—Entonces dinos Ron— hablo la Reina mientras tomaban asiento— ¿De dónde eres?—
—En realidad… no vengo de un lugar fijo. Mi familia son comerciantes. Vivimos la mayor parte del año en el mar, a bordo de nuestro barco, elFaro Gris. Hemos viajado de costa en costa desde que tengo memoria— explico lo suficientemente tranquilo para que no se notara su nerviosismo
Mientras el Rey, lo observaba con más detenimiento. Su silencio imponía más que cualquier palabra. Ron sintió cómo sus manos sudaban y cómo cada músculo de su cuerpo luchaba por parecer natural
—Una vida entre olas… interesante. ¿Siempre viviste así?— pregunto Rilla con curiosidad
—Desde que nací. No tenemos un hogar fijo. Mi madre dice que el mar es casa suficiente, y mi padre creía que cada puerto tenía algo nuevo que enseñarnos. Es un modo de vida… inestable, quizás, pero libre— menciono sin titubear
—Hay algo en tu voz… como si ya te hubiera escuchado antes— comento el Rey provocando que Ron se tensara— No importa... Tu salvaste la vida de mi hija y como su padre te estoy eternamente agradecido por eso
—No fue nada...— dijo Ron— Solo estuve en el lugar correcto, en el momento adecuado. Supongo que los vientos querían que así fuera—
—Si lo fue— dijo Loke y se cruzó de brazos con una sonrisa ligera— Por eso mañana, con su permiso, padre, quisiera mostrarle el Reino. Que conozca mejor nuestras costumbres… y que el Reino lo conozca a él—
El Rey asintió despacio.
—Muy bien— el Rey asintió— Pero estarás bajo la responsabilidad de mis hijos. Espero que honres esta confianza, joven Ron—
—Lo haré, Majestad. Con todo mi ser— afirmo Ron
Lonelllevantó su copa.
—Entonces brindemos...— el Rey Lean levanto su copa— Por nuevos comienzos. Y por un chico del mar que ahora cena con lobos—
Las copas tintinearon, y la cena continuó. Ron, aunque seguía nervioso, encontró pequeños momentos de calma entre las bromas de los hermanos, los gestos de complicidad de Liberty, y los silencios significativos que aún no entendía del todo.
El sol apenas comenzaba a alzarse sobre las colinas del norte cuando Ron se presentó en el patio principal del castillo, aún adormilado, con el cabello algo revuelto y los nervios bailándole bajo la piel. Vestía ropa prestada, pero bien cuidada, una camisa azul con bordados escoceses y una capa gris que Liberty había dejado sobre su silla la noche anterior.
—¡Ah, ya llegó el náufrago!—bromeó Lance, apoyado contra su caballo.
—¿Temías que te tragara la tierra esta vez, en lugar del mar? —añadió Luka con una sonrisa ladina, cruzado de brazos.
—Estaba decidiendo qué botas combinarían con el barro del campo—replicó Ron, intentando seguir el ritmo de los hermanos.
—Te vas adaptando —murmuró Lonell, con un gesto apenas perceptible que podía leerse como aprobación.
Loke, el mayor, se acercó, colocándole una mano en el hombro. Su presencia imponía, pero también era cálida.
—Hoy verás el alma del Reino, Ron. Si has de quedarte, debes conocerla —dijo con firmeza.
Montaron a caballo y partieron por los caminos de piedra. Liberty no estaba con ellos esta vez; sus deberes reales la habían llamado temprano, aunque Ron había sentido su mirada desde una de las torres cuando salían. Él la saludó con una sonrisa, y ella le respondió con un movimiento suave de la mano.
Llegaron a la entrada del pueblo y lo primero que vio Ron fueron las carretas rebosaban de frutas rojas, telas coloridas, pescado fresco y risas de niños que corrían entre los puestos.
—Este es el corazón de Lago Loud —dijo Luka, señalando a un anciano que vendía pan de cebada— Aquí se enteran de todo antes que en el castillo—
—Y también hacen los mejores bollos de miel —añadió Lean Jr., ya masticando uno.
Ron se acercó a una joven que tallaba figuras de madera.
—¿Esto es un delfín? —preguntó, tocando suavemente la figura.
—¡Sí! Lo vi en el mar una vez —respondió la niña—. Dicen que si tocas uno y haces un deseo, el mar lo escucha.
—¿Y si ya viviste en el mar? —murmuró él, más para sí que para ella.
—Entonces eres un enviado de las olas —rio la niña, antes de correr a mostrarle otra figura a Leiv.
Los hermanos no dejaban que Ron se alejara mucho, pero poco a poco lo dejaban tener su espacio, observando cómo se relacionaba con los aldeanos. Era natural, casi... familiar.
—Se mueve como uno de nosotros —dijo Lonell en voz baja a Loke.
—O quizás mejor —respondió Loke, con una leve sonrisa.
Al terminar los hermanos lo llevaron a las torres de vigilancia que marcaba el limite del Reino, o a menos donde podían mantener a su pueblo seguro, y desde la cima se veía todo el valle: los campos de trigo, el bosque más allá, e incluso, en la distancia, la línea azul del mar.
—Ese es tu hogar, ¿verdad? —preguntó Luka, señalando el horizonte marino.
—No si llamarlo hogar ahora— murmuro Ron
—No pienses eso— interrumpió Laird— El hogar no se basa en el lugar en el que cresiste sino en el que creas—
—¡Pero si vas a ser parte de la familia, prepárate para la locura de cada uno!— menciono Leifr
—Adoró la Locura —respondió Ron, por primera vez, completamente relajado.
Allí, entre piedras cubiertas de musgo, los hermanos compartieron historias del pasado.
—Aquí papá entrenaba con nosotros cuando éramos más jóvenes —dijo Loke—. Nos enseñó a defender, no a atacar.
—Y a ensuciarse sin miedo a romper la capa real —rió Less, quien jugaba con su hermano gemelo Leifr.
Ron se sentó en una piedra, contemplando las grietas de la muralla, como si cada una contara un secreto del Reino. Y por un instante, sintió que ese lugar podía ser suyo también.
—¿Y si no pertenezco del todo? —preguntó en voz baja.
—El Reino no se hereda por la sangre —dijo Lonell, mirándolo directamente—. Se gana con el corazón—
Un silencio respetuoso cayó sobre el grupo. Incluso los más jóvenes comprendieron la profundidad de aquellas palabras.
Al regresar al castillo al caer la tarde, Lean Jr. se acercó más a él.
—Escucha Ron— hablo Lean Jr.— No sé cómo lograste ser... ezto— señalo a Ron— Pero veo cómo miras a Liberty… y cómo ella te mira. —Le sostuvo la mirada unos segundos— Solo no rompas su corazón. Porque si lo haces… no serás el único que deje de dormir tranquilo— declaro y Ron asintió, sin necesidad de defenderse.
—No vine aquí para lastimarla. Vine porque… no puedo estar en ningún otro lugar que no sea donde ella esté— respondió con sinceridad
Lean Jr. no respondió de inmediato. Pero justo antes de volver a su caballo, le dio una palmadita en el brazo.
—Entonces… bienvenida sea tu historia—
Lo llevaron de vuelta a su habitación, le dieron una ropa para dormir. Ron en la gran cama aun no podía creer lo bien que le resulto su día, así que se levanto y miro por la gran ventana admirando el mar pensando un momento en su familia, hasta que su mirada se fijo en cierta princesa en una de las torres. Ron no lo pensó dos veces y corrió, o al menos lo intento, hasta poder encontrar el camino que lo llevó hacia donde estaba Liberty.
Allí estaba ella. De espaldas, sentada sobre la baranda de piedra, con los pies colgando hacia la nada, la princesa Liberty parecía parte del cielo. Su cabello se movía con la brisa, y sus ojos, al verlo llegar, brillaron con un calor que ninguna antorcha podía imitar.
—¿Te gustó el reino...?— pregunto aun si mirarlo
—Es más de lo que alguna vez imaginé— respondió él, quedándose a unos pasos de ella— Tu mundo... está lleno de vida—
—Y el tuyo lleno de magia— susurró Liberty, volteando al fin. Tenía los ojos brillosos, pero no por tristeza.
Se quedaron en silencio unos segundos, el tipo de silencio que solo conocen quienes se han extrañado con el alma.
—¿Te hicieron muchas preguntas?— preguntó Liberty, cruzando los brazos con suavidad.
—Las necesarias. Tus hermanos me guiaron como si fuera uno más... aunque Lean Jr. me lanzó una advertencia— admitió él
—¿Cuál de todas?— sonrió ella, apenas.
—"No rompas su corazón"— repitió las palabras
—Ellos me protegen, Ron. Pero nadie puede protegerme de mí misma...— bajo la mirada— Si me atrevo a sentir lo mismo otra vez.
—¿Lo mismo? —susurró él.
Ella se acercó, lo bastante para que su perfume le recordara la noche en la playa, los cabellos mojados, la promesa entrelazada entre el miedo y la esperanza.
—No hubo un solo día que no pensara en ti— continuó Liberty— En tu mirada desde el agua, en tu voz llamándome por mi nombre cuando nadie más podía oírlo. Pero cuando volví al castillo… todo cambió. La corte. Mis padres. Aggie...—
Ante es nombre Ron sintió un escalofrío recorrer su cuerpo
—Todos han estado muy pendientes de mi y es frustrante— continuó hasta que vio su mirada distante— ¿Estás bien?—
—¿Eh? Oh si lo estoy...— respondió rápidamente pero la mirada preocupada de Liberty lo hizo cambiar de opinión— Lo siento desde que toqué tierra como humano. Como si… algo me faltara— respondió con sinceridad
—Prometimos vernos de nuevo— le dijo Liberty tomándole la mano— Y aquí estás. Quizá nada sea fácil. Quizá el peligro sigue. Pero si estás aquí, Ron... yo también estoy. No voy a dejar que te alejen otra vez.—
—Entonces déjame protegerte—dijo él, casi sin pensar—. No como un tritón. Ni como un humano. Como el que soy contigo—
Sus frentes se tocaron, con una ternura que ninguna tormenta pudo borrar. No se besaron aún. Pero algo más profundo había sucedido: la verdad se había dicho. Y su promesa renovada.
Desde la torre, una figura observaba entre las cortinas:Aggie, con sus dedos entrelazados y una media sonrisa.
—Los lazos del alma... qué deliciosamente peligrosos — murmuró con una sonrisa siniestra
