Memorias: Capítulo 11

Pareja principal: Zoro x Sanji

Género: Angst/Romance

Rating: M

Autor Original: StarkBlack https/s/4021237/1/Memories

Traductora inglés: LunaPieces

Beta: LunaPieces

¡10 Años nakamas! 10 Años esperando por la actualización de este fic tan bello.

La espera ha terminado, pero antes quiero pedirles una disculpa por el enorme retraso de este proyecto, creo que nada va a corregir tanto tiempo que ha pasado, pero recuerden que siempre tarde, pero seguro. Más vale 10 años que una eternidad esperando.

Sé que se preguntarán qué pasó conmigo, qué pasó con el Scanlation. Sinceramente la vida adulta me absorbió demasiado (era muy joven cuando empecé con esto) y ahora, tras muchos años de nostalgia, decidí regresar gracias a una persona que me animó a regresar.

Me alegra mucho volver con ustedes. Próximamente esperen cada domingo actualización de Memorias por favor. Gracias a las personas que se esperaron, gracias a todos los que nos apoyaron, la espera valdrá la pena. Nuestro regreso fue un boom en todos los aspectos, y terminaremos todo lo pendiente. Lo prometido es deuda.

¡Comenzamos!


Memorias: Capítulo 11

—Sanji, —el espadachín suspiró—conoce al noveno miembro del CP9 de Seattle… Luffy Portgas.

Luffy le sonrió a Sanji con una de sus sonrisas maniáticas a través de su paleta de caramelo y lo saludó. El chico parecía disfrutar de la mirada estupefacta de su amigo. Zoro también la estaba disfrutando, pero no tanto. Su mente aún daba vueltas tras la suave caricia de los dedos del rubio sobre su piel.

Su corazón latía con tanta violencia en su pecho como si una bestia enjaulada estuviera amenazando con explotar si no era liberada. Cada lugar que el rubio había tocado estremecía. Su mejilla, su barbilla, su pecho, su entrepierna… ¡Por Oda! La mano que había sostenido la cadera del cocinero ardía como si hubiera sido cargada con electricidad. Recordaba aquellas caderas muy bien. Recordaba la suave sensación de la piel pálida bajo sus manos mientras sus poderosos músculos se contraían debajo de él… o sobre él. Sus manos habían encontrado ese lugar maravilloso para descansar en esas caderas innumerables veces. Eran la parte favorita del cuerpo del rubio… excepto quizás por sus ojos…

—¡Esto tiene que ser una broma! —La voz del rubio rompió todos sus pensamientos— ¿Por qué estás aquí realmente, Luffy?

Luffy se giró hacia Zoro y su sonrisa se amplió aún más antes de dirigirse al rubio nuevamente.

—Zoro te lo ha dicho ya, Sanji. Soy parte del CP9.

La impresión inicial parecía estar desapareciendo de Sanji e hizo un gesto de desaprobación.

—¡Oh no! ¡Demonios! ¡Tienes como doce años Luffy! ¡No puedes estar en un club de pelea ilegal a las dos de la mañana! ¡Tu padre me matará si se entera! ¡Y me revivirá para matarme nuevamente!

Zoro intentó no reír mientras Luffy se quedaba sentadito parpadeándole a Sanji.

—¡No tengo doce, Sanji! Tengo veintidós años.

El rubio pasó una mano por su cara.

—¡No lo dije literalmente, Luffy! —El cocinero parecía estar al borde de un ataque de histeria. Inconscientemente comenzó a buscar su paquete de cigarrillos mientras Luffy saltaba la reja para acercarse a él—. ¿Nami sabe de esto?

—Claro que lo sabe, —respondió el pelinegro contento— viene a verme todo el tiempo.

Zoro se mordió el labio para evitar una risa mientras se dirigía al menor:

—¿Esta noche estás dentro, Luffy?

—Iba a entrar, —respondió— pero vi tu nombre en la lista y pensé que sería mejor relajarme, verte derrotar a Enel y quizás si nos sobra tiempo después, pueda enfrentar a Lucci.

—¿Enfrentar a Lucci? —Sanji miró al pelinegro incrédulo— ¿Por qué te enfrentarías a alguien de tu propio equipo?

El peliverde respondió por el menor:

—Luffy desafía a Lucci todo el tiempo. Si lo derrota, toma la posición de capitán.

—No será "si" lo derroto. —Luffy se cruzó de brazos e hinchó el pecho— Sino "cuando" yo sea el capitán.

El rubio sacudió la cabeza y encendió un cigarrillo.

—Capitán de una división de pelea subterránea ilegal… El señor D. va a arrancarme el corazón y comérselo.

Luffy le sonrió al agonizante Sanji.

—No te matará Sanji. Conoces a mi padre, seguramente ya lo sabe.

Los hombros del rubio cayeron derrotados.

—Cierto.

Una campana sonó, haciendo eco por todo el lugar y las conversaciones de pronto se convirtieron en estruendosas aclamaciones, aplausos y vítores. Zoro se dio la vuelta para observar a un hombre greñudo y alto de pelo castaño saltar la reja y entrar a la fosa. Su oponente era un hombre más pequeño y corpulento con la cabeza rapada. Había evitado la escalera contraria y había saltado directamente la reja. Observó a los dos luchadores rodearse el uno al otro.

—¡Combate número uno! —Una voz se escuchó por todo el ring de pelea. Zoro no necesitaba voltear para saber que era Paulie convocando la pelea— ¡Harper versus Peterson!

—Mmm… mueno, —interrumpió Luffy mientras lamía su paleta— duseo ge dermine promdo.

El peliverde avanzó para estar al lado de Sanji sobre la reja. La cara del cocinero estaba tranquila, pero podía sentir la pesada tensión en su mentón y la mirada de excitación en su único ojo visible. Reconoció esa mirada al instante; sabía que su cerebro estaba analizando a cada luchador centímetro por centímetro. Estaba estudiando todo lo que necesitaba saber de sus habilidades por la manera en que los dos se movían y la forma en la que sus pies se deslizaban por la losa del piso.

Sanji dio una suave calada a su cigarrillo.

—Mmm… —dijo suavemente—. Rápido, pero no tan rápido. Al tipo alto sólo le tomará unos pocos minutos cansar al otro y luego le dará un fuerte golpe al final.

El espadachín echó un rápido vistazo a los luchadores, pero rápidamente regresó al rubio. No le podía importar menos lo que ocurría a su alrededor, pero lo único que quería en ese momento era escuchar a Sanji explicarlo, acercarse a él y escuchar el aterciopelado barítono de su voz en sus oídos, oler y sentir su esencia de especias y humo inundar sus pulmones. Su vientre estalló de emoción cuando el suave cabello del rubio rozó la punta de su nariz.

—¿Cómo puedes saberlo?—Le susurró al oído.

Ese era un juego que ambos tenían incontables veces en sus primeras peleas. Era su propia especie de juego previo antes de que alguno saliera a derrotar a algún oponente. Sanji se tensó ligeramente cuando el espadachín le susurró al oído, pero no se puso completamente rígido o intentó alejarlo. Zoro tomó esto como una buena señal y continuó provocándolo.

—¿Qué te hace pensar que el tipo alto lo logrará? —Sus labios rozaron suavemente el cabello rubio—. El equilibrio del calvo es mejor, es más fuerte y también centra su peso en los extremos opuestos de sus pies.

Sanji giró la cabeza y miró a Zoro de reojo. Sus labios estaban a centímetros, pero el espadachín no hizo movimientos. El rubio exhaló una pequeña corriente de humo y por un momento, el resto del lugar se nubló para el peliverde. Todo lo que podía ver era el destello dorado del cabello de Sanji y el azul cristalino de su ojo.

—Típico de un espadachín, —murmuró. Aunque su artimaña había sido expuesta mientras la comisura de su boca se ampliaba— obviamente tú no sabes nada de artes marciales a no ser que se trate de palos grandes.

El rubio levantó la mano y tomó el mentón del espadachín para hacerlo mirar a los luchadores en la fosa.

—No porque seas más corpulento, significa que seas más fuerte. También mira cómo camina ese tipo, —instruyó Sanji— su equilibrio no es mejor. ¿Ves cómo depende de su abdomen? Tiene todo distribuido uniformemente en ambos pies. Podrías pensar que es bueno, pero no lo es.

Zoro dio un vistazo mientras el hombre corpulento avanzaba hacia adelante. Su velocidad era admirable, pero el cocinero estaba en lo cierto, el hombre más alto fácilmente maniobraba sus movimientos y esquivaba eficazmente a su adversario.

—De hecho su distribución lo hace lento.

—Exacto, —Sanji dio otra calada— ahora mira al tipo alto. Su equilibrio está en la pelvis. Mira la forma en que se mueve. Eso le da un mayor rango de movimiento y flexibilidad.

Zoro observó. Tenía que admitir que el hombre alto era el mejor luchador. Fácilmente orquestaba ataques feroces, se estiraba y giraba de una forma muy parecida a cómo Sanji se movía a veces. Aunque los movimientos del rubio eran el doble de rápidos en comparación y tenía una defensiva que era lo suficientemente poderosa para convertirse en ofensiva. Sanji era capaz de romper extremidades de un golpe.

El hecho de pensar que el rubio lo analizaría así de cerca, examinando cada movimiento que hiciera contra Enel, le dio la clave como nada lo había hecho en mucho tiempo. No había nada en el mundo que lo hiciera sentir más cómodo que cuando luchaba con la espada. Sabía que su técnica era prácticamente impecable; sabía que sus ataques eran fluidos y precisos. Sabía que Sanji disfrutaría como nunca ver una buena pelea. Sabía que eso despertaría e impresionaría al rubio de la misma forma que a él. En sólo unos pocos minutos, lo vería en su máximo esplendor y su máximo esplendor era jodidamente magnífico.

—Eh, —Zoro gruñó mientras regresaba al cabello del rubio— el tipo alto es bueno, pero he visto cientos mejores.

Sanji se apartó ligeramente, no sin antes permitirle ver la pequeña sonrisa que intentaba ocultar a Zoro. Incluso aunque fuera algo trivial, hacía su corazón latir con violencia. Esa sonrisa lo hacía sentir invencible, capaz de hacer cualquier cosa, de derrotar a quien sea. Esperaba que Sanji sonriera de esa manera cuando su pelea terminara.

—Tengo que irme, —dijo tranquilamente y colocó una mano en la parte baja de la espalda del rubio alejándose un poco— todavía hay dos peleas más antes de la mía. Si alguien te habla, sólo haz lo que has estado haciendo, estarás bien.

Sanji se giró para verlo. Había perdido esa sonrisa, pero la había reemplazado con una sonrisa pícara. Colocó su cigarrillo entre los labios y deslizó las manos en sus bolsillos.

—Patéale el trasero. —Dijo.

Zoro le devolvió la sonrisa y se dirigió al área de preparación. La sangre latía en sus venas como fuego ardiente, y su pecho estaba lleno de ilusión e intensa euforia. Sanji estaba ahí con él, y aunque su relación no era exactamente como la quería, aún estaba ahí… y lo apoyaba.

No podía perder.

XXXXX

El corazón de Sanji aún latía con fuerza, tan fuerte que podía escucharlo en sus oídos. Las palabras de Zoro contra su cuello y su respiración tan cerca de su cabello le provocaban ligeros temblores que caían en cascada sobre la piel de su espalda. Succionó su cigarro fuertemente antes de darse cuenta de que se había terminado y que sólo succionaba aire a través del filtro. Tiró la colilla en el ya sucio piso lleno de colillas y lo pisó como de costumbre.

Levantó la mirada a tiempo para ver al hombre alto en la fosa golpear al más corpulento. Su puño conectó justo en el centro del pecho del más bajito justo debajo de sus costillas. El hombre calvo se retorció intentando recuperar la respiración. Su mano se levantó en señal de derrota y la campana sonó alegremente.

—Genial, —dijo Luffy masticando un pedazo de dulce— estabas en lo cierto, Sanji.

El rubio asintió lentamente, sin importarle la pelea ya. Su estómago estaba revolviéndose y comenzaba a sentir náuseas. Estaba perdido entre qué hacer y qué sentir. Sabía que había una especie de atracción entre Zoro y él, pero también pensaba que esa atracción podría ser sólo una intensa forma de admiración. Sanji se sentía emocionado cuando Zoro estaba cerca de él. Se sentía revitalizado y casi en las nubes cuando lo tocaba, pero no importaba cuánto lo intentara, el pensamiento de tener sexo con él era imposible. No podía realmente sentir atracción por otro hombre si no digería la idea de tener sexo con él. ¿O sí? Era todo tan confuso y su cabeza comenzaba a doler del estrés y preocupación.

—¿En qué estás pensando, Sanji?

Sanji elevó la vista y recargó la barbilla en la reja. Incluso había olvidado que Luffy estaba ahí.

—Ni siquiera sé cómo empezar, —dijo suavemente.

La campana sonó nuevamente y dos luchadores más entraron en la fosa. El comentarista anunció la pelea pero Sanji lo ignoró. Se quedó mirando a Luffy, deseando que él supiera qué decir.

Luffy sacó la paleta de su boca y se colocó junto a Sanji.

—Empieza por algo, no me importa, puede ser incluso una oración a medias. Haré preguntas hasta que todo tenga sentido.

Sanji sonrió y bajó la mirada.

—Por primera vez en mi vida, —dijo sutilmente— no corro detrás de alguien, más bien, corren detrás de mí. Puedo ver todo lo que hubiera querido en esta persona. Amor, respeto, lealtad… una actitud rompe-culos…

El rubio sacó otro cigarrillo de su cajetilla y lo colocó entre sus labios.

—Pero esa persona es un hombre… es un hombre… y yo no —continuó pellizcándose la nariz— yo no sé qué putas debo hacer…

Luffy lo miró unos pocos segundos antes de volver a meterse la paleta en la boca:

—¿No te hace pensar diferente saber que llevas un año con él?

—No… —Sanji miró el piso de nuevo— yo aún no… no me gusta pensar en eso.

La campana sonó nuevamente, señalando que el segundo combate había terminado. El rubio miró por encima de su hombro y vio a dos hombres muy ensangrentados, cojear hasta las escaleras. Sintió un fuerte nudo en el estómago. Zoro no tardaría en salir.

—Sabes, —interrumpió Luffy regresando la mirada a la fosa— es divertido…

—¿Qué es divertido? —Preguntó el rubio.

—Bueno. —Luffy mordió el resto de su paleta y guardó el palillo desnudo en su bolsillo— Cuando llegué aquí y los vi a los dos, lucían exactamente como los recordaba. Como si tú nunca hubieras olvidado nada y todo volviera a ser como antes.

El corazón de Sanji comenzó a agitarse:

—¿Qué quieres decir?

—Él tenía su brazo alrededor de ti y tú lo mirabas como siempre lo hacías. Fue tan normal para mí que no me di cuenta de lo raro que era hasta que los interrumpí. Por cierto, perdón por eso.

Sanji prendió su cigarrillo sólo para tener algo que hacer.

—Está bien, me alegra que lo hicieras. No sabía lo que estaba haciendo.

Luffy miró a Sanji por el rabillo del ojo.

—Sanji.

El rubio levantó la vista.

Luffy enarcó una ceja.

—Creo que sabes exactamente lo que hubiera pasado, incluso aunque digas que no puedes estar con un hombre. No entiendo por qué estás tan asustado.

Te ves a gusto cuando él te toca y claro, te ves muy a gusto tocándolo a él…

Sanji dio una profunda calada y se frotó los ojos. Su cabeza comenzó a dar vueltas.

—Pero no me siento cómodo tocándolo de esa forma— gruñó—. Mi cuerpo hace cosas por su cuenta. Mis manos… mis manos son como imanes a veces. No puedo detenerme. Quiero sentir repulsión cuando él me toca… pero no la tengo… es enfermizo…

Luffy frunció el ceño a la fosa, sin mirar realmente a los luchadores. Los músculos de su mandíbula se flexionaron y apretó los dientes. Varios minutos pasaron y el rubio miró el piso, a la deriva mientras escuchaba los gritos y clamores alrededor de él y su amigo, pero entonces, la voz de Luffy lo trajo de vuelta.

—Pero eso sí tiene sentido —comentó el pelinegro.

Sanji lo miró atónito.

—¡¿Cómo carajos eso tiene sentido?!

El más joven se dio la vuelta y se subió a la reja. ¿Cómo lograba equilibrarse con todo lo que se movía? Sanji no podía saberlo.

—Es verdad que no recuerdas a Zoro, —dijo con tono uniforme— pero sólo no lo recuerda tu cabeza.

El cocinero exhaló una larga bocanada de humo y miró al otro inexpresivo:

—¿Qué?

—No recuerdas a Zoro en tu cabeza, pero tu cabeza no es el único lugar que tiene memorias. Tu corazón tiene memorias también, de una forma diferente, pero siguen siendo memorias. Es como pensar con la cabeza y con el corazón. Es un tipo diferente de pensamiento, pero sigue siendo pensamiento. Creo que tu cabeza ha olvidado a Zoro, pero tu corazón no. Es por eso que no te sientes mal cuando te toca, porque tu cuerpo recuerda… tu corazón recuerda.

Sanji se quedó mirando a su amigo más joven sin palabras. No dejaba de sorprenderle cuando Luffy tenía esos episodios inesperados de increíble sabiduría. Eran poco frecuentes, pero cuando llegaban, daban fuerte.

—Odio admitirlo, —murmuró el rubio— pero tiene todo el sentido, Luffy.

—Claro que sí, —sonrió el menor y dio palmaditas con los pies— soy la máxima autoridad en esto. Sé que mi cerebro es un poco estúpido, pero cuando se trata del corazón, soy un genio.

Sanji esbozó una sonrisa genuina que le rozó los ojos. Echó una bocanada de humo y se dirigió a la pelea nuevamente.

—Definitivamente no eres estúpido, Luffy.

XXXXX

Zoro se apoyó contra la pared con los brazos cruzados y los ojos cerrados. Flotaba suavemente en un mundo de azules y verdes. No escuchaba ningún sonido más que el continuo fluir del agua y no olía nada más que el aire limpio y fresco de una montaña mezclado con pino y tierra.

Todo el mundo se burlaba de que Zoro se quedaba dormido casi "inconsciente" en medio de restaurantes o películas. A él no le molestaba decirles que en realidad lo que hacía era "meditar" porque eso sólo haría que se rieran más de él. Así que se tomaba las burlas de mala gana con una sonrisa torcida y dejaba que los demás pensaran que era más holgazán de lo que en realidad era. Las burlas de Ace eran las peores, pero él las ignoraba porque sabía que el viejo Portgas escondía su propio problema de un caso real de narcolepsia. Sería despedido de la estación de bomberos si alguien se enterara de su condición, por lo que, en un intento inconsciente de proteger a su amigo, Zoro permitía que lo conocieran por ese problema de quedarse dormido en raras ocasiones.

Para su mala suerte, hacerle creer a la gente que siempre te quedabas dormido en lugar de meditar, significaba que todos intentarían despertarte.

—¡Zoro! —Una voz cortó su pacífico momento en la montaña—. ¡Hey, Zoro!

El espadachín abrió los ojos y miró ferozmente en dirección al intruso. Vio a Paulie empujando a toda la multitud caminando hacia él con una expresión de miedo en sus ojos. Murmuró disculpas y "lo siento" mientras se acercaba a él. El peliverde se dio cuenta de que su amenazante mirada no estaba funcionando y se inquietó con la mirada asustada del apostador. Algo andaba mal. Paulie parecía desesperado por llegar hasta él.

—Paulie —dijo Zoro—. ¿Qué ocurre?

El rubio se colocó a su lado y acercó sus labios a su oído.

—Intenté detenerlo, Zoro. Le dije las reglas del club, pero no me escuchó. Insistió en hablar contigo antes de la pelea. No sé qué hacer y no encuentro a Lucci por ningún lado.

Zoro frunció el ceño.

—¿Intentar detener a quién? ¿De qué estás hablando?

Paulie empezó a explicar, pero fue interrumpido por una fuerte y profunda voz que se escuchaba fácilmente entre la multitud de gritos y clamores que lo rodeaban a él y al espadachín.

—Estaba intentando detenerme.

Zoro miró por encima del hombro del apostador y vio a un hombre alto y pálido de cejas cafés y larga y delgada nariz. Llevaba pantalones negros holgados, iba sin camisa con una bandana negra cubriendo su cabello dorado. Sus muñecas y sus manos estaban envueltas con cinta blanca, pero sus nudillos estaban desnudos. Gruesas cicatrices decoraban su piel pálida desde la punta de sus dedos hasta los hombros. Tenía que ser Enel. El campeón de boxeo invicto y el rey de las peleas clandestinas de California. Nadie nunca había golpeado a ese hombre en otro sitio que no fueran sus brazos. Se rumoreaba que era uno de los luchadores más crueles del mundo y que tenía un cerebro a la par de sus habilidades.

—Tú debes ser Roronoa Zoro —dijo Enel con una leve sonrisa—. He escuchado mucho de ti.

Paulie agitó las manos con una expresión de pánico.

—¡Enel, señor, va contra las reglas que los luchadores de diferentes divisiones se encuentren antes del combate! ¡Podría por favor…!

—Está bien Paulie, —Zoro colocó una mano en el hombro del rubio—, si Lucci se enoja, asumiré las consecuencias.

Paulie suspiró derrotado y retrocedió.

—Bueno, lo que digas, Zoro. ¿Quieres que me quede?

Zoro negó con la cabeza.

—Estaremos bien, gracias.

Paulie desapareció entre la multitud y la atención del peliverde se centró en el hombre pálido y alto delante de él. Enel dio unos pasos hacia enfrente y se erigió centímetros por encima de la cabeza del espadachín. Sin embargo, eso no lo molestó, ya que anteriormente se había enfrentado a docenas de hombres que eran casi el doble de su tamaño, pero el hecho de que Enel se sintiera tan tranquilo y a sus anchas enfrente de él, lo hacía sentir ligeramente receloso.

Después de largos instantes de mirar fijamente a Zoro, Enel sonrió.

—Eres más bajo de lo que esperaba.

Zoro enarcó una ceja y ladeó la cabeza.

—Sí, bueno, tú te pareces a Eminem.

Enel echó la cabeza hacia atrás y comenzó a reír a carcajadas hacia el techo. Varias caras se fijaron hacia su dirección y cuando la gente se dio cuenta de quién le estaba hablando a Zoro, la zona alrededor de los dos luchadores enmudeció de repente.

Zoro suspiró; no tenía planeado armar un espectáculo antes de su pelea.

—Entonces, ¿qué es tan importante que tuviste que romper las reglas del club y provocarle a nuestro corredor una hernia?

Enel cruzó los brazos llenos de cicatrices.

—Nada en realidad, —sus párpados lucían pesados, como si estuviera aburrido—. Sólo quería conocer a la leyenda antes de derrotarla.

Zoro soltó una risa.

—Nadie va a derrotarme esta noche.

Enel asintió evaluativamente.

—Ya lo veremos… —de repente los ojos del boxeador brillaron y ya no parecían aburridos—. Escuché que tu pareja despertó. Felicitaciones.

—Gracias… —dijo el peliverde con suspicacia.

—Sé que sólo han pasado unas semanas, pero, ¿él está bien?

—Está bien. —Zoro se removió inquieto. No podía deducir si ese tipo intentaba obtener información o si sólo preguntaba por cortesía.

Escuché que Bones está intentado localizarlo, —continuó el rubio— parece que para una especie de extorsión. Realmente intenta sacarte de la competencia este año, ¿eh?

—Parece que escuchas muchas cosas. —Zoro entrecerró los ojos.

—Todo eso me parece ridículo, —Enel rodó los ojos y ladeó la cabeza. Su expresión aburrida regresó—. ¿Por qué no simplemente entrena duro y te derrota como una persona normal? Todo eso de robar a tu amante para humillarte públicamente es tan anticuado. Suena a un pésimo guión de película mafiosa.

Zoro asintió. Aún estaba en guardia, pero escuchar esas palabras viniendo de ese hombre, lo calmaba un poco.

—¿De casualidad no sabrás dónde se encuentra Bones? —preguntó Zoro esperanzado.

Enel negó con la cabeza.

—Lo siento, si lo supiera, sin duda te lo diría. Creo que es horrible lo que ha hecho y está dejando mal a la comunidad de artes marciales al continuar. Es un cobarde.

Un coro de gritos y aclamaciones hizo eco en el techo bajo cuando la pelea en la fosa llegó a su fin. Zoro miró hacia esa dirección antes de apartarse de la pared y mirar directamente a Enel.

—Pareces un buen tipo —dijo—. Y aprecio que te preocupes por mi compañero. Tengo la sensación de que será un buen combate.

Le tendió la mano a Enel y el boxeador la tomó.

—Creo lo mismo.

Se estrecharon rápidamente antes de que Enel le dedicara otra sonrisa y desapareciera entre la multitud. Zoro lo miró irse, intentando decidir qué había sido aquel encuentro, si era más extraño o esclarecedor.

XXXXX

Los últimos dos luchadores abandonaron el ring y el corazón de Sanji se le subió a la garganta. ¿Por qué estaba tan nervioso? ¡Él nunca se ponía así de nervioso! ¡No cuando no era su propia pelea! No era que estuviera nervioso por Zoro, no, carajo. El chico podía cuidarse solito. Es sólo que no tenía sentido. Bueno, de nuevo, nada parecía tener sentido en la vida de Sanji en ese momento…

—Sanji, —Luffy le dio un golpecito en el hombro—. Oye Sanji, tus dedos…

El aludido miró al menor confundido y lo vio señalando su mano. Se dio cuenta de que su cigarrillo había comenzado a quemarle la piel de su dedo índice.

—¡Oh mierda! —Lanzó la colilla al piso y la aplastó. Resopló cuidadosamente sobre la piel enrojecida y emitió un pequeño quejido.

—¡Hey, Sanji! —Sonrió Luffy— ¿Te acuerdas de esa vez en la preparatoria cuando el profesor te encontró teniendo sexo con esa chica en el cobertizo de las escobas?

Sanji observó a su amigo, perplejo como el demonio, pero incapaz de soltar una risita al recordarlo.

—Sí, ¿por qué?

—Bueno, porque recuerdo haberte visto en la oficina preocupado por saber si te iban a expulsar… luces exactamente igual ahora.

Sanji parpadeó.

—¿Luzco como si me fueran a expulsar?

—Sí. —Asintió el menor—. Bueno, me refiero a que luces como si esperaras que pasara algo malo.

Sanji apartó la mirada y bufó:

—No estoy esperando a que algo malo pase. Estoy bien, yo sólo… estaba pensando en la pelea y en que ese tal Enel se supone que es muy bueno y…

—No te preocupes por Zoro —le dio una palmadita en el hombro—. Él es increíble.

El rubio se metió las manos en el bolsillo y murmuró en voz baja:

—No estaba preocupándome por él…

El área estalló. Todos alrededor de Sanji y Luffy comenzaron a bramar y clamar a pleno pulmón. Sanji escuchó varios gritos de chicas emocionadas y la música en los altavoces cesó. El cocinero se dio la vuelta y se sujetó de la reja de metal fuertemente con las manos. Vio a un hombre muy alto, pálido y musculoso que bajaba la escalera hasta la fosa. Su cabeza estaba cubierta y no usaba playera. Sus manos estaban envueltas y sus brazos tenían múltiples cicatrices.

"Oh, demonios", pensó para sí mismo. Mira esas cicatrices. Se mueve con mucha confianza, perfecto equilibrio, movimientos fluidos… Ese tipo es un profesional.

Entonces el ruido en la estancia se hizo ensordecedor. Los gritos de las chicas se multiplicaron por diez y Sanji se tuvo que tapar los oídos para ahogar un poco los alaridos de los espectadores. El ojo de Sanji se dirigió a la otra esquina de la fosa buscando a su amigo peliverde. De repente, el mundo se le desplomó. Su corazón se negaba a latir mientras se congelaba, intentando descubrir si estaba soñando.

Y lo vio.

Zoro estaba de pie a unos metros de la escalera; tenía los ojos ensombrecidos, dándole un aura demoníaca mientras desafiaba tranquilamente al campeón de boxeo. El espadachín tenía sus tres espadas desenvainadas. Sanji sabía que si ponía la suficiente atención, incluso podría escuchar a las armas cantar, emocionadas por comenzar el combate. El peliverde aún conservaba el haramaki alrededor de su cintura, pero se había quitado la camisa, dejando que su piel bronceada y marcada por cicatrices reluciera con el sudor bajo las intensas luces de la habitación. La vista de Sanji no podía apartarse de la larga y deforme cicatriz en el pecho del espadachín. Era un recordatorio de que Zoro lucharía como un titán antes de darse por vencido. La cicatriz en sí era aterradora, incluso sin el acompañamiento del aura aterradora que irradiaba su cuerpo.

La boca de Sanji quedó seca casi al instante. No podía tragar saliva cuando miró a Zoro caminar lenta y delicadamente sobre la acera. Se lamió los labios cuando vio que se colocaba a Wado entre los dientes.

—Increíble. —Una voz sacó a Sanji de su estupefacción—: Si yo fuera gay, sin duda me lo tiraría.

Sanji giró la cabeza y vio a Jyabura seguido por Kumadori y Kaku. Los tres estaban recargados de la reja aplastando a Sanji entre el pecho de Kaku y el hombro izquierdo de Jyabura.

—Sí, estás en lo cierto, Jya. Zoro definitivamente tiene ese efecto en la gente. —Kaku alborotó el cabello de Luffy mientras ladeaba la cabeza sobre el hombro de Sanji para tener una mejor vista—, aunque no es que yo tenga ese tipo de pensamientos, claro.

Sanji se dirigió a los dos luchadores acercándose lentamente uno al otro. Zoro parecía estar esperando algo, aguardando el momento mientras Enel brincaba sobre las puntas de sus pies. El cocinero analizó la forma en la que el boxeador se movía mientras crujía los nudillos de sus dedos y le sonreía desafiante a su oponente armado.

—A mí… —tragó Sanji—. Realmente no me agrada ese tipo…

—No estás preocupado, ¿o sí, Sanji?—Kumadori colocó una mano sobre el hombro del rubio.

—Aww, sabes que el estilo de pelea de Zoro es mejor que el de nadie y todavía te preocupas de que se haga daño! ¡Eres tan lindo! —El más grande intentó pellizcarle una mejilla al rubio, pero Kaku le apartó la mano.

"Eso es," pensó el rubio. "No conozco su estilo de pelea. No tengo ni idea de saber si tiene una oportunidad contra ese tipo…"

Bajo ellos, Enel se movió; dio una rápida estocada para probar la velocidad y tiempo de reacción del espadachín. La mano del boxeador atacó su brazo superior derecho, pero Zoro desvió el ataque con un rápido movimiento. La hoja giró alrededor tan rápido incluso para el ojo entrenado de Sanji. El movimiento fue simple, pero decía mucho sobre las habilidades del espadachín. Era realmente bueno, lo había evadido sin esfuerzo. Enel retrocedió ileso, pero había estado cerca.

El boxeador sonreía de oreja a oreja ahora. Sus dientes blancos y aperlados relucían mientras daba brincos de un lado a otro, zigzagueando para confundir la vista de Zoro y desconcentrarlo. Sanji observaba con atención que el espadachín sólo observaba y seguía el ritmo de los pies de Enel.

"Bien Zoro, muy bien". Pensó mordiéndose la uña de su dedo pulgar. "Mira sus pies…"

Enel se movió nuevamente. Su velocidad era asombrosa, como la de un rayo. Su puño derecho se hizo hacia atrás apuntando el costado del espadachín. El rubio observó cómo los músculos del boxeador se flexionaban y jadeó.

—¡Los hombros Zoro!¡Los malditos hombros! ¡Intenta engañarte!

Zoro levantó una espada para bloquear el supuesto ataque y se preparó para el impacto. Sanji quería gritarle que tuviera cuidado cuando Enel cambió el lugar de ataque. Por un breve momento, el cocinero dio por hecho que vería cómo el boxeador le rompería varias costillas a Zoro.

Pero entonces el cuerpo de Zoro se movió. Giró la cadera y se dobló hacia atrás para esquivar a su oponente. Las dos manos del espadachín se levantaron al mismo tiempo cortando el interior de los brazos del boxeador antes de caer cuidadosamente hacia atrás. Aterrizó a unos cuantos metros sin perder el aliento sonriéndole sagazmente a su adversario.

—¡Demonios! —Chilló Sanji antes de poder contenerse golpeando la reja.

Kumadori se rió a sus espaldas.

—Sí, ha mejorado desde la última vez que estuviste aquí. ¿Cuándo le enseñaste eso? En nuestro viaje a Texas, ¿no?

—Sí —intervino Luffy— Creo que sí. Estaban pelando y Sanji se enfadó tanto que agarró dos cuchillos de la mesa y arañó los brazos de Zoro. Se puso ridículo y le pidió que le enseñara a hacerlo-

—¿Ridículo? —preguntó Kaku.

—Ya sabes, —Luffy se meció en la reja—. Esa expresión cursi que pone cuando Sanji le patea el trasero.

—Ah, sí, sí.

Sanji los ignoró. Estaba más interesado en ver a Zoro y Enel acecharse el uno al otro. La sangre escurría de los brazos del boxeador y salpicaba el pecho del espadachín mientras atacaba y arremetía repetidamente. Los dos estaban muy igualados. Para cada patada o puñetazo que daba Enel, Zoro lo bloqueaba o contraatacaba de manera impresionante. Y a su vez, los ataques fluidos del espadachín eran frenados y contrarrestados fácilmente por los rápidos movimientos del boxeador. Era una de las mejores peleas que Sanji había presenciado y eso le enchinaba la piel, provocándole un delicioso escalofrío en la espalda. Sus dedos hormigueaban de emoción y sus piernas temblaban con impaciencia. El cocinero se subió a la reja de la fosa, estiró las piernas y se sentó sobre el frío metal. Sus pies se apoyaron en la barra inferior y comenzaron a balancearse, liberando la adrenalina que corría por su cuerpo. Levantó las manos y se unió a la multitud de gente que clamaba y vitoreaba al peliverde espadachín.

Por primera vez desde la muerte de su padre, Sanji se sentía realmente vivo.

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Zoro no podía estar más feliz. Había visto de reojo a Sanji sentarse en la reja, aclamándolo. ¿Sabía que siempre se sentaba de esa forma? ¿Le había dicho Luffy? ¿O sólo lo había hecho? Era como si hubiera regresado el viejo cocinero; todo era perfecto. La pelea, la atmósfera, Sanji… Todo estaba perfectamente equilibrado para hacer esa una de las mejores noches de su vida.

Esquivó otro puñetazo letal y levantó las espadas. El tiempo de analizar a su oponente había terminado. Ya entendía el estilo de lucha de Enel lo suficiente para romper su defensa. Era momento de dejar de jugar. Era momento de pelear de verdad.

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Sanji gritó por encima del estruendo los demás espectadores. El espadachín había encendido el interruptor. El cocinero se dio cuenta, cuando el espadachín aumentó la velocidad y sus ataques comenzaron a ser más ofensivos que defensivos, de que hasta ese momento, sólo había estado jugando. Se sintió embelesado cuando vio la verdadera forma de Zoro desplegarse frente a sus ojos. Sus manos eran tan rápidas, el acero de sus espadas brillaba como el destello del sol reflejando las olas del mar de un día soleado. Los músculos del espadachín oscilaban cuando se movía y giraba de formas que Sanji conocía muy bien. El cocinero sintió orgullo y placer al saber que había sido él el que le había enseñado a moverse así.

Enel mantuvo ese ritmo frenético, pero Sanji podía ver que se estaba cansando. También se estaba desesperando. Estaba haciendo movimientos que consumían mucha energía y no atestaban ningún golpe. Pronto, iba a terminar por agotarse.

En un giro afortunado de acontecimientos la muñeca derecha de Zoro terminó en manos de Enel. El boxeador gritó triunfante y comenzó a torcerlo para hacer que cayera. Sin embargo, el espadachín lo empujó con su mano libre clavando la empuñadura de la hoja de Shuusui en la carne del hombro. Parecía que el espadachín estaba a punto de caer, pero con un cabezazo, Enel se tambaleó hacia atrás. Sandai Kitetsu voló de la mano derecha de Zoro y cayó a metros de distancia. Los vítores del público se apagaron mientras los dos luchadores aún estaban de pie mirándose el uno al otro.

Sanji se inclinó hacia adelante, sin comprender a qué se debía aquel repentino silencio.

El peliverde miró apenado a Kitetsu que yacía en el piso. Había sido un sacrificio, pero había valido la pena. Tomó a Wadou de su boca y le sonrió a Enel.

El boxeador levantó la mano para examinar la herida que Zoro le había hecho. La carne de su cuello, mandíbula y mejilla había sido marcada con un golpe no muy profundo. El corte era limpio, pero sin duda dejaría una cicatriz.

—Finalmente tienes una cicatriz en un lugar diferente a tus brazos… —Dijo Zoro. Su voz hizo eco en la habitación enmudecida.

Enel tocó el corte con cuidado y sonrió levemente:

—Tienes razón…

Pasaron instantes que se sintieron como horas mientras Zoro y Enel se miraban a través de la fosa el uno al otro. La tensión en la estancia era tan alta que daba escalofríos. Todo el mundo esperaba ver lo que harían los dos famosos luchadores. ¿Qué iba a hacer Enel ahora que finalmente le habían asestado un golpe decisivo?

Lentamente, Enel bajó los ojos al piso y levantó sus manos en señal de derrota.

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Sanji casi salta de la reja de la fosa. El lugar enloqueció. El rubio escuchó aplausos y felicitaciones de Luffy detrás de él a sus espaldas. Quiso correr hacia Zoro y felicitarlo, pero esperó a que el peliverde estrechara la mano del boxeador y recuperara a Sandai Kitetsu del piso. El rubio sintió a alguien le daba golpecitos en la espalda y se dio la vuelta para encontrarse con las vainas de las espadas y la camiseta del espadachín en la cara.

—Kaku las tenía, —explicó Luffy mientras colocaba los artículos en los brazos de Sanji—. Ve a reunirte con él en lo alto de la escalera.

Sanji asintió y se hizo camino entre la multitud. Sintió un escalofrío de emoción cuando Zoro salió de la fosa y sus miradas se encontraron. La gente a su alrededor vitoreaba, pero Sanji se dio cuenta de que permanecían a una distancia considerable de él. El peliverde le sonrió al cocinero y tomó la camiseta para limpiar la hoja de Wadou. Tras colocar las tres espadas en sus respectiva saya, las colocó bajo su haramaki y atrajo a Sanji hacia él.

El cocinero se estremeció cuando los brazos del espadachín se deslizaron alrededor de su cintura, pero entonces le susurró en el cuello:

—Sé que esto es difícil para ti, pero aquí es donde normalmente te beso. ¿Puedo hacer esto? ¿Sólo esto… por favor?

Sanji se relajó lentamente y rodeó el cuello del espadachín con los brazos.

—Sí —le susurró—. Aquí, en este momento… está bien…

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… Estoy devastada….. ahh… *muere*

No sé ustedes, pero a mí me encantó la pelea contra Enel y sobre todo me quedé con ganas de ver cosas de Zoro y Enel… OMG, me encantó la forma en la que esos dos se complementaron antes, durante y después de la pela askahdashd. Nuevo ship desbloqueado xd. ¿Qué cosas dices, Luna? Que esto es un ZoSan. ¿Ah sí, verdad?

Jajajaja. Pues nada, aquí la continuación, recuerden que las actualizaciones serán semanales.

Gracias por seguir con nosotros. Bye.