"Y te amo a ti"

La definición de vértigo se deslizó en sus adentros casi con voz locutora. No había otra manera de definir por qué en un instante tan 'alto' ella tuviera una sensación de desequilibrio. De todos modos, al regalar su breve y significativo agradecimiento y aliento a las niñas que soñaran con hacer ciencia, todo su porte realzó permanentemente para los oyentes. Y Sheldon no escuchó.

Cuando él rechazó su discurso planeado y comenzó a exponer la gratitud y cariño hacia los amigos que iba nombrando poco a poco, por supuesto que el corazón de Amy comenzó a efervescer de orgullo y gusto, pero el nudo en su garganta se volvía estrangulante. Eso era demasiado enorme viniendo de Sheldon. El amor por sus amigos rebasaba la ficción de cariño que ella ambicionaba de las novelas clásicas, sobre todo porque en aquellas los personajes destilaban impecabilidad de actos y sentimientos; no así el prodigio al habla, que reconocía sus errores y no prometía curarse de la personalidad que los concurría, pero juraba un cariño honesto y, en sus mismas palabras, "a su manera". Tras esa advertencia de carácter fue que entonces les dijo ante el mundo y ante su propio sueño disminuido por algo más grande que los amaba. Algo en Amy olvidó que ella estaba a su lado, que formaba parte de la fotografía. Ver tremendo homenaje a espaldas de él la redujo a ese tamaño vidrioso y ajeno que conocía tanto: observar de lejos, aplaudir sin ser sonora, sonreír queriendo cubrir la boca. No obstante, dolor era lo más alejado que podría resentirle esa contemplación, porque todos cuantos se pusieron de pie eran también amados por ella, ni qué decir de aquel que les convocaba. Era el tipo de oleo que uno acuerda perpetuar contra su esperanza porque siente que eso no podría pertenecerte y está bien, pues es milagroso tan solo presenciar. Y bien, sí, de alguna forma ese retrato era de ellos, de los amigos que lo formaron desde antes que ella estuviera presente, y esa expresión de amor sólo en un evento tal podría honrarse. Sheldon se lo debía a sus amigos. No importaba si ella no estaba siendo mirada. Estaba ante la mejor historia que hubiera podido leer jamás.

—Y te amo a ti.

La lejanía se extinguió. Él había devuelto la mirada y todos los demás, los honrados, los sorprendidos, los curiosos, todos siguieron los ojos de él y la observaron sólo a ella, a quien se le coronó un "te amo" separado y distinto, no menor o mayor, sino todo suyo. Esa añadidura gloriosa la abrazó y añadió (en adelante y sin dudarlo ya nunca) al momento más agraciado de su vida. Y pudo suspirar, cerrar los ojos y llorar de alegría, junto a todos los demás.

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Yo ya no escribo casi nunca por acá, pero hace poco desenpolvé algo de otro fic muy viejo y me acordé que desde años, desde aún ser niña, me acordaba de esta escena final como algo en particular singnificativo para Amy. Espero poder haber proyectado el cómo.