Capítulo 39
* * * P.V.S * * *
Compruebo la hora que es cuando llego al barrio de Airi, y al ver que son las 10 de la noche y por lo tanto no tarde, avanzo hacia su bloque. Cuando llego ante su puerta me tomo unos instantes para prepararme antes de llamar y encararla, inspirando con profundidad antes de dar el paso.
Un rato después Airi abre la puerta, y ambos nos miramos fijamente unos incómodos segundos hasta que ella me dice que pase, con un leve murmullo. Le doy las gracias y me adentro despacio, parándome nada más pasar el recibidor después de descalzarme.
Ella cojeando se adentra en el salón, y entonces me fijo en su cara, observando que ya no está tan pálida como en el hospital y sus facciones se ven más relajadas, aunque no lo suficiente, y sé que es por mi presencia.
-Siento lo que te dije el otro día, y siento lo del hospital.
-A mí no tienes que pedirme perdón por eso; díselo a Genji. –Comenta con demasiada seriedad. Creo que está enfadada, o quizás desconfía de que ya no esté cabreado y le monte el pollo de nuevo.
-Ya hablé con él. De hecho, vengo del bar.
-¿Fue la policía al hospital? –Me pregunta tras un breve silencio, y veo su preocupación al instante.
-Sí, pero al final ni me llevaron a la comisaría ni nada, sólo trataron de acojonarme un poco.
-Me alegro entonces, porque como sigas acumulando antecedentes acabarán metiéndote en el calabozo.
Ella se sienta tras su comentario, buscando su tabaco en el bolso. Yo suspiro por su tono molesto y me siento frente a ella, ofreciéndole mi paquete de tabaco y hablando al instante.
-Escucha, sé que me pasé con todo eso que te dije, y lo siento de verdad. Estaba enfadado porque no me hubieses contado nada, y asustado porque te pudiera pasar algo. Me dejé llevar por todo el cabreo acumulado. Perdóname.
Ella baja la mirada y empieza a hablar tras suspirar. Se la ve avergonzada.
-Yo también siento todo, pero ¿cómo iba a contarte algo de eso, Tamao? ¿Cómo iba a dejar que hicieran algo a Genji?, aunque fuera mentira tenía que intentarlo ¿No lo harías tú por Ruka?
-Sí, claro que sí. Lo entiendo, aunque sigo pensando que debías haberlo dicho para buscar una alternativa. ¿Has tenido que acostarte con tíos? –Pregunto seriamente, viendo como niega con la cabeza, pero evita mirarme al matizar.
-No he tenido que llegar a tanto nunca, pero he hecho cosas de las que no me siento nada orgullosa. Preferiría no entrar en detalles, Tamao.
Yo asiento, no queriendo imaginar cosas, pues tengo suficiente con los datos que sé. Viendo la cara que se le queda a Airi y que las lágrimas amenazan con escapar de sus ojos, me acerco y la abrazo sin mediar palabra, sintiendo automáticamente en la fuerza con la que me corresponde que siente un gran alivio. Cuando nos separamos hago que me mire sujetándola por los hombros, y limpiándole las lágrimas de la cara le hablo.
-Todo eso se ha acabado ya, ¿vale? Ahora estarás a salvo, nos vamos a ocupar.
Ella asiente y se esfuerza para no llorar más, consiguiéndolo al fin. Entonces vuelvo a hablar, cambiando de tema.
-¿Qué pasa con Genji? ¿Habéis vuelto o algo?
-No. Él sigue pensando lo mismo, así que no quiere que estemos juntos ni nada. –Responde apenada, tratando de fumar para relajarse.
Puedo ver el dolor en su mirada, y recordando las palabras de Genji vuelvo a hablar para saber qué piensa ella.
-Me ha dicho que ha hablado con gente de los Ryuseikay para que estén contigo cuando salgas y eso. ¿Tú le has dicho que sí a eso?
-No, pero tampoco le he dicho que no, y aunque lo haga él va a pasar de mí, así que no digo nada. Pero no, no me gusta la idea, y ya sabes por qué. Lo que más miedo me da es que Genji ahora se meta en ese mundo para ir a por Kuroki, ¿si no por qué iban a obedecerle a él?
-Bueno, es el hijo del que fue el jefe del clan; supongo que lo protegen y le hacen favores por eso. No creo que vaya a meterse en la Yakuza por mucho que quiera venganza. No quiere eso para él, y tú lo sabes.
Airi asiente, pero parece igual de preocupada, lo que me hace sospechar de que igualmente duda sobre la posibilidad.
Llaman a la puerta y ambos nos miramos un instante, pero entonces ella se disculpa y va a abrir con lentitud por el tobillo. Cuando abre me giro para ver a la persona tras la puerta, encontrándome con que es Ken, quien se queda quieto sin moverse mientras la mira con una cara compungida como por la culpa y la pena.
Sin decir nada él la abraza con fuerza, empezando a hablar sin soltarla.
-Genji me ha contado lo que pasó. Lo siento muchísimo, Airi. Debí estar más atento. Si te hubiera pasado algo...
-Estoy bien, Ken. No te culpes de nada.
Veo que Ken asiente mientras trata de contener las lágrimas, para después volver a abrazar a mi hermana.
* * * P.V.G * * *
Aparco la moto unas calles más atrás del lugar al que voy, y tras quitarme el casco y ponerme a andar, miro a mi alrededor para comprobar que nadie me vigila ni me sigue, y sólo entonces emprendo el camino rápido hacia el club principal de los Ryuseikay, que es su lugar de reunión y centro de operaciones.
Antes de entrar en el lugar me aseguro de nuevo que nadie esté mirándome, y sólo entonces abro la puerta, encontrándome con un tío enorme plantado antes de la puerta que da acceso al local, pero en cuanto me reconoce cambia la expresión de mala leche y tras una reverencia, habla.
-Buenas noches, señor. Adelante. Lo están esperando.
Asiento y paso cuando me abre la segunda puerta, sintiendo de inmediato el jaleo de la música y la gente de local, el cual está bastante lleno.
Camino despacio mirando a todas partes hasta que consigo encontrar al hombre indicado, Jiro, el que fue la mano derecha de mi padre y ahora debe llevar las riendas del negocio. Él me ve casi al mismo tiempo que lo hago yo, y después de que me haga una seña con la mano hacia una puerta, lo sigo tal y como otros hombres que igualmente reconozco y estaban con él.
Cuando el grupo de 5 y yo no encerramos en aquella gran sala de reunión, Jiro se acerca y me da la mano mientras el resto saludan con una reverencia.
-Me alegra verte, Genji. Ven, sentémonos todos y hablemos con calma. ¿Qué es eso de lo que querías hablarnos, chico? –Pregunta cuando todos nos sentamos en torno a la mesa, y yo dejo de tocar el casco de la moto para centrarme en los ojos de los presentes.
-Voy a ir a por Kuroki. Quiero hacerlo desaparecer tanto como vosotros, así que quiero unirme. No pretendo venir a ocupar el puesto de mi padre, ni a ser más que nadie; sólo comprometerme para que confiéis en mí, y me ayudéis a proteger a alguien, ya que ese hijo de puta viene a por mí y no puedo tener tantos frentes abiertos.
Jiro se acaricia la perilla mientras medita, y tras una mirada a sus hombres me contesta con su calma de siempre.
-Genji, te he visto crecer, como muchos de estos hombres de aquí. No tienes que ganarte nuestra confianza ni darnos nada como pago. Nos ocuparemos de Kuroki y todo lo relacionado sin que tengas que ensuciarte de ningún modo.
-No quiero eso –añado tajantemente-. Yo quiero resolver mis asuntos. Viene a por mí, es personal.
Él vuelve a pensar unos instantes, y tras que uno de sus guardaespaldas asienta, habla de nuevo.
-Está bien, Genji. El sindicato te ofrecerá lo que necesites, y a cambio harás algunos trabajos para nosotros, todo relacionado con Kuroki, para que te cobres tu venganza, chico. Dime, ¿a quién quieres proteger?
-A Airi. Para protegerme hizo un pacto con ellos, pero eso se ha acabado, así que estará en el punto de mira de Kuroki. Quiero tenerlo controlado todo el rato, y si se atreve a acercarse a ella otra vez, quiero matarlo.
Jiro me mira fijamente y sonríe poco después, haciendo que hasta que vuelva a tomar la palabra me sienta extraño por su reacción, dudando por un instante de que quizás se piense que voy en serio.
-Es una pena que no quieras el puesto de tu padre, porque serías un líder cojonudo con ese carácter, chico. Bueno, empecemos a trabajar entonces. Hay mucho que tienes que contarnos para que esto salga bien, Genji.
Yo asiento con mi rostro solemne, dándole las gracias antes de empezar a contarles la historia, a la vez que siento un leve cosquilleo interior por la emoción, aunque pronto es sustituido por el miedo de sentir que estoy destinado a todo esto que me rodea.
