Entre tú y yo

Disclaimer / Descargo de responsabilidad:
Los personajes de The Loud House / Una Casa de Locos no me pertenecen. Todos los derechos corresponden a su creador, Chris Savino, y a la cadena Nickelodeon que produjo la serie. Esta historia es una obra de fanfiction escrita únicamente con fines de entretenimiento y sin ningún ánimo de lucro. No se pretende infringir ningún derecho de autor.

Nota del autor:
Esta historia está inspirada libremente en el episodio "One of the Boys" (Uno de los chicos), en el que Lincoln viaja a un universo alterno donde todos sus hermanos son varones. Hacia el final, se sugiere brevemente otro universo donde Lincoln sería una chica, pero no se profundiza en él.

Entre tú y yo toma como punto de partida esa premisa, pero no pretende ser una réplica exacta del canon. Dado que este universo alterno apenas fue mostrado, se han hecho adaptaciones y se han desarrollado relaciones propias para esta versión de los personajes.

Asimismo, aclaro que esta historia no incluye contenido inapropiado ni relaciones románticas entre familiares, ni promueve temáticas controversiales. Se centra en el crecimiento emocional, la amistad y el descubrimiento personal, con respeto al espíritu de The Loud House.

Capítulo 1: Una Nueva Amistad

Ser la única chica en una familia de once hijos tenía sus ventajas. Linka Loud lo sabía bien. Sus hermanos la adoraban, la cuidababan y, aunque a veces la sobreprotegían demasiado, nunca le faltaba atención. Pero vivir en una casa tan caótica también significaba que las mañanas eran una batalla campal.

Ese día no fue la excepción.

El despertador sonó, pero fue ahogado por el bullicio de la casa: voces mezcladas, risas, pasos apresurados y una que otra discusión sobre quién había usado toda el agua caliente.

Linka apenas había terminado de ponerse su camiseta cuando sintió un tirón en el cabello.

—¡Leo, suelta eso! —protestó, girándose para ver a su hermano menor con su cepillo en la mano.

El pequeño de casi dos años la miró con una enorme sonrisa mientras pasaba el cepillo torpemente por su propia cabeza.

—Pelo lindo —balbuceó, tirando de un mechón rojizo entre sus deditos.

—Sí, sí, muy lindo, pero necesito mi cepillo —dijo Linka, recuperándolo con cuidado.

Leo río y salió tambaleante de la habitación.

—Si sigues entreteniéndote con Leo, llegarás tarde —comentó Lynn Jr. desde la puerta, ya vestido con su uniforme deportivo y atándose los cordones de las zapatillas con movimientos ágiles.

—Díselo a los demás —refunfuñó Linka, apurándose a hacerse una coleta.

Al salir de la habitación, casi choca con Levi, quien pasaba a su lado con una tostada en la boca y unos lentes de protección sobre su cabeza.

—Estadísticamente, si sigues a ese ritmo, hay un 78% de probabilidades de que no llegues a tiempo —comentó Levi sin detenerse.

—¡Gracias por el dato! —Linka rodó los ojos y siguió su camino.

En la sala, Luke estaba afinando su guitarra en medio del pasillo.

—¡Cuidado con mis cuerdas, torpe! —se quejó cuando ella pasó zumbando a su lado.

—¡Pues no toques en medio del pasillo! —Linka le sacó la lengua antes de salir.

El aire fresco de la mañana la recibió justo a tiempo para ver cómo el autobús se alejaba calle abajo.

—¡Genial! —bufó, pateando una piedra.

—¿Necesitas un aventón? —Lynn Jr. frenó a su lado en su bicicleta—. Tengo que estar temprano en la secundaria por una competencia, pero si nos damos prisa, puedo dejarte en tu escuela antes.

Sin muchas opciones, Linka se acomodó en la parte trasera de la bici. Lynn Jr. arrancó con un empujón, y mientras recorrían las calles del vecindario, Linka sintió el viento despeinarla.

A pesar del apuro, su mente divagó. Miró las casas pasar, preguntándose si algún día viviría en un lugar más tranquilo, donde no tuviera que pelear cada mañana por un turno en la ducha. O donde su reflejo en el espejo no estuviera acompañado de alguien gritando por un peine.

En pocos minutos, llegaron a la escuela.

La escuela era su segundo hogar, y ahí también destacaba. como Inteligente, linda y lo suficientemente carismática como para ser popular sin esfuerzo.

Y, por supuesto, estaba Johnny Santiago.

Johnny no solo era el chico más rudo y genial de la escuela, sino que tenía una actitud rebelde que la hacía suspirar. Su piel bronceada, cabello oscuro y ojos profundos le daban un aire misterioso, pero lo que realmente lo hacía destacar era su seguridad. Siempre con su chaqueta de cuero y esa forma despreocupada de caminar, parecía alguien que no seguía reglas, sino que las creaba.

Era todo lo contrario a Clyde McBride, el chico tímido y nerd que se sentaba en la parte trasera del salón.

Para Linka, Clyde era solo una presencia más en su entorno. Alguien inofensivo con el que nunca había tenido una conversación real.

Ese día, como de costumbre, Linka y sus amigas se habían reunido en las gradas para ver el partido de básquet. No era un evento oficial, solo un juego entre algunos de los chicos más populares de la escuela. Pero para Linka, cualquier oportunidad de ver a Johnny en acción era suficiente motivo para estar allí.

Johnny dominaba la cancha con una confianza natural. Se movía con agilidad, lanzaba pases con precisión y, de vez en cuando, hacía una jugada arriesgada solo para demostrar que podía lograrlo. Linka lo observaba con una mezcla de admiración y anhelo, preguntándose si algún día él le prestaría más atención.

Hasta que, inesperadamente, ocurrió algo que lo cambió todo.

—¡Linka! —gritó Johnny desde la cancha de básquet.

Ella, que estaba en las gradas con sus amigas, volteó de inmediato, su corazón latiendo más rápido.

—¿Sí? —respondió con su tono más relajado, aunque por dentro se moría de emoción.

—¡Atrápala!

Antes de que pudiera reaccionar, un balón de baloncesto voló hacia ella. Linka apenas tuvo tiempo de alzar las manos, pero sus dedos fallaron en la atrapada y la pelota impactó directo contra su cara.

Un dolor sordo explotó en su nariz y mejillas. La sorpresa la dejó aturdida por un segundo, y sus ojos se llenaron de lágrimas involuntarias. Un murmullo recorrió la cancha. Algunas risas abiertas, otras ahogadas, y hasta un par de exclamaciones exageradas.

—¡Uy! Eso tuvo que doler… —susurró alguien entre la multitud.

—No fue tan grave… ¿cierto? —le preguntó su amiga Katherine, una chica pelirroja de piel clara, acercándose con expresión preocupada. Su cabello rojizo se agitó con el movimiento mientras se inclinaba para observarle el rostro, y sus ojos marrón claro se movían atentos hacia la zona del impacto.

Otra se inclinó hacia ella con el ceño fruncido. —¿Seguro que estás bien?

Linka sintió su cara arder, no solo por el golpe, sino por la humillación. Genial, justo lo que necesitaba para que Johnny me recuerde... como la torpe que no pudo atrapar un balón.

Por un instante, quiso responder con un comentario ingenioso, restarle importancia a lo que acababa de pasar… pero su garganta se cerró. Sentía el ardor en su nariz y el peso de todas las miradas sobre ella.

El silencio fue inmediato.

Johnny se acercó rápidamente, aún con el balón en la mano.

—¡Wow, Linka! ¿Estás bien?

Ella se frotó la nariz, sintiendo un ardor molesto.

—Sí… fue solo un mal tiro —respondió, intentando sonar despreocupada.

Johnny le tendió la mano para ayudarla a levantarse, y por un momento, Linka creyó ver un destello de preocupación en su mirada. Pero en cuanto estuvo de pie, su expresión cambió a una sonrisa divertida.

—La próxima vez usa ambas manos. No quiero que mi pase te saque de la cancha —dijo con un tono despreocupado antes de encogerse de hombros y alejarse sin más.

Linka apretó los dientes. ¿En serio había querido ayudarla o solo estaba jugando con ella? No estaba segura, y eso solo la irritó más.

A unos metros de distancia, Clyde observaba la escena sin decir nada. Ajustó sus lentes y miró de reojo a Linka por un instante, como si estuviera a punto de intervenir… pero se quedó quieto, apretando los labios en un gesto pensativo.

Finalmente, cuando Linka resopló y estaba a punto de hacer un comentario sarcástico, él rompió el silencio.

—Ehm… si hubieras inclinado las manos en un ángulo de cuarenta y cinco grados, habrías desviado la trayectoria del balón.

Linka parpadeó y giró la cabeza. Frente a ella estaba Clyde McBride, el chico nerd de la clase, con la misma expresión tímida de siempre.

—¿Qué? —preguntó, aún frotándose la nariz.

—El rebote. Si mueves las manos así —hizo un gesto con las suyas—, evitas el impacto directo.

Linka frunció el ceño.

—¿Y tú cómo sabes eso?

—Leo mucho sobre deportes, aunque no los practico. —Se encogió de hombros—. Los videojuegos también ayudan.

Ella lo miró por un segundo. No tenía idea de por qué estaba hablándole… pero de alguna forma, sus palabras tenían sentido.

—Hmp. Lo tendré en cuenta. —Se puso de pie y se alejó, ignorándolo.

No dijo nada más, pero mientras Linka se alejaba, Clyde se quedó mirándola, con una sonrisa apenas perceptible. Él sí lo recordaría.

Continuara…