Capítulo 6 – Notas entre líneas
El cielo de la mañana siguiente se vestía con tonos anaranjados, como si anunciara algo distinto en el aire. Haru caminaba por los pasillos de Midori con el corazón latiendo acelerado, aún con las emociones a flor de piel tras su presentación. Lo había dado todo en el escenario, y aunque no sabía cuál sería el resultado final, por primera vez en mucho tiempo sentía orgullo de sí misma.
Al ingresar a su aula, fue recibida por la sonrisa cálida de su profesora de lenguaje.
—Miura-san, ven un momento, por favor.
Haru se acercó, un poco curiosa, y la maestra le entregó una hoja sellada.
—Llegó esta carta del Instituto de Artes Creativas de Tokio. Parece que tu presentación impresionó más de lo que crees.
Con las manos temblorosas, Haru rompió el sello y leyó con atención. Fue seleccionada para la etapa final, a realizarse en Tokio, con la posibilidad de acceder a una beca completa si lograba destacar.
—Hahi... Haru va a ir a Tokio... desu...
Su voz se perdió entre el murmullo de su clase. Mientras guardaba cuidadosamente la carta en su mochila, la profesora se inclinó un poco más hacia ella.
—Te lo dije, Haru-san. Tu talento habla por ti. Sigue caminando, aunque no todos te escuchen.
Esas palabras quedaron flotando en su mente mientras cruzaba los pasillos de la escuela. Estaba emocionada, pero también llena de dudas. Quisiera contarle a alguien, compartir esa alegría... pero solo pensaba en cómo la habían ignorado los últimos días.
Aun así, cuando salió de clases esa tarde, tomó la decisión de ir a Nami-chuu. Quizá hoy sí podría verlos, hablarles, contarles... decirles que, aunque estaban en caminos distintos, ella seguía allí.
El sonido de la música, de risas y de conversaciones animadas llenaba el ambiente cuando llegó al patio del colegio. El festival escolar estaba en plena preparación. Desde lejos, pudo distinguir a Tsuna, Gokudera, Yamamoto, Kyoko y hasta Lambo colaborando en la decoración. Se acercó con una sonrisa esperanzada.
—¡Tsuna-san! ¡Kyoko-chan!— los llamó con energía. Pero nadie se giró.
Apretó los labios y dio unos pasos más. Cuando estuvo a pocos metros, Gokudera pasó rápido junto a ella sin saludarla. Yamamoto le dedicó una sonrisa distraída y siguió su camino cargando cajas.
—Ah... Haru desu... solo venía a saludar... —murmuró, bajando la mirada.
Kyoko hablaba animadamente con Hana mientras colocaban adornos. Ni siquiera parecía notar que Haru estaba allí. Después de unos minutos de pie, inmóvil entre la bulla y los colores, Haru se dio la vuelta.
Nadie le había preguntado cómo estaba. Nadie le había notado.
Volvió a casa caminando lentamente. Esa noche, no ensayó ni cantó. Abrió su diario.
"Día 3 - Hoy fui hasta ellos. Quería decirles que me voy a Tokio. Pero era como si yo no estuviera allí. Tal vez no debo buscar ser parte de donde no me quieren."
Cerró el cuaderno y apretó los ojos con fuerza. No quería llorar, no después de haber llegado tan lejos.
La mañana siguiente, al abrir su casillero escolar, encontró un sobre negro con letras estilizadas: "Para Miura Haru".
Con sorpresa, abrió el sobre. Dentro había una hoja doblada. Era una letra elegante, firme pero sensible.
"La forma en que cantaste me dejó con un nudo en la garganta. Si eso fue lo que te nació cantar, entonces hay algo muy bello que está brotando desde dentro. No dejes que se marchite. - Toma"
Haru se quedó inmóvil. Acarició la hoja con la yema de los dedos. Por un instante, sintió que alguien había visto lo que ni siquiera sus amigos habían notado.
No sabía nada de él, pero el simple hecho de que alguien hubiese entendido su canción bastó para hacerla sonreír otra vez.
Y sin darse cuenta, la herida comenzó a sanar por una esquina pequeña: una nota entre líneas que resonó más fuerte que cualquier silencio.
