La Revolución de Mestionora

Primavera complicada

La primavera resultó en días arduos y laboriosos.

Ferdinand fue investido como Sumo Obispo por órdenes del Aub durante la fiesta para vivir la primavera y ella como Suma Sacerdotisa al día siguiente por órdenes de Ferdinand. Si bien su carga de trabajo real no se vio afectada, de pronto era responsable de muchas más cosas.

—¡Es un dolor de cabeza, Tuuri! ¿Por qué no puso a un adulto responsable y que llevara más tiempo en el Templo?

Era fin de semana, pero no podía dejar de quejarse por lo injusto de su nueva posición aun si se encontraba zurciendo calcetas y bordándoles todavía sus frases favoritas de libros entrañables en japonés.

—Bueno, eres muy lista. ¿Estás segura de que no viste eso venir, Myne? —le preguntó su madre con una sonrisa en tanto limpiaba algunas verduras. No faltaba mucho para que diera a luz, así que no podía ir a trabajar y tampoco podía hacer mucho esfuerzo dentro de casa.

—Vi varios otros adultos en la junta de otoño portando túnicas azules. No pensé que tomaran una niña sin bautizar en cuenta para nada.

Estaba bufando todavía cuando ya no hubo más ropa que arreglar en la canasta, de modo que dejó la ropa a un lado de la puerta y se paró en un banco junto a Tuuri para verificar la comida.

—¿De verdad no quieres que te ayude? Debe ser difícil hacerte cargo de todo esto sin mamá.

—Estoy bien, Myne. Un día voy a casarme y tendré que hacerme cargo de mi casa cuando vuelva del trabajo. No puedo quejarme si tengo la oportunidad de prepararme para eso.

—Ya veo —sonrió ella buscando que hacer.

—Me pregunto si de verdad podrás casarte algún día, Myne —comentó su madre entonces, estirándose un poco para descansar—. Aun cuando has estado creciendo sin falta y pareces más fuerte, todavía eres muy enfermiza… ¿qué harás si no te conviertes en una esposa elegible?

—Si no encuentra a nadie, puede casarse con Lutz, mamá.

La más joven miró a su hermana remover la olla y dar una probada pequeña a la comida antes de añadir unas cuantas especias, suspirando molesta por alguna razón.

—Lutz no está obligado a quedarse conmigo. No podría sentirme a gusto sabiendo que mi marido me hizo el favor de casarse conmigo.

—¿Te casarás con un noble entonces? —preguntó su madre con una sonrisa divertida que la hizo suspirar, sacando su enfado con todo el aire.

—Yo… no lo sé. Es posible.

Se sintió sonrojar por un momento. Le gustaba Lord Ferdinand, ahora Sumo Obispo, pero no lo amaba y no estaba segura de sí las personas del clero podían casarse, pero le parecía que no tendría problemas casándose con alguien así de inteligente. Su vida con Tetsuo le había demostrado que ese era el tipo de hombres que le gustaban.

'Claro que… si pudiera encontrar a Tetsuo de nuevo, haría todo lo posible por casarme con él otra vez. Sería como colocar más leña y fuego en una fogata ya encendida.'

—¿Qué buscan los nobles en una buena esposa? —preguntó Tuuri con curiosidad, tapando la olla y enjuagando sus manos en lo que comenzaba a limpiar la precaria cocina y la mesa para poder servir el platillo preparado cuando estuviera lista y su padre llegara del trabajo.

—Veamos… por lo que me explicaron Heidemarie y Lady Elvira, una buena esposa es una mujer con buenos modales y suficiente maná para estar al nivel de su marido y concebir. Si no tiene el maná suficiente o tiene maná en exceso, entonces tiene que ser alguien que pueda dar algo de valor a la casa de su marido. Una erudita de renombre. Una asistente de excelencia. Una mujer caballero táctica o bastante fuerte para trabajar en el castillo. A menos que ella sea la cabeza de su familia, en ese caso es el hombre el que tiene que aportar algo para merecer casarse con ella.

—¡Oh, cielos! ¿Hay mujeres que sean cabeza de familia en la nobleza?

Su madre parecía un poco en shock. Myne sonrió y asintió.

—No me parece tan extraño, mamá. El señor Benno me dijo una vez que su hermana, la señorita Corina, es quien debería ser la cabeza oficial de su taller debido a que la Compañía Gilberta se hereda de forma matrilineal.

—Pensé que el señor Benno ayudaba a la señorita Corina mientras la entrenaba y se hacía de su propia compañía —acotó Tuuri.

—Bueno… me parece que su hermana le estaba permitiendo llevar el negocio hasta que ella tuviera una hija que pudiera entrenar o algo así, debido a que el señor Benno sigue soltero y no tiene hijos… por otro lado, la semana pasada el señor Benno me dijo que estaba considerando abrir un negocio propio con lo del negocio del papel y dejarle la Compañía Gilberta a Corina. El señor Otto pronto estará haciéndose cargo de llevar la Compañía Gilberta para que la señorita Corina pueda seguir centrándose en el taller y en criar a Renate.

Estaba entusiasmada. Después de la comida iría al taller de herrería para supervisar las letras encargadas a su herrero particular y luego al de carpintería para verificar como iba la creación de su primera imprenta, basada en lo que recordaba de la imprenta de Gutenberg.

—Por cierto, Myne. ¿Qué pasó con ese instrumento enorme que ofreciste al Sumo Sacerdote en el verano?

Miró a su madre de repente, sorprendida de que la mujer recordara ese detalle.

—Bueno, quedó terminado durante la última semana del otoño, pero con todos los problemas que hubo para sacar al Sumo Obispo y luego el invierno que se vino encima… el piano fue entregado apenas hace una semana. Todavía no he podido tocarlo.

Su padre llegó entonces y ambas niñas se afanaron en recibirlo, poner la mesa y compartir los alimentos.

Su madre acababa de retirarse a descansar a su recámara cuando su padre la llamó.

—¿Vas a ir mañana a visitar a tus futuros padres, Myne?

—Si, papá. Estoy aprendiendo mucho de la que será mi futura abuela y la que se hace pasar por mi hermana mayor.

Su padre le acarició la cabeza entonces con una sonrisa, asintiendo.

—Pórtate bien con ellas y aprende todo lo que puedas. Yo me estoy esforzando en la puerta este para que en algún momento me den mi cambio a la puerta norte. Estaré más tranquilo si soy yo quien le permite ir y volver a tu carruaje.

—¡Tú puedes, papá! ¡Cuento contigo!

Ambos se sonrieron con camaradería, golpeándose el pecho sin dejar de sonreírse el uno al otro antes de que su padre la mirara con seriedad.

—Myne, sé que es para curarte, pero… ¿Cuándo volverán a ponerte a dormir?

Lo pensó un momento.

Durante el invierno no pudieron salir a conseguir más materiales y con todos los problemas en el Templo durante el otoño, la estuvieron dejando en jureves de menor calidad los fines de semana, quedando sumergida por espacio de día y medio hasta que se terminó el primer mes del invierno.

—No aun, papá. Están buscando un momento adecuado para llevarme a la provincia de Haldenzel a conocer a la familia de Lady Elvira y a recolectar más ingredientes para hacer la medicina. Heidemarie dijo que al ser un jureve de mejor calidad que el inicial, es posible que duerma una semana cada vez en lugar de algunos días. Desean curarme lo antes posible.

Su padre suspiró antes de mirarla con una emoción que no estaba segura de reconocer, entre la resignación y el alivio, a decir verdad.

—Recuerda avisarnos cuando irás a hacer esa recolección y cuando empezarán a meterte ahí. Fue muy duro no tenerte en casa durante el invierno, será muy duro no saber de ti por una semana entera.

—Lo prometo, papá. Tal vez logre ser una niña normal para cuando sea el momento de bautizarme como noble a mediados de Fuego medio.

En realidad, no creía que pudiera ser normal, después de todo, una niña de siete años con industrias propias y la responsabilidad de los huérfanos de la ciudad y parte del funcionamiento del Templo no podía considerarse normal en modo alguno… por no hablar de sus memorias… o de las clases de japonés que estuvo dándole al nuevo Sumo Obispo durante el otoño e invierno.

La niña sonrió divertida al recordar al Sumo Obispo quejándose de que debió comenzar a enseñarle ese idioma antes de empezar a tejer su trampa porque habría hecho mucho más sencillo comunicarse para atrapar a Beezewants… No era como que pudiera hacer mucho al respecto ahora.

.

–Escuché que has creado una melodía nueva –comentó el Sumo Obispo, Ferdinand, con su seriedad habitual, tomando asiento en la sala de música apenas ella asintió.

–Bueno, sí. Algo así –confesó de pronto a la mitad de su práctica de harspiel.

A pesar de ser ahora la Suma Sacerdotisa, nadie le acortó el tiempo que tenía para practicar harspiel, dibujo o modales. Por desgracia, tanto Lord Ferdinand como Heidemarie decidieron que su letra había mejorado suficiente, de modo que sus clases de caligrafía, poesía y nobles eufemismos con Jenni era lo único que se acortó a un cuarto de campanada en lo que las otras disciplinas abarcaban media campanada cada una.

–Me gustaría escucharla. Tal vez pueda ayudarte a escribir una letra adecuada.

Por supuesto, después de practicar media campanada en el harspiel solía practicar media campanada en el piano. Todavía no era tan buena tocando como cuando era Urano, pero de momento era la mejor intérprete de dicho instrumento en todo el país, de ahí que estuviera "creando" nuevas melodías de manera constante, mismas que Rossina se encargaba de adaptar al harspiel de inmediato.

Myneira sonrió. Tal y como sospechó durante su primer encuentro en el templo, este hombre amaba la música y sentía cierta fascinación por ella.

Tetsuo solía mostrar su agrado por escuchar cierto tipo de piezas, pero nunca intentaba cantar. Podía interpretar bien un instrumento porque su madre lo había obligado a tomar lecciones de niño, igual que su propia madre la obligó a ella a aprender el piano. Al menos le terminó sacando provecho a esas lecciones y a los libros sobre instrumentos que estuvo leyendo durante el tiempo que duró su instrucción en esa vida. Justo ahora tenía la patente del piano con acceso a un porcentaje de las próximas ventas cuando se presentara el nuevo instrumento durante su bautizo y otro instrumento en proceso de fabricación. Una guitarra

A pesar de su pequeña campaña de comercialización, el harspiel seguía siendo el instrumento de los nobles, así que estaba obligada a practicar en ambos, dando mayor peso al harspiel para prepararse para su debut.

–En realidad… ya tiene letra, Sumo Obispo, aunque no la he practicado de manera adecuada todavía en el harspiel. Espero no tropezar mientras lo intento.

El chico asintió para ella, dándole una señal de que podía comenzar, mostrando su interés y curiosidad a flor de piel.

Myneira sonrió confiada.

Esta era una de esas pocas canciones de películas infantiles que habían encantado a su familia entera. Sus hijos solían hacerse bromas cantándola a dueto. Shuu y Akane incluso asistieron disfrazados de vikingos a una de sus convenciones de anime solo para bailarla frente a un montón de extraños y rematar con un beso apasionado. El vídeo de ambos circuló por mucho tiempo en la red y ella comprendió porque sus amigos se esmeraron tanto en el maquillaje y los detalles de sus disfraces en aquella ocasión… recordó que siempre quiso cantarla con Tetsuo, una pena que él no supiera cantar… o ella en aquella vida anterior.

Tomando aire, sus dedos se colocaron sobre las cuerdas, rasgando despacio la lenta introducción, suprimiendo la parte del silbido. Tenía poco que constantó que los nobles no consideraban los silbidos como algo… noble.

Por bravo mar navegaré.

Ahogarme yo no temo.

Y sortearé la tempestad.

Si eres para mí.

Un rápido vistazo a su audiencia y sonrió. Fue una buena idea repasar la traducción realizada.

Ni ardiente sol, ni frío atroz

Me harán dejar mi viaje

Si me prometes, corazón

Amarme por la eternidad

Estaba sonriendo. La canción cargaba con recuerdos agradables incluso con el cambio de idioma, y tal como en la lejana sala de cine, parecía tener hechizados a sus oyentes que la disfrutaban por primera vez.

Myneira tomó aire entonces y subió un poco el volumen, agudizando su voz para interpretar la parte correspondiente a la voz femenina.

Mi buen amor, tan dulce y leal

Me asombran tus palabras

No quiero una empresa audaz,

Es bastante si me abrazas.

Alguien se aclaró la garganta y la hizo levantar la vista, notando de inmediato las orejas de Lord Ferdinand poniéndose rojas, además de Rossina cubriendo la mitad de su rostro sonrojado.

Los ignoró un poco, sonriendo divertida y subiendo un poco más la velocidad y cambiando su voz a un tono un poco más bajo ahora, jugando con el ritmo y la idea del dueto.

Sortijas de oro te traeré

Poemas te voy a cantar

Te cuidaré de todo mal

Si siempre me acompañas.

.

¿Sortijas de oro para qué?

Poemas no me importan ya

Tu mano solo sostener

Mejor que eso no hay más.

.

Con tus abrazos y tu amor

En las danzas y en los sueños

En pena y alegría igual

Conmigo yo te llevo.

.

Por bravo mar navegaré

Ahogarme yo no temo

¡Y sortearé la tempestad

Si eres para mí!

Dio un último rasgueó definitivo, cortando con ello la canción y tomando aire, sintiendo su corazón latiendo tan rápido como si pudiera correr y jugar como una niña normal, levantando el rostro lleno de orgullo luego de poder cantar y tocar con todos los cambios de velocidad y tono que implicaba ese dueto cantado en solitario, encontrándose con rostros sonrojados y una mirada incrédula y… ¿horrorizada? del Sumo Obispo.

¿Tan mala había sido su interpretación?

–¡Myneira, a mi habitación oculta, AHORA!

'¿La canción no fue de su agrado? Estoy segura de que no desafiné nada y tampoco fallé las notas.'

Una mirada confundida a Rossina y notó que su joven maestra de harspiel estaba más que sonrojada… casi como si hubiera escuchado una canción vulgar.

'¿Pero qué demonios está pasando aquí?'

Luego de entregar su instrumento y despedirse, se dirigió a lo que ella y todos sus asistentes llamaban "cuarto de castigo" o "habitación de los regaños" desde que pusieran en marcha el plan para acabar con el falso Santa y de vez en cuando, solo para que el mocoso imberbe pudiera jalarle las mejillas y llamarle la atención de verdad.

.

Estaba sentada con las manos protegiendo sus mejillas sin quitarle los ojos de encima al apuesto muchacho que hacía de guardián para ella, el cual no dejaba de caminar de un lado al otro con lentitud, golpeando su sien antes de sentarse en su silla habitual frente a ella. Notó los ojos de él en sus manos, o más bien en sus mejillas cubiertas y luego de hacer un puchero de lo más extraño con sus labios, Ferdinand se cruzó de brazos con el rostro serio, dejando que un poco de su incomodidad se deslizara por su rostro.

–¡¿Qué, en el nombre de todo lo sagrado, fue eso?!

–¿Una canción para niños?

–¡¿De dónde sacas la perversa idea de que algo así de descarado es apto para niños?! –lo escuchó gritar, notando que tenía las orejas bastante rojas para ese momento–. ¿Abrazos? ¿La mano en la otra? ¡¿Tienes idea de lo descarado y carente de vergüenza que es todo eso?! ¡Por los siete! Si alguien te escucha cantar eso pensaran que te hemos estado obligando a…

–¿Cómo puede un abrazo o sostenerse las manos ser algo descarado?

Él se detuvo de sus quejas en voz baja mirándola incrédulo y ella solo se sintió más confundida, observándolo sin comprender, como si la respuesta fuera a aparecer escrita en la cara de Ferdinand por arte de magia.

–¿Qué?

–¡Es que no entiendo porque se molestan y sonrojan tanto! Lutz y Tuuri solían llevarme de la mano por la ciudad baja para que no me perdiera cuando era más pequeña y lenta. En cuanto a los abrazos, siempre recibo muchos abrazos de mis padres plebeyos… de Heidemarie también… incluso recibí un par de abrazos suyos cuando me sentí mal en el invierno y cuando le hablé de mi vida anterior y…

–¡Basta!

El joven estaba sonrojado incluso en el cuello y los pómulos ahora, lo cual le parecía sorprendente.

–Entre los plebeyos puede ser algo "normal" entonces, pero no entre los nobles, Myneira. ¡Nunca verás a un noble dándole la mano a otro o abrazando a otro en público!

–¡¿Pero, por qué?!¡No es cómo si uno estuviera intercambiando maná cada vez que…!

–¡Sigue siendo indecente!

Podía notarlo frustrado y escandalizado… casi como si ella hubiera estado cantando sobre sexo anal y tener orgías… ¡Que mente tan sucia era la mente noble si se ponían así por un abrazo y tomarse de las manos! ¿O debería más bien tacharlos de excesivamente inocentes? Cuando vivía en Japón, era cierto que no se veían muchas muestras de afecto físico en la calle, y de todos modos podía ver madres abrazando a sus hijos o algunas parejitas de estudiantes caminando tomados de la mano e incluso amigas muy cercanas para no perdeerse en la multitud. Quizás su poca familiaridad con la opción de estar intercambiando maná ante cualquier contacto físico le estaba jugando en contra, no estaba segura, pero eso la iluminó un poco en otro sentido.

–¿Por eso Heidemarie y Eckhart nunca me tocan a menos que esté enferma o necesite ser confortada? ¿No es porque no soy hermana biológica de Heidemarie?

El Sumo Obispo soltó un suspiro de alivio en ese momento y se tapó los ojos, haciéndola recordar la frustración que llegó a sentir las veces que ella intentó modelar la conducta de sus hijos tras sorprenderlos haciendo cosas indebidas según su cultura.

–Eso es correcto. Incluso entre madres e hijos, no es común que tengan tanto contacto una vez que los niños se acercan a su bautizo.

–¿Pero por qué? —volvió a preguntar un poco exasperada—. Los niños necesitan sentir el afecto de sus padres.

–¡Por el maná!

Lo miró más que incrédula y confundida.

Comprendía la repulsión por maná luego de experimentarlo con Cornelius, pero también comprendía el confort brindado por esa sensación de cosquilleo y de estar a salvo que experimentaba durante sus chequeos médicos que le hacían él y Heidemarie o las pocas veces que Heidemarie estaba dispuesta a darle un poco de afecto físico para resarcirla.Y tenía bien en mente lo que significaba compartir su maná o teñir a otro. De hecho, debería estar más preocupada por averiguar si era normal que su maná siguiera tiñendo las piedras en su herramienta para niños en un amarillo opaco en lugar de translúcido o no, pero eso parecía algo que ya no tenía ningún remedio y que tampoco le estaba causando ningún tipo de problemas reales.

Encima de todo, no parecía que Ferdinand fuera a explicarle más. Tendría que preguntarle a Heidemarie o a Lady Elvira cuándo tuviera ocasión de visitar la casa de los Linkberg. Por mientras, una idea de lo más graciosa se apoderó de ella.

Bajó de su asiento. Caminó los pocos pasos que la separaban de su víctima y tomó una de esas enormes manos entre las suyas, observándola con ojo crítico, comparando su temperatura, tamaño y grosor con las propias antes de levantar la mirada, encontrándose con que Ferdinand tenía un error de procesamiento y olvidando en ese momento su satisfacción por haber crecido un poco.

Decidió ir algo más lejos. No podía evitarlo. Sus ganas de fastidiar a este noble en particular eran demasiadas para ignorarlas, así que colocó la enorme mano bajo una de sus mejillas para ser acunada, presionando sin dejar de mirar como él se sonrojaba de nuevo de forma notoria, sintiendo una ligera descarga de mana agradable contra su rostro.

–Fuera de sentirme reconfortada, no encuentro nada desvergonzado en esto y seguro esa pequeña descarga fue más por la sorpresa que por otra cosa.

Lo soltó entonces, aprovechando la confusión creada por sus palabras para mover los largos brazos de Ferdinand a los lados y escalar hasta quedar arrodillada sobre él para abrazarlo con fuerza, frotando su rostro en el hueco de su cuello y constatando que el hombre olía a rinsham de maderas y no a pociones apestosas.

–Esto también es reconfortante. Mi energía incluso comenzaría a recargarse si me devolviera el abrazo, Lord Ferdinand.

Eso pareció traerlo de vuelta a la realidad porque sintió con claridad como intentaba tomarla de la cintura para alejarla. Ella se hizo para atrás entonces sin soltar sus hombros, sonriendo para contener la risa burlona que escaparía si se desconcentraba aunque fuera un poco.

–¿No te sientes reconfortado cuando te abrazo luego de un día muy duro? ¿O que la felicidad puede controlarse cuando estás muy exaltado y alguien te abraza?

–¡No tengo idea de lo que estás hablando, pero tomarse de las manos y abrazarse en la sociedad noble son actos reservados para intercambiar maná en la alcoba!

–¿Es como intercambiar saliva con un beso francés?

Nunca había visto a Lord Ferdinand tan rojo o incómodo en lo que llevaba de conocerlo. Le habría dado un beso en la mejilla si no creyera que eso era ir demasiado lejos, en cambio solo sonrió, dejando que el Sumo Obispo la bajara de su regazo.

–Preguntaré a mi familia noble el próximo día del agua. Les explicaré que intentaste advertirme de que las acciones que para los plebeyos son normales, para ustedes son desvergonzadas y que no entiendo la razón de ello si se supone que tienen tan buen control de su maná, ¿está bien?

Una vez estuvo en el suelo, notó a Lord Ferdinand desmoronarse en su asiento por un par de segundos, tapando sus ojos más que frustrado… haciendo que su corazón se estrujara.

Tetsuo hizo exactamente lo mismo la primera vez que su hija les llevó un novio a la casa para presentarlo cuando estaba en preparatoria… un motociclista de cabello rubio artificial que a Tetsuo no le agradó en lo más mínimo.

–Si lo has comprendido, vete de aquí.

Eso la desconcertó más. Ella no era una mala influencia… ¿cierto?

–¿Bwuhu?

–¡Fuera de mi habitación, Myneira!

Ella solo soltó un suspiro sin medir sus palabras.

–¡Con razón sigues soltero a pesar de ser tan apuesto y hábil! –susurró con fastidio al bajar, cubriéndose la boca apenas notar que las palabras se le habían escapado, mirando aterrorizada como un ojo dorado pálido asomaba por entre los dedos del hombre abatido en su silla, cuya comisura del labio se desvío hacia abajo con lo que parecía dolor y resignación.

–Eso ya lo sé –le respondió una voz carente de vida que la hizo respingar.

–¡Lord Ferdinand! ¡Lo siento! ¡Lo siento de veras! No fue mi intención insultarlo así, yo…

–Myneira…

El tono era imposible de confundir. Una súplica.

Lo había lastimado y ahora se sentía culpable.

No intentó escalarlo de nuevo, solo se aferró a lo que podía alcanzar del brazo que sostenía al Sumo Obispo, frotando su rostro en él para evitar llorar. De verdad estaba acongojada ahora.

–Me enojé porque me corrió. ¡Perdón! ¡No era en serio! No sé porque sigue soltero, pero yo me casaría con usted si no fuera tan pequeña y…

Una enorme mano comenzó a palmearle la cabeza de manera torpe, como si fuera la primera vez que hacía algo como eso, obligándola a mirar la cara de un hombre al que acaban de lastimar y que está dispuesto a perdonar el insulto de todos modos… aun si sigue lastimado.

–No tienes que casarte conmigo, Myneira… ya te dije que yo no soy tu anterior esposo y nunca lo seré. No necesitas forzarte a decir cosas que en realidad no sientes.

Se mordió el labio. Había metido el pie hasta el fondo.

–Lord Ferdinand es un hombre muy apuesto, inteligente y hábil… como mi Tetsuo, pero también es amable y gentil. Siempre tan controlado y atento, fuerte como para ser llamado por la orden de Caballeros a pesar de que ahora es un sacerdote… esas cualidades no son las de mi Tetsuo.

"Él era arrogante y burlón. Jamás se metía en peleas físicas y solo hacia ejercicio para mantenerse en buena forma porque su arrogancia lo hacía hasta cierto punto vanidoso. Si bien era gentil conmigo, no lo era con las demás personas, ni siquiera con su madre. Y nunca cuidaba lo que decía. Podía ser muy hiriente con sus palabras… además de que él no sabía cantar y no le gustaba mucho interpretar música. Cuando llegaba a tocar algo era porque los niños o yo lo obligábamos a ello…

"Usted de verdad disfruta la música. No son la misma persona. Eso lo tengo claro. No sé con quién me casaré cuando sea una adulta, pero si no es con usted, espero que sea con alguien parecido."

Lord Ferdinand parecía en shock. Su rostro descubierto ahora, inmóvil, como procesando lo que acababa de decir sin poder creerlo por algunos segundos. Luego, cuando volvió en línea, la miró otra vez, con las orejas rojas y los ojos muy abiertos.

–¿Por qué…?

–Porqué sé que puedo enamorarme de alguien como usted…creo, que usted es mi tipo. Me iré ahora. Lamento mucho haberlo lastimado.

Y eso hizo. Huyó pensando una y otra vez que nunca, jamás, debería hacer alusión a las razones de que un hombre tan excepcional estuviera solo.

.

Con la primavera en su apogeo, tanto ella como los otros sacerdotes azules comenzaron a salir a las diferentes provincias para realizar los rituales de la primavera. En su caso, a pesar de no estar bautizada todavía se hizo una excepción por dos razones. En primer lugar, iría a Haldenzel escoltada por Elvira, Eckhart y su hermano Lamprecht. En segundo lugar, ahora que era Suma Sacerdotisa no podían dejarla fuera sin una buena razón dado que Ferdinand no era un Sumo Obispo corrupto como lo fue Beezewants.

Por supuesto que a su regreso a la ciudad se encontró con un científico loco mirándola como si durante el viaje le hubiera crecido una tercera cabeza o algo así.

—Entonces… ¿Myneira revivió un viejo ritual para llamar a la primavera?

El Sumo Obispo parecía estar considerando por donde comenzar a cortarla. Heidemarie parecía orgullosa. Myneira seguía de pie junto a su mesa de formulación colocando el blenrus y los otros materiales recolectados en el caldero donde estaba haciendo su jureve.

—¡Debió verla en el escenario de piedra, Lord Ferdinand! Eckhart dijo que fue de verdad impresionante de ver como el círculo mágico se elevaba en lo que cantábamos y seguíamos los pasos de la danza que acababan de efectuar los hombres… ¡Y la tormenta que siguió esa noche! Nunca había visto esa provincia más verde. El hermano mayor de Lady Elvira estaba tan complacido, ¡que me dejó tomar algunas muestras del blenrus y hacer dibujos y bocetos!Quizás haga un libro para mi querida hermanita en agradecimiento. Así tendrá dos libros de la familia en su repisa.

El jureve estuvo listo en ese momento y Myneira pudo voltear al fin, arrepintiéndose de inmediato cuando sus mejillas fueron apresadas y estiradas con un poco más de salvajismo del que ya estaba acostumbrada.

—Solo tenías que entregar los cálices y convivir con la familia de Elvira como una noble normal. ¿Cómo es que terminaste en el centro de algo tan grande?

—¡Awwww! ¡Awwww!... ¡Mis mejillas se van a desprender un día!... y en cuanto a lo que pasó… ¡No es mi culpa que la canción se pareciera tanto a los versos que vienen en una de las secciones de la biblia que tan amablemente me estuvo dejando leer durante el invierno y después de endilgarme su puesto anterior!

Tenía los brazos cruzados, mirando como Heidemarie estaba a punto de curarla cuando se sorprendió por ver una luz verde demasiado cerca de ella, notando que la curación fue ejecutada por el Sumo Obispo.

—En ese caso, el próximo día del fuego vas a mostrarme con exactitud EN DONDE dice eso dentro de la Biblia.

—Por ahí hubiéramos comenzado —se quejó la pequeña todavía sobando sus mejillas antes de correr a buscar refugio entre los brazos de Heidemarie, volteando un momento a verlo para mostrarle la lengua e ignorarlo.

—Myneira —la llamó entonces Heidemarie, despegándose un poco de ella—, Lady Elvira y yo deseamos reunirnos con la señora Effa, con Tuuri y con la señorita Corina lo antes posible. ¿Crees que puedas preguntarles cuando es un buen momento para ellas?

—¡Por supuesto! —comentó extrañada antes de soltarse del todo y lanzar una mirada ansiosa al jureve que el Sumo Obispo estaba colocando en un frasco especial—. Hablando de ellos… Gunther me pidió que les avisara cuando vaya a ser metida de nuevo en el jureve. Dijo que quieren prepararse… ¿podría ser hasta dentro de una o dos semanas? ¡Kamil acaba de nacer hace medio mes y es tan adorable cómo Dirk, el bebé con devorador que llegó hace poco al orfanato!

Estaba de verdad extasiada. Desde que naciera su hermano menor volvía tan pronto como su cuerpo lo permitía para poder ayudar a cuidar de Kamil, vigilándolo, dándole un baño, sacándole el aire o cambiándole el pañal. La verdad no sabía que extrañaba esa parte de ser madre aun si en su momento le pareció un poco engorroso.

La risita de Heidemarie y el suspiro de fastidio de Lord Ferdinand la pusieron en alerta, mirando de uno a otro antes de ladear un poco su cabeza.

—¿Qué te parece si me pongo de acuerdo con Effa al respecto? Creemos que estarás una semana en el nuevo jureve, pero… debido al blenrus que te obsequiaron, no estoy tan segura.

Myneira soltó un leve suspiro y luego volvió a poner la sonrisa noble con la que tanto insistían Hanna, Rossina, Heidemarie, Lady Elvira e incluso el Sumo Obispo. Le parecía increíble que a Eckhart fuera al único de los nobles adultos a quien no le molestara para nada si no ponía esa mueca en su rostro.

—Entiendo, le comentaré a Gunther sobre la variable en la ecuación.

—La… ¿qué?

El Sumo Obispo le dedicó una mirada cansada conforme la tomaba de la mano y la dirigía a la salida.

—Ve con tus asistentes a terminar tus obligaciones AHORA, yo le explico lo que acabas de decir.

Estaba a punto de hacer algún comentario al respecto cuando se dio cuenta de que estaba fuera de su habitación oculta con la puerta cerrada casi en su nariz.

'¿En serio era necesario que me sacara de ese modo de MI propia habitación? ¿Y por qué está explicando esas palabras a Heidemarie? ¡No pudo haber aprendido tanto japonés tan rápido, ¿o sí?!'

Estaba a punto de comparar a Lord Ferdinand con Tetsuo de nuevo cuando sus asistentes le llamaron la atención, haciéndola suspirar. Al parecer todos habían escuchado la orden dada por el Sumo Obispo.

Increíble.

.

—¿Por qué no puedo llevármela a casa para vigilarla? ¿Se supone que es mi hermana?

No estaba segura de la razón, pero le parecía que Heidemarie, quien ahora se peinaba con un elegante moño en la nuca, se estaba volviendo más y más protectora con ella, al grado de estar discutiendo en ese preciso momento con el Sumo Obispo.

—Cómo su hermana puedes venir a verla. No sabemos cuánto tiempo va a dormir o cómo afectara este nuevo jureve a su recuperación, así que seré yo quien la vigile.

—Lord Ferdinand, con todo el respeto que usted merece como mi señor y el objeto de mi admiración… ¿no le parece que es un poco inapropiado que usted esté entrando y saliendo de la habitación oculta de mi hermanita en el templo mientras ella duerme en ropa interior ahí dentro?

—¡Heidemarie! —la regañó Eckhart para incomodidad de Myneira—. Si Lord Ferdinand cree que lo mejor es que él la vigile, entonces debemos confiar en él y dejarlo que la vigile.

—¿Qué? Pero… ¿por qué justo cuando necesito que te portes como Cornelius no lo haces? ¡Es inapropiado! ¿No lo ves?

El Sumo Obispo parecía empezar a tener una de sus jaquecas cuando las cosas no salían como esperaba. Heidemarie estaba cada vez más y más molesta y Eckhart… no podía importarle menos lo que pasara con ella siempre que la voluntad de su señor se cumpliera. Eso no iba a terminar bien. Myneira se puso en pie, rodeando la mesa del té donde estaban reunidos bajo la herramienta antiescuchas de rango específico. Tomó la mano de su hermana entre las suyas, sonriéndole de pronto, descolocando a la erudita lo suficiente para que dejara su enfado en el olvido por un momento.

—¿Qué ocurre, Myneira?

—Ahm… entiendo que estés preocupada por… el decoro y todo eso, querida hermana, pero confío en los conocimientos del Sumo Obispo. Además, me siento más tranquila cuando lo veo al despertar del jureve. Es como asegurarme de que el mundo sigue como debe de estar y en realidad no es la primera vez que voy a usar el jureve en el Templo. ¿Podrías dejarme aquí solo esta vez? Estoy segura de que en cuanto el Sumo Obispo esté seguro del comportamiento de mis cúmulos con este nuevo jureve y la duración del mismo, te permitirá llevarme contigo para el siguiente.

Heidemarie parecía asombrada antes de mostrar un leve sonrojo en sus mejillas, dedicándole una mirada curiosa al Sumo Obispo, quien, por su parte, solo soltó un suspiro de cansancio antes de decir que, en efecto, cuando estuviera seguro de las variables la dejaría ir a donde quisiera para su jureve. Eckhart solo miraba a Heidemarie con una pequeña risa burlona y a ella con aprobación.

—¿Estás… estás segura?

Myneira arrugó un poco el cejo antes de soltar un suspiro rápido sin soltar a Heidemarie. En realidad, no quería ir hasta la casa de los Linkberg y gastar ahí dos días, uno al llegar y otro al regreso, que bien podría pasar con Kamil o con su madre.

—¡Por completo, querida hermana! Me dijiste que confiara en Lord Ferdinand y lo escuchara con atención y es lo que he estado haciendo.

Más tarde, cuando Heidemarie y Eckhart se retiraron y el Sumo Obispo le dijo, con las orejas todavía muy rojas, que apreciaba su confianza, ella le dedicó una sonrisa demasiado arrogante.

—Si bien lo que dije no era mentira, le prometí que me dejaría estudiar como una buena cobaya. Y dos días lejos de Kamil son dos días que jamás podré recuperar, así que… ¡Awww! ¡Awww! ¡Awww! ¡is ejiias! (¡mis mejillas!)

—¡Tú, en serio…! Te voy a agradecer que dejes de darle a todo el mundo la impresión equivocada.

Sus mejillas fueron liberadas y una bendición de curación le llegó de inmediato. Podía sentir las miradas de lástima y confusión que sus asistentes y los del Sumo Obispo debían estarle dedicando ahora, sin saber que estaban diciendo debido a que Lord Ferdinand no solo no retiró la herramienta antiescuchas, sino que la llevó con él dentro del rango.

—Tu hermana cree que tienes un raffel por mí, ¡tonta!

—¿Raffel? No creo que se esté refiriendo a la fruta, entonces… Ahm… ¿le importaría explicarme eso o debo preguntarle a Jenni?

El rostro del Sumo Obispo se coloreó de rosa mientras sus dedos se movían de manera peligrosa, poniéndola sobre aviso para cubrir sus mejillas de inmediato, observándolo rechinar los dientes apenas un poco antes de cruzarse de brazos y mirar a otro lado, recomponiéndose.

—Pregúntale a Jenni y ni una palabra de todo esto. ¿Entendido?

—¡Si, sensei! —respondió ella cuadrándose de inmediato y haciendo un saludo militar antes de salir huyendo por la pequeña broma. Sus mejillas ya habían sufrido demasiado por el estrés del mocoso.

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Notas de la Autora:

Espero estén disfrutando con la dinámica de estos dos. Si alguien se lo pregunta, Heidemarie shippea a Myneira con Lord Ferdinand, a diferencia de Eckhart, que solo quiere complacerlo.

Dado que soy una auténtica desesperada, voy a cambiar la fecha de publicación a los domingos, después de todo, mis hijas ya volvieron a la escuela xD.

En fin, que tengan un excelente domingo e inicio de semana. Nos estamos leyendo.

SARABA