Así que... vuelve arrastrándose.

No mentira, es que pasaron muchas cosas, amigos, de verdad, pero al menos ya tengo avanzados algunos capítulos de colchón. wup wup wuuuup.

Pueden encontrar la playlist como la publicación fijada en mi facebook, el cual tiene mí mismo nombre de usuario. O buscarla en spotify como "Esta Playlist Contiene clichés", tiene una portada muy brat, creo.


La verdad es que la razón por la que Astrid no es buena cocinando es por su escasa paciencia. Eso y que a veces, no sabe combinar bien ingredientes… y que no sabe cuándo se debe pedir ayuda. Ya se lo han dicho, tal vez cientos de veces, y había mejorado bastante con el paso de los años, pero tampoco ha sido tanto. De hecho, justo ahora, mirando el horno, preguntándose por qué su ego había sido tan grande y molesto como para no haber comprado un pastel en una buena pastelería.

O pedirle a la madre de Fishlegs que lo hiciera. Tal y como le había prometido a Hiccup.

A pesar de eso, estaba ansiosa por probarlo, temía haberlo echado a perder. Como el tic tac del temporizador la desquiciaba , llevaba puestos los audífonos, también le servía para sumirse en sus pensamientos y no escuchar el ruido de fondo: la campanilla, el sonido tintineante de las tazas, incluso el café cayendo a ellas lentamente, el vapor del agua caliente, hielos chocando contra otros... definitivamente era mejor escuchar canciones tranquilas, tratar de no pensar que eran las diez de la mañana y que no había pensado en ningún outfit para la fiesta de mañana por la noche, de hecho, no sabía que eso podría estresarle tanto, ¿cómo vas a arreglarte el cabello? No me digas que vas a usar una trenza.

Por supuesto que no.

Bueno, puedes usar el mismo que usaste la noche del baile, creo que no describí que te hiciste una cola de caballo baja, podrías ondularte el cabello...

No quiero usar la tenaza.

Tienes razón, no hay más protector de calor, bien, puedes...

¿Dejarme el cabello suelto?

Ni que Hiccup tuviera tanta suerte. Suspiró y posó su mentón sobre su mano, todavía con la mirada perdida hacía el horno. Ruffnut y Heather habían supervisado todos los ingredientes, Tuffnut le había ayudado a pesarlos, el relleno de queso crema estaba ya hecho, en el refrigerador, así como el betún de mantequilla con azúcar. No había forma en fallar con esta receta, no había hecho nada mal, hasta midió la temperatura del horno con uno de esos termómetros especiales; estaba usando un maldito temporizador en forma de gatito…

No había forma de fallar, sin embargo, si ese estúpido pastel sabía demasiado a polvo para hornear o se quemaba, Astrid tendría un ataque nervioso.

Es solo un maldito pastel.

Ya, pero ella no sabe hacer pasteles. Pero no iba a admitirlo, no iba a admitir que Camicazi era mejor que ella, no, no era tanto por eso, bueno sí un poco, aunque no le iba a dar es gusto. Esto no es una competencia, Astrid no estaba compitiendo de una forma patética contra Camicazi. Sin embargo, no podía perder, necesitaba demostrarles a todos que ella podía mejorar, que esto no era un maldito amor simple de verano. O primavera.

La primavera está llegando. La temperatura está subiendo. Todo estaba cambiando de alguna manera, se estaba sintiendo rara, demasiado rara para su gusto, es decir, ¿Por qué le estaba tomando tanta importancia a su outfit? Y dioses, en serio, este es un pastel y...

Basta, necesitas dejar de mirarlo. Se giró e inhaló hondo, echó un vistazo (mejor) a la cocina de la cafetería, tratando de buscar algo en qué entretenerse. Tal vez podría ir con las chicas a buscar un vestido, sí, eso le gustaría, pasar un tiempo de calidad con sus amigas, buscar un vestido azul, cualquier tipo de azul, es decir, cualquiera podría combinarle a la perfección. No compraría unos nuevos zapatos, definitivamente no...

Igual tenía la tarde completamente libre. Podría pasársela en el centro comercial todo el día, es temprano, claro que se puede...

Miró su teléfono al sentirlo vibrar, o tal vez no tenía la tarde tan libre. Es un día antes de la fiesta, quizá Hiccup quería verla, seguirle interrogando sobre algunos detalles para sentirse listo de sobrevivir a una fiesta sorpresa. Le parecía lindo que no supiera cómo reaccionar ante las fiestas, era natural, no es como si Astrid recordara haberlo visto en varias fiestas, tuvo suerte de verlo en el baile de beneficencia. No le parecía un terrible cambio de planes, al contrario, le gusta esa nueva opción.

Comprar un nuevo vestido suena demasiado innecesario, ¿no? Es decir, sí él no la había visto en las fiestas anteriores, no importaría demasiado reciclar alguno de ellos. Le haría un favor al mundo al no alimentar más ríos con ropa fast fashion, y no iba a mentir, ella también quería verlo.

Sonrió al ver su mensaje, curiosamente solo era un saludo y no una invitación de verse, bueno, tal vez se había adelantado a cancelar sus planes demasiado rápido, pero no todo estaba perdido.

Ya ni siquiera estoy pensando en vestidos.

— Finalmente.— dijo Ruffnut, mirándole desde lejos. Heather, quién se encontraba en la barra, alzó la vista.— Ya dejó de mirar ese pastel. Dioses, temía que fuera a abrir el horno antes de los cuarenta y cinco minutos o que le fuera a dar mal de ojo.

— El Mal de Ojo solo les da a los bebés, Ruff.

— Nope, les da también a los pasteles, por eso no se esponjan.— Ruffnut negó con la cabeza. Ella tiene razón, además, a diferencia de los bebés, no se puede curar un pastel con mal de ojo—. Al menos ya dejó de mirarlo.

— Me preocupa un poco todo esto.

— Nah, el pastel estará bien, digo, solo lo ha visto por veinte minutos, tampoco es tanto como para hacerle un mal de ojo.

— No me refiero al pastel.— Heather frunció el ceño, basta de hablar de pasteles con mal de ojo—. Me refiero a toda la situación.

Ruffnut ató los hilos con rapidez—. Tal vez un poco, pero ya sabes lo obsesiva que es Astrid cuando quiere conseguir algo. Es capaz de hornear un pastel de zanahoria, casi sin ayuda... ¡recibió nuestra ayuda!

— De verdad quiere que todo salga bien mañana.—Opino Eret, entrometiéndose en la escena de una forma casi espeluznante, porque ninguna de las dos chicas lo había visto. Para ser alguien tan grandote, era algo silencioso. Recibió, por lo tanto, miradas confundidas—. Oh, lo siento, ¿Cómo están, chicas?— saludó, con su típica sonrisa que en otro capítulo hubiera derretido a Ruffnut, sin embargo y para su sorpresa, en esta ocasión no tuvo ninguna respuesta por parte de ella.

Es más, no hizo ningún gesto, ni le preguntó que quería o algo así, solo se colocó en posición de cobrarle y esperar qué era lo que quería. Eret no pudo evitar sentirse confundido, vaya, no es como que se haya sentido herido por eso, pero era extraño. Ya se había acostumbrado a esa efusividad de sus saludos, ¿Que había cambiado?

— Hola, Eret.—saludó únicamente Heather, también alternando la mirada entre el muchacho y Ruffnut. Estaba de acuerdo con que era extraño.

Igual quería su café.— Ruff, ¿podrías darme un café helado con canela sin azúcar?— pidió con suavidad, Ruffnut (quien ya sabía de memoria su pedido), anotó el pedido en un papel y se lo pasó a Tuffnut sin decir ni una palabra. Tuffnut sí que le saludó, al hacerlo, vio de fondo a Astrid, quien estaba tecleando algo en su telefono—. ¿Por qué Astrid está aquí?— preguntó, con genuina curiosidad.

Hora de su novela favorita. La de todos, a decir verdad.

Heather tomó aire—. Vino a hornear el pastel para Hiccup, ya sabes, para la fiesta de mañana.— respondió con simpleza, ahora los dos mirando a Astrid—. Es de zanahoria, a él le encanta el pastel de zanahoria.

— ¿Cómo lo sabes?— además, era extraño. El pastel de zanahoria es mas de invierno, ¿no?

— Hiccup le dijo que quería ese pastel ese año. — Eret la miró extrañado, ella tuvo que ampliar la explicación—. Hiccup ya sabe sobre la fiesta, Astrid se lo dijo. Pero no le digas a los gemelos o a los demás, eso arruinaría la emoción.

Ruffnut le pasó su café, bueno, algo así, porque antes de dárselo, ella esperó a recibir el dinero. Cosa rara, también, usualmente no tenía que pagarlo, y usualmente ella le daba un pastelito, o una galleta, o un trozo de pastel.

Vamos, no es como si realmente lo extrañara, pero era raro.

— Gracias.— ni siquiera esperó el cambio. Ella tampoco se lo dio de todos modos.— ¿Así que... dejaron que Astrid hiciera el pastel?

— No, lo salvamos, la supervisamos todos nosotros.— Heather señaló a su alrededor. Eret asintió dándole un sorbo a su café, el cual al menos, seguía exactamente como lo recordaba. — Ella lo está vigilando, ya sabes, se tomó muy en serio todo esto.

Eret se encogió de hombros. — Huh, eso es bueno, ¿no? — preguntó, Astrid le sonreía al telefono mientras respondía. Realmente no veía el problema, sin embargo, Heather no estaba tan convencida. — ¿cuál es el problema? ¿qué les preocupa tanto?

Heather suspiró. — No hay ninguno, es algo raro, no sé, nunca la había visto así. — admitió, recargándose en el mostrador, ambas manos unidas. — Todo estaba muy bien, hasta que llegó la ex de Hiccup, la cual es inquietantemente parecida a Astrid. — entendible, eso confundiría a cualquiera. De verdad. Eret hizo un sonido de aprobación. — No lo sé, ¿no tienes el presentimiento de que algo malo está a punto de suceder?

Ella ya se había visto suficientes películas como para detectar este momento de relleno, Eret, a pesar de que también, no creía que estuvieran en alguna película de esas.

—Creo que están exagerando, todo va a salir bien, ya lo verán. —Eret sonrió con confianza, Heather esperaba que no estuviera equivocado. — ¿Ya tienen todo listo para mañana?

—Por supuesto, mientras Astrid usaba la batidora no paró de dar órdenes. — esta vez, el que respondió fue Tuffnut, quien llegó de improviso, secando sus manos en el mandil. —Oh, cierto, estás invitado a la fiesta. Te toca traer refrescos. Nada de alcohol.

Ruffnut saltó de su sitio, asintiendo. — ¡Nada de alcohol! Es en casa de Hiccup, y el señor Haddock tiene una amplia ley anti-alcohol…

—No pensaba traer…

—Así que no piensen ni en siquiera olerlo. — terminó Ruffnut, Eret se encogió de hombros y siguió bebiendo. — Literalmente ese hombre puede olerlo a metros de distancia.

Mientras Eret pensaba en lo divertido que esto sonaba, y sabiendo que, al haber tanta gente era algo imposible mantener una fiesta completamente limpia de alcohol, vio que Astrid tomaba sus cosas y se levantaba. Ella apenas se dio cuenta de que él estaba ahí y se quitó un audífono.

—Hola, Eret. — ¿por qué en este momento de la historia todos estaban apareciendo de la nada? ¿es acaso un recurso literario del autor del que ya ha abusado mucho? Probablemente. — ¿Cuándo llegaste? — le preguntó mientras caminaba hacia él.

—Hace unos minutos, vine por un café y para ayudarles con la fiesta. — explicó de forma casual, Astrid asintió y antes de que pudiera darle la lista de refrescos que Eret debía llevar (que detallaba marcas, cantidad en mililitros y en botellas), él se le adelantó. — ¿Ya te vas?

—¿Eh? —eso la sacó de cuadro, no esperaba esa pregunta tan repentina. — Ah, sí. Hiccup y yo saldremos… y alguien debe mantenerlo ocupado. — ajá claro, mentirosa, como si ellos no lo supieran. Bueno, quizá los gemelos no lo sabían, pero igual no eran tontos. Tan tontos. — Además antes de poder decorar el… — según ella, Eret no sabe lo del pastel, ¿o sí? — Estoy… estamos haciendo un pastel para Hiccup.

—Y no puede sacarlo del horno hasta dentro de veinte minutos—. Agregó Ruffnut, siendo más una advertencia para Astrid que una indicación, la cual solo respondió rodando los ojos. Vale, vale, ya, lo había entendido las primeras cinco veces. No iba a abrir el horno.

— Tal parece que no lo puedo decorar hasta que este frio—. Ella se encogió de hombros. — O eso es lo que estos sujetos dicen.

Ruffnut lo tomó personal. — ¡No es lo que yo digo! ¡Ese pastel se romperá en mil migajas si lo desmoldas caliente!

—Es por eso que esperaré a que este frio. — Astrid le respondió a la defensiva, harta ya de todo el tema del pastel. Un tonto pan con azúcar y zanahoria no debería ser tan difícil. — Vendré en la noche, antes de cerrar y lo decoraré. — o bueno, lo cubrirá de crema y luego le pedirá a su amiga que realice los detalles. Mientras ella supervisa, claro, pero eso Ruffnut no tiene que saberlo justo ahora. Sacó la lista, la cual era una hoja de bloc con su letra—. Y tú, consigue refrescos. La fiesta va a ser en la casa de Hiccup, y tienes que estar dos horas antes, necesitamos manos. ¡No se te ocurra traer alcohol! —agregó rápidamente, antes de encaminarse a la salida.

—¿A dónde vas? —preguntó Heather, mientras Astrid se acercaba rápidamente a la puerta, esperando que Hiccup ya estuviera a punto de llegar.

—A mi casa—. Respondió desde la entrada, ¿cómo? ¿tanta prisa para ir a casa? —. Necesito mi traje de baño.


You think I'm pretty

Without any make-up on

You think I'm funny

When I tell the punch line wrongI know you get me

So I'll let my walls come down, down

Berk en sí no tiene nada de atractivo. Ya lo he dicho antes, es un pueblucho sin nada de especial a pesar de que tenía bosques preciosos y una playa linda, aunque insípida. En primavera, después del deshielo, no era lo suficientemente cálida como para albergar jóvenes universitarios, ni tenía olas asombrosas o buena vida nocturna. Sin embargo, tampoco era tan impresionante como para transformarla en una playa familiar, no había tantos comercios ni actividades interesantes.

Solo era una playa plana. Pero al menos lo intentaba. Había algunos restaurantes familiares que eran buenos, un árcade que parecía congelado en los años noventa, algunos puestos de baratijas, una fuente de sodas con comida rápida congelada que no era tan mala… vamos, para una cita estaba bien.

Hoy era de esos raros días en los que Berk está soleado. Casi. No estaba despejado, sin embargo, las espesas nubes grises que solían cubrir el pueblo no estaban; en su lugar unas esponjosas, blancas e inofensivas ocupaban el cielo, algunas tan translucidas que más bien parecían vapor cubriendo parte del cielo. La temperatura daba unos aceptables 25 grados centígrados, sin embargo, la brisa se encontraba todavía gélida, como un recordatorio de que, aunque febrero esté llegando a su fin, seguía siendo febrero.

La nieve ya se había derretido, la arena gris ya se encontraba un poco seca, algo de pasto emergía de la misma. La hierba era tan alta que le llegaba a la cintura en algunas zonas de la playa. El agua debía estar helada, y la playa vacía. Solo se llenaba los días de la Regata, para ver los barcos de los pescadores, fuera de eso, la playa solo era visitada por pescadores y turistas que iban de paso, en camino al siguiente pueblo.

Era lindo de todas formas, le gustaba sentir la brisa fresca en su rostro aunque le alborotara los cabellos sueltos de su trenza floja. Miraba por la ventana a través de sus lentes oscuros, escuchando la radio de la pick up.

Este es el episodio de la playa.

Before you met meI was a wreck

But things were kind of heavy

You brought me to life

Now every February

You'll be my valentine, valentine.

Hiccup movía la cabeza al ritmo de la canción, tarareando desafinadamente, Astrid reparó en él con gracia.

—¿Qué? —preguntó Hiccup con un humor excelente, con su sonrisa torcida.

Astrid sonrió con más amplitud. — Eres un ridículo. — dijo, Hiccup solo arrugo la nariz, sin darle importancia, ella continuó hablando. —¿por qué la playa? ¿qué tramas?

Él se encogió de hombros. — Me gusta la playa, pensé que sería divertido. — de vez en cuando apartaba la vista del camino solo para verla, si se demoraba más de un segundo, ella le empujaba la mejilla, regresando su mirada al camino. No es como si hubiera demasiado tráfico o una ruta muy transitada. Aun así, no sean como Hiccup al manejar. — ¿No te gusta? Todavía podemos dar la vuelta.

—Hace años que no voy a la playa.

—¿Ni siquiera con Ruffnut y Heather? — preguntó Hiccup con genuina curiosidad. Para él, los populares, los que se encontraban en la cima de status quo, debían pasársela aquí—. ¿qué no es un lugar cool?

Astrid se rio con ganas, negando con la cabeza—. ¿La playa de Berk es un lugar cool para ti?

—Es divertida, tiene todo lo que un adolescente podría desear.

—Oh sí, hamburguesas, papás fritas y maquinas tragamonedas. Todo lo que un adolescente de los ochentas podría desear.

—Oye, suena a una buena cita. — se encogió de hombros, pensando por una fracción de segundo que tal vez a ella no le gustaría hacer este tipo de cosas con él. Sin embargo su corazón pareció repararse cuando la vio encogerse de hombros igual, de forma aprobatoria.

—Suena a algo divertido, igual el día está estupendo—. Comentó desinteresadamente—. Es raro que en Berk haya tanto sol.

—Es por mi cumpleaños—. Alardeó él, Astrid graznó una risa—. ¿no lo sabías? Mi cumpleaños es tan importante que hace que el invierno se transforme en primavera el doble de rápido—. Encontró el estacionamiento público de la playa, no le fue difícil encontrar un espacio donde meterse, a pesar de ser un buen día para, ahora sí, visitar la playa de Berk, nadie más qué él pareció haber tenido la misma idea. Más diversión para ambos.

—Ah, claro, supongo que la naturaleza se puede poner de gala solo porque es año bisiesto—. Atajó ella, antes de darle un puñetazo amistoso. Cuando Hiccup lo vio venir, se preparó para el dolor que le ocasionaría, y se sorprendió bastante cuando sintió el puño de forma suave contra su hombro. No dolió para nada, ni un poco, es más, lo hizo sonrojarse. Las cosas se congelaron por un momento, le regresó la mirada, Katy Perry seguía sonando en la radio, diciendo más cosas empalagosas, adornando como ella le miraba, ahora con los lentes oscuros sobre su coronilla—. ¿Qué?

—¿De qué? — preguntó él, todavía extrañamente cautivado, mientras ella arrugaba la frente y trataba de no reírse por verlo así.

—Deja de mirarme así—. Sonrió, se estaba riendo bobamente, y si ella fuera la espectadora de este momento, sentiría vergüenza ajena. La misma que sentía cuando veía a otras parejas actuar así.

—¿Cómo te miro?

—Ya sabes cómo—. Ahora ella se estaba ruborizando. Oh, vamos, ella se prometió que no iba a hacer cosas como estas, apartó la mirada un momento para intentar no seguir sintiendo el picor de miles de alfileres en toda la cara, que la forzaban a sonreír y enrojecerse mas y mas—. Andando, tenemos…— ni siquiera supo en que momento la tomó de la mejilla y le plantó un beso suave, tal como había sido su golpe amistoso. Solo presionó sus labios, estático.

Duró unos segundos, como tres, la miró con intensidad después de eso, sin separarse mucho. Ella seguía confundida, pero no se quejaba por esto, al contrario, le había gustado bastante, quería besarlo ella también, e iba a hacerlo, hasta que escuchó el ladrido de Toothless desde el asiento trasero, así como un sonido agudo proveniente de Garff.

You make me

Feel like I'm livin' a teenage dream

The way you turn me on, I can't sleep

Let's run away and don't ever look back, don't ever look back

My heart stops

When you look at me, just one touch

Now, baby, I believe this is real

So take a chance and don't ever look back, don't ever look back

Ambos se rieron con suavidad. — Creo que piensa que lo estás avergonzando. — murmuró Astrid, como si no quisiera que alguien más le escuchara. Él le acarició el cabello con mimo.

—¿Ah sí? — alzó las cejas como si fuera algo serio—. Es que cree que me estoy adelantando. No estoy siguiendo lo que planeamos, ¿verdad, amigo?

Toothless volvió a ladrar, como si estuviera afirmando.

—De acuerdo, de acuerdo. — Hiccup se separó y le quitó el cinturón a Astrid, después a él mismo—. Vamos a seguir el plan en orden.

Primero, dieron una vuelta por el pasaje turístico, deteniéndose para ver las baratijas que se ofertaban por ahí, Hiccup siempre sugiriéndole a ella llevarse algo, cosa que ella negaba. Aun así, él tomaba notas de lo que parecía gustarle a la rubia, trataba de escapársele para comprarle algo, aunque ella siempre parecía saber todos sus movimientos.

Prefería jugar con él en el árcade, vamos, ¿a quién no? Astrid compró suficientes fichas para los dos (me lo debes, Hiccup, por lo del helado, ¿recuerdas?), para empezar, decidieron irse por ese juego viejo donde derribas patos (Duck Hunt), el cual parecía más una pantalla gigante con dos pistolas típicas de videojuegos.

¿Sabían que Astrid tiene una excelente puntería? Bueno, seguro que ya lo saben, pero es algo que Hiccup descubrió hoy recién. Casi nadie le había vencido en puntería, así que curioso, la llevo a otro juego parecido, pero con un poco más de dificultad: el juego de la casa embrujada, en el que vas en un carrito y le apuntas a los zombis, mientras sientes la vibración y la música, te vas aturdiendo. Contra todo pronostico, Astrid le ganó y con suma ventaja.

—¿Ya has jugado estos juegos antes? — preguntó él, impresionado y extrañamente sonrojado. Ella le sonrió, negando con la cabeza.

—No. — rio con algo de sorna y como si fingiera desagrado al juego. Los videojuegos no eran su fuerte, o al menos eso pensaba al ver a la gente jugándolos, la verdad era que jamás había tocado un control en su vida. Astrid estaba tan sorprendida como él—. Mi tío me enseñó a disparar.

La sonrisa de Hiccup se borró automáticamente al escuchar eso—. ¿Sabes disparar? — titubeó, primero que nada, estaba sorprendido por como lo dijo, se lo confesó como si le hubiera contado que cenó ayer.

—Claro que sé, mi tío es policía. —Astrid está acostumbrada al shock que produce que sepan que ella sabe disparar, la palidez se incrementa cuando ella añade que ha disparado desde un revolver hasta una escopeta. Pero no le gusta, así como su tío le dijo: era solo para defensa personal—. ¿Ese es guitar Hero?

Hiccup cayó en su trampa para distraerlo, se giró y observó el juego—. ¡Ese es buenisimo!

Ninguno de los dos es bueno en guitar Hero, creanme, aunque los dos se la viven escuchando musica, ¿saben quién sí es bueno en ese juego? Tuffnut, él se sabe todas las canciones de rock ochentero y noventero que abunda en el guitar Hero. Respecto al juego de las canastas, Hiccup tiene la ventaja por la altura y los brazos largos, sin embargo, no la llevó solo para alardear que es bueno en un juego que no tenga que ver con pantallas, sino para abrazarle por detrás y ayudarle a anotar una canasta.

Y ganarse un beso.

Bueno, dos.

Los juegos de carreras de autos fue uno en el que también tuvo que dejarse perder (por muy poco), verla reír con triunfo es una de las cosas que no sabía que amaba tanto de ella, escucharle gritar por la adrenalina inducida, incluso volvió a darle algunas palmaditas en el hombro. Astrid golpeaba con furia a los topos con ese mazo innecesariamente grande, y él le explicaba qué se tenía que hacer en Street Fighter, ambos gruñían desesperados en el donkey Kong y Astrid buscaba desconcentrar a Hiccup mientras él intentaba alcanzar la mayor puntuación.

—Ah, mira—. Señaló Hiccup, mirando la maquina de golpe. Esa que tiene una pera de boxeo y te dice que tanta fuerza tienes—. Creí que la habían quitado desde que Snotlout se rompió la muñeca.

—¿Cuántas veces Snotlout se ha roto algo? — preguntó ella, divertida por la anécdota.

—Te sorprendería. — Hiccup se arremangó la camisa de cuadros verde que traía encima de una playera gris, mostrando sus pulseras, colocó una ficha para activarla. Es una buena oportunidad para demostrarle a Astrid que de vez en cuando hace pesas y que carga veinte kilos con los ejercicios de tríceps y cincuenta en barras (bueno, casi muere, y Snotlout estuvo atento a que su primo no se estrangulara con una pesa gigante), que no era ningún pelele, ¿eso es atractivo para las chicas, no?

—¿Qué haces?

—Mira esto. — se preparó para dar su mejor puñetazo con la mano izquierda, Astrid, cruzada de brazos, miraba sin ocultar lo absurdo que le parecía la situación. Le vio apuntar, cerrar bien el puño, mover su pie hacia atrás, y pegarle con fuerza.

¡PUM!

Hiccup esquivó la pera (por poco se rompe la nariz, que susto), y vio la puntuación, ¡ochocientos puntos! ¡era más de lo que recordaba que había ganado antes! ¡cielos!

La miró con toda la ilusión del mundo, ella le beso en su mejilla y le revolvió el cabello colocándose de puntitas—. Vaya, que fuerte. — le aduló medio seductora, medio bromeando. Viendo que quedaba una oportunidad más, ella tuvo una idea. — ¿puedo intentarlo? — dijo antes de prepararse para golpear sin esperar su respuesta. Hiccup asintió de todos modos.

—Claro, ¿necesitas ayuda? —le preguntó, Astrid negó con la cabeza—. Cuidado, puede que esté un poco…

¡PUUUUM!

La máquina tembló de forma preocupante, incluso el señor encargado del árcade volvió la vista, Hiccup no pudo evitar quedarse boquiabierto mientras miraba como la maquina se volvía loca al indicar por primera vez la puntuación de mil puntos, lanzando tickets por doquier.

—Creo que con eso nos alcanzará para un buen premio. — le dijo, orgullosa. Hiccup, cautivado y todavía sorprendido, asintió.

Ya en la playa, con la temperatura más alta posible en el día (plan con maña), y habiendo ganado un peluche mediano de un dragón (¡diez mil tickets para el maldito peluche mas grande! ¿¡quién tiene tanto tiempo!?) decidieron jugar con ambos perros y dejarles darse un chapuzón, hablando de todo y nada a la vez, ella recordándole que practicaba kickboxing, que por eso sabe cómo golpear, él relatando cómicamente cuando Snotlout se rompió la muñeca.

En un punto se metieron al mar, ella usando un bikini azul que él no podía para de mirar hasta que ella le robó sus lentes de sol, o cuando le empujaba al agua, jugando, ni cuando él en venganza corría (con cuidado, con cuidado arena mojada y una pierna ortopédica no se llevan), y la atrapaba para sumergirla con él. Ni siquiera importaba que la playa estuviera vacía, o que en cierto momento ambos perros se cansaron y solo los veían desde la manta con sombrilla que se suponía que era para los humanos enamorados en el mar.

Hiccup usó la misma excusa que Astrid con las fichas para pagar la comida, es de esas comidas rápidas que venden en la playa, con hamburguesas y papas congeladas, o Nuggets congelados, o comida congelada en sí. Igual tenían tanta hambre que no les importó demasiado.

—¿Ha habido alguna vez en la que tuviste mucho miedo de caerte de la pirámide? — preguntó Hiccup con genuina curiosidad, Astrid negó con la cabeza.

—No, la verdad es que no. — estaba diciendo la verdad—. Confió mucho en mis chicas… y en Tuff, sé que ninguno me dejaría caer.

—Debe haber algo que te ponga nerviosa.

Astrid se lo pensó, colocando un mechón por detrás de su oreja, tenía que volver a hacer su trenza o terminaría con cabello por todas partes. Que él la mirara así la ponía nerviosa, pero no se lo iba a decir porque eso sería demasiado ridículo.

—Sí, ¿has escuchado de los básquets? — esta es una confesión importante, Hiccup rotó la muñeca, indicando que sabía un poco, aunque en realidad, no sabía nada—. Es cuando las chicas y Tuff me hacen volar en el aire. —le recordó, ¿acaso cree que ella se va a tragar eso de que sabe como se llaman las acrobacias?

—Ahhh, es el mega salto. — recordó Hiccup las veces en las que la hacían volar impulsándola en el aire.

—Algo así, usualmente me lanzan Ruffnut y Heather, Tuffnut se pone atrás para darme mas impulso.

—¿Cómo te lanzan?

Astrid tragó antes de responder—. Las chicas se ponen en cuclillas, ponen sus brazos frente a la otra y forman una base, que se llama canasta. —explicó lo más resumido que pudo—. Yo debo de poner un pie en la base, y mantenerme firme para no caer, luego, Tuffnut me toma de los tobillos o de mi cadera y los tres me lanzan hacia arriba.

"Una vez arriba, todo es muy rápido, sumamente rápido, tengo menos de tres segundos para realizar algún giro, o dar vueltas… o solo posar y después caer de espaldas hacia ellos, lo más derecha y controlada posible o lastimaré a alguno de ellos.

—Vaya, suena… difícil.

—Es de esos trucos que la gente piensa que son fáciles, pero no lo son. —dio un sorbo a su té helado—. Hace unos años, una chica de la escuela, la antigua capitana de hace como tres generaciones, intento hacer un Básquet con patada completa… y perdió el control. Cayó a un lado del Back Spot, le rompió el brazo y ella, la columna.

Hiccup contuvo un sonido de dolor.

—Ya sé, no pudo caminar después. Las chicas dicen que esa caída nos dio una maldición. No hemos ganado un torneo, Huh, ni siquiera ido a las regionales desde entonces… bueno, hasta ahora.

—¿Crees en maldiciones?

—Obvio no. —Astrid rodó los ojos—. Pero las chicas sí, y siempre intento convencerlas que lo que le sucedió a Torrance fue un error de concentración…

Hiccup volvió entonces a su pregunta. —¿Eso es lo que te da miedo?

Astrid dejó la papa frita que estaba a punto de morder—. Además de quedar paralitica, me pone nerviosa defraudar a mi equipo. —ahora sí la mordió, un poco más reflexiva añadió—: En especial, haciendo un básquet, el que sea, de giro, giro doble, dando patadas, en equis… todas dependen de mí, y yo de ellas, es lo que nos hace un equipo.

Hizo una pausa, era algo que jamás le había dicho a nadie. Ni siquiera las chicas del escuadrón, ni los gemelos, ni Heather lo sabían ni le tenían cuidado al momento de elevarla en los aires. Puede que le haya contado esto a Hiccup, pero faltaba una parte: no es solo con los básquets, es con los stunts, es con los giros, con los mortales hacia atrás, tanto sencillos como dobles. Estar en el aire no es el problema, es fallar.

Fallar y romperse la columna. Y ella no lo revelaría jamás, pero había una pequeña parte de ella, muy pequeña y escondida en una parte de su cabeza que le tenía algo de respeto a esa maldición.

—Yo podría ayudar, si quieres—. Hiccup interrumpió sus pensamientos cortándolos de tajo, rompiéndolos a la mitad. Se volvió confundida, por un segundo pensó que lo que quería era formar parte del equipo, se lo imaginó cargándola y atrapando la parte superior de su cuerpo, hasta que él continuó—. Soy bueno en física, puede que Viggo siempre se la pase ridiculizándome y siendo un viejo cascarrabias conmigo, pero de verdad me gusta… la física. —él notó rápidamente como ella fruncía el ceño, confundida, ¿en qué ayudarían las aburridas clases de física con esto? — Me refiero a que, bueno, hay varias ecuaciones y formulas que pueden ayudarles a que tengan menos errores. Tal vez si calculamos la fuerza de momentum que adquieres…

Astrid lo dejó hablar, ah eso. Claro que sabía sobre las formulas que la mantenían con vida todavía; no se si tú lo recuerdes, pero Astrid es la segunda de la clase (mierda, que mal suena eso), y a ella Viggo no le odiaba tanto. Sabía de las fórmulas que él decía y explicaba, pero le dejó hacer, porque le parecía lindo verle hablar de estas cosas, como si describiera algo totalmente nuevo a ella, algo sumamente raro que estaba súper contento de explicarle.

Si no fuera Hiccup, se hubiera levantado de inmediato.

Cuando terminó, Astrid asintió—. Bueno, siempre aceptamos nuevos miembros en el equipo.

—¿Eh? Oh, no, no. Yo soy un desastre bailando, tengo poca coordinación y podría golpear a alguien…

Astrid se rio—. Tu único trabajo sería verte lindo y atrapar chicas. —resumió, dejando en claro que era una broma. Miró la hora en su telefono, el invierno se está acabando, y con él, los anocheceres tempranos, en diciembre, siendo las cinco de la tarde, en el cielo parecería que eran pasadas las diez de la noche, sin embargo, ahora, a finales de febrero, el sol se había escondido un poco y se preparaba para caer sobre el agua en una hora.

No había mensajes.

—Creo que me quedo con la física teórica. — respondió Hiccup, sin poderse aún sacarse de la cabeza la idea de una porrista en el suelo del campo de futbol, agonizando sobre su columna partida en tres partes. Aterrador, hasta que recordó la siguiente cosa en el itinerario de su cita—. ¿Te gustaría ir a mi casa a ver una película?

—¿Qué tipo de película?

Se encogió de hombros—. La que tú quieras, mi padre tiene una enorme colección de blue-rays y DVD's, hay desde películas de terror hasta dramas.

—¿Comedias románticas?

—Oh sí, desde los ochentas, pasando por todas las de Julia Roberts…

—¿De Jennifer López también?

—Hay una de ella que odio, es en la que su suegra le hace la vida imposible y casi la mata con mariscos…

—¡Esa es buenísima!

—Toda su filmografía es horrible…

—La veremos, y te convenceré que esa película es divertida. —Astrid se levantó, lista para ir a la camioneta, Hiccup le siguió—. Después de eso, debes mostrarme tu comedia romántica favorita.

—¿Me estas diciendo que "Si te casas te mato" es tu comedia favorita?

—Claro que no, solo digo que es buena. — volvió a acomodarse el cabello, dándose cuenta con pesar que tendría que re hacer su trenza, pero no iba a hacerlo mientras Hiccup le siguiera mirando de esa misma manera—. Te diré qué, veremos tu película romántica favorita y después la mía.

—Déjate el pelo suelto. —no respondió a su trato, lo cual la hizo nuevamente fruncir el ceño, luego la hizo bufar y picarle las costillas.

—Ya te gustaría.


Que chasco, este cap me tomó como tres meses terminarlo. Ya andamos saliendo el bloqueo del escritor, yupi.

Me estoy yendo lento, porque quisiera darles más profundidad a este par, la verdad es que quisiera darles más contexto de lo que está sucediendo, que ustedes sepan más sobre los sueños de los personajes que se encuentran aquí y como se van relacionando poco a poco con la historia, hasta de los más secundarios (vale, no tan secundarios). Estoy emocionada por lo que se viene.

Agárrense, se viene lemon en el siguiente capitulo. Creo. No sé.

Entre otras noticias...

ADIVINEN QUIEN VIO A CHARLI XCX EN VIVOOOOOOOOOOOOOOOOOO AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA

Esta nena, mi sueño desde adolescente, no puede ser, la vi a unos metros en el festival "pal norte" Y ME FIRMÓ UNA FOTOOOOOOO AAAAAAAAAAAAAAA

Bueno, no fue en una barricada, pero conseguí su autografo, me siento la mujer mas soñada de todas, te quiero mucho Charli uwu