Trabajo o placer

Inuyasha

Las horas pasaron más rápido de lo que imaginé al ingresar y gran parte de eso fue gracias a esa tal Higurashi, ya que logró hipnotizarme con su baile a tal punto que, cuando su presentación terminó, continué reproduciéndola en mi mente.

Las reglas en este trabajo eran claras: Una vez que se te asignaba un lugar, no debías moverte hasta que alguien te lo indicara, y esto se debía a que todos estábamos distribuidos estratégicamente para que ninguna zona del lugar quedara sin vigilancia. Aún así, dependiendo de la noche, eso se podía volver un fastidio.

Me quedaba la última media hora para que el lugar terminara con su fiesta, pero por suerte Bankotsu, quien era el encargado de recorrer el lugar y cerciorarse de que todos estuviéramos bien y cumpliendo nuestro deber, se acercó de repente.

- Taisho. - lo miré. - Por ser tu primera noche, puedes ir a tomar algo o buscar lo que quieras. - guiñó su ojo. - Cortesía del jefe.

Hm... el buen Miroku, siempre dándome un poco de ventaja.

Asentí con una leve sonrisa y comencé a recorrer la zona con un claro objetivo en mi mente: encontrarla.

Sólo un par de horas aquí me habían bastado para conocer su funcionamiento: las jóvenes bailaban hasta la mitad de la noche, luego eran relevadas por otras y... seguramente ellas aprovecharían para descansar o algo más, quizás para ofrecer su servicios en la intimidad.

Quizás eso es lo que ella estaba haciendo en ese momento.

La respuesta a aquella frase se presentó ante mis ojos. Sonreí al divisarla en una de las barras, charlando con el cantinero mientras bebía un trago. Me sorprendí ligeramente al notar que no poseía la misma ropa que cuando bailaba, sin embargo aunque llevara unos jeans y una camisa blanca, su figura seguía sobresaliendo notablemente.

Sin dudarlo me acerqué, posicionándome a su lado.

- Un Wisky por favor. - pedí sin saludar. El joven al otro lado de la barra asintió y yo volteé, apoyando mi espalda sobre la madera.

Sentí su mirada sobre mi y sonreí internamente, ya que estaba claro que había llamado su atención. Me quedé en silencio, esperando a que fuera ella quién pronunciara la primera palabra.

- ¿Verdaderamente te gusta o lo haces por aparentar? - soltó de una vez.

La miré y me señaló el vaso a mi lado. Lo tomé y bebí un pequeño sorbo.

- ¿Luzco como alguien que necesita tener una determinada apariencia?. - sonrió.

- Eso depende... - bebió un sorbo de su copa, recorriéndome con la mirada. - Depende de que tan honesto seas con el mundo.

Me incliné hacía ella, quien se encontraba sentada, y respondí en baja voz.

- ¿Eres honesta cuando bailas?.

- Dímelo tú. - acercó su rostro al mío. - Ya que no dejaste de mirarme en toda la noche, supongo que tendrás la respuesta.

Touché.

- Haces bien tu trabajo.

- ¿Sólo eso? - su sonrisa se amplió. - Definitivamente eres de los deshonestos.

- ¿Me estás provocando?.

- Quizás deseo escuchar lo que quiero.

Sonreí, bebiendo un nuevo sorbo y acortando aún más la distancia entre los dos a tal punto que mi nariz rozó la suya.

- ¿Quieres que te diga que me volviste loco con tu baile? - susurré. Sus ojos viajaron a mi boca y el deseo se incendió en mi interior. - ¿Deseas escuchar que no pude volver a concentrarme en algo más después de verte?.

- Así es. - su cálido aliento se sentía perfecto sobre mis labios. - Eso mismo deseaba escuchar.

Permanecimos en silencio unos segundos hasta que retomé mi postura, bebiendo el penúltimo trago.

- ¿Sólo bailas o...?

- Sólo bailo. - intervino sin dejarme terminar mientras se ponía de pie. - Lamento no poder ayudarte con eso. - sonrió.

- ¿Con eso? - arqueé mis cejas.

- Tal vez creíste que desde mi lugar no pude verlo... - se posicionó frente a mi, colocando su mano en mi pecho, acariciándolo suavemente. - Pero cuando abrí mis piernas para ti... - susurró, provocando que mordiera mis labios al recordar esa escena. - Algo más en ti reaccionó.

En un rápido e inesperado movimiento, descendió su mano a la altura de mi miembro y lo tomó, apretándolo ligeramente, causando que un pequeño suspiro abandonara mi boca.

- Se siente grande ahí abajo. - llevó sus ojos a su agarre.

- Puedes sentirlo dentro de ti si lo deseas. - para estas alturas mi mente estaba nublada por el deseo de aquel contacto.

- Esa es la honestidad que me gusta. - me sonrió, acercándose levemente y rozando la punta de su lengua en mi cuello antes de intentar alejarse.

Hizo un ademán de irse y la tomé del brazo, pegando su cuerpo al mío y tomando su trasero con fuerza, haciéndola sentir mi erección cerca de su centro.

- ¿Realmente crees que puedes dejarme así e irte sin más?.

- ¿Qué sucede? - presionó su cuerpo contra el mío. - ¿Desperté tu lado oscuro?

- Si sigues provocándome así, te follaré como nunca nadie lo hizo.

- Créeme que quisiera ver eso. - regresó su mano a mi entrepierna, realizando suaves movimientos ascendentes y descendentes, que amenazaban con desestabilizarme. En respuesta, mi agarre sobre su trasero se intensificaba cada vez más. - Pero no debes olvidar que estas en tu trabajo y... aunque te hayan dado unos minutos, sigues en servicio, al igual que yo.

- ¿Vas a decirme que nunca hiciste esto con un seguridad?.

- No mezclo el trabajo con el placer.

- ¿Soy trabajo o placer? - incliné mi cabeza con la intención de probar sus labios y en un suave movimiento, desvió su rostro, acercando su boca a mi oído.

- Serás lo que merezcas ser. - susurró, apretando mi entrepierna al mismo tiempo en que me incliné sobre ella, mordiendo su hombro.

- Has comenzado un juego peligroso, Kagome Higurashi.

Se apartó, mirándome fijamente y, segundos después, sonrió.

- ¿Quieres saber algo? - ascendió su mano hasta mi rostro y su contacto ardió en mi piel.

Un intenso y encantador fuego.

- Estas a punto de arder en el infierno. - murmuró. - ¿Seguro que quieres quemarte?.

- Si estar entre tus piernas me lleva a la muerte, firmaría mi sentencia de inmediato. - mordió sus labios ante mi respuesta. - Pero tú lo dijiste, linda... sigo en mi trabajo. - le di una palmada en su trasero y me aparté. - Y antes de que lo preguntes... Inuyasha, Inuyasha Taisho.

- Un placer, Taisho. - asintió mientras yo le sonreía una última vez y me dirigía hacia la puerta de entrada en donde los demás me estarían esperando.

Definitivamente, el placer será cuando me metra debajo de tu falda, Higurashi.

Pensé, imaginándome las mil maneras en que me llevaría a la cama a esa perfecta mujer.