Buenas aquí les dejo una adaptación de un libro que me gusto, los personajes de inuyasha no me pertenecen si no a "Rumiko" ni la historia ni los personajes del libro sino a "Shelby" espero que les guste

Asesino de brujas

Libro 1

La bruja blanca

(Eso es el amor: darlo todo, sacrificarlo todo, sin el menor deseo de obtener algo a cambio)

Cap.37

Fraternizando Con El Enemigo

Inu

Madame Izayoi señaló hacia delante a mitad de la tarde.

-Chateau le Blanc está allí. Seguimos su dedo hasta la montaña que se alzaba a lo lejos, quizás a dos horas de distancia-. Deberíamos llegar a tiempo para el festín.

Teníamos que confiar en su palabra. Nadie más veía algo que no fueran árboles. Cuando Miroku se quejó al respecto, madame Izayoi se encogió de hombros, se sentó con elegancia en su tronco y cruzó las manos sobre el regazo.

-Me temo que es la magia del Chateau. Nadie más que una Dame blanche puede verlo antes de que atravesemos el encantamiento. -Ante la mirada confundida de Miroku, añadió: el puente, claro.

Miroku abrió la boca para responder, pero dejé de escuchar y caminé hasta el límite de nuestro campamento oculto. En el bosque, el olor tenue a magia lo tocaba todo. Pero por algún motivo allí ardía con menor intensidad, mezclado con la sal y los árboles. Las olas rompían a lo lejos. Aunque nunca había puesto un pie en aquel lugar, sentía que era familiar... como Kag.

Su esencia lo embebía todo: la luz del sol a través de los pinos, el arroyo que corría a nuestro lado a pesar del frío. Incluso el viento parecía bailar. Hacía girar su aroma y calmaba mis nervios extenuantes como un bálsamo.

Ahí estás, parecía decir. No creí que vendrías.

Prometí quererte y protegerte.

Y yo prometí quererte y obedecerte. Ambos somos grandes mentirosos...

Abrí los ojos con dolor en el pecho y vi a Gogo de pie a mi lado.

Miraba los árboles como si también mantuviera una conversación silenciosa.

-La siento aquí. -Sacudió la cabeza, melancólica. La conozco desde la infancia, sin embargo... a veces... me pregunto si realmente la conozco.

Parpadeé sorprendido.

- ¿Kag y tú os conocisteis cuando eráis niñas?

Me observó evaluando cómo responder. Finalmente, suspiró y clavó la vista de nuevo en los árboles.

-Nos conocimos cuando teníamos seis años. Yo... me había alejado de mi aquelarre. Mi tía y yo... no nos llevábamos bien y ella... bueno... -Se detuvo. No importa. Kag me encontró. Intentó hacerme reír, trenzó mi cabello con flores para hacerme sentir mejor. Cuando por fin dejé de llorar, me lanzó a la cara un pastel de lodo. -Sonrió, pero el gesto desapareció rápido-. Mantuvimos nuestra amistad en secreto. Ni siquiera se lo conté a mi tía. No lo habría aprobado. Ella detesta a Tsubaki y a las Dames blanches.

-Parece que Kag tiene la costumbre de encariñarse de sus enemigos.

Gogo no pareció oírme. Aunque aún miraba los árboles, era evidente que ya no los veía.

-No sabía lo que planeaban las Dames blanches. Kag nunca me lo contó. Nunca dijo nada, ni una palabra, en todos esos años. Y luego, un día simplemente... desapareció. -Su garganta se movía con furia y dirigió la mirada hacia sus pies. Si lo hubiera sabido, las... habría detenido. Pero no lo sabía. Creí que ella había muerto.

La necesidad inexplicable de consolarla me abrumó, pero resistí. No era momento de consuelos. Era momento de escuchar.

-Pero la encontraste.

Rio sin alegría y alzó de nuevo el mentón.

- No. Ella me encontró. En Cesarine, Sin Kag, decidí pasar un tiempo lejos de... mi aquelarre, así que probé suerte con robar en las calles del East End. Era peor que mala-añadió-, Los guardias me arrestaron el segundo día. Kag cayó del cielo y me salvó el pellejo, - Hizo una pausa sacudiendo la cabeza-, Fue como ver un fantasma. Un fantasma con la garganta desfigurada. La costra acababa de caerse, pero aún era asqueroso mirar la herida. Alzó la manga y expuso sus propias cicatrices. Incluso para mí.

Aparté la vista. Podía imaginarlo todo con demasiada claridad. Su cicatriz plateada apareció en mi mente... seguida del corte profundo en la garganta de la bruja muerta. Aparté el recuerdo a la fuerza, con bilis en la boca.

-Quería matarla -dijo Gogo con tristeza-. O besarla.

Me reí a regañadientes.

-Conozco el sentimiento.

-E incluso después... ella no hablaba al respecto. Hasta ahora, dos años después, no he sabido qué había ocurrido esa noche. No he sabido cómo había escapado. Una lágrima solitaria rodó por su mejilla, pero la limpió furiosa-. Lo mantuvo en absoluto secreto.

Por fin, me miró suplicando. No sabía muy bien qué me pedía.

-Debemos salvarla. -Una ráfaga despeinó su cabello. Ella cerró los ojos y alzó el rostro hacia el viento. Su mentón temblaba-. Tengo que pedirle que me perdone.

Fruncí el ceño.

- ¿Por qué?

Kag no había mencionado ninguna discusión con Gogo. Pero ahora comprendía que Kag no me había contado muchas cosas. Er una persona increíblemente reservada. Las sonrisas, la risa fácil, lo trucos, el lenguaje profano y el sarcasmo... eran mecanismos de defensa. Distracciones. Utilizados para evitar que alguien la mira demasiado de cerca. Incluso Gogo.

Incluso yo.

-Debería haber estado allí cuando Tsubaki atacó. Debería haberla ayudado... debería haberla protegido. Pero no lo hice-Abrió Jos ojos y volcó toda su vehemencia repentina en mí-. Discutimos

en tu baile. Le dije que no se enamorara de ti. No pude evitar fruncir el ceño.

- ¿Por qué?

-No es ningún secreto que los Chasseurs matan brujas. No me gustas, Diggory, y no me disculparé por ello. -Hizo una pausa, en conflicto consigo misma un instante antes de suspirar-. Pero veo que estás intentándolo. Tú y yo somos la mejor oportunidad de rescate que tiene Kag. Creo que no podrá salir de ese lugar dos veces.

-No la subestimes.

-No lo hago -replicó. Soy realista. No conoces a las Dames blanches como yo. Son fanáticas. Es imposible saber a qué clase de torturas la ha sometido Tsubaki. Pase lo que pase-prosiguió con voz de acero-, sácala de allí. Yo me ocuparé de los demás. -Miró por encima del hombro hacia donde madame Izayoi estaba sentada junto a Hojo y Miroku-. Madame Izayoi no debería necesitar ayuda, pero los otros dos serán vulnerables.

-Hojo se ha entrenado para el combate. Mi voz carecía de convicción, incluso para mí. Con dieciséis años, él no había luchado fuera del campo de entrenamiento.

-Miroku también. -Puso los ojos en blanco-. Pero será el primero en mearse encima cuando se enfrente a la magia de una bruja. Ninguno tiene la protección de tu Balisarda y esas brujas no son como Kag. Ella ha estado sin practicar, ocultando su magia durante años. Esas brujas serán muy habilidosas y buscarán sangre. No dudarán en matarnos.

Todos decían que Kag era débil. Mi incomodidad aumentó. No me había parecido débil cuando me había poseído para atacar a la bruja... cuando había estado a punto de romperme la columna por la mitad y coser mis extremidades como si fuera un muñeco de trapo. Si eso era ser débil, las otras brujas debían de poseer el poder de Dios.

Madame Izayoi se aproximó

¿De qué habláis, vosotros?

Reticente a revivir una conversación tan dolorosa, seguí el ejemplo de Kag y fui evasivo

-Cómo planearemos una estrategia si no podemos ver los muros que debemos atravesar?

Ella se pasó el sobre el hombro.

-Querido, he respondido esa pregunta al menos cien veces. No atravesaremos nada. Entraremos caminando por la puerta principal.

Y yo ya te he dicho que no cambiarás nuestra apariencia.

Madame Izayoi se encogió de hombros y miró a Hojo y Miroku con indiferencia falsa.

-Demasiado tarde.

Suspiré molesto, o tal vez resignado, y seguí su mirada. Había dos jóvenes sentados detrás de nosotros, que parecían extraños. Sin embargo, cuando el más alto de los dos me sonrió con vergüenza reconocí a Hojo. Tenía la nariz recta y el cabello rizado, pero las similitudes terminaban allí. Miroku también había cambiado por completo. Solo conservaba su expresión desdeñosa.

Alzando sus cejas espesas y oscuras ante mi observación, Miroku dijo:

- ¿Te gusta lo que ves?

-Cállate -siseó Hojo. ¿Quieres que las brujas nos oigan?

-No hay nada que temer, querido -dijo madame Izayoi-.

He conjurado una burbuja protectora por ahora. En este instante, hemos dejado de existir.

Puso de nuevo su atención en mí. La miré como si le hubiera crecido una segunda cabeza.

-Ahora, querido, déjame explicártelo por última vez: no podemos entrar en el Chateau a tu manera. Escalar los muros o cualquiera sea la tontería que has considerado simplemente no funcionará.

El castillo está protegido por un encantamiento de miles de años para evitar que esos intentos tengan éxito y, además, eso es precisamente lo que Tsubaki espera que hagáis, tetes carrees. Fuerza bruta. Un despliegue de fuerza. Si hacemos eso, caeríamos directos en sus garras.

Miroku se aproximó más.

- ¿De veras tiene garras? La satisfacción me colmo cuando vi que madame Izayoi le había dado una nariz bulbosa y una verruga.

- ¿Cómo nos ayudará cambiar de apariencia? -preguntó Gogo, ignorando a Miroku.

-Somos demasiado reconocibles así. -Madame Izayoi hizo un gesto entre Miroku y yo. En especial vosotros dos.

- ¿Por qué él? -preguntó Miroku con incredulidad.

-Mide prácticamente dos metros y es peliplata-dijo madame Izayoi-. Y ha cosechado cierta notoriedad por matar a Yuka... y por haber arruinado a su valiosa princesa. Las brujas sin duda habrán oído hablar de él.

Haber arruinado a su valiosa princesa. Cada palabra me apuñaló el pecho, pero me obligué a centrar la atención.

-Los hombres tienen prohibida la entrada al Chateau, así que a menos que planees convertirnos a todos en mujeres... -dije.

-No la tentéis -susurró Miroku.

Madame Izayoi se rio y me dio una palmadita en el codo.

-Por muy divertido que suene, querido Inuyasha, los hombres tienen permitida la entrada al Chateau como acompañantes... en especial durante festivales como el Modraniht. Es probable que cada bruja asista con alguien especial del brazo. No te preocupes -añadió mirando a Gogo-. Muchas brujas prefieren la compañía femenina. Sinceramente, sería más fácil hacerte entrar a escondidas a ti en vez de a estos brutos.

-Lo sé. También soy bruja, en caso de que lo hayas olvidado.

-Gogo cruzó los brazos y fulminó a madame Izayoi con la vista. Pero ¿esperas que entremos caminando por la puerta principal y que preguntemos si hay alguna bruja sola y disponible esa noche?

- Claro que no. Hay muchas brujas disponibles viajando ahora mismo a través de este bosque.

-Señaló los árboles, donde un trio de brujas acababa de aparecer. Jóvenes. Delgadas. Con facciones de muñeca, cabello oscuro y piel ámbar. Se reían con libertad: inconscientes de que las observaban. Pero debemos darnos prisa. No somos los únicos optimistas que merodean por la montaña hoy.

A modo de respuesta, un joven delgado avanzó con torpeza hacia las brujas y les ofreció un ramo de acebo. Ellas se rieron con placer y crueldad antes de partir contoneándose.

-Oh, pobre. - Madame Izayoi observó al chico lanzar el ramo al suelo. Casi siento lástima por el pobre diablo. Necesitará esforzarse más para atraer a una bruja. Tenemos un gusto impecable.

Miroku emitió un sonido de furia.

-Entonces ¿cómo se supone que atraeré a una si tengo el rostro de un sapo?

-Con tus amigos increíblemente apuestos, claro.

Madame Izayoi guiñó un ojo y, más rápido de lo que creía posible, retiró la Balisarda de mi bandolera. Alzó un dedo hacia mí cuando intenté recuperarlo y experimenté una sensación extraña desde el centro de mi rostro hacia fuera... como si hubieran roto huevo sobre mi nariz. Sorprendido, dejé de moverme mientras caía sobre mis mejillas. Mis ojos. Mi boca. Cuando la sensación comenzó a bajar por mi garganta, avancé de nuevo apretando los puños contra la magia.

-Ya casi he terminado -dijo madame Izayoi con alegría, bailando fuera de mi alcance. Los demás observaron mi transformación con total atención. Incluso Miroku olvidó poner mala cara.

Después de cubrir la punta de mi cabello, la magia por fin pareció. Se hizo el silencio y solté el aliento que había contenido.

- ¿Y bien?

-Esto es una mierda-dijo Miroku.

-:-

Mi cabello era negro. Una barba incipiente crecía en mis mejillas.

Aunque no podía ver el resto de los cambios, el ángulo del mundo era distinto. Como si... me hubiera encogido. Apretando los dientes, arrebaté mi Balisarda de la mano de madame Izayoi, lo guardé y caminé hecho una furia hacia las brujas.

- ¡Espera! -gritó. Me giré a regañadientes y ella extendió la mano de nuevo-. Devuélvemela

La miré con incredulidad.

-No lo creo.

Ella movió la mano, insistente.

-Tal vez creas que esos mondadientes vuestros fueron forjados con agua bendita, pero yo sé la verdad. La espada Balisarda fue creada en la misma agua que el anillo de Midoriko. -Señaló con el pulgar-. En L Eau Mélancolique. Por una bruja.

-No. San Constantino la forjó...

-La amante de San Constantino, Midoriko -dijo con impaciencia madame Izayoi-. Acéptalo y sigue adelante.

Entrecerré los ojos.

- ¿Cómo lo sabes?

Se encogió de hombros.

-La magia siempre deja rastro. Que vosotros no podáis olerlo en vuestros Balisardas o en el anillo de Midoriko no significa que una bruja astuta no lo vaya a detectar... y Tsubaki es una bruja astuta. ¿Quieres correr el riesgo de que nos descubra?

Mi mano se dirigió de nuevo a mi bandolera y mis dedos sujetaron la empuñadura con el zafiro sobre mi corazón. Saboreé su suavidad... su peso reconfortante. Nuestras Balisardas no podían ser mágicas. Nos protegían de la magia. Pero todo en mi maldita vida había sido mentira. ¿Por qué no lo sería también eso?

Desenvainé la daga y miré furioso al cielo.

- ¿Pretendes que entremos al Chateau le Blanc desarmados?

-preguntó Miroku, atónito.

- Claro que no. Llevad todas las armas no mágicas que queráis Solo dejad la Balisarda en el campamento. -Sonrió con dulzura-. Podemos buscarlo después de haber rescatado a Kagome

-Estás loca... Guardé silencio, perplejo, y coloqué mi Balisarda en la mano extendida de madame Izayoi.

Sin otra palabra, caminé hacia las brujas.

-:-

Me miraron una vez y estallaron en chillidos ininteligibles.

- ¿Podría cortar cristal con esa mandíbula! -exclamó una de ellas. Fuerte. Como si yo no estuviera presente. No: como si no fuera más que un premio, incapaz de comprender lo que decían. Intenté poner mala cara, pero fracasé estrepitosamente.

-Ah, mirad sus pestañas-suspiró la segunda. Tuvo el atrevimiento de extender la mano y tocarme la cara. Me obligué a permanecer quieto. A no romper la muñeca de la criatura... de la mujer. ¿Tienes una hermana, guapo?

-Es mío-dijo la tercera con rapidez, apartando la mano de la segunda-. ¡No lo toquéis!

-Yo soy la mayor - interrumpió la primera-. Así que ¡yo escojo primero!

A mis espaldas, Hojo y Miroku se atragantaban con risas silenciosas. Anhelaba golpear sus cabezas entre sí mientras maldecía a madame Izayoi por ponerlos en mi mismo grupo.

Adopté la voz más agradable de la que fui capaz.

-Mademoiselles, ¿puedo presentaros a mis hermanos? -Tiré de sus cuellos y sus sonrisas desaparecieron-. Él es Antoine. -Empujé a Hojo hacia una de ellas al azar. Luego tomé a Miroku-. Y él es Burke.

La bruja con la que emparejé a Miroku arrugó la nariz. Aunque madame Izayoi se había apiadado de él y había quitado la verruga, sin duda él continuaba siendo el menos atractivo de los tres, Con decisión o estupidez, le dedicó una sonrisa encantadora a la bruja y dejó expuesto un hueco entre sus dos paletas. Ella se apartó con repulsión. La primera bruja rodeó mi brazo con su mano, intentando acercarme.

- ¿Y cuál es tu nombre, guapo?

-Raoul.

Sus dedos exploraron mis bíceps.

-Es un placer conocerte, Raoul. Soy Elaina. ¿Has ido antes al Chateau?

Me esforcé por mantener una expresión cordial. Interesada.

-No, pero he oído que es espectacular.

-Al igual que sus habitantes. -Miroku les guiñó un ojo con descaro. Todos lo ignoramos.

- ¡Te encantará! La bruja junto a Hojo empujó a su hermana para sujetar mi otro brazo-. Por cierto, soy Elodie. ¿Estás seguro de que no tienes una hermana? -Miró detrás de mí con ilusión.

- ¡Oye! -La tercera hermana protestó cuando notó que no me quedaban brazos libres.

-Ella es Elinor-dijo Elaina con desdén-. Pero Elodie tiene razón: no podrías haber escogido una mejor noche para ofrecer tus servicios. Hoy es Modraniht y mañana, Yule. Nuestra Señora ha planeado un gran festival este año...

-Hemos viajado desde Sully para celebrarlo... -dijo Elodie.

...porque Kagome por fin ha regresado -concluyó Elinor. Sujetó el brazo de Hojo y nos siguió entre los árboles.

Mi corazón se detuvo y tropecé. Dos pares de manos se apresuraron a ayudarme a mantener el equilibrio.

- ¿Estás bien? -preguntó Elaina.

-Estás bastante pálido -dijo Elodie.

- ¿Quién es Kagome? -preguntó Miroku, mirándome con intensidad.

Elinor arrugó la nariz mientras lo miraba.

-Kagome le Blanc. Hija y heredera de la Dame des Sorcières. ¿Eres tonto?

- Por lo visto. Miroku prosiguió con expresión divertida. Entonces, mademoiselles, ¿qué ha planeado nuestra bella Señora para nosotros esta noche? ¿Comida? ¿Baile? ¿Conoceremos a la adorable Kagome?

-Tú no-dijo Elinor-. No vendrás.

Detuve el paso abruptamente.

-Él va donde yo voy.

Elaina hizo un mohín y me miró.

-Pero ninguna de nosotras lo quiere.

-Si me queréis a mí, él viene. Me aparté y frunció levemente los labios. Me reprendí mentalmente. Por favor. -Coloqué un mechón de cabello negro detrás de su oreja e intenté sonreír-. Es mi hermano.

Ella se apoyó en mi mano y su ceño fruncido se derritió en un suspiro.

-Bueno, si insistes.

Comenzamos a caminar de nuevo. Hojo se aclaró la garganta.

-Entonces... em, ¿qué podemos esperar esta noche?

Elinor sonrió con falsa modestia.

-No hay necesidad de estar nervioso, Antoine. Te cuidaré bien.

El rostro de Hojo ardió.

-No, eso no... Me refería a...

Elinor se rio y se acurrucó más cerca de él.

-Habrá los regalos habituales y algunos sacrificios menores. Nuestra madre murió hace unos años, así que honraremos a nuestra Señora en su lugar.

-Y a la Diosa, por supuesto añadió Elodie.

-Y luego -dijo Elaina con entusiasmo-, después del banquete y el baile, Tsubaki hará su sacrificio para la Diosa a medianoche.

Medianoche. El entumecimiento subió por mis extremidades.

- ¿Su sacrificio?

Elaina se aproximó a mi con complicidad.

- Su hija. Es terriblemente retorcido, pero ahí lo tienes. Esta noche, tú y yo presenciaremos un momento histórico.

Elodie y Elinor bufaron quejas por quedar excluidas, pero no las escuché. Un zumbido comenzó a sonar en mis oídos y cerré los puños. Miroku me pisó el talón en un gesto inocente. Tropecé y solté a la bruja antes de girarme hacía él.

-Lo siento, Raoul. -Se encogió de hombros y sonrió relajado, pero sus ojos contenían una advertencia-. Se ve que no puedo controlar mis pies, ¿eh?

Inhalé para recobrar la compostura. Repetí el gesto. Me obligué a abrir los puños.

Uno.

Dos.

Tres...

- ¡Oh, mirad! -Elinor señaló a nuestra izquierda. Un pequeño grupo de personas apareció entre los árboles. ¡Son Ivette y Sabine! Oooh, ¡no las hemos visto desde que éramos unas brujitas!

Elaina y Elodie chillaron de alegría y nos arrastraron a Hojo y a mí hacia las recién llegadas. Miroku nos siguió.

Después de verlas con más atención, reconocí a Gogo del brazo de una de las recién llegadas. Lo cual indicaba que solo faltaba madame Izayoi. Cuando Gogo me lanzó una mirada furtiva y preocupada, asentí para denotar comprensión.

-Mantened la boca cerrada y los ojos abiertos -nos había advertido madame Izayoi-. Os veré dentro.

Instrucciones vagas e insatisfactorias. Ninguna explicación más Ningún plan de emergencia. Éramos un Chasseur, un novato, un príncipe Lyon y una bruja de sangre entrando a ciegas al Chateau le Blanc. Kag no era la única que moriría si las cosas salían mal esa noche.

Elaina me presentó a sus amigas mientras entrelazaba sus dedos con los míos y apoyaba la cabeza en mi brazo. Exhibí una sonrisa, imaginando que era Kag. Vibrante y viva. Tocándome la nariz e insultándome con afecto. Imaginé su rostro. Me aferré a él.

Era el único modo de continuar sin estrangular a alguien.

Elodie miró a una de las mujeres junto a Gogo con interés evidente antes de darle una palmadita en mi mejilla.

-Lo siento, cielo. Si tuvieras una hermana...

Se apartó sin mirar atrás y Hojo avanzó a mi lado. Mientras las chicas conversaban distraídas, empujó mi brazo y señaló donde los árboles comenzaban a escasear.

-Mira.

Un puente se extendía ante nosotros. Era increíblemente largo.

De madera. Legendario. Sobre él, en la cima de la montaña, yacía Chateau le Blanc.

Habíamos llegado.

Continuara…

Pd: gracias por sus comentarios xD

(37/41)

Reviews?