Problemas muy pequeños Parte 3
Arrodillada junto al inconsciente King, Flora le sacudía suavemente el hombro izquierdo.
—Hey... vamos, despierta, ¿sí? —le susurró con voz suave, casi maternal—. No te nos vayas justo ahora, pequeñín.
King gruñó entre sueños y abrió los ojos lentamente, parpadeando con confusión.
—Tú... no sabes la pesadilla que tuve —murmuró mientras se incorporaba—. Mi reina y yo estábamos peleando y, de pronto...
No alcanzó a terminar la frase.
—¡ÑAAAAAAAAA!
Queen giraba sobre sí misma con el bebé titán en brazos, alzándolo al aire con alegría mientras él reía a carcajadas.
—¡Soy mamá, soy mamá, soy mamá, soy mamá! —exclamaba con una mezcla de orgullo y emoción.
Luz, contagiada por el momento, aplaudía entusiasmada desde un costado.
—¡Y yo, la tía! —añadió con una gran sonrisa.
Finalmente, Queen se detuvo y abrazó al bebé titán, apoyando su frente contra la de él con los ojos cerrados.
—Oh, Prince, eres tan lindo —dijo con ternura.
—¿Puedo cargarlo? —preguntó Luz, acuclillándose frente a la madre y al pequeño titán.
—¡NOOOOOO! —aulló King—. ¡ESTO NO PUEDE ESTAR PASANDO!
Se llevó ambas manos a la cabeza, con los ojos abiertos como platos.
—¡ES IMPOSIBLE! ¡Apenas tengo nueve años! ¡NUEVE MALDITOS AÑOS!
—Acéptalo —dijo Flora con una sonrisa traviesa—. Tu niñez acaba de expirar. Ya es hora de que...
—¡NO LO DIGAS! —la interrumpió King, señalándola con un dedo tembloroso, casi suplicante.
El bebé Titán, ahora nombrado Prince, estaba en medio de las palmas de Luz. Ella frotaba su nariz con la de él, hasta que el pequeño trepó por su rostro hasta llegar a su cabeza. Luz aprovechó el momento para sacar su celular y tomarse una selfie junto a la madre y el bebé titán. Pero justo después, Prince comenzó a recorrer todo el cuerpo de la humana, haciéndole cosquillas, lo que la hizo retorcerse un poco y reír mientras dejaba caer el celular al suelo.
—¡Jajajajaja, no, no, no! —gritó entre risas—. ¡Jajaja, alto, Jajaja!
Finalmente, Prince saltó desde el hombro izquierdo de Luz y, en cuanto sus patitas tocaron la tierra, salió corriendo en cuatro patas directo hacia King.
—Ñaaa, mira eso, Luz —dijo Queen con ternura.
Luz chilló entusiasmada:
—¡Azurantástico, ahora va a buscar a su padre!
Mientras tanto, King seguía estupefacto, sujetándose la cabeza con ambas manos.
—¿Cómo sucedió esto si somos niños? ¡NIÑOS!
Flora, sentada en el suelo con las piernas cruzadas, esbozó una cálida sonrisa mientras el bebé titán se acercaba corriendo.
—Es solo una suposición, pero imagino que tú y tu pareja pertenecen a una especie demoníaca casi extinta, que ha evolucionado para madurar rápidamente debido a la presión evolutiva.
Prince se detuvo frente a King, aún en cuatro patas. Lo miró fijamente durante unos segundos antes de incorporarse tambaleante y estirar los bracitos hacia él con un chillido alegre:
—¡Papi!
King tragó saliva con fuerza, retrocediendo un poco mientras temblaba.
—¿A-Alejate...? —balbuceó—. ¡Shu, shu! ¡N-No te me acerques!
Pero antes de que pudiera continuar con su rechazo, Prince se lanzó hacia él con un brinquito sorprendentemente ágil. King intentó esquivarlo, pero el bebé se aferró con fuerza a su cuerno izquierdo y se acomodó boca abajo sobre su cráneo, cerrando los ojos.
King puso cara seria.
—Tienes tres segundos para bajarte de mi cabeza antes de que...
Flora, con tono de narradora de documental, lo interrumpió justo cuando Queen y Luz también se acercaban:
—Como pueden observar, el pequeño reconoce a su progenitor por instinto. Es un mecanismo evolutivo típico de especies bestia-demonio con baja tasa de natalidad. Fascinante, ¿no?.
Luz tenía los ojos brillantes.
—¡Awww, King, mira cómo te quiere! —exclamó—. ¡Qué suertudo eres!
—Ñaaa...
Queen le dio una suave lamida en la frente a Prince, seguida de una caricia lenta y reconfortante en la espalda.
—Nuestro pequeño heredero —susurró con lágrimas de alegría—. Es tan perfecto.
King gruñó, mientras Prince descansaba sobre su cabeza. Entonces se puso de pie, inclinó la cabeza y dejó caer al bebé titán en sus brazos, sosteniéndolo por los costados para mirarlo fijamente con cara de pocos amigos.
—Ahora escucha bien, pequeño...
Pero sus futuras duras palabras murieron en su garganta cuando Prince abrió los ojos, lo miró con ternura e inclinó ligeramente la cabecita. Los ojos de King se iluminaron.
—¿Qué pasa, papi?
—No sé lo que pasó...
Entonces, King lo abrazó con ternura contra su pecho (para deleite de Queen y Luz), mientras unas pequeñas lágrimas se deslizaban por sus mejillas.
—Pero está bien.
Sostuvo al bebé titán sobre su brazo izquierdo y, haciendo gestos con la mano derecha, comenzó a proclamar:
—¡Mis leales súbditos! Hoy es un día que quedará grabado en los anales de nuestra historia. Con el corazón rebosante de júbilo y gratitud, os anuncio el nacimiento de mi hijo, el heredero al trono, fruto de la unión entre la reina.
Se acercó a Queen y la rodeó por la cintura con su mano libre, atrayéndola hacia él. La reina de los demonios simplemente apoyó su cráneo contra el de su "rey", con una mirada tierna y pestañeando de forma coqueta.
—Y este humilde servidor de la corona. En la hora más temprana del alba, bajo un cielo claro y sereno, el destino nos ha bendecido con una nueva vida. Un niño fuerte, de mirada viva y espíritu noble, ha llegado a este caótico mundo.
Levantó al pequeño Prince en alto con su mano izquierda, y este soltó una tierna risita mientras agitaba las patitas.
—¡Gloria al príncipe!
Luz, Queen y hasta Flora empezaron a vitorear. Flora se limitó a aplaudir, mientras Luz saltaba en su lugar y Queen alzaba el puño derecho.
—Ñaaaaaaaa!
—Wooooooo!
En medio del bullicio y las celebraciones, Prince comenzó a mover sus bracitos, emocionado. De pronto, bajó con una pirueta del brazo izquierdo de su padre, miró a este y luego a su madre.
—Quiero ir a los juegos —dijo con voz dulce, con sus ojitos brillando de ilusión.
Luz, King y Queen estallaron en un mar de ternura.
—Ñaaaaa, ¿el principito quiere ir a los juegos? —canturreó Queen.
Luz se sumó con entusiasmo.
—¿Eso quiere? ¿Eso quiere? —se inclinó y acercó su índice derecho para moverlo frente a la carita del bebé titán—. ¡Abububububu!
Prince comenzó a reírse a carcajadas, feliz de que todos lo consintieran. Flora pareció percibir algo, por lo que rápidamente se puso de pie, tomó la jaula de sus pequeñas criaturas con ambas manos y corrió hacia el interior de su tienda.
—¡Sí, eso quiero, eso quiero...!
Y, de pronto, sin previo aviso, gritó con todas sus fuerzas:
—¡AHORAAAAA!
Una pequeña pero poderosa onda sónica brotó de su boca. El estallido fue tan repentino que King, Queen y Luz salieron despedidos varios metros hacia atrás, cayendo de espaldas con suaves quejidos, como si un mini tornado los hubiera empujado.
Entonces, sin perder un segundo, Prince se echó a correr en cuatro patas.
—¡Juegos, juegos, juegos, juegos, juegos! —gritaba emocionado, con la lengua afuera.
—¡Ese es mi hijo! —rugió King, incorporándose de un salto, con el pecho inflado de orgullo.
—¡Ñaaaa! —añadió Queen, corriendo tras su retoño—. ¡Corre, mi amor, corre!
King la siguió de inmediato y alzó la voz con fuerza:
—¡Y si alguien osa detenerte, se las verá conmigo y con tu madre también!
Luz, aún en el suelo, soltó una risita mientras se incorporaba.
—Presiento que esos dos serán unos estupendos padres.
Se sacudió un poco el polvo de la ropa y, justo entonces, Flora salió de su tienda, cargando con cuidado su jaula de criaturas mágicas.
—¿Ya se calmó el vendaval o seguimos en modo desastre? —bromeó con una sonrisa ladeada.
—¡Oh! Dora, lo siento muchísimo por lo de hace un momento —se disculpó Luz con una sonrisa apenada—. No sabíamos que...
—No hay cuidado —respondió Flora, agitando una mano con naturalidad—. Eso es... digamos... rara vez normal en un bebé titán. Suele pasar cuando la madre ha absorbido suficiente energía de caos durante la gestación.
Luz entrecerró los ojos, confundida por un instante. Abrió la boca para decir algo, pero se contuvo de inmediato y soltó una carcajada.
—¿Sabes? —Hizo un gesto con su mano derecha—. Estuve así de cerca de preguntarte cómo es que sabías que mis pequeños amigos eran titanes, pero por suerte me di cuenta a tiempo de que eres una exploradora. Es obvio que sabrías algo así.
Flora soltó una risita suave mientras dejaba con delicadeza la jaula de cristal sobre el pedestal.
—Eso habla bien de ti, humana. Eres más madura de lo que aparentas.
Luz se ruborizó por el cumplido.
—Bueno... ya me voy —dijo con una sonrisa sincera, antes de salir corriendo tras la familia de titanes—. ¡Espérenme!
Flora la siguió con la mirada y, agitando su mano derecha, exclamó con voz alegre:
—¡Diviértanse!
Y luego, con una sonrisa oscura curvándose en sus labios, murmuró para sí misma:
—Mientras puedan, últimos titanes.
