Después de haber leído la carta de Hagrid (toda emborronada a causa de los lagrimones que este había vertido sobre ella), Harry se lo contó todo a Ginny.

—O sea, que por culpa de ese canalla de Lucius Malfoy van a matar al pobre hipogrifo de Hagrid, ¿no?—dijo, visiblemente furiosa.

—Sí.

—Hijo de puta...—resopló, su rostro mostrando una expresión que claramente daba a entender que no había olvidado la enorme responsabilidad de Malfoy padre en los tristes sucesos del año anterior. —Se ve que no le sentó bien la humillación que sufrió el año pasado y ahora quiere vengarse.

—Eso parece—admitió Harry, derrotado.

—¿Y se puede hacer algo?—preguntó. —Hagrid es nuestro amigo, no podemos dejar que ese capullo de Malfoy se salga con la suya.

—Se puede apelar, y Ron se ha comprometido a ayudar—respondió Harry, que estaba perfectamente de acuerdo..

—No sé...—suspiró Ginny. —Ese cabrón tiene en nómina a medio Ministerio, a juzgar por lo que cuenta papá, yo no me fiaría. Ya sabes cómo las gastan allí, y cómo trataron al pobre Hagrid el año pasado.

Eso era muy cierto. No solo en el caso de Hagrid sino también en el de Sirius. Pese a que ya tenían una prueba clarísima de que Pettigrew seguía con vida, lo que implicaba claramente que habían cometido un grave error judicial con Sirius, todo seguía igual: no había noticias de que hubieran anulado la condena a Sirius, como Harry esperaba. Entonces se dio cuenta de una cosa: que Ginny no sabía nada del asunto de Sirius. ¿Por qué no compartirlo con ella? Seguro que sabría guardar el secreto. Miró si alguna de las otras personas que estaban en la Sala Común (había pocas a causa de la visita a Hogsmeade) estaba escuchando, y cuando vio que cada cual estaba a lo suyo, acercó su rostro al de la chica.

—Hay algo muy importante que te quiero contar—susurró.

—¿Qué es? ¿Es algo sobre... sobre nosotros?—dijo Ginny, claramente esperanzada.

—No, pero es muy importante, y sobre todo, es muy importante que no hables de esto con nadie, salvo con tu hermano y con Hermione, que también están al tanto.

—Soy toda oídos—dijo Ginny, visiblemente emocionada porque "su" Harry (podemos llamarlo así) compartiera un secreto con ella.

Harry le contó todo lo sucedido con Sirius. Ginny escuchó con mucha atención.

—O sea, que tu padrino no solo no mató a Peter Pettigrew sino que tampoco traicionó a tus padres.

—Así es. Según él, fue Pettigrew quien mató a esos muggles lanzando una maldición explosiva hacia atrás y luego se transformó. El problema es que si no cazan a Peter o analizan su varita, es muy difícil probarlo. Sin embargo, que Peter esté vivo debería bastar para arrojar dudas sobre la condena, pero no ha ocurrido nada.

—Confía en Kingsley Shacklebolt—le dijo para animarlo, tocándole suavemente el brazo, algo que a Harry le provocó un intenso mariposeo en el estómago. —Papá le conoce bien, dice que es un Auror muy competente. Si hay alguien que pueda ayudar a tu padrino, es él. Y no se dejaría sobornar nunca por el papá de esa cucaracha de Draco Malfoy.

—Ojalá tengas razón. Si anularan la condena a Sirius y le rehabilitaran, mi vida cambiaría mucho.

"Y sobre todo, podría pedirle consejo sobre cómo manejar esto que siento por ti", pensó, pero se cuidó mucho de decirlo en voz alta.

Sobre lo ocurrido los días y semanas siguientes no me extenderé mucho por ser bien conocido. En resumen: Hagrid estaba visiblemente destrozado y lloraba a menudo, Draco se burló de él por ese motivo (ganándose un PUÑETAZO en la nariz de parte de Hermione (1)), Hermione se comportó de un modo un poco raro (el puñetazo a Draco, el olvidarse de una clase de Encantamientos, el replicarle a la profesora Trelawney y abandonar su clase inmediatamente después), Ron no dejaba la biblioteca en sus investigaciones sobre algo con que ayudar a Buckbeak (Ginny, a quien le gustaban mucho los animales, estaba a menudo con él) y Oliver Wood apretaba mucho con los entrenamientos. Y es que aunque hubieran perdido el primer partido, los resultados de los partidos posteriores les daban una oportunidad, pero era necesario que ganaran por una diferencia de goles importante.

Un nuevo elemento a tener en cuenta fue la presencia de Ginny en los entrenamientos. Días después de que Buckbeak fuera condenado a muerte, Fred había sugerido a Oliver Wood que le hicieran una prueba.

—Pero ya tenemos el equipo completo—objetó Wood. —Y el año que viene el único puesto que quedará vacante es el mío, o sea, el de Guardián, y ella no vale para este puesto.

—Bueno, pues que haga de equipo rival—replicó Fred. —Que haga de cazadora o de buscadora según haga falta. Así el entrenamiento será más realista.

Oliver Wood se quedó muy pensativo. Miró a Ginny y asintió.

—¿Te parece bien eso que ha propuesto tu hermano?—preguntó Oliver Wood.

—¡Pues claro! —asintió Ginny con entusiasmo.

—A ver qué tal te las arreglas

Y lo cierto es que se las arregló muy bien. Ginny pasó la prueba con gran brillantez, tanto para cazadora como para buscadora. Wood lamentó que no tuvieran un hueco para ella, ni ese año ni el siguiente, pero a Ginny no le importaba.

—Con tal de sea estar cerca de su amado, lo que sea—se rió Fred, ganándose un manotazo de su hermana.

Mis lectores y sobre todo mis lectoras se alegrarán de saber Ginny se integró rápidamente en los entrenamientos. Fred y George al principio se mostraban reacios a lanzarle bludgers cuando hacía las veces de cazadora del equipo rival, pero la niña amenazó con escribir a su madre diciéndole que los gemelos se habían burlado de ella, y aquello fue más que suficiente para convencerles, para diversión de Harry. Otras veces entrenaba como buscadora, y Harry, aunque la vencía siempre, admitió sin problema que era una dura rival, algo que complacía mucho a la niña. Aparte, durante las pausas del entrenamiento, la hermana pequeña de Ron les hacía reír a todos con sus bromas, con sus imitaciones (su imitación de la profesora McGonagall fue especialmente aplaudida) y con su entusiasmo y jovialidad en general. Que contrastaban con su actitud cuando intentaba hablar con Harry a solas. Sí, algo le decía, pero Harry notaba que no estaba cómoda y que de vez en cuando reaparecía la tentación de mirar al suelo. Aquello le entristecía. Porque por un lado Harry se sentía cada vez más atraído por la Ginny que veía en los entrenamientos, pero desgraciadamente esa Ginny parecía desaparecer en cuanto salían del campo. No estaba seguro de cómo actuar, pero sí tenía clara una cosa: que no debía presionarla a ir más lejos por mucho que ella le gustara (porque eso era lo que pasaba). Primero debía sentirse cómoda, y estaba claro que ese no era el caso. Hagrid, un día que pudo hablar con él, aprobó sin reservas esa actitud, y le recordó que Ginny tenía que superar lo ocurrido el año pasado.

—Es una buena chica—dijo. —Es una pena que ese bribón de Sirius Black tenga que seguir escondido, seguro que él te daría algún buen consejo, era increíble con las chicas.

—¿No se suponía que Black traicionó a mis padres y mató a trece muggles?—preguntó Harry, fingiendo extrañeza.

—¡Ah, claro, no lo sabes!—exclamó Hagrid dándole una palmada en la espalda. —Resulta que están revisando el caso de Sirius y tienen indicios muy sólidos de que el que traicionó a tus padres no fue él sino Peter Pettigrew, el mismo que intentó matarte hace unos días. Y yo me lo creo, le conocía bien y desde luego el Sirius Black que yo conocía antes se habría tirado de una escoba a quinientos metros de altura que traicionarles. ¿Sabes? Casi habría preferido que fuera cierto eso de que hizo volar a Pettigrew en pedazos.

—¿Y qué pasa con los muggles a los que se supone que mató?

—Por lo que me se ve, intentó matar a Peter, pero falló y el hechizo mató a trece muggles. Lo primero no es que me importe mucho, pero por otra parte, Sirius podía ser terrorífico cuando se enfurecía, y parece que aquí se le fue la mano—Hagrid bajó la mirada. —Pero si alguien me da una versión alternativa de lo que ocurrió yo la aceptaré sin dudar. Sobre todo si eso supone que le rehabiliten y pueda ejercer de padrino, como quería James.

—¿Echas de menos a mi padre?—preguntó Harry.

—Tanto que duele—Hagrid, que estaba muy sensible, sollozó. —Recuerdo como si fuera ayer las visitas que él, Sirius Black y Remus, quiero decir el profesor Lupin, hacían a mi cabaña. Eran tan amigos míos como tú, Ron y Hermione. Grandes hombres, los tres. Aunque creo que el mejor es Lupin, por el modo en que sobrelleva su condición.

—¿Qué condición?

—¡No debí decir eso, no debí decir eso!—exclamó Hagrid, claramente horrorizado de haber hablado más de la cuenta. —Vete, tendrás mucho que estudiar.

Finalmente, entre unas cosas y otras, llegó el gran partido de quidditch, Gryffindor contra Slytherin. Como todos sabemos, el juego fue excepcionalmente brutal, pero al final, Harry logró derrotar a Draco Malfoy y coger la snitch en el momento apropiado, cuando Gryffindor tenía la ventaja suficiente para ganar el campeonato. Todos le felicitaron, y Ginny se mostró más entusiasta que nadie. Casi sin darse cuenta de lo que hacía, Harry le dio un abrazo tan fuerte que la levantó del suelo. El efecto fue, más o menos, como si Ginny hubiera recibido el beso del dementor (y unos cuantos codazos y risitas por parte de Fred y George), pues se quedó inmóvil en el sitio, tanto que Hermione tuvo que sacudirle un poco para que reaccionara. Pero Harry no se dio cuenta, desafortunadamente. En vez de eso, se fijó en la guapísima buscadora de Ravenclaw, Cho Chang, que también le dio la enhorabuena.

Llegaron los exámenes, que como sabemos, Harry pasó sin dificultad, Ron con algo más de dificultad, y Hermione con brillantez, salvo en Defensa contra las Artes Oscuras, donde un boggart con la forma de la profesora McGonagall diciéndole que había suspendido la afectó mucho y la hizo sacar peor nota. Pero en el examen de Adivinación ocurrió un extraño incidente. Harry había vuelto al aula para recoger algo y vio que la profesora Trelawney tenía una extraña expresión en su cara, y habló con una voz que no era la suya diciendo:

"Sucederá esta noche. El Señor Oscuro se encuentra solo y sin amigos, abandonado por sus seguidores. Su siervo, que ha permanecido oculto doce años antes de ser desenmascarado, huirá y partirá a reunirse con su señor. El Señor Oscuro se alzará de nuevo con la ayuda de su siervo, más grande y poderoso que nunca antes. Esta noche...antes de medianoche...el siervo partirá...a reunirse...con su señor".

Pero cuando Harry quiso pedirle más detalles, la profesora recobró su expresión habitual y pareció haber olvidado todo. Harry, entonces, se marchó. ¿Qué quería decir aquello? Hermione le dijo que no se preocupara, que no eran más que tonterías. Pero Ron no lo veía tan claro. Ese "siervo oculto doce años", ¿se refería a Pettigrew? ¿Significaba eso que Pettigrew ayudaría a Voldemort a regresar? Entonces Harry se dio cuenta de que no sabía qué había sido de Pettigrew desde su tentativa de asesinato. Decidió que ya lo hablaría con Dumbledore, porque ahora tenían otra preocupación, y era esta: que, como le contó Hermione, Buckbeak había perdido la apelación, y esa misma noche ejecutarían al desdichado hipogrifo.

Esa noche, cubiertos por la Capa, visitaron a Hagrid. Hagrid no estaba nada satisfecho de verles ahí, temía que se buscaran un lío, y les despidió cuando vio acercarse desde el castillo a Dumbledore, Fudge, y el verdugo oficial del Ministerio, Walden MacNair. Pero cuando se disponían a irse, Crookshanks gruñó y se le erizó el pelo, y una rata apareció por debajo de un mueble y echó a correr, saliendo de la cabaña.

—¡Cógelo Crookshanks, es Pettigrew!—gritó Hermione, que reconoció a la rata.

Los tres amigos y el gato se pusieron a perseguirle.

—¡No dejéis que se lo coma!—pidió Harry. —¡Lo necesito vivo para probar la inocencia de Sirius!

No era fácil perseguir a la rata en medio de tantos matorrales de brezo y hierba alta. Pero finalmente, Crookshanks se salió con la suya y logró atraparlo. Y, para alegría de Harry, no se lo comió, simplemente lo sujetó con sus garras. Ron, que tenía las piernas más largas, llegó el primero y agarró a la rata sin ningún cuidado.

—Quietecito o te meto en la boca de Crookshanks—dijo en tono amenazador, señalando al feo gato, que enseñó los dientes. —Y como intentes transformarte en humano, te machaco a hostias.

—¡Ron, mira!—gritó Harry, alarmado.

Ron miró. Ante ellos había un enorme perro negro enseñándoles los dientes. Harry lo reconoció: era Sirius. Entonces se dio cuenta de una cosa: que Sirius no conocía a Ron. Quizá incluso pensara que era cómplice de Pettigrew. Pero antes de que pudiera decir nada, el perro-Sirius saltó sobre Ron, lo derribó, lo agarró con los dientes y empezó a arrastrarlo lejos de allí.

(1) Sí, ya sé que en el libro le abofetea, pero en un libro posterior JKR se olvida de esto y habla como si le hubiera dado un puñetazo, claramente le gustó la escena equivalente de la película —¿y a quién no?—, así que me quedo con el puñetazo, y si a alguien no le gusta, que se escriba su propio fanfic.