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—...Si tan solo reconsideraras acceder a enviar a Stanley y a su equipo a capturarla, aunque sea una solución poco elegante, el fin es el mismo. Traer a la chica.

Senku bufó por segunda vez al escuchar la idiotez que acababa de decir el científico al que más respetaba.

—No estoy de humor para bromas, Xeno. —Tenía apenas un par de horas que despertó para encontrarse con la imagen del sujeto, al que menos quería toparse, mirándole con total suficiencia respecto al único tema que le importaba; claro que no estaba para juegos.

Podía decir sin dudar que ahora la intensidad de su dolor de cabeza se debía tanto al golpe como a los regaños de Xeno, quien parecía decidido a no dejar el tema en paz. ¿El día anterior no quedó claro que no había nada que pudiera decir para hacerle cambiar de opinión?

Y Xeno, en cambio, respondió con voz todavía calma: —No podemos permitir que el proyecto se arruine por una relación personal. Y no era una broma. Era una sugerencia de cambio de estrategia.

—Todavía no puedo regresar. Esta misión personal, como la llamaste, ya pasó de ser emocionante.

La paciencia de Xeno se agotó.

—¿Emocionante? ¡Está causando un desastre! —exclamó Xeno—. La máquina del tiempo es un avance crucial, y tú lo estás poniendo en riesgo con esta maniobra poco elegante que amenaza todo el trabajo que hemos desarrollado durante años.

—En cuanto regrese, me haré cargo. —Era la tercera vez que le respondía lo mismo. Negó con la cabeza, sabiendo que sus palabras no apaciguarían la preocupación de Xeno, y dejó el teléfono en altavoz antes de recostarse en la cama.

Al otro lado de la línea, Senku escuchó un suspiro salir de Xeno, un momento de silencio que pareció eterno. Luego, la voz de Xeno volvió, esta vez con un tono más serio y grave.

—Hay algo más que debes considerar —comenzó Xeno, su voz revelando la verdadera razón detrás de la llamada. No se trataba solo de seguir reprendiendo a Senku—. Los inversionistas están pidiendo que te saquen del proyecto. Quieren iniciar las pruebas sin ti y que...

—¡Eso es ridículo! —Senku interrumpió de inmediato. La sola mención de una idea como esa lo encendió al instante, deteniendo su intento de acomodar la almohada. Con un movimiento brusco, se incorporó y tomó su smartphone con fuerza, a punto de lanzarlo contra la pared—. ¡La máquina del tiempo es mi diseño! ¡No pueden hacerlo! ¡No lo puedes permitir!

Xeno suspiró; sabía bien que esa sería su reacción.

—No es cuestión de permitirlo o no, niño —respondió con voz cansada—. Es cuestión de priorizar. Se nos está complicando negociar con estas personas para darte tiempo.

—¿Y qué? No hay nada que negociar. No voy a dejar que me presionen, tengo algo más importante que hacer aquí.

El silencio se prolongó por unos segundos; ya se imaginaba que la situación sería crítica, pero también sabía que no podía desviarse, no importaba cuán altas fueran las apuestas.

—Esta gente tiene poder y dinero. Si no podemos convencerlos de que eres esencial para el proyecto —quiso advertirle—, entonces…

Senku rió, incrédulo, interrumpiéndolo. La sola sugerencia le parecía absurda.

—¿Convencerlos? No necesito convencer a nadie. Es mi diseño. Sé cómo funciona mejor que nadie —afirmó con convicción. Casi.

—Eso no es suficiente. Exigen resultados inmediatos —replicó Xeno.

Senku cerró los párpados por un momento; sabía que Xeno tenía razón en cierto modo, pero…

—Confío en que lograrás conseguirme el tiempo —dijo finalmente, serio y con decisión. Hizo una pausa pesada, meditando sus siguientes palabras—. Pero... si no crees factible lograr algo, entonces... —Se detuvo de nuevo, como si se preparara para decir algo que no le terminaba de gustar.

Xeno guardó silencio, dándole el tiempo que necesitaba, imaginando lo que Senku estaba por decir.

—Sigue sin mí.

Dijo resignado, ante el inaceptable panorama de que decidieran dejarlo fuera.

Xeno chasqueó la lengua. —Respetaré tu decisión equivocada.

—Aún no termino. —Casi apretó la mandíbula.— Chrome es el único que puede tomar el relevo.

Esa era la única opción lógica y elegante con la que ambos científicos podían estar de acuerdo. Con algo de orgullo, Senku realmente pensaba que Chrome era el único que podía suplirlo con seguridad.

Xeno suspiró y asintió, aunque Senku no podía verlo.

—Bien. Si es lo que quieres, entonces está bien.

—Estoy seguro al 10.000 billones por ciento de que él podrá ayudarte a manejar cualquier situación que se presente —dijo Senku con absoluta confianza.

—Solo espero que puedas manejarlo cuando el peso de tu decisión vuelva para golpearte.

Senku se rió, una risa que sonaba un poco forzada. —No te preocupes. Ya tengo mis prioridades bien definidas.

—Parece que después de todo sí eres un romántico, ¿quién lo diría? —Por un segundo acompañó a Senku en su risa forzada. —Buena suerte.

Sin estar convencido, Xeno terminó la llamada. Dejando a Senku sonriendo, burlándose de sí mismo.

¿Romántico?

Justo en ese momento, la puerta de la habitación se abrió de sopetón con un sonoro golpe. Senku levantó la cabeza, sorprendido al ver a Kohaku entrar con pasos decididos.

—¿Leona?

¿Hacía cuánto no le escuchaba llamarla de esa forma? Sacudiendo la cabeza, mentalmente siguió acercándose a él con pasos firmes y el rostro enrojecido de indignación. Tendría que dejar para después la nostalgia.

—¿Qué fue lo que dijiste? ¿Qué vas a permitir que te dejen fuera del proyecto? ¿Qué Chrome te va a reemplazar? —sus palabras salieron con un tono cargado de furia—. ¿Cómo puedes siquiera reírte de eso?

Para Senku fue obvio que alcanzó a escuchar su conversación con Xeno. Se encogió de hombros, intentando parecer indiferente, llevando el meñique de su mano izquierda a hurgar en su oído.

Kohaku se cruzó de brazos, bufando por la falsa indiferencia.

—Escuché cómo Xeno te dijo que te iban a sacar del proyecto. No lo puedes permitir. Tienes que regresar apenas te recuperes. Llevas años dedicado solo a ese proyecto.

—Tengo algo más importante que hacer aquí. Pero si tanto te importa que esté en el proyecto… —Las rojizas pupilas miraron a las azules, serio. —Entonces vuelve conmigo.

Kohaku se sorprendió al escuchar la propuesta de Senku. Se había esperado que él se enfureciera o se defendiera, pero no que regresara a insistir respecto a su relación. Su rostro se endureció ligeramente, y por un momento, Senku vio un destello de la Kohaku que recordaba: fuerte, decidida, pero ahora también con desconfianza y algo de resentimiento.

—Ja no seas absurdo. —dijo, esforzándose por parecer distante. —No tienes nada que hacer aquí y no hay nada a lo que deba volver contigo. Es tu equipo quien te necesita.

Senku se alzó de hombros nuevamente.

—Entonces me quedo... ¿O es que ahora eres tan fría que me echarás a la calle aun sin haberme recuperado? —dijo mientras se recostaba en la cama, fingiendo seguir aún mareado por el golpe que le había dado.

Kohaku lo miró durante un momento, su rostro enrojecido mientras recordaba el buen golpe con ira contenida que le había soltado. Luego, negó con la cabeza, tratando de mantener la compostura.

—No. Puedes quedarte todo lo que necesites hasta que te recuperes —accedió, con un dejo de culpa en su voz.

Senku esbozó una sonrisa cínica triunfal.

—Estupendo. Me quedo aquí, y voy a hacer incluso lo imposible para recuperarte.

Aunque intentó mantener su expresión firme, no pudo evitar sentir un pequeño escalofrío al escuchar la determinación en la voz de Senku; incluso parecía confiado. Algo en esa confianza llegaba a molestarle.

¿Tan confiado estaba?

—No hay nada que recuperar. Yo estoy bien sin ti. —A ese punto sabía que solo escupía mentiras que ni ella se alcanzaba a creer.

Senku se rió, una risa baja y suave que resonó en la habitación. Su mirada se encontró con la incrédula azulina.

—Y yo creo que simplemente no estoy bien sin ti.

Sintió un pequeño nudo en el estómago al asimilar las tajantes palabras. Su determinación parecía flaquear, y por un momento, se sintió un poco débil.

—Estaría muy mal —murmuró Kohaku, sabiendo muy bien que la ciencia era toda su pasión y su vida, lo que de verdad le importaba—. No quiero ser responsable de detenerte. No es mi deseo que estés aquí y, de todas formas, me siento responsable. No hagas esto...

Senku la miró intensamente, su rabia apenas contenida.

—¿Y él sí puede estar aquí? —ladró, mirándola a los ojos—. ¿Con eso sí estás bien?

Kohaku se sintió sorprendida por la reacción de Senku. No esperaba que él se enfadara de esa manera.

—No tienes derecho a cuestionarme nada —pero igual masculló, cruzada de brazos y mirando a un lado.

Senku estuvo tentado de rodar los ojos, exasperado. Bufó y la miró con severidad.

—Ya vas otra vez con eso. —Hizo una pausa, tratando de mantener la calma—. Tengo el derecho de saber por qué te alejaste de mí. Tengo el derecho de saber qué hace él aquí. Y, sobre todo, tengo el derecho de saber con certeza por qué te fuiste sin decirme nada, en lugar de solo suponerlo.

Encajo los dientes en su labio inferior, encontrando el desafío en la voz de Senku, como si estuviera matándola. Boqueó un par de veces; algo en ella creía que el silencio protegía su corazón. Sin embargo, odiaba admitir que Senku tenía razón.

Lentamente dejo caer los brazos a los costados y aspiro aire. Se acercó hasta sentarse al otro lado de la cama y se llevó una mano al pecho, intentando detener el rápido latido de su corazón.

—Me fui… cuando me di cuenta de que empecé a odiarme —dijo, y su voz comenzó a temblar ligeramente—. Me odié a mí misma cuando me molesté conmigo por no poder decirte sobre… la radiación. —Senku abrió los párpados a tope al escucharla—. Tuve que mentirte, Senku. Tuve que decirte que era sencillo, cuando en realidad todos esos meses de radioterapia quise tenerte a mi lado cuando dolía. —Los azulinos ojos comenzaron a aguarse.— Odié eso, odié desear decirte la verdad; si lo hacía, te hubiese obligado a estar conmigo.

Senku se quedó en silencio, apenas asimilando y trayendo a su cabeza recuerdos lejanos para él.

—Sabía que siempre pondrías tu amor por la ciencia por sobre todo. Y eso estaba bien, estaba orgullosa de amarte así. Hasta que me di cuenta de que no te amo lo suficiente para aceptar por completo que no puedas estar conmigo cuando la situación lo requiere. Resultó ser que... no soy tan fuerte.

Senku se acercó a Kohaku, su mirada dura y penetrante.

—¿Radioterapia? —susurró, sorprendido. Aunque había escuchado que ella lo amaba, la importancia de la mentira que le había ocultado pesaba más.

Kohaku sintió como el nudo en su estómago crecia al escuchar la incredulidad en la voz de Senku. Bajó la mirada, luchando contra las lágrimas que amenazaban con caer.

—Lo siento. —respondió en voz baja

Senku se quedó en silencio, procesando las palabras de Kohaku. Comprendiendo el peso de la situación que había pasado, pero más importante…

Le había mentido.


Fin?

Ya quítenme el internet.

Es que... papi Xeno me encanta, todo serio reprendiendo a Senku, mmm...

¿Por qué será que en mis fics hago de Kohaku una mentirosa? *el autor se encoge de hombros* Lo que es nuevo para mi es hacer de Senku todo un celoso, ni sabía que podía hacer eso, jaja supongo que en mi otra vida fui hombre toxico.

Si ya se pasaron por aquí, los invito a cualquiera de mis fics Senhaku, tal vez haya alguno que les agrade más. :*

Bye.