Notas de autora: ¡Hola a todos! Antes de dejarlos con la lectura de hoy, quiero hacer un agradecimiento en conjunto para los lectores de Fanfiction y AO3 que comentaron, dejaron sus kudos, bookmarks o añadieron la historia a sus alertas y favoritos. No tienen idea de lo feliz que me hace saber que les está gustando. Ahora sí, los dejo con el capítulo de esta semana.
Advertencias: el capítulo está escrito desde el POV (point of view = punto de vista) de Harry.
8 de enero de 2011
He perdido la cuenta del tiempo que pasé sentado frente a la lápida de mis padres, llorando sin control alguno y rogando a cualquier deidad que esté escuchándome por encontrar a Draco pronto. Afortunadamente, el tiempo que pasé descargando todas las emociones que he estado reteniendo en mi interior parece haberme brindado una calma y estabilidad que no he sentido antes; y contra todo pronóstico, siento mis fuerzas renovadas y una determinación tan profunda recorriéndome por dentro que dudo haber experimentado en el pasado. Es curioso, la verdad sea dicha, pero me siento igual que si hubiera tomado un poco de suerte líquida, porque creo ser capaz de conseguir lo que sea simplemente con proponérmelo.
No queriendo desperdiciar este momento de optimismo, me despido de mis padres y vuelvo a aparecer dentro del apartamento que comparto con Draco. Sin embargo, lo primero que me llama la atención cuando mis pies aterrizan sobre la sala de estar es el extraño sonido que oigo, uno que jamás escuché en este lugar. El mismo suena igual que alguna clase de timbre insistente, uno que no parece detenerse ni por un segundo. Rápidamente, trato de descubrir el origen de este ruido molesto y lo encuentro junto a una de las paredes de la sala en forma de portero eléctrico.
¿Portero eléctrico? Ni siquiera sabía que este apartamento tenía uno. ¿Cómo saberlo? Jamás esperé fuera del apartamento de Draco. Las veces que vine aquí, las cuales han sido más de las que puedo contar, siempre lo hice a través de la chimenea o apareciéndome fuera de la puerta de entrada dentro del pasillo que da al piso de mi novio. De hecho, últimamente, ni siquiera esto estuve haciendo, porque he estado apareciéndome directamente dentro del apartamento, por lo tanto, no es de extrañar que ni siquiera haya tenido conocimiento de este portero.
Con gran curiosidad, me acerco al teléfono y presiono el botón correcto para contestarle a la persona que está queriendo ingresar al piso.
─¿Quién es?
Pregunto confundido, sin pensar en una sola persona que podría estar queriendo llamar de esta forma, pero todo se aclara cuando siento a Dudley responderme con un tono de voz agitado y repleto de emoción.
─¡Harry! ¡Al fin respondes! No vas a creerlo, ¡pero encontré a Draco!
Una exclamación ahogada escapa de mi boca y siento mi corazón detenerse por completo durante dos segundos que se me hacen eternos. Por fortuna, consigo salir de mi estado de estupor con gran facilidad, y sin preocuparme siquiera por volver a colgar el portero eléctrico donde corresponde, me aparezco en la acera fuera del edificio, donde supongo que Dudley debe estar hablando. Por mi mente ni siquiera pasa el hecho de haber expuesto la magia a los muggles que puedan haber estado transitando por el lugar, ya que lo único en lo que pienso es en sonsacarle a mi primo el lugar donde Draco se encuentra.
─¡¿Dónde?! ¡¿Dónde está Draco?!
Dudley suelta un grito bastante agudo cuando me siente girarlo desde el hombro para que pueda verle el rostro, aunque se recompone asombrosamente rápido del susto que le di al aparecerme de repente.
─Lo encontré en la panadería del vecindario donde nos reencontramos hoy. Él está trabajando como el nuevo reemplazo de Becky.
No tengo idea alguna de quién es esta tal Becky, aunque tampoco es como si me importara; lo único que realmente tiene toda mi atención es mi necesidad de ir junto a Draco ahora mismo. El recuerdo de la panadería que vi esta mañana acude a mi mente, por lo cual me preparo para aparecerme cuanto antes. Sin esperar a que Dudley reaccione, lo tomo con fuerza del brazo, y digo: ─Vamos, nos apareceré en la panadería.
Sin embargo, Dudley consigue librarse con facilidad de mi agarre y se aparta de inmediato, mientras eleva las manos en señal de alto, como si estuviera intentando protegerse de mí por algún motivo que no comprendo.
─¡Oye! ¡Oye! ¡Aguarda ahí! No dejaré que me aparezcas a ningún lado, quién sabe en las condiciones en las que terminaremos con lo alterado que pareces estar.
─¡Soy perfectamente capaz de aparecernos!
Pero el gesto de incredulidad que Dudley realiza me deja replanteándome el aspecto que debo tener. Y no quiero admitirlo, pero puede que Dudley tenga algo de razón aquí, los nervios y la emoción que estoy sintiendo recorrerme por estar tan cerca de hallar a Draco han conseguido desconcentrarme lo suficiente como para saber que es imprudente aparecerme en estas condiciones. Sin embargo, el miedo a volver a llegar tarde y perder una vez más a mi novio es mucho más fuerte que mi sentido de autopreservación. Afortunadamente, Dudley se asegura de traerme algo de tranquilidad con lo que dice a continuación.
─No te preocupes, Harry. Todavía falta una hora para que la panadería cierre, así que Draco aún estará allí. Él no irá a ningún lado.
─Bien, sin aparecernos; pero, ¿cómo vamos a llegar allí tan rápido?
─Sígueme. Vine en el patrullero, puedo llevarte hasta allí.
Nos subimos en su auto de policía, y ni bien termino de colocarme el cinturón de seguridad, Dudley me da una sonrisa, y dice: ─Sujétate fuerte, Harry. Será un viaje bastante movido.
No comprendo del todo a qué se refiere con "movido", pero esto queda aclarado cuando Dudley enciende las sirenas del patrullero y acelera a toda velocidad en dirección a la panadería de ese vecindario peligroso. Inmediatamente, los demás vehículos se apartan de la vía para cedernos el paso, lo cual disminuye considerablemente el tiempo que tardaremos en alcanzar nuestro destino. Un pequeño resquicio de culpa se apodera de mi pecho al estar empleando a mi favor este método que sólo debería estar reservado para emergencias muggles, con lo cual le hago saber a Dudley mis temores.
─¿No te meterás en problemas por encender las sirenas del auto? Esto no es una emergencia muggle, Dudley.
Dudley, por su parte, sólo se encoje hombros, y luego de lanzar un pronunciado bocinazo al auto que circula delante nuestro para que nos ceda el paso, se gira hacia mí, y dice: ─Bueno, hacer que vuelvas a reencontrarte con tu novio amnésico podría considerarse una emergencia después de todo, ¿no? Además, no suelo hacer esto por cualquier clase de cosas, sólo por aquellas en las que la vida de una persona podría estar en peligro. Y si bien tu novio parece estar sano y a salvo, cuanto antes puedas darle ese antídoto para que recupere sus recuerdos, mejor.
Me quedo un poco más tranquilo al escuchar que no se meterá en problemas por ayudarme, y sólo entonces mis cejas se fruncen y pregunto algo que ha estado rondando mi mente desde que Dudley me dijo que encontró a Draco.
─Por cierto, ¿cómo encontraste a Draco?
─Bueno, desde el primer momento en el que me mostraste esa foto de tu novio, no pude sacarme de la cabeza la idea de que ya lo había visto antes. No sé por qué, pero sus facciones se me hacían familiares. ─Dudley se encoge de hombros y realiza un giro bastante atrevido en una calle perpendicular a la que transitábamos. Una vez que consigue encaminarse, reanuda su explicación como si no hubiera acabado de realizar una maniobra digna de una película de acción muggle. ─Estuve revisando durante todo el día en los casos y denuncias que tenía sobre el escritorio, pero no fui capaz de hallar una coincidencia. Incluso busqué dentro de la base de datos a nivel nacional, aunque eso resultó ser una pérdida absoluta de tiempo.
Dudley hace una pausa en su relato para dar otro bocinazo, y después de que el vehículo delante nos cede el paso, termina de explicarme cómo descubrió a Draco.
─La búsqueda me había dejado algo hambriento, así que fui a tomar una porción de la tarta de melaza que compré esta mañana, y fue entonces cuando recordé que el nuevo empleado de esa panadería se parecía mucho a Draco. Sin embargo, no lo reconocí de inmediato porque llevaba el cabello oculto con un gorro de pastelero. Teniendo una corazonada, fui hasta la panadería y le pedí que se quitara el gorro, ¡y yo estaba en lo cierto! ¡Era él!
Dudley desvía la vista hacia mí durante un segundo, y luego se apresura a tranquilizar cualquier duda que todavía pueda quedarme en el interior.
─Y sólo por si acaso, le pedí que me dijera su nombre, con lo cual puedo asegurarte que él realmente es tu novio. Me dijo que su nombre era Draco, Draco Malfoy. ─Dudley suelta una risita ante esto y yo no comprendo qué le causa tanta gracia a mi primo del nombre de mi novio, pero no debo esperar por una explicación, ya que él se apresura a explicarse. ─Lo siento, es sólo que la forma en la que se presentó sonó igual a una película de James Bond.
Ni siquiera el comentario bastante infantil de Dudley puede eliminar la inmensa sonrisa que siento apoderarse automáticamente de mi rostro, y a pesar de que no puedo verme, estoy seguro de que mis ojos están derrochando ilusión y esperanza por doquier. ¡No puedo creer que estoy a pocos minutos de volver a ver a Draco!
Inspiro con fuerza para tratar de calmar el descontrol de emociones que siento crepitar en mi interior, y luego me giro hacia Dudley para hacerle saber algo que debí haberle dicho ni bien me aparecí detrás de él.
─¿Sabes, Dudley? Si este resulta ser Draco, nunca podré pagarte lo suficiente por haberlo encontrado.
Dudley suelta una risita incómoda al escucharme decir esto, y después de observarme de reojo, dice algo que me deja con sensaciones contradictorias dentro de mi interior.
─Es lo mínimo que puedo hacer, ¿sabes? Considera esto como una forma de compensarte por toda la mierda que mis padres y yo te hicimos pasar de pequeño. Sé que esto no será suficiente para merecer tu perdón, pero es una forma de hacerte saber que realmente lo siento.
Observo el rostro verdaderamente arrepentido de mi primo, y eso es lo único que necesito ver para perdonarle por completo todos los errores cometidos en el pasado, después de todo, la forma en la que Dudley actuó de pequeño conmigo siempre estuvo fomentada por el odio que Petunia y Vernon me tenían, pero que, una vez libre de la influencia de sus padres, nada quedó de aquel pequeño mocoso mimado que Dudley solía ser. De hecho, y si debo ser absolutamente honesto al respecto, mi primo ha llegado a convertirse en una persona que es digna de mi respeto. Habiendo tomado la decisión, le sonrío con lo que espero que sea un gesto apaciguador, y digo: ─Sólo para que lo sepas, ya te he perdonado por lo ocurrido en nuestra infancia. Nunca te odié realmente, ¿sabes? Sí, no voy a negar que solían molestarme los malos tratos que recibía de tu parte, pero con el tiempo pude comprender que sólo actuabas de esa forma porque tus padres te incitaban a ello. De hecho, las cosas parecieron cambiar entre nosotros después de que ese dementor nos atacó.
Siento a Dudley dar un respingo en el asiento al recordar ese incidente ocurrido antes de comenzar mi quinto año en Hogwarts, y como mi intención no es traerle malos recuerdos, especialmente después de que él fue capaz de hallar a Draco, aclaro mi garganta y termino de dejarle en claro que no hay resentimientos entre ambos.
─Pero fueron las palabras que me dijiste la última vez que nos vimos, antes de reencontrarnos, las cuales me hicieron darme cuenta de que realmente habías cambiado. No sé si lo recuerdas, pero el día que tú y tus padres fueron a ocultarse con las personas de la Orden, me dijiste que no me considerabas un desperdicio de espacio, como solían verme tus padres. Ese día, pude ser capaz de perdonarte gran parte de todos los errores que cometiste conmigo, pero con esto que acabas de hacer hoy, puedo asegurarte que lo has compensado con creces. Honestamente, no tengo nada que perdonarte, Dudley. Has podido encontrar a la persona que más me importa en este mundo, y eso es más de lo que cualquiera ha hecho por mí hasta ahora.
La sonrisa de Dudley se extiende por todo su rostro y hace que sus mejillas se coloreen, pero eso no cambia la determinación que tiene mi primo por llevarme cuanto antes junto a Draco, por el contrario, acelera aún más el auto y conseguimos llegar al vecindario peligroso en tiempo récord. A pocos metros de distancia puedo ver la bendita panadería, y sin esperar a que Dudley aparque el auto, salgo del vehículo dando un salto hacia la calle. Rápidamente, comienzo a correr hacia la tienda, mientras puedo oír a Dudley detrás de mí apagando la sirena y estacionando el patrullero.
El trayecto hasta alcanzar la puerta de la panadería se me hace francamente eterno, y después de lo que parecen haber sido siglos enteros, finalmente alcanzo la perilla de la puerta y giro el picaporte. La puerta se abre dando un tintineo de una campanilla que resuena por encima de mi cabeza, y es entonces, cuando lo veo. Lo veo y no puedo creer cómo no me volví completamente loco estando lejos de él durante dos días enteros.
Porque allí, parado delante de un mostrador y haciendo girar un gorro de pastelero entre sus dedos, se encuentra Draco, mi Draco. Inmediatamente, siento cómo la respiración se me detiene al verlo igual de hermoso y perfecto que siempre, incluso con esa extraña chaqueta de panadero que realza de una forma algo espeluznante su piel pálida, aunque esto no podría importarme menos, porque no encuentro nada más que perfección al ver la silueta de mi dragón.
No tengo idea del tiempo que paso aturdido en la puerta de entrada, con lágrimas de felicidad empañándome la vista y rodando a través de mis mejillas como pequeñas gotitas, pero debe haber sido bastante, ya que Draco se percata de mi presencia y posa su vista en mí. Nuestras miradas se encuentran automáticamente, y es entonces, donde el rostro de Draco se llena de sorpresa y algo que no alcanzo a terminar de identificar, pero que se parece extrañamente a la incredulidad. Su boca se abre ligeramente en un pequeño círculo, como si no pudiera creer lo que ven sus ojos, es casi como si yo fuera alguna clase de producto de su imaginación; y por más que esto debería ser capaz de hacer sonar cientos de alarmas en dentro de mi mente, lo único en lo que puedo pensar es en acortar la distancia que nos separa. He estado demasiado tiempo separado de él, no esperaré ni siquiera por un segundo más.
Sin la necesidad de decir nada, acorto en dos grandes zancadas la distancia que se interpone entre nosotros, y me lanzo hacia sus brazos para abrazarlo con todas mis fuerzas. Mi rostro queda enterrado contra su pecho y siento cómo miles de lágrimas de felicidad comienzan a caer desde mis ojos al sentir la calidez que emana del cuerpo de Draco.
─¡Draco! ¡Oh, por Merlín bendito! ¡No tienes idea de lo feliz que me hace haberte encontrado! Tenía...tenía tanto miedo de no volverte a ver.
La forma en la que estoy aferrándome al cuerpo de Draco está tan cargada de desespero que, incluso, consigo hacerlo trastabillar contra el mostrador que tiene detrás de él, sin embargo, eso no evita que yo deje de apretarme contra mi novio como si la vida se me fuera en ello. Draco, por su parte, parece completamente aturdido por mi exagerada reacción y sin saber muy bien qué hacer, y sólo se queda en silencio contra el mostrador mientras me permite acurrucarme contra su pecho. Sin embargo, y por muy a gusto que me encuentre en los brazos de Draco, no puedo negar que hay algo verdaderamente fuera de lugar en toda esta situación. Esto queda confirmado cuando mi mente consigue dejar de lado la emoción que me produzco el volver a ver a mi novio, para pasar a señalarme con crueldad la forma en la que Draco todavía no ha devuelto mi abrazo. De hecho, y como si se tratara de una pesadilla específicamente creada para torturarme, los brazos de Draco permanecen aturdidos a los costados de su cuerpo y sin intenciones de sostenerme contra él.
Y yo no necesito más confirmación que esta para saber que mis sospechas son ciertas, aunque Draco se encarga de dejarme en claro que mis temores son ciertos cuando lo escucho soltar una risa nerviosa. Luego, sus manos se colocan sobre mis hombros para poder apartarme, con delicadeza, sí, pero apartarme, al fin y al cabo.
─No es que esté quejándome por recibir esta muestra tan efusiva de afecto de alguien como tú, pero, ¿puedo saber quién eres? ¿Acaso te conozco?
Y eso es todo lo que necesito oírle decir para que termine de asentarse la realidad dentro de mi mente, aquella misma que yo ya sabía que encontraría una vez que hallara a Draco y a la cual he estado haciéndome a la idea, pero que, aun así, ha conseguido dejarme con el corazón completamente desgarrado en agonía.
No me recuerda.
Draco no me recuerda.
Mis ojos vuelven a llenarse de lágrimas, pero estas ya no son de felicidad, sino que son un producto de la tristeza que me genera el saber que mi novio ha perdido por completo su memoria. Siento mi pecho contraerse dolorosamente y a mi garganta dar punzadas que me dejan algo aturdido, pero me obligo a ser fuerte por Draco porque no puedo dejar que vea lo mucho que está dañándome que no me recuerde. Desafortunadamente, nunca he sido un gran actor, y a diferencia de Draco, jamás se me dio bien eso de esconder mis emociones detrás de una máscara de indiferencia, con lo cual Draco puede ver con gran facilidad lo que de verdad estoy sintiendo; tal es así, que su rostro se llena automáticamente de preocupación.
─No me recuerdas, ¿verdad?
Digo con la voz cargada de tristeza en una pregunta que es completamente obvia para cualquiera, pero que, en mi estado de desolación, ni siquiera puede importarme el quedar como un idiota despistado. Draco, por su parte, niega con la cabeza y me observa con curiosidad a través de esos ojos grises que siempre han sido capaces de hacerme estremecer.
─No, lo siento. No te recuerdo. Yo… he perdido la memoria.
Un sollozo escapa de mi boca sin que pueda retenerlo a tiempo, y a través de ojos vidriosos, puedo ver que Draco parece realmente preocupado por mí. No queriendo generarle más inquietudes, especialmente cuando esta situación ya es lo suficientemente confusa para él en estos momentos, me obligo a dejar de lado todo el mar de emociones que están atormentándome y me fuerzo a mostrar una tranquilidad que claramente no estoy sintiendo. Después de todo, lo último que quiero es asustar a Draco.
Habiendo tomado esta decisión, inspiro con fuerza para darme ánimos, y luego de que limpio mis lágrimas de forma descuidada, poso la mirada en Draco, y digo: ─Lo sé, Draco. Y realmente lo siento.
La mirada de Draco me recorre de arriba hacia abajo con gran curiosidad y en un gesto que me provoca agradables escalofríos, uno que, a simple vista, parece indicar que él está intentando coquetear conmigo. El pensamiento es absurdo en sí mismo, especialmente porque yo ya soy su novio, pero sólo cuando este pensamiento me asalta, es cuando me doy cuenta de que él todavía no sabe quién soy o, al menos, no lo recuerda. Queriendo cambiar esta situación cuanto antes, me aclaro la garganta y me presento con un murmullo que me hace querer golpearme internamente por lo débil que sueno.
─Soy Harry. Soy tu novio.
La reacción que obtengo de parte de Draco no es la que esperaba. Honestamente, no sé bien qué esperaba de mi declaración, pero ciertamente no lo que obtuve; porque las cejas de mi novio se fruncen de inmediato en confusión y una gran sospecha comienza a acechar a través de esos hermosos ojos grises. Finalmente, y después de haber permanecido en silencio durante tres segundos que han sido agonizantes, Draco eleva una de sus cejas y me pregunta algo empleando ese tono autoritario y dominante que tanto lo caracteriza.
─¿Harry? ¿Harry qué?
─Harry Potter.
Después de que digo mi nombre, le sonrío con cariño y me armo de paciencia para responder a los cientos de preguntas que seguramente tendrá para mí. La campanilla de la panadería vuelve a sonar, y por el rabillo del ojo veo que mi primo ha conseguido estacionar el auto y finalmente se ha unido nosotros, sin embargo, mis pensamientos se ven interrumpidos cuando vuelvo a posar la vista en Draco y lo veo abrir los ojos de par en par, para luego soltar una exclamación que nos deja a Dudley y a mí completamente descolocados.
─¡GREG, MALDITO BASTARDO! ¡MUEVE TU GRAN TRASERO AQUÍ DE INMEDIATO! ¡TIENES MUCHO QUE EXPLICAR!
La puerta de la trastienda se abre de golpe, y por ella atraviesa un nervioso Gregory Goyle. Sus ojos se posan de inmediato en la escena que tiene frente a sí, y sólo cuando me ve parado junto a Draco, consigue salir de su asombro.
─¿Potter? ¡¿Qué diablos haces tú aquí?!
Y aunque hubiera querido responderle, no habría podido hacerlo porque Draco se me adelanta y evita que responda.
─¡Oh, no! Lo importante no es por qué él está aquí, sino por qué decidiste ocultarme el hecho de que, al parecer, Harry Potter, el Auror que según tú nos odia y que está dispuesto a todo con tal de vernos sufrir, ¡ES MI JODIDO NOVIO!
─¡¿LE DIJISTE QUÉ?!
Exclamo esto último con un grito completamente ultrajado, mientras disparo dagas a través de mis ojos hacia el rechoncho ex Slytherin. Las cejas de Goyle se elevan hasta el cielo al escuchar a Draco, y con gran incredulidad, se gira hacia mí, y dice: ─¿Novio? ¿De verdad?
─¡Sí, de verdad! ─Draco vuelve a espetar con marcada irritación, mientras lanza miradas asesinas en dirección a Goyle, miradas que no son ignoradas por este último, ya que se apresura a elevar las manos en señal de disculpa para apaciguar a mi novio.
─¡¿Y cómo se supone que yo debería saber eso, Draco?! No he vuelto a nuestro mundo desde que los juicios terminaron. No he tenido una mínima idea de lo que ha sido de tu vida desde entonces, excepto por lo ocurrido con tus padres. Y eso sólo pude saberlo debido a que, ese día, me encontraba realizando un trámite en el banco y pude ver los periódicos del día.
Después de que Goyle termina su explicación, Draco se queda observando el suelo completamente perdido en sus pensamientos durante unos cuantos segundos, finalmente y para alivio de todos, parece salir de este aturdimiento y vuelve a girarse hacia mí con una mirada muy seria plasmada en su rostro. Luego, me pregunta algo que hará que Goyle comience a intentar hacerlo callar para evitar exponer nuestro mundo ante Dudley.
─¿Es cierto lo que dijo Greg? ¿Realmente eres un Auror?
─Draco, no creo de debamos hablar de…
Goyle intenta silenciar a Draco, pero sólo recibe un rodar de ojos y una reprimenda cargada de sarcasmo por parte de mi novio.
─¿Y por qué no? El oficial Dursley parece estar al tanto de quiénes somos en realidad. No veo el motivo por el cual debamos hablar en códigos.
─De hecho, ─Dudley se aclara la garganta y da un paso al frente en un acto de valentía que jamás lo hubiera creído de parte de él, antes de terminar de confirmarle a Draco que él está en lo cierto, Dudley ciertamente sabe más sobre el mundo mágico de lo que aparenta. ─sí estoy al tanto de su mundo. Soy primo de Harry, por cierto. De parte materna, pero yo no soy un mago como él.
─¿Ves? Te lo dije. ─Draco dice esto con un exasperado rodar de ojos, para luego volver a posar la vista en mí con gran insistencia. ─Entonces, ¿eres un Auror?
─Sí, lo soy.
Draco me observa con suspicacia durante unos segundos que se me hacen eternos, y cuando finalmente parece decidirse a expresar lo que pasa por su mente, lo hace con un tono demandante que me recuerda un poco al chico arrogante y mimado que mi novio solía ser en Hogwarts.
─Entonces, si eres un Auror, vas a tener que tomar mi denuncia e investigar a la persona que, no sólo me borró la memoria, sino que, además, me golpeó y depositó en este lugar para que me maten. ─Draco frunce el ceño con molestia, provocado por lo que supongo que es algún recuerdo que tiene de esa noche en la que Ginny lo dejó aquí, y esto queda confirmado cuando vuelve a hablar y hacernos saber lo que recuerda. ─Fue una mujer, de eso estoy completamente seguro, pero no pude ver quién era porque todo estaba muy oscuro esa noche.
Cuando Draco termina de decir esto, siento mis ojos volver a llenarse de tristeza y angustia al verme obligado a revivir, una vez más, este calvario por el cual Ginny nos ha estado haciendo pasar durante años. No queriendo dilatar más este momento, especialmente cuando la tensión del lugar parece ser capaz de cortarse con un cuchillo, suelto un suspiro desganado y hago un breve resumen de todo lo que ha ocurrido.
─Sí, lo sé. Sé quién te hizo eso, Draco. Fue Ginny Weasley, mi ex prometida.
Y así comienzo mi relato, les hablo sobre cómo Ginny estuvo envenenándome con Amortentia desde el mismo momento en el que ella supo que yo la dejaría porque me había enamorado de Draco. Les hablo sobre los intentos de secuestrar a Draco para apartarlo de mí, y de cómo pudo tener éxito en este último, aunque no menciono nada acerca de Charlie y esa Poción de Lujuria con la cual George y Ginny pudieron obtener esas fotos comprometedoras. No sé por qué evito decir esto, ya que no tengo intenciones de ocultarle nada de esto a Draco, pero, de todos modos, siento que este no es el momento adecuado para sacar esto a flote. Finalmente, termino mi relato explicándoles cómo pude ser capaz de hallar a Draco gracias a la lista que hizo Hermione para mí, y a mi primo, quien fue el héroe inesperado de esta historia.
─¡Merlín, Potter! ─Suelta Goyle con un silbido asombrado, a la vez que me observa con algo que se asemeja a la pena. Genial, justo lo que siempre he querido, lucir como alguien débil frente a este mastodonte que solía ser amigo de Draco. ─Tu prometida…
─Ex prometida.
Espeto esto último con los dientes apretados y con un rencor tan profundo que incluso consigo sobresaltar a Goyle en el lugar. Honestamente, el simple hecho de que alguien mencione a Ginny como mi "prometida" es capaz de producir un preocupante odio dentro de mi ser, odio y una gran molestia que amenaza con arrasar todo a su paso. Afortunadamente, Goyle parece haber adquirido algo de inteligencia a lo largo de los años, porque se percata de inmediato de su error y se apresura a corregirse.
─Sí, eso, ex prometida. Tu ex prometida realmente está loca.
Asiento para hacerle saber que estoy completamente de acuerdo con él, algo que jamás imaginé que ocurriría, y me dedico a observar a Draco de reojo lo más disimuladamente que puedo. Mis dedos pican insoportablemente por entrelazarse con los de él, y el abrumador deseo que tengo por volver a acurrucarme contra su pecho está volviéndome loco, pero me obligo a ser paciente y no incomodar a mi novio, quien claramente parece bastante sobrepasado con todo lo que ha descubierto hasta ahora.
─De todos modos, no estoy seguro de creerte por completo.
Mis pensamientos son traídos nuevamente al presente cuando escucho a Goyle decir esto último con gran desconfianza, a la vez que se cruza de brazos sobre el pecho en ese gesto amenazante que solía portar en Hogwarts. Inmediatamente, vuelvo a poner toda mi atención en el hombre rechoncho y le lanzo una mirada completamente irritada, aunque eso no consigue intimidar para nada a Goyle, por el contrario, éste último se gira hacia Draco y comienza a hablar con él como si no le importara el hecho de que todavía me encuentro aquí y siendo capaz de escuchar todo lo que piensa.
─No lo sé, Draco. Todo esto es muy extraño. Se me hace muy raro que tú y Potter, supuestamente, se agraden tanto. ¡Ambos solían odiarse en Hogwarts! ¿Cómo puedes pasar de odiar a una persona, a estar saliendo con ella? Ciertamente no parece ser real. ─Goyle dice esto con un encogimiento de hombros, como si no le preocupara en lo más mínimo el hecho de haber cuestionado frente a mi persona los sentimientos que tengo por Draco. Afortunadamente para este imbécil, no tengo oportunidad de hechizarle las pelotas por atreverse a cuestionar mi relación con Draco, porque continúa hablando para proponer una idea que, lo admito, debió haber pasado por mi mente en el mismo momento en el cual Dudley me dijo que había encontrado a Draco en esta panadería. ─¿Sabes? Quizás sea hora de que llamemos a Pansy y a Blaise. Estoy seguro de que, si lo que Potter dice es cierto, ellos podrán confirmarlo.
Siento un gran enfado recorrerme por completo al escucharle decir esto, pero entiendo de dónde surgen las sospechas de Goyle al respecto. Ciertamente no debe ser fácil de asimilar que Draco y yo estemos saliendo, siendo que en Hogwarts no hacíamos nada más que pelear y buscar maneras de lastimarnos el uno al otro. No, realmente no debe ser sencillo de comprender, especialmente para alguien como Goyle, el cual nunca se ha caracterizado por ser la persona más lista del mundo. Viendo que no puedo recriminarle nada por sus sospechas infundadas, mucho menos cuando él sólo está tratando de ser un buen amigo para Draco, uno que parece haber vuelto a ocupar ese lugar de "guardaespaldas" de mi novio, me obligo a armarme de paciencia y permitirle quitarse todas las dudas que todavía le queden con Pansy y Blaise.
─Bien, si quieres confirmar mi versión con Pansy y Blaise, ¡hazlo! Ellos te dirán lo mismo que yo te dije. De hecho, somos amigos ahora, ¿sabes?
Digo todo con un tono bastante exhausto, y sólo me doy cuenta de algo que debí haber notado antes cuando una idea asalta a mi mente. ¡¿Por qué demonios Goyle nunca contactó a Pansy y a Blaise hasta ahora?! ¡Eso podría haber sido fundamental para hallar a Draco mucho antes! No encontrando ninguna buena explicación a este hecho, y sintiendo renovadas sensaciones de molestia hacia el hombre rechoncho que tengo en frente, aprieto mis manos en puños y dejo salir con rabia todas las dudas que tengo.
─Y ahora que lo mencionas, ¡¿por qué nunca contactaste con ellos en primer lugar?! ¡Draco ha estado desaparecido durante dos días enteros! ¡¿No se te pasó por la cabeza que Pansy y Blaise estarían preocupados por él y estarían buscándolo?!
Goyle parece encogerse en el lugar ante mi reprimenda, porque sus hombros anchos se encorvan hacia abajo y sus mejillas adquieren una tonalidad rojiza. Y a pesar de que mi tono es autoritario y podría ser capaz de asustar a más de un mago, Goyle consigue reunir, para mi mayor sorpresa, una cantidad de valentía suficiente como para poder explicar el motivo por el cual no han contactado con Pansy y Blaise hasta ahora.
─¡Sí pensé en contactarlos! Pero Draco me dijo que no fue capaz de identificar a la persona que lo atacó, así que no podía asegurarle en quién podíamos confiar. Ya lo he dicho, no he vuelto al mundo mágico desde que los juicios terminaron y no he estado en contacto con nadie de allí; no había forma de que yo supiera que Draco seguía siendo amigo de Pansy y Blaise, y que ellos nunca hubieran sido sus atacantes.
Asiento nuevamente para hacerle saber que entiendo el motivo por el cual actuó de la manera en la que lo hizo, pero eso no termina de eliminar por completo la gran frustración que siento crepitar dentro de mi pecho. Podría haberme ahorrado dos días de absoluta desesperación y descontrol emocional si simplemente Goyle hubiera llamado a Pansy y a Blaise en primer lugar. Sin embargo, de nada sirve llorar sobre la poción derramada, con lo cual aparto estos pensamientos de mi mente y saco la varita de Draco para conjurar un Patronus. Inmediatamente, mi ciervo plateado se manifiesta frente a nosotros y yo me dedico a realizar los movimientos suficientes para que éste pueda enviarles las coordenadas de aparición a Pansy y Blaise. Cuando termino de hacer todo esto, dejo que mi Patronus salga galopando hacia el cielo y en dirección a la mansión de los amigos de mi novio. Por el rabillo del ojo puedo ver la sorpresa y curiosidad con la que Dudley y Goyle observan esta gráfica manifestación de mi magia, pero toda mi atención está puesta en beber cada imagen del rostro de Draco. La absoluta fascinación con la que mi novio observa boquiabierto el ciervo plateado está haciendo que mi corazón sangre de amor por él.
Nuevos deseos de abrazarme contra el pecho de Draco vuelven a apoderarse de mi ser, aunque me obligo a permanecer quieto en el lugar que me encuentro porque no creo que Draco aprecie mi presencia de esa forma en este preciso momento. Esta suposición es desgarradora y capaz de dejarme con una sensación de impotencia dentro del pecho, pero no tengo tiempo para perderme en estos pensamientos depresivos, ya que dos fuertes apariciones resuenan con fuerza dentro de la panadería, y segundos después, las figuras de Pansy y Blaise se materializan frente a nosotros.
Un agudo grito escapa de la boca de Pansy al ver a Draco parado a pocos centímetros de su cuerpo, y sin darle tiempo a que reaccione, ella se lanza a los brazos de mi novio para abrazarlo con una fuerza casi sobrehumana.
─¡Draco!
Pansy murmura incoherencias contra el pecho de Draco, incoherencias que suenan extrañamente a palabras entrecortadas con sollozos, y que están provocando que Draco la observe con impotencia, es casi como si él no supiera cómo lidiar con el manojo de lágrimas en el que se ha convertido Pansy. Nuestras miradas se conectan durante unos segundos, y en esos hermosos ojos grises puedo ver con claridad el desesperado pedido de auxilio que está dándome. No queriendo incomodar más a Draco, me dispongo a salvarlo del letal abrazo de oso en el que Pansy lo tiene retenido, pero soy interrumpido cuando Blaise posa una de sus grandes manos contra mi hombro derecho, y dice: ─Sabía que lo encontrarías, hombre.
─Gracias, pero el crédito no es todo mío. Fue a Hermione a quien se le ocurrió buscar en este vecindario y, en realidad, fue mi primo quien encontró a Draco.
Digo todo esto con una sonrisa apenada bailando por mi rostro, mientras siento cómo mis mejillas arden en vergüenza. Blaise, por su parte, sólo vuelve a apretarme el hombro y emprende sus pasos para apartar a su esposa de Draco. Una vez que lo consigue, le da un fuerte abrazo fraternal a su amigo, y dice: ─Es bueno volver a verte, hermano.
Draco le sonríe a Blaise, pero la clara desconfianza que puede observarse en su mirada delata de inmediato el hecho de que él no los recuerda. Los ojos de Blaise se llenan de tristeza al reconocer que su amigo no los recuerda, pero se apresura a colocar una falsa sonrisa despreocupada para no alterar a Draco. De verdad, Draco no podría haber elegido un mejor amigo que él. Realmente me alegra que mi novio tenga a estas maravillosas personas a su lado, las cuales parecen estar dispuestas a hacer lo que sea con tal de verlo feliz.
─No te preocupes, hombre. Encontraremos la forma de devolverte tus recuerdos, ya lo verás.
Pansy asiente junto a su esposo, y sólo entonces parece recordar algo de gran importancia, porque se sobresalta en el lugar, y dice: ─¡Oh! ¡Casi lo olvido!
Pansy lanza una rápida mirada sobre las personas que nos encontramos en esta panadería, la cual parece estar bastante abarrotada con tantos ocupantes dentro, y finalmente, camina hasta posarse frente a Dudley. Sin darle tiempo a que reaccione, Pansy toma las manos de Dudley entre las suyas y comienza a balbucear una apresurada seguidilla de agradecimientos que dejan a mi primo completamente sorprendido y bastante cohibido.
─Así que tú fuiste quien encontró a Draco, ¿verdad? ¡Gracias! ¡Gracias! De verdad, no tienes idea de lo agradecida que estoy contigo por haberlo encontrado. Nunca podremos pagarte lo suficiente por esto, pero, al menos, podemos darte el premio de la recompensa que habíamos puesto para hallar a Draco. Haré que los duendes te transfieran inmediatamente el millón de galeones. ¿A nombre de quién debo transferirlo?
Mis ojos se abren increíblemente al escuchar acerca de la recompensa que Pansy y Blaise, al parecer, estaban ofreciendo para obtener cualquier información que pudiera ayudarnos a encontrar a Draco. Realmente no tenía idea de nada de esto, pero me alegra que ellos se hayan tomado la desaparición de Draco con la seriedad requerida. Si bien este método que eligieron no hubiera servido de mucho contra alguien como Ginny, al menos, me ha valido para saber cuánto se cuidan entre ellos los Slytherin. Vamos, que no cualquier persona sería capaz de ofrecer un millón de galeones sólo para obtener alguna pista de utilidad. ¡Un millón de galeones! ¡Eso es mucho dinero mágico! Y a pesar de que no habría dinero en el mundo capaz de igualar el valor de lo que mi novio representa, aun así, es de admirar cuán generosos pueden ser Pansy y Blaise cuando se trata de su amigo.
Y si yo he quedado bastante sorprendido con todo esto, la forma en la que los ojos de Dudley se abren desorbitados me da un indicio de lo atónito que él se ha quedado con esto; porque no se necesita ser un genio, o vivir en el mundo mágico, para saber que esta recompensa es francamente millonaria. Por fortuna, Dudley parece escapar de este aturdimiento al cual lo ha sometido Pansy, y aclarándose la garganta, dice: ─No sé qué es un galeón, pero no necesitas pagarme. Sólo hice mi trabajo.
Pansy observa el rostro de Dudley con curiosidad y algo de confusión, como si no pudiera ser capaz de comprender el motivo por el cual él no conoce nuestra moneda. Sin embargo, el momento de confusión dura poco, ya que sus ojos adquieren rápidamente un brillo victorioso y vuelve a dirigirse a mi primo, esta vez, con mayor confianza, una que sólo es posible adquirir a través de años de aristocracia mágica.
─¡Oh! Eres un mugle, ¿verdad? No te preocupes, podemos cambiar los galeones por dinero de tu mundo. ─Pansy se gira hacia mí, y empleando ese tono cargado de superioridad y confianza que tanto la caracteriza, me pregunta: ─Harry, cariño, ¿cuál es el dinero de los muggles?
─Hay muchas formas diferentes de dinero muggle, pero aquí se utiliza la libra esterlina.
─Bien, entonces, en libras esterlinas será.
Sin embargo, Dudley se apresura a levantar las manos y negar con la cabeza para detener todo esto.
─De verdad, no necesitan darme nada porque es mi trabajo. Soy un policía, ¿sabes? Es algo así como lo que Harry es para ustedes, ¿verdad? ─Dudley me da una mirada para que pueda asegurarle si sus suposiciones son ciertas, y cuando me ve asentirle, le regala una sonrisa amable a Pansy y vuelve a intentar hacerle ver que no necesita pagarle por esto que hizo. ─De hecho, cobrar una recompensa monetaria por mis servicios sería considerado inmoral y podría traerme problemas en el cuartel.
─Entonces te heredaremos una propiedad. No hay forma de que tu gente pueda rastrear eso, y heredar un bien material no es ilegal.
Blaise, quien se encontraba junto a Draco, se acerca y dice estas palabras con ese tono grave de voz que tiene, mientras se encarga de rodear la cintura de Pansy en un gesto cariñoso.
─¡Oh! ¡Bien pensado, cariño! Podríamos darle el piso de Kensington. ¿Qué dices?
─Estoy de acuerdo, amore mio. ─Suelta Blaise contra el cabello de su esposa, y luego, se gira hacia Dudley y comienza a describirle con detalle el dichoso piso que parece valer más que el palacio de la reina de Inglaterra. ─Te encantará, ya lo verás. Tiene una terraza que…
Y eso es todo lo que necesito oír para desconectarme de Pansy, Blaise, Goyle y mi primo, y enfocar toda mi atención en lo único que debería importarme, es decir, en Draco. La presencia de una persona a mi lado me sobresalta y consigue hacer que dé un respingo en el lugar, y cuando me giro hacia la izquierda, descubro que es Draco quien se ha acercado hasta colocarse a escasos centímetros de mí.
Una sonrisa divertida asoma por los apetecibles labios de mi novio, pero finjo no haber notado este hecho y vuelvo a observarlo de reojo. Draco, por su parte, eleva una ceja en alto y se asegura de cruzar los brazos sobre su pecho, antes de comenzar a hablarme con un tono de voz que me deja completamente nervioso y muy acalorado.
─Sabes, es algo curioso.
─¿Qué… qué es curioso?
Respondo con un nervioso balbuceo que me avergüenza más de lo que me gustaría admitir. Honestamente, ¡¿cómo es posible que él sea capaz de reducirme a este ser balbuceante sólo con dirigirse a mí de esa forma?! Uno creería que, después de haberme entregado por completo a Draco, no me quedaría ni un leve rastro de vergüenza frente a él, sin embargo, esto no es así. Por el contrario, la forma en la que Draco está encargándose de recorrerme con la mirada de arriba hacia abajo y como si yo no fuera nada más que un oasis en medio de un desierto, está consiguiendo dejarme absolutamente sonrojado.
¡Por Merlín bendito! ¿Cómo es esto posible siquiera? Draco me ha visto completamente desnudo, lo he tenido dentro de mi cuerpo y me ha hecho cosas que sólo imaginé en mis más perfectas fantasías, pero, aun así, él es capaz de dejarme como un adolescente enamorado con una sola de sus miradas ardientes de su parte. De hecho, y si debo ser absolutamente honesto, esto se siente como si fuera la primera vez que Draco coquetea conmigo. El pensamiento es ridículo en sí porque ambos ya estamos saliendo, pero esa es la cuestión, ¿verdad? Draco no recuerda este hecho. Él no recuerda nada, por lo tanto, todo es nuevo para él, incluso lo son aquellos sentimientos de atracción que, por lo visto, está sintiendo por mí.
Y a pesar de que debería sentirme desdichado debido a que mi novio no me recuerda, hay algo particularmente gratificante al saber que Draco, incluso sin tener ningún recuerdo consigo, es capaz de sentirse atraído por mí. Es una sensación casi mágica el hecho de confirmar con mis propios ojos que, sin importar qué nos separe, siempre habrá algo que nos seguirá atrayendo el uno hacia el otro. Tal vez George estaba en lo cierto, tal vez Draco y yo sí somos almas gemelas destinadas a encontrarse por siempre.
Soy arrancado de estos pensamientos empalagosos en los que he caído cuando siento a Draco soltar una risita divertida, y volver a hablarme con ese tono que derrocha confianza y travesura, uno que he llegado a amar con el paso del tiempo.
─Lo que es curioso es que, si bien no tengo recuerdos de ti, aun así, he estado soñando con alguien exactamente igual a ti durante estos dos días.
─¿Y qué soñaste?
Pregunto esto con un deje de desconfianza, reconociendo al instante el brillo malicioso en los ojos de Draco, uno que no augura nada bueno. Y mis sospechas se confirman cuando lo siento inclinarse hasta poder murmurar unas palabras contra mi oreja, unas que me dejan completamente sonrojado y temblando de deseo por él.
─Nada que pueda ser descrito delante de nuestros amigos, eso puedo asegurártelo.
Y como era de esperarse, mis mejillas adquieren un preocupante sonrojo luego de que Draco deja salir aquellas palabras que prometen una infinidad de perversiones sexuales. ¡Oh, por los calzones rojos y dorados de Gryffindor! A este paso, no me extrañaría que Draco pueda hacerme correr sólo con volver a murmurar obscenidades contra mi oreja.
Tratando de no quedar en evidencia frente al resto de ocupantes del lugar, trato de decir algo para desviar la atención de Draco de esos pensamientos, pero vuelvo a ser interrumpido cuando él me pregunta algo que me deja balbuceando y con las mejillas hirviendo.
─Por cierto, ¿el apodo 'gatito' significa algo para ti? No he dejado de soñarte llamándote de esa forma, ¿sabes?
─Sí, de hecho, sí. Ese es el apodo con el que Etamin, el personaje que te representa, suele llamar a Leonis, el personaje basado en mí. ─Le explico en un susurro avergonzado, mientras siento mi rostro entrar en combustión. Con el único propósito de traer algo de calma a la situación en la que me encuentro, me dedico a contarle acerca del origen de ese apodo. Quizás, y si tenemos un poco de suerte, algunos de los recuerdos de Draco regresen a él después de que termine con ello. ─Eres un escritor, ¿sabes? Escribes en el género de fantasía, y 'Constelaciones' es la saga de siete libros que te hizo famoso.
Draco parece verdaderamente sorprendido de descubrir que es un escritor, y es entonces, donde aprovecho este momento para terminar de explicar para qué otra cosa suele utilizar él este apodo.
─Por algún motivo que no termino de comprender, siempre me has encontrado parecido a un gatito, así que utilizaste este apodo para que tu personaje llamara al mío con cariño. Y cuando comenzamos a salir, bueno… ─Hago una pausa en mi relato y me pregunto si decir lo que pasa por mi mente en este momento es sensato. Después de todo, este no parece ser el lugar ni el momento adecuado para confesar algo tan personal. Sin embargo, la situación en la que nos encontramos es más seria de lo que parece, y me veo forzado a hacer a un lado toda la vergüenza que tengo sólo para hacer lo que sea con tal de que Draco pueda recordar. ─Digamos que, cuando comenzamos a salir, también empezaste a llamarme 'gatito'.
Draco asiente para hacerme saber que me escuchó, pero, afortunadamente, no parece querer soltar ningún comentario ingenioso o provocativo al respecto. Por el contrario, se queda ensimismado observando la forma en la que Pansy está regañando a Goyle por no haberlos llamado a ellos ni bien encontró a su amigo.
─¡No vuelvas a hacer algo como eso! ¡¿Me oíste, Greg?! ¡Ya deberías saber que Blaise y yo jamás lastimaríamos a Draco adrede! ─Pansy le lanza una mirada muy intimidante a Goyle, el cual parece a un paso de orinarse en sus pantalones, pero, para su mayor tranquilidad, ella parece haber descargado toda la frustración que tenía acumulada en su interior, para pasar a rodar los ojos y darle un breve abrazo a su rechoncho amigo. ─De todos modos, gracias por encargarte de cuidarlo.
Blaise asiente en acuerdo, y después de apretarle el hombro a Goyle y prometerle reunirse pronto para ponerse al día, el matrimonio se acerca hasta donde nos encontramos y vuelven a abrazar a Draco con fuerza.
─Te dejaremos con Harry para que pueda llevarte con un Sanador que te administre el antídoto. Ha sido un día muy largo, y estoy segura de que necesitas descansar, cariño. ─Pansy dice esto en dirección a Draco con un tono maternal que para nada se corresponde con la chica altiva que creí conocer, y luego se gira hacia mí para aclarar algo que me dejará sonriéndole con agradecimiento. ─Ambos lo necesitan.
Draco asiente para hacerles saber que está de acuerdo con ello, y segundos después, Pansy y Blaise desaparecen con un fuerte chasquido. Por el rabillo del ojo veo a mi primo acercarse tímidamente a Goyle, y sólo entonces, me percato del gran sonrojo que cubre a ambos. ¡Merlín! Dudley y Goyle, ¿juntos? ¿Quién lo hubiera dicho? Ciertamente nunca se me hubiera pasado por la cabeza. Sin embargo, cualquier distracción que haya tenido con esa pareja inesperada queda relegada a un rincón apartado de mi mente cuando siento a Draco comenzar a apartarse de mí. Inmediatamente, y sin pensar siquiera en lo que hago, mi mano sale disparada hasta conseguir sostener con fuerza la de Draco.
No sé por qué lo hago, tampoco entiendo del todo el motivo de la desesperación que ha surgido de repente en mí, lo único que sé es que el miedo paralizante que estoy sintiendo a que Draco esté fuera de mi alcance me hace ser irracional. Draco, por su parte, nota de inmediato lo que hice y sólo eleva una ceja en alto para cuestionarme por mi reacción exagerada. Al ver que el pánico que estoy sintiendo no me permite pensar con la claridad suficiente como para justificarme, se encarga de mover frente a mis ojos el gorro de pastelero que todavía tiene en su mano izquierda.
─Sólo voy a devolverle esto a Greg.
─¡Oh! Sí, claro. Lo siento.
Me apresuro a soltar, muy a regañadientes, la mano de Draco, mientras intento hacer retroceder el fuerte sonrojo que siento crepitar por toda mi cara. Draco me observa con diversión durante unos segundos que se vuelven eternos, y luego camina hasta posarse frente a Goyle.
─Gracias, Greg. Por todo. ─Draco le entrega el gorro a Goyle, y luego le aprieta el hombro en un gesto similar al que Blaise hizo antes. Curioso. Quizás esto sea alguna clase de cosa que hacen los Slytherin. Goyle, por su parte, sonríe con algo que se asemeja a la tristeza, y por más que lo intento, no puedo hallar una explicación a ello; aunque todas mis dudas quedan despejadas cuando Draco se aclara la garganta, y dice: ─Tenemos que seguir en contacto. No vas a librarte tan fácilmente de mí, ¿sabes?
Y eso es todo lo que Draco necesita decir para que una sonrisa genuina e ilusionada se instale en el rostro rechoncho de Goyle, y sólo entonces comprendo por qué él parecía tan desilusionado con la partida de Draco. Estoy seguro de que Goyle creyó que, ahora que Draco volverá al mundo mágico, ya no querrá tener nada que ver con él. ¿Quién hubiera dicho que ese mastodonte lleno de músculos y grasa corporal sería tan sensible en el interior? Sin duda otro de los grandes misterios de la humanidad.
─Aunque todavía no tengo idea de dónde vivo. Tendré que enviarte la dirección en otro momento.
Draco dice esto mientras frunce el ceño, como si pudiera recordar algo por el simple hecho de pensar detenidamente en ello. Inesperadamente para todos, Dudley se acerca a mi novio, y luego de aclararse la garganta para llamar su atención, se ofrece a darle una solución a este interrogante.
─Si me permites, yo sé dónde vives junto a Harry, así que puedo llevar a Greg allí sin inconvenientes.
─¡Perfecto! Entonces, coordinaremos para quedar uno de estos días. De más está decir que usted también está invitado, oficial Dursley.
─Por favor, sólo llámame Dudley. Algo me dice que no será la última vez que nos veamos.
Draco le sonríe con astucia al ver el claro sonrojo que se apodera de las mejillas de Dudley mientras éste último observa de reojo a Goyle, y luego asiente para hacerle saber que está de acuerdo con él.
Y lo admito, admito que esta situación es completamente extraña y algo que jamás hubiera imaginado que podría ser posible. Ni siquiera en mis sueños más presuntuosos podría haber imaginado un escenario donde mi novio pudiera llevarse tan bien con Dudley. El simple recuerdo de lo mucho que me costó evitar que Draco fuera a hechizar a mis tíos y a mi primo cuando le conté acerca de mi vida con ellos es más que suficiente para saber que, de tener sus recuerdos intactos, Draco jamás trataría a Dudley así; por el contrario, estoy completamente seguro que mi novio habría hechizado las pelotas de Dudley de aquí hasta Hogwarts. Cuando Draco recupere sus recuerdos (porque sí, él los va a recuperar, yo me aseguraré de ello), voy a tener que tener mucho cuidado con esto. Draco realmente es alguien para temer cuando de venganza se trata, y después de lo mucho que mi primo me ha ayudado hoy, sería injusto dejarlo a su suerte con la terrible represalia que recaerá sobre él.
Aunque eso será un problema para más adelante, por ahora, sólo puedo disfrutar del pequeño momento de paz que parece rodearnos.
─Sí, yo también lo creo. ─Draco expresa esto con una sonrisa maliciosa bailando por su rostro, y sé que lo que dirá a continuación estará destinado a hacer sonrojar a tanto a Goyle como a Dudley por igual. ─Por lo visto, y si todo sigue así, vamos a terminar resultando ser parientes. Después de todo, estoy saliendo con el primo de tu futuro novio, Greg.
Goyle se sonroja imposiblemente ante estas palabras y le lanza una mirada fulminante a su rubio amigo, pero Draco no se da por aludido y simplemente se acerca a Dudley y suelta algo con un tono peligroso que deja a mi primo temblando de miedo.
─Cuídalo, o me veré en la obligación de hechizarte las pelotas cuando recuerde cómo hacer magia.
Finalmente, Draco vuelve a acercarse a donde me encuentro, y es entonces, donde aprovecho para hacer algo que he querido hacer desde que lo encontré; bueno, una de las cosas que he querido hacer. Entrelazo nuestros dedos para poder aparecernos en nuestro hogar. Sin darle tiempo a que se aparte, me acerco lo más que puedo a Draco, y antes de desaparecerme, murmuro un silencioso 'gracias' a Dudley, quien está observándonos con una gran sonrisa en el rostro, y me desaparezco hacia nuestro apartamento.
El trayecto se me hace más rápido de lo que me hubiera gustado, y cuando menos lo espero, nos encontramos en la vacía sala de estar. Inmediatamente, y para mi mayor decepción, Draco me suelta y comienza a observar todo el lugar con absoluta fascinación. Sin embargo, lo que más parece llamarle la atención es el gran sofá blanco que tenemos frente a la chimenea. No comprendiendo el motivo por el cual se ha quedado viéndolo fijamente, y temiendo que la aparición lo haya dejado algo mareado, me acerco hasta colocar una mano sobre su brazo para llamar su atención.
─¿Estás bien? Sé que aparecerse la primera vez puede ser una sensación bastante rara.
─Ya me he aparecido después de perder los recuerdos. Esa chica que me dejó allí lo hizo, así que ya sabía qué esperar.
Asiento para hacerle saber que lo escuché, pero mi rostro se empaña con un profundo odio hacia Ginny. Honestamente, la simple mención de lo que ella le hizo a Draco es capaz de dejarme con deseos de despellejarla viva. Estos pensamientos perturbadores desaparecen de mi mente cuando escucho la risita divertida que Draco suelta.
─Así que no era un sueño, este sofá sí existe. Me pregunto si lo otro que soñé sobre él también es real.
Me quedo bastante confundido ante esa explicación escueta, pero Draco no parece querer explayarse en ello, y simplemente me regala una mirada traviesa antes de ir a observar la fotografía que tenemos en la pared. No queriendo estar lejos de él ni siquiera durante unos pocos segundos, me acerco hasta donde se encuentra y le explico cuándo nos la tomamos.
─Nos tomamos esa fotografía hace varios años atrás en un parque de diversiones muggle. No estábamos saliendo por ese entonces.
─Es extraño. ─Dice Draco con el ceño fruncido, mientras observa fijamente la imagen que tiene delante.
─¿Qué es extraño?
─No lo sé. La forma en la que estamos mirándonos… Es sólo que no parece que hubiéramos sido sólo amigos, ¿sabes? Realmente parece como si, en ese entonces, hubiéramos sido una pareja.
Sonrío con tristeza ante este pensamiento, y no puedo evitar estar más que de acuerdo con Draco. La fotografía que tengo delante realmente deja en evidencia los verdaderos sentimientos que, por ese entonces, teníamos el uno por el otro incluso sin poder hacerlos realidad.
─Sabes, si tengo que ser completamente honesto contigo, incluso bajo los efectos de la Amortentia, aun así, yo te amaba en secreto. ─Digo esto en una especie de susurro, a la vez que siento mis mejillas arder por lo próximo que diré. ─Y sé que tú solías amarme en secreto porque no querías "arruinar" mi relación con Ginny.
Draco me observa de reojo con una mirada indescifrable, pero, desafortunadamente, no parece tener intenciones de decir nada al respecto. No queriendo dejar espacio a dudas e inseguridades, decido ocuparme con otra cosa. Rápidamente, saco la varita de Draco y realizo un hechizo para volver a colocar el portero en su lugar, el cual dejé descolgado en mi prisa por hallar a Draco. Luego, le entrego la varita a mi novio, el cual está mirándome con asombro ante ese pequeño despliegue de magia que hice.
─Esta es tu varita.
─Gracias. ─Draco la toma en sus manos y la mueve un poco, como si esperara conjurar chispas de la misma, pero nada ocurre y esto sólo provoca que sus mejillas adquieran un leve tono rosado. Tratando de fingir una confianza que estoy seguro que mi novio no está sintiendo, se aclara la garganta, y dice: ─Vas a tener que enseñarme a volver a hacer magia, por lo visto.
─Por supuesto. Haré lo que sea que me pidas.
Draco eleva una ceja en alto al escucharme decir esto, y sólo cuando repito mis palabras dentro de mi mente me doy cuenta de cómo deben haber sonado las mismas. Un sonrojo se apodera nuevamente de mi rostro, el cual sólo termina de incrementarse cuando escucho a Draco decir algo con un tono cargado de astucia.
─Cualquier cosa, ¿eh? Eso es una propuesta bastante peligrosa, ¿sabes?
Mi sonrojo parece adquirir nuevos niveles de rojo ante esto, y como lo último que necesito en estos momentos es comenzar a formar ideas lujuriosas en mi mente, me aparto de él y dirijo mis pasos hacia la cocina para entretenerme con algo más que la idea de Draco forzándome a cumplirle cualquier fantasía sexual que tenga.
─Iré a preparar un poco de té. ¿Quieres una taza?
─Sí, por favor.
Asiento para hacerle saber que lo escuché, y me encargo de preparar nuestras bebidas de la forma en la que nos gusta tomarlas. Detrás de mí puedo sentir la intensa mirada de Draco observando con detalle cada movimiento que hago, pero lo ignoro y termino de añadirle azúcar a mi taza. Una vez que las tengo listas, las llevo a la mesa de la isla y coloco la taza de Slytherin frente a Draco y la que él me regaló frente a mí. Sin embargo, el ceño fruncido de Draco me deja algo confundido.
─¿Qué ocurre?
─No es que yo sea un experto en tendencias de modas mágicas o, al menos, no recuerdo serlo, pero, ¿no crees que ese abrigo te queda un poco grande?
Inmediatamente después de escuchar esto, siento cómo mis mejillas vuelven a adquirir esa tonalidad rojiza que parece haberse convertido en parte de mi piel para estas alturas; y por más vergonzosa que sea la verdadera explicación a ello, aun así, me veo forzado a darla porque Draco merece saber la verdad.
─El abrigo no es mío, es tuyo. Fue una tontería, de verdad, pero usarlo me hacía sentir como si estuvieras cerca de mí.
Afortunadamente, Draco no suelta ningún comentario inteligente al respecto, y sólo me regala una sonrisa que está cargada de cariño, antes de comenzar a beber su té. Habiendo encontrado una pequeña misericordia en ello, tomo la taza en mis manos y me dedico a darle pequeños sorbos que reconfortan mi alma. Los minutos pasan, y la quietud del lugar sólo se rompe cuando Draco pregunta algo de lo que debí haberme encargado en el mismo momento en el cual pusimos un pie en el apartamento.
─Entonces, ¿qué haremos para recuperar mi memoria?
─¡Oh! ¡Cierto, tienes razón!
Y con eso dicho, vuelvo a lanzar otro Patronus para que éste vaya a buscar a mi jefe.
─Mensaje para Gawain Robards. Encontré a Draco. Estamos en nuestro apartamento. Envíe a los Sanadores y traigan el antídoto.
Draco observa todo esto en absoluta fascinación y me prometo a mí mismo que le enseñaré a conjurar un Patronus en cuanto recupere sus recuerdos porque, al parecer, es algo que él realmente desea hacer, y por algún motivo, nunca me ha pedido que le enseñara en el pasado. Dándole una sonrisa, sigo bebiendo de mi té, y unos pocos minutos después, la chimenea se enciende con un refulgir verde esmeralda y por ella atraviesan Robards, Hermione, quien, por lo visto, se encontraba con mi jefe cuando mi Patronus le llegó, y una Sanadora que creo haber visto antes en San Mungo.
─¡Harry! ¡Draco! ¡Oh, es tan bueno verlos!
Hermione se lanza hacia nosotros y nos da un fuerte abrazo, antes de darle espacio a la Sanadora para que pueda revisar a Draco.
─Buenas tardes, señor Potter y señor Malfoy. Mi nombre es Miriam Strout, y soy la Sanadora asignada a este caso. ─Dice la Sanadora con gran amabilidad, mientras nos estrecha las manos. Luego de que todas las presentaciones son dejadas de lado, la mujer le hace una seña a Draco, y dice: ─Por favor, señor Malfoy, si es tan amable, me gustaría examinarlo sentado sobre el sofá.
Draco asiente y va a sentarse en el lugar que le indica la Sanadora. Una vez hecho esto, la mujer comienza a lanzar una serie de hechizos sobre la sien de mi novio. Distintas luces de colores bailan sobre su cabeza y algunas de ellas, incluso, se absorben dentro de su cuerpo. Por fortuna, nada de este examen parece ser doloroso para Draco.
─¿Cómo lo encontraste, Harry?
Escucho a Hermione preguntarme esto a mi lado y a mi jefe interesándose de inmediato en ello, por lo que me veo en la obligación de contarles todo lo ocurrido de la forma más resumida posible. Después de que termino la historia, observo el rostro de Robards y allí veo que él parece estar en una encrucijada en la que quiere reprenderme por haber desobedecido sus órdenes e ir en busca de Draco de todos modos, o felicitarme por el grandioso trabajo que hice. Afortunadamente para él, Robards no debe tomar una decisión, porque la Sanadora termina de realizar su examen, y luego de abrir su maletín, saca del interior una pócima que tiene un color iridiscente.
─Muy bien, señor Malfoy. Ahora que he comprobado que no hay daños físicos ni mentales, más allá de la pérdida de la memoria, claro está, y que sean producto de la Poción del Olvido, puedo darle a beber el antídoto. Sin embargo, debo advertirles a todos que, al haber sido una poción experimental la que borró sus recuerdos en primer lugar, el antídoto debió ser creado en base a esta última; por lo tanto, es probable que los recuerdos, si alguna vez regresan, no lo hagan de forma inmediata. Lo más probable es que, de volver a recuperarlos, lo hagan de forma esporádica y mediante ciertos desencadenantes que los traigan a su mente.
Draco observa la pócima que tiene en sus manos y desde aquí puedo ver la gran desilusión que tiene al escuchar que sus recuerdos no volverán inmediatamente. Sin embargo, la determinación que se vislumbra en esos ojos grises es suficiente como para hacerme ver que estaremos bien, que Draco recuperará sus recuerdos sea como sea, y que yo estaré a su lado en cada paso del camino. Sin esperar a que le den permiso, Draco destapa la botella y bebe de un solo trago todo el contenido de la misma. La mueca de disgusto que afea sus facciones nos hace saber que el sabor de la pócima no se parece en nada al precioso color que poseía, sin embargo, esto queda relegado a un rincón poco importante de mi mente cuando veo a Draco entrecerrar los ojos y a su cuerpo comenzar a inclinarse hacia un costado. Sin darme tiempo a reaccionar, Draco se desploma sobre el sofá y queda completamente inconsciente.
─No se preocupen, esto es normal. La pócima que le administré es demasiado fuerte, y es probable que él duerma por el resto del día. Asegúrese de hacer que descanse, señor Potter. Las primeras horas son cruciales para saber si el antídoto funcionó y si no hay reacciones adversas a tener en cuenta.
La Sanadora me tranquiliza un poco al decir esto, pero, de todos modos, no veo la hora de que todo el mundo se vaya de aquí para poder cuidar de Draco. Sin embargo, la mujer no parece haber terminado de darme recomendaciones, y mientras guarda su varita dentro de su maletín, vuelve a hablar con claridad y en un tono que no da derecho a réplica.
─A partir de ahora, va a tener que tener mucha paciencia con el señor Malfoy porque cada recuerdo que asalte a su mente generará mucha confusión y contradicciones en él. Debe asegurarse de responder a todas sus dudas y preguntas con la verdad, y nada más que la verdad. ¿Entendido, señor Potter? Mentir u ocultar parte de la verdad para no incomodar o hacer sentir mal a su pareja sólo le generarán contradicciones con los pensamientos que él irá recuperando de a poco, y eso puede llegar a retrasar la recuperación de su memoria.
La Sanadora me da unos consejos más sobre qué tipos de infusiones darle a Draco para calmar cualquier dolor de cabeza que pueda surgirle, y luego de proporcionarme su dirección flu y hacerme prometer que la contactaré ante cualquier duda o inconveniente que tenga, se desaparece a través de la chimenea. Robards, por su parte, me da una mirada cargada de determinación, y luego de asegurarme que seguirán buscando a Ginny con todas sus fuerzas, sigue los pasos de la Sanadora y atraviesa la red flu. Hermione se queda conmigo durante un momento más, y es entonces, donde aprovecho para agradecerle por toda su ayuda. Sin ella, es probable que yo todavía me encontrara sentado aquí y sin saber por dónde comenzar a buscar a Draco.
─Gracias, Hermione. No lo habría podido encontrar sin ti.
─Eso no es cierto, Harry. ─Hermione dice esto negando con la cabeza, mientras observa la figura dormida de Draco con curiosidad. Finalmente, consigue apartar la mirada de él, y dice: ─No creo que hayas encontrado a Draco sólo gracias a mi lista. De hecho, y si tengo que adivinar, creo que fuiste tú el responsable de encontrarlo.
─¿Yo?
─Sí, tú. ─Responde Hermione con una risita divertida y algo exasperada, como si no pudiera creer lo denso que soy. Luego, se gira hacia mí, y dice: ─¿Sabes? Quizás George esté en lo cierto. Tú y Draco realmente parecen ser almas gemelas destinadas a reencontrarse sin importar las barreras y distancias que se interpongan entre ustedes. De otro modo, no se explica que hayas podido hallarlo en la primera ubicación que te di y, además, habiendo estado involucrado tu primo en ello.
Asiento para hacerle saber que la escuché, pero realmente no estoy del todo convencido de que este cuento infantil de almas gemelas sea real; aunque, si ser almas gemelas implica que podré tener a Draco a mi lado por siempre, entonces lo aceptaré con gusto.
Hermione parece notar que he vuelto a perderme en mis pensamientos, porque se acerca de nuevo a mí para darme un fuerte abrazo, y luego de hacerme prometer que descansaré, viaja por chimenea hacia su casa para, lo que supongo, será poner al tanto a Ron de lo ocurrido.
Me quedo parado en medio de la sala completamente aturdido y con la respiración acompasada de Draco de fondo. El cansancio que he acumulado durante estos días parece agolparse sobre mi cuerpo, y siento mis fuerzas drenarse a pasos agigantados. No queriendo quedarme dormido de pie en la sala, agito mi mano en el aire y una manta aparece para cubrir el cuerpo inconsciente de mi novio. Otro agitar de mis manos consigue acercar uno de los sillones individuales hasta que este último se encuentra a escasos centímetros del lugar donde se halla la cabeza de Draco. Soltando un gran bostezo, me siento sobre él y me quedo viendo cómo el pecho de Draco sube y baja tranquilamente con cada respiración que da. Mis dedos pican por acariciar las finas hebras de su cabello, y como no veo el mal que pueda hacer esto, acerco una de mis manos hasta que consigo colocarla sobre la cabeza de Draco.
Y así me quedo, pasando mis dedos a través de ese sedoso cabello rubio, mientras lo observo descansar. El cansancio finalmente gana la batalla que estaba librando, y pocos segundos después, me quedo completamente dormido junto a Draco. El último pensamiento que pasa por mi mente, antes de que todo se vuelva oscuridad, es uno dirigido a cualquier deidad que esté escuchándome porque Draco recupere sus recuerdos pronto.
Aclaración dentro del capítulo: Miriam Strout era sanadora en la Sala Janus Thickey en el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas, y fue descrita en los libros como una sanadora de aspecto maternal. Harry Potter la conoció en el quinto libro, cuando se acercaron a la sala Janus Thickey. Me pareció interesante que fuera la Sanadora de Draco para hacer uso de un personaje canon, y no simplemente crear un personaje ficticio que poco aportaría a la trama de esta serie.
Notas finales: muchas gracias por leer, espero que les haya gustado el reencuentro de estos dos tortolitos. Nos leemos la semana que viene.
