Capítulo 11. El juicio de la ley de los mentirosos (1ª parte).
–Yo soy la escritora fantasma de Tomoyo Daidouji. –confesó Sakura, mientras Tomoyo intentaba aguantar estoicamente su puesta en evidencia. Los murmullos y los flashes de los fotógrafos no se hicieron esperar ante tal revelación.
Cuando Sakura reveló la verdad delante de todos, Eriol se escabulló de la sala para dirigirse hacia la presentadora del acto cuanto antes.
–Tomoyo me dijo que ella y yo formábamos a Tomoyo Daidouji, la novelista. –continuó diciendo Sakura. Entonces se giró para mirarla. –¿Verdad, Tomoyo?
Entretanto, Eriol llegó hasta la presentadora.
–Interrumpe el acto. Lo retomaremos después. –dijo Eriol, que no se esperaba aquella entrada de Sakura con la que había echado a perder todos los esfuerzos por una tranquila retirada de Tomoyo.
–Lo sentimos mucho. A continuación vamos a hacer una pausa. En breve dará comienzo la proyección de la película. –dijo la presentadora.
Los miembros de la película salieron del escenario confusos mientras Tomoyo y Sakura seguían mirándose a los ojos. Tras un suspiro, Tomoyo se marchó a un camerino, al que entró Eriol con semblante preocupado.
–¿Estás bien? –preguntó Eriol viendo a Tomoyo apoyada con los codos en la mesa y con su frente apoyada sobre sus manos mientras Kaho, que también estaba allí, la observaba preocupada.
–Todo se ha arruinado. –dijo Tomoyo.
–He ordenado que la echen del recinto. –dijo Eriol. –También hemos reforzado la seguridad. Vamos a continuar con el estreno.
Pero a Tomoyo el estreno era lo que menos le preocupaba.
–Tomoyo Daidouji no tiene una escritora fantasma, ¿entendido? –dijo él. –Mantente firme en el escenario.
Unos minutos después, el acto se reanudó.
–Volvamos a recibir con un fuerte aplauso a los actores, al director y a la autora de "Receta eterna". –introdujo la presentadora.
Al igual que al principio, salieron todos, incluida Tomoyo, con una gran sonrisa, como si no hubiera ocurrido nada.
–Bien. Volvamos a retomar por donde lo dejamos. Tomoyo Daidouji tenía la palabra antes del receso. –dijo la presentadora pasándole un micrófono.
–Buenas tardes a todos. –saludó Tomoyo. –En primer lugar, quería confirmar que yo soy la autora de "Receta eterna". Lo de antes sólo ha sido una broma de la organización.
Tras decir eso, parte del público rió, mientras que Tomoyo estaba agradecida a la rápida mente de Eriol para fabricar una excusa que intentara ser lo más creíble posible. Pero había dos personas entre los presentes que no reían: Yue y Shaoran.
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Por fin la película había terminado y antes de darse cuenta, Yue se había marchado, por lo que Tomoyo se montó en el coche que tenía aparcado en el parking subterráneo del teatro. A pesar de haber salvado la situación, todavía se sentía aturdida por todo lo que había ocurrido y estaba preocupada de que algún medio no se hubiera creído la excusa de la broma que aludió.
Tras dar un suspiro, arrancó y salió detrás de un todoterreno blanco. Al subir la rampa del aparcamiento, el limpiaparabrisas se activó automáticamente al notar la lluvia que había comenzado a caer con cierta intensidad. El coche de delante se detuvo para poder girar a la izquierda. Aprovechando que estaba parada, Sakura se montó en el asiento del copiloto, mientras que el coche de delante se perdió de su vista al girar. No podía creer que Sakura hubiera estado esperándola todo el tiempo.
–¿Qué crees que estás haciendo? –preguntó Tomoyo.
–¿Estás enfadada? Porque soy yo la que lo está. –dijo Sakura. –Eres horrible. Dijiste que las dos éramos la autora Tomoyo Daidouji. Que estábamos juntas en esto. Y de repente, decides retirarte. Lo he perdido todo; y tú no has perdido nada. No es justo. Tú también deberías perderlo todo.
Tomoyo guardó silencio durante unos segundos sin mirarla. Entonces cogió aire.
–¿Creías que con el espectáculo que has montado en el escenario lo perdería todo? ¿Quién te crees que soy? –preguntó Tomoyo sin dejarse achantar por Sakura, que sonrió.
–Te conozco muy bien, Tomoyo. Desde tu debut has escrito un best seller tras otro y adoptaste el título de reina de la literatura. Eres la gran Tomoyo Daidouji. Pero eres una persona triste. –dijo Sakura. Tras decir eso, se bajó del coche.
Tomoyo se quedó dolida con lo que dijo, porque consideró que lo último también era verdad y eso menoscababa su orgullo. Enfadada, se soltó el cinturón de seguridad y bajó.
–¡Espera! –exclamó Tomoyo acercándose a Sakura y mirándola frente a frente sin importarle que la lluvia las empapara. –¿Qué has querido decir?
–Que eres extremadamente vanidosa y egoísta. Y tienes tanto orgullo que no puedes aceptar la realidad. No puedes soportar otra cosa que no sea ser la número uno. Estoy segura de que lo sabes mejor que nadie. –dijo Sakura fríamente.
Embargada por la rabia, Tomoyo le propinó una bofetada. Pero Sakura sonrió, consciente de que aquello le había dolido a esa traidora.
–Sin mí no sirves para nada, Tomoyo. –dijo Sakura.
Aquellas palabras las sintió Tomoyo como si se las hubiera dicho su propia madre en el pasado. Y lo sintió así porque siempre se lo hacía saber. Fue tal la rabia que la embargó que agarró a Sakura de la pechera del abrigo. Ambas estuvieron forcejeando hasta que Sakura consiguió zafarse de Tomoyo tirándola al suelo. Sakura se puso encima de ella para intentar cogerla del cuello, pero Tomoyo consiguió hacerla rodar para ser ella quien acabara encima.
–¡Mentira! –gritó Tomoyo intentando golpear a Sakura, que interceptó el puñetazo que iba dirigido a su cara. –¡¿Qué sabrás tú?!¡Dime!
Aunque Tomoyo parecía controlar la situación, Sakura consiguió darle con el pie en la boca del estómago y librarse de Tomoyo, poniéndose en pie en seguida ante un posible contraataque, pero Tomoyo se quedó en el suelo intentando recuperar el aliento.
–Gracias por todo. –dijo Sakura con ironía. –Desde hoy, dejaré de ser tu escritora fantasma.
–¡Estás despedida! –exclamó Tomoyo.
Con aquellas palabras, Sakura confirmó lo que ya sabía y que le había dolido tanto a Tomoyo. Era tal el orgullo de la afamada escritora que no soportaba que fuera Sakura la que renunciara.
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Al día siguiente, Sakura entró al apartamento después de haber ido a comprar los periódicos más importantes de buena mañana. Estaba ansiosa por saber qué decían los medios sobre lo que había ocurrido en el estreno de "Receta eterna".
Pero para su sorpresa, los titulares no decían nada al respecto. Tan sólo que la actriz principal le estaba muy agradecida a Tomoyo por haber engendrado una historia tan buena. En el resto de periódicos los titulares eran similares.
–¿Por qué? –se preguntó Sakura.
Tomoyo Daidouji lo tiene todo. La gente la envidia. Pero incluso yo envidio a otros. ¿A quién envidio? Envidio a…
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–Es un alivio ver que no se dice nada de lo de la escritora fantasma en ningún medio. ¿No te parece? –dijo Yamazaki dejando el periódico que acababa de ojear, mientras Shaoran seguía ojeando otro diario muy serio. Después lo dejó con desgana en la mesa del centro y se llevó la mano a la sien. Era consciente de que era todo gracias a Eriol. Él había elaborado la excusa de la broma que había montado la organización y la mayoría ni siquiera lo mencionó. Todo lo que había hecho por ayudar a Sakura no había servido para nada.
Meiling vio lo abatido que estaba el castaño y se sentó frente a él.
–No pareces muy contento. –dijo Meiling.
–Porque no lo estoy. –reconoció él.
–¿Sabías que Sakura iba a hacer lo que hizo? –preguntó Meiling. Pero Shaoran no respondió. –Ya me lo imaginaba.
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–Gracias por frenar los artículos de la prensa. –dijo Eriol a Clow Reed, al que tuvo que recurrir para poder controlar la situación. –Siento que mis errores hayan ocasionado tantos problemas.
–Voy a ir de nuevo a algunos medios a hablar con conocidos para asegurarme de que no saquen a relucir lo de la escritora fantasma en un futuro. –dijo Clow poniéndose el abrigo para marcharse.
–Muchas gracias. –volvió a agradecer Eriol.
–La industria literaria hará lo que sea por proteger a Tomoyo Daidouji. Pero tengo que preguntar. ¿Es cierto que tiene una escritora fantasma?
–No. –mintió Eriol.
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Tras su reunión con Clow, Eriol fue hacia el lugar de trabajo de Tomoyo, que estaba en la tumbona de su despacho.
–¿Dormiste mucho anoche? –preguntó Eriol. –Estoy seguro de que no. Pero ahora todo está bien. Los medios no van a publicar nada sobre la escritora fantasma. Clow se ha encargado de ello hablando con los grandes grupos editoriales y de comunicación de los que dependen los periódicos y los diferentes medios.
–¿De verdad que va a estar bien? –preguntó Tomoyo. –Jamás imaginé que haría algo así. Estoy asustada.
Eriol se acercó a ella y se acuclilló para ponerse a su altura y cogerle de la mano.
–No te preocupes. Una vez que las aguas vuelvan a su cauce volveremos a prepararnos para anunciar tu retirada. –dijo Eriol, que con toda la conmoción por la interrupción de Sakura, Tomoyo no realizó el anuncio de su retirada de la literatura, por lo que su vida como autora se vería alargada un poco más.
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Preocupado, Shaoran fue al apartamento de Sakura para ver cómo estaba. La joven volvía a vestir de manera sencilla, aunque había pasado tan poco tiempo que su pelo seguía tintado de negro.
Shaoran se había replanteado la situación y cuando decidió ayudarla no había sopesado bien las consecuencias.
–El hecho de que Tomoyo utilizara una escritora fantasma no sólo afectará a nuestra empresa, sino a toda la industria editorial. –dijo Shaoran. –Prácticamente todas las grandes editoriales han trabajado con Tomoyo. Y también las productoras de cine que han adaptado sus novelas. Si se corre la voz de que ha utilizado una escritora fantasma será imposible vender libros y las empresas afectadas perderán millones de yenes. Por todo eso no pueden admitir abiertamente que ha utilizado una escritora fantasma.
–Ahora ninguna editorial publicará mis obras. –dijo Sakura con tristeza y casi resignada a haber perdido la batalla contra una gigante como Tomoyo.
–¡Me niego! –exclamó Shaoran con frustración. Pero lo dijo con tanto ímpetu que hasta Sakura se sorprendió. Entonces él señaló a la estantería, donde había al menos siete novelas. –Tú escribiste todas esas obras. Son obras maestras. Quizás la gente las comprara porque pensaban que las escribió Tomoyo, pero eres tú quien ha emocionado a los lectores.
–No quiero dejar la escritura. –dijo Sakura mirando a Shaoran a los ojos.
–Lo sé. Debe de haber alguna forma en que la gente descubra la verdad. –dijo Shaoran, dispuesto a pensar el modo de ayudar a Sakura.
–Gracias por animarme y no dejarme caer. –dijo Sakura con una tierna sonrisa, haciendo que el castaño se sonrojara.
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–¿Todavía sigues aquí? –preguntó Meiling, que tuvo que volver a la oficina tras una reunión. El resto de trabajadores prácticamente se habían marchado y sólo Shaoran seguía allí dándole vueltas a la cabeza pensando en cómo poder ayudar a Sakura.
–Sí. En realidad, te estaba esperando. –dijo Shaoran.
–¿Para qué?
–Necesito pedirte un favor.
–¿Cuál?
–¿Podrías dejar que Sakura se quede en tu apartamento? –le pidió Shaoran.
–¿Qué?
–Es que ahora mismo no tiene ningún plan y teniendo en cuenta lo que ha pasado tiene que dejar su apartamento. Era Tomoyo quien pagaba el alquiler. Será sólo algo temporal. Hasta que decida qué hacer. –explicó Shaoran.
–¿Acaso no lo entiendes? Ahora mismo Sakura es la enemiga de la industria editorial y por si no te has dado cuenta, nosotros trabajamos en ella. –alegó Meiling.
–Yo también soy responsable de lo que ha pasado. –confesó Shaoran.
–¿Qué? ¿Por qué ibas a ser tú responsable? –preguntó Meiling sin comprender qué responsabilidad podría tener él.
–Nada de esto habría pasado si yo no le hubiera pedido a Sakura que fuera la asistente de Tomoyo. No puedo dejar que le arrebaten su carrera literaria. No puedo dejar que le arrebaten sus sueños. –dijo Shaoran.
–¿Y no te preocupa lo que pueda ocurrir con tu puesto de trabajo? –preguntó Meiling.
–De todas formas aquí no puedo publicar nada de lo que me importa. –dijo él.
–Pero te da de comer. No seas tan temerario. –le advirtió Meiling. –No quiero verme envuelta en el asunto de la escritora fantasma. Así que dile a Sakura que no toque el tema mientras esté en casa.
–¿Qué?¿La vas a alojar? –preguntó Shaoran, que pensaba que le diría que no. La mirada asesina de la morena le respondió. –Gracias, Meiling.
A Meiling no le hacía gracia la situación, pero conocía a Shaoran y sabía cuánto había comenzado a importarle Sakura aunque no lo reconociera abiertamente. Para ella, sus actos y el interés por ayudarla hablaban por sí solos. Y ella le tenía demasiado cariño y aprecio como para dejarlo en la estacada. Por eso accedió con la condición de que no se viera salpicada por el turbio asunto de la escritora fantasma. Sólo esperaba no arrepentirse por ayudarle.
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Un par de días después, Sakura siguió a Meiling hasta el interior de su apartamento. Gracias a Shaoran, tendría un techo donde dormir. El apartamento de Meiling era más modesto que el que Tomoyo había alquilado para ella, pero tenía el espacio suficiente como para albergar a dos personas. En opinión de Sakura, la decoración era demasiado recargada para su gusto, pero no era quién para quejarse de nada.
–Gracias por alojarme. –le agradeció Sakura mientras una vez que llegó a la sala con su equipaje.
–No te equivoques conmigo, Sakura. No estoy de tu lado en todo esto. –le advirtió Meiling.
–Entendido. –dijo la castaña.
–Utiliza la sala todo lo que quieras. Estoy cansada de la gente demasiado educada. –dijo Meiling mientras le prestaba una copia de las llaves del apartamento.
–Gracias. –dijo ella tomando la llave. Entonces a Sakura le sonó el teléfono. –Hola Shaoran.
–¿Te has instalado ya? –preguntó Shaoran.
–Más o menos. Acabo de llegar al apartamento de Meiling. –respondió Sakura.
–Te llamaba porque he encontrado un lugar donde están dispuestos a sacar la verdad a la luz. –le informó Shaoran.
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Al día siguiente, Shaoran y Sakura fueron juntos al lugar que le permitiría a Sakura contraatacar. La joven había vuelto a tintarse el pelo para que se pareciera lo más posible a su pelo castaño natural. Si había algo que no quería era seguir pareciéndose a Tomoyo.
–Es en este edificio. En la tercera planta. –dijo Shaoran mientras miraban el edificio. Era un edificio de piedra bastante robusto pero al que se le notaban los años. –Vamos.
–Sí.
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"Receta eterna" tan sólo llevaba en los cines un par de semanas pero la editorial Clow junto con la productora que había realizado la película celebraban una fiesta por la increíble recaudación de tres billones de yenes que la película había hecho en taquilla en tan poco tiempo.
–Así que el presidente de Clow y los productores están aquí. –dijo uno de los editores de Clow mirando al presidente.
–Sí. Todo el mundo quiere dejarse ver cuando hay un pelotazo. –dijo Yoshiyuki Terada.
–Gracias por lo que hiciste por mí. –le agradeció Tomoyo a Clow Reed por haber tapado la verdad.
–¿A qué te refieres? –preguntó Clow haciéndose el loco. A lo que Tomoyo sonrió. –Si nos disculpas.
Clow, haciéndole saber a Eriol que lo siguiera, se apartaron de Tomoyo para hablar para presentarle un miembro de la ejecutiva.
–Parece que Eriol se mueve en ligas mayores. –dijo Terada al compañero que tenía al lado mientras los observaban.
Entonces, alguien interrumpió la dinámica de la fiesta para realizar un brindis.
–¡Caballeros!¡Señoras, señoritas!¡Ahora que todos tenemos nuestras copas nos gustaría que Tomoyo Daidouji propusiera un brindis! –dijo un hombre que estaba haciendo las veces de maestro de ceremonias.
Entre los aplausos, mientras que Tomoyo se acercaba hacia el micrófono, Eriol recibió una llamada.
–Si me disculpan. –se excusó Eriol apartándose para hablar con más privacidad. –¿Diga?¿Qué?
–Buenas tardes a todos. –comenzó diciendo Tomoyo. –Quería agradecerle a los productores, al elenco y en general, a todos los que han hecho posible la realización de esta excelente película por haberle dado vida a mi historia.
Mientras los presentes aplaudían a la autora, un nervioso Eriol se dirigió rápidamente hacia Clow Reed. Tras susurrarle algo, ambos se apartaron rápidamente de las personas que tenían a su alrededor para poder hablar con más privacidad, hecho que no pasó desapercibido para Tomoyo desde el escenario, que continuó con el brindis.
–Tengo la esperanza de que la película siga conquistando más corazones. –dijo Tomoyo. Entonces Clow la miró con una mirada seria que Tomoyo jamás había visto en él.
–Compruébalo inmediatamente. –le ordenó Clow a Eriol.
–Sí. –dijo Eriol antes de marcharse.
–¡Salud! –brindó Tomoyo fingiendo que no se había dado cuenta de nada.
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Las llamadas en la editorial Clow se sucedían una tras otra pidiendo explicaciones a los trabajadores, que comenzaban a saturarse por tanta llamada.
–Yamazaki. –dijo Eriol entrando a la oficina, a la que había llegado en tiempo récord.
–Eriol. Mira esto. –dijo Yamazaki reproduciendo un vídeo que había colgado en una página web llamada "World Net Press". En el vídeo, Sakura Kinomoto hablaba abiertamente de lo que el resto de medios habían censurado. El rótulo del vídeo rezaba:
La escritora fantasma de Tomoyo Daidouji confiesa.
–Al principio, sólo buscaba información y documentación, para pasar a escribir las tramas que Tomoyo utilizaba en las novelas serializadas y en los libros.
Los comentarios de incredulidad de la gente no se hicieron esperar. Algunos preguntaban si era cierto, otros pensaban que aquel era el final de Tomoyo, otros que Sakura era una oportunista mientras que otros se sentían estafados tanto por Tomoyo como por las editoriales.
–El vídeo se ha vuelto viral. –dijo Yamazaki. –Esta plataforma es independiente y no tiene vínculos con editoriales ni otros medios de comunicación.
–…era una trampa para hacerme seguir escribiendo por ella. –continuaba explicando Sakura.
Shaoran miró a Eriol y Yamazaki, consciente de que aquel sí que había sido un golpe de efecto incontrolable. Meiling le echó una mirada reprobadora, consciente de que su amigo tenía algo que ver en todo aquello.
–Te lo explicaré más tarde. –dijo Shaoran, que sabía que Meiling no aprobaba todo aquello.
–No. No lo hagas. Prefiero no saber nada. –dijo Meiling para evitar que le salpicara todo aquel escándalo.
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Tras haber finalizado la fiesta, Eriol avisó a Tomoyo de lo que estaba pasando, pero lo quería ver por sí misma, por lo que se dirigió a su despacho donde reprodujo el vídeo.
–Tiempo después, Eriol Hiragisawa, el editor jefe de la editorial Clow me pidió que escribiera no sólo las tramas, sino que me animó a escribir mi propia novela. –confesaba Sakura. –Entonces, pensaba que sólo era para aprender y practicar, pero la realidad era que Tomoyo Daidouji ya no podía escribir más porque llevaba tiempo con un gran bloqueo creativo. Para agradecerme lo que estaba haciendo por Tomoyo, Eriol decidió publicar una novela con mi nombre: "A mi segundo yo", pero más tarde me di cuenta de que sólo era una trampa para hacerme seguir escribiendo por ella. Tomoyo me llegó a decir que nadie podía remplazar a Tomoyo Daidouji, pero que hay mucha gente que puede remplazar a Sakura Kinomoto. Llegó un punto en el que Tomoyo se vio tan acorralada que llegó a arrastrarse a mis pies rogándome por mis escritos. Me dijo que las dos juntas formábamos a la novelista Tomoyo Daidouji.
Incapaz de escuchar más verdades, Tomoyo cerró la tapa del ordenador portátil de forma seca. La ansiedad comenzó a apoderarse de ella. Era tanto el agobio que sentía que incluso al levantarse parecía desorientada.
Cuando Kaho entró al despacho preocupada y consciente de la viralidad del vídeo que ella también había visto, encontró a Tomoyo en el suelo apoyada con su cabeza y sus brazos en la tumbona.
–¡Tomoyo!
Continuará…
