Disclaimer: el mundo mágico y sus personajes no me pertenecen, tampoco gano dinero escribiendo esto, solo dolor y sufrimiento.
Advertencias: LGBTQ. Relación chico x chico. Personaje transgénero. Hurt/Comfort. Fluff and Angst. Misoginia. Homofobia. Transfobia. Porn WITH Plot.
Pareja: Draco Malfoy/Harry Potter (Drarry)
Nota de la autora: Holis, he vuelto, de verdad intentaré no tomarme más de un mes para continuar. Muchas gracias por leer, disculpen demorarme tanto Q_Q
Capítulo 12: Embarazo
Te maldigo, Malfoy, a ti y a tu estirpe. Engendrarán solo un hijo, siempre y para siempre. El día en que uno de ellos se enamore de la misma forma en la que tú crees que nosotras nos enamoramos… Ese día dejará de ser un hombre y se volverá en lo que tú más desprecias: una mujer. Tu apellido morirá con ella, tus tierras te serán quitadas, los secretos compartidos con otros. Esa criatura seguirá siendo ella hasta que deje de ser un Malfoy y le dé la espalda a tus ideas. Te maldigo, Malfoy, a ti y a toda tu estirpe…
~anteriormente~
Draco Malfoy es maldecido y transformado en mujer. Los Malfoy, aprovechando que nunca tuvo una hija que participara en la guerra y para evitar múltiples multas, obligaron a Draco a adoptar esta nueva identidad. Ante la necesidad de un heredero varón, y con la ayuda de Astoria, Draco comenzó la búsqueda de un marido. Fue entonces cuando Harry Potter, quien padecía un tumor cerebral, apareció como solución. Ambos necesitaban algo del otro: Draco buscaba un matrimonio ventajoso que le asegurara un heredero, mientras que Harry necesitaba una esposa que le permitiera adoptar a Teddy y cuidar del niño tras su muerte. La vida matrimonial no fue color de rosa; sus personalidades chocaron repetidamente y las peleas se volvieron habituales. Entre discusiones y encuentros íntimos, lograron encontrar la armonía. Sin embargo, la inminente muerte de Harry provocó que Draco sintiera miedo ante la idea de enfrentarse a la maternidad. Con la salud del "Niño Que Vivió" deteriorándose, Draco decidió priorizar a Teddy, lo que causó nuevos conflictos entre los esposos, sin saber que una nueva vida ya estaba creciendo dentro de él. Y una vez que lo descubrió, no puedo huir de ello.
Draco trató de acomodar el suéter que llevaba, pero los botones parecían que iban a explotar por la barriga que había crecido durante las últimas semanas.
—Maldición —masculló.
Rendido, dejó la prenda abierta y salió del baño.
Había sido una suerte que las náuseas desaparecieran, ahora solo llegaban con olores muy fuertes. Sin embargo, la cosa que crecía en su interior había empezado a crear otros síntomas. Sus órganos se apretaban dentro de su cuerpo para darle espacio al bebé lo que lo había llevado a una serie de nuevas molestias, como el tener que orinar frecuentemente.
—... no es fácil y me enojé contigo, lo siento.
La voz de Ginevra Weasley disculpándose obligó a Draco a volver al mundo real y a detenerse frente a la puerta de la cocina, lugar donde estaban sus visitas.
—Puedo entenderlo, pero tú me conoces, Ginny —sonó la voz del auror algo fastidiada—. ¿Por qué creíste que la situación era parecida?
—Harry, ¿sabes cómo se ve que de un día para otro decidas comprometerte con una extraña? Que por cierto, es la hermana perdida de tu rival escolar.
—Te expliqué en su momento que fue por beneficio mutuo, ambos necesitábamos un matrimonio para poder…
—¡Harry! —interrumpió la bruja con algo de molestia—. ¿No me dirás la verdad? ¿No elegiste a Lyra porque pensabas en Draco Malfoy?
Hubo un silencio y Draco, todavía en el hall, sintió un sudor frío recorrerle. No podía ser que Weaselette supiera su verdadera identidad. Rápido pensó en excusas, amenazas y ruegos que podría usar para convencer a la Gryffindor de mantener la boca cerrada.
—¿Qué quieres decir? —Harry sonaba tan en pánico como Draco.
—¿No te gustaba Malfoy en la escuela? —preguntó la chica con cierta arrogancia—. Por supuesto que pensé que estabas usando a Lyra como sustituta.
¿Qué?
—¿Qué? —preguntó el león, estupefacto.
—Malfoy nunca te haría caso, así que te aprovechaste de la situación de su hermana porque se le parece, ¿no es así?
¿QUÉ?
—¿¡Qué!? —exclamó Harry.
El ruido de la madera arrastrándose por el suelo y luego el sonido de la silla cayéndose llegó a los oídos de Draco. El rubio podía imaginar la expresión boba del auror en medio del desastre que debió haber generado.
—¡Espera! —chilló el cuatro ojos—. ¿¡Todo este tiempo has pensado que me gustaba Draco!?
—Sí y me equivoqué —respondió con calma la pelirroja—. Ahora sé que de verdad amas a Lyra, la forma en que la miras y la proteges… Me disculpo por haber pensado que estabas actuando como un cobarde.
—¡Ginny! ¡Ese no es el punto! ¿¡Cómo se te ocurrió que me gustaba Draco Malfoy!? —la pregunta concluyó de forma más aguda.
—¡Ay, por favor! —la bruja resopló—. ¡Siempre has estado obsesionado con él! Cuando estuvimos juntos, pasabas más tiempo intentando averiguar qué hacía que teniendo una relación conmigo.
—¡Porque yo sabía que era un mortífago!
Draco pudo escuchar el sonido de la jarra de cerveza de mantequilla golpeando la madera de la mesa. Pensó quién de los dos habría sido, pero por la respiración agitada del estúpido cuatro ojos, el rubio supuso que no había sido él. Era probable que la chica la hubiese dejado con un movimiento más parecido a un golpe, frustrada por las palabras de Harry.
Quizás Weaselette estaba a segundos de hechizar al Gryffindor. Draco pensó que sería maravilloso ver uno de los legendarios mocomurciélagos de la mujer. Aún recordaba quinto año y las humillaciones que tuvo que sufrir cuando estaba ocupado lamiéndole las botas a Umbridge. Ginevra Weasley era una bruja que había que temer.
Sin embargo, la pelirroja pareció controlar su temperamento, pues luego de un suspiro, el rubio pudo escuchar que su tono de voz había pasado a ser mucho más suave y dulce, como si le hablara a un niño chiquito y no al Salvador del Mundo.
Draco sonrió para sí, eso también era divertido.
—Harry, cariño, sé que tus 16 no fueron fáciles, pero le prestabas más atención a él que a mí —ella volvió a suspirar—. Por eso fui tan cortante cuando me contaste que se comprometió, eso solo hizo que lo odiara más.
—¿No fue porque ya estabas despechada porque la persona con la que estabas terminó contigo y odiabas la idea de que los demás fueran felices? —preguntó sarcásticamente el auror.
Draco abrió los ojos con sorpresa. Harry podía ser un bastardo hiriente cuando se metían con él. Si bien a él le había tocado varias de esas respuestas, había esperado que el estúpido cuatro ojos se controlara frente a sus supuestos amigos.
—Lo siento —dijo rápidamente el Gryffindor, avergonzado—. No quise decir eso…
—Por supuesto que quisiste —interrumpió la joven con un tono tan frío como el hielo—. Sabes perfectamente que ese tema me duele y lo has sacado a luz solo porque te sentiste acorralado.
—Ginny —suplicó el cuatro ojos—. De verdad lo siento…
Draco se recuperó rápidamente, retrocedió y subió silenciosamente unos escalones para luego bajar haciendo ruido. No era que quisiese ayudar al imbécil de su marido, pero sabía que si se iniciaba una discusión entre ellos, luego sería él quien tendría que soportar el mal humor de Harry.
Si bien el auror se había comportado con diligencia desde que se había enterado del embarazo de Draco, cualquier tema que no tuviera que ver con el bebé o Teddy no merecía tantas consideraciones. Parecía que compensaba la amabilidad que le ofrecía al niño y al rubio siendo un insoportable con todos los demás. El Slytherin sospechaba que los motivos detrás de ese mal genio eran los dolores de cabeza, los cuales se habían hecho más fuertes y recurrentes. Era solo una sospecha, porque el estúpido león no le había dicho nada.
Draco soltó una queja al aire sobre la dificultad de moverse y entró a la cocina fingiendo no haber escuchado nada. Luego se sentó con naturalidad a un lado del auror, sonriendo de forma amable mientras acariciaba su estómago. Debía verse como una bruja emocionada por su embarazo y no como alguien que había estado escuchando a escondidas. Draco se aplaudió mentalmente por sus magníficas dotes de actuación.
—Lamento la demora, fue difícil acomodarme la ropa con la gran panza que tengo ahora —comentó de forma alegre, fijando sus ojos en la jarra vacía—. ¿Quieres más cerveza de mantequilla, Weasley?
La bruja le devolvió la sonrisa, aunque aún se podía notar su ceño levemente fruncido. Harry aprovechó la oportunidad y rápidamente cambió de tema, llamando a Kreacher para que les trajera más bebidas.
Pronto la conversación derivó a un tema en el que Harry volvía a ser una persona amable que pensaba antes de hablar.
—¿Ya saben si será niño o niña? —preguntó la bruja.
—No, esperaremos a que nazca —dijo el cuatro ojos—. Será una sorpresa hasta entonces.
—Vaya, entonces supongo que han pensado en algunas opciones de nombres y dependerá si es niño o niña, ¿no?
Harry hizo una pequeña mueca.
—Será Teddy quien elija el nombre, esperamos que eso lo ayudé a aceptar a su futuro hermanito o hermanita —explicó rápidamente el rubio, intentando que su sonrisa no se viera tan tensa—. Ha tomado bien todo lo del embarazo, pero no está demás hacer que se sienta parte del proceso.
La verdad era que Harry y Draco no habían podido ponerse de acuerdo.
Habían tenido una gran discusión porque Harry quería que el bebé tuviera el nombre de sus padres o de algunos de los tantos difuntos que fueron importantes en su vida. Draco se había negado siquiera a pensar en opciones como "James Sirius" o "Lily". Pero las opciones del rubio no habían sido mejores, Harry había dicho que llamar a un niño "Scorpius Hyperion" era una crueldad. Ninguno había querido dar su brazo a torcer.
Al final, luego de follar en la cocina, habían acordado que dejarían la decisión a Teddy. Draco había planeado convencer al crío de elegir alguna de sus opciones, pero Teddy se había tomado demasiado en serio su tarea y no había querido escuchar sugerencias.
—Me pregunto a quién se parecerá más —mencionó Weaselette—. Tanto en físico como en personalidad.
Draco miró a Harry con cierto pánico. El auror tenía la misma expresión de terror que él. No habían pensado que el bebé podría tener la personalidad de alguno de los dos. O, peor, una mezcla de ambas. El Slytherin carraspeó y cambió el tema de conversación al último juego de quidditch de la pelirroja. Draco aún se estaba acostumbrando a la idea de que había otro ser vivo en su interior, no quería estresarse pensando que sería un jodido demonio que tendría que cuidar por 17 años.
El cuarto del bebé era cálido con sus colores cremas y los muebles de cerezo. Harry, que había insistido en decorarla él mismo, estaba terminando de colgar unos cuadros mientras Draco estaba sentado en la mecedora con Teddy acomodado en una silla a su lado.
—¿Por qué me dicen Teddy si mi nombre es Edward? —cuestionó el niño.
—Porque tu abuelo se llamaba Edward y había fallecido unos meses antes de que tú nacieras —explicó el auror mientras se alejaba de la pared para ver si el cuadro había quedado bien—. Y como a él le decían Ted, tú serías Teddy.
—En la lengua inglesa es común decirle Ted a las personas que se llaman Edward —agregó el rubio, pero continuó con algo de inseguridad—: Quizás la gente les llamaba Ed y poco a poco se transformó en Ted. Podríamos investigarlo.
Teddy asintió, tomando la explicación de Draco como convincente, y volvió su atención al libro que tenía en su regazo. El rubio miró a Harry y ambos sonrieron con alivio, sabían que una vez que algo le generaba curiosidad al niño, este no lo soltaría hasta tener toda la información. Al parecer, la tarea de buscar un nombre era más importante que comprender la deformación de los apodos.
—Entonces mi nombre es Edward Remus Potter —Teddy levantó la cabeza luego de unos segundos, con el ceño y la nariz fruncida como si intentara resolver un complicado problema—. Edward por mi abuelo y Remus por mi papá Remus, ¿no?
La sonrisa de Draco se tensó, al parecer había cantado victoria antes de tiempo y Teddy no iba a dejar el tema.
—Sí, y yo me llamo Harry James Potter —respondió rápido el auror. Quizás porque también pensó que el crío seguiría preguntando por el origen de los apodos, se apresuró a agregar—: el James es porque mi padre se llamaba así y Harry creo que es porque a un antepasado mío le decían así, pero también puede ser porque a mis padres les gustaba el nombre.
Teddy miró al auror fijamente unos segundos y luego volvió a su lectura. Tanto Harry como Draco soltaron un suspiro de alivio, habían logrado saciar la curiosidad del niño con aquellas tonterías.
Mientras el crío seguía leyendo el libro, Draco observó a Harry, intentando captar si tenía alguna molestia. Estaba más delgado y el glamour no era suficiente para cubrir las ojeras, pero la sonrisa que tenía en el rostro hacía pensar a los demás que todo estaba bien y solo se estaba enfrentando a una pequeña crisis por tener a su pareja embarazada.
El Gryffindor se giró al sentirse observado y amplió la sonrisa al notar la mirada de Draco. El rubio le devolvió el gesto, pero sus ojos seguían buscando señales de que algo estuviera mal. Quizás por ello, Harry optó por mover una de las sillas y acomodarse frente a ambos.
—¿No es hora…? —las palabras de Draco murieron en cuanto Kreacher apareció.
El elfo, tan puntual como siempre, traía consigo una pequeña bandeja con un vaso de agua y medicina muggle. Harry hizo una mueca, pero tragó todo sin rechistar. Kreacher miró a Draco dudoso, pero el rubio negó con la cabeza a la pregunta muda del elfo sobre si necesitaba algo. Con ello, la criatura volvió a desaparecer.
—¿Tan interesante es lo que lees? —preguntó Harry a Teddy, inclinándose un poco para mirar el libro.
—Un poco —susurró Teddy sin despegar la mirada de las letras.
El Gryffindor resopló, pero seguía teniendo una sonrisa. Con un gesto lleno de cariño, desordenó los mechones azul eléctrico del crío y murmuró alguna queja. Teddy al fin levantó la cabeza para mirarlo, dejando escapar una suave risa antes de girarse para enfocarse en Draco.
—Tu nombre es diferente a los nuestros, ¿verdad, Lyra? Porque la familia Black tiene nombres de estrellas y tu mamá era una Black como mi abuela.
Draco sonrió incómodo. Lyra lo había elegido para recordarse a sí mismo que era su propia culpa haber activado la maldición. Y como segundo nombre simplemente había elegido Narcissa, igual que su madre.
—Es correcto, la familia Black tiene nombres de estrellas. Yo soy Lyra por la constelación de lira, mientras que mi hermano es Draco por la constelación de dragón —explicó el rubio, sintiéndose algo extraño de hablar de sí mismo en tercera persona—. Y tu abuela es Andromeda por la galaxia.
Teddy asintió varias veces y volvió a concentrarse en el libro, de nuevo frunciendo el ceño y arrugando la nariz. Al parecer, esta vez sería Draco quien ganaría respecto al nombre del bebé. El niño había estado horas estudiando libros de astronomía, lo más probable es que eligiera un nombre de allí.
—El bebé debería tener nombre de una estrella genial y su segundo nombre debe ser Lyra o Harry —Teddy, apenas dijo eso, se relajó, como si al fin hubiese resuelto el gran dilema en el que estaba.
—Puedes elegir cualquier nombre, Teddy, no es necesario que sea el de una estrella —murmuró Harry, aunque no sonaba muy convencido.
El niño negó con la cabeza.
—No me agradan los padres de Lyra, el bebé debería tener un nombre bonito. James ya lo usas tú y el nombre de mamá Tonks y de la abuela son estrellas —explicó Teddy como si fuera obvio—. ¡Oh! ¡Oh! Tal vez se puede llamar Lily si es niña.
Harry sonrió victorioso, alzando ligeramente el mentón mientras miraba a Draco. El Slytherin hizo una mueca y pensó rápido en alguna estrategia para evitar que aquello fuera una opción. Si bien no tenía problemas con el nombre "Lily", no quería que el cuatro ojos le ganara.
—Pero si fuera niña se llamaría Lily Lyra y suena algo extraño —mencionó el niño desanimado, reponiéndose enseguida para seguir hojeando el libro—. ¡Mejor un nombre de estrella!
Draco sonrió mientras veía el gesto de Harry romperse. Para su suerte, Teddy había encontrado un problema para el nombre "Lily" y había descartado la opción. Satisfecho con eso, se acomodó mejor en la silla mecedora y cerró los ojos.
Mientras fuera el nombre de una estrella o constelación, él sería el ganador.
Disfrutando de una victoria anticipada, Draco se quedó dormido con el sonido de las hojas del libro siendo cambiadas y el susurro de la plática que Harry y Teddy mantenían. Era genial obtener lo que quería.
Eran las dos de la mañana y Draco estaba sentado en la mesa de la cocina comiendo ostras. Vertía un poco de limón que Kreacher había exprimido sobre el molusco y luego sorbía la concha, disfrutando del fuerte sabor a mar y de la sensación viscosa en su boca.
Harry, sentado frente a él, lo miraba con cierto asco. Su piel se veía grisácea y las ojeras eran evidentes sin el hechizo glamour que solía usar. Pero su expresión se veía especialmente mal por el asco que debía estar sintiendo en ese momento.
—¿Quieres una? —preguntó Draco con malicia.
El auror negó con la cabeza y el rubio disfrutó verle ponerse algo verde. Sin embargo, decidió dejar de fastidiarlo. Después de todo, no sería lindo verlo vomitar cuando él aún no había terminado de comer y esa era la tarea más importante que tenía entre manos.
A Draco no solían gustarle los mariscos, pero se había despertado con antojo y se había puesto a llorar cuando Harry se había puesto a cocinarlas. Al final, Kreacher había tenido que conseguir más y luego había tenido que tirarles varios hechizos para que estuvieran cocidas, pero mantuvieran el sabor como si estuvieran crudas.
—¿Todavía te duele la cabeza? —preguntó Draco, dejando la última concha vacía sobre el plato.
Al levantar la vista había notado que la tez de Harry había empeorado y que, de forma inconsciente, arrugaba el ceño.
—La cabeza está bien, solo tengo náuseas por los medicamentos y verte comer así me ha revuelto más el estómago.
—Oh…
Draco miró el plato lleno de conchas vacías, pero su visión pronto se volvió borrosa cuando las lágrimas llenaron sus ojos.
No tenía motivos para sentirse mal, pero por alguna razón las palabras del cuatro ojos lo habían herido. Su mente parecía un revoltijo que no se decidía si Harry lo había atacado llamándolo gordo o vulgar. Sabía que era ridículo pensar así e intentó detener el llanto aferrándose a ese pedacito de racionalidad, pero solo consiguió soltar un par de sollozos.
—No llores, Draco, fue solo un comentario —el auror se le acercó a abrazarlo, intentando engatusarlo con suaves palabras—. Lo siento, no quise decir eso.
—Pero lo dijiste —murmuró el Slytherin entre sollozos.
—Lo siento, sabes que no siempre pienso antes de hablar —consoló Harry, acariciando su espalda y repartiendo besos en su cabello.
Draco enterró el rostro en su pecho y siguió llorando y moqueando.
Una de las cosas que más odiaba del embarazo era la gran sensibilidad que tenía. En un momento estaba eufórico, con un gran apetito sexual, pero al siguiente podía entrar en la más profunda depresión o en una ira ciega. La sanadora le había dicho que era por los cambios hormonales, pero para el Slytherin era el verdadero infierno. Si bien en la escuela había tenido algunos exabruptos, desde que la guerra había terminado era raro que fuera tan emocional, por lo que su estado actual lo ponía aún más nervioso.
—Harry… —llamó luego de unos segundos, sintiéndose más calmado—. Ya… ya estoy bien.
—¿Seguro? —el auror se apartó un poco y le limpió el rostro con una servilleta—. ¿Quieres comer más?
Draco negó e hizo un puchero, sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas cuando sintió que Harry lo estaba llamando glotón. El auror, al notar su expresión, se movió nervioso, como si no estuviera seguro de qué hacer.
Luego de menos de un segundo de vacilación, tomó las mejillas del rubio y le dio varios pequeños besos. Draco cerró los ojos, pero pronunció el mohín, pidiendo silenciosamente un beso en los labios. Aunque aún no había respondido a la declaración de amor del auror, a lo largo de esos meses había recibido todos los gestos románticos que San Potter le ofrecía sin pensarlo mucho. Draco se decía a sí mismo que era el bebé quien quería esos contactos y que una vez que naciera, pondría un límite entre ellos.
—Sabes a limón —susurró Harry contra sus labios.
—Y a ostras… —murmuró Draco, apartando al auror—. Lo siento, dijiste que verme comer te dio náuseas, seguro no quieres besos con sabor a ostras.
Harry sonrió, no negó ni afirmó nada, así que Draco supuso que en realidad sí le daba algo de asco el sabor residual de los mariscos.
—Este bebé parece tener gustos claros —mencionó Harry mientras acariciaba la mejilla del rubio—. Hace unos días solo querías comer ensaladas verdes con mucho limón y ahora ostras —el tono de Harry parecía resignado, pero sus ojos brillaban y había una sonrisa permanente en su rostro—. También estuvo la vez que me despertaste porque querías tarta de melaza.
—Es solo que pienso en esas cosas y no puedo quitármelas de la cabeza hasta que las coma —Draco se quejó, apoyando una de sus palmas en su vientre mientras la otra cubrió la mano del auror que seguía en su rostro—. Ahora estoy tan gordo…
—Bueno, ahora comes para dos personas —Harry soltó una risa risueña y le acarició la mejilla—. Después de que nazcas podrás bajar de peso, no te preocupes.
Draco lo observó de forma analítica. Aunque Harry había tenido algunos efectos secundarios por su tratamiento, su irritabilidad no había sido tanta como antes, eso estaba claro. Siempre que en la conversación surgía el tema del bebé, parecía olvidarse de su enojo y, en su lugar, parecía emocionado.
De buena gana masajeaba los pies hinchados del Slytherin o le conseguía cualquier cosa que quería comer. Aceptaba los cambios de humor de Draco y lo consolaba cada vez que era necesario, sin importar si estaba cansado o con dolor.
—Harry, siéntate bien.
El auror asintió y se acomodó al mismo tiempo que llamaba a Kreacher para que limpiara los platos. Una vez que el elfo desapareció con las sobras, miró a Draco con una sonrisa.
—¿Quieres comer algo más?
El rubio negó con la cabeza y acarició de forma distraída su estómago abultado, el bebé en su interior respondió con una patadita, pero se quedó tranquilo casi de inmediato. Tal vez Draco estaba pensando demasiado, pero tal vez sus conclusiones eran ciertas.
—He notado que estás muy emocionado por el bebé —comenzó a decir Draco, algo inseguro e incómodo—. Lo entiendo, pero… ¿crees que será diferente a Teddy? No quiero que Teddy sienta que este bebé lo va a reemplazar o que ya no le querremos…
Harry abrió los ojos con sorpresa, luego frunció ligeramente el ceño y tomó la mano de Draco entre las suyas.
—Teddy es mi hijo, Draco… nuestro hijo —puntualizó Harry—. Nada va a cambiar eso.
—Es solo que… este bebé… —Draco se relamió los labios, nervioso, bajando la mirada cuando se sintió avergonzado—. Todos dirán que este bebé es tuyo de verdad y me asusta que Teddy termine sintiéndose como un extraño en su propia casa.
Draco recordaba el desastre que había hecho el niño luego de creer que Harry y Draco querían reemplazarlo por toda la discusión que ellos tenían sobre tener un hijo. Si bien luego se había tomado bien el hecho de que tendría un hermanito, el Slytherin temía que el niño solo fingiera para no crear problemas.
—El bebé será una persona más en esta familia, no un reemplazo. He hablado con Teddy y él está emocionado de ser un hermano mayor, incluso me dijo que sería mejor que Victoire —mencionó con diversión el auror, jugando con los dedos de Draco—. Teddy sabe que lo amamos, no tienes que preocuparte porque se sienta reemplazado.
—¿Entonces por qué estás tan emocionado por el bebé?
Draco levantó la cabeza, mirando fijamente al Gryffindor. Harry parecía descolocado con la pregunta, como si él mismo no hubiera notado lo emocionado que estaba.
—Estoy emocionado… —comenzó a decir, interrumpiéndose con un carraspeo—. Estoy emocionado porque nunca pensé que viviría algo como esto.
Draco alzó las cejas. ¿No era aquello una admisión de que Teddy era diferente al bebé? Esa idea no solo le estrujó el corazón, sino que lo llenó de indignación. Harry notó pronto la tensión del rubio y se apresuró a aclarar.
—Siempre quise tener una gran familia y tanto Teddy como tú me permitieron cumplir mi sueño. Este bebé ha sido una agradable sorpresa, puedo estar aquí antes de que nazca y eso es emocionante. No viví esto con Teddy, pero eso no significa que no ame a Teddy —el auror se sonrojó y desvió la mirada antes de agregar—: Además, el bebé es una prueba de que nuestro matrimonio es real, de que sin importar nuestro pasado o nuestras circunstancias, hicimos algo juntos.
Draco apartó su mano y se cruzó de brazos, frunciendo el ceño. Sentía su corazón latir con fuerza y algo incómodo en su pecho. En parte era por la inseguridad que seguía sintiendo respecto a Teddy y en parte por el abrumador amor que el auror no podía evitar mostrar.
—Eso es lo que temo, que lo veas como algo más importante que Teddy porque… porque es nuestro.
Lo último fue dicho casi en un susurro, aquellas palabras tenían tanto significado que hacía que se le formara un nudo en la garganta y que el corazón le doliera de una forma mucho más desgarradora que cuando se indignaba por Teddy. Draco se había dicho incontables veces que tenía que tener un límite emocional con Harry o ambos saldrían heridos, pero de la palabra a la acción había todo un abismo.
Harry volvió a tomar su mano, acariciando con cariño la piel del dorso. Le dedicó una pequeña sonrisa tranquilizadora y se acercó un poco más al rubio, inclinándose hacia él.
—No es así, Draco —susurró con cariño—. Sabes que soy huérfano y la verdad es que no recuerdo a mis padres. Crecí sin una verdadera familia porque los Dursley… Bueno, gracias a ellos aprendí que los lazos de sangre no significa que seamos una familia. Y siempre quise tener mi propia familia, no porque quisiera tener un legado o esperara minis yo. Lo que soñaba cuando era pequeño era poder darle a un niño lo que yo nunca tuve: una familia amorosa.
—Pero…
—No hay peros, Draco —interrumpió rápidamente el auror—. Teddy me dio la oportunidad de sanar a mi niño interior, es mi hijo aunque sus genes no sean los míos y él sabe que tiene dos papás y dos mamás. No voy a negar la herencia que Tonks y Remus le dejaron, pero tampoco negaré que ahora es parte de mi familia. Él es mi hijo y ni siquiera el bebé cambiará eso.
—¿Pero lo sabe? —Draco logró expresar la duda que aún tenía—. ¿Sabe que no va a ser reemplazado? Tengo miedo de que nos odie, de que crea que no es suficiente… No quiero que Teddy piense que no es amado.
Draco sabía que amaba a Teddy. Al principio había interactuado con él por mero beneficio, había pensando que mientras se ganara al crío, podría seguir adelante con el matrimonio con el Salvador del Mundo Mágico. Sin embargo, luego de conocerlo y descubrir su verdadera naturaleza, lo consideró como parte de su familia. Era por ello que se preocupó de que fuera él mismo y no lo que los demás esperaban de él. Lo había instado a revelar sus gustos y aficiones, le había dado opciones para evitar a las personas que no quería y lo había consolado con tanto cuidado.
Draco amaba a Teddy y sabía que lo que más deseaba el niño era el amor de Harry. Si el bebé que se estaba desarrollando en su interior le quitaba su lugar al niño, no podría perdonarse.
—Voy a asegurarme de que Teddy sepa lo importante que es —susurró Harry mientras limpiaba las lágrimas que Draco no había podido evitar derramar—. Se lo recordaré todos los días mientras viva.
Draco agarró la muñeca del auror y negó con la cabeza. No quería escucharlo hablar de la muerte, no quería tener una cuenta regresiva.
—No sabes todo lo que significa Teddy para mí, mi razón para no derrumbarme cuando me dieron el diagnóstico de cáncer fue él, no me rendí porque Teddy me estaba esperando —Harry abrazó con cuidado a Draco, pero más parecía que se abrazaba a sí mismo, era como si el consuelo que le estaba dando al rubio fuera, en verdad, para el Harry Potter que temía a la muerte—. Porque lo amo es que busqué a alguien que lo cuidara después de que yo me vaya, porque lo amo es que también amo a este bebé. Cuando yo no esté, Teddy te tendrá a ti y al bebé.
—No digas eso…
Draco se soltó del abrazo y lo miró. Harry seguía estando ojeroso, su piel seguía viéndose enferma y sus ojos estaban llenos de cansancio y lágrimas reprimidas.
El Slytherin levantó una temblorosa mano para peinar algunos mechones y sintió un dolor en el pecho cuando notó varios cabellos que habían caído enredados en sus dedos. El Gryffindor tomó con cuidado su mano, quitó los pelos y besó cada dedo, sus ojos verdes fijos en los grises de Draco.
—Si tuviera más tiempo, sería muy feliz, pero ya estoy satisfecho con haber superado mis 18 años. Crecí pensando que vencer a Voldemort era mi única razón para vivir, pero Teddy, tú y el bebé me han dado un millón más —Harry bajó la mano con cuidado, entrelazando sus dedos—. Sé que tienes miedo, yo también lo tengo, pero quiero que sepas que amo a esta familia, amo al bebé, amo a Teddy y te amo a ti.
Draco sintió que sus ojos volvían a llenarse de lágrimas y luchó para despejar su vista. La declaración de Harry era abrumadora y se sentía mal no poder responderla, pero Draco era incapaz de hacer cualquier sonido. Harry, en vez de molestarse, sonrió y rompió la distancia entre ellos para juntar sus labios en un pequeño beso.
—Los elegí como mi familia y espero que también me elijas, al menos por el tiempo que me queda —susurró el auror antes de volver a besarlo.
