La autoría de Ranma y todos los derechos, pertenecen a Rumiko Takahashi. Esta obra es sin ánimo de lucro y para entretenimiento.

Capítulo 2 - La mudanza.

-Ichi, ni, san, shi…- Ranma iba caminando entre sus alumnos más principiantes, marcando con aplausos secos el ritmo del kata, mientras miraba de reojo el reloj de pared.

Aún así, no perdía detalle de su clase. -Sasuke, recuerda, el pie de atrás en 45 grados. Shin, baja la rodilla. Go, roku…-

Estaba nervioso, pero continuar con su rutina lo ayudaba a centrarse y por momentos olvidar que, en tan solo dos horas, firmaría de manera definitiva su ingreso al mundo de la industria musical. Nunca se había imaginado que el destino lo llevaría por ese camino.

Desde que se había reencontrado con su madre 5 años antes, ella se había empecinado en enseñarle a tocar la Biwa. La señora Nodoka Saotome se había dedicado a ganarse la vida como concertista durante la extensa ausencia de los hombres de la familia y deseó que Ranma ampliara sus posibilidades de sustento más allá de las artes marciales y de combate. La sorpresa fue muy grata cuando su hijo pudo dominar ese instrumento en un asombrosamente breve periodo de tiempo, haciendo que por su curiosidad y personalidad desafiante, pasara a una variante más universal: la guitarra.

Un mundo de posibilidades se abrió ante él; matices, ritmos, estilos, sonidos… los efectos que podían añadírsele a través de pedaleras, teclados midi… era como un parque de diversiones en constante expansión. Y con la facilidad y excelencia con la que siempre aprendía todo, se destacó en su ejecución a un nivel tan sobresaliente, que había sido su ticket dorado hacia una nueva vida.

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El edificio de oficinas era gigantesco. Su fachada vidriada se erguía imponente en el paisaje tokiota. Ranma suspiró intentando calmar el revoltijo que se había formado en su estómago y acomodando el cuello mao de su camisa verde militar, ingresó con paso decidido.

Luego de acreditarse en el hall de ingreso, subió al ascensor que lo llevaría hasta el piso 23, donde se encontraba la oficina de la disquera.

Sus dedos tamborileaban nerviosamente contra sus muslos, mientras observaba los números del display ascender de a uno, conforme pasaban los pisos. ¿Debería haber contratado un abogado? ¿Y si no entendía el contrato y resultaba abusivo?

Mordió su labio inferior, replanteándose lo impulsivo que había sido, llenándose de dudas. El resonante pitido y las puertas metálicas abriéndose ante él lo hicieron espabilar y con paso firme salió hacia la recepción del sello.

La recepcionista de corta melena rizada alzó la vista y le sonrió ampliamente. -Buenos días, Señor Saotome, bienvenido a Nerima Records. Mi nombre es M-A-R-I-K-O, Mariko!.-

El joven parpadeó asustado, pero rápidamente se recompuso y con una sonrisa incómoda, agradeció la bienvenida. La señorita lo guió hasta el despacho del presidente de la disquera y lo invitó a sentarse.

Miraba todo ese lujo muy maravillado, cuando la puerta de cedro que había a su derecha se abrió y una mujer de corte bob castaño se le apareció llevando entre sus brazos unas carpetas.

-Buenas tardes, señor Saotome. Soy Nabiki Kuno, abogada del bufete que representa a la discográfica Nerima Records. Voy a repasar los términos del contrato con usted y estoy a disposición para responder cualquier pregunta que surja.-

El joven asintió, algo tenso. Se acomodó en la silla y recibió la copia que ella le había entregado para leer a la vez.

No habían llegado a la mitad, cuando el estruendoso barullo proveniente del pasillo llamó su atención y pudo observar cómo la joven letrada rodaba los ojos con fastidio. Se escucharon los alaridos de la recepcionista. -¡D-E-T-E-N-G-A-N-S-E! ¡Deténganse!- La entrada se abrió de par en par y entre tumbos, sillas que volaban y un par de zapatos de tacón que eran arrojados sin demasiado tino por Mariko, irrumpieron Ryu y Ryoga.

-¡Hola, nuevo! Vinimos a apoyarte.- saludó el baterista antes de recorrer a Nabiki con ojos libidinosos. -Hola, pastelito. Tanto tiempo.-

La mujer alzó una ceja. -Ni pastelito ni nada, recuerda que ya soy una mujer casada.-

-Prefiero recordar cuando no lo eras, preciosa.- respondió inmediatamente Kumon, causándole un fuerte escalofrío a la abogada.

Ryoga le tapó la boca a su amigo tirándolo hacia atrás y puso su atención en Ranma. -¿Ya firmaste, amigo? Si es así, toca juerga.-

-N-no, aún no… estoy intentando entender…-

-No hay nada que entender, relájate. Ahí solo dice que si tenemos que ir de gira, grabar o hacer anuncios, no podemos negarnos y debemos tener plena disponibilidad. En caso de ceder la música para películas o lo que sea, nos tocan regalías con porcentaje establecido. Y si la banda utiliza alguna composición tuya, te corresponden los derechos.- resumió Hibiki a la perfección.

El joven guitarrista miró a la muchacha y ésta simplemente asintió. -A grandes rasgos, es exactamente eso.-

El baterista interrumpió. -Pequeño gran detalle que mi compa casi olvida. Hay una regla que, a veces, ALGUNOSSSS- miró a Ryoga, que tragó saliva colorado -...deberían recordar. Y es que para evitar conflictos laborales, no podemos enredarnos entre compañeros.-

El muchacho del colmillo lo miró enojado, volviendo a taparle la boca, esta vez un poco más violentamente. -Habla el que se "enredó" con la representante legal.-

Kumon le lamió la palma para darle asco, logrando que lo soltara. -Que yo recuerde, no era parte del grupo. Y además en ese entonces ella no estaba casada con nuestro manager. ¿No es así, pastelito?-

-Ya deja de acosar a la letrada, Kumon.- la voz del presidente de la firma discográfica, Happosai, cortó secamente el inaudito debate.

Ranma se puso de pie y saludó con una respetuosa reverencia.

-Pero qué muchacho tan educado. Para que aprendan ustedes dos, mugrosos.- sentenció el anciano, dirigiéndose a los músicos que continuaban forcejeando post entredicho. Miró alrededor y con grandes ojos llorosos se llevó las pequeñas manos a los costados de su cara, haciendo puchero. -¿Y dónde están Akane y Ukyo que no las veo?-

Nabiki resopló entre dientes -Viejo baboso…-

La firma se llevó a cabo armoniosamente. Si bien continuaba con la guardia alta y dudando si se le había pasado por alto la 'letra chica', dar por finalizado el trámite legal lo aliviaba. Tal como habían planeado, sus dos compañeros lo llevaron a rastras a brindar hasta altas horas en un bar que solían frecuentar. Allí conversó largo y tendido con sus compañeros y descubrió que no solo eran mejores amigos, sino también opuestos complementarios.

Ryu Kumon era un mujeriego empedernido, muy gracioso y políticamente incorrecto. Gran amante de los excesos y la fiesta. Ruidoso, frontal, irascible y agresivo. Ante la más mínima provocación saltaba a las peleas o directamente las buscaba. Como él mismo decía, amaba golpear idiotas. Pero aún así era muy protector e incondicional con sus afectos.

Ryoga Hibiki era más bien tímido, reservado y muy educado. Si bien compartía el gusto por la juerga, sabía detenerse cuando estaba a punto de sobrepasar límites peligrosos para la salud. Las mujeres se le tiraban encima, pero dada su timidez y el interés que tenía por una chica en particular, solía rechazarlas cordialmente. Era protector, contenedor y caballeroso. El honor y la lealtad lo significaban todo para él.

Ranma encajaba perfectamente y conformaría lo que a partir de ese momento sería bautizado por todos como "los terribles tres de Nerima".

Era disciplinado (para lo que le interesaba), naturalmente talentoso en todo y un gran prodigio de las artes marciales con resonante reputación, lo que le valía desafíos varios de luchadores envidiosos, ganando todos y cada uno de ellos de manera apabullante.

Pentacampeón de combate libre de Japón, atleta de nacimiento. Tenía una personalidad algo molesta, era egocéntrico, irónico y sobrador. Disfrutaba provocando y hacía besar el suelo a quien osara provocarlo a él.

Era gracioso, competitivo, a veces muy infantil, muy leal y honorable. Amante de la comida, del entrenamiento y de dormir. Las mujeres morían por él, y si bien se había dejado tentar por los placeres de la carne, no había conocido a nadie que le interesara para comenzar una relación… hasta que la conoció a ella. A esa muchacha que parecía inalcanzable.

¿Mencioné que le excitaban los retos?

Pues esa era una de sus cualidades más sobresalientes. El muchacho AMABA los retos y JAMÁS aceptaba una derrota.

Y en relación a esto último… pronto descubriría que también era abrumadoramente celoso y posesivo.

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Ranma había estado escuchando una y otra vez el cassette con los demos que Ukyo le había regalado, para ponerse a tono. Ya se sabía todas las canciones y estaba ansioso por comenzar las grabaciones. Nunca había trabajado en un estudio profesional y la experiencia lo entusiasmaba sobremanera.

Ni bien arribó a las instalaciones junto a sus dos nuevos secuaces, se acomodó al lado del esquivo guitarrista rítmico. Shinnosuke había llegado temprano como siempre, su ética de trabajo era intachable y se tomaba este compromiso muy a pecho, algo que le resultaba muy respetable al de la trenza, ya que en algunos aspectos de su vida compartía la misma actitud. En un gesto amable, le extendió la mano, pero el muchacho de ojos verdes lo saludó cortante con un gesto de la cabeza y, sin prestarle más atención, se calzó los auriculares y comenzó a afinar su guitarra.

Ryoga seguía haciendo chistes estúpidos con Ryu mientras este último fumaba un cigarrillo. -¡Apaga eso, idiota!- Ukyo entró y luego de acomodar su vasito de té en su tarima, le arrojó un palillo de los de repuesto al baterista, que se apuró a hacerle caso.

Ranma sonrió, podía acostumbrarse a esto.

La puerta transparente de la cabina de voces que se encontraba separada de la banda se abrió y el rostro del susodicho se iluminó al ver entrar a la hermosa vocalista. Tenía el cabello recogido en una trenza estilo corona, atada con un listón rosa. Grandes anteojos Ray Ban polarizados cubrían sus despampanantes ojos, y su mueca taciturna la revelaba desganada.

El joven de ropas chinas aprovechó el momento de afinación para acercarse a quien sabía era la confidente de la mujer que deseaba y le preguntó si sucedía algo. La expresión de la castaña se apagó y dejó entrever una mueca de tristeza. -Akane… no tuvo una buena noche…-

La mirada curiosa de su compañero la ponía nerviosa y se sintió mal cuando lo vio girarse embobado para volver a observar a su amiga. Todo indicaba que iba a ser otra víctima en la larga lista de enamorados de la chica que a todos lastimaba.

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La semana se había pasado volando. Día a día repetían la misma rutina, cada vez más aceitada, de grabar todos los tracks de base. Gracias al profesionalismo y talento de todos los integrantes, lograron usar los 7 días para 7 canciones. Solo restaban 2, para que luego Ryu tuviera sus sesiones de perfeccionamiento y bucles para las pistas de batería en el estudio contiguo, con la ayuda de Ryoga.

Por otro lado, Ranma, Ukyo y Akane debían volver juntos a media semana para grabar a parte los arreglos de cuerda, los solos de guitarra, las voces adicionales y los coros. Shinnosuke ocuparía un lugar en la producción musical, ya que había estudiado ingeniería de sonido y además tenía excelente oído.

Todo iba viento en popa y aunque no había compartido mucho más que el tiempo de estudio, Saotome se sentía muy a gusto con su trabajo. Eran un grupo de gente muy amable a excepción del alto que siempre lo miraba mal.

La otra razón por la que estaba ilusionado, era porque faltaban pocos días para compartir mano a mano con la preciosa Tendo.

-Ryoga, trata de agregar algun lick de slap, para potenciar un poco este pasaje.- Tsubasa Kurenai, el respetado ingeniero de grabación y productor de rock, solicitó a través del altavoz. El joven del colmillo asintió gustoso y ejecutó perfectamente lo que le fue requerido. Su bajo era demoledor, y lograba que todos y cada uno de los presentes moviera la cabeza al ritmo de sus cuatro cuerdas.

Ranma tocaba distraído, desconectado. Aún no entendía por qué ese día la cantante no había ni aparecido. Se había generado un pequeño revuelo entre los trabajadores del sello al inicio de la jornada por la repentina ausencia, pero nadie revelaba motivos y parecía haber una especie de pacto de silencio entre los músicos que convivían con la chica.

Si bien todos cumplimentaban sus roles con eficiencia, un ambiente taciturno predominaba y la energía simplemente no era la misma. En momentos como ese, el nuevo integrante se sentía apartado, ignorante de los pormenores de la dinámica grupal. Sus dos compañeros más cercanos le habían insistido en numerosas oportunidades para que se mudara con ellos al espacioso apartamento que alquilaban, haciendo hincapié en que tenían una habitación extra lista para ser ocupada. Cuestiones como esta le hacían sopesar la posibilidad muy seriamente.

Al finalizar el trabajo de esa noche, todos subían a la van de Shinnosuke para emprender el regreso. Ranma estaba colocándose el casco para montar su motocicleta, cuando Ukyo se le acercó tímidamente. -Oye, por qué no vienes a cenar? No se siente correcto que seas el único que no comparte esos momentos con nosotros. Eres de la familia. Te juro que cocino muy muy bien- le sonrió dulcemente, haciendo que el joven le devolviera el gesto.

-Para serte sincero, me muero de hambre y tu propuesta me resulta por demás tentadora.- se abrochó el casco y se colocó los guantes. -Arranquen, yo los sigo.-

La vivienda era muy diferente a lo que uno se imaginaría teniendo en cuenta que allí habitaba una banda de rock. Los espacios comunes estaban limpios y ordenados, el aroma era cítrico, bien perfumado. Tenían una regla inquebrantable que dictaba que los fumadores debían retirarse al balcón, indefectiblemente.

Si bien tenían una opulenta barra llena de bebidas alcohólicas de diferentes graduaciones a un extremo de la sala de estar, la misma se veía bien organizada y hasta elegante. Parecía salida de un club nocturno muy exclusivo.

A través del larguísimo pasillo estaban dispuestas las puertas de las 6 habitaciones. Solo las recámaras de las damas tenían baño en suite, por lo que los muchachos libraban batallas campales para compartir el baño principal.

La cocina tenía una hermosa isla con banquetas altas y una cocina industrial que Ukyo ocupaba casi preferencialmente. Amaba cocinar y los chicos amaban cómo cocinaba, así que de esa tarea se encargaba ella. Además, existía un pacto unánime de mantener a Akane lo más alejada posible de las hornallas.

El grupo se reunió en la sala de estar, alrededor de la amplia mesa kotatsu y disfrutaron de una deliciosa cena cortesía de la chef designada. Brindaron con unas pintas de cerveza fría y le volvieron a insistir a Ranma con que se mudara con ellos. Ryu le mostró la espaciosa habitación con ventanal que podría ocupar y el joven de la trenza se visualizó instalado allí. Parecía la decisión natural a tomar.

-¿Y por qué nadie eligió esta linda habitación antes?- inquirió curioso.

El baterista se rascó la barbilla, barajando las palabras que podría emplear para no espantarlo. -Bueno, pues… ¿qué tan pesado es tu sueño?-

-Bastante. Duermo como un tronco.-

Kumon rió aliviado. -Bueno entonces no te molestará la música fuerte hasta altas horas en tu habitación contigua, ni los gemidos que puedan salir de la mía que está al otro lado.-

Ranma rió y negó con la cabeza. -¿La habitación contigua de quién es?-

-De Akane.- respondió sin más, saliendo del cuarto y volviendo a la sala a seguir la reunión.

El joven de trenza se quedó unos minutos repasando la información que acababan de brindarle. Su habitación sería la vecina de esa misteriosa muchacha. Osea que… ¿ella estaría ahí? Salió despacio y se paró frente a la puerta blanca. Notó un patito de madera colgado con su nombre en grafología occidental. Sonrió enternecido por ese detalle aniñado.

-¿Qué buscas? La sala es por allá.- una voz tajante lo distrajo y al girar se encontró con la figura de Shinnosuke mirándolo molesto. Ranma no era un muchacho que se amilanara, más bien todo lo contrario, pero al ser momentáneamente un invitado, decidió mantener la cordialidad y evitar increpar al joven de Ryugenzawa por su constante mala cara. -Nada. Estaba viendo quién será mi vecina a partir de mañana.- sonrió malvado, notando cómo la expresión de su colega se desfiguraba. -¿Ya lo decidiste? ¿Tan rápido?- le preguntó algo nervioso y el fanfarrón Saotome se peinó el flequillo, decidiendo jugar un poco con su aparente contrincante.

-Pues, ahora que sé a quién tendré durmiendo prácticamente a mi lado, la oferta resulta sobradamente tentadora.- finalizó en una voz sensual que Shinno detestó.

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Nodoka y Genma comprendieron entre lágrimas que su hijo finalmente abandonaba el nido. A sus 21 años ya tenía edad suficiente para tomar este tipo de decisiones y su nuevo trabajo le exigiría ausentarse de su hogar bastante seguido y durante bastante tiempo, por lo que les pareció buena idea arrancar el apósito de cuajo y acostumbrarse a su falta en la convivencia diaria mientras aún lo tuvieran a minutos del hogar familiar y no de gira en algún lejano país.

Se instaló muy rápidamente ya que no tenía demasiadas cosas y al haberse criado en campamentos y viviendas temporales, no tenía por costumbre decorar sus espacios ni poner mucho énfasis en acomodarse. Así que guardó su ropa en el armario, acomodó sus instrumentos, atornilló el makiwara a la pared y ya.

El Dojo le quedaba relativamente cerca y gracias a la moto que se había comprado con tanto esfuerzo, llegaría en un santiamén mientras pudiera seguir cumpliendo. Ya había estado capacitando a su compañero para reemplazarlo cuando necesitara ausentarse y sabía que sus alumnos quedarían en excelentes manos.

Ryoga y Ukyo habían salido "a comprar" (las comillas las había hecho Ryu en el aire con sus dedos cuando se lo contó, antes de irse a la barbería para cortarse el pelo). Shinnosuke había ido al correo para enviarle una carta a su abuelo y Akane no había ni aparecido desde el día anterior, cuando faltó sorpresivamente a la grabación.

El joven de trenza se acercó a la puerta del patito, preocupado. La chica no había comido en todo el día anterior, así que se tomó el atrevimiento de prepararle una bandeja con el desayuno y con el puño algo tembloroso, golpeó a la puerta.

No recibió respuesta y se puso algo nervioso. Se aflojó el cuello mao de su camisa roja en un esfuerzo imaginario por respirar mejor y exhaló para centrarse. Volvió a golpear y escuchó la hermosa voz que lo había hechizado, responder débilmente. -Adelante…-

Abrió despacio y fue recibido por absoluta penumbra. Cuando sus ojos se acostumbraron a la falta de luz, pudo divisar una pequeña silueta hecha un ovillo, ubicada en el centro de la cama de dos plazas. Se aproximó lentamente y en lo que distinguió como una mesita de luz, depositó la bandeja, notando que había tirado sin querer algunos botecitos de plástico que parecían ser esos contenedores de pastillas de prescripción médica.

La joven se incorporó medianamente, apoyando su peso sobre su codo izquierdo y se pasó una mano por el pelo. -¿Podrías abrir un poquito la persiana? No mucho, por favor…-

El joven obedeció diligente y gracias a esa pequeña acción, pudo finalmente observar detenidamente a la chica, que ahora se refregaba los ojos con algo de molestia por el ingreso de los rayos de Sol.

Tenía el cabello suelto, alborotado. Vestía un camisón corto de satén blanco de tirantes finos, con un detalle de encaje sobre el escote. Sus hermosos ojos estaban subrayados por marcadas ojeras, que para él, hasta le quedaban hermosas.

Al hacer foco en el intruso, las neuronas se activaron en su narcotizado cerebro y muerta de vergüenza se cubrió rápidamente con las sábanas. -¿R-Ranma? ¿Qué haces aquí?-

-Sorpresa, roomie.- sonrió alegremente el apuesto muchacho, con esa exultante inocencia que lo caracterizaba.

Akane miró hacia la mesita, viendo la bandeja que le había preparado y sintió mucha ternura que se obligó a rechazar en su conflictuado interior. -¿R-roomie?- repitió confundida. Mientras ella intentaba entender, él metió las manos en los bolsillos y comenzó a caminar observando la habitación e inhalando gustoso el aroma a jazmines que flotaba en el aire. -Así es, los muchachos me convencieron de mudarme aquí. Creo que ya te imaginas en qué dormitorio tuve que acomodarme.-

La muchacha de cabellos azulados se sentó completamente, aferrando el cobertor contra su pecho. -Pues bienvenido, Ranma. Aunque debo aclararte una cosa.-

El chico se detuvo y se giró a mirarla. Sus ojos azules se clavaron en ese hermoso rostro, prestándole toda su atención, así que continuó. -Que vivas aquí no te convierte en mi amigo. Así que te pido que te ahorres estos gestos de "desayuno en la cama" y de entrar en mi cuarto como si de tu casa se tratara.-

Ranma frunció el entrecejo y ella le mantuvo la mirada, desafiante. De repente, soltó una risotada que la descolocó. -¿Realmente te funciona?-

-¿Q-qué cosa?-

-Este acto de chica ruda y arisca.- se sentó atrevidamente en el borde de la cama y tomó una galleta de la bandeja, mordiéndola desvergonzadamente. -A mí no me espantas, niña.-

Akane estaba iracunda. ¿Quién se creía este atrevido fanfarrón? -Quítate de mi cama.-

Él se inclinó hasta estar a un palmo de su rostro. -Quítame.-

Sin preludios, la chica le asestó un almohadonazo que él esquivó sin dificultad con una sonrisa burlona, mientras comía otra galleta con una mano en el bolsillo. -Eref muy lefnta- la provocó con la boca llena.

-¡No soy lenta!- saltó a revolearle una zapatilla y Ranma simplemente ladeó el cuerpo, dejando que el proyectil se estrellara contra la pared.

-No te ves enferma. ¿Por qué faltaste ayer?- la interrogó de repente.

-¡No te incumbe!- gritó enfadada mientras se encerraba en su baño privado con un portazo.

Ranma sopló hacia arriba para correrse el flequillo, esta chica iba a ser difícil de conquistar, lo que lo hacía frustrante y divertido en partes iguales. Se acercó a la puerta del toilette lo suficiente para escuchar el ruido de la ducha corriendo.

Bien, al menos había logrado sacarla de la cama.

Se relamió los labios imaginando lo que ocurría ahí dentro pero decidió que primara el autocontrol, así que optó por retirarse de los aposentos, con tanta suerte que se chocó a una muy sorprendida Ukyo nomás poner un pie en el pasillo.

-Vaya, Ranma, tú sí que no pierdes el tiempo- se sonrió de costado, generando que el chico se sonrojara hasta las orejas.

-N-n-no no no no, no es lo que piensas, yo…-

La chica se rió y tomándolo de la trenza, lo arrastró hasta la cocina.

Mientras la ayudaba a ordenar las compras que había hecho con Ryoga, conversaron en confianza sobre la misteriosa compañera que tanto le interesaba al muchacho.

-Akane es… difícil. No solamente porque tiene un carácter de mil diablos, sino porque es terca y necia como ella sola.-

El pecho de Ranma tembló con una risa profunda y su compañera se apresuró a continuar. -Sí sí, ya sé… no te estoy diciendo nada nuevo. Bueno, ella no siempre fue así. Antes era… luminosa. Alegre. Si bien sigue teniendo ese costado humanitario que la impulsa a ayudar heroicamente a todo el mundo, ya no se quiere a sí misma… y por eso se lastima.-

Ya no era para nada gracioso. El pelilargo se aproximó preocupado a su interlocutora para que profundizara sobre lo que le acababa de decir. -¿Cómo dices? ¿S-Se lastima?-

-Me refiero a que abusa de cosas que le hacen mal. Se pierde en los excesos, no le interesa su salud. A veces parece que mejora, pero luego llegan fechas claves en su vida que remueven su tristeza y recae…-

-¿A qué te refieres? ¿Algo familiar?-

Ukyo negó con la cabeza. -Haber perdido a su madre muy pequeña la afectó, pero eso no fue lo que la llevó a deprimirse de esta manera.-

De pronto, una contagiosa melodía de guitarra resonó en la televisión, que estaba sintonizada en el canal local de música. La chica hizo un ademán con la cabeza y rodó los ojos con una mezcla de exasperación y bronca. -Ese es el motivo.-

Saotome se dirigió a mirar el video musical. Era la nueva banda de glam rock súper exitosa que todos conocían y amaban, los famosos Nekonron, liderados por el multi talentoso cantante, guitarrista y actor en ascenso, Kirin Lei.

Antes de que pudiera preguntar al respecto, la televisión se apagó y, al girarse, Ranma vio a la bella Tendo arrojando el control al sofá despectivamente.

-Kirin… qué le hiciste…- murmuró para sí mismo mientras la miraba alejarse.

¡Hola! Gracias a todos por la cálida bienvenida a esta historia. Pronto van a comenzar a aparecer algunas canciones con letras que me trasladan a la problemática de los personajes (aviso que no soy seguidora de la música actual, así que va a haber mucho 80s, 90s y 2000) espero no les disguste :-D

Nos leemos pronto y de nuevo, gracias!