Un libro, bromas y el ego de un Malfoy
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Disclaimer: Este drabble participa en el Reto #78 «La magia de los libros» del foro Hogwarts a través de los años.
Todo lo que reconozcan pertenece a JKR. El resto es producto de mi imaginación.
Escribo por diversión y cariño al mundo mágico.
Vacaciones de Pascua. Podía asegurar que eran sus favoritas de todo el año. No por los huevos de chocolate ni los panecillos dulces con pasas, sino por la calma, el clima perfecto de primavera y el tiempo libre.
No es que no disfrutara de las fiestas de Año Nuevo o Navidad, pero el ajetreo de comprar regalos, preparar cenas o asistir a eventos no le dejaban espacio para su pasatiempo favorito: leer.
Hermione leía cada noche, avanzando cuatro o cinco páginas antes de caer rendida tras un duro día de trabajo. Sin embargo, aquella satisfacción de devorar un libro completo en pocas horas solo podía lograrla cuando tenía mucho tiempo. Y en Pascua, lo tenía.
Draco también disfrutaba de un buen libro, pero su pasatiempo favorito —además de jugar Quidditch y fastidiar a los amigos de su esposa cada que tenía oportunidad— era recostarse en su regazo y escucharla leer. Su voz lo relajaba.
Quién lo hubiera imaginado años atrás, cuando compartían clases y ella era la insufrible sabelotodo nacida de muggles que más había odiado.
Pero mucha agua había pasado bajo ese puente... La guerra, las decisiones que tuvo que tomar para proteger a su familia, el haber sido un peón prescindible para el Señor Oscuro, el que se esperaba que fallara para acabar con un linaje de más de mil años…
Una mansión ancestral transformada en una prisión, en un sitio de tortura y horror.
Y luego, el ministerio. La orden de trabajar como asistente de Hermione Granger. Cinco años a su lado: una oportunidad casi diaria para destruir prejuicios. Habían tenido cinco años para verse. Para enamorarse.
—En la mañana de un hermoso día de junio nació el último vástago de la antigua familia Earnshaw, el más hermoso niño que yo hube criado. Estábamos cosechando el...
—Nelly dice eso porque no me conoció a mí —interrumpió Draco desde su regazo.
Él disfrutaba de intervenir con comentarios similares, solo por el placer de hacerla reír.
—¿Qué tienes tú que ver con Cumbres Borrascosas?
—¿No entendiste la referencia? —Hermione negó con la cabeza, frunciendo el ceño—. Nací en junio, soy el último vástago de una antigua familia, y por supuesto, el más hermoso.
—Al parecer, el más humilde también —rió ella, alzando una ceja con picardía.
—No, eso no es importante —replicó Draco, como si el orgullo Malfoy fuera parte de su patrimonio ancestral—. Como Trelawney, Emily Brontë tenía una bola de cristal y me vio cuando nací. Por eso lo dejó plasmado en su libro.
Hermione no pudo evitar una risotada. Dejando el libro a un lado, se inclinó y lo besó con ternura.
No eran la pareja perfecta. A veces discutían por tonterías; otras por cosas más serias. Pero un día habían tomado la decisión de amarse, de respetarse. Se habían elegido. No al azar, no por un impulso.
Como un buen libro, se habían ido construyendo palabra por palabra.
Y ahora tenían uno por delante, con muchas páginas en blanco por escribir.
22 de abril, 2025
