Descargo de responsabilidad: Fate y sus derivados, no me pertenece, toda su historia y personajes pertenecen a Type moon.

Aclaratoria: Lo que está dentro de un guion es diálogo y lo que está dentro de comillas es un pensamiento o similar.


Altrouge

—¿Eh? ¿¡EN SERIO!? —Vi a la mujer preguntar, completamente excitada.

Fruncí el ceño y apreté los puños con rabia, ¿qué demonios estaba diciendo esta desgraciada? Si no fuese porque Shirou nos había contado sobre quien era esta mujer, y como no estaba relacionada en lo absoluto con nuestro mundo, pero, más relevante que esto, lo cercana e importante que era para Shirou, que hubiese tomado otras acciones.

De lo que había podido inferir de nuestra conversación, esta mujer era, con excepción de Illya, la única persona actualmente a la que Shirou podía llamar familia. Obviamente, no planeaba que eso se mantuviese durante mucho tiempo más, pero, en este momento, así era. Precisamente por su juventud, esta mujer no actuaba como una figura materna para él, o al menos, no una adecuada; sin embargo, era una especie de hermana mayor cariñosa, aunque irresponsable.

—S-Sí, ella es Tachie, es una vieja amiga de la infancia. —La presentó el pelirrojo entre balbuceos.

Espera…. ¿¡Que!? ¿¡QUÉ DEMONIOS!? Exclamé internamente. Giré mi mirada hacia Shirou, exigiendo una explicación, y más le valía dármela, y dámela ahora, porque si bien sabía que hacer una escena frente a esta mujer no iba a traer nada bueno para nuestra relación, me importaba una mierda en este instante.

Parecía que mi intención asesina fue suficiente como para hacerse notar, eso, o lo había sentido a través de nuestro contrato, sinceramente, no me importaba, lo que importaba era que me miró y, antes de que pudiese hacer o decir algo, él me habló, aunque claro, no lo hizo verbalmente, sino a través de la conexión que ambos compartíamos.

«Sé que no estás feliz».

«¡Eso sería una subestimación!», contesté, enojada.

«Pero sígueme el juego, por favor, Fuji-nee no tiene nada que ver con esto, y quiero mantenerlo así. Te lo compensaré más tarde».

Fruncí el ceño y me crucé de brazos, luego giré mi mirada hacia la mocosa, y la vi con una expresión similar a la mía y con los puños igual de apretados; ella me miró, y esbozó una sonrisa incómoda, para luego asentir. Maldición, gemí internamente, si ella estaba dispuesta a guardar silencio ante esto, entonces montar una escena sería realmente perjudicial para nuestra relación. «Más te vale tener una explicación y que la compensación sea adecuada, o vamos tener problemas».

Lo vi asentir y luego se dirigió hacia la mujer, Shirou comenzó a presentarnos a todos, pero mi mente ya no estaba centrada en nada de eso, estaba centrada en esa chica, al principio, no entendía porque la mocosa estaba tan preocupada por su reaparición, pero ahora, sí que lo hacía.

La chica tenía una gran influencia sobre Shirou, surgida de su pasado conjunto. La mocosa me había contado que ella había sido su primera rival por el afecto del chico, pero, siendo sincera, no lo creí. Estábamos hablando de niños menores a la década, o cercanos a esta, así que el que comprendiesen que era el amor era simplemente estúpido, que compitiesen por él, lo era aún más, y el hecho de que la misma chica que me había dado dicha información, una década después, confundía la obsesión con el amor, no hizo más que darme asentar mis creencias. No obstante, tal vez los había subestimado, y en el caso de haberlos subestimado, ¿Qué debería de hacer? Me pregunté.

La Facción Einzbern era algo que solo atendía a la Asociación de Magos, obviamente, debíamos mantenerla mientras estuviésemos obligados a tratar con ellos, pero… ¿Por cuánto tiempo tendríamos que hacerlo? Desde el punto de vista de los magos, que era lo importante para la existencia de esta facción, la Facción Einzbern podía desaparecer luego de que se llevase a cabo la nueva guerra del Santo Grial, pues una vez que todas las cartas se revelasen, era más que probable que la Facción Einzbern fuese expulsada de la Asociación de Magos por nuestra asociación; sin embargo, no iba a negar que esto no era del todo seguro, pues, a pesar de todo, la Asociación había permitido el trabajo conjunto con otros apóstoles muertos de alta categoría, y si bien la situación de Zelretch era perfectamente entendible, considerando que había sido el mago que había salvado a la humanidad uniendo a todo el Mundo de la Hechicería y derrotando a mi padre, la situación de Blackmore estaba lejos de ser la misma, y, aun así, la Asociación estaba dispuesta a trabajar junto con este, así que no podía dar por descartado que luego de la guerra, la Asociación estuviese dispuesta a mantener a la Facción.

No, incluso si la facción terminaba siendo una farsa destinada a desaparecer, ¿lo sería también el harén? Por lo que había visto, lamentablemente, no parecía ser el caso, a menos claro, que durante la guerra la muerte tocase a la puerta de la mayoría de los miembros, cosa probable, considerando que era una guerra, y si bien en otras circunstancias hubiese decidido darle un empujón a la muerte en ayuda de reclamar al menos un par de esas vidas… en estas circunstancias, esas vidas eran efectivos a mi favor, de los cuales no podía prescindir, y mi objetivo estaba por sobre mis deseos personales, o al menos, la mayoría de ellos.

Al final, todo esto no era más que argumentos para una consideración: ¿Valía la pena apoyar a esta chica, o era mejor estar del lado de la mocosa e intentar alejarla? Obviamente, eliminarla estaba fuera de cuestión, pues no solo era una amiga de la infancia del chico con mucha influencia sobre este, sino que también era un efectivo importante, estábamos hablando de que, de jugar bien nuestras cartas, tendríamos a uno de los Caballeros de la Mesa Redonda de nuestra parte, y no a uno cualquiera (si es que se podía decir que había "cualquieras" en ese grupo), sino a uno cuya pureza era solo comprable con la de su compañero, Sir Percival, y su habilidad y poder solo comparados con Lancelot y con el propio Rey de los Caballeros.

Desde el punto de vista de la Facción Einzbern, no tenía sentido, pues esta chica no era una maga, y probablemente no podría participar de esta durante la mayor parte del tiempo, pero desde el punto de vista de la guerra, por supuesto que era bueno tenerla de nuestro lado, y considerando sus obvios sentimientos por Shirou, esa era la forma más sencilla. Desde el punto de vista del harén en sí, obviamente, no quería aumentar el número, pero, por otro lado, dudaba mucho de que ella estuviese de parte de la mocosa, al menos, estaba casi segura que la mitad de ella no lo estaría, y podría ser una aliada formidable, precisamente, por el pasado que ambas compartían. Al final, no podía tomar una decisión tan a la ligera, lo mejor sería observar que tanta influencia tenía sobre Shirou, y que tan formidable podría ser contra la mocosa.

Luego de que las presentaciones acabasen, o bueno, para la mayoría de los presentes, la mujer hizo una pregunta que dejó a Shirou ligeramente conmocionado, pero él ya estaba preparado para esta.

—¿Y Shirou, donde esta Kiri? —preguntó la mujer.

Mi pelirrojo se tomó unos segundos para responder—. Verás, Fuji-nee… —Shirou se giró hacia donde se encontraba Illya, quien dio un par de pasos hacia adelante para colocarse al lado de su hermano—. Ella es Illyasviel von Einzbern, es la hija de Kiritsugu.

—¿Eh…? ¿¡EH!? ¿¡H-HIJA!? —preguntó la mujer, quien saltó hacia atrás, como si fuese un gato sorprendido—. ¿¡Kiri tenía una hija!?

—Sí… verás, antes de regresar a Japón y de adoptarme, papá había vivido una década en el extranjero, durante ese tiempo, se casó y tuvo una hija, esa es ella, Illyasviel von Einzbern —explicó el chico—. Desgraciadamente, hubo problemas con la familia materna de Illya, y digamos que tomaron su custodia. La razón principal por la que salimos al extranjero hace unos años, fue para resolver ese problema.

—¿E-En serio? —La mujer no solo parecía sorprendida, sino también ligeramente triste, pero después de que estos sentimientos desaparecieron, ella se acercó rápidamente hacia Illya, rodeándola velozmente y analizando cada ápice de su apariencia—. ¿S-Seguro? —Luego la mujer se acercó a Shirou y le susurró en el oído—. Es decir, he oído que a los europeos les gusta estafar a los extranjeros, ¿no crees que pudieron haber falsificado algo?

Shirou estuvo a punto de responder, pero la hermanita se le adelantó—. Pues no sé si lo de ser una tribu de salvajes que muere al cortarse el cuello mientras están sentados al estilo japonés sea cierto, pero, por ella y por Rin, pongo en duda lo que me dijiste sobre que eran un pueblo respetuoso.

—¡Hey! —exclamó la rubia, molesta.

—La parte de salvajes lo acabas de agregar… —expresó el pelirrojo.

—Culpa de esta mujer —expresó Illya—, parece un gato salvaje.

—¡Hey! —exclamó la mujer, y no pude evitar ahogar una sonrisa, pues realmente lucía como un gato crispándose ante el peligro—, ¿¡Otra vez con eso!? ¿¡Te reuniste con mis estudiantes antes de venir aquí!? —gruñó la mujer.

—¿Estudiantes? —preguntó Shirou—, ¿Eres maestra?

—¡Sí! —exclamó la mujer—, pero independientemente de eso, ¿realmente eres la hija de Kiri?

La hermanita asintió—. Sé que no luzco muy parecida a él —empezó a explicar la de caballos blancos, pero la mujer con alma de tigre la cortó directamente.

—No te pareces en nada querrás decir —sentenció la mujer, pera enojó de Illya.

—Pero —siguió la albina—. Soy un calco de mi madre —completó la chica.

Y al haber dicho esto, a la mayoría de los presentes nos costó reprimir nuestras reacciones, pues, ¿cómo no iban a ser ambas iguales? Sí, a fin de cuentas, ambas eran homúnculos Einzbern.

—Bueno, en ese caso, encantada… —expresó la mujer, todavía no completamente convencida—. ¿Y Kiri? —preguntó nuevamente—. ¿No vino contigo?

Shirou bajó su mirada—. Mi padre… Verás Fuji-nee… él… él no estaba bien de salud cuando nos fuimos, él… tenía una enfermedad mortal… —expresó el chico, consternando por completo a la mujer—, esta enfermedad no le permitiría vivir más allá de un par de años, es por eso que decidió que partiésemos inmediatamente a Europa, en un último intento por reencontrarse con Illya. —Durante la explicación, la mujer pareció querer interrumpir al chico en un par de ocasiones; sin embargo, en todas las ocasiones, ella se reprimió a sí misma—. Nos tomó un tiempo localizar a su familia y planear la reunió con esta, no obstante, lo logramos hace algunos meses. Luego de reunirse con Illya, el plan de Kiritsugu era viajar a Japón y vivir aquí hasta sus últimos días, pero… la enfermedad empeoró, y papá… papá murió antes de que pudiésemos volver a Japón.

La reacción de la mujer fue inmediata; sin embargo, sinceramente, no me interesaba ver este melodrama, más importante, no creía que pintase nada en esta conversación, e incluso, me sentía fuera de lugar al observarla, así que decidí darme media vuelta, y permitirles conversar en paz. Al parecer, los otros se sentían más o menos igual, así que, salvo por Illya, todos parecieron decidir darles espacio a los dos.

Aun así, ningún otro miembro fue conmigo, y esto tampoco me importaba realmente. Había cosas más importantes que analizar antes que pasar tiempo con los otros, por ejemplo, el estado actual de Fuyuki. El invierno caía como si fuese el primer día, a pesar de que, para este entonces, debería de estar más cercano a su final, que a su comienzo; sin embargo, Shirou me había dicho que los inviernos siempre eran particularmente largos en Fuyuki, al escuchar esto, me pregunté si tenía que ver con el constante drenado de las líneas ley de Fuyuki por el ritual de la Guerra del Santo Grial, si ese era el caso, entonces este invierno duraría aun más que los anteriores, porque la línea ley de esta tierra estaba tan debilitada que, incluso, me costaba sentirla. Dicho esto, había algo extraño en esta ciudad, pues, esta se podía considerar como uno de esos puntos donde el planeta podría considerarse como "herido", por ende, es uno de esos lugares donde el grain podría llegar a manifestarse desde la herida causada hace diez años y, sin embargo, por lo que podía ver, esto no había ocurrido durante la última década. La ciudad carecía de una tierra fértil, sí, pero, aun así, el Grain no había hecho acto de presencia.

«Que extraño…», pensé internamente.

Después de darles un tiempo, decidí volver al lugar de reunión, en el cual ya estaba reunido el resto del grupo. Fue entonces cuando me di cuenta de algo, y me acerqué a los autos que habían venido a recogernos—. Oye… —le pregunté a Rin, quien me devolvió la mirada—. ¿Quién es realmente? —pregunté señalando a la profesora.

—Tengo entendido que los Fujimura son parte de la yakuza de la ciudad —me respondió la rubia también en susurros.

—¿Ya qué? —pregunté.

—Yakuza, es decir, mafia japonesa —me contestó.

—Oh… —No era la primera vez que viajaba a Japón, pues, durante una vida milenaria, había tenido tiempo para todo; no obstante, a diferencia de con Europa, a la cual podía decir que la conocía como la palma de mi mano a lo largo de los últimos mil años, no podía decir lo mismo del resto de continentes, si bien no era ajena a ninguno de ellos, mi conocimiento era mucho más limitado, más aún cuando se trataba de términos de Japón, un país de Asia Oriental.

Luego de que las presentaciones terminaron, abordamos los autos que vinieron a recogernos, en el transcurso del viaje, no tuve muchas ganas de hablar, al contrario del tigre humano con el que compartía el viaje, producto de esto, Shirou también hablaba bastante, así como Illya, además, la mocosa se internaba también de vez en cuando en la conversación, a veces obligando a su hermana, lo mismo que hacía la mujer con Tachie. Los menos conversadores del grupo éramos Sieg y yo, por mi parte, porque no estaba de humor, y por parte del homúnculo, simplemente estaba demasiado conmocionado al ver una cultura completamente diferente a la que estaba acostumbrado, algo que no había podido hacer hasta ahora por culpa de la misión.

Ahora que lo analizaba, Japón había cambiado bastante desde la última vez que había visitado al país. Sobretodo por esas grandes torres de comunicaciones qué estaban por todos lados. Por demás, los anuncios brillantes ubicados en muchos sitios también eran bastante llamativos, dándole un aspecto diferente a los edificios, comunes en todos lados. Lo que no parecía haber cambiado, eran los edificios más tradicionales, lo había podido comprobar al ver un par de templos qué habíamos dejado atrás durante nuestro recorrido.

Luego de atravesar el primer distrito por el puente y llegar al distrito más antiguo, subimos por una colina, hasta una intercepción. Rin hizo el amargo de querer separarse del grupo, pues su casa quedaba en la dirección opuesta a la que habíamos tomado, aunque la posibilidad de un banquete preparado por Shirou la hizo reconsiderarlo. Por un momento, me pregunté si esto era una estrategia de Shirou, pues, nadie podía mantenerse de mal humor después de disfrutar de semejante banquete, aunque, si creía que se iba a salvar solo por eso, estaba equivocado.

Por otro lado, la casa era de las cosas que me había llamado la atención, pues su estilo era completamente japonés, y, por ende, completamente diferente del estilo europeo, por otro lado, también era sorprendentemente grande, no teniendo mucho que envidiarle al Taller Marbury.

Luego de la cena, la charla se extendió durante un rato, posteriormente, despedimos a Rin, quien partió rumbo a su hogar, y, un poco más tarde, a Taiga, o como Shirou la llamaba, Fuji-nee. Luego de esto, Shirou nos mostró el interior de la residencia, asignándonos habitaciones a todos, y, finalmente, el grupo se dispersó… más o menos, Sieg y Ayaka lo hicieron, mientras que la mocosa, Shirou, Tachie, la hermanita y mi persona, permanecimos en la cocina-comedor.

—¿Y bien? —pregunté—. ¿Vamos a hablar de lo obvio o creías qué se me iba a olvidar solo por la cena? —Shirou se encontraba en la cocina lavando los platos, mientras que yo me encontraba sentada alrededor de la mesa, pero estaba segura de que él podía escucharme.

—Sinceramente, tenía pocas esperanzas, aunque no nulas —me contestó, luego de girarse hacia mí—. Pero yendo al grano, decidí seguirle el juego a Tachie porque era la mejor opción.

—¿La mejor opción? —preguntó la mocosa, también con el ceño fruncido—. ¿Cómo puede ser una mentira la mejor opción?

—Lo hablamos durante nuestro viaje en el tren —contestó el pelirrojo—. No puedo decirle a Fuji-nee qué estoy saliendo con varias chicas al mismo tiempo, tampoco puedo presentar a Illya como otra cosa diferente que no sea mi hermana —dijo, provocando un puchero en la albina, aunque esta no contraargumentó—. Y en cuanto a ustedes dos, ninguna quiso dar su mano a torcer, por lo que, concluimos que ninguna de las dos se presentaría como mi novia. —Luego, el chico se cruzó de brazos—. Cosa que ustedes ignoraron a la primera oportunidad…

—En mi defensa —comenté—. Solo lo intenté después de que vi que la mocosa no respetaría nuestro acuerdo.

Shirou dio mi defensa por válida, y luego se giró hacia la mocosa, quien me miraba con claro enojo y con el ceño fruncido, pero no pudo mantener su mirada mucho tiempo, pues le debía respuestas a su amado. Giró su mirada hacia el chico y, al ver que él la estaba mirando con la misma intensidad que ella me miraba a mí, bajo su mirada.

—Yo… —Sajyou jugueteó con sus dedos y vestido, sin saber que decir—. ¡Ah, bien! ¡No pude contenerme! —expresó ella, haciendo un puchero, como el de la hermanita, y si no fuese porque ella era un posible candidato a Mal de la Humanidad, diría que era adorable—. Pido perdón…

—¿Lo planearon? —pregunté, por mucho que me gustaba verla regañada, necesitaba respuestas.

—¿Mm? —exclamó el chico.

—El que ella se presentase como tu novia, ¿lo planearon? —Volví a preguntar.

Él negó con su cabeza—. No, solo seguí la corriente.

—¿Algo qué quieras decir? —pregunté, pero esta vez, no hacia el chico, sino hacia la otra pelinegra en la habitación.

Ella, quien había permanecido en silencio durante toda la conversación, vio como todas las miradas se dirigían hacia su persona—. Yo… no lo sé.

—¿Disculpa? —pregunté.

Ella suspiró y después me miró fijamente—. No lo sé, no tenía planeado decirlo ni mucho menos, de repente algo me impulsó y, cuando pude razonar lo que había hecho, ya había dicho las palabras.

—¿Oh? ¿Y qué fue eso que te impulsó? —pregunté, escudriñando—. A fin de cuentas, lo que impulsó a la mocosa, es su obseci- cof, cof, digo, su amor por Shirou —corregí, al sentir las dagas en mi espalda, metafóricamente hablando—. Lo mismo me sucedió a mí. —Tachie se quedó completa en babia, mirando hacia el horizonte, sin responderme—. ¡Hey!

—¿E-Eh? —exclamó, saliendo de su ensueño—. ¿S-Sí?

Fruncí el ceño y apreté los puños—. No me respondiste…

—Oh… eh, de nuevo, no lo sé —me contestó—. Intenté meditar para conseguir una respuesta, pero… no es tan sencillo.

Suspiré internamente, si él no estuviese presente, le preguntaría directamente si le gustaba Shirou, pero tal falta de sutileza no me haría ningún bien, al menos, no por ahora…

—¿Tiene que ver con tu condición? —preguntó el chico, e, inmediatamente, quise golpearme en la cara, ¿En serio era eso lo primero que se le venía a la cabeza? Luego recordé que estos dos no se habían visto desde hacía casi una década, y que cuando esta chica pudo haber tenido y demostrado dichos sentimientos, Shirou tenía diez años, y si actualmente podía ignorar olímpicamente los sentimientos de las demás a fin de centrarse en sus objetivos, no quería saber cómo era él en el pasado, cuando las hormonas no habían entrado en acción.

Para mi sorpresa, la chica se quedó pensativa, ¿realmente se lo estaba pensando? Si ese era el caso, entonces, o Shirou parecía tener más crédito del que originalmente le daba, o, por otro lado, la chica todavía no tenía claro sus sentimientos, y sinceramente, no sé cual era peor, o mejor.

—Tal vez… —contestó la chica—, es la primera vez que interactúo con alguien de antes de ese evento, así que podría ser una posibilidad.

—Tachi… —intervino la mocosa, para mi sorpresa—, si no es muy duro, ¿qué recuerdas de aquel día?

—Mana… —dijo Shirou, con mala cara.

—T-Tal vez así podremos saber algo sobre su condición —expresó ella con los ojos de un cachorrito herido. Fruncí el ceño, ¿por qué lo preguntaba? Con sus habilidades, ¿acaso no podía saberlo de algo manera? O, ¿tal vez esta era la mejor manera de averiguarlo? O puede que tuviese otras intenciones, con esta chica, nunca se sabía.

—Bueno… recuerdo las cosas más importantes: quien soy, quienes son mis padres, y varios eventos importantes en mi vida, pero si me preguntases algo como, ¿qué hiciste hace diez años a las doce de la noche? Y si mi vida dependiese de ello… creo que sería mi fin… —respondió ella con una sonrisa agridulce—. En cuanto a ese día… tengo huecos en mi memoria, recuerdo que fuimos a un festival en el Monte Enzo, recuerdo que queríamos ver los fuegos artificiales, pero luego… mi mente está en blanco, lo siguiente que recuerdo es el techo de mi casa, y después el brillo de la Luna, luego de eso, desperté en una especie de quirófano en el extranjero, y a partir de allí, las cosas se vuelven más claras, pero prefiero no hablar de ellas.

La mocosa asintió, mostrándose dolida, aunque conociéndola, probablemente estuviese mintiendo, luego estaba Shirou, quien mantenía su ceño fruncido, pero ya no hacia la mocosa, sino hacia el suelo, pues tenía la mirada baja.

—¿Realmente no sabes qué te motivó? —pregunté, y sabía que me estaba metiendo en terreno fangoso después de la trágica historia de origen, pero quería verificar algo.

—¿En serio, Rouge? —preguntó el chico.

—No me mires así —contesté, haciéndome la indignada—, esta chica prácticamente se acaba de meter en el harén por la puerta de atrás, ¿acaso no quieres que esté preocupada?

Shirou suspiró—. Estás exagerando, es solo una mentira a Fuji-nee.

—A la única persona qué consideras familia, con excepción de la hermanita… —expresé malhumorada—, perdóname por preocuparme.

Él sonrió—. Nunca pensé que la opinión de otra persona pudiese importarte tanto —me contestó, para mi molestia—, es solo una pequeña mentira, sabes bien que se necesita firmar el contrato para poder entrar al harén, no necesitas preocuparte tanto.

—Bueno, puedo entenderla un poco —contestó Illya, para mi sorpresa—, pues ahora ella es tu novia para tu farsante hermana mayor.

Shirou sonrió cansadamente y le acarició la cabeza a su hermana—. Se puede ver que ustedes dos se van a llevar bastante bien.

Illya respondió con el ceño fruncido—. ¡Ya quisieras!

Bueno, al menos confirmé como veía el chico toda la situación, aunque la importancia de la mujer, y el hecho de que la chica nunca se disculpase por sus acciones, me daba, cuanto mínimo, mala espina.

—Además, es solo una mentira que tendremos que mantener por un par de semanas, luego volveremos a Reino Unido y todo volverá a ser como siempre —concluyó el chico—. Más importante, deberíamos descansar hoy, recuerden que mañana resolveremos todo el asunto del Daemon.

—Bueno, supongo que habrá que madrugar —expresó la hermanita.

—Yo… no creo que pueda ayudarles con eso —expresó Tachie.

—Bueno, tampoco pedimos tu ayuda —respondió la hermanita, sin darle mucha importancia.

—¿Por qué no? —preguntó Shirou, sin prestarle atención a las palabras de su hermana—. Las habilidades de Galahad nos serían extremadamente útiles para combatir al Daemon.

—Es por todo el tema de la Moon Cell —respondió ella—. Mientras mis actos llamen menos la atención, mejor. Aunque, si se encuentran en extremo peligro, intervendré.

—Bueno, tener un respaldo siempre es tranquilizador —expresó Shirou, con una sonrisa.

Me levanté, molesta por la escena que estaba viendo, y parecía que la mocosa no estaba mucho mejor que yo—. En ese caso, vayamos a acostarnos, hoy me toca dormir con Shirou.

—¿D-Dormir con Shirou? —exclamó la chica, sorprendida—. ¿D-Duermen juntos?

Sonreí—. Por supuesto, es lo que sucede cuando tienes una relación con un chico y esta ha alcanzado cierto nivel —expliqué, como si fuese algo obvio—. ¿Por qué, quieres unírtenos?

—¿¡Q-Qué? —exclamó la chica entre nerviosa y sonrojada—. ¿Q-Qué demonios estás diciendo?

Tuve que poner todo mi esfuerzo en aguantarme las risas, no solo por el nerviosismo de la chica, sino también por las expresiones tanto de la mocosa como de la hermanita, eran todo un poema.

—¿R-Rouge? —expresó Shirou, quien también tenía una expresión consternada, bastante divertida.

—¿Qué? —Me encogí de hombros—. Recuerdo que cuando Rin descubrió que dormíamos juntos, le hice una broma parecida, aunque su reacción no fue tan buena como la de todos ustedes.

Shirou frunció el ceño—. No recuerdo esa conversación.

—No estuviste ahí en ese momento —comenté, mientras le recordaba la situación, y así, entre charlas y burlas, acabó nuestro primer día en Fuyuki.


Manaka

Sé… sé que no debería de permitir esto. No debería dejarme llevar, por muy hermoso que sea. Pero, si las cosas van a acabar bien, ¿no sería una pérdida para mí negarme esta experiencia? No puedo hacerlo como lo hacen los demás, así que está es una experiencia fuera de lo común, ¿no debería de disfrutarla mientras pueda?

Abrí los ojos, me encontraba en mi habitación, no la habitación que tenia en el taller, ni tampoco la habitación en la que me había acostado en la casa de Shi-kun, en cambio, era una habitación qué no había visto en más de diez años, aunque, para ser honesta, no había estado en esta ciudad por mas de diez años.

Salí de mi cama y me coloqué mis pantuflas, era temprano, muy temprano, y el invierno todavía prevalecía, así que tirité un poco mientras abandonaba mi habitación hacia mi cuarto de baño. Me arreglé, como todas las mañanas, y luego me dirigí hacia la cocina, tenía que tenerlo todo preparado para cuando ellos tres se levantasen.

—¿Tan temprano? —Cuando entré en la cocina, me encontré con ella, una hermosa mujer de cabellos tan dorados como los míos, pero los llevaba mucho más largos, tenía los mismos ojos azules que teníamos tanto Aya como yo, pero, más oscuros que los míos, y más claros que los de Aya.

—Siempre me levanto temprano —contesté, sonriendo—, lo complicado es despertarse más temprano que tú, mamá.

—Y, aun así, hoy has hecho un maravilloso intento, hija mía —me contestó con una sonrisa—. ¿Algún motivo en especial?

—Probablemente el mismo motivo por el que Aya va a cruzar el umbral de esa puerta en… tres, dos, uno… —Y, tal y como había previsto, mi somnolienta hermanita cruzó la puerta mientras se estrujaba los ojos—. ¿Madrugadora, Aya? —pregunté.

—No tanto como ustedes… —contestó, ahogando un bostezo.

—¿Levantándote tan temprano? —preguntó nuestra madre, ligeramente sorprendida.

Aya dejó de estrujarse los ojos y se colocó sus lentes—. Siempre me levantó temprano para el entrenamiento —contraargumentó.

—Pero no tan temprano —respondí—, creo que es… ¿media hora más temprano? —pregunté, a lo que mi mamá respondió con un asentimiento.

—¿Alguna razón en especial? —preguntó mi mamá.

Ante esta pregunta, mi hermana respondió de una forma completamente diferente a la mía, sonrojándose—. N-Nada en específico.

—Hmm… —exclamó, conociendo bien a mi hermana, y no presionándola más de la cuenta, pero luego me miró a mí, exigiendo respuestas, al mismo tiempo en que volvía a preparar el desayuno, y yo me colocaba el delantal, para comenzar a ayudarle.

Aunque extrañada, mi mamá asintió—. Lava las verduras, voy a dejar el almuerzo listo para las dos.

«¿Y bien? ¿Por qué tan emocionadas tu hermana y tú está mañana?», me preguntó, esto no era una Hechicería practicada por mi madre, sino mis propias habilidades.

«Por el gran evento que tendremos el día de hoy, o bueno, lo que se deriva de este».

«¿Lo que se deriva?», se preguntó, «Creía que vuestro padre les había dicho que solo iríamos nosotros dos».

A lo que asentí. Mis padres tenían pautado para hoy un almuerzo con la familia Reiroukan, la familia Emiya, y la familia Einzbern, quienes habían venido desde Fuyuki. En cuanto a porqué no participábamos Aya o yo, bueno, en el caso de mi persona, no era la heredera de mi familia, por lo que, no se vería bien que acompañase a mis padres a una reunión donde solo asistían los lideres y herederos, y, por otro lado, en el caso de mi hermana, si bien ella era la heredera, al haber sido quien obtuvo la cresta, también heredó los circuitos de la familia, ¿qué significaba eso? Bueno, nuestra familia podía considerarse como una familia que iba al alza, así que nuestros circuitos estaban un escalón por encima del promedio, ¿eso era motivo de orgullo? No necesariamente, ¿era motivo de vergüenza? No lo era, o al menos, no lo era antes de mi nacimiento; sin embargo, luego de este, se volvió un tema delicado… complejo.

«Shi-kun viene con su padre y con su hermana, pero no participará en vuestra reunión por… motivos similares a los de Aya, y en cuanto a Lady Einzbern, no solo vendrá con sus sirvientas, también con otro homúnculo», contesté.

«¿Y eso es importante por…?», me preguntó mi mamá.

«Es la razón por la que Aya se levantó temprano», contesté.

«Oh… ¿tú padre sabe de esto?», me preguntó, frunciendo el ceño.

«Nop».

«Entonces no dejes que lo descubra, o la mandará a un colegio de chicas».

«¿Solo por un chico?», le pregunté.

«No solo por un chico, también por quien es el chico», contestó mi madre, «Si fuese un mago de una familia de un nivel similar o superior, no creo que tu padre tenga problemas, pero, al ser un homúnculo…», mi madre no terminó su oración, pero sabía perfectamente a que se refería, así que simplemente asentí, «Y lo mismo va para ti, aunque el linaje de los Einzbern es una cosa, el de los Emiya no es tan atractivo, y menos con los circuitos que tiene ese chico, así que mantenlo por lo bajo».

«¿No le dirás nada?», le pregunté.

«¿Eres feliz con él?», me preguntó, a lo que yo asentí, «Con eso me basta. Sin embargo… si pudieses darme nietos, y dichos nietos fuesen tan buenos magos como tú… digamos que no me quejaría».

Obviamente, me sonrojé, pero no le contesté, ni para negarlo, ni para confirmarlo. Luego de terminar de preparar el desayuno, tanto Aya como yo nos dirigimos a Garden junto con mamá. Las tres tomamos nuestras herramientas y comenzamos a trabajar; Garden era nuestro invernadero personal, algo así como un santuario para nosotras, nuestra madre lo había construido junto con nuestro padre durante nuestra infancia, y, dentro de este cultivábamos todo tipo de plantas, muchas de ellas medicinales, y la mayoría de estas tenían un importante uso en rituales y demás usos para la Hechicería.

Aya nos ayudaba con la mayoría de las actividades, salvo dos: la primera era el cuidado de las plantas medicinales, este tipo de plantas solían resistírseles a mi hermana, y la segunda era lidiar con el cobertizo qué se encontraba dentro de Garden, donde se criaban aves, las cuales utilizábamos como sacrificios. Aya no sobrellevaba bien el uso de sacrificios, así que, si le dejábamos el cuidado del cobertizo, este se llenaría de aves sin fin.

Garden no solo era el sueño de mi madre, sino también el lugar donde practicábamos nuestra Hechicería, siempre me pareció gracioso como las raíces de nuestra Hechicería provenían de Europa, o dicho de otra manera, de nuestra madre, lo cual contrastaba mucho con la tradición japonesa, en el sentido de que la esposa abandonaba generalmente su apellido y adoptaba el de su pareja, pero en la relación entre mis padres, fue mi padre quién adoptó el Sistema Taumatúrgico de mi madre casi en su totalidad. Por supuesto, nunca diría esto en voz alta, no fuese a herir el orgullo de mi padre, además, este también había contribuido en el desarrollo de nuestra Hechicería, a fin de cuentas, la Hechicería tiende a estar arraigada a la tierra, esto le proporciona bases sólidas, lo cual influye en su estabilidad y poder; sin embargo, como consecuencia, al alejarse de dicho territorio, dicha base se pierde, al igual que se perdía gran parte de su estabilidad y poder. Dicho de otra forma, utilizar Hechicería arraigada al continente europeo en Japón, sin que está se viese afectada en su estabilidad y poder, no era algo para nada sencillo, y allí fue donde el trabajo de mi padre radicó en gran medida, en encontrar esos puntos de unión entre las culturas, tradiciones y religiones entre ambos continentes, y el aprovecharlos para crear una nueva base que permitiese qué nuestra Hechicería sobreviviese. Esto era algo que no todos podían lograr, a fin de cuentas, a lo largo de la historia, muchas familias de Magos habían desaparecido al verse obligados a emigrar y perder su Hechicería por este mismo factor.

Realmente, solo estaba cuidando de las plantas, no estaba practicando Hechicería, a lo mucho, fingía practicarla, a fin de cuentas, salvo por autoridades divinas y ese tipo de cosas (y no todas), no había misterio que escapase de mis manos. Practicar era, en esencia, una pérdida de mi tiempo. Aún así, de vez en cuando debía de mostrar avances, así que, ocasionalmente, tomaba un par de misterios de mi familia y los perfeccionaba, de esa manera mantenía la mentira.

Luego de terminar nuestro entrenamiento matutino y el cuidado de las plantas, nos volvimos nuevamente a la cocina, en la cual ya se encontraba nuestro padre. Este, como siempre, nos preguntó como nos había ido con nuestro entrenamiento, y después de un par de respuestas vagas, comenzamos a desayunar. Nuestros padres se turnaban para enseñarnos a ambas, aunque realmente no podían enseñarme nada que ya no supiese, o pudiese aprender por mi propia cuenta.

Luego de eso, cada uno tomó su propio camino, salvo Aya, quien fue llamada por papá para recibir lecciones extras. Me devolví a mi habitación, y sinceramente, no tenía mucho que hacer, pero si fingía que trabajaba de más, tendría que entregar más resultados. Podría dedicarme a hacer los deberes, sino fuese porque, bueno, ya los había terminado, en estos casos solía hacer dos cosas: pasar el rato con mamá o con Aya, o escaparme para visitar a Shirou de alguna forma. Y, para mi desgracia, no podía realizar ninguna de las dos, porque mi mamá se estaba preparando para el almuerzo, Shirou venía en camino, y Aya estaba con papá.

Estos momentos eran bastante deprimentes, ¿podía ir con papá y Aya? Suspiré, no es que no disfrute pasar tiempo con él, pero su constante devoción hacia mis habilidades y su obsesión con alcanzar la Raíz, eran, cuanto mínimo, molestos.

Intenté matar el tiempo entre divagaciones, esperando que el tiempo transcurriese más rápido, y, para mi fortuna, así fue, el tiempo transcurrió enormemente rápido, y, de un momento a otro, escuché el "toc, toc" sonar en mi puerta.

—Pase —expresé, y mi mamá abrió la puerta y entrando en la habitación. Ella ya se encontraba arreglada para almorzar con papá, con la familia Reiroukan, y con la familia Emiya / Einzbern, aunque la mayoría de los magos de familias con varias generaciones eran tradicionalistas, mi mamá era europea, así que las oportunidades de verla con un Yukata tradicional, eran limitadas, en cambio, portaba un hermoso vestido—. Te ves increíblemente hermosa.

Ella me sonrió—. Gracias por el halago —me contestó—. ¿Algo que tengas planeado para hoy? —Hice un puchero, ella sabía perfectamente lo que tenía planeado—. Quiero saber si vas a hacer algo más específico —explicó.

Hice todo lo posible por no demostrar ni nerviosismo ni vergüenza por sus claras insinuaciones, e hice lo que tenía que hacer como buena hermana mayor para salir de este embrolló—. Pues, esperaré a que Shi-kun venga y nos pondremos al día, hace tiempo que no nos vemos. —Eso era una mentira, pero ella no necesitaba saberlo.

Mi madre se cruzó de brazos y entrecerró sus ojos, lo cual no era una buena señal—. Ya deberías de saber que sé cuándo me estás mintiendo.

Desgraciadamente, ella tenía razón, por mucho que lo intentase, no podía engañarla, a menos que utilizase Hechicería, claro está.

—Si te lo digo, ¿todavía me lo permitirías? —pregunté, y ella no me contestó—, b-bueno, Aya planea salir, así que tendré casa sola… —no dije más, no quería decir más.

—¿Aya planea salir? —me preguntó. A lo cual, asentí—. ¿Con el chico que me dijiste? —Volví a asentir—, ven…

Me acerqué y mi mamá estiró su brazo hacia mí, con las manos apretadas, pero como si me quisiese entregar algo. Por mi parte, estiré mi brazo y abrí mi mano para recibir lo que fuese que me quisiese dar. Al recibir el objeto, acerqué mi mano para poder apreciarlo y rápidamente enrojecí—. ¿¡M-Mamá!?

Ella sonrió—. Si bien no me importaría tener un nieto, o un par de nietos super talentosos, todavía soy muy joven para volverme abuela, ¿entiendes? —A lo que yo asentí, guardándome el "regalo".

Sabía que mi madre iría a hablar con Aya después de mí, así que, antes de que me dejase sola, le pedí que guardase nuestra confiabilidad, algo a lo que ella asintió. Un par de horas más tardes, mis padres abandonaban nuestro hogar para dirigirse al hogar de la familia Reiroukan, y diez minutos más tarde…

—¿Ya te vas? —pregunté, al ver como Aya entraba en la cocina con ropa de salir.

Aya asintió, ligeramente sonrojada—. S-Sí, nos veremos en Shinjuku, como no conoce bien Tokio, decidimos encontrarnos en el Edificio del Gobierno Metropolitano, ya que es un lugar fácil de identificar.

A lo que yo respondí con un asentimiento—. Me parece bien, diviértanse, recuerda volver antes que nuestros padres, y… no hagas nada que yo haría —le advertí.

—¡H-Hermana! —exclamó, incomoda y avergonzada.

Sonreí—. Solo te lo recuerdo, mantén tus lentes puestos en todo momento, a menos que necesites luchar o escapar.

—B-Bien, nos vemos más tarde. —Dicho esto, mi hermanita salió de la casa, dirigiéndose a lo que, probablemente, fuese su primera cita con un chico.

«Bien, ahora falta que él venga», pensé, con una sonrisa, «No me hagas esperar demasiado, Shi-kun».


¡RING, RING, RING!

Moví las manos efusivamente hacia donde recordaba se encontraba mi viejo reloj despertador, lo tanteé con la mano, pero no pude encontrar el botón para desactivar la alarma, finalmente, no pude contener la molestia, así que lo tomé y lo coloqué debajo de las almohadas para taparlo. Eso me permitió seguir durmiendo durante un par de minutos más, hasta que la vibración se volvió tan insoportable que ya no pude aguantarla más. Irónicamente, esto se sumó al momento en el que mi hermana abrió la puerta de mi habitación, y, para su fortuna, ella era lo suficientemente atlética como poder esquivar el reloj que había arrojado sin querer hacia ella.

—¿¡H-Hermana!?—exclamó sorprendida, mientras se movía hacia un lado, esquivando el reloj,

—¿Hmm? ¿S-Sakura? —exclamé, divisando su silueta.

—¿Volviste a arrojar el despertador? —preguntó, aturdida, mientras observaba el objeto que le había arrojado.

—P-Perdón —me excusé, al comprender lo que había hecho—. Intenté apagarlo, pero…

Mi hermana suspiró—. No es la primera, y probablemente no sea la última, vez que lo haces. Sabes que no por poder repararlo con Hechicería, significa que puedas estarlo rompiendo todos los días, ¿verdad?

Fruncí el ceño—. Sabes que lo intento, pero despertarme temprano es…

—¿Entonces porqué no dejas caer de una vez esa fachada de estudiante perfecta? —me preguntó ella, y fue entonces cuando me di cuenta de que llevaba un delantal y un cucharon, a la vez que su uniforme.

Me desperté inmediatamente al escuchar esa pregunta y me dispuse a prepararme para mi día a día—. ¡Por supuesto que no! Soy una Tohsaka.

Escuché a Sakura suspirar de mala gana—. Yo también soy una Tohsaka, por si lo olvidas… —Sakura no era conocida por ser una estudiante modelo, a pesar de tener muy buenas calificaciones, así que entendí claramente de donde vino su molestia.

—Ahora que lo dices… ¿Dejarás de mantener tu fachada de niña rica? —le pregunté, sonriendo, y devolviéndole la pulla.

Vi a mi hermana hacer un mohín—. No es una fachada, somos relativamente ricas.

Sonreí—. ¿Por qué una niña rica regatearía tanto por una joya como la ultima vez que tuvimos que reponerlas? —le pregunté, generalmente, nunca usaría este punto para atacarla, porque eso también se aplicaba a mí misma, y mucho menos con la gorila cerca; pero como nadie más que ella podía escucharme, lo consideré oportuno.

Sakura suspiró molesta, mientras cerraba la puerta de mi cuarto para permitirme vestirme tranquila—. Todo es culpa de ese sacerdote. ¿Por qué papá no dejó a mamá a cargo de la administración? Estoy segura que no estaríamos en esta situación, sino fuese por su mala administración.

Era cierto, la mala administración del falso sacerdote mermó nuestra fortuna considerablemente, sin embargo…

—Sabes que mamá nunca estuvo en disposición de administrar nada después de la muerte de nuestro padre, ni siquiera en los primeros días, mucho menos en los últimos —contesté; nuestro padre murió participando en un antiguo ritual llamado, la guerra del Santo Grial, y a partir de allí, nuestra madre nunca volvió a ser la misma. En el caso de que nuestro padre muriese, y que nuestra madre se encontrase indispuesta para administrar nuestras riquezas, se le permitió al aprendiz de mi padre, el falso sacerdote, administrarlas hasta que Sakura y yo cumpliésemos la mayoría de edad—. ¿Cómo me veo? —pregunté, luego de haber terminado de alistarme, y de salir de mi habitación.

—Excelente, casi parece que no llevas treinta minutos de levantada —Fruncí el ceño, pero decidí no seguirle el juego—. Ahora, apresurémonos a desayunar, o llegaremos tarde y tu preciosa fachada se vendrá abajo.

Suspiré, ocultando claramente mi cansancio—. No es mi culpa, estudié hasta tarde anoche…

Mientras nos sentábamos alrededor de la mesa, pude ver como Sakura fruncía el ceño—. Debe ser increíble ser una Promedio.

—Sí, lo es —contesté con una sonrisa, con ganas de volver a molestarla—, pero bueno, no es como que no tuvieses cosas que aprender, a fin de cuentas, siempre puedes utilizar el Método Gorila.

Ante mis palabras, Sakura frunció el ceño. Yo era una Promedio, podía utilizar los Cinco Grandes Elementos, mientras que mi hermana poseía el elemento de los Números Imaginarios. Esto, en general, no debería de ser un problema; sin embargo, mi hermana no solo poseía dicho elemento, sino que también lo poseía como Origen, esto la convertía en una especialista; dicha condición tenía beneficios, como ser capaz de llevar hechicerías relacionadas con los Números Imaginarios a niveles que los magos que solo lo poseían únicamente como elemento no serían capaces de hacer; pero, como demerito, no permitía el uso de Hechicería relacionada con los Cinco Grandes Elementos con precisión debido a que no tenía a ninguno de estos como alineación.

Esto podía significar el fin de la "carrera" de cualquier mago, en el caso de que la Hechicería de la familia estuviese estrechamente relacionada con alguno de estos elementos, o los limitaría al no poder utilizar los Hechizos Elementales de forma natural. Por supuesto, había formas de saltarse este problema, un método era utilizar las Runas, pues estás, una vez inscritas, producían efectos determinados, independientemente del elemento del mago, lo cual también se podía hacer mediante la Hechicería de Joyas, al producir efectos elementales mediante las propiedades naturales de las joyas. A esto me refería con el Método Gorila, el cual era el método que utilizaba la señorita O-ho-ho, la cual había sido confundida por Shirou-kun por una Promedio en el pasado, al verla utilizando las propiedades naturales de las Joyas para provocar multitud de efectos, entre ellos, efectos elementales.

Lo único malo de este método, es que tenía sus limitaciones en cuestión de poder, eficiencia y control. En cuanto a poder y eficiencia en el gasto de energía mágica, una persona que utilizase un Hechizo de su propio elemento lo tendría más sencillo a la hora de generarlo, empoderarlo y, sobre todo, controlarlo, gastando menos energía al generarlo, por ende, ahorrándose energía a la hora de empoderarlo, y más importante, un mucho mayor control, mientras que, con el uso de las runas o de las joyas, dependía puramente de la cantidad de energía en la joya, o de la energía que se utilizase en la runa. Además, también estaba el factor de control, pues, si bien las runas y las joyas podían provocar dichos efectos, un control preciso después de su generación era imposible para un especialista. De modo que, en su mayoría, en cuanto a cuestiones elementales, los efectos que Sakura podía lograr solían limitarse a cosas relativamente sencillas en cuanto a las joyas (A menos que quisiese gastar una mayor cantidad de estas, cosa que no podíamos permitirnos), por otro lado, si intentase aprender runas, podría ampliar los efectos mediante combinaciones, aunque esto traía su propia rama de problemas. La Gorila podía utilizar método con más soltura que mi hermana, pues ella tenía el Elemento Tierra, estrechamente relacionado con las joyas, y su dificultad para realizar hechizos elementales de otros elementos era menor, al no ser una especialista, además, debido a su mejor economía, tenía una mayor manga ancha a la hora de gastar.

—No se porqué te molesta tanto —expresé—. Es cierto que tu condición como especialista limita buena parte de nuestra Hechicería, a fin de cuentas, las Joyas y sus propiedades están intrínsicamente relacionadas a la naturaleza, y a los Cinco Grandes Elementos; sin embargo, gracias a tu condición, estás explorando una nueva rama de la Hechicería de Joyas nunca antes explorada en nuestra familia, en resumen, estás contribuyendo enormemente a nuestro legado.

Sakura suspiró—. Me pregunto si eso es verdad… Incluso si puedo crear nuevas formas de Hechicería no registradas en nuestra familia, por mi propia condición, solo yo podría utilizarlas.

—Eso no es del todo cierto —contraargumenté—, es verdad que, probablemente, nuestros descendientes no puedan llevar dichas Hechicerías al mismo nivel que tú, pero algún descendiente con elemento de Números Imaginarios sin duda agradecerá tus esfuerzos.

Ella finalmente esbozó una pequeña sonrisa—. Gracias por los ánimos, hermana.

—Por algo soy tu hermana mayor, ahora vámonos, o llegaremos tarde —expresé, levantándome de la mesa.

—Llegaremos tarde únicamente para una estudiante modelo… —suspiró Sakura.

Caminamos por la nevada Fuyuki, los inviernos eran relativamente largos en esta ciudad, pero incluso contando con ello, este era especialmente largo.

—Extrañaré esto cuando nos vayamos —dijo casualmente mi hermana, mientras caminábamos hacia la academia Homurahara.

—¿Te has decidido? —pregunté.

Mi hermana asintió—. Como estoy explorando una nueva rama de nuestra Hechicería, la mayoría de las cosas que tenemos en casa no me ayudarán a prosperar, creo que en la Torre del Reloj obtener información y desarrollar nuevas formas de Hechicería será mucho más sencillo. —A lo que yo asentí—. ¿Ya has convencido a Emiya-kun para que nos acompañe?

Suspiré al escuchar su nombre—. Creo que he conseguido llamar su atención. —Luego fruncí el ceño—. Sin embargo, ese idiota es en extremo cabeza dura.

—Fu fu —la escuché burlarse—. Tiene muy claros sus objetivos, y la Hechicería no le llama particularmente la atención, incluso siendo tu pupilo.

—No lo digas como si fuese una maestra incompetente —contesté—. Le he enseñado lo que he podido, pero su situación es más compleja que la tuya, al menos tú tienes un elemento y origen relativamente normal, él, por otro lado, tiene elemento y origen Espada, ¿qué se supone que le enseñe con una predisposición tan especifica? —Al ver que Sakura estaba a punto de contrargumentar, me apresuré a negarle la respuesta más obvia—. Y sí, sé que la opción más obvia es enseñarle algo que tenga que ver con espadas, pero, por si lo olvidas, nuestra Hechicería poco tiene que ver con estas, salvo por tú sabes qué.

Mi hermana hizo un puchero al ver negada su intento de pulla—. Aunque no es por eso que quieres que te acompañe, ¿verdad?

—No sé qué estás insinuando —respondí, acelerando el paso.

A lo que Sakura sonrió—. ¿Segura? Debe haber otra razón por la que quieras traerlo, porque sabes perfectamente que a Shirou poco le interesa la Hechicería.

Asentí, de mala gana—. Lo sé, pero es un especialista, uno con circuitos mágicos especializados, eso significa que tiene un talento extraordinario en un área específica, y simplemente no puedo ver una joya sin pulir desperdiciarse, así como así.

—Si tú lo dices…

—¡Oh! ¡Pero si son las gemelas Tohsaka! —Reconocí esa voz de forma inmediata, era la voz de Ayako Mitsuzuri, la capitana del club de arquería, y una de las pocas personas a las que podía considerar una rival en algún sentido.

—Realmente no te cansas de eso, ¿verdad? —le pregunté, girándome hacia ella.

Pude ver una amplia sonrisa contestándome—. No mientras te siga molestando.

—No me molesta —contesté—, o al menos, no directamente. El problema surge cuando otras personas te escuchan y después se lo creen, lo cual me fuerza a aclarar el malentendido —expliqué.

Mitsuzuri-san tenía la tendencia a llamarnos a Sakura y a mí, gemelas. Cosa que era entendible hasta cierto punto, debido a lo mucho que nos parecíamos. Teníamos el mismo color de cabello negruzco, los mismos ojos azules, la misma tez, lo único que nos diferenciaba era… no lo hice, no los miré, lo había hecho una vez antes frente a Mitsuzuri-san, y ella había captado rápidamente mi molestia, y por supuesto, no dudo en burlarse de ello, cosa que Sakura también aprovechó, ¿por qué? ¿Por qué tenía que haber tanta diferencia en eso? Una diferencia de ocho centímetros… Al menos Sakura no los usaba para molestarme… mucho, pero, desgraciadamente, ese no era el caso de nuestras primas, o bueno, de una de ellas. Luvia siempre me molestaba con la misma estúpida broma—: bueno, tres de cuatro no es un mal numero de herencia de genes. Y antes de que intentes contraargumentar, estoy seguro que no heredaste nada en ese apartado, porque si nuestra genética hubiese estado mínimamente presente, al menos tendrías un busto mínimamente decente, digamos… al menos por sobre los ochenta centímetros.

Negué con mi cabeza internamente, alejándome de sus molestas palabras. Nada del extremo parecido entre Sakura y mi persona era coincidencia, sino el producto de las acciones de mi abuela, antigua heredera Edelfelt, quien nos había legado sus misterios, algunos, de forma inmediata, como lo fueron los hechizos, mientras que otros tuvieron que cultivarse y asentarse dentro de nuestra familia durante un par de generaciones, como lo fue el atributo, Hermanas, la razón por la cual Sakura y yo habíamos podido convertirnos ambas en herederas. Desgraciadamente, este misterio solo se había desarrollado durante un par de generaciones en nuestra familia, así que estaba lejos de mostrar el mismo nivel de estabilidad que el de nuestras primas, esto se podía ver por el simple hecho de que Sakura y yo éramos tan parecidas como gemelas, pero no lo éramos realmente, y que, en la generación anterior, mi padre no había tenido hermanos, por la poca probabilidad de que el misterio permitiese una herencia doble. Dicho misterio trabajaba sobre la base de los gemelos, y como Sakura y yo no lo éramos, nos trajo complicaciones adicionales, pero al menos era lo suficientemente estable como para permitirnos convertirnos ambas en herederas de la familia.

Nuestro día transcurrió como siempre, salvo por una cosa, por alguna razón, Emiya-kun no había asistido a clases, cosa que pude enterarme debido a la ruidosa profesora de inglés, quien era muy cercana a este. Esto me pareció realmente extraño, pues ese chico era el tipo de persona recta y cabezadura, así que no podía imaginar algo que lo hiciese faltar a clases… más allá de, tal vez, la herrería.


Altrouge

Hmm… odiaba las mañanas. Sobre todo, el tener que despertarme temprano, ¿hmm? Estiré mis manos intentando encontrarlo, pero al parecer yo era la única que se encontraba en la cama.

«¿Se levantó para hacer el desayuno tan temprano?», con él, esto tampoco era algo extraño, bueno, realmente lo extraño era que hiciese el desayuno, es decir, ambos metabolizábamos la sangre mejor que cualquier alimento, así que un desayuno era, cuanto mínimo, innecesario. No obstante, luego recordaba que se trataba de su cocina, y entonces dejaba de verse como algo innecesario, y se convertía en una prioridad.

Sabiendo esto, me levanté poco a poco, estiré mis brazos hacia arriba y me estrujé los ojos para desperezarme. Hacía tiempo que no estaba en un verdadero castillo, pues lo más cercano había sido los edificios de la Torre del Reloj.

En un asiento de la habitación, se encontraba Fou, descansando. Él no había estado allí anoche, así que debió de entrar en algún momento posterior. Sinceramente, a mi me molestaría que me despertasen a esta hora, así que decidí dejarlo descansar, a fin de cuentas, Shirou siempre le guardaba su parte.

Después de arreglarme, salí de mi habitación. Caminé por los pasillos mientras observaba el exterior, en este, un bosque oculto entre las montañas se hacía presente, un lugar de extrema dificultad para su acceso, de modo que la humanidad lo tenía difícil para encontrarnos. E incluso si lograban, había cientos de defensas qué les impedirían entrar, o en su defecto, salir.

Entre estas defensas, pude ver un escuadrón de apóstoles de cuarto rango, eran los más débiles dentro de las fuerzas del castillo. En cuanto a los más fuertes, obviamente, estábamos los Ancestros, pero también había apóstoles del quinto rango en adelante, el único rango que faltaba, era el octavo rango. Esto se debía una suma de factores, en un inicio, al declive de los veintisiete a lo largo de los siglos, lo que nos forzó a aceptar a cualquier ser que pudiese soportar una Idea Sanguínea, o incluso llenar los puestos vacíos con seres que no la poseían, pero eran lo suficientemente fuertes como para imponer respeto y eran similares en cuanto a ciertos atributos, como había sido el caso de Fou. Luego se unieron múltiples factores durante las décadas más recientes: las constantes luchas entre nuestras facciones, el ritual de Aylesbury y sus consecuencias, y el fortalecimiento de la Iglesia, la cual había estado fortaleciéndose durante la última década, la cual, en los últimos meses, parecía haber sufrido una revolución interna, y, para nuestra desgracia, esta estuvo lejos de ser una oportunidad para debilitarla, todo lo contrario, un nuevo poder se estaba moviendo dentro de la Iglesia, uno peligroso.

En tiempos de mayor bonanza, llegaron a haber hasta dos Sucesores por Ancestro, mientras que en la actualidad, habían Ancestros sin Sucesores, como lo éramos Strout y yo, ambos por razones diferentes, a mi nunca me había interesado tener Sucesores, más allá de la posibilidad de tener un posible cuerpo de repuesto, en caso de algún por menor, por eso, inspirada en los Verdaderos Ancestros, alcé a un par de ellos en el pasado, desgraciadamente, mis creaciones dejaron mucho que desear, lo dual era irónico, e incluso molesto, pues debido a esto, en cierto punto, llegué a comprender a mi padre, y por eso, no pude despreciarlo por considerarme un fallo, pero si renegué de él. En cuanto a Strout, siempre había tenido Sucesores únicamente por cumplir con la normativa de la organización, porque, con su Principio, su maldición, él dudaba mucho que alguna vez los necesitase. De mis guardaespaldas, solo Fina tenía un Sucesor, y eran pocos los podían decir que tenían dos, como era el caso de los Rozay-en.

—¿Madrugadora? —giré mi mirada hacia donde venía la voz, allí se encontraba él, sentado alrededor de la mesa de banquetes, con una tasa de café y leyendo un… ¿periódico? Parecía ser el caso—. Nos es común en ti, Princesa. El chico te ha mal influenciado, ¿no lo crees?

—Solo sé que, mientras más temprano me levante, más rápido podré desayunar su comida —contesté, para luego preguntarle—. ¿No llegaste tu también a esa misma conclusión?

El hombre bajó su periódico, el cual escondía un plato vacío, y esbozó una ligera sonrisa. Strout era… complicado de describir, no podía decir que lucía joven, al mismo tiempo en que tampoco podía decir que era alguien viejo, era el tipo de hombre que no sabias si estaba en sus treinta, en sus cuarenta, en sus cincuenta, o en algún punto entre estos, tenía el cabello negro con mechones blanquecinos, pero si eran canas o el efecto de algún hechizo o de algo por el estilo, me era desconocido, tenía una tez ligeramente bronceada, de rasgos cuadrados y europeos, cualquiera podría decir que había nacido en el viejo continente, pero probablemente nadie podría decir en que parte de este. Todo esto se debía a que era un Anciano, y no me refería a su apariencia, sino a su longevidad, era alguien que vivió antes de que las actuales denominaciones entrasen en vigor, un monstruo sobreviviente de la Era de los Dioses, y uno de los pocos Ancianos dentro de los veintisiete.

—Debo admitir que, aunque he probado la cocina de incontables chefs a lo largo de mi vida, el chico tiene un talento extraordinario —me contestó—. Tú parte se encuentra allí —dijo señalando a un plato cubierto por un paño.

—Y hablando de él, ¿Dónde se encuentra? —le pregunté, mientras tomaba el plato y me sentaba a desayunar—. A esta hora todavía estarías rompiéndole la cabeza.

—Entrenando, querrás decir —me corrigió.

—¿Conoces alguna otra forma de entrenar que no sea rompiéndole la cabeza a tus discípulos, por casualidad? —le pregunté—. Porque, en ese caso, quiero preguntarte porque demonios me enseñaste de esa forma.

Strout era un maestro de la espada, no por nada era conocido como el Caballero Negro y manejaba una espada maldita, y también había sido mi "tutor" en el arte de la espada. Desgraciadamente, su vocación como maestro no era la mejor, o, dicho de otra forma, era el tipo de persona que solo te podía enseñar a golpes, nunca mejor dicho, así que sus lecciones se resumían en tener duelos y que aprendieses por la mala lo que pasaba si hacías mal las cosas, obviamente, él señalaba tus defectos y podía dar consejos con el objetivo de ayudarte a mejorar, pero solo lo hacía una vez que los cometieses y recibieses el correspondiente castigo.

Como dije, mi habilidad para blandir una espada venía principalmente de los muchos espadachines a los que me había enfrentado, y entre estos, Strout había sido una de las mayores fuentes de conocimiento que había tenido, bajo su mano, o mejor dicho, su espada, me convertí en una combatiente poco más allá de lo competente, al menos, a sus ojos, lo cual no era poco; dicho de otra forma, no soy una maestra de la espada, entendiéndose como maestra a esos dementes que parecían haber nacido con una espada en mano, como Lancelot, etc. Pero no sería derrotada fácilmente por combatientes que no estuviesen a ese nivel.

Con Shirou había pasado exactamente lo mismo, sus lecciones podían resumirse en numerosos duelos, donde Shirou intentaba derrotarlo de todas las formas que se le ocurrían, y Strout procedía a patear su culo de todas las formas posibles, y, después de cada derrota, le explicaba porque había perdido, y le daba consejos.

—Sí, pero todas son menos efectivas qué romperles las cabezas a mis discípulos —me contestó.

—Permíteme dudarlo —contesté, con cierto cinismo—. Entonces, ¿Dónde está?

—Enfrentándose a una "invasión" del exterior —me contestó, con total naturalidad, lo cual me hizo casi escupir el sorbo de café que acababa de tomar.

—¿D-Disculpa? —expresé, aturdida—. ¿Estamos bajo ataque? —A lo que él asintió—. ¿¡Y lo dejaste ir solo!?

—Por supuesto, si no, ¿cómo va a mejorar? —me preguntó, como si fuese lo más obvio del mundo.

Ahogué el dolor de cabeza que ya empezaba a sentir, y me centré en lo importante—. ¿Quiénes son? ¿La Iglesia? —No me sorprendería que fuesen ellos, eran nuestros principales enemigos, a fin de cuentas, pero, para mi sorpresa, Strout negó con su cabeza—. Entonces… ¿Barthomeloi? —Nuevamente, él negó con su cabeza, dicho esto, solo quedaba una opción—. ¿Una facción rival?

—Técnicamente, no es una facción —me contestó—, a menos que lo quieras considerar como una facción de un solo Ancestro, titulo que le queda muy grande al mocoso, al igual que su posición.

¿Ancestro? ¿Mocoso? Casi todos los Ancestros teníamos, como mínimo, una base milenaria, era un requisito para soportar una Idea Sanguínea. Sin embargo, como Strout era un Anciano, todos los apóstoles qué no habían vivido durante la Era de los Dioses, eran mocosos a sus ojos (e incluso uno que otro que había vivido al final de esta también era considerado como tal por él), nos llamaban Advenedizos, porque sí, incluso yo estaba dentro de ese grupo. Así que no era fácil saber a quien demonios se estaba refiriendo solo por esas palabras; sin embargo, solo había dos apóstoles a los que Strout siempre había despreciado diciendo ampliamente qué su posición como Ancestro les quedaba muy grande: Uno era Enhance, el otro era Vlov, pero solo Enhance atacaba deliberadamente a otros apóstoles en solitario.

Enhance era una de esas anormalidades dentro de los Ancestros, era un apóstol muerto que no poseía una base milenaria, y, aún así, había conseguido matar a su padre vampiro y robar su maldición, eso debería de haberlo destruido, pero logró mantenerse relativamente cuerdo a pesar de eso, gracias a una fuerza de voluntad inconmensurable y a un odio igual de grande por los apóstoles, una determinación nacida del lado humano que todavía mantenía, al menos, según sus propias palabras.

Sinceramente, tenía que admitir que, o su odio lo había devorado hasta el punto de hacer esta estupidez, o se tenía mucha fe en sí mismo. Enhance no era débil, pero era débil para lo que debería de ser un Ancestro, y aún así, entre anormalidades, si tuviera que apostar por quien ganaría en una lucha entre Vlov y Enhance, elegiría a este último, a fin de cuentas, Enhance era rápido y no se retenía en cuanto a opciones a la hora de asesinar a los apóstoles, utilizando incluso una Escritura Sagrada, tenía más logros combatiendo contra apóstoles, no solo habiendo asesinado a su padre, sino también a Louvre, a quien si bien le faltaba al menos un par de siglos para poder ser considerado digno del puesto de uno de los veintisiete, todavía era un apóstol que había sido alzado por uno de los Verdaderos Ancestros, dotándolo de poderes y habilidades que normalmente no debería de poseer, además de haber sido un coleccionista tan habido como el mismo Merem, lo cual le proporcionaba una buena cantidad de artefactos mágicos para su defensa. Pero sobretodo, si escogía a Enhance por encima de Vlov, era porque, mientras que uno había estado corriendo de la locura para mantener su cordura, el otro había aplacado dicha locura con un odio e ira incluso superior a esta.

Al razonar que se trataba de Enhance, me pregunté si debía de interferir, luego de pensarlo un poco, decidí desistir, Enhance era un enemigo contra el que Shirou debería de poder luchar. Dicho esto…

Me levanté y me dispuse a salir del comedor—. ¿A dónde vas, Princesa?

—A ver la pelea —contesté, sin darle mucha importancia.

—¿La interrumpirás? —me preguntó.

—Nah… si algo me has enseñado es que, si bien es un método poco práctico, es un método que sirve —contesté—, dejar que se enfrente a Enhance es una buena idea.

—¿Y si está al borde de la muerte? —me preguntó—. ¿Lo salvarás?

Por un momento, me lo pensé—. Probablemente no, en cambio, lo convertiré. Así no tendré que estar preocupada todo el tiempo de que alguien lo mate.

—¿Creía que no era posible convertirlo por culpa de Avalon?

Asentí—. Y probablemente lo sea, pero solo mientras Avalon se encuentre en funcionamiento, una vez que deje de funcionar por falta de energía mágica, seguramente sea posible convertirlo.

—¿No era que el chico no quería convertirse?

—La vida pocas veces es justa, Rizo, tú, como un Anciano, lo sabes bien —contesté—. Tal vez se enoje conmigo durante un par de siglos, pero dudo que no me perdone.

—Hmm… bueno, diviértete entonces…


Illya

Me desperté, como siempre, en mi habitación, y como siempre durante esta época, hacia un frio terrible, pero, desde hacía unos años, el clima se había vuelto más llevadero, a fin de cuentas, ya no me encontraba en Alemania. Aun así, debía de admitir que Fuyuki me recordaba bastante a mi estadía en el castillo de mi familia materna, debido a que, en esta ciudad, los inviernos eran particularmente largos, y particularmente fríos.

Obviamente, no me quejaba, me gustaba mucho más este ambiente que en el que había vivido durante casi una década. Aunque debía de admitir que tratar con los japoneses era mucho más… complicado, que, por ejemplo, con mis semejantes, los cuales, de una forma u otra, se parecían en cierto sentido a los alemanes, en lo general desde el punto de vista externo, no en lo individual, siendo fríos, trabajadores, serios, etc. Mientras que los japoneses eran mucho más cordiales, y muy serviciales; sin embargo, eran mucho más tímidos, por no decir cerrados, y era prácticamente imposible atravesar su coraza, por no decir que nunca sabías lo que realmente estaban pensando, porque jamás lo expresaban, cosa que hacía que siempre estuviese atenta, sobre todo con las chicas, quienes podían llegar a ser enormemente mezquinas, y más aun con una extranjera, quien, además, tenía rasgos excéntricos como el cabello blanquecino o los ojos rojos, cosa que llamaba mucho la atención, sobre todo de los chicos, cosa que muchas chicas no apreciaban particularmente.

—¿¡Illya? ¿¡Estás despierta!? —De un momento a otro, mi mamá entró en mi habitación con una amplia sonrisa. Ella era, prácticamente, una versión mayor de mi misma, aunque, bueno, en general, todos los homúnculos Einzbern nos parecíamos, teniendo solo mínimas diferencias—. ¡Oh! ¡Lo estás! Bien, apresúrate, o llegarás tarde.

Estaba en mi último año de secundaria, así que no podía descuidarme—. ¡Voy!

Me levanté rápidamente, me arreglé velozmente, y salí de mi habitación, bajé las escaleras y, al pasar por la sala, pude ver a Leysritt, una de mis cuidadoras, y también una de mis amigas más cercanas, estirándose sobre el sofá para alcanzar el control remoto, casi parecía un gato en medio de un estiramiento.

La saludé brevemente, y corrí hacia la cocina, allí se encontraban mi madre y Sella, quien era mi tutora en artes alejadas a las comúnmente escolares. Ambas se encontraban preparando el desayuno, trabajo que generalmente realizaba Sella, pero que mi madre tomaba cada vez que volvía de sus viajes con mi padre, este último se encontraba leyendo un periodo alrededor de la mesa del desayuno, lo saludé con un abrazo y me senté en la mesa, rápidamente, Sella se acercó con mi desayuno, y, con el ceño fruncido, me apresuró a terminar, pues iba tarde.

Mientras intentaba devorar mi desayuno tan rápido como me fuese posible, aproveché para preguntar por mi hermano—. ¿Dónde está Shirou?

—De camino a la academia, se despertó temprano y salió temprano —me contestó mi padre.

Fruncí el ceño—. ¿¡No me esperó!?

—Creo que intentó despertarte un par de veces, pero como no te levantabas, decidió salir primero —me contestó.

Hice un pequeño mohín, terminé de comer rápidamente, tomé la última rebanada de pan en la boca, me despedí y abrí la puerta de la casa, para mi sorpresa, me encontré con Fillia, quien estaba a punto de entrar después de haber hecho las compras, y a Sieg, quien le acompañaba cargando parte de las bolsas.

Ella esbozó una molesta sonrisa antes de decirme—. Vas tarde.

—¡Lo sé, lo sé! —contesté.

—¡Suerte! —expresó mi primo, al verme correr hacia la academia.

—¡Nos vemos más tarde! —respondí, mientras me despedía con la mano.

Dicho esto, salí del jardín y me dispuse a perseguir a Shirou, con suerte podría alcanzarlo antes de que llegase a la academia.


Shirou

—¿Dónde estoy? —me pregunté a mí mismo mientras abría mis ojos, reconocí el techo de mi habitación de forma casi inmediata.

Me encontraba en mi casa en Fuyuki, habíamos llegado el día anterior. Sabiendo esto, me levanté y me dispuse a prepararme, una vez que estuve listo, me dirigí a la cocina, para preparar el desayuno para todos.

—¿Hmm? —Que extraño, para esta hora, deberían de haber comenzado a despertarse, pero nadie lo había hecho, así que decidí ir a despertarlos. Caminé por los pasillos, hasta que me encontré con la habitación de Mana, toqué, y nadie me contestó, así que abrí la puerta pidiendo disculpas—. ¿Eh? —Rápidamente, corrí por los pasillos buscando otra habitación, nuevamente, toqué, pero nadie me contestó, abrí la puerta, y… una vez más.

No había nadie, absolutamente nadie. Ahora que lo recordaba, ¿no había dormido junto a Rouge? Pero me había despertado completamente solo, ¿Dónde estaba todo el mundo? ¿Por qué habían desaparecido? ¿Por qué solo yo permanecía? Con un millón de dudas, me dispuse a explorar la casa en busca de cualquier otra persona, pero fue inútil, me encontraba solo. Así que, sin más opciones, decidí salir de la casa, verificar si solo mis compañeros habían desaparecido, o si todo el mundo lo había hecho, esperando que no fuese el segundo caso. Y para mi suerte, ese fue el caso, había gente caminando fuera de mi casa.

Entré nuevamente a mi residencia y comencé a revisar las defensas del lugar, y, en general, a buscar cualquier cosa que pudiese darme una pista de que le había pasado a los demás. Desgraciadamente, no encontré nada que pudiese darme una pista sobre el paradero de los demás, casi nada estaba fuera de lo normal, salvo por una cosa: mi cobertizo.

Recordaba que Kiritsugu y yo lo habíamos transformado en un taller más o menos decente, una pequeña herrería. Así que… ¿cómo es que mi pequeño cobertizo se había transformado en una herrería más grande que la que poseía en Reino Unido? No tenía la menor idea, era cierto que Kiritsugu y yo habíamos planeado expandirlo con magia, pero nunca habíamos tenido la oportunidad de llevarlo a cabo.

Cof… Cof…

Bueno, ya que era la única cosa que había cambiado y que no tenía sentido según mis recuerdos, debía, como mínimo, explorarlo, y con suerte, podría encontrar algo que me indicase a donde habían ido mis compañeros, y con mucha suerte, tal vez podría forjar un par de cosas increíbles en esta herrería.