Advertencia: el capítulo está escrito desde el POV (point of view = punto de vista) de Harry.


7 de enero de 2011

Me aparezco en el Ministerio con renovadas fuerzas, aunque nada me prepara para la avalancha de periodistas que se abalanzan como buitres en el mismo momento en el que coloco un pie en el atrio. Y ni siquiera tengo tiempo para ordenarles que se larguen de aquí porque, de inmediato, comienzan a hacerme preguntas al mismo tiempo, mientras mantienen sus vuelaplumas andando a toda velocidad y a la espera de cada una de mis palabras.

─Auror Potter, ¿es verdad que su ex prometida ha estado administrándole Amortentia?

─Hay rumores acerca de que se emplearon maldiciones imperdonables en el secuestro del señor Malfoy. ¿Puede confirmar que esto es así, señor Potter? ¿Y quién fue la persona que las conjuró? ¿Fue el señor Malfoy? ¿O fue la señorita Weasley?

─Señor Potter, ¿qué tiene que decir acerca de los rumores que hay sobre la pérdida de memoria de Draco Malfoy? ¿Puede confirmarnos que él fue forzado a olvidar todo de sí?

─Auror Potter, ¡por aquí! ¿Qué puede decirnos acerca de la investigación y de la búsqueda que está llevándose a cabo?

Las preguntas son dichas una detrás de la otra por distintos magos y brujas, pero yo no consigo reaccionar lo suficiente como para poder responder a ninguna de ellas. Afortunadamente, no necesito decir ni hacer nada porque, de repente, se escucha la voz firme del jefe de Aurores amplificada por un hechizo Sonorus, al mismo tiempo que siento una corriente de magia apartando de mi alrededor a todos los reporteros.

─¡SUFICIENTE! Todo aquel que no sea un empleado del Ministerio, ¡retírese de inmediato de aquí! Si veo a alguno de ustedes molestando nuevamente en el atrio, comenzaré a realizar arrestos por provocar disturbios en el Ministerio. ¿Estoy siendo claro?

Los periodistas no parecen para nada de acuerdo con esto, pero son lo suficientemente listos como para no replicar nada y rápidamente comienzan a utilizar las chimeneas para desaparecerse. De repente, siento una mano grande colocándose sobre mi hombro y a esta última arrastrarme hacia los ascensores del Ministerio. Cuando giro la cabeza, descubro que es Robards quien está guiándome hasta nuestro Departamento. El viaje en ascensor se me hace bastante incómodo, especialmente porque puedo sentir las miradas cargadas de lástima y morbosa curiosidad que están dirigiéndome todos los ocupantes del mismo. Por fortuna, las puertas del ascensor se abren antes de que pierda los estribos y mande a la mierda a todos estos magos y brujas chismosos.

Salimos rápidamente del pequeño recinto y Robards me hace una seña para que lo siga hasta su oficina. Una vez que ingresamos en la amplia sala, tomo asiento en la silla frente a la de mi jefe y espero a que él se siente.

─Vaya día. ─Dice Robards con cansancio, mientras frota con sus dedos la zona debajo de sus ojos, la cual se encuentra marcada con claros signos de ojeras. ─El Ministerio ha sido un absoluto caos desde el mismo momento en el que salió esa noticia en El Profeta.

─Sí, sobre eso…

─No se preocupe, Auror Potter. Ninguno de los Aurores ni los Sanadores que estuvieron involucrados anoche fueron los responsables de filtrar esto a la prensa. No tengo idea de cómo obtuvo Skeeter esa información, pero puedo asegurarle que lo averiguaremos y le caeremos con todo el peso de la ley. De hecho, tengo a su amiga, Hermione Granger, trabajando en el caso, así que es cuestión de tiempo antes de que nos deshagamos de ese inconveniente en particular.

Robards se apresura a aclarar esto incluso sin que yo haya tenido oportunidad de pedirlo, y lo admito, eso me deja un poco más tranquilo. Al menos, el problema que representa Rita Skeeter para mi vida y la de Draco será algo que sí tendrá una solución. Después de todo, Hermione estará involucrada en esto, y no se ha creado todavía un problema que mi amiga no pueda resolver, por lo cual, el éxito de esta misión está asegurado.

─Me tranquiliza escuchar eso, pero no vine aquí para ello. ─Le digo a Robards con un tono de voz que denota el agotamiento mental y emocional que estoy sintiendo, mientras le extiendo la lista de lugares en los que pude pensar para buscar. ─Aquí tiene la lista que me pidió, aunque, si debo ser completamente honesto con usted, dudo que vayan a encontrar algo allí. Ginny ha demostrado ser mucho más lista de lo que aparenta, así que ella nunca tomaría alguno de estos lugares como su escondite.

─De todos modos, nunca está de más comprobarlos. Quizás podamos encontrar alguna pista que nos lleve a donde ella está ocultándose realmente. ─Dice Robards con un encogimiento de hombros, mientras repasa cada uno de los lugares que le mencioné. ─Hemos registrado la mayoría de estos que escribió, pero no tuvimos en mente a Grimmauld Place. Haré que Savage y Proudfoot revisen este lugar de inmediato. ¿Hay alguna protección que haya que tener en cuenta sobre la casa para poder ingresar?

─No. Todas las protecciones que había cayeron durante de la guerra; y nadie ha vuelto a vivir allí, quedó completamente abandonada.

─Bien, entonces, enviaré a mis Aurores de inmediato. ─Robards escribe algo sobre un pergamino, lo cual asumo que debe ser una orden para registrar Grimmauld Place, y lo envía en forma de memo interdepartamental para que lo reciban Savage y Proudfoot. Luego, se gira hacia mí y sé que lo que dirá a continuación no me gustará. ─Y ya que lo tengo aquí, quiero aprovechar para pedirle que se tome una licencia en el trabajo, al menos, hasta que encontremos a Malfoy.

─¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! ¡Soy completamente capaz de ocuparme de otros casos mientras ustedes se encargan de encontrar a Draco!

─Sé qué lo es, Auror Potter. Realmente lo sé. ─Dice Robards con un tono agotado. Honestamente, este hombre luce como si no hubiera dormido en toda la noche, y quizás, no lo haya hecho. Esto sólo me genera un nuevo sentimiento de respeto por mi jefe, con lo cual no me atrevo a replicar nada más y le permito explicarse. ─Pero ya vio la forma en la que esos periodistas obstaculizaron el día de todos los trabajadores del Ministerio, y yo no soy tan ingenuo como para creer que mi "amenaza" de arrestarlos vaya a durar eternamente. Tarde o temprano, a algún reportero se le ocurrirá repasar nuestras leyes mágicas y sabrá que no podemos arrestar a nadie sólo por ejercer su profesión. Y su presencia aquí, Auror Potter, es casi como una especie de carnada que los seguirá atrayendo. Creo que lo mejor será que se tome una licencia hasta que hallemos a su pareja.

─Pero…

─Además, ─Me interrumpe Robards, dándome una mirada de advertencia cuando ve que intento volver a replicar algo. Luego, termina de decir algo que me dejará una vez más sin posibilidad de escapatoria. ─ahora que Ginny Weasley parece haber logrado su cometido con Malfoy, es muy probable que intente continuar con cualquiera sea el plan que tenga para con usted. Por lo tanto, sería mucho más productivo para nuestra investigación que usted permanezca libre y accesible, si entiende a lo que me refiero.

¿Que si entiendo a lo que se refiere? ¡Por supuesto que entiendo a lo que se refiere! ¡Robards quiere usarme como carnada! Quiere que esté "desprotegido" y con la "guardia baja" para que Ginny sienta una falsa sensación de seguridad que la haga relajarse en su paranoia, lo cual la llevará a cometer un desliz que la pondrá en fácil acceso para encontrarla. Y aunque yo sé que este es un procedimiento habitual dentro de una investigación, procedimiento que yo mismo he llevado a cabo en más de una ocasión a lo largo de mi carrera profesional, aun así, no puedo evitar encontrar esta acción como algo espeluznante y que me pone muy incómodo. Sin embargo, me fuerzo a tragar el nudo que se acaba de instalar en mi garganta, y acepto con desgana la idea de Robards. Después de todo, esta parece ser la mejor forma de dar con la perra de Ginny. Y yo me prometí a mí mismo que haría lo que sea con tal de encontrar a Draco, por lo que no sorprende a nadie el hecho de que esté dispuesto a todo con tal de hallarlo, incluso a exponerme como un simple pedazo de carne frente a la arpía de Ginny.

─Sí, lo entiendo, pero realmente me gustaría que hubiera otra forma de atraparla.

─A mí también, Potter. A mí también, pero ambos sabemos que esa siempre suele ser la forma más eficiente de lidiar con criminales que se encuentran mentalmente inestables, así que no tenemos otra opción más que proseguir de esta manera.

Asiento para hacerle saber que lo entiendo, pero mi rostro expresa el absoluto disgusto que siento por tener que jugar a interpretar el papel de la víctima indefensa y despistada. Honestamente, Ginny debería replantearse seriamente el entregarse, porque la forma en la que tengo pensado maldecirla y hechizarla (si llego a ser la persona que consiga apresarla) dejaría llorando de miedo incluso al mismísimo Voldemort. Esa maldita perra va a arrepentirse del día en el que decidió lastimar a mi dragón.

Después de que me despido de Robards y le hago prometer que me pondrá al tanto de cualquier cambio en la investigación, regreso a nuestro apartamento y allí encuentro un absoluto caos esperándome en el gran ventanal de la sala. Cientos de lechuzas de todos los colores y tamaños pelean entre ellas por ser quienes consigan acceder a un fragmento del ventanal para poder golpearlo y llamar la atención. Rápidamente, me acerco y abro la ventana para dejarles el paso antes de que el bullicio llame la atención de los muggles que viven en los alrededores. Vamos, que lo último que necesito en este momento es añadir otro problema a mi vida por no haber cumplido con el Estatuto del Secreto Mágico.

La última lechuza ingresa y se posa sobre el único hueco disponible sobre el sofá e, internamente, me encojo y ruego porque ninguno de estos animales dañe el tapizado del mismo, o Draco podría sufrir un ataque al corazón si algo llegara a estropear ese mobiliario que tanto le gusta. Para evitar que algo como esto ocurra, me apresuro a quitarles las cartas. Luego, voy hacia el aparador y tomo las golosinas para lechuzas. Esparzo una generosa cantidad en el suelo para que todas puedan comer, y cuando estas terminan, todas salen por la ventana. Cuando la última lechuza desaparece por el cielo encapotado, cierro el ventanal y vuelvo hacia el reguero de cartas y vociferadores que tengo sobre la mesa de café.

Un escalofrío me asalta al ver la gran cantidad de sobres rojos que hay sobre ella. No tengo idea del contenido que tienen estos vociferadores, pero estoy completamente seguro de que, sea lo que sea que digan, es algo que no va a gustarme. Armándome de toda la paciencia que tengo, y después de soltar un largo suspiro, agito mi varita y abro de una vez todos los vociferadores para terminar con esto lo más rápido posible, aunque esto resulta ser una mala idea, una muy mala idea.

"…¡ESPERO QUE YA ESTÉS FELIZ, POTTER! ¡DYLAM ROCAFO ESTÁ MUERTO POR TU CULPA!"

"…EL SE MERECÍA TENER A SU LADO A ALGUIEN MUCHO MEJOR QUE TÚ, ALGUIEN QUE FUERA CAPAZ DE PROTEGERLO Y HACERLO FELIZ, NO A UN IMBÉCIL COMO TÚ, POTTER, QUIEN SE RODEÓ DE PERSONAS QUE ODIABAN A DYLAM ROCAFO."

"¡HABRÁS SALVADO A TODOS DE QUIEN TÚ SABES, PERO NO FUISTE CAPAZ DE SALVAR A QUIEN DE VERDAD IMPORTABA! ¡POR TU CULPA, MI ESCRITOR FAVORITO NO RECUERDA QUIÉN ES! ¿TIENES UNA IDEA DE LO QUE…?"

"…NO SÉ POR QUÉ ME SORPRENDE QUE ALGO COMO ESTO PASARA. ERA OBVIO QUE ÉL TERMINARÍA MURIENDO A TU LADO, DESPUÉS DE TODO, ¡ESO ES LO QUE SIEMPRE OCURRE CON LAS PERSONAS QUE TE RODEAN!"

Y me quiebro. Por supuesto que me quiebro. ¿Cómo no hacerlo, siendo que los mismos pensamientos que estuvieron asaltándome desde que Ginny secuestró a Draco por primera vez están siendo expuestos tan abiertamente en estos vociferadores?

Es mi culpa.

Todo esto es mi culpa.

Draco nunca hubiera estado en peligro si yo jamás me hubiera adentrado en su vida. Nada de esto estaría ocurriendo si yo hubiera mantenido mis sentimientos dentro de mi pecho y lo hubiera amado en secreto. Todo habría estado bien si simplemente me hubiera conformado con ser su amigo. Ginny nunca lo hubiera atacado porque sólo habríamos sido amigos, y yo podría haberlo amado de todos modos, a pesar de nunca poder decírselo a él. Y Draco, Draco habría seguido adelante con su vida, estoy seguro de eso. Él habría encontrado a alguien más a quien amar, alguien que fuera capaz de devolverle sus sentimientos sin poner en riesgo su vida, porque así de maravilloso es él. ¿Quién no querría estar a su lado? Sí, él habría encontrado a alguien más con quien ser feliz; pero no, yo tuve que ser egoísta por primera vez en mi vida. Tuve que confesarle lo que siento y exponerlo con ello a una mujer demente que arruinó por completo su vida.

Es mi culpa. Todo esto es mi maldita culpa, y ahora tengo que vivir con las consecuencias de mi accionar egoísta.

Y es justamente este hecho, el saber que todo esto podría haberse evitado si yo no hubiera sido lo suficientemente egoísta de tomar algo que, al parecer, nunca estuvo destinado a mí, lo que termina de destrozarme por completo. Mis ojos se llenan de lágrimas que no hago el intento de detener, y de inmediato, me encuentro llorando desconsoladamente sobre el sofá y maldiciéndome a mí mismo.

Y así es como me encuentra Andrómeda.

─¿Harry? ¡Oh, Harry!

Andrómeda se apresura a acercarse al lugar donde me encuentro, y rápidamente, la siento tomar asiento a mi lado y arrastrarme a un abrazo para intentar consolarme. Mi llanto se incrementa ante esto, y ni siquiera soy demasiado consciente de lo que ocurre a mi alrededor, sólo sé que Andrómeda debe haberse deshecho de todos esos vociferadores de alguna forma, porque la sala de estar se encuentra de repente envuelta en un absoluto silencio que sólo es roto por mis sollozos.

─Shhh… Todo va a estar bien, Harry. Lo encontraremos, lo prometo.

─Es mi culpa. Todo esto es mi culpa.

─Por supuesto que no es tu culpa. ¿De dónde has sacado esa idea tan absurda? ─Pregunta Andrómeda con un ligero reproche marcando sus palabras, a la vez que comienza a pasar sus delgados dedos a través de mi cabello en un intento por calmarme. Una idea parece acudir a la mente de Andrómeda, porque se apresura a convencerme de lo contrario haciéndome ver que nada de lo que escuché de esas personas es cierto. ─Ah, ya veo. Fueron esos vociferadores, ¿verdad? Sabes mejor que creer en las palabras de esos magos y brujas que no tienen nada más productivo que hacer con sus vidas que molestar al resto. Nada de lo que ellos dijeron es cierto. No es tu culpa lo que le ocurrió a Draco.

─Pero si yo no…

─¡No! ¡No quiero oír ni una palabra más al respecto, jovencito! Vas a escucharme atentamente, Harry Potter, porque no volveré a repetirlo. ─Andrómeda me interrumpe con firmeza y me obliga a apartarme de su pecho para que pueda verla a los ojos. Cuando está segura de que estoy prestándole la debida atención, inspira con fuerza y comienza a hablar en un tono decidido que no admite derecho a réplica. ─Tú no eres el responsable de nada de lo ocurrido. ¿Entiendes? De nada de ello. La única responsable de todas las desgracias que les han ocurrido a Draco y a ti a lo largo de estos años es Ginny Weasley. Ella es a quien debes culpar por la desaparición de Draco. Es ella a quien debes atribuirle la responsabilidad de haber borrado los recuerdos de Draco. No tú, ella.

─Lo sé, sé que Ginny es la responsable, pero si yo no…

─Y te diré algo más, ─Vuelve a interrumpirme Andrómeda, sin prestar ninguna atención a mi intento de hacerle ver que Draco podría haberse ahorrado todos estos disgustos si yo nunca hubiera sido parte de su vida. ─Podría apostar la vida de Teddy a que Draco odiaría verte culpándote por algo de lo que no tienes responsabilidad alguna. Los he visto juntos, Harry. He visto la forma en la que Draco te mira como si fueras lo más importante que tiene en esta vida. ¿De verdad crees que él podría ser más feliz si tú no estuvieras a su lado? Porque déjame decirte que, si eso es lo que crees, entonces no podrías estar más equivocado. Mi sobrino nunca podría ser verdaderamente feliz al lado de nadie más que tú. Draco te ama, Harry. Te ama más que a su vida, y eso es algo a destacar viniendo de un Malfoy; así que no quiero que vuelvas a pensar que él podría estar mejor sin ti, porque eso no es verdad.

Cuando Andrómeda termina de exponer su punto de vista, siento mis emociones comenzar a tranquilizarse lo suficiente como para que, al menos, pueda dejar de llorar. Si bien una parte de mí todavía no se encuentra del todo convencida acerca de que esto no es mi culpa, consigo reunir la fuerza de voluntad suficiente como para desterrar estas dudas a un lugar oscuro y recóndito de mi mente. Andrómeda parece bastante complacida con mi cambio de actitud y decide arrastrarme a la cocina para prepararnos algo que almorzar.

─¿Se sabe algo de Draco?

─No, nada. Robards envió a un grupo de elite a realizar la búsqueda y la investigación, pero hasta ahora no han encontrado nada.

─Mmm. ─Murmura con disgusto Andrómeda, mientras se encarga de remover con cuchara la sopa que comienza a hervir a fuego lento. Luego de que la deja calentando, se acerca a la mesa de la isla con una hogaza de pan en la mano y se encarga de cortar varias rodajas con un cuchillo. ─Bueno, si necesitas ayuda para hallar a Draco, no dudes en llamarme. Quiero colaborar en todo lo que sea posible.

─Gracias, Andrómeda.

Andrómeda me regala una sonrisa cargada de tristeza, pero se apresura a disimular este hecho al girarse y comenzar a servir dos platos de sopa. Una vez que los tiene listos, los lleva a la mesa y me insta a comer. Al igual que ocurrió esta mañana, mi apetito se encuentra completamente perdido, pero la mirada de reproche que Andrómeda me da es suficiente para forzarme a tomar la cuchara y comenzar a ingerir la sopa que ella preparó.

─Está deliciosa.

Digo por cortesía, y porque es cierto. A pesar de sentir un nudo en el estómago que me impide tener hambre, no puedo negar que la sopa está rica. Sin embargo, me arrepiento de haber dicho algo cuando Andrómeda responde a mi comentario con algo que me deja con los ojos llenos de lágrimas de impotencia.

─Gracias, querido, pero yo no la hice. La encontré en tu nevera ya lista. Sólo me encargué de calentarla.

Draco. Draco había preparado esto. Él había hecho el almuerzo para ambos ayer, a pesar de que yo ni siquiera me molesté en advertirle que no volvería a comer. Inmediatamente, siento mis manos temblar y una sensación de odio hacia mí mismo que me deja completamente fuera de lugar. Y Andrómeda parece notar que algo no anda bien, porque rápidamente cambia el tema a algo que pueda distraerme de lo que acaba de volver a incrementar la culpa que todavía siento por todo lo ocurrido.

─Voy a buscar en mi biblioteca. Tengo algunos libros de la colección de la familia Black que me llevé cuando me fui de mi casa. Quizás encuentre en alguno de ellos un hechizo de rastreo. Tengo idea de haber leído algo sobre hechizos antiguos capaces de determinar la ubicación de una persona si quien lo realiza proviene de la misma sangre.

─Eso podría ser muy útil para encontrarlo. ─Digo con desbordante esperanza, a la vez que vuelvo a llevarme una cucharada de sopa a la boca. ─Tendré que buscar en Grimmauld Place también. Quizás algún libro haya escapado de la limpieza que se hizo mientras la Orden estuvo funcionando allí, y tenga los hechizos de los que hablas.

─Esa es una grandiosa idea, Harry.

Le doy una sonrisa agradecida y me apresuro a terminar mi plato. Después de que limpiamos todo lo que ensuciamos durante el almuerzo, Andrómeda se gira hacia mí, y dice: ─En la nevera te dejé preparado un sándwich para la cena. No dudes en llamarme si necesitas algo, lo que sea.

Y con eso dicho, Andrómeda se va y yo vuelvo a quedarme solo en este apartamento que, sin la presencia de Draco, me resulta completamente opresor. Por fortuna, la chimenea vuelve a encenderse, con lo cual mis sentimientos de soledad y angustia deben pasar a un segundo plano para poder interactuar con la persona que atraviesa las llamas esmeraldas.

─Buenas tardes, Potter. ─Dice Adrian Pucey, el editor de Draco, con el semblante completamente demacrado y que refleja el terrible agotamiento que parece tener, aunque sólo consigo darle una mirada de reojo a las marcadas ojeras que tiene, antes de que deba prestar atención a la pregunta que me hace. ─¿Hay alguna novedad sobre Draco?

─No, ninguna. El grupo de Aurores que está buscándolo todavía no ha encontrado nada.

─Lo suponía.

Pucey dice esto con un tono cargado de irritación y desdén, motivo por el cual comienzan a sonar cientos de alarmas imaginarias dentro de mi mente. ¿Qué diablos está insinuando él con eso? Y como no tengo ni la paciencia, ni la energía suficiente en estos momentos para descubrir adivinanzas, me apresuro a sonsacarle una respuesta a mis dudas.

─¿Qué quieres decir con eso?

Pucey me observa con cautela y algo de recelo, pero, afortunadamente para mi cordura, él parece dispuesto a confesarme la verdad completa.

─No te lo tomes a mal, Potter, ya que esto no tiene nada que ver contigo, pero no es de extrañar que no hayan encontrado nada todavía. ¿De verdad crees que siquiera están buscándolo? Porque déjame decirte que tengo mis serias dudas al respecto. Incluso después de que tuviéramos esa buena aceptación por la entrevista que Draco dio, aun así, eso no ha hecho que la gran mayoría de personas deje de tener resentimientos hacia aquellos que estuvieron del lado perdedor de la guerra. Y el Cuartel de Aurores es el principal lugar en el que puedes encontrar a esta clase de personas con prejuicios. No es de extrañar que pongan el menor esfuerzo posible para hallar a Draco.

Cuando Adrian termina de expresar sus sospechas, siento un desagradable escalofrío recorrerme por completo. Si bien no quiero tener que darle la razón a este desconfiado Slytherin, especialmente cuando vi con mis propios ojos lo involucrado que está mi jefe en el caso de Draco, tengo que reconocerle que sus dudas no son injustificadas. En este último tiempo he visto de primera mano hasta dónde puede llegar el resentimiento hacia aquellos que fueron partidarios de Voldemort, por lo cual no debería sorprenderme el hecho de que haya algunos Aurores dentro del Departamento que estén más que felices de ralentizar la búsqueda de mi novio todo lo que puedan, y eso es algo que, claramente, no puedo permitir.

─Comprendo tu preocupación, pero el jefe de Aurores en persona es parte del grupo de investigación, así que puedes estar seguro de que Robards le dará la importancia que merece a este caso. ─Le digo con una convicción que para nada se corresponde con lo que estoy sintiendo en estos momentos, pero lo último que necesito es inquietar a este hombre que parece genuinamente preocupado por Draco, y al igual que vino ocurriendo a lo largo del día, me armo de fuerzas para apaciguar el nerviosismo de otro de los amigos de mi novio. ─E incluso si Robards llegara a ser incapaz de hallarlo, ten por seguro que yo no descansaré hasta encontrar a Draco. Pueden haberme apartado del caso por cuestiones éticas, pero eso no quiere decir que no haré hasta lo imposible para traer a mi novio de regreso.

Pucey me observa con intensidad durante unos segundos, y yo le devuelvo la mirada con firmeza para infundirle tranquilidad. Afortunadamente, algo de lo que dije parece haber apaciguado sus dudas, porque Adrian asiente y se apresura a ofrecerme su ayuda.

─Me tranquiliza escuchar eso. Estoy seguro de que tú serás capaz de encontrarlo. De todos modos, ─Dice Adrian mientras dirige sus pasos hacia la chimenea para tomar un poco de polvos flu de la vasija que los contiene. ─estoy a tu disposición si necesitas ayuda con la búsqueda. Por lo pronto, me encargaré que desde la editorial se emita un comunicado para apaciguar a los fanáticos de Draco. Estoy seguro de que ellos no te lo están poniendo nada fácil, ¿verdad?

─Los vociferadores particularmente crueles que recibí hoy me dejaron eso más que claro. ─Le respondo con un tono cargado de sarcasmo, mientras observo a Adrian asintiendo con pesar.

─Sí, lo supuse. Me pondré a redactar ese comunicado cuanto antes. ─Adrian ingresa en la chimenea y me da una última mirada, antes de despedirse con unas palabras que me dejan pensando que él ha pasado a convertirse en alguien a quien me gustaría tener dentro de mi círculo interno de amigos. ─Avísame si necesitas algo, o si hay novedades sobre Draco; y no temas, Potter, lo encontraremos. Draco, al igual que Etamin, siempre halla una forma de volver junto a su gatito.

Después de que Adrian se va, me quedo en silencio durante unos segundos, antes de reunir la energía suficiente para comenzar a planificar la búsqueda de Draco. Realmente no tengo muy en claro por dónde comenzar, siendo que él podría estar en cualquier lugar de este mundo, pero sí sé quién es la persona que quizás pueda darme alguna pista sobre ello. Sin perder más tiempo, tomo un poco de polvos flu de la repisa y me aparezco en Sortilegios Weasley. El lugar en el que aparezco es la misma trastienda por la que ingresamos anoche, y de verdad debo hacer un gran esfuerzo para no voltear la mirada hacia la puerta que da al sótano en el que Ginny y George tuvieron retenido a Draco.

Rápidamente, y manteniendo la vista fija al frente, me apresuro a atravesar la puerta que me llevará a la tienda, sin embargo, el absoluto silencio que me recibe es más que perturbador, especialmente porque esta tienda suele caracterizarse por su gran bullicio a estas horas del día. Un rápido vistazo a la puerta de entrada me revela el motivo por el cual no parece haber ningún cliente dentro del lugar, ya que las persianas permanecen cerradas y con un gran cartel que reza: 'Cerrado hasta próximo aviso'. ¿Qué diablos ocurrió ahora para que George Weasley decidiera cerrar su tienda, algo que no ha hecho desde que fue reabierta después de la guerra?

Totalmente sorprendido y bastante confundido, me adentro en la colorida tienda para poder encontrar una respuesta a mis interrogantes. Afortunadamente, no debo buscar demasiado, porque encuentro a George ordenando unas cajas que están colocadas sobre uno de los mostradores.

─George.

La forma de llamar su atención hace que George dé un salto en el lugar e, instantáneamente, sus ojos se llenan de lágrimas al verme parado a unos pocos pasos de él. Estoy a punto de preguntarle el motivo por el cual parece tan alterado, cuando de repente comienza a balbucear una disculpa entre sollozos.

─Lo siento, Harry. De verdad, lo siento mucho. Hice todo lo que pude para detener a Ginny, lo juro, pero ella fue más fuerte que yo. ─George hace una pausa en su relato para soltar otro sollozo que me da una idea de lo verdaderamente arrepentido que está de todo lo que hizo, y si todavía me quedaban dudas al respecto, las palabras que dice a continuación terminan de confirmarme lo cierto que esto es. ─Sé que no me creerás cuando te digo que realmente lamento haber ayudado a Ginny con toda esta locura, pero, si pudiera volver el tiempo atrás, juro por mi vida que nunca sacaría a Ginny de San Mungo; aunque nada de esto puedo hacer ahora. Sólo… sólo puedo prometerte que te ayudaré a encontrar a Malfoy, sea como sea. Tú sólo dime qué necesitas que haga, y lo haré.

Lo observo en silencio durante unos segundos para confirmar a través de sus expresiones qué tan cierto es su arrepentimiento, y lo que veo en el semblante derrotado y abatido de George es más que suficiente para darme la fuerza de voluntad necesaria que pueda otorgarle el perdón de mi parte y que tanto parece necesitar. Habiendo tomado la decisión, suelto un suspiro cargado de agotamiento y me dispongo a tranquilizar a este hombre claramente arrepentido. Después de todo, George puede ser la clave que me ayude a llegar a Draco.

─Mira, no voy a mentirte y decirte que todo está bien, porque no lo está. Todavía estoy muy decepcionado contigo por haber accedido a llevar a cabo este plan demente. ─Los ojos llorosos de George se llenan de arrepentimiento y algo que se asemeja a la vergüenza, pero yo no le permito nada más que dos segundos de sufrimiento bajo el autodesprecio que parece estar sintiendo, antes de brindarle las palabras que le darán algo de esperanza para dejar detrás los errores cometidos. ─Sin embargo, y si tengo que ser completamente sincero contigo, en estos momentos no tengo ni las fuerzas ni la voluntad necesarias para guardar rencor por nada ni nadie. Honestamente, en lo único que puedo pensar es en encontrar a Draco y tratar de devolverle sus recuerdos. Y si resulta que tú puedes ayudar en ello, entonces tomaré esa ayuda, porque estoy dispuesto hacer lo que sea con tal de hallar a Draco, incluso trabajar en conjunto con una de las personas que fue responsable de esto.

George baja la mirada con claro arrepentimiento al escuchar esto, pero me aseguro de calmarlo antes de que su remordimiento sea suficiente como para dejarlo en un estado en el que no pueda ayudarme.

─No me malinterpretes, no vine aquí para juzgarte o reprocharte nada, de hecho, es todo lo contrario. Estoy aquí para pedirte tu ayuda. Eres la persona, después de Ginny, que más conoce todo acerca de este plan, por lo tanto, eres quien puede ayudarme a encontrarlo. Necesito que pienses a dónde pudo haber llevado Ginny a Draco.

─Harry, ella nunca…

─Sé que tu hermana nunca te dijo a dónde iba a dejarlo, ¡pero tiene que haber algo que me ayude a encontrarlo! ¡Piensa! ¡Ella tiene que haberte dicho algo que pueda darme una idea de dónde comenzar a buscar!

George cierra los ojos con impotencia durante unos segundos que se me hacen eternos, pero, finalmente y después de soltar un suspiro de derrota, él comienza a poner en palabras todo lo que recuerda sobre el plan demente que ideó Ginny.

─Realmente no tengo idea de a dónde pudo haber llevado Ginny a Malfoy. Ella nunca quiso decirme la ubicación donde tenía pensado dejarlo en caso de que alguien nos descubriera, pero según lo que ella accedió a decirme, Ginny tenía pensado dejar a Malfoy en algún barrio muggle de bajos recursos y que fuera muy peligroso para que a él no le resultara sencillo pedir ayuda, aunque desconozco cuál es ese barrio del que ella hablaba ni dónde se encuentra.

Cuando George termina de contarme esto, siento crepitar en mi interior un odio tan profundo y letal hacia Ginny que ni siquiera Voldemort, habiendo sido el responsable de arrebatarme a tantas personas importantes en mi vida, ha sido capaz de producirme. Realmente creí que no sería posible odiar más a Ginny de lo que ya lo hago, pero una vez más, el destino me demuestra lo equivocado que estoy; porque sí es posible odiarla aún más, y a cada nueva información que obtengo de lo ocurrido, adquiero nuevos niveles de rencor hacia ella. Sin embargo, debo apartar todos los deseos asesinos que cruzan mi mente para enfocarme en lo que es importante en estos momentos, obtener de George toda la información posible que me ayude a encontrar a mi dragón.

─¿Qué tenían pensado hacer una vez que dejaran a Draco en el mundo muggle? Porque no creo que el plan de tu hermana involucrara únicamente el deshacerse de mi novio.

─Ginny nunca me dijo por completo su plan. Dijo que debíamos ir paso a paso, pero si te soy sincero, y después de ver todo lo que he visto, creo que ella nunca me lo dijo porque no confiaba ciegamente en mí. Creo que Ginny tenía sospechas de que yo me echaría atrás a último momento, por lo cual nunca me confió qué haría una vez que dejara a Malfoy en el mundo muggle. ─George hace una pausa para sorberse la nariz y sus ojos vuelven a llenarse de arrepentimiento mientras termina de confesar todo lo que recuerda sobre el plan de Ginny. ─Se suponía que ella volvería aquí después de dejar a Malfoy en el mundo muggle, pero la pelea que tuvimos y mi intento por detenerla deben haberla alertado de que yo no quería seguir siendo parte de esto. Supongo que ella puede haber temido que la delatara contigo, así que nunca volvió a la tienda. E incluso si no sospechara nada de esto, la noticia que publicó Skeeter esta mañana debe haber sido suficiente para que ella sepa que no encontrará un aliado en mí.

─¿Tienes idea de a dónde pudo haber ido? ─Le pregunto para agotar todas mis dudas, aunque yo sé cuál será la respuesta a esta última de todos modos.

─No, lo siento. No tengo idea de dónde pueda estar escondiéndose, pero puedo asegurarte que ella no se encuentra en La Madriguera. Ron estuvo allí hoy, y no hubo rastro alguno de que Ginny hubiera hecho siquiera el intento de ponerse en contacto con mamá o papá.

Asiento para hacerle saber que lo escuché, pero mis pensamientos están muy lejos de aquí. Mi mente es un revoltijo de incertidumbre y desesperación porque realmente no sé cómo seguir a partir de ahora. No tengo una ínfima idea de dónde comenzar a buscar a Draco, y a cada segundo que pasa, es uno más que lo acerca a un estado de permanente amnesia debido a la pócima que tiene corriendo en su sistema. Mis ojos vuelven a llenarse de lágrimas ante la posibilidad de que Draco nunca pueda ser capaz de volver a recordarme, y eso es todo en lo que necesito pensar para comenzar a llorar una vez más.

A mi lado, siento a George acercarse y colocar con vacilación una mano sobre mi hombro para intentar consolarme, pero yo sé que nada de lo que él haga o diga podrá brindarme el consuelo y la esperanza suficientes como para superar esto.

─Tranquilo, Harry. Encontrarás a Malfoy. Lo prometo.

─¿Cómo puedes estar tan seguro de ello si ni siquiera sé a dónde se lo llevó? ─Le digo entre sollozos, a la vez que me limpio con molestia las lágrimas que corren desenfrenadas por mi rostro.

─¿Cómo puedo estar tan seguro dices? Eso es sencillo de responder. ─Dice George con una alegría tan fuera de lugar que me hace querer golpearle todo su rostro pecoso, pero lo que señala a continuación deshace cualquier resentimiento que todavía pueda sentir por él. ─Estoy seguro de que encontrarás a Malfoy porque él y tú han demostrado ser una especie de almas gemelas. Y las personas destinadas a estar juntas, como lo son ustedes dos, siempre hallan una forma de volver a encontrarse incluso cuando todo el universo conspire en su contra.

Mi llanto se detiene al escuchar esto, aunque por mi rostro todavía siguen corriendo lágrimas. Sin embargo, las palabras que deja salir George, a la vez que conjura un pañuelo descartable para mí, me dejan con una extraña sensación corriendo por mi pecho, una que se asemeja en demasía a la esperanza.

─El amor ya te salvó en el pasado, Harry. De hecho, sólo basta con ver la forma en la que éste último te protegió de Voldemort en más de una ocasión para saber que es cierto, por lo tanto, tienes que tener fe de que el amor que ustedes dos se profesan el uno por el otro será el encargado de hallar una forma de volver a unirlos. Créeme, encontrarás a tu novio sano y a salvo.

─Gracias, George.

Le digo esto entre medio de una especie de sollozo ahogado, mientras siento en mi interior cómo empiezo a adquirir la voluntad necesaria para perdonar por completo a George. Después de todo, él luce verdaderamente arrepentido, y no sólo eso, sino que, además, parece haber aceptado por completo mi relación con Draco, algo que no muchos de los miembros de la familia Weasley han hecho todavía.

Con renovadas fuerzas, termino de limpiar mis lágrimas y desaparezco con un movimiento de las manos el pañuelo. Luego, me giro hacia George y me encargo de pedirle un último favor.

─Mañana comenzaré a realizar la búsqueda de Draco yo mismo porque, si bien hay Aurores encargados de esto, no puedo quedarme de brazos cruzados y sin hacer nada; así que te agradecería si pudieras buscar en las distintas casas de familiares Weasley. Dudo que Ginny esté en ellas, pero quizás encuentres allí algunas pistas de dónde pueda estar escondiéndose.

─No te preocupes, Harry. Yo me encargaré de buscar en las casas de mis familiares, y te informaré a ti, y sólo a ti, de lo que encuentre en ellas.

─Gracias, George. ─Miro a mi alrededor y recién allí recuerdo lo vacía que se encuentra la tienda. No habiendo resuelto esa interrogante todavía, vuelvo a girarme hacia George y le pregunto el motivo de ello. ─¿Por qué cerraste la tienda tan temprano?

─Tuve que hacerlo después de que salió esa noticia de Skeeter. Hubo algunas personas fanáticas de los libros de tu novio que intentaron destruir la tienda en venganza por lo ocurrido. Y lo último que necesito en este momento es que algún cliente salga herido debido a los errores que cometí.

─Deberías hacer la denuncia a los Aurores. Nadie tiene el derecho de…

─No, no lo haré. ─Me interrumpe George con una gran convicción, mientras se mantiene todo lo firme que su abatido estado le permite ser. ─Agradezco la sugerencia, pero no voy a denunciar a esas personas. Si bien sé que lo que hicieron no es correcto, entiendo el porqué de su reacción, y si debo ser completamente sincero contigo, una parte de mí cree merecerse todo lo que ocurrió esta mañana.

─No estoy de acuerdo. ─Le digo con un tono autoritario que he perfeccionado a lo largo de los años debido a mi profesión, a la vez que me cruzo de brazos y le doy una mirada penetrante. George parece sorprendido ante mi cambio de actitud, pero no menciona nada y simplemente continúa escuchándome con atención. ─Cometiste un error, uno grave, es cierto, pero error, al fin y al cabo; y uno del que ya te arrepentiste y estás haciendo todo lo que está al alcance de tus manos para compensarlo, por lo tanto, no veo el motivo por el cual debas dejarte intimidar por personas que no tienen una puta idea de lo que dicen o hacen.

─Gracias, Harry. ─George me agradece con lágrimas en los ojos, y por el rabillo del ojo, veo la forma en la que su cuerpo se encoje en absoluto arrepentimiento, antes de soltar unas palabras que terminan de hacerme perdonarlo por completo. ─Nunca voy a poder perdonarme a mí mismo si no llegas a encontrar a Malfoy después de lo que me dijiste. Nunca voy a poder perdonarme a mí mismo por haberte traicionado de esa manera.

Ver que su arrepentimiento es genuino es lo único que necesito para instarme a descruzar mis brazos y colocar una mano reconfortante sobre el hombro tembloroso de George. Luego, inspiro con fuerza y suelto unas palabras que me ganan una sonrisa agradecida de parte del gemelo sobreviviente.

─¿Sabes algo, George? En base a todo lo que he visto hasta ahora, puedo asegurarte que yo ya estoy comenzando a perdonarte; así que no veo el motivo por el cual tú no deberías poder perdonarte a ti mismo.

George me da una sonrisa agradecida que está bastante empañada debido a las lágrimas que todavía corren por su rostro, pero, al menos, consigo ver en sus ojos una clara determinación que no había momentos atrás. Después de darle una última palmada de aliento en el hombro, comienzo a emprender mis pasos de regreso a la chimenea. Y detrás de mí, dejo a un mago muy arrepentido que estoy seguro que hará lo que sea para enmendar su error.

El viaje en chimenea se me hace mucho más rápido de lo esperado, y antes de lo previsto, me encuentro nuevamente sobre la sala de estar de nuestro vacío apartamento. El silencio que recorre el lugar es tan sofocante que me genera dificultad para respirar. Una sensación de soledad se instala inmediatamente en mi pecho y vuelve a eliminar por completo cualquier esperanza que gané con las palabras de George. No queriendo desmoronarme, especialmente cuando debo ser fuerte para poder hallar a Draco, me obligo a reaccionar e ir directo al dormitorio. Después de todo, lo último que pasa por mi mente en estos momentos es cenar algo, el simple pensamiento de comer me genera náuseas.

El trayecto hacia el dormitorio es muy corto, y en menos tiempo del esperado, me encuentro recostado en mi lugar de siempre, mientras abrazo contra mi pecho la almohada de Draco y que todavía huele inconfundiblemente a su costoso perfume. Mis ojos vuelven a llenarse de lágrimas debido a lo mucho que extraño a Draco y a la preocupación que siento por él, y así, entre sollozos sin consuelo y llamados a Draco entre murmullos ahogados contra su almohada, consigo quedarme dormido en un sueño intranquilo y que está plagado de imágenes de mi dragón.


Notas finales: muchas gracias por leer. Sus comentarios son siempre bienvenidos. ;)

Nos leemos la semana que viene con otro POV de Draco.