Notas de autora: ¡Hola a todos! Antes que nada, quiero agradecerles infinitamente por la paciencia que tuvieron para aguardar por mis actualizaciones y por las hermosas palabras de aliento que me brindaron con sus comentarios. Realmente no tienen una idea de lo mucho que significaron para mí. Por fortuna, he podido poner en condiciones mi casa y todo ha vuelto a la normalidad, por lo tanto, estoy lista para volver a publicar con todo. Ahora sí, no los entretengo más, espero que disfruten de este capítulo.

Advertencias: el capítulo está escrito desde el POV (point of view = punto de vista) de Draco.


10 de enero de 2011

Me apresuro a llegar al dormitorio, y cuando finalmente me encuentro bajo el resguardo de estas cuatro paredes, me dejo caer hacia atrás hasta sostener todo mi peso contra la puerta cerrada de nuestra habitación. Automáticamente, mis ojos se cierran con fuerza en un intento por detener la infinidad de imágenes que bailan a alarmante velocidad por mi mente. Mi estómago se revuelve ante el gran mareo que están produciéndome los recuerdos que se acumulan en mi mente en una mezcla de sonidos y colores desdibujados, y realmente debo utilizar todo mi autocontrol para no terminar vomitando el desayuno. De pronto, todas las imágenes se detienen abruptamente y los sonidos dejan de retumbar contra mi cerebro, para dar como resultado un silencio sepulcral. Mis ojos se abren con cautela, y sólo entonces consigo salir de este aturdimiento en el que me encuentro, para descubrir algo que he estado deseando que ocurra desde el mismo momento en el que la chica Weasley me administró esa Poción del Olvido Total.

Lo recuerdo.

Lo recuerdo todo.

He recuperado mi memoria.

Mis ojos vuelven a cerrarse involuntariamente debido a las sensaciones que me recorren por dentro, las cuales están consiguiendo abrumarme. No obstante, mi mente tiene otros planes para mi persona y comienza a trabajar a toda marcha para descubrir cómo pude recuperar mis recuerdos. No es posible que el antídoto que me administró esa Sanadora surtiera efecto tan rápidamente. Entonces, si esto no fue obra del antídoto, ¿cómo pude recuperarlos? No lo sé. Realmente no encuentro una explicación coherente a ello, sólo sé que besar a Harry sirvió como una especie de desencadenante para que todos mis recuerdos vuelvan a mí. Es casi como si los labios de Harry hubieran sido el antídoto necesario para eliminar mi amnesia.

Me quedo apoyado contra la puerta y con los ojos cerrados durante unos segundos más para asegurarme de que todos mis recuerdos se hayan asentado en mi mente, y también, para que la cabeza deje de darme vueltas. Una vez que lo consigo, suelto un suspiro de alivio y vuelvo a abrirlos. Mi vista se posa inevitablemente en el lugar de nuestra cama donde Harry suele dormir, y eso es todo lo que necesito ver para que una desagradable sensación de pánico se apodere de mi pecho y me impida respirar con normalidad. Si bien el hecho de haber recuperado mis recuerdos trae consigo una gran felicidad, especialmente porque ahora conozco toda la verdad de lo ocurrido con Harry y Charlie en ese cobertizo, eso no evita que nuevos temores se apoderen de mi ser; porque esta pesadilla está lejos de terminar, de hecho, es todo lo contrario. La perra de Weasley todavía se encuentra suelta y a la espera de volver a poner a Harry bajo su control, y si eso no es suficiente para dejarme completamente ciego de pánico, la certeza de que nadie está buscándola termina de asentar en mi pecho este hecho. Sin importar lo que Robards le asegure a Harry, yo sé que nadie dentro del Departamento de Aurores está encargándose de dar con ella, porque a ninguna de esas personas podría importarle un knut lo que ocurra con la vida de un ex Mortífago.

Irritación y molestia cruzan por mi mente cuando esta idea se asienta en mi cerebro, con lo cual desvío la vista hacia otro lugar para reprimir los deseos que están asaltándome de hechizar a todo el Cuartel de Aurores. Mis ojos se posan sin quererlo en la revista que Harry tiene sobre su mesa de luz, aquella donde le confesé a Luna Lovegood en una entrevista toda la verdad acerca de mi relación con Harry, y es entonces, donde mi pecho se llena de determinación. Un poderoso instinto protector se apodera de mi ser al pensar en Harry, y me digo a mí mismo que esta situación ya se extendió demasiado. Es hora de ponerle un fin a nuestra desgracia. Es hora de eliminar a la amenaza que representa Ginny Maldita Weasley para Harry de una vez por todas. Y si para ello debo sacrificar lo que más amo y me importa en esta vida, entonces, lo haré. Todo sea con tal de poner a salvo a Harry.

Mis ojos vuelven a cerrarse, pero esta vez, lo hacen por un motivo muy diferente a los anteriores. Esta vez, lo hago para evitar llorar por lo que estoy a punto de hacer. Lo hago para obligarme a ser fuerte por ambos y llevar a cabo este plan que se acaba de formar en mi mente, aquel que pondrá a salvo a Harry de una vez por todas. Habiendo tomado la decisión, suelto otro suspiro y me coloco la imperturbable máscara Malfoy en mi rostro para evitar que ninguna emoción se cuele en mis facciones. Una vez que lo consigo, tomo el pomo de la puerta y la abro para regresar a la sala de estar. Allí encuentro a Harry completamente ensimismado observando la chimenea, pero cuando me escucha llegar, se levanta de un salto del sofá y se gira para observarme. Inmediatamente, aparto la mirada de esas esmeraldas tan expresivas que él tiene por ojos porque no estoy seguro de poder evitar ceder a mis verdaderos deseos si nuestras miradas llegaran a encontrarse. No creo ser lo suficientemente fuerte como para poder resistir la mirada de preocupación e inseguridad que, podría apostar, él está dándome.

Sin decirle ni una sola palabra, vuelvo mis pasos hacia las olvidadas cajas con adornos y me encargo de cerrarlas y rotularlas con el marcador que traje de mi escritorio. Detrás mío, siento a Harry acercándose hasta colocarse a escasos pasos de mí, pero me obligo a ser fuerte e ignorar este hecho al terminar de realizar la tarea que estoy haciendo. Sin embargo, eso no evita que escuche el susurro confundido con el que Harry se dirige a mí, uno que comienza a resquebrajarme el corazón.

─¿Draco? ¿Qué ocurre? ¿Por qué reaccionaste así?

Mis manos se cierran en puños debido a lo mucho que no quiero hacer lo que estoy a punto de hacer, pero sé más que nadie que, si quiero poner a salvo a Harry, no tengo otra opción más que llevar a cabo este plan. Mis ojos vuelven a cerrarse durante unos segundos para infundirme fuerzas mentales, y cuando creo estar lo suficientemente listo como para comenzar con esta actuación sin levantar sospechas de Harry, me giro hacia él con una mueca de desprecio tan intensa de la que, estoy seguro, el Draco de Hogwarts habría estado orgulloso. Harry, por su parte, se sobresalta en el lugar al verla, pero eso no evita que yo le espete unas palabras que lo dejan con lágrimas en sus ojos.

─Lo que ocurrió antes fue un error. No te hagas ideas equivocadas.

Para mi mayor desgracia, Harry no se deja amedrentar por mis palabras hirientes, y siendo el Gryffindor valiente que es, dice: ─¿Ideas equivocadas? ¿Un error? ¿De verdad? Porque déjame decirte que la forma en la que me besaste no pareció haber sido ningún error.

Harry hace una pausa para cerrar los ojos e inspirar con fuerza, y una vez que consigue mantener a raya su temperamento volátil, suelta el aire en una gran exhalación y comienza a hablarme con una paciencia y dulzura tan inmensa que sacude todas y cada una de mis emociones. Y sólo por eso, me siento odiarme a mí mismo por todo el sufrimiento que sé que voy a causarle a Harry en meros segundos.

─Por favor, Draco. Háblame. Dime qué está mal. Estoy seguro de que podemos solucionarlo juntos.

Escucho cada una de sus palabras ser dichas con tanto convencimiento, con tanta preocupación por mí, que no puedo evitar sentir cómo mi corazón se parte en fragmentos irreparables producto de la forma en la cual voy a tener que lastimar a Harry para conseguir ponerlo a salvo. Y aunque esto es lo último que quiero hacer, sé que no tengo otra opción más que seguir adelante con el plan. Esta es la única forma de mantener a Harry a salvo de la chica Weasley.

Mis manos vuelven a apretarse hasta formar dos puños cerrados, y es entonces, donde me preparo para asestar el golpe final que terminará de condenar mi vida, pero que, en su lugar, pondrá a salvo a Harry.

─¿Quieres saber qué está mal? ¿De verdad quieres saber qué me ocurre? ¡Bien! ¡Te lo diré! ¡Estoy harto de esto! ¡Harto! Estoy cansado de tener que fingir que siento algo por ti sólo porque, supuestamente, solíamos estar juntos en una vida que yo no recuerdo. Hice todo lo que podía hacer. ¡Todo! Intenté convencerme de que me gustas, de que me importas por todo lo que me dijiste de nosotros, incluso me forcé a creer que te amo a pesar de no recordar nada sobre ti; pero lo cierto es que...

Las palabras se me atoran en la boca y me obligan a hacer una pausa. Mi garganta se cierra y la siento doler como si se hubiera llenado repentinamente de miles de agujas al rojo vivo, y no estoy seguro de poder continuar con esto. No obstante, y a pesar de que lo único que quiero hacer es decirle a Harry que esto no fue nada más que una broma de mal gusto e implorar por su perdón, me obligo a dejar de lado mis deseos y hacer lo que es correcto. Mis ojos se cierran durante unos segundos, y luego de que consigo reunir la fuerza de voluntad necesaria para acabar con esto de una vez por todas, los abro y termino de decirle algo que deja a Harry con lágrimas corriendo a través de sus mejillas.

─...lo cierto es que yo no te amo. Ya no. El Draco que solía hacerlo, aquel del que tú te enamoraste, ya no existe. Ese Draco se perdió junto a todos los recuerdos que fueron borrados de mi vida y, honestamente, ya no quiero recuperarlo. Yo no soy esa persona, y nunca volveré a serlo. Así que, ¿por qué tendría que seguir fingiendo que todo es igual que siempre, cuando lo cierto es que nada lo es? ¿Por qué tendría que seguir fingiendo que te amo y que quiero estar contigo cuando la realidad es que no siento nada por ti? ¡Nada!

Y si creía que decirle esto sería suficiente para hacer que Harry se dé por vencido conmigo, la realidad me demuestra una vez más lo equivocado que estoy, porque la terquedad de mi gatito no conoce límites, y sin importar cuánto acaban de lastimarlo mis palabras, aun así, Harry no se da por vencido e intenta solucionar esto a pesar de que él no parece ser capaz de detener la cascada de lágrimas silenciosas que ruedan por su rostro.

─No sabes lo que estás diciendo, Draco. Estás confundido, lo entiendo. Créeme que lo sé. Sé que no debe ser nada sencillo por lo que estás pasando, pero...

Y no puedo, no puedo seguir escuchándolo hablar con ese tono suplicante y aterrado ni un segundo más, no sin que salga a la luz algo del sufrimiento que está generándome el lastimarlo, consiguiendo delatarme a mí mismo en el proceso; así que, para evitar poner en riesgo mi plan, lo detengo en el acto y me aseguro de emplear la voz más fría de mi repertorio, una que jamás, ni siquiera en Hogwarts, utilicé con él.

─No, el que está confundido eres tú. Ya no quiero salir contigo. Terminamos.

Harry da un respingo en el lugar y lo escucho soltar un jadeo ahogado que me parte el alma en mil pedazos, pero lo que termina de destrozarme por completo y hacerme sentir como el imbécil más grande del universo, es ver lo frágil que Harry luce parado junto al sillón mientras me observa con absoluta desesperación, como si estuviera a punto de rogarme que no termine con él.

Y no puedo, no puedo soportar más esto. Sin decir una sola palabra más, me doy la vuelta y regreso al dormitorio. Una vez allí, utilizo mi varita para guardar todas las pertenencias de Harry en la mochila que él trajo cuando me pidió quedarse conmigo. Cuando la tengo lista, regreso a la sala de estar en donde Harry todavía sigue completamente aturdido en el lugar y con lágrimas corriendo descontroladamente por su rostro. Sin volver a mirarlo a los ojos, le arrojo la mochila al suelo y le espeto algo empleando el mismo tono frío que utilicé momentos antes, aquel que me hace parecer inquietantemente a mi padre.

─Vete.

Harry vuelve a sobresaltarse en el lugar e intenta hacerme entrar en razón con unas palabras cargadas de desesperación, unas que terminan de hacerme perder la paciencia que me queda porque, si debo ser honesto, no creo ser capaz de seguir adelante con esta actuación ni un segundo más, de hecho, me siento a escasos segundos de ceder el control, para pasar a arrodillarme frente a él e implorar por su perdón. Y eso es algo que no puedo permitir que ocurra. No, no puedo ceder a mis deseos, no cuando éstos últimos son la razón por la cual Harry se encuentra en peligro.

Habiendo conseguido recuperar el control de mis emociones, aprieto las manos a los costados hasta volver mis nudillos completamente blancos, y me preparo para asestar el golpe final como la letal serpiente que representa a mi casa en Hogwarts.

─Draco, espera, podemos...

─¡VETE, POTTER! ¡SE TERMINÓ! ¡LÁRGATE DE MI MALDITA CASA!

Harry me observa con una mirada que ruega porque lo escuche, pero al ver que mi rostro permanece lleno de frialdad y desprecio, finalmente, se resigna y toma su mochila con manos temblorosas. Luego, se gira y encamina sus pasos hacia la puerta de entrada sin dejar de soltar sollozos que me desgarran el alma. Cuando Harry cierra la puerta detrás de sí, aguardo en silencio durante unos cuantos segundos para asegurarme de que él no volverá a ingresar al apartamento, y una vez que asumo que transcurrió un tiempo prudente, suelto un fuerte grito repleto de frustración y enfado por lo que me vi forzado a hacer para poner a salvo a Harry. Mi pecho se llena de una sensación de rabia tan profunda que me deja con unos ineludibles deseos por destrozar lo primero que se cruce en mi camino, lo cual resulta ser el primer libro de 'Constelaciones', aquel que estuve leyendo anoche.

Sin detenerme a pensar en lo que estoy haciendo, arrojo con fuerza el libro dentro de la chimenea encendida. De inmediato, éste comienza a arder hasta que sólo quedan cenizas de él, y junto a ello, desaparece toda la lucha que queda dentro de mí. Las piernas dejan de responderme y lo único que atino a hacer es sentarme sobre el sofá y comenzar a llorar desconsoladamente porque sé que, después de lo que le hice hoy a Harry, él no volverá a perdonarme. No importará que todo esto sólo lo haya realizado para ponerlo a salvo de la chica Weasley, tampoco importará que nada de lo que le dije a Harry fuera cierto, porque nada hará que él me perdone por ello. Y aun sabiendo esto, incluso teniendo la certeza de que acabo de perder a lo que más amo en esta vida, aun así, no me arrepiento de nada de lo que hice, y de ser necesario, volvería a hacerlo sin titubear. No, no me arrepiento porque sé que lo único que realmente importa es poner a salvo a Harry, y eso sólo conseguiré hacerlo si me encargo personalmente de eliminar a la amenaza que representa la chica comadreja en nuestras vidas de una vez por todas.

Cuando esta última idea se asienta en mi mente, consigo calmarme lo suficiente como para dejar de llorar. Inmediatamente después, una gran determinación se apodera de mi pecho y me siento dispuesto a hacer lo que sea con tal de ponerle fin a esta pesadilla en la que hemos caído. Sin perder más tiempo, voy hasta mi escritorio y me encargo de tomar papeles, marcadores y clips suficientes para comenzar mi plan. Una vez que tengo todo listo, lo llevo al dormitorio y utilizo varios hechizos para conseguir crear una pizarra improvisada sobre la pared frente a la cama. Si bien podría haber armado todo esto en la sala de estar, no puedo arriesgarme a que nadie se entere de lo que tengo pensado hacer, por lo tanto, el dormitorio parece ser la opción más segura para guardar este secreto por el momento. Luego de que termino de adherir con magia la pizarra a la pared, conjuro todos los periódicos viejos que mis elfos suelen guardar en la mansión, y me dedico a buscar en ellos cualquier noticia acerca de la familia Weasley que pueda darme una idea de dónde buscar a la chica comadreja.

El primer periódico que leo no parece tener nada que pueda servirme en mi búsqueda, pero el siguiente que acerco a mí, me deja con lágrimas en los ojos y una sensación de impotencia tan grandes que me siento desfallecer. Con manos temblorosas, recorto la fotografía que nos tomaron a Harry y a mí cuando fuimos a despedir a Teddy a la estación de tren, y la adhiero a la pizarra con un hechizo permanente como recordatorio del por qué estoy haciendo esto. Después de haber recibido este inesperado incentivo para seguir adelante con mi plan, me encargo de enfocar toda mi atención en la tarea que tengo entre manos. Me paso horas enteras buscando entre estos periódicos viejos cualquier indicio, cualquier dato perdido entre líneas, que pueda brindarme el paradero de la chica Weasley. La pizarra se llena rápidamente de papeles de colores con anotaciones y de recortes de fotografías de personas y lugares, pero nada termina de darme una idea certera sobre dónde pueda estar escondiéndose esta perra.

Un bufido cargado de exasperación se escapa de mi boca mientras decido tomar asiento frente a la silla que coloqué frente a la pizarra. Mis codos se apoyan contra mis piernas y mis manos se cruzan de forma tal que pueda sostener mi barbilla, y todo esto lo realizo para no dejar de observar la infinidad de información inútil que tengo frente a mí. Nada de lo que averigüé hasta el momento es capaz de darme una idea de dónde comenzar a buscar, nada es suficientemente efectivo para iluminar mi mente y descubrir su paradero. Nada, excepto un nombre que tengo anotado en un papel de color amarillo. Mis ojos viajan hacia el nombre escrito allí, y me digo a mí mismo que él podría ser capaz de averiguar dónde está escondiéndose la chica Weasley sin mayores inconvenientes. Sí, él sería absolutamente capaz de hacerlo, la pregunta que debo hacerme ahora es, ¿qué tan dispuesto estoy a contactarme con él, especialmente cuando sé qué es lo que va a pedirme a cambio de sus servicios?

Estoy tan ensimismado en mis pensamientos, tratando de decidir si vale la pena arriesgarme a contactar a esta persona para obtener lo que quiero, que ni siquiera me percato del sonido que hace mi chimenea al encenderse y darle paso a un nuevo visitante, y sólo lo hago cuando escucho a Blaise parándose a mi lado y decirme algo con un tono cargado de sorpresa.

─Sí recuerdas.

Le doy una mirada distraída a mi mejor amigo, y sigo observando la pizarra improvisada que tengo frente a mí para buscar algo que se me haya pasado por alto, algo que evite que tenga que contactar con él de entre todas las personas, pero, desafortunadamente, Blaise tiene otras ideas en mente.

─¡Qué diablos, Draco! Harry vino a nuestra mansión hoy, desesperado y llorando desconsoladamente. Nos dijo que terminaste con él, que le aseguraste que ya no lo amas, e incluso después de todo lo que le dijiste, él vino a pedirnos que cuidáramos de ti. Y resulta ser que, en realidad, ¡tú recuerdas todo! ¡¿A qué diablos estás jugando, imbécil?! ¡¿Por qué le mentiste de esa forma?!

Al escuchar el gran enfado y confusión que Blaise parece tener, me obligo a apartar la vista de la pizarra y digo algo con fingida indiferencia con la esperanza de que él crea en mi actuación, aunque ya debería saber mejor que tratar de engañar a Blaise.

─¿Quién dice que le mentí?

─¡Ah, no! ¡Ni siquiera lo intentes! Puedes haber engañado a Harry con tu patética actuación, ¡pero no a mí! Te conozco más de lo que te conoces a ti mismo, imbécil, y sólo yo sé lo perdidamente enamorado que siempre has estado de Harry. No esperes que crea que, repentinamente y por arte de magia, has dejado de hacerlo. ¡¿A qué estas jugando con esto, idiota?! ¡¿Y qué es toda esta mierda que tienes aquí?!

Blaise dice esto con la mirada fija en la pizarra con anotaciones que tengo en la pared, y es entonces, donde sé que no podré mentirle a él, especialmente cuando tener a Blaise de mi lado puede resultarme mucho más beneficioso para llevar a cabo con éxito mis planes. Así que, habiendo tomado la decisión, decido contarle la mayor parte de los planes que tengo pensado hacer, claro que, primeramente, tendré que hacerle prometer a Blaise que no le dirá nada a nadie.

─Te diré toda la verdad, pero tienes que prometerme que no le dirás una palabra de esto a nadie. Y cuando digo a nadie, es a nadie, Blaise. Hablo en serio. No puedes decírselo ni siquiera a Pansy.

─No puedes hacerme prometer eso, Draco.

Al ver que Blaise no parece terminar de captar del todo la seriedad de esta situación, me elevo del lugar en el que me encuentro sentado y me paro junto a él para que pueda ver con claridad la determinación que, estoy seguro, recorre mi mirada.

─Puedo, y lo haré. ─Le digo con firmeza, mientras lo observo con una seriedad tal que termina de hacerle comprender a Blaise la verdad de mi declaración. Luego, prosigo con mi explicación sin que un leve titubeo escape de mi voz. ─Si quieres saber la verdad, tendrás que prometerme que no le dirás nada a nadie de lo que vaya a contarte. Nadie puede saber lo que tengo planeado hacer, pero si crees que no serás capaz de guardar el secreto, entonces puedes irte; aunque debo advertirte que tendré que ponerte un hechizo de atadura de lengua hasta que cumpla con mi cometido. Nadie puede saber que recuperé mis recuerdos, a menos no todavía.

Blaise me observa con suspicacia a través de esos brillantes ojos marrones, y al ver lo serio que estoy siendo al respecto, finalmente suelta un suspiro derrotado, y dice: ─De acuerdo, tú ganas. Prometo no decirle nada a nadie, a menos que considere que tu vida corre peligro de muerte.

Intento protestar al escuchar este pequeño desliz en su promesa, pero Blaise eleva una mano en alto para detener cualquier queja que tenga al respecto, y luego prosigue a explicarme el motivo de su cambio en mi promesa.

─No, Draco, no accederé a nada menos. Por lo que he visto hasta ahora, y conociéndote, lo que tienes planeado hacer pondrá en riesgo tu vida, así que alguien tiene que ser tu respaldo. Alguien tiene que encargarse de tomar las riendas de la situación en caso de que se vuelva demasiado peligrosa para ti porque, si algo llegara a salir irremediablemente mal, no quiero vivir teniendo la certeza de que pude haber hecho algo para salvarte la vida. Quiero tener la seguridad de que, llegado el momento, habré hecho todo lo que estuvo al alcance de mis manos para evitarlo.

Al ver que Blaise no cederá, asiento para hacerle saber que estoy de acuerdo con su petición, y luego comienzo a contarle todo mi plan. Blaise me escucha atentamente y sin interrumpirme, pero cuando le comento acerca de mi idea de contratar a Nott para que averigüe el paradero de Weasley, él realiza una mueca que me deja con una desagradable sensación recorriéndome el pecho.

─¿Qué? ─Le pregunto innecesariamente, porque yo sé qué es lo que le preocupa a Blaise, ya que es lo mismo que ha estado rondando en mi mente desde que esta opción surgió como una posibilidad.

─¿De verdad estás seguro de querer contactar con él, de entre todas las personas del mundo? ¿Acaso ya te olvidaste de la obsesión que Nott siempre tuvo contigo? ¿De verdad crees que él no va a aprovechar esta oportunidad para, finalmente, obtener lo que siempre ha querido?

Blaise me observa con cautela y en su rostro puedo ver con claridad lo mucho que no parece gustarle mi idea de contratar a Nott, sin embargo, mi vista vuelve a posarse en la fotografía de Harry y de mí, y eso es todo lo que necesito ver para tomar la decisión porque, sin importar lo que vaya a pedirme Nott por la información que necesito averiguar, sé que no dudaré y lo haré de todos modos. Realmente estoy dispuesto a todo con tal de volver a estar junto a Harry de la misma forma en la que estamos en esa fotografía.

Habiendo tomado la decisión, siento mis palabras brotar con una determinación tan grande de mi boca que, incluso, dejan a Blaise absolutamente sorprendido.

─Sí, estoy seguro. Incluso si la vida se me va en el proceso, estoy dispuesto a hacer lo que sea con tal de poner a Harry a salvo de esa perra.

─Esperemos que no tengas que llegar a ese extremo.

Asiento a sus palabras para hacerle saber que estoy de acuerdo, y aprovecho el momento de silencio que se instaló entre nosotros para observar a Blaise de reojo. El semblante de mi amigo luce serio y bastante preocupado, pero a pesar de ello, puedo ver que él parece decidido a mantenerse firme en su promesa de no delatarme a menos que mi vida corra riesgo de muerte. Y eso instaura una total tranquilidad en mi pecho porque, si bien sé que a Blaise no le gusta para nada mi plan, lo sé, lo conozco demasiado bien, aun así, él está dispuesto a ayudarme y guardar mi secreto de todos modos.

Una sensación abrumadora de agradecimiento se apodera de mis sentimientos, y nuevamente, me repito a mí mismo que no podría haber pedido un mejor amigo que Blaise. Al reconocer que puedo confiar ciegamente en él, me permito ser vulnerable por una vez y le pido ayuda con algo que ha estado rondando en mi mente desde que puse en marcha este plan. Mis ojos se cierran durante unos segundos para infundirme fuerzas suficientes para realizar mi petición, y una vez que me siento listo para hacerlo, dejo que las palabras escapen de mi boca.

─Blaise, ¿podrías...?

Sin embargo, no sorprende realmente a nadie cuando Blaise rueda los ojos y me interrumpe en el acto, para pasar a realizar un gesto despreocupado con la mano, antes de adelantarse a mi petición. Honestamente, es sorprendente la forma en la que, sin tener la necesidad de decir nada, Blaise me conoce a la perfección.

─Sí, sí. Lo sé, lo sé. No necesitas pedírmelo. Me encargaré de cuidar de tu gatito por ti. Me aseguraré de que coma y no haga ninguna estupidez mientras tú estás ocupado con este plan.

─Gracias, Blaise. ─Le digo con total sinceridad, mientras dejo que una sonrisa se extienda por mi rostro, sonrisa que es devuelta por mi amigo. Luego de este intercambio de sonrisas, me aclaro la garganta y expreso algo entre dientes que deja a Blaise soltando una sonora carcajada. ─Y, por mucho que me duela admitirlo, te debo una.

─¡Y que no se te olvide, idiota! ¡Pretendo cobrarte este favor muy caro, quiero que lo sepas!

Y con eso dicho, Blaise regresa a la sala de estar para desaparecer a través de la chimenea. Cuando vuelvo a quedarme solo en el apartamento, voy hasta el armario y me coloco un largo abrigo negro, uno que me hace parecer incluso más imponente de lo que realmente soy. Una vez listo, me desaparezco hacia el primero de mis destinos para conseguir el contacto que podría darme la ubicación de Weasley. Mis pies aterrizan frente a la panadería de Greg, y desde aquí afuera puedo verlo deambulando dentro de la tienda mientras él repone unas galletas sobre uno de los mostradores. Una sensación de nerviosismo se apodera de mi pecho y me impide ingresar en la tienda. Honestamente, no sé qué esperar en estos momentos, ni tampoco sé cómo dirigirme a él porque el recuerdo de la forma en la que Greg terminó nuestra amistad todavía se encuentra demasiado fresco en mi memoria recuperada, sin embargo, me obligo a apartar estos pensamientos de mi cabeza y a comenzar mi actuación; después de todo, Greg no tiene idea de que yo recuperé mis recuerdos, y así debe seguir siendo.

En el preciso momento en el que consigo calmar mis nervios y adentrarme en el personaje del amigo amnésico, ingreso a la tienda y me acerco hasta el mostrador principal. Luego, me aclaro la garganta para llamar la atención de Greg, y eso funciona de inmediato. De pronto, Greg se gira y me observa con una mezcla de sorpresa y alegría desbordando de su rostro rechoncho.

─¡Draco! ¡Qué bueno verte! ¿Qué puedo hacer por ti?

Me quedo algo descolocado por la familiaridad con la que Greg se dirige a mí, pero me obligo a sacar a la luz mis ocultos dotes actorales y me dispongo a interpretar el papel del hombre que perdió todos sus recuerdos, aquel que Greg espera ver.

─Buenas tardes, Greg. Necesito tu ayuda con algo.

─Claro, dime. ¿En qué puedo ayudarte?

Greg responde esto distraídamente, mientras termina de colocar sus galletas en una bandeja. Yo, por mi parte, permanezco en silencio durante unos segundos más mientras lo observo terminar con su trabajo, y cuando creo estar listo para soltar aquello para lo que vine hasta aquí, elevo la vista hacia Greg, y digo: ─Necesito que me des el contacto de Nott.

Greg parece verdaderamente sorprendido por mi petición y una mirada cargada de sospecha se apodera de sus ojos, sin embargo, finjo no haber notado este hecho, y mientras espero a que él reaccione, me dedico a observar los distintos glaseados que tienen las galletas que Greg acaba de colocar.

─¿Para qué lo quieres? Creí que una Sanadora de San Mungo ya te dio el antídoto.

Cuando Greg termina de realizar esta acusación, me quedo en silencio durante unos segundos para cavilar cómo proceder a continuación. Decirle la verdad de lo que planeo hacer ciertamente no es una opción porque yo no confío en Greg lo suficiente, al menos no como lo hago con Blaise, por lo tanto, no puedo explicarle que el motivo por el cual quiero contactar a Nott es para que me ayude a rastrear a Ginny Weasley, mucho menos puedo decirle que, una vez que la encuentre, yo me aseguraré de que ella no vuelva a representar una amenaza para Harry. No, nada de esto puedo decirle a Greg. Entonces, ¿qué se supone que debo decirle para que me ayude? Realmente debe ser una excusa bastante creíble para no levantar sospechas de Greg. Afortunadamente, los astros parecen haberse alineado de mi lado hoy y mi cerebro encuentra una explicación que podría salvarme de cometer algún desliz.

─Sí, lo sé, pero el contacto no es para mí, de hecho, es para un amigo de Harry. Al parecer, él necesita obtener un ingrediente de pociones para sus productos que es bastante difícil de conseguir.

─Ah, asumo que es para el Weasley que tiene la tienda de bromas, ¿cierto?

Asiento para hacerle saber que él dio en el blanco, y Greg parece creer ciegamente en mi mentira porque, sin esperar a que yo le dé mayores explicaciones, toma un anotador y escribe en una de sus hojas una dirección. Cuando la tiene lista, arranca la hoja de papel y me la entrega.

Perfecto. Estoy un paso más cerca de terminar con esta maldita pesadilla.

─Aquí tienes.

─Gracias. ─Tomo el papel y lo guardo dentro de uno de los bolsillos de mi abrigo, y como una ocurrencia tardía, conecto mi mirada con la de Greg y me aseguro de que él no esparcirá el rumor de que estuve aquí hoy. Lo último que necesito es que alguien comience a husmear en mis asuntos. ─Y Greg, agradecería si no le dijeras a nadie de esto. No estoy seguro de que George Weasley quiera que se sepa que está contactando con Nott.

─Descuida, no le diré nada a nadie. Lo prometo.

Asiento con agradecimiento, y después de intercambiar algunas cortesías más, comienzo a caminar hacia la salida para trasladarme al siguiente destino que tengo en mente, sin embargo, la puerta de la panadería se abre antes de que yo lo haga y por ella ingresa Dudley Dursley, el primo imbécil de Harry. Mis manos se cierran automáticamente sobre mi varita y por mi mente comienzan a danzar los nombres de las maldiciones más desagradables que conozco, desafortunadamente, mis deseos de hacerle pagar a este mastodonte por todo el sufrimiento que él y sus padres le hicieron pasar a Harry en su infancia tendrán que esperar, nadie puede saber que recuperé mis recuerdos, y mucho menos este idiota que, al parecer, se encuentra actualmente en buenos términos con Harry. Sin embargo, eso no evita que quiera cortarle sus partes íntimas con un hechizo seccionador, especialmente cuando Dudley sonríe al verme y me saluda con verdadera alegría.

─¡Draco! ¡Qué bueno verte! ¿Cómo está Harry?

─Bien.

Dudley parece algo sorprendido por mi fría actitud, pero esto no elimina por completo su sonrisa y, de todos modos, me asiente y dice: ─Me alegra oírlo. Envíale mis saludos, ¿quieres?

No respondo a su petición y simplemente me acerco hasta colocarme a escasos centímetros de este muggle rechoncho, antes de murmurarle algo con la misma voz fría que utilicé esta mañana.

─No olvides lo que te dije la última vez que nos vimos. Lastímalo, y juro por mi vida que lo lamentarás. Y creo que ni siquiera hace falta mencionarlo, pero sólo por si acaso, esto también incluye a tu primo. Si lastimas a Harry, personalmente me aseguraré de hacer de tu vida un absoluto infierno.

Con eso dicho, me encargo de apartar con un codazo al aturdido novio de Greg de la puerta, y salgo de la panadería sin volver a mirar detrás. Una vez fuera, mi vista se posa a cada lado de la calle desierta en la que me encuentro, y cuando me aseguro de que no hay ojos indiscretos observando lo que estoy haciendo, me desaparezco hacia mi siguiente destino. Nuevamente, mis pies aterrizan sobre una calle, pero esta última se encuentra concurrida de personas portando túnicas de magos. Sin perder tiempo, me dirijo hacia la tienda repleta de color ubicada en una esquina, e ingreso en el recinto que, extrañamente a lo esperado, se halla vacío de clientes. Lentamente, comienzo a avanzar por la tienda de bromas en busca de la persona a la que necesito ver, y lo encuentro al final de un pasillo acomodando unos productos sobre uno de los estantes.

─Weasley.

George Weasley se sobresalta al escuchar el tono frío y distante con el que me dirijo a él, y cuando levanta sus ojos, termina de confirmar sus sospechas. Él sabe que yo recuerdo todo lo ocurrido en ese sótano. Inmediatamente, el rostro de George se llena de nerviosismo y su boca se abre para comenzar a justificarse a sí mismo, pero lo interrumpo antes de que una sola palabra escape de ella.

─¿Hay alguien más en la tienda, además de nosotros?

─No, no hay nadie más.

─Bien, porque no tengo deseos de seguir fingiendo, no cuando sé que ya te percataste de la verdad. Sé que notaste que recuperé todos mis recuerdos. ─Los ojos de George se abren con horror producto del miedo que le produce mi presencia aquí, misma que augura venganza por lo ocurrido, sin embargo, y para su mayor fortuna, no me encuentro en este lugar por ello. No queriendo seguir perdiendo el tiempo en esta tienda, especialmente cuando la perra de Weasley sigue suelta, hago a un lado mis deseos de hechizarlo hasta el olvido y pongo en marcha esta parte del plan. ─Descuida, no vine para tomar represalias por lo ocurrido, de hecho, es todo lo contrario. He venido a poner a prueba tu lealtad.

─¿Mi… lealtad?

George responde en una especie de tartamudeo, a la vez que comienza a juguetear con sus dedos en un gesto cargado de nerviosismo. No queriendo incomodarlo más de lo debido, especialmente cuando necesito que mantenga todos sus sentidos alerta para lo que tendrá que hacer para mí, me obligo a dejar de lado el resentimiento que todavía siento por él y le explico a qué vine.

─Sí, tu lealtad. Dices estar arrepentido de lo que hiciste, pero, ¿qué tan ciertas son esas palabras? ¿Qué estás dispuesto a hacer para demostrarme que estás arrepentido de lo que tú y tu hermana me hicieron?

─Lo siento, de verdad…

─Ahórratelo. ─Lo interrumpo con una mano en alto, mientras me dispongo a explicarle el motivo de mi presencia aquí. ─Si realmente estás arrepentido, si realmente quieres demostrarme que has cambiado y quieres que te perdone por lo que hiciste, entonces, vas a ayudarme con algo.

─Lo haré. Haré lo que sea, sólo dime qué hacer, y lo haré.

La determinación con la que George dice esto me sorprende bastante, pero me aseguro de que nada de esto escape a través de la máscara Malfoy. Después de que dejo extenderse el silencio entre nosotros durante un tiempo prudente, asiento con la cabeza y comienzo a contarle de una vez por todas lo que quiero que haga para mí.

─¿Recuerdas la Poción de Lujuria que le administraste a Harry y a tu hermano? ─George asiente con arrepentimiento a mi pregunta, a la vez que sus mejillas se colorean debido a la vergüenza que le provoca su accionar, sin embargo, no le doy importancia a ello y continúo con mi explicación. ─Bien, necesito que prepares otra dosis de esa pócima, pero esta vez, necesito que la hagas incluso más potente. Necesito que sea lo suficientemente fuerte como para que sólo se necesite tocar la piel de la otra persona para hacerla tener un orgasmo.

─¿Puedo preguntar para qué la quieres, siendo que esa poción fue la causante de tantos problemas?

George no deja de observarme extrañado y con gran sospecha, pero yo no me dejo amedrentar ante su pregunta y simplemente respondo con unas palabras ambiguas, unas que no dejan en evidencia nada de lo que tengo pensado hacer con ella.

─No hagas preguntas a menos que quieras obtener mentiras a cambio. Créeme, cuanto menos sepas acerca de ello, será mejor para los dos. Sólo encárgate de preparar la poción cuanto antes, y de más está decir que no puedes decirle nada de esto a nadie. Ni de la Poción de Lujuria, ni del hecho de que recuperé mis recuerdos.

─Yo…

─¿Estoy detectando algo de vacilación? ¿Acaso vas a decepcionarme tan pronto?

─No, pero…

─Entonces, harás como te dije. Vas a hacer esa pócima para mí, y no le dirás nada a nadie de lo que ocurrió esta tarde. ─Le digo con una firmeza y autoridad de la que mi padre podría sentirse orgulloso, a la vez que lo observo batallar internamente para tomar una decisión. Algo en su semblante parece cambiar, porque consigo verlo ceder ante mi pedido. Sin embargo, y aunque esto es un gran avance en el esquema de mis planes, no es suficiente para asegurarme de mantener a salvo mi secreto, con lo cual me veo en la obligación de obtener un juramento de su parte, después de todo, no puedo darme el lujo de dejar cabos sueltos que consigan arruinar mi objetivo. ─Júramelo, Weasley. Dame tu palabra de mago de que harás la pócima que te pedí y que no le dirás a nadie, ni siquiera a Harry, que yo recuperé mis recuerdos.

George parece sorprendido al escucharme pedirle que no quiero que Harry sepa que recuperé mis recuerdos, pero, de todos modos, no dice ni una sola palabra al respecto y, por el contrario, saca su varita del bolsillo y la eleva en alto para realizar un juramento que, si bien no es tan letal como uno Inquebrantable, sí podría ser capaz de traerle consecuencias muy graves a su magia en caso de que él decida romperlo.

─Yo, George Weasley, juro por mi magia que haré la Poción de Lujuria con las especificaciones que Draco Lucius Malfoy me dio, y también juro que no le diré a nadie que Draco Lucius Malfoy recuperó sus recuerdos, y sólo él será capaz de librarme de este juramento cuando así lo quiera. Si así no lo cumpliera, que la Magia me condene como crea ella conveniente.

La varita de George se ilumina y una serie de chispas y resplandores salen de ella para sellar el juramento, y sólo entonces me permito relajarme. Ahora que sé que George no podrá decir nada hasta que yo le permita hacerlo, puedo enfocar todas mis energías en continuar con el resto de mi plan.

─¿Cuándo crees poder tener lista la poción?

─Necesito ajustar la cantidad de ingredientes en la receta, pero debería estar lista para mañana por la tarde a más tardar.

─Perfecto. Envíame una lechuza con la pócima y las instrucciones de uso cuando la tengas lista.

George asiente para hacerme saber que me escuchó y con esto doy por finalizado nuestro intercambio, sin embargo, George parece tener otras ideas en mente porque, antes de que me dé la vuelta para irme, él me detiene para decirme algo que me dejará con sensaciones contradictorias en el pecho.

─Sé que esto no significará nada para ti, pero realmente lamento todo lo que te hice. Y quiero que sepas que, si pudiera volver el tiempo atrás, jamás volvería a hacerlo.

Lo observo en silencio durante unos segundos para confirmar si él está siendo sincero, o si sólo son palabras vacías, pero para mi mayor tranquilidad, su declaración parece ser sincera. Tal vez, y solo tal vez, todavía haya esperanza para George Weasley.

─Lo sé. Sé que estás verdaderamente arrepentido, y a pesar de que quisiera poder perdonarte, todavía no puedo hacerlo del todo. Sin embargo, estoy seguro de que llegaré a hacerlo en algún momento. ¿Y sabes? Esta petición que te hice es una buena prueba de fuego para saber si realmente puedo confiar en tu palabra o no.

George asiente con seriedad ante mis palabras y me promete que no va a fallarme, y yo le creo. No sé por qué lo hago, siendo que tengo todos los motivos del mundo para no hacerlo, pero, de todos modos, lo hago. Algo me dice que, a pesar de todos los errores que George cometió, aun así, puedo confiar en él.

Con esta nueva realización en mente, asiento con la cabeza para despedirme de él y salgo de la tienda para poder reaparecer dentro de mi apartamento. Una vez que aterrizo en la sala, voy hacia mi escritorio y tomo pergamino, tinta y la pluma que Harry me regaló para Navidad. Sostener este obsequio de mi gatito me deja con lágrimas de impotencia en los ojos, pero me obligo a ser fuerte y comienzo a escribir la carta para Nott. La tarea me lleva más tiempo del que debería porque estoy asegurándome de pensar y medir cada una de las palabras que escribo, lo último que quiero es darle ideas equivocadas a Theodore Nott de entre todas las personas.

Nott:

Greg me dio tu contacto, él dice que tú tienes medios para obtener cosas que nadie más puede.

¿Estarías dispuesto a reunirte conmigo para que podamos hablar sobre lo que necesito que averigües para mí? Si es así, házmelo saber en una lechuza.

D. Malfoy

Simple y concisa, con las palabras justas para parecer desinteresado, pero, a la vez, firme en mi postura de obtener lo que quiero. Perfecto, es justo lo que pretendía. Cuando creo haber hecho un buen trabajo con ella, me encargo de colocarla dentro de un sobre y escribo la dirección en el mismo. Luego, dirijo mis pasos a la chimenea y arrojo un puñado de polvos flu para poder hablar con Blaise. Segundos después, la cabeza de Blaise aparece entre las llamas esmeraldas.

─¿Puedes enviar esto por mí?

Le entrego la carta a través de las llamas y me prometo a mí mismo que, si salgo con vida de esto, lo primero que haré será comprar una lechuza. Realmente no puedo seguir dependiendo de mis amigos para enviar cartas.

─Claro.

Blaise le da un vistazo al remitente escrito en ella y la mueca que hizo esta mañana vuelve a apoderarse de su rostro, es casi como si se hubiera tragado su propio vómito. Él realmente no necesita hacer ni decir nada más para expresar lo mucho que le desagrada Nott. Por fortuna, Blaise no intenta hacerme cambiar de parecer y simplemente accede a hacer como le pedí. Le agradezco con un gesto de la cabeza, y justo cuando estoy a punto de cortar la llamada, soy detenido en el acto por las palabras que suelta Blaise, unas que me dejan con un dolor insoportable en el pecho.

─Pansy está con Harry en estos momentos, ¿sabes? Se ha vuelto toda una mamá gallina con él y está atiborrándolo a helado y chocolate porque, según ella, esa es la mejor forma de superar una decepción amorosa.

─Blaise…

─No te preocupes, me encargaré de que ella no lo atosigue ni que le dé ideas para que él vuelva aquí. Despreocúpate, ¿quieres? Vamos a cuidar de Harry hasta que tú puedas volver a hacerlo por tu cuenta.

─Gracias. Por todo.

Blaise hace un gesto despreocupado con la mano y luego corta la comunicación. Cuando vuelvo a quedarme solo en el apartamento, apago la chimenea y voy hasta el dormitorio para continuar encontrando alguna otra pista que se me haya pasado por alto. Me dejo caer pesadamente en la silla que tengo frente a la pizarra y me quedo mirando el rostro de Harry en la fotografía que tengo pegada allí durante lo que parece ser una eternidad. Un dolor insoportable continúa presionándome el pecho con firmeza, haciéndome casi imposible el respirar con normalidad. No estoy seguro de dónde viene esta sensación de temor, pero algo me dice que, esta vez, no habrá un final feliz para nosotros. Hay algo dentro mío que está gritándome a los cuatro vientos algo que me aterra. Algo me dice que no podré sobrevivir a esto. Sin embargo, la determinación que siento crepitando en mi interior me convence de que, incluso si estos temores llegaran a confirmarse, aun así, yo voy a asegurarme de llevarme a la chica Weasley conmigo.

Harry va a librarse de esta locura de una vez por todas, y yo voy a asegurarme de ser quien le ponga un final a la perra de Weasley, cueste lo que cueste.


Respuestas reviews:

Arianne Luna: ¡Muchas gracias por tu bello comentario! Por lo pronto no tengo pensado escribir nada nuevo hasta que no termine de publicar este fic, pero si lo que quieres es leer historias Drarry de octavo año, en mi perfil tengo varias de ellas. Sin compromiso alguno, te invito a que te pases por mis otras historias, mucho más Drarry por disfrutar. ;)

Guest: ¡Infinitas gracias por tus palabras! Realmente significaron muchísimo para mí en ese momento tan complejo que estaba pasando. Espero que este capítulo te haya gustado. Te mando un beso enorme.


Notas finales: espero que les haya gustado. Pequeña advertencia para los futuros capítulos, a partir de ahora, el verdadero drama comienza dentro de la historia.

En cuanto a las actualizaciones, por ahora serán los fines de semana, pero trataré de incrementarlas a dos veces por semana cuando avance en las correcciones de los otros capítulos. ;)
Ahora sí, nos leemos la semana que viene. Les envío un abrazo enorme a todos.