente a las llamas. Estaba descalza, con el cabello suelto y su uniforme de Miko. Allí, en el silencio sagrado de su hogar, era simplemente ella: sacerdotisa, protectora del fuego, guardiana de secretos que cruzaban las eras.

Encendió la vela central del altar con una cerilla. Las otras se encendieron solas, como si reconocieran su energía. Cerró los ojos. Sus manos formaron el mudra de meditación, y su respiración se volvió lenta, profunda.

—Muéstrame lo que debo recordar. Lo que él debe recordar, lo que debemos recordar —susurró al fuego.

La visión la alcanzó como una corriente de lava, imágenes pasaron rápidamente mientras ella mas se concentraba.

Un salón de mármol rojo, tronos desocupados. Estatuas marcianas del tigre y león a ambos lados. Ella, con traje formal de princesa, de pie frente al capitán de su guardia real. Él, arrodillado ante ella, la armadura quemada, el rostro cubierto de polvo y sudor.

No quiero que mueras por mí —le decía ella con voz temblorosa.

Prefiero morir a permitir que te hagan daño —respondía él, sin dudar, alzando la vista y mirándola directamente a los ojos.

¿Por qué? Capitán Rengoku, ¿qué te hace hablar con tanta devoción?

Porque la amo, princesa Reiko. La amé desde antes de ser su guardián. Y la amaré después de que este mundo se apague.

Rei vio explosiones fuego y hielo negro devorando los muros. Kyōjurō la cubría con su cuerpo, mientras el techo del salón del trono colapsaba sobre ellos. Rei gritaba su nombre, pero él ya no podía responder.

Rei abrió los ojos de golpe. Las llamas del altar se tranquilizaron, pero su corazón no. El colgante de Fénix que encontró un día en el jardín y que Phobos llevaba en su pico— ardía contra su piel. Lo sujetó con fuerza.

—Rengoku —murmuró.

Ya no había duda. Él era el mismo. Su alma, su energía, su luz. Aunque no recordara aún, estaba despertando, era él. El capitán que prometió protegerla y amarla hasta el fin de la existencia.

Mientras tanto en otro lado de la ciudad, Kyōjurō Rengoku en la habitación de su apartamento también lo hacía.

Kyōjurō se sentó en la oscuridad de su habitación en su cama. Su día había terminado hacía horas, pero no podía dormir. Se había duchado, cenado una bandeja solitaria, incluso intentado leer algún artículo o algo que lo entretuviera … pero su mente estaba en otro sitio.

En Rei.

En la cirugía. En ese momento donde sus manos se tocaron. En la visión. En sus charlas.

Apoyó los codos en las rodillas, mirando al suelo. Cerró los ojos. Dejó que el silencio lo envolviera.

Y entonces llegó.

El mismo salón. El fuego. El momento de su muerte.

Pero esta vez no fue sólo una imagen. Fue real.

Sintió el peso de su Katana en su mano, el olor a piedra caliente, la presión del brazo de Rei alrededor de su cuello al intentar detenerlo. Recordó su nombre completo: Kyojuro Rengoku, guardián de la Princesa Marte. Recordó el entrenamiento, los juramentos, el amor silenciado durante años.

Abrió los ojos con violencia. Se puso de pie, tambaleando.

—No puede ser —murmuró—. No puede ser real.

Pero el calor en su pecho era tan verdadero como su aliento. Caminó hacia su bolso, lo abrió y allí lo vio: un pequeño brazalete de cuentas rojas como rubies que la paciente que atendió cuando Rei llegó a su vida le había regalado meses atrás. Le había dicho entre bromas que era una piedra marciana. Él lo había aceptado por cortesía… y nunca lo había tirado. Ahora, brillaba suavemente, como si algo lo hubiera activado.

Lo sostuvo con las manos temblorosas.

—Rei…

No sabía cómo, pero ella estaba conectada a todo esto. A sus sueños. A sus recuerdos. A esa energía que crecía cada vez que la miraba.

No podía escapar más de ello y tampoco quería, pensaba mientras observaba la noche estrellada y se preparaba leche tibia para intentar conciliar el sueño.

Reiko mientras el fuego en el templo se extinguía lentamente, se puso de pie y caminó hacia el jardín. Miró la luna llena. Su brillo pálido le recordó otras lunas, otros cielos, otras promesas.

"Nos volvimos a encontrar," pensó. – No volveré a perderte – Susurró al viento.

Bueno, dije que iba a actualizar rápido, como tengo tantos capítulos en borrador puedo ir haciéndolo rápido mientras tengo mis días libres.

Para aclarar, ¿porque con trama medica? Porque soy médico, también cirujana. Entonces llamemos que es una proyección. Me gusta la trama sobrenatural y las vidas pasadas sin olvidar mi nueva pareja favorita de Anime formada aquí.

Mas personajes de las series irán apareciendo, y viejos enemigos. En el transcurso de la historia subirá un poco de tono (Lemon firme). Espero le guste sin más.

Nos vemos en el siguiente capitulo.