-Esta es una adaptación humanizada de la película "The Lion King" de 1994 al igual que de su guion y su puesta en escena en el musical de Broadway al igual que de su Live Action que se estreno en Julio de 2019. Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, pero su utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír "Fairytale" de Alexander Rybak para Sasuke, "Good Enough" de Evanescence para Sakura, "Castle" de Halsey para Mikoto, "Fire On Fire" de Sam Smith para Sasuke & Sakura, y "Di Que Eres Tu" de Alejandro Orozco Antúnez & María Elisa Gallegos (de Mufasa) para el contexto del capitulo.


Una Semana Después

La corte había dejado de ser lo que había sido hacía ya un tiempo para Takara Otogakure, una vez había sido la privilegiada amante del rey Madara, pero el rey había muerto y ahora un rey nuevo y joven estaba en el trono, un rey que ella no aprobaba, pero cruzando los pasillos del palacio hacia los aposentos del rey que acababa de convocarla, Takara se controló lo más posible para actuar como la dama que se esperaba que era, aguardando en las puertas hasta que los guardias le permitieron ingresar. La Otogakure portaba un elegante vestido de seda azul de escote cuadrado y mangas ajustadas hasta los codos, desde donde se volvían holgadas y transparentes, ribeteadas en encaje de igual color como el que componía todo el vestido, con su largo cabello naranja elegantemente recogido tras su nuca salvo por un par de rizos enmarcaran su rostro, destacando una diadema de plata, zafiros y topacios que emulaba espinas y rosas decoradas con zafiros, a juego con un par de pendientes y una opulenta guirnalda alrededor de su cuello. Nada más ingresar, Takara fue recibida por el joven rey Sasuke, sentado sobre un diván al interior de los aposentos, vistiendo una elegante chaqueta de seda negra—con mangas ceñidas a las muñecas y cuello alto y cerrado, abierta en A bajo el vientre con un largo faldón hasta las rodillas—con bordados dorados de la casa real en toda la espalda, los lados de la chaqueta y las mangas hasta la altura de los codos y decorado por hebillas doradas entrelazadas en el pecho, pantalones negros y botas de cuero, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como siempre.

—No esperaba ser recibida por una comitiva, Majestad— comentó Takara con una ligera reverencia, observando a las mujeres que acompañaban al rey.

—Ellas son mi familia, a donde ellas vayan, también yo— justificó Sasuke, sin inmutarse por la presencia de Sakura, su madre y lady Tsunade.

—Sea— aceptó la dama, con indiferencia. —¿Por qué solicito mi presencia?— inquirió, no queriendo perder el tiempo.

—Como sabrás, Madara ha muerto y con ello ha llegado mi momento de ascender al trono como el rey legítimo— recordó el rey, pues ahora su deber era tomar el control legalmente. —Espero contar con que te harás a un lado y no protestaras. Eres una noble y fuiste...cercana a Madara, por lo que espero que comprendas que necesito de tu comprensión— la nobleza debía apoyarlo, no ser motivo de preocupación.

—¿Es una amenaza?— cuestionó la Otogakure, no sabiendo bien que pensar.

—En absoluto, tus hijos y tú pueden quedarse en el reino, al final no son culpables de nada de lo que ocurrió— aseguró el Uchiha sosteniéndole la mirada.

—Gracias, Majestad— apreció Takara, aunque solo por cumplir. —Ahora, con su permiso, me retiraré— se excusó, realizando una reverencia superficial.

—Adelante— consintió Sasuke, aliviado de haber sostenido aquella conversación.

Antes de retirarse, los ojos de Takara se concentraron en una de las tres damas presentes en la estancia, sentadas en los divanes contiguos a aquel en que se hallaba el rey, más concretamente en Sakura, quien ni siquiera le dirigió una mirada…la Haruno portaba un femenino vestido crema de escote bajo en forma de corazón cerrado por siete botones de perlas hasta la altura del vientre, mangas cortas y ajustadas hasta los codos desde donde se abrían en lienzos para exponer los brazos, con una doble falda que se dividía a la altura del vientre, con una falda inferior más clara, y por sobre el vestido se hallaba una chaqueta semitransparente parcialmente adornada con diamantes y escasamente cerrada a la altura del vientre, con sus largos rizos rosados cayendo tras su espalda, decorado por una diadema de plata adornada con perlas a juego con un par de pendientes. Ante el encuentro de sus miradas, Takara recordó su último encuentro con la Haruno, también en los aposentos del rey o las puertas de estos más bien, ella había acabado de visitar a Madara y Sakura había sido llamada por él…Que curiosa era la vida, ¿verdad? Ahora ella era una estrella en declive y Sakura una estrella en auge, todo por asociarse con el rey apropiado, ¿Es que le había abierto las piernas?, ¿No lo había hecho ya con Madara? En silencio y con las manos cruzadas sobre su regazo, Sakura no pudo evitar sentirse incómoda bajo la mirada de Takara, ambas mujeres no se conocían lo suficiente y la Haruno se lo repitió mentalmente, pero ella estaba convencida de que, si las miradas mataran, ella ya estaría muerta por deseo de la Otogakure.

—Oh, Majestad— nombró Takara, sintiendo que tenía algo que decir. —Espero que sea consciente de las tradiciones de la corte, ya que es un rey joven y sin descendencia, es preciso que se comprometa y engendre un heredero— mencionó intencionalmente.

—Puedes despreocuparte de ello, Takara, pretendo que mi compromiso se anuncie durante la coronación— informó Sasuke, queriendo anular cualquier posible oposición. —Tienes el privilegio de ser informada de ello— sosegó, sosteniéndole la mirada.

—Y supongo que la elegida está presente— considero la dama, ante lo que el rey la observó únicamente. —¿Lady Sakura?— más bien afirmó, ante lo que la joven encontró su mirada con la suya. —Es curioso, una vez la vi visitar los aposentos del anterior rey Madara— mencionó con voz pétrea, pero claramente malintencionada.

—Madara no fue un rey legítimo, usurpó el trono, no debe ser llamado rey— corrigió el joven rey, diferenciando las cosas. —En cuanto a ello, Sakura está libre de todo cuestionamiento— aseguró, defendiendo a su futura esposa y reina.

—Me tranquiliza oírlo— contestó la Otogakure con estoicismo. —Pero, en su lugar yo comprobaría su virginidad, hoy no se sabe en quien confiar y en quién no— sugirió con intención de desacreditar a la joven y prestigiosa noble. —Majestad— se despidió, reverenciándolo respetuosamente y abandonando la habitación.

Siguiendo con la mirada a la Otogakure, desconfiando de cualquier que pudiera ser una amenaza para su hijo, Mikoto se mantuvo seria e imperturbable, encontrando su mirada con la de Sasuke cuando él pareció pedir su opinión con la mirada o transmitir sus inquietudes, pero el rey ya había decidido quien sería su esposa y eso era lo importante en verdad. La reina viuda portaba un elegante vestido color mantequilla de escote recto decorado por encaje en el contorno como en el borde de las mangas decorada por hombreras redondas, falda de una sola capa y encima vestía una chaqueta de seda marrón oscuro—sin mangas, de cuello alto y cerrado formando un escote redondo—repleto de bordados del emblema Uchiha, con su largo cabello azabache peinado en una coleta que resaltaba una corona de plata y diamantes con largos pendientes a juego. Sintiendo las inquietudes de su hija, Tsunade alargó una de sus manos para entrelazarla con la de Sakura, buscando desintegrar cualquier insignificancia que ocupara su felicidad, viendo a su futura reina esbozar una ligera sonrisa; la Senju portaba un sencillo vestido malva suave ceñido a su voluptuosa figura, de escote redondo y cerrado por seis botones del mismo color, falda de una sola capa y mangas ceñidas, opacado por una chaqueta superior—de cuello redondo—decorada por encaje y escamas de plata para replicar flores de cerezo en el centro del corpiño que se cerraba, en las mangas hasta los codos y a lo largo del dobladillo, con su largo cabello rubio recogido en una coleta, resaltando una diadema de oro y amatistas con pendientes y un collar a juego.

La palabra del rey era la ley.


Días Después

Había llegado el día más esperado, puede que la reina viuda Mikoto hubiera intentado postergar la coronación debido a su preocupación por la salud, pero el rey por su parte había intentado seguir lo que se esperaría de él, estudiando todo el protocolo de la coronación estando en cama y ahora todos estaban reunidos en el salón del trono para la proclamación que iniciaría su reinado y que sería transmitida por televisión para que cada persona dentro y fuera del reino lo supiera. Observando a su apuesto y joven hijo listo para ser proclamado rey, Mikoto no pudo evitar sonreír con innegable orgullo, entrelazando sus manos con las de su hijo y viceversa; la reina viuda portaba un elegante vestido de seda violeta oscuro entallado a su figura, con detalles brillantes en color violeta a juego con el escote falso de gasa debajo, cerrado en el frente por seis botones negros hasta la altura del vientre, con mangas ceñidas y largos holanes de encaje violeta en las muñecas, a juego con la chaqueta superior hecha de encaje de igual color, con marcadas hombreras, con su largo cabello azabache recogido en un elegante moño que resaltaba la corona de oro, rubíes y amatistas sobre su cabeza, a juego con unos pendientes de diamante en forma de lagrima con un rubí en el centro y un delicado collar a juego. Reunido con su madre, lady Tsunade, Sakura, Naruto y Konohamaru en la sala contigua al salón del trono, teniendo unos momentos a solas previos a tan importante acontecimiento y para el que seguía sin sentirse del todo preparado, ¿Y si se equivocaba?, ¿Y si tomaba malas decisiones que afectaran a inocentes?

—El día por fin llego— habló Mikoto, trayendo la mente de su hijo al presente. —Creí que no lo haría— volver a tener a su hijo a su lado aún parecía un sueño.

—El pasado es pasado, madre— sosegó Sasuke, estrechando las manos de su progenitora entre las suyas. —Estamos juntos ahora— recordó, viendo el brillo de alegría en sus ojos.

—Te deseo un reinado sólido, tan ameno y majestuoso como el de tu padre— confesó la matriarca Uchiha en voz alta, atrayendo a su hijo en un cálido abrazo.

—Kami mediante— correspondió Tsunade, sonriendo con ternura.

—Todos te apoyaremos— respaldó Sakura sin dudarlo, haciendo que Sasuke sonriera ladinamente mientras la observaba por el rabillo del ojo.

—Gracias— apreció el Uchiha rompiendo el abrazo, viendo a su madre a los ojos. —Ocupen sus lugares, no quiero que se pierdan nada— sugirió a las tres damas, que asintieron de inmediato.

No pudiendo contrariar a su hijo ni teniendo ánimo para ello, Mikoto reverenció a su rey y procedió a retirarse, seguida muy de cerca por Tsunade—ambas mujeres reverenciadas por Naruto y Konohamaru, que permanecieron en su lugar por ahora—, pero Sakura permaneció donde estaba, esbozando una suave sonrisa para Sasuke, el Uchiha y la Haruno acercándose al uno el otro y tomándose de las manos, en tanto Naruto y Konohamaru les daban la espalda para obtener algo de privacidad. La Haruno portaba un hermoso vestido de seda y gasa rosa pálido de dos capas; la primera era un vestido inferior ceñido al cuerpo de escote corazón y encima una chaqueta o vestido superior de mangas ajustadas hasta los codos desde se abrían en lienzos para exponer los brazos, escasamente cerrada a la altura del vientre y estampada a lo largo de la tela por el emblema Uchiha en hilo de oro, con hombreras igualmente decoradas y en el dobladillo de la falda, con sus largos rizos rosados cayendo tras su espalda, decorado por una diadema decorada por pequeños cristales rosa, a juego con un par de pendientes de diamante en forma de lágrima, con una guirnalda de diamantes y cristales que recreaba el emblema Uchiha alrededor de su cuello. Sasuke inclinó su rostro sobre de Sakura, besando sus labios por lo que ambos sintieron una eternidad antes de separarse, manteniendo sus manos juntas lo más posible antes de que la pelirosa lo reverenciara y finalmente se retirará tras los pasos de la reina viuda y su propia madre, dejando al Uchiha a solas con sus amigos, en tanto el sacerdote Hiruzen aparecía para escoltarlo.

—Es hora, Majestad— anunció el religioso, reverenciando respetuosamente al joven rey.

—Gracias, Hiruzen— apreció el Uchiha con una sonrisa ladina. —Adelante, chicos, vayan— indicó a sus amigos, que lo reverenciaron y él no pudo evitar atraerlos en un abrazo a ambos. —Gracias por todo— murmuró, no queriendo que lo olvidaran ni creyeran que él olvidaría todo lo que habían hecho por él.

Hoy era el rey, ese siempre había sido su destino, pero no habría logrado sobrevivir ni llegar hasta donde hoy estaba sin sus amigos y quería que ambos lo tuvieran claro, rompiendo el abrazo para verlos a los ojos y sonriendo ladinamente mientras ambos se retiraban a prisas hacía el salón del trono. Solemne para la ocasión, el rey vestía una sencilla camisa negra de cuello alto y cerrado, mangas ceñidas y pantalones negros de igual color—con botas de cuero—, y encima vestía un opulento abrigo superior de seda carmesí oscuro con reflejos más claros, de cuello alto y cerrado, con mangas abiertas como lienzos desde los hombros y faldón abierto en A bajo el vientre, cerrada por cinco hebillas negras desde el cuello al abdomen, con el cuello cerrado por un broche de oro en forma del abanico Uchiha y su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como siempre. Al ver al muchacho ante él, Hiruzen naturalmente sintió que volvía a ver al rey Fugaku en su juventud, el parecido era abrumador, pero también tenían la misma presencia y Hiruzen no pudo evitar inclinar la cabeza por respeto…solo para ver con incredulidad cómo el joven rey inclinaba también la cabeza en respuesta, como si le dijera que ninguno era superior al otro y ello conmovió al religioso profundamente, acercándose al rey y sujetándolo de los hombros, viéndolo a los ojos y ante lo que el Uchiha inspiró aire para mentalizarse, como diciéndole que estaba listo. Hiruzen indicó a los guardias que abrieran las puertas del salón y ambos finalmente se dispusieron a ingresar:

El salón del trono siempre había parecido impresionante para Sasuke, con sus galerías superiores, más grande que muchos lugares del palacio y no era para menos, era un lugar donde se realizaban cenas de estado, reuniones diplomáticas y embajadas, pero nunca había sentido el salón más grande que en ese momento, cruzando el umbral en compañía del sacerdote Hiruzen y viendo únicamente hacia adelante, hacía el trono que aguardaba por él. Sus pasos se sintieron lentos, casi como si aún se estuviera debatiendo entre si salir corriendo o no, pero había muchas personas que dependían de él, mucha gente que lo necesitaba y muchas personas que confiaban en él; vio el rostro de su madre cargado de orgullo, el de las damas de la corte y entre quienes destacaba Sakura con ese brillo de seguridad en su mirada, también vio la incredulidad en los ojos de Naruto y Konohamaru que jamás habían pensado que estarían formando parte de un momento así, pero lo estaban y Sasuke quería que siempre estuvieran a su lado en el futuro, como lo habían estado en el pasado. Deteniéndose ante el trono, Sasuke volvió la mirada hacía Obito, a quien había designado para la ocasión y que sostenía el almohadón con la corona real, recibiendo una sonrisa de su parte mientras él tomaba la corona y la colocaba sobre su cabeza, siguiendo el antiguo protocolo según el cual un rey se coronaba a sí mismo. La corona no era tan opulenta como muchas otras, era de oro sin duda, pero con detalles más propios del medievo, austera a la par que pesada y Sasuke sintió el peso de inmediato, como nada que hubiera sentido antes en su vida.

No había un manto para la coronación, la casa Uchiha no gozaba de semejante opulencia ni la disfrutaba, sino que manteniendo la espalda tan recta cómo fue posible, Sasuke finalmente se volvió hacia el trono para tomar asiento en tanto el sacerdote Hiruzen oraba una plegaría y tan pronto como esta finalizó, el Uchiha se sujetó el dobladillo de la chaqueta y tomó asiento en el trono. Sasuke se sintió abrumador de golpe, no por estar sentado en el trono, una vez en su infancia su padre lo había sentado allí, le había dicho que un día sería rey y que tendría grandes responsabilidades que él entonces no había entendido, no, lo que abrumó a Sasuke fue como todos los presentes de inmediato se sumergieron en profundas reverencias, le hicieron sentirse humilde, porque había olvidado el peso del poder y el deber por la vida que había llevado antes, pero ahora todas esas personas—y muchas más, miles, a quienes no veía—dependían de él, ¿Qué debía hacer ahora? Recordando las veces en que había visto a su padre sentado en el trono, en asuntos de estado, Sasuke situó una de sus manos sobre su rodilla y, esbozando una sonrisa ladina, alzó su mano derecha al aire, indicando a los presentes que se irgieran; recibiendo su carpeta con los documentos en que tenía los nombres y títulos de todos, Obito comenzó a nombrar a todos los nobles por orden de importancia para que prestaran juramento de lealtad al rey, la primera fue la reina viuda Mikoto, la siguiente lady Tsunade, y cuando llegó el turno de Sakura, Sasuke se puso de pie y Obito procedió a anunciar su compromiso. Ella sería su esposa, su reina…


Un Mes Después

Convertirse en rey era un sueño para las personas ambiciosas que veían únicamente el poder en la corona, pero para Sasuke era solo un deber más, a solas y sentado ante su escritorio de trabajo en sus aposentos, examinando los documentos al final de la pila que dejó en el lado paralelo de la mesa, aquellos que había revisado, tanto que hacer y que sin embargo no parecía suficiente. El rey vestía una elegante chaqueta de cuero gris oscuro—casi negro—, de cuello alto y cerrado por siete botones de plata hasta la altura del vientre, con hombreras y mangas hasta los codos que se cerraban por hebillas en los costados, mangas inferiores y ceñidas a las muñecas de color negro, como el fajín que cerraba la chaqueta por un broche de plata en forma de abanico, y el faldón se abría en A bajo el vientre, pantalones negros y botas de cuero, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como siempre. Tan pronto como el rey tomó el último documento de la pila, llamaron a las puertas de sus aposentos y estos se abrieron sin necesidad de una orden, permitiendo el ingreso de Sakura; la Haruno portaba un sencillo vestido malva pálido de escote corazón ceñido a su esbelta figura—dividido en los lados del corpiño— con hombreras decoradas por diamantes, mangas ceñidas hasta los codos donde se abrían como lienzos, falda abierta en A bajo el vientre para exponer la falda inferior, con sus largos rizos rosados cayendo tras su espalda, peinados por una diadema de plata de tipo cintillo, pendientes de diamante en forma de lágrima y como el collar alrededor de su cuello, de diamantes y cristales replicando el emblema Uchiha.

—Majestad— reverenció Sakura en tanto las puertas se cerraron a su espalda. —Dijeron que querías verme— mencionó, cruzando ansiosamente las manos sobre su vientre.

—Sí, gracias por venir— asintió Sasuke, levantándose de inmediato y rodeando su escritorio para acercarse a ella. —Quiero que me perdones— pidió al detenerse frente a ella, alzando sus manos para acariciar su rostro angelical.

—¿Por qué?— inquirió la pelirosa, no sintiendo que él hubiera hecho nada malo.

—Te he abandonado mucho últimamente— obvió el azabache, admirando la inocencia de ella para no responsabilizarlo de nada. —Perdón por no haber tenido tiempo para nosotros— debería haberle dedicado más tiempo, ella sería su reina muy pronto.

—No te disculpes, tienes razones para mantenerte ocupado— sosegó la Haruno, alzando una de sus manos y acariciando su rostro de facciones afiladas. —Te extraño mucho— admitió, acercando su rostro al suyo.

—Y yo te extraño a ti— correspondió el Uchiha con voz ronca, apenas y pudiendo creer que ella fuera real y no un sueño.

Los rostro de ambos estaban cerca, muy cerca uno del otro, sus narices una junto a la otra, más que rozándose, sus labios muy cerca, era una tentación demasiado grande para resistirla, y Sasuke fue el primero en inclinar su rostro sobre el de Sakura, girando el rostro y reclamando sus labios, no con ternura, de inmediato abrió sus labios para relamer los labios de Sakura, que arqueó el cuello y abrió los labios, envolviendo de inmediato su lengua contra la suya, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de Sasuke. El golpe de estado o enfrentamiento contra Madara, la recuperación de Sasuke, los preparativos de su coronación, el anuncio de su compromiso, dejar pasar los días para que el rey tomará sus primeras decisiones cruciales...Sakura gimió de frustración por solo pensar todo lo ocurrido en el último mes y poco más, acercando su cuerpo al de Sasuke mientras se besaban, frotando sus pechos—a través de la seda de su vestido—contra el torso de Sasuke, sintiendo sus manos deslizarse por sus hombros a su espalda baja, hacía el cierre en la parte posterior de su vestido, era una locura pero Sakura deseó que Sasuke la envolviera en sus brazos y guiará hacía la habitación contigua, a su cama. Como mano derecha del rey, su secretario privado, Obito tenía pase libre a los aposentos del joven rey, por lo que los guardias en las puertas le permitieron pasar, cargando una serie de nuevos documentos al interior de su archivador, congelándose nada más ingresar al hallar al rey y a su futura reina besándose en la intimidad de la habitación, lo que lo hizo sentirse considerablemente incómodo mientras las puertas se cerraban a su espalda.

—Majestad— se anunció Obito en voz alta, reverenciando al rey y a su futura reina.

—No hay privacidad— murmuró Sakura, rompiendo el beso para frustración de ambos.

—No...— secundó Sasuke, ahogando un gruñido. —¿Si, Obito?— consultó, invitando a su secretario privado a hablar.

—Llego el informe que pidió— anunció el pelinegro, abriendo su archivador y extrayendo el documento.

—Muchas gracias— apreció el Uchiha, aunque maldiciendo mentalmente. —Desearía mandar todo al diablo e irme a algún lugar lejano contigo, donde nadie nos conociera y solo pudiéramos estar solos— confesó, volviéndose hacía Sakura y sabiendo que podía ser honesto con ella. —Debería raptarte— murmuró para que solo ella lo escuchara.

—Pronto no tendremos que esperar demasiado ya sea que lo deseemos o no, al estar casados tendremos que vernos todos los días, hasta se nos hará aburrido— tranquilizó la Haruno, divertida por su tono de reproche casi infantil.

—Ya arreglé eso— anunció el rey, viendo a la pelirosa confundida. —Ordené que cuando preparen nuestros apartamentos, nuestros escritorios de trabajo estén uno frente al otro. Así que si discutimos tendremos que entendernos tarde o temprano— reveló, complacido de la sorpresa que veía en sus ojos.

—Me leíste la mente— celebró la dama, sonriendo encantada. —Te dejare solo ahora, es evidente que te requieren— se excusó, casi pudiendo palpar la incomodidad de Obito. —Llámame esta noche, por favor— pidió en voz muy baja.

—Hare más que eso, demando que estés lista para cenar conmigo— ordenó Sasuke, pudiendo presumir de su poder en ese momento.

—Ahí estaré, Majestad— prometió Sakura, claramente divertida por su tono y palabras.

Sin dar la espalda al rey, reverenciándolo, Sakura se retiró con las puertas abriéndose y cerrándose a su paso, Sasuke la siguió con la mirada y pensó en todas las cosas que le habría hecho si Obito no hubiera aparecido o si—en un arranque de valor—él le hubiera ordenado que se fuera; habría sentado a Sakura sobre su escritorio, habría desabrochado su vestido para bajarlo por sus hombros, exponiendo su piel perfecta y exquisita que él deseaba devorar, habría subido su falda para exponer sus deseables piernas que se habían abierto para permitirle acomodarse entre ellas, y habría sido tan fácil...La vida no era tan sencilla y siendo rey desde hace poco tiempo, Sasuke sabía que no podía desentenderse de las responsabilidades para siempre, por lo que el rey únicamente suspiró tras la partida de Sakura y volvió la mirada hacía Obito, esbozando una sonrisa ladina y regresando a su escritorio para seguir trabajando, ante lo que su secretario privado no dudó en presentarle la documentación que traía y exponer los temas o la importancia que tenían, siendo escuchado atentamente por el rey. Más que nunca era difícil para Sasuke no pensar en la vida que había dejado atrás, esa vida normal y donde podría amar a Sakura como cualquier hombre amaba a la mujer que tenía su corazón, a la fuente de sus deseos y pasiones—misma naturaleza que llevaba sepultando en su interior, concentrado únicamente en sobrevivir y escapar—, pero esa vida era ahora un recuerdo, su verdadera realidad era el trono, él era el rey y pronto tendría a una reina que el pueblo podría amar, una compañera insustituible para su existencia, su alma gemela.

Pronto no tendrían por qué esperar.


Como si se tratara de un niño bueno, Sasuke se pasó las siguientes horas esposado a su escritorio, decidido a deshacerse de hasta el último asunto de estado que lo requiriera para poder dedicar su tarde y noche a Sakura, tendiéndole los documentos a firmados y revisados a Obito, quien se retiró respetuosamente, y tras esto el rey llamó a los sirvientes, dándoles órdenes de que prepararan la mesa en su habitación privada para la visita de Sakura esa tarde, sintiendo el tiempo pasar como una eternidad hasta que Sakura finalmente cruzó el umbral de sus aposentos. La Haruno portaba un femenino y elegante vestido rosa brillante con detallados bordados rosa suave de flores de cerezo formando un patrón en V en el centro del corpiño, en los hombros, el contorno de su cintura—rodeándola—y en el contorno del dobladillo de la falda que se abría en A bajo el vientre, revelando una falda de igual color, como los lienzos en que continuaban las mangas que se abrían en los codos, el escote era recto—ligeramente bajo, para insinuar su escote—, con sus largos rizos rosados cayendo tras su espalda, peinados por una diadema de oro y cristales violeta en forma de cintillo a juego con unos pendientes de diamante en forma de lágrima y el collar con el emblema Uchiha alrededor de su cuello. Oculto tras las cortinas del balcón de la terraza, Sasuke no perdió lujo de detalles de Sakura, observándola desde su lugar, contemplando la forma en que la pelirosa se apretaba las manos con nerviosismo y halaba de sus mangas—un gesto de ansiedad que tenía desde niña—mientras recorría la habitación con la mirada, teniendo ese privilegio.

—¿Ansiosa?— afirmó Sasuke saliendo de su escondite, sobresaltando a la Haruno.

—Majestad— Sakura se apresuró a reverenciar al rey tras superar su sorpresa. —Solo un poco— admitió, no pudiendo guardarle secretos. —La mesa se ve abundante— celebró ante las bandejas que cubrían la mesa.

—Sabes que no tienes que reverenciarme, no en privado— sosegó el Uchiha, acercándose a la pelirosa para detenerse frente a ella. —¿Nos sentamos?— sugirió, señalando la mesa con la mirada.

Incapaz de negarse ante el ofrecimiento de su rey…no, de Sasuke—resultándole difícil pensar en él como un rey todo el tiempo, pues para ella siempre sería su mejor amigo de la infancia, su novio, su ahora prometido y pronto su esposo—, así como teniendo mucho apetito por no haber comido desde hace horas, Sakura asintió ansiosamente, viendo a Sasuke esbozar una sonrisa ladina, deslizando una de sus manos para entrelazarla con la suya y procediendo a guiarla hacía la mesa, no habiendo sirvientes presentes para asistirlos y ambos querían que fuera así. Tomando asiento en los divanes alrededor de la mesa oval en la habitación, Sasuke y Sakura procedieron a abrir las bolsas de tela selladas que protegían la comida preparada con tanto esmero y que encontraron perfectamente cálida, como si esta acabara de ser cocinada para ellos, sonriéndose entre y procediendo a comer antes de que esta se enfriara; los ojos de Sasuke no pudieron evitar observar sin disimulo a Sakura, la forma en que uno de los hombros de su vestido parecía querer resbalar y exponer más piel, la curvatura del escote perfectamente entallado a la figura de la pelirosa o la sedosidad ya fuera de sus rizos o de su exquisita piel, Sakura era una tentación demasiado grande para que cualquiera pudiera resistirse siquiera. Sakura se dijo más que nunca que debía disfrutar de momentos como ese, comiendo calmadamente, disfrutando cada bocado del platillo ante ella, pues pronto ella también sería la reina, y naturalmente Sasuke y ella tendrían menos oportunidades de comer en solitario, en nada le extrañaba que Sasuke estuviera tan ocupado ahora.

—Parecías ocupado hoy, cuando vine a verte— habló la Haruno finalmente, disfrutando de la paz y quietud del momento.

—Ponerme al corriente de todos mis deberes ha sido más complicado de lo que creí, más que de estudiar leyes y ciencias políticas— asintió el Uchiha, aludiendo su pasado.

—Oh, alguien se preparó bien para la vida pública— celebró la pelirosa, disfrutando de oír de sus años separados.

—No estoy seguro, a nadie le enseñan cómo ser rey ni como gobernar una nación— difirió el azabache con humildad. —¿Y si nunca estoy realmente listo?— inquirió, temiendo fallar en su deber para con todos.

—Oye, puedes continuar estudiando las carreras que quieras en este palacio y tendrás a toda la corte apoyándote— aseguró la Haruno, pues no era una mala vida, —y a mí— añadió, alargó una de sus manos para entrelazarla con la suya.

—Eso me ha permitido dormir tranquilo— asintió el Uchiha, estrechando su mano contra la suya. —¿Pasa algo?— inquirió, viendo a la pelirosa apartar la mirada abrumada.

—Supongo que aún creo que esta felicidad termine— transparentó ella, con un suspiro cargado de angustia. —Mi lugar está donde tu estés…Pero me asusta que nos separemos— obvió, con la voz quebrada de la emoción. —¿No crees que nuestro compromiso es precipitado?— preguntó, temiendo hacer algo equivocado.

—¿Te arrepientes de haber aceptado mi propuesta?— contrarió él, temiendo que su propuesta hubiera sido demasiado apresurada.

—No, pero…— negó Sakura, pues no dudaba de su amor por él. —No lo sé, supongo que me abruma a donde hemos llegado— admitió, viendo a los ojos como prueba.

—Sé cómo te sientes— asintió Sasuke, esbozando una sonrisa ladina. —También me inquieta el futuro, porque no puedo imaginarme sin ti— él tenía la misma preocupación que ella. —Pero pasaron años, temí que jamás volvería a verte, y sin embargo aquí estamos. Nadie sabe qué sucederá a futuro y creo que eso es bueno, así habrá muchas gratas sorpresas en el camino— consoló, diciéndose que nada lo alejaría de ella.

El mayor ejemplo de fidelidad, lealtad y compromiso que Sasuke tenía para pensar en su futuro—dado que Naruto y Konohamaru no habían tenido novias estables—era el matrimonio de sus padres, sabía que su madre Mikoto no había tenido fácil ascender en la jerarquía real como una noble relativamente menor, aunque hoy fuera la reina viuda y la mujer más importante del reino—detrás solo del rey y de su futura reina—, claro que Sakura tendría todo más fácil como una noble de alta cuna por nacimiento, la dama más importante de la corte, pero Sasuke oró mentalmente porque ese futuro con que ambos soñaban fuera tan venturoso como el color del oro que ambos veían en ello. Sonriendo bajo la mirada de Sasuke, quien acunó su rostro entre sus manos, Sakura se relajó tan pronto como el Uchiha la atraía en un beso, presionando sus labios contra los suyos, y la Haruno se esforzó en callar sus inseguridades, en callar su temor por fallar en dar felicidad a su reino, al reino del que Sasuke era rey, pero también temía por sí misma, temía que el papel de reina la absorbiera y que se perdiera a tal punto en que no pudiera reconocerse en el futuro…pero no, nada de eso sucedería, no teniendo a Sasuke a su lado y se lo repitió una y otra vez, disfrutando del beso y el roce de sus labios contra los del Uchiha, como fuego puro en su alma. El beso, tierno y dulce al principio, se profundizó tan pronto como Sasuke alzó sus manos para rodear los hombros de Sakura, envolviendo su lengua contra la suya, ante lo que Sakura no dudo en corresponderle de inmediato, gimiendo al sentir el tacto de Sasuke deslizar por su vestido en busca del cierre...


Ajena a cena privada que su hijo el rey había tenido con su futura esposa, la reina viuda Mikoto se levantó muy temprano esa mañana y comenzó con la jornada diaria de actividad, puede que ya no fuera la esposa del rey como había sido una vez, pero aún era la primera dama del reino hasta que Sakura se convirtiera en reina y siempre sería importante como madre del rey, por lo que tras desayunar esa mañana, la Matriarca Uchiha se dirigió hacia los aposentos de su hijo para saludarlo y desearle un buen día, acompañada como siempre por su leal amiga Tsunade. Elegante a la par que austera, la reina viuda portaba un vestido beige pálido de recatado escote en V, con mangas ceñidas hasta las muñecas y falda de una sola capa, encima una chaqueta jade brillante con bordados plateados en el centro del corpiño—de escote redondo y ligeramente más bajo, cerrado por seis botones plateados—replicando el emblema Uchiha, sin mangas y abierta en A bajo el vientre, con su largo cabello azabache recogido tras su nuca, resaltando una corona de amatistas, cristales color verde y diamantes, a juego con la guirnalda alrededor de su cuello, con pendientes en forma de lágrima. Se sentía bien para Mikoto volver a tener un propósito, y la inminente boda real en ciernes era una buena oportunidad para tener el control, casi le recordaba su antigua gloria como reina, a cargo de la actividad de la corte ya que eso no era del interés de Fugaku, y naturalmente Mikoto seguiría haciéndose cargo de la corte hasta que Sakura pudiera hacerse cargo de esas responsabilidades, pero se adaptaría a ello bajo su tutela por supuesto.

—¿Te aseguraste de transmitir mis modificaciones al jefe de personal?— consultó Mikoto, doblando en la esquina del pasillo hacía los aposentos de su hijo.

—Como siempre, Majestad— asintió Tsunade siguiéndola ceremonialmente.

—Ya no tienes que llamarme así, Tsunade— recordó la Uchiha, ligeramente divertida por su formalismo. —Pronto seremos aún más familia que antes, de ser posible— obvió, volviendo brevemente el rostro en su dirección. —Tu hija será la reina y mi hija a la vez— siempre había visto a Sakura como una hija, y ese sentir solo aumentaría muy pronto.

—Mi hija reina…no deja de parecerme un sueño en muchos sentidos— admitió la Senju, aún incrédula al respecto. —Puede que yo no haya estado destinada a ello en el pasado, pero mi hija sí— seguía resultando difícil de creer y asimilar, y con razón.

—El destino y sus caminos sigue siendo algo mágico— asintió la Matriarca Uchiha, sonriendo por lo mismo y encantada por como el destino había resuelto todo.

Aquel fue sin duda alguna un momento de humildad para Tsunade, pensar que una vez hace tiempo la habían comprometido con Fugaku, que había estado predestinado que se convirtiera en reina...claro que nada de eso había ocurrido entonces, Fugaku y Tsunade jamás habían sentido nada el uno por el otro y el compromiso se había anulado tan pronto como Fugaku había conocido a Mikoto, pero era irónico y hasta curioso como Sasuke si se había enamorado de Sakura y ahora ella fuera a convertirse en reina, ambas mujeres se detuvieron a las puertas de los aposentos del rey y que los guardias abrieron para permitirles ingresar, y ellas cruzaron hacia la habitación privada de inmediato, llevándose una gran sorpresa en el proceso. Como madres, la escena que Mikoto y Tsunade vieron al ingresar no fue precisamente consoladora, mientras Sasuke y Sakura se levantaban al encuentro de ambas; la cama estaba desordenada, el ambiente era laxo y nada protocolar, Sasuke vestía una bata negra de mangas acampanadas que permanecía abierta dejando expuesto su torso, pantalones de dormir de igual color y su rebelde cabello azabache azulado más despeinado que de costumbre; Sakura por otro lado vestía un sencillo camisón jade claro de escote en V, con mangas holgadas y traslúcidas que se ceñían en las muñecas, falda de gasa decorada con bordados florales, y su largo cabello rosado ligeramente despeinado cayendo sobre sus hombros, ambos parecían haber despertado hace poco y la mesa con el desayuno servido denotaba que habían pasado la noche juntos, pero saberlo y verlo era algo muy diferente para una madre.

—Madre, Tsunade— saludó Sasuke, siendo el primero en recobrar el habla.

—Buenos días— correspondió Mikoto, saliendo de su sorpresa inicial. —No esperábamos encontrarlos juntos— admitió, intercalando su mirada entre la pareja.

—Teníamos mucho de qué hablar anoche— justificó el rey sin dudarlo, no viendo un problema en pasar tiempo con su futura esposa.

—Eso vemos— asintió la Matriarca Uchiha con voz seria, observando a su hijo y rey.

—Con permiso, Majestad, me retiraré— se excusó Sakura por fin, sintiendo que su presencia podía resultar molesta.

—Te acompañaré, Sakura— secundó Tsunade, igualmente incómoda por la situación.

Antes de que Sakura pudiera retirarse, entendiendo la incomodidad que se percibía, la pelirosa fue detenida por Sasuke, quien se acercó a ella y quitó la bata para colocarla sobre sus hombros, acomodándola con cuidado y con ello sus sedosos rizos rosados, observándola con aquella profunda intensidad que transmitían sus iris ónix y que hicieron sentir a Sakura más expuesta que nunca en su vida, esbozando una tímida sonrisa, con las mejillas sonrosadas, reverenciando al rey y procediendo a retirarse en compañía de su progenitora. Tsunade veía como una figura muy regia y severa en ese momento, observando seriamente a su hija y reverenciando al rey antes de proceder a retirarse, acompañando a su hija, portaba un elegante vestido verde oliva de seda brillante, escote recto, falda lisa y mangas acampanadas, luciendo encima una chaqueta superior verde esmeralda con opacos bordados que brillaban a la luz, escote en V y falda abierta en A bajo el vientre, con mangas holgadas que se abrían como lienzos en los codos, con su largo cabello rubio recogido en una coleta baja para resaltar una diadema de oro y esmeraldas a juego un collar alrededor de su cuello y pendientes de oro en forma de sol. Siguiendo con la mirada a Sakura hasta verla cruzar el umbral de las puertas de sus aposentos, que los guardias le abrieron a ella y a Tsunade, solo entonces Sasuke volvió su atención hacía su madre, acercándose a la parte posterior de la cama y tomando su camisa del suelo, no sintiéndose cómodo en estar tan expuesto en presencia de su progenitora que lo observaba con aquella seriedad.

—Tsunade y yo hablamos en el camino aquí, todo está listo para tu baile de compromiso con Sakura, en una semana— anunció Mikoto, esperando que cambiar de tema distendiera la situación.

—Esplendido, confió en que todo lo que decidiste estará bien— asintió Sasuke terminando de colocarse la camiseta y concentrándose en su madre.

—Sasuke, ten cuidado— advirtió la reina viuda por fin, haciendo que su hijo la observara con extrañeza. —Nunca se sabe quién está escuchando o rondando, ya es bastante malo que Takara haya cuestionado la virginidad de Sakura— recordó, siendo su deber percibir todas las amenazas presentes en el ambiente.

—Yo sé que ella es digna de confianza— defendió el rey, negándose rotundamente a que se pusiera en tela de juicio la integridad de Sakura.

—También yo, pondría mis manos al fuego por ella— obvió la Matriarca Uchiha, no necesitando ser convencida de ello, —pero debes protegerla de habladurías— estaba protegiendo a Sakura al insinuar aquello, porque ella aún no era la reina.

—Está bien— asintió el Uchiha, maldiciendo tener que guardar las distancias por las malditas apariencias y el frustrante protocolo.

Sakura y él siempre habían sido amigos desde la infancia, Sasuke siempre la había admirado y la tendría en la más alta consideración, haberse ido por primera vez a la cama con Sakura—antes de enfrentarse a Madara—en nada alteraba eso, es más, Sasuke la apreciaba aún más de ser posible, porque ella siempre lo veía como el hombre que era antes que como el rey a quien debía servirle lealmente, ¿No se suponía que ese era el deber de una reina? Además, ambos iban a casarse en las próximas semanas, su propia madre acababa de hablar del baile por su compromiso formal, ¿Por qué la gente veía problemas donde no los había? Por su parte, Mikoto estaba orgullosa de Sasuke y lo apoyaría sin importar lo que hiciera, era su deber como madre, pero también debía ser su consejera—mismo papel que también interpretaría Sakura cuando se convirtiera en reina—y por ende debía decirle cuando tomaba una decisión errada o desconocía o ignoraba algún peligro que rondara. La realeza no era tan estricta como lo había sido en la antigüedad, pero la reputación de una mujer seguís siendo motivo de expectativas, ya no importaba tanto si Sakura era virgen o si lo había sido—en ese punto de su relación, Mikoto no iba a pedirle a Sakura que siguiera siendo virgen, seguramente Sasuke y ella habían empezado su vida sexual antes de su regreso al reino para enfrentar a Madara—, pero la corte solo percibiría y estudiaría su personalidad y carácter, y salir de los aposentos del rey en camisón y tras pasar la noche entera con él no transmitía el mejor mensaje para los individuos más conservadores de la nobleza.

Nunca se era demasiado precavido.


Una Semana Después

Dentro de la realeza, un baile de compromiso era un evento formal y elegante que marcaba un paso importante en la relación de una pareja, más tratándose de la inminente llegada de la futura reina a su nueva vida, por lo que no fue extraño que embajadores de otros reinos acudieran a la ocasión y que el banquete, así como la decoración fuera suntuosa, opulenta para la gran lista de invitados, mismos que estarían presentes en la boda dentro de las próximas semanas. Tras la bienvenida a todos los visitantes extranjeros, y luego de que todos los invitados parecieran aclimatados a la celebración, llegó el momento de que la pareja compartiera el primer baile de la noche, por lo que el rey y su prometida se observaron uno al otro antes de dirigirse al centro del salón bajo la atenta mirada de todos los presentes…pero sí de Sakura hubiera dependido, ella no habría bailado en absoluto, no se sentía de ánimo para ello ni el momento se sentía de lo mejor para hacerlo. Para la feliz ocasión, Sakura portaba un bellísimo vestido color mantequilla de gasa, escote en ligeramente redondeado y ceñido a su cuerpo con la falda ligeramente amplia, repleto de encaje dorado para formar lo que parecía una chaqueta superior con bordados dorados de flores de cerezo, con ligeras hombreras, mangas ceñidas y falda abierta en A bajo el vientre—resaltando las capas de la falda inferior—, con sus largos rizos rosados cayendo tras su espalda, peinados por una diadema de oro de tipo cintillo decorado por cristales ámbar, pendientes en forma de lágrima y alrededor de su cuello reposaba el collar de diamantes y cristales con el emblema Uchiha.

—¿Seguro que no es de mala suerte?— preguntó Sakura en voz baja, estrechando la mano del rey. —La gente apenas y está saliendo de tanto sufrimiento, ¿Cómo podemos celebrar?— señaló, dando razones para no bailar, deseando huir de ello.

—Sakura, en ocasiones todo se trata de percepción, y este momento es trascendental— recordó Sasuke con un suspiro, igualmente inquieto. —El futuro depende de nosotros; pronto serás la reina y más que nunca debemos pensar en lo que el pueblo verá— era preciso que se concentraran en ello y nada más.

—No estoy de acuerdo con esto, y soy del pueblo como ellos— negó la pelirosa, teniendo cuidado de que nadie la escuchara.

—Solo es un baile— mencionó el azabache, tratando de alejar la mente de su prometida de esa clase de derroteros.

Por mucho que el momento fuera feliz por su inminente boda, Sasuke entendía porque Sakura no deseaba bailar, había tanto en juego, tantos gastos, la opinión de la gente...pero era algo que debían hacer y por lo que Sasuke deslizó su mano derecha para situarla en la cintura de Sakura, que a imagen alzó su mano derecha para situarla sobre su hombro, ambos comenzando a moverse al ritmo de la música que comenzó a sonar, siendo perfectamente capaz de seguir el ritmo del otro y la música que los acompañaba pese a no haber vuelto a bailar juntos desde sus lejanas lecciones conjuntas de la infancia. El rey vestía de forma muy similar a su futura esposa, debajo una camisa gris azulado de cuello alto y cerrado, mangas holgadas que se ceñían en las mangas, pantalones de igual color, botas marrón oscuro de cuero y encima una chaqueta superior de tipo abrigo, marrón oscuro repleta de bordados dorados con el emblema Uchiha—como el vestido de Sakura—, de cuello en V forrado en piel en el contorno, cortas mangas hasta los codos, ceñida a su cuerpo por un fajín marrón oscuro que abría el largo faldón en A hasta las rodillas, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como siempre y resaltando el broche en su cuello, dorado con escamas cobrizas. La corte no percibió ninguno de los problemas de la pareja, eran verdaderamente buenos ocultando su sentir del público, porque todo en lo que los presentes podían pensar era en la hermosa pareja que formaban juntos, en cuán alegre se volvería la corte con un hombre y una mujer tan jóvenes en el poder, como el rey Fugaku y la reina Mikoto en su día.

—No puedo, no está bien— murmuró Sakura para que solo su futuro esposo la escuchase.

—Solo un baile y habremos cumplido— contrarió Sasuke igualmente en voz baja. —Hoy es nuestro día— añadió, intentando hacer que ella se concentrara en el presente.

Mortificada, sintiéndose culpable en el fondo por temor a que la gente la odiara, temiendo que la gente la percibiera como algo que no era, Sakura se entregó al baile y dejo que Sasuke la guiara, el momento era feliz en sus brazos y disfrutando de su primer baile como pareja antes aún de su boda, pero ella simplemente no podía estar tranquila, apartando la falda de su vestido por inercia mientras Sasuke la alejaba y atraía hacía si al hacerla dar una vuelta, ambos volviendo a encontrar sus miradas y siendo buenos en pretender que no sucedía nada; Sasuke agradeció todo aquel esfuerzo por parte de Sakura, pero él pudo ver lo que nadie más veía, vio sus labios apretados y la forma en que ella apartaba la mirada de vez en vez y le dio no poder evitarlo. Para la corte, el primer baile de una pareja comprometida y los festejos sociales de esa noche reforzaban su vínculo y su integración en la vida pública y ceremonial de la familia real, todo eran protocolos, tradiciones, elegancia y simbolismos, un paso significativo en el camino hacia el matrimonio y la consolidación de la relación ante la sociedad, y aunque Sasuke y Sakura desearan huir de esas presiones y expectativas, no podían, era su deber y al menos pudieron saltarse seguir bailando durante toda la noche, dejando que siguieran los discursos, fotografías oficiales, solo concediendo entrevistas a algunos medios de comunicación para acercarse a la gente, su pueblo, y tras esto fueron los primeros en retirarse, exigiendo que las delicias preparadas por la celebración se compartieran entre la gente común, los verdaderos asistentes a su inminente boda…


Una Mes Después

El segundo día más ansiado—después de la coronación, naturalmente—por todos había llegado, pero resultaba difícil de creer incluso ahora para toda la corte mientras veían a la novia real cruzar la entrada de la capilla del salón del trono del brazo de Naruto Uzumaki, uno de los amigos de mayor confianza del rey, en tanto Konohamaru se hallaba de pie junto al monarca que permaneció inmóvil en tanto la novia se situaba a su lado, ambos volviendo la mirada hacia el otro. Sakura portaba un delicado vestido color blanco, de escote corazón con el emblema Uchiha bordado en los lados del corpiño, mangas ceñidas hasta los codos y que se abrían para exponer los brazos, con el centro del corpiño y la falda inferior color beige suave, a juego con unas ligeras hombreras, con sus largos rizos rosados sobre sus hombros, peinados por una diadema de oro—que sostenía un largo velo que caía hacía el frente, cubriéndole el rostro—en forma de mariposa decorada por cristales y diamantes a juego con un par de pendientes en forma de lágrima, con el collar que replicaba el emblema Uchiha alrededor de su cuello. Austero para la ocasión, el rey vestía una chaqueta de seda color negra que envolvía su torso, de cuello alto y cerrado con hombreras puntiagudas decoradas por bordados dorados del emblema Uchiha, a juego con seis botones dorados desde el cuello hasta la altura del vientre, con un largo faldón que se abría en A bajo el vientre hasta la altura de las rodillas, mangas holgadas de aspecto satinado, pantalones negros y botas de cuero, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como de costumbre.

—Damas y caballeros presentes, estamos aquí para unir a dos almas en una. Más que un rey y su reina, unimos a un hombre y una mujer que se aman— inició el sacerdote Hiruzen, encargado de oficiar la boda. —Los cuentos de hadas siempre finalizan con un "feliz para siempre", pero ese final es solo un preludio de la verdadera existencia entre un hombre y una mujer que se aman. De esto se forman los cuentos de hadas, de un hombre y una mujer en el día de su boda, abriéndose paso en las vicisitudes de la vida y que no permitirán que nada en la Tierra los separé— reflejó, como prólogo para todos los presentes. —Pronuncien sus votos— invitó a la pareja, el centro de todas las miradas.

—Sakura, siempre has sabido todo de mí y hoy no es la excepción— inició el Uchiha, girándose hacia su inminente esposa. —Mientras vivía mi antigua existencia, me acostumbre a no pertenecer, sintiendo que todo me era arrebatado. Pero, en medio de todo tú eras la mayor certeza que siempre tuve, solo veo firmeza y brillo cuando te veo, a una reina, si aceptas serlo para mí— transparentó, cada vez más y más enamorado de ella.

—Sasuke, eres único para mí, de mil y un formas que aún no alcanzo a interpretar y solo puedo prometer que siempre estaré contigo, en lo bueno y en lo mano, aportando lo poco que tengo que ofrecer y valorando todo de ti, cada día de mi vida— correspondió la Haruno, sonriendo enternecida bajo su mirada. —Si me aceptas como yo te acepto a ti— añadió, recordándose que era súbdita de su rey, aunque se convirtiera en su esposa.

Los ojos de todos los presentes estaban en la pareja real, pero ninguna mirada era como la de la reina viuda Mikoto, sentada en primera fila junto a su leal amiga Tsunade, madre de la novia e inminente reina, ambas viendo a sus respectivos hijos recibir los anillos de Konohamaru que era el padrino de la boda. Mikoto portaba un elegante vestido aguamarina de mangas ceñidas hasta los codos, desde donde se volvían holgadas y traslúcidas hasta cubrirle las manos, de escote corazón ribeteado en encaje en el contorno y cerrada por seis botones hasta la altura del vientre, falda de múltiples capas y encima una chaqueta de igual color, sin mangas, escote en V que se cerraba bajo el busto y abría bajo el vientre, con las hombreras, los gruesos contornos del escote y el dobladillo de la falda bordados en hilo fucsia brillante recreando flores de cerezo en el dobladillo interior, con su largo cabello azabache recogido tras su nuca, resaltando su largo cuello desprovisto de joyas, masificando la corona de oro y diamantes multicolor, amatistas y topacios en una estructura en forma de espinas y rosas sobre su cabeza, a juego con un par de pendientes de oro y amatista en forma de lágrima. Tsunade portaba un sencillo vestido negro de escote en V, mangas ceñidas hasta los codos donde se abrían y falda de una sola capa bajo una corta chaqueta azul brillantes sin mangas—sino que hombreras—, de escote en V y falda abierta bajo el vientre con brillantes bordados color negro y su largo cabello rubio recogido en una coleta, peinado por una diadema de plata y ónix como la guirnalda alrededor de su cuello y pendientes en forma de lagrima.

—Yo Sasuke Uchiha, te tomó a ti Sakura Haruno por esposa— declaró el rey, ciñendo con cuidado el anillo en el dedo anular de la Haruno. —Prometo serte fiel y respetarte, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, para amarte y cuidarte, hasta que la muerte nos separe— aseguró, viéndola a los ojos como prueba.

—Yo Sakura Haruno, te tomó a ti Sasuke Uchiha por esposo— correspondió la dama, ciñendo la sortija de su padre al dedo anular de su ahora esposo. —Prometo serte fiel y respetarte, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, para amarte y cuidarte, hasta que la muerte nos separe— secundó, siendo completamente honesta.

—Ahora los declaro, marido y mujer— proclamó el sacerdote Hiruzen, sosteniendo las manos de ambos novios y entrelazándolas mediante un lienzo. —Un cuerpo, un alma y un solo ser, ahora y para siempre— anunció, para que nadie lo dudará ni osará separarlos.

Los matrimonios podían ser fáciles de disolver o algo sin demasiada importancia para la gente normal, pero en la realeza eran un símbolo de poder, era una estrategia más que una cuestión de emociones, representaba estabilidad y continuidad de la dinastía, pues daba una reina para que el pueblo la admirase y demostraba que el rey estaba comprometido con proporcionar un heredero a la sucesión, una sucesión cada vez más inestable debido a la falta de herederos o príncipes, y debía ponerse remedio a ello. Mientras el sacerdote Hiruzen desanudaba el lienzo que había mantenido unidas las manos de ambos cónyuges, Sasuke y Sakura se volvieron uno hacía el otro, observándose largamente, como si se preguntaran en silencio que hacer y si era correcto; Sasuke no se sentía cómodo demostrando sus sentimientos en público y no era extraño, la realeza debía estar al margen de sentimentalismos por muy dulce que estos fueran, por lo que Sakura no pretendió acercar su rostro y besarlo, le dejo tal decisión a él, sonriendo encantada tan pronto como sintió los labios de Sasuke contra los suyos en un roce casto, efímero y breve, pero que la hizo sonrojar debido a todas las personas presentes en la capilla y que estallaron en inmediatos vítores. Una boda real era un acontecimiento feliz, no solo por ser la unión de dos personas, sino por la invitación que presentaba a un futuro que todos anhelaban vislumbrar y que hizo que todos aplaudieran con júbilo a la pareja, que procedió a retirarse de la capilla—tomados de la mano—hacía el salón en que los esperaba el banquete ya preparado para la feliz ocasión.

Así iniciaba un cuento de hadas.


La noche de bodas probó ser más satisfactoria que cualquier noche o momento que Sasuke y Sakura hubieran compartido hasta entonces, sonriéndose entre sí mientras permanecían recostados y desnudos sobre la cama, entre las sábanas, la Haruno recostada a medias sobre el torso del Uchiha, ronroneando bajo su tacto, aún usando el collar con el emblema Uchiha alrededor de su cuello y sus pendientes brillando entre sus largos cabellos rosados, como la sortija en su dedo anular, igual que la sortija que Sasuke llevaba en su mano derecha y con la que acariciaba la sedosa piel de su esposa. El ambiente que se respiraba en la oscuridad de la habitación, iluminada sugerentemente por la luz dorada de la electricidad, era muy diferente de aquel que Sasuke y Sakura habían respirado en los días y semanas previos, ya no había inquietud y temor, de alguna forma convertirse en esposo y esposa hubiera desvanecido todas aquellas preocupaciones, simplemente no había nada fuera de la paz y quietud que el matrimonio Uchiha sentía en brazos del otro, literalmente podría estallar una bomba en ese momento y nada ni nadie los separaría. Pero, que el rey y la reina estuvieran tan calmados en apariencia no quería decir que no tuvieran sus mentes muy lejos de donde se hallaban, Sasuke no dejaba de lamentarse mentalmente por no poder dar a Sakura una luna de piel apropiada, normalmente un rey y su reina iban de gira por el reino para darse a conocer e incluso se alejaban de la corte y el protocolo para disfrutar de su compañía mutua, pero ahora no podían hacer eso porque su pueblo los necesitaba.

—Sasuke, estaba pensando…— murmuró la Haruno, pensando en su deber.

—¿Piensas?— repitió el Uchiha con incredulidad. —Es demasiado peligroso— bromeó, observando a su esposa con una sonrisa ladina.

—Que gracioso, me parto de la risa, en serio— correspondió la pelirosa sarcásticamente, encontrando su mirada con la suya. —Hablo en serio, estaba pensando en nuestra boda, los festejos fueron magníficos, incluyendo el baile posterior para las embajadas internacionales y que yo deje en claro que no quería, como el baile por nuestro compromiso— enumeró, siempre analítica y reflexiva.

—Pero era necesario, es una costumbre infaltable en los compromisos y bodas reales, no podíamos ignorarla— recordó el azabache, igualmente consciente de su deber.

—Lo sé, y lo entiendo, aunque no lo parezca— aclaró Sakura, viendo a su esposo a los ojos. —Pero ahora se avecina la coronación en menos de dos semanas, y si no calculo mal los gastos serán el doble de lo que fueron los festejos de la boda— mencionó, nerviosa por tan importante e inminente evento. —Me preocupan los costos, ambos hemos vivido gran parte de nuestras vidas como civiles y sabemos el impacto que este tipo de gastos tienen en las personas— ella en especial no podía dejar de pensar en eso.

Tal vez Sakura fuera parte de la alta aristocracia a través de su madre, pero su padre Kakashi había ascendido socialmente al unirse a la milicia, mas siempre había sido un hombre de la plebe y había inculcado a su hija el respeto por cada persona sin importar quien fuera o de dónde venía, por ende Sakura entendía que la mayoría de la población del reino sentía que gastar tanto dinero en eventos como bailes, visitas diplomáticas, coronaciones, bodas y eventos importantes era indignante, más porque los fondos que pagaban todo ello provenían de los impuestos que pagaban los ciudadanos comunes, algo injusto e incluso excesivo, de ahí que Sakura defendiera tan soterradamente la opinión de la gente, temiendo que se volvieran en su contra. Creciendo en el exilio, Sasuke sabía que las personas ajenas a la realeza esperaban que los gastos públicos fueran responsables y justificados, especialmente en tiempos de dificultades económicas, y la verdad es que la casa real tenía arcas para emergencias y que estaba comenzando a emplear, pero era una tradición o tendencia en todas las casas reales usar el vínculo con la gente común para subsistir, pero pocos ciudadanos de a pie veían a la realeza como una fuente de ingresos, y de hecho todo estaba más en entredicho que nunca por causa del reinado de Madara, ¿El debate ya estaba instalado o la población del reino se mantendría leal a su rey? La última vez que Sasuke había visto a su pueblo había sido antes de la muerte de su padre, y sabía que ahora necesitaba acercarse a su gente o ellos no lo aceptarían.

—Lo sé, y ya había pensado en ello, a decir verdad— habló Sasuke tras lo que se sintió como un prolongado silencio. —Reduje lo más posible el número de personal para los nobles en la corte, principalmente el mío; guardias, escoltas…incluso estoy dándole más trabajo a Obito para prescindir de ciertos servicios, también simplifique lo más posible las ocasiones festivas como bailes o cotilleos, y elimine los gastos excesivos de comida y vino— mencionó con tono muy serio y profesional. —¿Qué?— inquirió ante la expresión de su esposa, sonriente y observándolo.

—¿Para qué te casaste conmigo?— cuestionó Sakura, inevitablemente burlona. —No necesitas de ninguna reina, ya pareces tenerlo todo solucionado— como rey era perfectamente autovalente.

—No todo, siempre te necesitare— puntualizó él, entrelazando sus manos contra las suyas. —¿Qué pasa?— preguntó, viéndola apartar la mirada y claramente pensando.

—¿Y un hospital, dentro del palacio?—sugirió ella, pensando en poner su talento al servicio de la gente común. —Sabemos que no hay sedes del todo apropiadas para atender al público y las que sí lo son están siendo remodeladas, hay salones de este palacio que no se usarán por largo tiempo ya que no habrá grandes festejos, podríamos abrirlos al público para tratar a las personas— los hospitales estaban cerrados por escasez de recursos, el reino estaba en crisis en muchos aspectos.

—¿Ves?, no se te escapa nada— celebró el Uchiha, acunando su rostro entre sus manos.

Arqueando una ceja bajo la mirada de Sasuke, Sakura prefirió sonreír ligeramente y seguirle la corriente, no considerándose tan capaz como él seguramente creía que lo era, aunque era lindo que alguien la tuviera en tan alta estima, habiendo sido muy subestimada en el pasado. Ambos habían sido mejores amigos en su infancia, habían crecido juntos, puede que ninguno hubiera sabido que sentir cuando—de niños—Obito les había dicho que estaban comprometidos o que estaban destinados a compartir la vida, entonces ambos habían sido demasiado jóvenes para entender lo trascendental que sería tal decisión, pero ahora ambos no pudieron evitar sonreírse el uno al otro, acercando sus rostros y rozando sus narices antes de fundirse en un beso tierno, encontrando sus labios con ternura, envolviendo sus brazos alrededor del otro, no queriendo ni estando dispuestos a permitir que nada ni nadie los separará otra vez. Sasuke sonrió contra los labios de Sakura, el Uchiha disfrutó inmensamente el momento en que—envolviendo sus brazos alrededor de su esposa—la Haruno jadeó de sorpresa contra sus labios en medio del beso mientras él la hacía quedar debajo suyo en la cama, acomodándose entre sus piernas, no sintiendo cansancio alguno y queriendo disfrutar lo más posible de su noche de bodas en compensación por todo el tiempo que sabía sus responsabilidades les quitarían a ambos a partir de mañana y en las semanas sucesivas, y afortunadamente la reina parecía sentir lo mismo, envolviendo sus brazos alrededor del cuello del rey, profundizando el beso y diciendo sí a todo lo que su esposo le propusiera...


PD: Saludos queridos y queridas, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Las siguientes actualizaciones serán "El Sentir De Un Uchiha", luego "A Través de las Estrellas" y por último "Kóraka: Luna Creciente", asegurándoles que hago lo posible por actualizar a la menor brevedad posible :3 Esta historia esta dedicada a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (dedicándole todas y cada una de mis historias), a mi queridísima amiga Ali-chan1966 (dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño), a Arella96 (dedicándole esta historia como agradecimiento por comentar el trabajo de este despreciable intento de escritora), a CinthKitty (agradeciendo sus palabras y dedicándole la historia como justo agradecimiento), a NagatoYuki-Chan (dedicándole esta historia y agradeciendo sus palabras) a Saori02 (dedicándole esta historia y esperando ganar su perdón por tardar en tanto en actualizar), a Guest (dedicándole el presente capitulo como agradecimiento y disculpándome por hacerle esperar), a Lila (agradeciendo infinitamente poder contar con su aprobación, disculpándome con la demora y dedicándole esta historia como retribución) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sasuke Uchiha como Simba -Sakura Haruno como Nala -Naruto Uzumaki como Pumba -Konohamaru Sarutobi como Timòn

-Fugaku Uchiha como Mufasa -Mikoto Uchiha como Sarabi -Tsunade Senju como Sarafina

-Obito Uchiha como Zazu -Madara Uchiha como Scar -Takara Otogakure como Zira -Hiruzen Sarutobi como Rafiki

Trama, Aportes & Continuación: En primer lugar quiero disculparme por la demora en actualizar esta historia, pero como comprenderán y desde el estreno de Mufasa a fines del año pasado, quise realizar aportes de la nueva pelicula a esta historia y los aportes han sido sutiles, pero profundos a la larga y más cuando se habla de otro Live Action del Rey León y que probablemente nutra este universo, pero para ello deberemos esperar y hasta entonces continuare actualizando. La trama continua donde nos quedamos, Sasuke ya esta recuperado de su enfrentamiento con Madara y comienza a adaptarse a sus responsabilidades como rey, siendo coronado formalmente, siendo asesorado por su madre la ahora reina viuda y el capitulo cierra con su boda con Sakura. En medio de todo, Sasuke lidia con problemas como la posibilidad de que la opinión pública no este a su favor por los gastos inherentes de las celebraciones propias por su coronación y boda; además, hay amenazas rondando, antiguos partidarios de Madara y entre quienes se encuentra Takara, mencionada en los capítulos anteriores como la amante de Madara. Tal vez la primera opinión sería proviene de Sakura, para el final del capitulo reina consorte de Konoha como esposa de Sasuke, y quien representa la opinión de la gente que no es de la realeza, de ahí que la irriten tanto los gastos innecesarios como para desear saltarse el baile de compromiso y de lo que ni Sasuke ni ella pueden escapar. Sin embargo, el final del capitulo es mucho más feliz, con Sasuke y Sakura proclamando sus votos en la boda, finalizando en su noche de bodas en que ambos hablan de sus planes para el futuro y parecen más unidos de lo que ya lo estaban en los capítulos anteriores, que es lo importante, porque necesitaran estar juntos para lo que vendrá más adelante.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: un fic inspirado en un What If de la Dinastía Romanov, que aún no tiene título, "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer) :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3