Capítulo 4. Entre la felicidad y los sueños (2ª parte).

–¿Cómo lleva Tomoyo el capítulo de la novela serializada? –preguntó Shaoran, que estaba manteniendo una reunión con Sakura en la editorial.

–No sabría decirte. –dijo Sakura.

–Ya, te entiendo. A veces Tomoyo es un completo misterio. –reconoció Shaoran.

–Oye, Shaoran. Quería hablar contigo porque he decidido volver a Tomoeda una vez que encuentres a otro asistente, aunque supongo que ya te habrá informado Kaho, pero quería decírtelo personalmente. –le informó Sakura.

–Sí, lo sé. –dijo Shaoran un tanto decepcionado, ya no por tener que encontrar a otra persona para ser el asistente de Tomoyo, sino porque eso significaría que no volvería a ver a la castaña. Entonces Meiling lo sacó de su ensimismamiento.

–Hola, Shaoran. –saludó la morena.

–Ah, ella es Meiling. –la presentó Shaoran.

–Encantada. –dijo Sakura.

–Ella es Sakura Kinomoto, la asistente de Tomoyo. –hizo lo propio con Sakura.

–Ah, la que entregó su novela en mano. –dijo Meiling. –Shaoran dice que es muy buena.

–Gracias. –dijo Sakura.

–Por cierto, he quedado para cenar con Spinnel y te vienes conmigo, Shaoran. No aceptaré un no. –dijo Meiling. –¿Quieres unirte, Sakura?

–Claro, ¿por qué no?

Tras recoger sus cosas, los tres salieron hacia un izakaya, donde Spinnel Sun ya los esperaba.

–Así que has ido a la editorial para pedirle a Shaoran que busque a otro asistente. ¿Por qué? –preguntó Meiling cuando Sakura le dijo el motivo de su visita.

–Porque tengo que volver a Tomoeda para casarme. –dijo Sakura.

–¿Vas a casarte? –preguntó Meiling sorprendida.

–Sí.

–Shaoran estaba deseando publicar tu libro, así que daba por hecho que deseabas lo mismo. –dijo Meiling.

–Y todavía quiero. –dijo el aludido mientras colocaba un trozo de carne en la parrilla de mesa donde ellos mismos se podían cocinar los ingredientes. Sakura le sonrió con agradecimiento.

–¿Eso significa que vas a dejar de escribir? –preguntó Meiling.

–Sí. Me había olvidado de escribir durante mucho tiempo. –dijo Sakura.

–¿Qué quieres decir? –preguntó el castaño.

–Que estuve haciendo limpieza en mi habitación para prepararme para casarme y me tropecé con una novela que escribí hace unos diez años. La volví a leer y pensé que no estaba tan mal. Entonces recordé que cuando la escribí todavía tenía sueños, pero pensé que mi vida se arreglaría una vez que me casara y que sólo quería un cierre.

–¿Un cierre?

–Sí, cerrar aquella etapa de sueños. No quería casarme y estar preguntándome continuamente qué habría pasado si no hubiera intentado cumplir mi sueño de ser escritora o si podría tener otra clase de vida. Por eso me vine a Tokio. –explicó Sakura.

–Entiendo. –dijo Shaoran.

–¿Y has conseguido cerrar esa etapa? –preguntó Meiling.

–Sí. Me he pasado todo el año escribiendo y al final he conseguido el honor de ser la asistente de la gran Tomoyo Daidouji. Pero sinceramente, creo que tendría más posibilidades de que me tocara la lotería que de ganarme la vida como escritora. Tengo entendido que muchos autores nuevos no llegan a ninguna parte incluso habiendo ganado premios literarios para escritores noveles. –dijo Sakura.

Aquel último comentario hizo que Spinnel interrumpiera el camino de sus palillos a su boca. Entonces Sakura se dio cuenta del error, que intentó enmendar en seguida.

–Pero no creo que se te aplique a ti, Spinnel. –dijo Sakura un tanto avergonzada por tener la lengua tan larga.

–Por ahora estoy bien, siempre que pueda seguir escribiendo novelas. –dijo Spinnel interviniendo por primera vez. –Y eso es gracias a los cinco millones de yenes de premio. Creo que podré seguir escribiendo exclusivamente durante al menos los próximos tres años.

–¿Y tu trabajo? –preguntó Meiling.

–Lo dejé. –respondió él. Meiling y Shaoran se miraron. –¿No tendría que haberlo dejado?

–Por supuesto que no. –dijo Shaoran, que para él era evidente que ganar un premio no le garantizaba una vida de novelista de éxito.

–¿Por qué no hablaste con nosotros primero antes de hacer nada? –preguntó Meiling llevándose la mano a la cabeza ante tal torpeza.

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Cuando Tomoyo llegó a su despacho, tenía encima de la mesa la revisión del argumento del capítulo cuatro de "Al final de la actuación" que le había pedido a Sakura. Con todo lo que había pasado casi lo había olvidado por completo. Entonces cogió la revisión y se sentó a leerla en su tumbona. Conforme iba leyendo le iba apareciendo una sonrisa en la cara mientras hacía caso omiso de su teléfono, que comenzó a sonar. Se sumergió tanto que parecía que no había nada más importante salvo terminar de leer aquel texto. Cuando acabó de leerlo, Eriol, que era quien la había estado llamando ya había colgado.

Cuando vio la llamada, supo que estaba abajo. Bajó y lo dejó pasar.

–Siento venir tan tarde. –se disculpó Eriol.

–No importa. De todas formas yo también quería hablar contigo. –dijo Tomoyo subiendo la escalera.

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–Kaho. ¿Se sabe algo del nuevo asistente? –preguntó Sakura nada más llegar al día siguiente.

–Todavía no. –respondió ella sin apartar la mirada de los papeles con los que estaba trabajando. –¿A qué viene la prisa?

–Es que mi novio viene hoy y esperaba poder decirle que ya habíais encontrado a otra persona. –dijo Sakura.

–¿Viene tu novio? –preguntó Tomoyo haciendo acto de presencia.

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–Siento haber interrumpido vuestra cita. –se disculpó Tomoyo, que se apuntó a la cena de la pareja, aunque fue ella quien sugirió aquel elegante restaurante con luz tenue que amenizaba la velada con la música de un piano en directo.

–No te disculpes. Jamás podríamos haber venido a un sitio tan bonito como este por nuestra cuenta. –dijo Sakura restándole importancia.

–Sí, Sakura tiene razón. –dijo Yukito. –Muchas gracias por cuidar de ella.

–No se merecen. –dijo Tomoyo.

–Buenas noches, señorita Daijouji. Aquí tiene la carta de vinos. –dijo el metre mientras le enseñaba la carta a la morena. Mientras el metre aconsejaba a Tomoyo sobre qué caldo elegir, Sakura aprovechó para disculparse con Yukito por lo bajo.

–Siento no haber podido negarme. –dijo Sakura. Aunque Yukito asintió, era evidente su mirada decepcionada.

Una vez que el metre se marchó y les sirvieron la comida, comenzaron a cenar.

–Esto está delicioso. –dijo Sakura con cara de satisfacción, a lo que Yukito asintió.

–Dime, Yukito. ¿Cómo te declaraste? –preguntó Tomoyo. Yukito y Sakura se sonrieron.

–En realidad no fue nada especial. Sólo dije, "oye, ¿por qué no formamos una bonita familia juntos?". –explicó Yukito.

–Pues a mí me parece muy bonito. Es mucho más difícil de lo que parece. –dijo Tomoyo. –Desafortunadamente, yo no pude.

Yukito y Sakura se sintieron un poco incómodos ante aquel comentario.

–Sin embargo, tiene usted mucho talento. –dijo Yukito intentando incluir una nota positiva a aquel comentario.

–¿Talento, eh?

–Sí. –dijo Yukito. No sabía cómo, pero aquella mujer lo hacía sentirse especialmente incómodo con cada palabra que pronunciaba.

–¿Vienes mucho por Tokio? –preguntó Tomoyo.

–Una vez cada pocos meses, por trabajo. –respondió Yukito.

–¿No te preocupaba que Sakura se viniera a Tokio antes de casarse? –preguntó Tomoyo.

–No, sólo venía por un año. –dijo Yukito restándole importancia.

–Pero podría desear quedarse durante más tiempo. –añadió Tomoyo sonriendo.

–Eso no va a pasar. –dijo él convencido.

–¿Por qué no? –preguntó la escritora.

–Sakura no es el tipo de persona que se quiera quedar sola en una ciudad como Tokio. –dijo Yukito.

–¿De verdad? –preguntó Tomoyo.

–¿A que sí? –preguntó Yukito. Sakura asintió sonriendo por no dejar en mal lugar a su novio, aunque se había sentido un poco ofendida por aquella percepción que Yukito tenía de ella.

–¿De verdad crees que Sakura también piensa eso? –preguntó Tomoyo indagando todavía más en el tema. –Quizás lo pensara cuando le propusiste matrimonio. Pero a lo mejor ahora cree que sí podría tener otra vida.

Yukito miró a Sakura, que se apresuró a negar con la cabeza, pero él no podía disimular más su incomodidad con aquella afamada escritora.

–Sakura es consciente de que no tiene el suficiente talento. –dijo Yukito.

–¿Talento?

–Si lo tuviera, ya habría ganado al menos un premio. –dijo Yukito reafirmándose en su idea. –Sé que para ella es doloroso admitirlo.

–Entonces la entiendes muy bien, ¿verdad, Yukito? –dijo Tomoyo sin dejar de sonreír. –Yo no la conozco tan bien, pero sí que hay una cosa de la que estoy segura. Y es que está disfrutando como nunca de escribir.

Sakura, que había estado manteniendo la mirada baja, miró a su jefa, que le devolvía la mirada sin dejar de sonreír. La inseguridad de Yukito se volvió evidente para Tomoyo, que giró su cabeza lentamente hacia él.

Una vez acabada la cena, se dirigieron hacia la salida.

–Gracias por la cena. –agradeció Sakura.

–Ya nos veremos. –dijo Tomoyo.

–Señorita Daidouji. –la llamó Yukito antes de que se marchara. –Sé que puede sonar egoísta, pero, ¿puedo pedirle que Sakura deje el trabajo hoy?

–Pero Yukito…

–Por supuesto que puede dejarlo. –dijo Tomoyo interrumpiendo a la castaña.

–Muchas gracias. –agradeció Yukito.

–Pero déjame decirte algo. La mujer que deseas es una que se sienta sonriendo en el asiento de los pasajeros mientras tú conduces. Una que va en silencio hacia donde tú decidas. –dijo Tomoyo.

–Sakura, despídete para siempre de la señorita Daidouji. –dijo Yukito con evidente tensión.

–Tomoyo, ha sido un periodo muy corto, pero te doy las gracias por todo. –dijo Sakura.

–Adiós. –se despidió Tomoyo antes de marcharse.

Cuando desapareció de su vista, Yukito pareció respirar aliviado.

–Vámonos. –dijo él, pero se giró al ver que Sakura no había dado ni un paso. –Sakura.

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Con el nuevo día, Tomoyo escribía sin parar el capítulo cuatro del serial para "Clow Novels". Gracias al esbozo tan detallado que le había entregado Sakura, las palabras parecían salir solas. Si seguía trabajando a ese ritmo, estaba segura de que esta vez sí podría cumplir con el plazo establecido de entrega.

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–Shaoran, soy Kaho. Acabo de enviarte el nuevo capítulo para "Clow Novels". –dijo Kaho hablando por teléfono.

–¿Lo dices en serio? Perfecto, gracias. –dijo Shaoran haciendo una señal a Meiling, que estaba reunida con Spinnel.

–Spinnel, sintiéndolo mucho, esta vez no podremos publicar tu trabajo en esta edición. –le comunicó Meiling. La norma era que los grandes autores tenían preferencia, y que por tanto, sólo recurrían a autores desconocidos en caso de que los autores de prestigio fallaran.

–Bueno, mientras pueda seguir escribiendo historias. –dijo él resignado.

–¿Seguro que te parece bien? –preguntó Meiling.

–Sí. –asintió él.

–Pues qué estúpido. –dijo Meiling por lo bajo, aunque pareció que Spinnel lo había escuchado.

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Sakura había pasado los dos últimos días recogiendo y empaquetando todas sus cosas para dejar el apartamento en el que residía en la ciudad. Mientras vaciaba la estantería donde tenía sus libros, abrió la copia que le firmó Tomoyo hacía ya años. Entonces, se le vino a la cabeza las palabras que su jefa dijo durante la cena. Tenía razón. Estaba disfrutando de escribir más que de cualquier otra cosa. Y no sólo eso, sino de que una autora que admiraba tanto y con tanta experiencia le corrigiera las cosas en las que podía mejorar. Entonces suspiró y dejó el libro en la caja, junto a los demás.

Tras terminar de recoger, salió para comprar algo de comer, pero un sobre en el buzón llamó su atención. Al cogerlo, vio que se lo enviaba Tomoyo, por lo que volvió a entrar para ver qué era. Cuando lo abrió, sacó el último ejemplar publicado de "Clow Novels". Entonces, buscó la página donde venía publicada la historia de Tomoyo. Ahí estaba el capítulo cuatro de "Al final de la actuación". Al acabar de leer, suspiró.

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A Tomoyo le gustaba bajar a la playa de vez en cuando para mirar la inmensidad del mar al horizonte. Era una estampa que le daba cierta paz en su atormentada mente cuando escuchó una voz conocida.

–¡Tomoyo! –cuando la autora giró la cabeza, vio cómo Sakura se acercaba.

–Sabía que vendrías. –dijo Tomoyo.

–He leído el capítulo cuatro. Me has dejado impresionada. –dijo Sakura. –Quién iba a pensar que esa trama argumental se convertiría en una historia de la forma en que lo ha hecho. Me ha conmovido.

–Tú la escribiste. –le reconoció Tomoyo, pero Sakura negó con la cabeza.

–Yo sólo resumí siguiendo tus consejos. Jamás podría haber escrito un diálogo como el que has escrito. –volvió a decir restándose importancia.

–Fuiste tú quien creaste el capítulo casi de la nada. Sin tu trama, ese diálogo de los personajes jamás se habría materializado. Cierra los ojos. –le pidió Tomoyo. Sakura hizo caso y Tomoyo se acercó a ella lentamente. –Ahora imagina que no sólo estás escribiendo una trama argumental, sino una novela entera. Y que esa novela, la novela de Sakura Kinomoto, conmueve las almas de sus lectores. Todos quieren que los sueños que imaginan se hagan realidad. Hay mucha gente que jamás consigue sus sueños, independientemente del talento que tengan. ¿Por qué crees que pasa eso?

Pero Sakura no contestó.

–Yo te lo diré. La razón es porque dejan pasar las oportunidades. Abre los ojos. –dijo Tomoyo. Cuando Sakura los abrió, Tomoyo se quitó las gafas de sol que llevaba puestas. –El camino que elijas depende de ti.

Tomoyo le pasó un brazo por los hombros mientras que se quedaron mirando al horizonte mientras sonreían.

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En Tomoeda, Sakura salió de su casa cuando escuchó llegar el coche de Yukito, que bajó del vehículo contento de volver a ver a Sakura de vuelta. Pero la sonrisa se le borró cuando vio el rostro de su novia.

–He decidido quedarme en Tokio. Quiero escribir novelas. –le informó Sakura. Era algo que no le resultaba agradable decirle a Yukito. De hecho era una decisión de lo más fangosa. –Siento haber roto nuestra promesa.

–Si quieres escribir, adelante, entonces. Pero también puedes escribir estando casados. –dijo Yukito.

–Quiero escribir con Tomoyo. –dijo Sakura.

–Al final has dejado que esa mujer te atrape. –dijo Yukito. –Has cambiado, Sakura.

–No he cambiado. –dijo ella.

–Despierta. No hay manera de que te conviertas en escritora. –pero nada más decirle eso, Yukito supo que había perdido frente a Tomoyo. La mirada de Sakura era decidida.

–La decisión está tomada. Seré escritora y no me arrepentiré por intentarlo. –dijo Sakura.

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Tomoyo miraba desde la terraza al horizonte recordando cuando Eriol fue allí aquella noche en la que había leído la trama de Sakura con la que había podido desarrollar el último capítulo de "Al final de la actuación".

Flashback.

¿Crees que llegarás a tiempo para el serial? –preguntó Eriol una vez que llegaron al despacho de Tomoyo.

Para serte sincera, no puedo escribir en absoluto. Siento dejarte sin nada, pero no puedes sacarme nada ahora mismo. –dijo Tomoyo pasándole el argumento de Sakura. Eriol lo tomó y comenzó a leerlo.

Esa es la trama que le pedí a Sakura. –dijo Tomoyo.

¿Por qué has hecho que la escribiera? –preguntó Eriol.

Quería ver lo bien que podía llegar a escribir. Pero ahora mismo me está dejando a la altura del betún. Todo lo que le digo lo absorbe como una esponja. Todo lo que reescribe supera mis expectativas y no deja de mejorar rápidamente. –dijo Tomoyo.

Entonces deberías utilizar esta trama para la novela serial. –sugirió Eriol.

No digas tonterías. –dijo Tomoyo.

En esencia, habéis escrito esta trama entre las dos, ¿no?

Si la formo bien, podrá escribir por su cuenta en menos que canta un gallo.

Una novata como ella se desvanecerá antes de que consiga vender muchas copias. –dijo Eriol. –Fórmala despacio. Se quedará contenta sabiendo que su trama ha sido útil. Es fantástico. Ella puede escribir la estructura y tú la pules y la desarrollas. Lo hagas o no, eres tú quien sigue al volante.

Fin del flashback.

–Tomoyo. –dijo Kaho, sacando a Tomoyo de sus pensamientos. –Sato, de la editorial Keiyo está aquí.

Con desgana, Tomoyo bajó y se reunió con él.

–El desarrollo de la trama en la última edición de "Clow Novels" no me parecía muy característico de ti, pero te lo digo en el buen sentido. La he disfrutado mucho. –dijo Sato mientras Tomoyo se llevaba la taza de té a los labios mientras sonreía. –Estoy deseando leer algo tan bueno para nuestra revista de seriales.

Ante aquel comentario, Kaho miró a Tomoyo, que sabía que había algo removiéndose dentro de ella.

Una vez que se marchó el editor de Keiyo, Tomoyo volvió a su despacho y comenzó a buscar las críticas del capítulo cuatro de "Al final de la actuación". Todo lo que leía eran comentarios positivos.

Tomoyo Daidouji ha despertado.

Daidouji está de vuelta. Me pregunto qué le ha pasado para escribir de esa manera.

Tomoyo Daidouji parece haber crecido en este capítulo. Me gustan sus anteriores historias, pero "Al final de la actuación" va de camino a convertirse en mi favorita con diferencia.

La trama de "Al final de la actuación" de Tomoyo Daidouji es tan buena que incluso parece escrita por otra persona.

Lo que los lectores no sabían es que no iban desencaminados.

¡Felicidades por superar el bache!

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–Quería decirle que no se preocupara. –le dijo Eriol a Clow Reed. –Tomoyo Daidouji se ha recuperado. Incluso me atrevería a decir que podría explorar nuevos caminos.

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Con la única iluminación de la lumbre, Tomoyo, sentada en el suelo junto a la chimenea de su despacho ojeaba la revista "Clow Novels", donde estaba publicado el capítulo cuatro de su novela serial "Al final de la actuación". Con desprecio por sí misma, arrancó una de las hojas mientras que Kaho la veía por el resquicio de la puerta.

Entonces, todavía no me había dado cuenta.

Pero a una página le siguieron varias más.

Estaba tan convencida de que podría darle la vuelta cuando quisiera…

Tras haber echado las páginas al fuego, volvió a su mesa, centrando su mirada en el folio con la dedicatoria a Hanayashi escrita por Sakura y cuyo papel evidenciaba la frustración que sintió Tomoyo cuando Eriol le propuso utilizarlo.

Intenté recular antes de que la "bola de nieve" se hiciera demasiado grande.

Tras aquel arrebato, intentó serenarse y llamó a Sakura por teléfono.

–¿Cuándo vuelves? –preguntó Tomoyo.

–Mañana por la mañana. –respondió Sakura.

–Bien, entonces mañana hablaremos sobre el próximo serial.

Pensé que podría volver atrás.

Continuará…