DISCLAIMER: Los personajes de ésta historia NO me pertenecen, sólo a Rumiko Takahashi. La historia SÍ es de mi autoría. Así mismo, la ilustración de portada NO me pertenece, créditos a quien corresponda.
JUGANDO CON FUEGO
Capítulo 1. "Chispas"
—Unidad 16, Código Rojo en el Paradise Tower de Shinjuku, repito, Código Rojo. Incendio estructural activo, punto de origen: cocina del restaurante "Lumen", planta baja. Fuego extendido a los ductos de ventilación —la voz del despachador tronó en la radio entre estática y tensión—. Pérdida de presión en las mangueras internas. Riesgo de colapso parcial.
Los autos abrían paso ante el fuerte sonido de las sirenas, llegando con rapidez ante el llamado. Sus colegas paramédicos venían tras ellos así como de varias unidades de policía.
— ¡Esto no es un simulacro! —Gritó el Capitán Totosai, ajustándose el casco mientras saltaba de la unidad—. ¡Protocolo Min-Cuatro! Secciones uno y dos, ingresen por la entrada principal. Inuyasha, tú y Miroku, vayan por la escalera de servicio. Hay gente atrapada en el piso tres. ¡Y que alguien cierre la válvula de gas antes de que esto reviente el edificio!
El Paradise Tower ardía como si el sol se hubiese instalado en sus entrañas. Las llamas ya salían por las ventanas del primer piso, y una densa nube negra trepaba por la fachada como una serpiente hambrienta.
Inuyasha avanzó con el hacha en mano, abriendo paso entre humo y escombros.
— ¡La línea de agua no responde! —dijo por radio.
—El sistema de rociadores falló por corte eléctrico. Están intentando reiniciar desde la planta externa —respondió Totosai—. Ustedes deben cerrar manualmente la válvula en la subzona térmica. ¡Repito, subzona térmica, atrás de cocina industrial!
—Recibido.
Avanzaron entre explosiones pequeñas de grasa ardiente. El calor era brutal, como si caminaran dentro de un horno. Las balizas sonaban a lo lejos, y una mujer gritaba en uno de los pasillos.
— ¡Tenemos a alguien! —gritó Miroku.
Inuyasha se acercó, vio a la mujer con uniforme de camarera tendida en el suelo, por fortuna sólo tenía quemaduras superficiales en su ropa. Tomó a la mujer ya inconsciente en brazos. Mientras, Miroku cerraba la válvula de gas con las manos temblando por la temperatura. Un estruendo sacudió la estructura. El techo de la cocina cedió parcialmente.
— ¡Sal de ahí Miroku! —gritó Inuyasha.
Lo logró. Por segundos, pero sus obstáculos apenas comenzaban. La estructura de madera estaba cediendo ante el fuego, algunos pedazos comenzaron a caer del techo. Inuyasha cubrió lo mejor que pudo a la mujer y con una mirada corta pero clara, se comunicó con Miroku, tenían que salir deprisa.
— ¡Inuyasha! —gritó Miroku al ver claramente cómo un trozo de viga caía sobre su compañero.
— ¡Estoy bien! Sólo me rozó el brazo.
Con cuidado de no pisar algún objeto que los hiciera caer, salieron a toda prisa del sitio. Se sintieron más tranquilos al sentir las gotas de agua caer de los rociadores.
Al salir, humo y cenizas se tragaban la calle. Pero la válvula estaba cerrada. Y el fuego, aunque no vencido, comenzaba a ceder.
Inuyasha dejó a la mujer aún inconsciente sobre el suelo, comprobando que su respiración era débil. Rápidamente aplicó los primeros auxilios, para finalmente colocarle el oxígeno mientras esperaba que llegara una ambulancia.
— ¡Aquí viene! —gritó Miroku demasiado entusiasmado—. ¡Es la unidad de Sango! —Inuyasha de inmediato comprendió la razón.
Sango descendió de la ambulancia con gran velocidad al igual que sus compañeros que prepararon la camilla y todo lo necesario para trasladar a la paciente al hospital general.
—También deberías ir al hospital —dijo Sango al ver la mueca de dolor que puso Inuyasha al levantarse.
—Estoy bien. Aún tengo que ayudar aquí —. Desestimó su consejo pretendiendo que no le pasaba nada.
—No servirás de nada si estás mal herido… pero como quieras, los veo luego chicos —levantó su mano en despedida.
—Sango tiene razón, debes ir al hospital —dijo Miroku al ver la sangre correr por su mano
— ¡Keh! Aún puedo con un poco más.
— ¡Buen trabajo! El incendio está extinguido. Nos tomó dos horas, tómenlo en cuenta por favor. —Totosai iba de un lado a otro revisando que todo estuviera en orden. Esperarían la orden policial para poder retirarse.
— ¡Señor! Pido permiso para llevar a mi compañero al hospital —. Miroku se acercó a su capitán ante la renuencia de Inuyasha.
— ¡Qué carajos! ¿Desde cuándo es que estás herido Inuyasha?
—Desde que cerramos la válvula —respondió Miroku.
— ¡Keh! —No pudo decir más nada ante los ojos furiosos de Totosai.
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El Hospital General de Shinjuku se encontraba saturado de ambulancias y de personal médico que iban de un lado a otro, atendiendo a los heridos del incendio en el Paradise Tower. Era el único hospital en la zona que tenía una unidad especialista en quemaduras, era normal que se encontrara con tanto movimiento.
Inuyasha llegó acompañado de Miroku, cubierto de hollín, con una herida en el brazo. Lo habían forzado a revisarse. Se encontraban en urgencias, esperando a ser atendidos. Fue hasta que una enfermera, al verlos con el uniforme, los hizo pasar a un consultorio.
—Esperen aquí —dijo la enfermera—. El doctor Jinenji los atenderá en un momento.
—Creo que ya estoy mejor, en serio… —empezó a decir, cansado de esperar. Se levantó con toda la intención de retirarse.
—Siéntese —dijo otra enfermera que había entrado al consultorio justo cuando Inuyasha comenzó a dar un paso.
No había sonado como una orden y tampoco como una petición, más bien como una recomendación que debía seguir al pie de la letra. Fue tan natural que Inuyasha, de inmediato, atendió ante su voz y sin discutir. Miroku era el más fascinado de presenciar lo que para él era un hecho histórico.
Ambos miraban con atención cada movimiento que ella hacía con todos los instrumentos médicos. La bata azul, su melena recogida a la ligera, ojeras que no le quitaban lo hermosa… y una mirada firme, como quien no tiene tiempo para rodeos.
—El doctor Jinenji ha estado muy ocupado atendiendo a los heridos del incendio del Paradise Tower, así que seré yo quien los atienda. ¿Ustedes deben ser los bomberos que evitaron que reventara el edificio?
—Fue trabajo en equipo —dijeron al unísono.
—Bueno, lo que haya hecho le dejará secuelas si no se cuida. Debo suponer que se esforzó de más por el moretón que se ha creado en su herida —vio que Inuyasha asentía con molestia. —Ahora se queda quieto. Necesito atender esa herida.
Se acercó con una gasa y alcohol. Él no se quejó del ardor, pero no dejó de mirarla. Sus movimientos eran firmes y cuidadosos, tampoco se quejó cuando comenzó a cerrar su herida.
— ¿Siempre trata así a sus pacientes?
Ella sonrió sin mirarlo directamente.
—Sólo a los que llegan con olor a humo y cara de que les gusta jugar con fuego.
Él rió, genuino.
—Entonces vine al lugar correcto.
Cuando sus ojos se encontraron, Inuyasha no se contuvo en admirar aquella mirada, era tan brillante y cautivadora, si no fuera por la voz de Miroku estaba seguro que se perdería en ella.
— ¿Cuál es su nombre linda dama?
—Oh, lo siento, no me presenté. Mi nombre es Kagome —dijo un tanto apenada.
—Un gusto conocerla. Yo soy Miroku y mi amigo es Inuyasha. No sabía que en éste hospital atendieran mujeres tan hermosas como usted —sonrió coqueto.
— ¿Usted también viene herido? —preguntó sin darle importancia a sus palabras.
—Ahora me gustaría estarlo para que me atendiera como lo ha hecho con mi amigo.
—Con mucho gusto puedo crearle una, sólo le advierto que no me hago responsable de lo profundo que pueda llegar a hacer y me temo que los quirófanos están todos ocupados —dijo con gran malicia.
Tanto Inuyasha como Miroku rieron divertidos por tal provocación, pero callaron cuando ella se levantó repentinamente.
—Le vendaré el brazo, así que no se mueva.
Una vez más Inuyasha no dejó de mirarla. No era que él se haya enamorado, sin embargo, había algo en ella que le llamaba la atención, pero no pudo descubrir qué era exactamente.
Cuando Kagome terminó su labor, guardó los materiales médicos y comenzó a redactar una receta médica.
—Se tomará el medicamento para el dolor por tres días y la pomada para la inflamación se la pondrá después de cada baño. Dentro de una semana vuelva para quitarle los puntos. Eso sería todo, con permiso —. Con una cortés reverencia se despidió, aún había más pacientes que atender.
Miroku miraba a su amigo que no perdía de vista a la enfermera hasta cuando salió del consultorio. Era la primera vez que lo veía tan interesado en una mujer que no fuera Kikyo.
—Debes ir a casa, Kikyo debe estar preocupada.
— ¿Ah? —dijo Inuyasha un tanto aturdido. —Ah sí, tienes razón. Bien, no es necesario que me acompañes, me encuentro mucho mejor. Dale mis saludos a Sango.
Eran muy pocas las oportunidades que Miroku tenía de ver a Sango, y no arruinaría una de ellas. Se despidieron cuando Miroku se fue en dirección a la zona de paramédicos e Inuyasha hacia la estación del metro, no sin antes dar una última mirada al hospital.
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La luz del atardecer proporcionaba un ambiente cálido en el barrio de Nakano. Las calles ése día se encontraban extrañamente menos concurridas que de costumbre a excepción de algunos pequeños restaurantes que se encontraban abarrotados, como era el caso del que se encontraba en la primera planta del edificio donde vivía, tanto era el bullicio que nadie, dentro o fuera del edificio, se percataría de los sonidos que se emitían dentro de uno de los departamentos.
—Ah… Kikyo —dijo en una exhalación llena de placer.
Kikyo se encontraba completamente desnuda, montada sobre el cuerpo varonil, teniendo su miembro encajado en lo más profundo de su centro.
—Shhh… no te atrevas a gritar… —gemía en susurros, tratando de hacerlo con el menor ruido posible. Le parecía imposible ante la amenaza de un clímax maravilloso formándose en su interior.
—Vamos… dámelo Kikyo… Sé mía una vez más… —. Comenzó a levantar sus caderas con la apremiante necesidad de liberarse. Abrazando el cuerpo femenino cuando se rindió ante sus fuertes arremetidas.
— ¡Sí!... ¡Sí!... ¡Me vengo! —. Una vez más, rompió el silencio ante sus alaridos. Se apretó más a él al sentir su esperma recorrer su interior. Su plan por ser sigilosos se había arruinado ante los fuertes gemidos que ambos exclamaron.
Sus cuerpos quedaron laxos en la misma posición, mientras sus respiraciones se regularizaron. Ella, en un acto de agradecimiento por el placer, comenzó a dar pequeños besos a su torso desnudo.
—Ahora comprendo por qué no contestabas el teléfono —.
La pareja, de un salto, se giró ante la voz de Inuyasha, quien se encontraba con los brazos cruzados en la entrada de la habitación.
— ¡Inuyasha! ¿Qué estás…? ¿Por qué…? — Era incapaz de formular una pregunta coherente.
— ¡Largo! —le dijo al hombre que a duras penas logró vestirse. Con miedo lo miró, esperando un golpe por parte de Inuyasha, pero éste tenía toda la atención en Kikyo.
Una vez solos, el silencio volvió a reinar en la habitación. Kikyo, se cubría su cuerpo desnudo con la manta, mirando a un Inuyasha impasible.
—Por favor, di algo —pidió siendo incapaz ella de explicar lo inexplicable.
—Soy yo el que está esperando a que tú digas algo —dijo sin reproche.
—Oh, vamos Inuyasha, tú tienes la culpa de que tenga que buscar en otros lo que tú no eres capaz de darme —. Estaba molesta por su inexpresividad. Ella deseaba que gritara furioso, celoso de que alguien más había estado con su chica.
— ¡Keh! Claro, ahora yo tengo la culpa —dijo desilusionado.
— ¡Por Dios, Inuyasha! Vivimos juntos, si al final nos casaremos. ¿Por qué esperar entonces? ¡A quién le importa! —lo miraba como si fuera algo tan obvio.
—A mí sí —. Con un suspiro cansado continuó diciendo —Sí, vivimos juntos porque fuiste muy convincente en que sólo sería hasta encontrar un departamento por tu cuenta. A pesar de que mis padres y yo no estábamos de acuerdo, prometiste que no me forzarías a hacer nada que no quisiera, que esperarías. —suspiró resignado. —Sabes que para mí el matrimonio es sagrado. Creí en tu palabra —. Y era eso lo que más le dolía.
Él sabía lo mucho que Kikyo deseaba intimar con él. Sin embargo, él aún no se sentía listo. Llevaban un tiempo conociéndose, pero sólo tres meses de noviazgo.
Entendía que en la época en la que vivían, las parejas se entregaban a la lujuria sin ningún compromiso. Sin embargo, él no pensaba de la misma manera y había dejado en claro que era diferente a los otros hombres, él creía aún en guardarse para el matrimonio para la mujer que amaría por el resto de sus días.
No era un santo, por supuesto que las tentaciones eran muy fuertes, pero se mantuvo siempre fiel a sus principios. Por eso se mantenía alejado de las mujeres. Era consciente de su atractivo y no quería que eso fuera causa para acabar en una situación que no deseaba.
Fue hasta que conoció a Kikyo, era tan linda, fuerte y decidida en sus ideales. Hasta ése momento había creído que era la indicada. La quería tanto que la cuidaba y la respetaba, veía siempre por su bien. Habían compartido momentos agradables y alegres; parecía que a Kikyo no le afectaba el que durmieran en habitaciones separadas. Todo había sido un engaño.
— ¿Me amaste? —dijo listo para escuchar cualquier respuesta.
—Sí, aún te amo, es sólo que… —Apretó la manta fuertemente, indecisa. Pero ya que él se veía tan dispuesto a escucharla, no se dejaría nada para sí misma.
—Inuyasha, eres un hombre verdaderamente atractivo. Irradias una sensualidad natural de la cual no me pude resistir a querer poseer. Creí que podía esperarte, pero entre más te conocía sabía que sería imposible. Yo… Esta soy yo Inuyasha, no soy una buena mujer y a pesar de eso, quiero estar a tu lado, pero mi cuerpo necesita satisfacerse… —se le quebró la voz. —Me aceptaste sabiendo que no era virgen, creo que era una señal bastante clara de mi parte para que supieras lo que yo necesitaba.
—No me amas Kikyo. Lo que sientes por mí es obsesión y deseo. Una relación basada en dichos sentimientos no es lo que yo busco y tú tampoco. No soy el hombre indicado para ti, me ha quedado claro —. Le habían dolido sus palabras, pero era un hombre práctico, no pensaba discutir más, sólo lograrían lastimarse.
—Bien, terminemos con esto…
Kikyo se levantó de la cama, sin importarle su desnudez, para ir corriendo a abrazar a Inuyasha.
— ¡Mírame! ¿Acaso no me deseas?
Inuyasha no apartó su vista de sus ojos. No tenía intenciones de caer en su provocación.
—Recogeré mis cosas, puedes quedarte con el departamento.
Dejándola sola fue a su propia habitación para empacar todas sus cosas. Era demasiado tarde para ir a casa de sus padres, esperaba que Miroku no se enojara con él por molestarlo.
—Lo lamentarás.
Escuchó decir a Kikyo mientras salía del departamento. Sabía que le había dolido su desplante y que era el resentimiento el que hablaba por ella. Pero de algo estaba seguro, nunca se arrepentiría de su decisión, sólo tendría más cuidado de involucrarse con las mujeres.
Cerró la puerta para nunca más volver.
CONTINUARÁ...
N/A
Celebrando el día mundial del libro como se debe, con una nueva historia que tenía muchas ganas de comenzar. No fue como lo planeé, pero todo cambia cuando comienzo a escribir je, je. Confío en el proceso. XD
Esta historia tendrá un desarrollo "único". Creo que son pocas las historias que encuentro de éste tipo. Veamos cómo termino desarrollándola... yo misma me pongo la soga al cuello, ja, ja, ja.
Gracias por leer. ¡Nos vemos!
