La Revolución de Mestionora

SS2. Urano y el Mundo de las Maravillas

No sabía cómo, pero desde que acordara con Heidemarie ser el guardián de la extraña plebeya en el templo, tenía la impresión de que Ventuchte y Dregarnuhr hilaban a una velocidad impresionante.

Las mejoras al orfanato fueron lo menos impresionante, incluso luego de ver la velocidad a la que la niña recuperó el dinero invertido, sin contar con cómo había negociado con él hasta exprimirle casi todo el dinero que recibiría de la donación inicial. Observarla desarrollar e introducir nuevas mejoras para la ciudad baja, la comida del Templo e incluso la contabilidad era algo alucinante, por no hablar de sus conversaciones.

Cada vez que compartía alimentos con ella se olvidaba por completo que era una plebeya de siete años, dándole la impresión de que estaba hablando con una mujer adulta educada en diferentes campos sin lograr ponerle una edad específica, de modo que escucharla o verla actuar como una niña pequeña era la cosa más divertida, graciosa y estúpida que pudiera recordar.

Que fuera tan franca la mayor parte del tiempo o que leyera muchas de sus intenciones era un plus. Casi como jugar un gweginen contra alguien de Drewanchel narrando la partida.

Si bien convivir con Myneira era divertido y novedoso, no podía bajar la guardia con ella por completo, en especial cuando explicaba sus extraños balbuceos que sonaban más como un idioma que como balbuceos en sí… y eso era lo que más lo desesperaba de todo.

¿Qué era esa mocosa fuera de serie? ¿Una espía de Verónica? ¿Una mutación de la Ciudad Baja? ¿Una de las tantas "bendiciones" que Glücklität se ensañaba en poner en su camino para hacerlo tropezar? Lo que fuera, no terminaba de sentirse tranquilo con ella, en especial cuando debía soltarla para volver a casa de sus supuestos padres plebeyos o dejarla bajo la supervisión de Heidemarie y Eckhart en las tierras de su primo Karstedt. Incluso su maná era una trampa mortal. No solo era casi tanto, si no es que tanto como el que tenía su propio hermano mayor, la experiencia de recibirlo luego de crear la habitación oculta de la niña le dio mucho en qué pensar porque por lo general el maná de otras personas, en especial de otras mujeres, le parecía asqueroso, molesto y hasta doloroso, nada que ver con el maná de esta niña que parecía tan cálido y familiar.

Lo peor del caso era que por muy leal que fuera Heidemarie, la niña se las había ingeniado para ganársela por completo. Estaba considerando con seriedad exigirle el nombre a su erudita debido a que la idea de que parecía serle más leal al gremlin mercantil que a él mismo lo ponía muy nervioso.

Por supuesto, era en ocasiones como la que vivió tres días atrás que en verdad no sabía que pensar.

No tenía mucho que acababa de darle permiso a Myneira de hacer lo que quisiera para velas y pegamento con los huérfanos en cuanto se fuera el último carruaje. Ella recién había donado su maná a las herramientas sagradas y él acababa de hacerle un pequeño examen de harspiel, dejando algunas indicaciones a Rossina para subir el nivel de dificultad en las clases de la niña cuando se fue a su propia habitación para hacer algo de trabajo extra que acababa de llegar del castillo.

No había pasado ni siquiera un cuarto de campanada cuando Jenni entró nerviosa a pedirle que fuera a ayudar a Myneira, quién había tomado su lugar para ir donde el Sumo Obispo.

"Sé que está muy ocupado, Sumo Sacerdote… pero ella podría necesitar… algún tipo de asistencia mientras ayuda al Sumo Obispo con su documentación para el Festival de la Cosecha.'

Todavía estaba regañando a Jenni por dejar ir a esa idiota cuando Fran entró llevando entre sus manos la apestosa ropa sucia del Sumo Obispo.

"Sumo Sacerdote, intenté mantenerme al lado de Lady Myneira, pero el Sumo Obispo comenzó a darme demasiadas encomiendas para mantenerme fuera de sus habitaciones mientras habla con ella… por favor vaya a auxiliarla, ¡es demasiado joven!"

No entendía como es que una cosa tan pequeña podía meterse en tantos problemas con esa facilidad. Apenas el año anterior tuvo que ir hasta el bosque plebeyo para sacarla de un trombe y ahora esto… ¿Qué estaba pensando esa niña?

Sacarla de las habitaciones del Sumo Obispo fue menos complicado de lo que esperaba, aunque tuvo que insistir.

Agradecía que Myneira fuera tan rápida siempre para comprender sus intenciones. Apenas insinuarle con la mirada, la niña simuló un desmayo y tiró la copa con agua junto a ella, dejándolo entrar y dándole una excusa para hacerle un falso chequeo médico que él utilizó para ayudarla a elevar su maná lo suficiente para que una pequeña fiebre controlada brotara y le permitiera sacarla de inmediato. El problema fue que de repente Myneira no estaba actuando y la fiebre controlada estaba fuera de control… como si en realidad hubiera estado conteniendo demasiado para luego dejarlo salir.

Tuvo que correr con ella hasta su propia habitación oculta y llamar a Justus en cuanto la sospecha de que la estuvieron estimulado con drogas para llamar a las bendiciones de Bremwärme y Beischmacht hizo eco en él. Esperaba estar equivocado, pero era lo único que tenía sentido luego de tomar muestras de las manos de la pequeña para hacerles pruebas rápidas para todos los venenos que conocía sin encontrar una respuesta clara.

"Mi señor, sin importar la cantidad de estimulantes… no debería estar reaccionando de este modo" murmuró Justus luego de constatar con cual estimulante cutáneo fue drogada.

"Había escuchado que es demasiado frágil, pero todos la protegen tanto que no tenía idea de hasta qué grado."

Darle el antídoto fue un verdadero dolor de cabeza. La niña no solo estaba desvariando de un modo ininteligible, para su desgracia se negaba a beber del vial.

"¿Por qué no intenta abrirle la boca de forma manual, milord? Si lo prefiere, yo puedo hacerlo."

"¡No!... Yo lo haré."

Se sentía demasiado culpable por no prevenirla luego de la reunión para entregar las rutas del festival. Se sentía aún más culpable por darle tanto maná a fin de ayudarla a fingir un desbordamiento. De modo que, estaba seguro de que su intervención aunada a las drogas fueron el desencadenante de la situación en qué se encontraban.

A pesar de ello, nada lo preparó para que la niña que estaba negándose a tomar un antídoto en medio de sus desvaríos, abriera la boca para succionar su dedo haciéndolo sentir más allá de la incomodidad. Que Justus palideciera solo hizo que el asunto empeorara.

"Milord… parece que está niña tiene… o demasiado apego a su madre y no ha sido debidamente destetada… o ha sido entrenada como flor… eso… eso no es un reflejo normal."

"¿Cómo la hago beber el antídoto? Drené todo el maná que pude, pero sin el antídoto…"

Justus parecía conflictuado y demasiado avergonzado antes de darle la solución.

"Milord… quizás si introduce un segundo dedo podríamos usar el espacio entre ambos como una canaleta para hacerla beber la poción."

No le gustaba nada. Toda esa succión le estaba trayendo recuerdos que estuvo suprimiendo por años. Aun así, luego de tomar suficiente aire y prepararse mentalmente, hizo lo que su erudito y asistente sugirió. Para sorpresa de ambos hombres, estaba funcionando. El siguiente problema fue notar que mientras la niña bebía de a poco, estaba intentando desnudarse frente a ellos.

"¿Quiere que averigüe que le hicieron, milord? Esa conducta… en verdad parece como si estuviera habituada a hacer ofrendas florales."

Estaba asqueado. Verónica al menos había esperado a que él cumpliera los diez años antes de atormentarlo con ayuda de las mujeres de su séquito, dejándolo tan sucio que sentía repugnancia por las mujeres en general.

Cuando Myneira terminó de tomarse la poción y él intentó retirar sus dedos, se sorprendió al notar a la niña aferrándose a él. Peor aún, la pequeña empezó a llorar y a balbucear esas palabras extrañas, siendo "Tetsuo" la única que había escuchado antes… justo el día que la sacó del trombe.

"No investigues. Me encargaré de sacarle la verdad."

Cuando la niña dejó de llorar y balbucear la envolvió en una sábana negra y le ordenó a Fran cambiarse de ropas, ver que le pusieran ropa plebeya de inmediato y prepararse para llevar a la niña a la casa de sus supuestos padres. No podía hacer otra cosa.

Los días que siguieron en ausencia de la cría los usó para reflexionar sobre la extraña naturaleza de la plebeya. Su forma de pensar y todas las salidas que parecía tener a cada problema se repitieron una y otra vez en su mente.

Cuando supo que Myneira volvería al día siguiente, contactó a Eckhart para que solicitara las herramientas de lectura de mente con ayuda de su padre. Lo que no esperaba, era que Eckhart comentara aquello con su prometida en lugar de cumplir la orden.

"¡Milord, sin importar la razón, no puede teñir a una niña tan pequeña!"

Suprimir un suspiro de cansancio fue difícil. Al menos su erudita tuvo la inteligencia de pasarle una herramienta antiescuchas.

"Heidemarie, ella…"

"¡Es solo una niña, milord! Confío en usted más que en nadie, los dioses saben que sí, pero para leer la mente de Myneira debe teñirla con pociones, milord. ¡Teñirla! Si está tan deseoso de asegurarse de que ella no es una amenaza, prepáreme a mí y yo leeré su mente en su lugar. ¡Jamás podría mentirle a usted!"

No podía pedirle eso. Por más que le explicara la situación, estaba seguro de que Heidemarie no comprendería el verdadero alcance y, por lo tanto, no haría un interrogatorio adecuado, dejando demasiados cabos sueltos, demasiadas variables fuera. Pensar en una alternativa fue complicado, decidiéndose en la noche por utilizar la corona de la diosa de la luz.

Por desgracia, ver a Myneira al día siguiente fue incómodo. La sensación de la pequeña boca de la niña succionando sus dedos no dejaba de hacer eco en él. Era una sensación fantasma que lo ponía demasiado nervioso.

Cuando terminaron de comer la convenció de ir a la sala de oración. De nuevo, era como hablar con un adulto.

Ferdinand la hizo arrodillarse y jurar, sintiéndose apenas un poco más tranquilo cuando notó el brillo del maná que sellaba sobre ella la sentencia de morir si mentía o se negaba a dar información. Que ella le preguntara lo hacía más fácil. A pesar de ello, se había encargado de instruir a Fran y sus asistentes de mantener a todos los grises tan alejados como le fue posible de esa habitación en caso de que la niña mintiera y volara en pedazos. Él podría protegerse con un getilt… pero no los grises.

–En ese caso, debo presentarme de nuevo –dijo la niña enderezándose en su asiento con el porte digno de una vieja dama archinoble–. Mi nombre es Myne, pero antes fui Urano Miyamoto, esposa de Tetsuo Miyamoto. Morí a los 76 años durante un accidente de tráfico.

Era imposible lo que estaba diciendo… imposible y, de todas formas, no solo no estaba estallando, sino que además explicaba algunas cosas, como esa palabra, Tetsuo, o su intento por desvestirse.

–¿A qué te refieres con que moriste a los 76 años?

La pequeña solo acomodó sus manos sobre los reposabrazos con calma, soltando un suspiro de alivio por alguna razón. Debía estar consciente de que esa simple frase era algo que nadie le habría creído.

–Nací en lo que creo es otro mundo llamado Chikiuu, en un reino llamado Nihon. Tecnológicamente hablando era un lugar varios cientos de años más avanzado que este, tal vez debido a que ahí no existen el maná o la magia.

–¿Un mundo sin magia, dices?

–Así es. Es como… un mundo donde solo existen los plebeyos, usando sus conocimientos y su ingenio para solventar cualquier problemática o inquietud. Esas piedras que ustedes transforman en animales para transportarse volando no existen allá, en cambio tenemos otro tipo de vehículos hechos de metal, vidrio y otros componentes para poder viajar por tierra, por aire, por sobre o debajo del mar, en casos especiales, incluso fuera del planeta. Ese mundo es redondo con miles de idiomas y cientos de religiones.

No solo era impensable, sino que además sonaba absurdo… pero de nuevo, ella no estaba explotando ni retorciéndose de dolor, así que todo lo que decía, pensaba que era verdad. Estaba convencida de que era verdad.

–¿Qué puedes decirme sobre Lady Verónica?

–¿Quién? –preguntó la niña sin ocultar su confusión–. No sé qué respuesta esperaba, pero no conozco a ninguna Verónica… y no creo que se esté refiriendo a una persona de mi mundo anterior.

Eso lo dejó un poco más tranquilo. La primera dama no parecía conocerla.

–¿Quién te ordenó acercarte a mí?

La niña movió la cabeza como si se tratara de un shumil en lo que su entrecejo se fruncía.

–No comprendo su pregunta, Sumo Sacerdote. Lo conocí por casualidad al quedar atrapada por un trombe… aunque si mentí esa vez. Lutz y yo no podíamos decirle que estábamos buscando árboles nuevos para experimentar y hacer diferentes tipos de papel.

–¿Diferentes tipos? ¿Te refieres al papel blanco y al papel con flores que sirve para guardar los otros?

Ella negó sin dejar de mirarlo.

–Quiero reproducir muchas de las cosas a las que tenía acceso en Nihon. Papel para cocinar. Papel para decoraciones. Papel especial para pinturas diversas y arte. Papel para cartas. Papel para calcar. Papel traslúcido. Entre muchos otros. Por eso terminé dentro de ese trombe. Mi entusiasmo y mi curiosidad me expusieron a un peligro del cual no estaba al tanto. En mi mundo anterior no había plantas que coman personas. Digo, teníamos plantas carnívoras, pero esas solo consumían insectos.

–Ya veo –suspiró Ferdinand ante aquella vastedad que no terminaba de imaginar siquiera–. Entonces no tenías planeado acercarte a mí el año anterior. ¿Qué me dices del día de los bautizos? Estoy seguro de que te vi cambiar de fila.

Ella le sonrió con un brillo travieso, el mismo que notaba en sus ojos cuando estaba por ofrecerle productos y comenzar así a regatear.

–Usted era una cara conocida en un mar de extraños. ¿Qué tendría de raro acercarme al muchacho que me salvó de una muerte segura?

'¿Muchacho? ¡¿Muchacho?! ¡Soy un adulto, por todos los dioses! ¡Y ella no es más que una niña antes del bautizo! ¡Ni siquiera debería considerarla humana!"

–Ahem… entiendo… por cierto, soy un adulto como todos los que tienen más de quince años.

Ella respingó un momento antes de sonreírle con amabilidad… como una mujer mayor hablando con una persona todavía en su verano.

–Me disculpo entonces. En Nihon se consideraba adultos a los mayores de 18. Recuerdo que había países donde la mayoría de edad era a los 22… y yo morí demasiados años después de alcanzar esa edad. Estuve casada la mayor parte de mi vida, Sumo Sacerdote. Tuve dos hijos y después tres nietos a los que amaba demasiado. Mi nieto más joven no era mayor que usted la última vez que lo vi. A él también le molestaba que le dijera "muchacho" o que lo tratara como a un niño pequeño… y eso que en aquel entonces me veía de mi edad.

No sentirse menos incómodo luego de eso era difícil… un nieto de su edad… era la cosa más absurda que podía haberle dicho.

–Así que… un mundo diferente con mejor tecnología y la gente alcanzando la mayoría de edad mucho después. Es algo… complicado de creer.

–Lo sé, es por eso que no le dije nada a ningún adulto. ¿Quién me creería? En especial cuando a veces tengo arrebatos como una niña cualquiera. Creo que es debido a este cuerpo nuevo. Al principio pensé que mi tamashii había asesinado a la dueña original, pero… según lo que mis padres me han comentado o han dicho entre ellos, yo renací en este cuerpo desde un inicio, mi consciencia era la que no había despertado.

Era complicado y demasiado… fantasioso, pero explicaba muchas de sus excentricidades.

La cuestionó más sobre sus inventos, sobre la política y la sociedad de ese otro mundo, los avances tecnológicos de los que había hablado, escuchando con asombro sobre cómo el conocimiento se compartía de manera libre y a la vez se protegía. El tiempo que invertían estudiando también salió a relucir así como el interés de las personas en consumir alimentos deliciosos y/o saludables… en verdad era un mundo distinto por dónde lo viera.

–Voy a cambiar un poco el tema ahora… antes, cuando decidiste dejar que mis antiguos vasallos te adoptaran, dijiste que conocías a alguien que miraba igual que yo cuando quería estudiar algo.

–Así es. Conocí a alguien muy parecido a usted mejor que nadie… mi esposo. Tetsuo, era uno de los hombres más inteligentes de Nihon. Se podría decir que era un erudito con demasiadas especialidades. Contribuyó a nuestro país con muchos descubrimientos y aplicaciones en diferentes áreas, por supuesto, no en todas. Su arrogancia lo hacía desdeñar la medicina y el estudio de la mente humana, por eso no incursionó en ello también a pesar de mis intentos de convencerlo… él murió por una enfermedad años antes que yo… si soy sincera, todavía lo extraño en ocasiones. Estoy segura de que se volvería loco de curiosidad por estudiar las cosas que tienen aquí.

Recordó muchas cosas en ese momento. La mirada cargada de nostalgia que le dedicaba en ocasiones, como lo había llamado Tetsuo a él tanto en aquella ocasión del trombe como hacia pocos días… entonces…

Tuvo que carraspera un poco para sacar de su cabeza la imagen de la niña que tenía enfrente succionando sus dedos, demasiado deseosa de quitarse las ropas y solo los dioses sabían que más. Justus tenía razón, ella estaba habituada a hacer ofrendas… solo no con ese cuerpo y no en Yurgensmith.

–¿Qué hay sobre tu… deseo insano y peligroso de poner a los demás antes que a ti misma? Eso no puede ser normal.

El rostro infantil que lo veía se endureció y por un segundo le pareció que era una mujer adulta a punto de darle el regaño de su vida… era casi como tener a Rihyarda a punto de llamarle la atención, lo que lo hizo temblar de miedo por un latido o dos.

–Los niños son el futuro de cualquier nación, Lord Ferdinand. ¡Si no hay niños, la nación se acaba cuando muere el último de sus ancianos! Por otro lado, si soy responsable de la gente que trabaja bajo mi mando, significa que debo protegerlos de todo sin importar nada. Una vida es demasiado valiosa, por lo tanto, mi deber como su superior es protegerlos hasta el límite de mis fuerzas.

Podía notar que esa era una mentalidad demasiado arraigada en ella. ¿Se debía a ese otro mundo o era solo parte de su personalidad?

–Dejar que el Obispo tome una de tus doncellas para divertirse nos habría ahorrado mucho…

–¡No puede estar hablando en serio!

Estaba en shock. En verdad le estaba alzando la voz como si fuera Rihyarda, haciéndolo sentir como si tuviera ocho años de nuevo.

–¡Mis doncellas son humanas, no objetos! Lo mismo aplica para los grises y los plebeyos. ¡¿Es que en este mundo retrógrada no conocen los derechos humanos?!

–¿Derechos...? ¿Retrógrada?

No estaba muy seguro de comprender, pero tal parecía que se protegía mucho más a las personas en ese mundo del que ella hablaba.

La observó cruzarse de brazos y desviar el rostro de un modo tan rígido y cargado de desprecio, que le recordó a Lady Verónica por un momento… no era algo que pudiera imitar, lo cual significaba que, en ese momento, esa pequeña niña en verdad lo miraba como a un niño indefenso, ignorante y sentía repudio hacia él… o al menos, hacia lo que estaba insinuando.

Lo más curioso era que por muy difícil que fuera creer en sus palabras, la cantidad de detalles en su discurso y sus respuestas hacía que fuera cada vez más y más creíble incluso si no hubiera jurado por la Diosa de la Luz.

—Tengo muchísimas preguntas todavía —se lamentó—, por desgracia, Dregarnuhr no parece estar de mi lado.

La niña no dijo nada, solo soltó un suspiro como dándole la razón.

De pronto comprendía que fuera tan receptiva a aprender con tanta facilidad. Ya fuera que vivió más allá que la mayoría de las personas en Yurgensmith como clamaba o por la cantidad de años que debió pasar estudiando en su mundo, en verdad estaba tomando todas las herramientas y habilidades a mano para aprender y salir a flote en un lugar que debía parecerle tan alienígena a ella como le parecía a él lo que ella describía.

—¿Qué hacías tú en aquel otro mundo? ¿cuál era tu función?

—Era bibliotecaria.

'¿Bibliotecaria? Solo una selecta cantidad de eruditos tienen permitido servir a Mestionora y proteger así el conocimiento acumulado. ¿Aplicaría la misma regla en ese lugar?'

—Imagino que tu… esposo y tú eran nobles entonces.

—Tal y como le dije hace un rato, en mi mundo anterior la nobleza se abolió casi por completo varios siglos atrás. Los que quedaban son más como… algo simbólico o decorativo. En cuanto a mi marido y a mí, yo era solo una chica normal, común y corriente. Poco más que los plebeyos que viven en la zona central de la ciudad. Mi esposo, por otro lado, fue más afortunado que yo. Su padre se hizo de un nombre como… dirigente de un… gremio de farmacéuticos, así que tenían dinero suficiente para invertir en su educación. Con el tiempo, Tetsuo se hizo de su propia fortuna al comenzar a hacer innovaciones antes incluso de alcanzar la edad adulta.

Ese tal Tetsuo comenzaba a parecerle similar a si mismo incluso a él. Con sus fondos siendo interceptados y reducidos por la primera dama de Ehrenfest, Ferdinand tuvo que utilizar su intelecto desde su tercer año para desarrollar todo tipo de herramientas mágicas, algunas solo por diversión, otras más para su venta, de modo que pudiera sobrevivir solo cuando su manutención comenzaba a escasear.

—Si no eras una noble y tampoco eras… afortunada, ¿cómo es que terminaste trabajando para la diosa de la sabiduría?

Ella le sonrió entonces, recargándose contra el respaldo de la silla cómo si llevara más años viva que Rihyarda y Bonifatius.

—Estaba obsesionada con los libros. Para mí, los libros eran la cristalización de todo el conocimiento descubierto a lo largo de cientos de años. Pensaba que sin libros la vida no valía la pena, así que, en cuanto cumplí la mayoría de edad y tuve que seleccionar una… especialidad, me inscribí en donde pudieran prepararme para ser bibliotecaria. Estaba tan obsesionada, que incluso le dije a mi mejor amigo que sería increíble morir rodeada de libros… casi me pasa, ¿sabe?

"El día que iban a entrevistarme en una de las tantas bibliotecas de la ciudad, estaba leyendo dentro de mi sala favorita de lectura cuando ocurrió un temblor. Libros y repisas me cayeron encima. Me rompí algunos huesos y poco faltó para que muriera asfixiada. Al parecer, no todos los estantes estaban bien sujetos del suelo y los muros."

Eso era una verdadera locura. Que tuvieran tantos libros como para que ella estuviera a punto de morir aplastada, sepultada por ellos hablaba de demasiados libros… que esa fuera solo una de muchas bibliotecas solo en su ciudad… Ferdinand en verdad no lograba imaginar el monstruoso alcance de algo como eso.

Todavía estaba procesando aquello cuando ella soltó un suspiro y siguió hablando… sin mirarlo a él.

—Estaba muy nerviosa ese día. No por la entrevista, estaba segura de que iban a seleccionarme para trabajar ahí… yo me estuve negando a estar en una relación con otra persona y al final, mi madre y mi mejor amigo se las ingeniaron para comprometerme con Tetsuo.

"Se suponía que nos conoceríamos esa noche en una cena… Él parecía demasiado para mi cuando me dieron su información… Demasiado para una simple ratona de biblioteca como yo… Y entonces sucedió el temblor y me llevaron al hospital, me atendieron y luego me colocaron en una habitación con un desconocido estúpido que estuvo a punto de morir por inanición… Era él.

"El increíble genio que no dejaba de tomar una especialidad tras otra y de hacer dinero con cuanta idea se le paraba en frente estuvo tan metido en una de sus investigaciones que estuvo a punto de morir por dejar de comer…"

Los ojos dorados se llenaron de lágrimas entonces. Los pómulos infantiles y regordetes se tiñeron con el noble color de Geduldh. Podía notarla temblando mientras escapaba un sollozo de entre sus pequeños y finos labios y ella se inclinaba para cubrir sus ojos, demasiado consiente de su vulnerabilidad.

—¡Había estado tan ciega! ¡Tan absorta en mis libros! Ni siquiera me di cuenta de que me estaba enamorando de él mientras nos recuperábamos y nos dejaban volver a casa… Lo tuve conmigo por más de cincuenta años y no fue suficiente tiempo… ¡cien años no habrían sido suficiente tiempo!

No comprendía que pudiera llorar con tanto sentimiento, o que su discurso se cortara… tampoco pudo comprender que de pronto la niña frente a él bajara con apuro de la silla para correr hasta él y subir, abrazándolo con fuerza sin dejar de llorar.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó incómodo, tratando de quitársela de encima hasta que la escuchó quejarse y la sintió temblar.

—¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Es solo que…! ¡Yo…! ¡No puedo…! ¡A veces es una tortura estar con usted!

Estaba al tanto de que no le agradaba a la mayoría de las personas, pero al grado de decir que estar con él era una tortura…

La imagen de Magdalena apareció en su mente. Su antigua prometida debió sentirse igual si terminó obligando a un príncipe a casarse con ella a punta de messer.

—Lamento mucho que te desagrade hasta ese punto, pero no tiene sentido que me abraces entonces.

Sintió como la niña se aferraba más a él, frotando el rostro en su hombro por un momento sin dejar de llorar.

—¡No lo entiende! ¡Es tan parecido a él! ¡Pero no es ÉL!... Tan perfeccionistas, tan inteligentes, tan fríos con los otros… y sus gestos… tiene tantos gestos que él tenía… la forma en que mira a los demás… la forma en que golpea su sien para pensar… como sostiene su nariz cuando se siente fastidiado… es como tener un pedacito de mi Tetsuo sabiendo que NO es Tetsuo y que NO es mío… sabía que sería difícil vivir con usted aquí… solo… solo no esperaba que fuera tan difícil.

Tuvo que devolverle el abrazo en ese momento. Lo más cercano que tenía a alguien por quien sintiera tanto afecto eran su padre y Sylvester… no podía imaginar saber que ambos estuvieran muertos y luego encontrar a alguien que fuera así de parecido, sabiendo que no podía llevar la misma relación que llevó con ambos hombres.

Tenía sentido.

Ese tal Tetsuo fue la familia de esta niña por más de medio siglo, tenían toda una historia a cuestas… quizás verla tan dolida por eso, atestiguar como pasaba de estar divirtiéndose a apagarse solo de repente le decían que era real… el abrazo en el que estaba atrapado ahora le decía lo mismo, así como los sonoros sollozos que poco tenían de noble y demasiado de tristeza y pena.

No estuvo seguro de cuánto tiempo pasó, pero agradecía realizar aquella investigación cuando no hubiera otros sacerdotes azules en el Templo. Nadie podría entrar y molestarlos mientras intentaba consolarla… dándose cuenta de que alguna vez él mismo había llorado de un modo similar en el regazo de su guardiana Irhumilde, la difunta hermana de su padre.

.

—¿Quiere que yo lea su mente, mi señor? ¿Está seguro?

Nunca había estado más seguro de nada en su vida. Ya que Heidemarie era la otra persona de la nobleza con la responsabilidad de Myneira encima y la posibilidad de leer su mente, era natural que quisiera corroborarlo.

—Lo haría yo mismo, pero… tal y como has dicho, ella es una niña demasiado pequeña todavía.

—Entiendo, sin embargo… ¿cómo consigo las herramientas mágicas? Le pertenecen al archiduque, después de todo.

—Ya he enviado un informe con Justus al Aub, solicitándole el permiso para usar los anillos. Le he informado también que serás tú, y no yo, quien corrobore esta noche la información conseguida.

—¿Entonces no le creyó a mi hermana?

—Por el contrario… Myneira… me habló de cosas que no puedo empezar a imaginar ni siquiera. Podría desestimarlo como delirios provenientes de los dominios mismos de Schlätraum, sin embargo… sé que todo lo que me dijo es real.

"Necesito alguien que pueda hacer una comparativa objetiva y hacer un informe del alcance real de todo lo que ella sabe. Al parecer sus inventos no son más que innovaciones que para ella eran de uso cotidiano. Confío en que no tendrás problemas para mirar en su memoria y hacer un informe.

"Los documentos que te acabo de entregar son, de hecho, una copia del informe que le envié al archiduque para solicitar los anillos y una copia de todo lo que ella me dijo durante el interrogatorio… todo lo que necesito que corrobores, al menos. Karstedt debería tener el artefacto en su poder justo ahora."

Heidemarie asintió. Lucía feliz de serle de ayuda. Él, por otro lado, estaba avergonzado por su reticencia actual a mirar. Temía enfrentarse al famoso Tetsuo y los sentimientos que Myneira albergaba todavía por ese sujeto. Esos no eran los sentimientos de una niña, sino el raffel enraizado y floreciente de una mujer adulta… En verdad que no podía enfrentarse a algo así, menos aun sabiendo cuanto la hería sin darse cuenta.

—¿Algo más, milord?

—Ya le expliqué a Myneira sobre el proceso. Espero que puedas explicarle de manera eficiente porque no puedo ser yo quien mire en su memoria.

Eso pareció sorprender a Heidemarie. La joven no dijo nada en absoluto, solo asintió, cruzando sus brazos en deferencia antes de enderezarse de nuevo y caminar hacia la puerta de su despacho.

—Iré por ella entonces. Debe de estar por llegar para poder irnos a la mansión Linkberg.

—Adelante. Recuerda pedirle a Karstedt que no hable acerca del segundo informe. El Aub debe pensar que solo estamos confirmando que tu hermana no haya sido expuesta a aberraciones cómo un favor especial de mi parte.

La joven sonrió divertida, de pie junto a la puerta sin atreverse a abrir todavía, mirándolo de pronto con un aire que no le había visto antes… parecía aliviada.

—Sospecho que mi pequeña hermanita tiene la habilidad de ganarse el afecto de otros con facilidad. No se preocupe, milord. Me encargaré de protegerla.

Estaba seguro de que sus orejas se sonrojaron ante el comentario, sin embargo, no dijo nada, solo asintió. Podía ahorrarse la explicación si con eso Heidemarie se tomaba el trabajo en serio.