Contenido violento.
Capítulo 6
Estaba parada en la penumbra de la noche con muchas personas frente a ella. Parecía la entrada a un reino por los mástiles en los bordes del camino. Algunas antorchas encendían levemente el recorrido empedrado; Sin embargo, nadie parecía detectar su presencia. Prestó más atención al grupo de hombres y notó que estaban de pie y otros agachados alrededor de algo o alguien.
-¡KEYLA!
Era un grito de dolor y desesperación. Y la reconoció; era la voz de Liv y provenía donde estaban los guardias. Elsa puso las manos en la boca ahogando un gemido de dolor. ¿Qué significaba todo esto? ¿Por qué estaban golpeando a Liv?
-¡Liv! -La llamó e intentó avanzar, pero algo la detuvo haciendo que bajara la mirada a sus pies. No podía moverlos.
Esto era familiar. Sintió horror al recordar como su cuerpo lentamente se había congelado hasta su último respiro la primera vez que había llegado a Antohallan. Pero esta vez era diferente; no se estaba congelando, sino que simplemente no se podía mover de donde estaba.
Recordó a Liv y cuando volvió a mirar, allí estaba. La seguían sacudiendo hasta que finalmente lograron separarla de otra persona que al parecer estaba inconsciente. Era una chica parecía de la edad de Liv pero su cabello era rizado y rojo como el fuego; era precioso.
Un soldado tomó la cabeza de Liv para enterrarla en la tierra y luego la pateó en las costillas.
-¡KEYLA! -Lloró doblando su cuerpo de dolor.
El grito fue desgarrador para Elsa. Miró a su alrededor, intentando buscar alguna solución, pero sus pies seguían imantados al suelo. Si tuviera que adivinar estaba viviendo un recuerdo por lo que solo podía ser espectadora.
Vio a un caballo chillar e intentó acercarse a Liv, pero fue inmovilizado por muchas lianas en su cuello. Elsa constató que ese debía ser el caballo de Liv le había mencionado.
La pusieron de pie para atarla de las manos por delante de su cuerpo y luego fue golpeada detrás de su rodilla para que se arrodillara y así poder inmovilizarla por completo.
Liv gruñía intentando escapar, pero los soldados le taparon la boca con un trapo y en la lucha logró morder con fuerza la mano del guardia.
-¡KEYLA! -Pudo gritar con todas sus fuerzas para llamar a su hermana que estaba siendo arrastrada de los brazos por dos hombres.
Y Elsa vio que los ojos de Keyla se volvieron rojos.
Un tornado de fuego la envolvió alejando e incendiando a todos a su alrededor. Los soldados chillaban de dolor y otros gritaban agonizando mientras rodaban por el suelo intentando apagar las llamas.
La joven extendió ambos brazos y de ellos brotaron dos bolas de fuego que atravesaron a los guardias que sostenían a Liv.
Elsa intentaba procesar todo lo había visto. Keyla, la hermana mayor de Liv ¡También tenía poderes! ¿De fuego? ¿Por qué Liv nunca se lo dijo?
A pesar de todas sus dudas el corazón de Elsa se llenó de alivio y esperanza al ver a Liv correr hacia su hermana.
-Liv… -Dijo Keyla tomando sus manos atadas con sus ojos aun brillando fugazmente.
Elsa gritó intentando advertirle, pero fue inútil. Un hombre se había bajado de su caballo y pateó el rostro de Liv con su bota tirándola a un lado. La sangre brotaba en el rostro de Liv mientras nuevamente otro par de guardias la toman de los brazos.
-¡Liv! -Exclamó Keyla realmente asustada.
Elsa presionó magia en sus manos con fuerza y atacó, pero su poder siguió adelante desapareciendo eventualmente. Ya no podía seguir soportando ver como Liv era golpeada y separada de su hermana. Miró sus manos que estaban brillando con intensa magia pero que esta vez eran inútiles. Se dio cuenta que se estaba sintiendo así últimamente.
Inútil.
Y quería salvar a Liv que ahora se sacudía para volver a escapar.
-¡Suéltenme!
Elsa miró a Keyla. La habían arrastrado unos metros y ahora estaba en el suelo atada con varillas de metal y dos hombres depositaban pilas de ladrillos alrededor de ella.
-¡No!
Intentó hacer fuego, pero los ladrillos impedían que se propagaran. Keyla brotó fuego de su cuerpo, pero chilló cuando las varillas eran de metal se calentaron quemando su propia piel.
Elsa no pudo contener las lágrimas de dolor.
-Todo en orden. -Asintió el guardia ya con Liv totalmente inmovilizada.
-Key… -Llamó Liv.
Apenas habló una patada le partió el estómago y se dobló rogando por aire. Su boca caía sangre tiñendo sus labios totalmente de rojo.
Elsa podía ver el dolor y la tristeza en ella. Su hermana estaba siendo secuestrada frente a sus ojos. No podía creer que Liv tendría que cargar con este recuerdo el resto de su vida.
Un hombre en caballo blanco se colocó frente a Liv.
Elsa se sorprendió de reconocerlo. Era el Rey Edward de Switzland. Con un traje blanco y medallas en su pecho bajó de su corcel con su cabello voluminoso peinado elegantemente hacia atrás.
Lo había conocido en las galas y reuniones en Arendelle. Él había asistido a su coronación y sobrevivió al invierno que ella había azotado.
-¿Majestad? -Preguntó Liv levantando la vista dejando que la luz de las antorchas le iluminaran todo el rostro lastimado.
El rey bajó su espalda sin doblar las rodillas para verla.
-¿En serio creían que podrían irse sin decir nada?
Liv se quedó muda tanto como Elsa mientras que a Keyla la estaban empapando con agua.
Liv quiso abalanzarse sobre él, pero rápidamente fue contenida por los guardias.
-¡Desgraciado! ¡Fuimos tus súbditos! ¡Hiciste un acuerdo con mis padres!
El hombre río entre dientes gozando de su superioridad
–¿Piensas que dejaría a una persona que tiene el poder de crear fuego vivir en mi Reino sin contribuir? Estúpida niña, todo fue para que se quedaran… y no se fueran.
La cabeza de Elsa dolía de la catarsis. Pero entendía a donde quería llegar el rey con eso.
Querían usar a Keyla para su beneficio. Y la forma más sencilla de hacerlo era manipularlos para hacerlas sentir pertenecidas. Él las había engañado.
-Agradezco tu trabajo como mi súbdita. -Sonríe de lado el Rey-. Pero ahora ya no me eres útil.
Rio gozando de su triunfo y le da la espalda observando como Keyla era confinada.
-Se acerca una gran batalla. Y Keyla será mi llave a la grandeza. ¡Swiztland! El Reino dictador de todos los reinos. -Exclamó Edward alzando sus brazos al aire como si lo gritara al mundo.
-¡No! -Gritó Liv e intentó moverse para ser nuevamente detenida. -¡Ella no se dejará! ¡No puedes controlarla!
El hombre sonrió ladeando la cabeza para verla.
–Tengo mis medios…
Sus dientes blancos y su sonrisa malévola asustaron a Elsa. Esa sonrisa era sádica. Demostraba que sería capaz de hacer cualquier cosa por conseguir lo que deseara.
Keyla ya estaba totalmente atada e inconsciente y la estaban llevando a una celda atada de caballos.
-No… -Jadeó Elsa viendo cómo se llevaban a la hermana de Liv.
-¡Keyla! -Liv gritó su nombre con todas sus fuerzas. Totalmente inmovilizada seguía gritando, rogando. Rogando que no se fuera.
-¡NO SE LA LLEVEN! ¡Por favor! ¡Es mi hermana!
Las lágrimas de Elsa caían libres por sus mejillas. Jamás vio a alguien rogar así por su vida. Sus gritos eran poderosos.
Liv escupió sangre y cerró los ojos con fuerza. Respiraba de forma muy agitada y gemía en cada exhalación. Estaba desesperada.
Elsa rogó que no se levantara. No podía seguir viendo como era violentada sin piedad.
-Por favor no te pares. -Lloró Elsa. Sabía que perdería a su hermana eventualmente ¿Cuándo terminaría este recuerdo que para Elsa era más como una pesadilla?
Entonces Liv rugió y levantó su cabeza con todas sus fuerzas conectando el rostro del guardia que la sostenía, empujó al otro liberándose para correr en dirección a su hermana.
Pero cayó nuevamente con un golpe y Elsa no pudo evitar gritar su nombre.
-¡Hija de perra! -Exclamó el guardia cubriendo su rostro que estaba ensangrentando-. ¡Me rompió la nariz!
-¿Qué haremos con ella majestad? -Preguntó otro hombre.
El Rey la miró encima de su caballo y sonrió.
-Creo que podrían sacar unas monedas por ella ¿No creen?
Un guardia la tomó de las manos atadas y tiró de su cabello para que levantara la cabeza.
-Veintitrés, años, musculosa, pero de buena contextura. Ojos grises… eso es extraño, pero si es virgen de seguro valdrá más.
El hombre soltó su cabeza y allí Liv escupió sangre al traje blanco del Rey. El hombre solo chasqueó sus dientes y los guardias ya la estaban alejando de la jaula donde estaba su hermana.
-¡Key! ¡Keyla! -La llamó sin éxito con sus manos atadas a una larga cuerda que se ató al caballo de un guardia-. ¡RIVEN!
Elsa vio al caballo relinchando con mucha fuerza e intentando tironear para salvarse, pero era inútil. A Liv la llevaban a arrastres hacia el bosque mientras que su hermana era llevada hacia la entrada del Reino.
-¡Keyla! -Lloraba mientras la tironeaban. Sus ojos se apretaron con fuerza, las lágrimas salían a por montones. Sus piernas no cedieron al principio, sin rendirse por huir. El caballo tuvo que acelerar un momento para que cayera al suelo.
Se quedó sentada mientras veía el carruaje irse.
-¡TE SALVARÉ KEYLA! -Gritó con todas sus fuerzas- -¡NO ME IMPORTA LO QUE ME CUESTE VOLVERÉ POR TI!
Su cuerpo no pudo reunir más fuerzas y cedió al camino.
-Liv. -Susurró Elsa.
De repente una ventisca comenzó a azotarla con fuerza levantando su cabello y vestido. Se tuvo que tapar los ojos y poner una mano cerca de su rostro para evitar ser llevada. Pero el viento culminó con más fuerza y su vista comenzó a colorearse de gris.
Sintió un empujón que la hizo caerse hacia atrás y abrió los ojos.
Estaba nuevamente en el Bosque Encantado. Liv estaba a metros de ella con sus ojos abiertos del espanto mientras respiraba agitadamente. Elsa sentía las lágrimas caer en sus propios ojos y un nudo en su garganta que le impedía respirar con normalidad.
Nadie se atrevió a decir nada en el siguiente minuto. Hasta que Elsa notó que había algo fuera de lugar a espaldas de Liv.
Ahogó un gemido con su boca. No puede ser… no puede estar allí.
Pero allí estaba. La estatua de Anna congelada en la misma pose en la que había muerto años atrás salvándola de ser asesinada por el príncipe Hans.
Liv tenía su ceño fruncido en un intento de aguantar su lamento. Elsa se volteó para saber de qué trataba y quedó más en shock.
Era otra escultura de hielo y Elsa reconoció que era la hermana de Liv, Keyla atada de la misma forma en que había visto en su visión.
¿Cómo fue posible?
Ambas se pusieron de pie y corrieron a sus respectivas estatuas. Elsa lloró al ver nuevamente a Anna. Sabía que no era real, pero era idéntica. La misma mirada, la misma postura que hizo para protegerla. Parecía un deja vú al colocar sus manos en sus mejillas.
Elsa giró lentamente para espiar a Liv. Estaba de sus rodillas con la frente apoyada sobre la frente de su hermana.
Si Elsa había vivido esa visión sobre la vida de Liv. Significaría qué…
Volvió a mirar a el rostro de Anna y llegó a la conclusión.
Se habían congelado las visiones de cada una.
No pudo conciliar el sueño esa noche. Cada vez que cerraba los ojos los gritos de Liv resonaban en su mente. Las visiones de cómo era golpeaba le azotaban la cabeza; recordar a su hermana atada y torturada de esa forma era algo que hacía revolver su estómago obligándose a abrazarse a sí misma para calmar el dolor.
Pensó en Anna. Ver a su hermana nuevamente congelada la había impactado demasiado. Recordar y revivir las sensaciones que había sentido ese día y los anteriores de su vida. Miedo, dolor, aislamiento, todo ello volvía a torturarla mentalmente. Su mente la culpaba una y otra vez de lo que había sucedido.
Su magia había condenado a su reino a un invierno eterno. Su miedo había lastimado a Anna. Había matado a Anna. Si no hubiese sido por el acto de verdadero amor de su hermanita… Anna no estaría reinando Arendelle en este momento.
Sabía que Anna estaba bien. Se habían estado hablando con ella por cartas, pero esperar a verla nuevamente le parecía algo muy lejano. Necesitaba ver a su hermana ahora. Sentirla en sus brazos y escuchar su alegre risa.
En cambio, Liv no podía estar con Keyla. Había sido separada de ella y ahora estaba desaparecida.
Ya sin poder resistirlo más se levantó de su cama en Antohallan y decidió emprender viaje a Arendelle. Era de madrugada y sabía que Anna estaría durmiendo, pero necesitaba verla ahora más que nunca.
Anna despertó en medio de la noche por una sacudida de viento. Levantó la cabeza y jadeó al ser levantada tan rápido de su sueño. Kristoff para su suerte seguía durmiendo plácidamente dándole la espalda. Anna acarició su cabello y notó que no estaba aún tan enredado como cuando despierta en la mañana; así reconoció que aún faltaba bastante para el amanecer.
Algo sorprendida de haberse despertado reconoció las hojas y ramas que descansaban en el alfeizar de la ventana abierta.
-¿Gale? Preguntó en voz muy baja y se levantó de la cama para ir a ver.
Sus ojos se abrieron como platos al reconocer a su hermana cabalgando sobre Nokk hacia el castillo. Sin vacilar apenas pudo agarrar su bata de noche y corrió por los pasillos del castillo con su corazón sintiendo que saldría de su garganta mientras intentaba colocarse la bata de forma torpe.
Abrió una de las puertas lo suficiente para que su cuerpo pasara y retomó su carrera descalza por las escaleras de piedra que la llevaba a la orilla del océano.
Llegó jadeando de agotamiento por la carrera y Elsa llegó a tiempo bajando de Nokk que éste se evaporó en las aguas.
-¿E-elsa? -Titubeó Anna intentando recuperar el aire-. ¿Qué haces aquí? ¿Está todo bien?
Elsa comenzó a caminar con mucha prisa lo que provocó algo de miedo en Anna. No sabía que iba a hacer y le inquietaba no conseguir respuesta.
Pero todo cambió cuando Elsa la envolvió en un fuerte abrazo escondiendo su rostro en su cuello.
-¿Elsa? -Pregunto Anna devolviendo el abrazo-. ¿Qué…?
Todo empeoró cuando la escuchó llorar. Su corazón se partió en dos y la abrazó con todas sus fuerzas susurrándole palabras de apoyo.
-Está bien…
-Anna. -Sollozó Elsa mientras sus lágrimas caían en su cuello.
-Estoy aquí…
Elsa la abrazó como si no quisiera dejarla ir. Podía sentirla, olerla, oírla. No era la estatua de hielo que vio en el Bosque Encantado horas atrás. Anna estaba viva, con ella.
Luego de un largo rato abrazadas. Anna se separó de ella lentamente tomándola de los hombros.
-¿Quieres entrar? -Propuso-. Hay té y de seguro hay una porción de pastel de chocolate con tu nombre.
Elsa pudo reír mientras limpiaba sus lágrimas con la palma de su mano y se dejó llevar por su hermana menor al interior del castillo.
Pasaron las siguientes horas de la noche en una de las salas de estar conversando. Elsa le contó todo lo que había sucedido desde su última visita hasta con lujos de detalles sobre Liv, sus poderes y el oso.
-Espera ¿Qué? -Anna levantó una mano para que se detuviera-. ¿Me estás diciendo que ella mató a un oso solo con una daga casera?
Elsa sintió sus mejillas sonrojarse al recordar a Liv cubierta de sangre junto al oso.
–S-si…
-Wow. -Anna se palmeó el rostro mostrando verdadero asombro-. Debes presentármela algún día Elsa. ¡Debe ser genial!
Elsa rio recordando a Liv bromeando, jugando con los lobos y atreverse a conseguir lo que quisiera.
Si, a Anna le caería muy bien a Liv.
Pero su sonrisa se borró al recordar a Liv siendo golpeada en su visión.
Sacudió su cabeza y decidió seguir contándole a Anna todo lo que había sucedido.
Finalmente llegó a la parte más importante. Anna permaneció en silencio prestando suma atención. Cuando llegó al final Elsa suspiró con pesadez sintiendo que las lágrimas vendrían de nuevo.
Sin embargo, Anna se acercó y le abrió los brazos para que se acurrucara con ella. Elsa aceptó apoyando su cabeza en el pecho de Anna sintiendo su corazón palpitar con calidez mientras que la pelirroja envolvía sus brazos por su espalda.
-Lamento que hayas tenido que presenciar todo eso Elsa. -Susurró Anna.
-Oh Anna. Elsa sentía sus lágrimas nuevamente caer-. Verte allí de nuevo…
-Oye. -Anna la interrumpió moviendo su cabeza para que la mirara a los ojos-. Era solo una estatua ¿Bien? Estoy aquí, todo pasó. No pienses en ello ¿De acuerdo?
Elsa asintió y cerró los ojos concentrándose en sentir el calor de su hermana. Anna también decidió sumergirse en ello para olvidar también esos horribles recuerdos que amenazaban por salir.
-Así que en la visión de Liv… el Rey Edward fue quien secuestró a su hermana.
-Él está detrás de todo esto. -Elsa levantó la cabeza separándose de su hermana-. Hay que hacer algo Anna. La usaron, la secuestraron contra su voluntad para utilizarla como arma.
Los labios de Elsa temblaron imaginándose ella en la posición de Keyla. Siendo torturada, alejada de sus seres queridos, alejada de Anna.
-¿Por qué Liv no me lo dijo? -Se preguntó-. ¿Por qué no me dijo que su hermana tenía poderes también?
-Para protegerla. Cómo tú lo hiciste conmigo.
Elsa suspiró cansada. El oso, la visión, las lágrimas y la noche en vela la habían agotado absolutamente.
-¿Pudiste hacer algo aquí Anna?
Su hermana hizo una mueca mostrando las malas noticias.
-Busqué registros de los movimientos de Switzland, pero no hallamos nada relevante. No hay nada fuera de lugar. Sea lo que sea que estén haciendo lo están escondiendo bien. No tengo forma de acusarlos políticamente. No hay pruebas.
Elsa volvió a suspirar y Anna tomó su rostro entre sus manos.
-Oye. Ya pasaste suficiente por hoy. Necesitas descansar y luego… debes hablar con Liv. Aclarar lo sucedido.
-Tienes razón. Debo hablar con ella.
Anna sonrió satisfecha de oír a su hermana.
-¿Te sientes mejor?
Elsa soltó un bostezó que tapó elegantemente con su mano y asintió.
–No sé qué haría sin ti.
-Siempre estaré para ti.
-Igual yo. No lo olvides Anna.
Se envolvieron en otro abrazo y Anna bostezó con la boca abierta.
-Bien. -Dijo y se acomodó en el largo sofá boca arriba abriendo sus brazos-. Quedan dos horas antes de las seis y Kai nunca me despierta un minuto tarde. Así que aprovechemos lo que nos queda.
Elsa sonrió y se dejó caer sobre su hermana con su cabeza sobre su pecho mientras sus brazos la envolvían. Era tan afortunada de tenerla.
-Te quiero Anna. -Susurró sintiendo que el sueño la atrapaba con rapidez.
Escuchó a su hermana decir que también la quería antes de quedarse profundamente dormida.
A diferencia de Elsa, Liv no pudo dormir en lo absoluto.
Las primeras horas nocturnas Aster le había taladrado la cabeza preguntando qué había sucedido para que Elsa y ella volvieran con sus rostros tan aturdidos y Liv le dijo reiteradas veces que no quería hablar en lo absoluto logrando que el ave se molestara y la dejara sola.
Pasó una hora mirando las estrellas hasta que se dio cuenta que si quería podría contarlas todas. Luego caminó alrededor de la aldea teniendo a Bruni iluminando el suelo por donde caminaba. No supo cuánto caminó, pero tuvo que emprender el camino de regreso cuando escuchó los ronquidos de los gigantes muy cerca de ella.
Finalmente, el cielo comenzó a aclararse, pero el sol no amenazaba a salir. Liv estaba recostada contra un árbol cerca de su respectivo goahti tratando de cerrar sus ojos. Pero cuando pasaba mucho tiempo cerrados recordaba a Elsa encerrada en un calabozo congelado, o como casi fue asesinada por un hombre con patillas o cuando su hermana se sacrificó para salvarla.
Sus oídos sensibles detectaron unos pasos y los buscó con sus ojos. Alguien salió de una carpa lejana a la suya y le daba curiosidad de quien sería.
Se paró en silencio y vio a una mujer que por su larga trenza reconoció que era Odette. Sin tener nada mejor que hacer decidió seguirla manteniendo distancia.
Alejándose lo suficiente de la aldea frente a un terreno despejado de árboles donde se podría deslumbrar el amanecer en el océano Odette se detuvo y Liv quedó unos metros atrás.
-¿No me dirás buenos días? -Dijo Odette mirando el océano.
Liv se acercó un poco más ya pareciéndole inútil mentir de que no la estaba siguiendo.
Odette volteó y cuando la vio silbó.
–Mírate… ¿No dormiste nada eh?
Liv se imaginó con ojeras bajo sus ojos y un rostro de verdadero agotamiento. El día la había destruido tanto física como emocionalmente.
-¿Elsa te ayudó a sanar tu brazo?
Liv sacudió su cabeza procesando lo que había escuchado.
-¿Cómo lo sabes?
Odette comenzó a mover sus manos lentamente por su cuerpo creando largos círculos comenzando una especie de danza.
–Tus poderes son iguales de místicos que los de Elsa. Ustedes tienen una conexión que no puede ser explicada con palabras.
Poco después comenzó a mover sus pies de un lado a otro y cuando sus brazos comenzaron a sincronizar, una ventisca elevó el cabello de Liv por un segundo antes de sumergirse en el baile de Odette.
-¿Qué estás haciendo?
-Presentando mis respetos al viento. -Responde Odette-. Ahora cállate que me desconcentras.
Liv resopló y decidió sentarse para observar a Odette. Sus movimientos eran hipnotizantes, elásticos.
-Es una coreografía tradicional de defensa. ¿Nunca lo has visto?
Liv negó con la cabeza. Odette sin dejar de moverse puso una sonrisa algo débil y nostálgica.
-Bueno… usualmente este baile se debe realizar en el alba. Y tu padre no importa cuánto lo intentara no podía despertarse antes. Era dormilón y solía tener mucho mal humor por las mañanas.
Liv se mordió el labio recordando a su padre. Era cierto, él odiaba levantarse temprano y por eso su madre había puesto como regla en la casa que no debían dirigirle la palabra a su padre hasta que terminara de devorar su desayuno.
No pudo evitar sonreír al recordar a su padre. Lo extrañaba, necesitaba su abrazo y sus palabras de ánimo. Pero al no ser posible sus ojos no se despejaron del baile de Odette que era lo que más cercano a su padre en esos momentos. El viento se movía al compás del baile y poco después se podía oír a Gale chillar de gozo cuando Odette terminó con sus brazos alzados al cielo.
El sol finalmente comenzó a asomarse y Liv tuvo que refregarse los ojos del agotamiento. Odette se quedó de pie mirándola fijamente con algo de dulzura.
-¿Todo bien por allí?
-Te mentiría si digo que sí. -Admitió Liv estirando sus brazos.
-¿Quieres hablar de ello?
Liv no respondió de inmediato sintiendo el peso en su pecho y su cabeza. No tenía a nadie con quien conversar. Y Odette a pesar de que la conocía hace muy poco se mostró muy apreciativa con ella.
Además… era familia.
-Si.
La anciana se sentó a su lado y miraron el amanecer. Era precioso, pasaron unos largos minutos en silencio hasta que Liv decidió contarle. Le contó de su conexión con Elsa; de cómo podían curar heridas; de cómo se sentía cuando estaba cerca de ella y finalmente le contó lo que había sucedido esa anoche sin revelarle lo que había visto en el recuerdo de Elsa.
Decidió respetar el pasado de Elsa. Además, no veía de que podría servirle a Odette para ayudarla con el verdadero problema.
-¿Cómo están tus poderes ahora? -Preguntó Odette.
Liv alzó los hombros con poca importancia.
–No aparecen todo el tiempo y cuando quiero hacer algo específico son débiles. La única vez que actuaron con fuerza fue cuando mi vida estuvo en riesgo o cuando me enojo demasiado. No lo sé, empiezo a pensar que es una pérdida… ¡Au!
Odette había tironeado de su oreja.
-No digas ridiculeces. Tus poderes te hacen la guerrera más fuerte en todo este bosque. -Señala Odette-. Tu problema es que no los aceptas, no los quieres.
Liv miró las palmas de sus manos y se quedó en silencio otorgándole la razón.
-Hasta que no aceptes que son parte de ti… ellos no te aceptarán. Liv, eres la descendiente de una magia increíblemente poderosa; capaz de hacer cosas extraordinarias si solo te lo propones. Vívelo.
-Solo quiero ver a mi hermana Odette.
-Y tus poderes te ayudarán a ello. -Afirmó Odette-. –Cuando sean parte de ti y sepas controlarlos estoy segura de que te ayudarán a encontrarla. Y la única forma de que tus poderes mejoren es si te integras a aldea.
Liv frunció el ceño en desacuerdo.
-Sé que no quieres convertirte en Southuldra. Pero tú tienes estos poderes porque eres la sucesora de esta aldea. Debes intentar integrarte. -Odette rápidamente se llevó una mano al pecho notando la mirada incrédula de su nieta-. Y no lo digo porque quiero que aceptes tu puesto como princesa. Lo digo como consejo.
Liv rodeó los ojos, levantó su dedo índice y lo giró provocando que un leve viento levantara el cabello de su frente.
-Bien. -Aplaudió Odette-. Estamos llegando a algo. Y en lo que respecta a Elsa…
Liv miró con atención a su abuela.
-Los poderes de Elsa tienen una gran conexión con los tuyos. Hablamos de siglos atrás, en leyendas perdidas y olvidadas. Nuestros últimos escritos mencionan al Guardián del viento, pero un posible quinto espíritu que se resguardaba más allá del Bosque Encantado. Podemos estar presenciando por primera vez en la historia al quinto espíritu y al Guardián del viento reunidos en cuerpos humanos. Y lo que sucedió anoche… es solo una prueba de ello y una de las maravillas que pueden hacer juntas. ¿Te imaginas de lo que podrían ser capaces ambas si unen sus magias?
Liv no podía imaginárselo. Pero por el simple hecho que Elsa era muy diferente a ella. Elsa tenía poderes de nieve y hielo. Pero su cuerpo era delgado y esbelto, sus suaves manos demostraban que no había tocado un arma en su vida y su piel blanca y delicada revelaba que no había sufrido heridas letales. A diferencia de ella que su cuerpo era más tonificado con una espalda más ancha y brazos definidos; sus manos eran ásperas y su piel bronceada revelaba pequeñas cicatrices.
-Pero nada de eso sucederá si no aprendes a controlar tu magia.
Liv reconoció que sus poderes eran permanentes y que era heredera a liderar un pueblo. Solo sentía que le faltaba una corona para reconocerlo oficialmente. Pero eso no significaba que realmente quería eso. Después de lo sucedido con Elsa no tenía deseos de intentar controlar sus poderes.
Y entonces pensó que desde que sus poderes habían nacido también nació la intención de proteger a Elsa. Y decidió confesárselo a Odette.
-¿Es normal sentir… que quiero proteger a Elsa todo el tiempo? Cuando la vi amenazada por ese oso… sentí la desesperación de salvarla. Honeymaren estaba herida pero no me interesaba salvarla la verdad.
Odette rio porque sabía que Liv no se llevaba muy bien con esa joven Nothuldra. Liv sonrió aliviada de que Odette no se enojara por eso.
-Era casi la misma desesperación que sentía cuando peligraba hermana, pero… más intensa.
Odette ladeó la cabeza.
–Eres el Guardián del viento. Nuestra descendencia es para proteger a todos. Y el quinto espíritu es alguien que debes proteger fundamentalmente. Ella lidera a todos los demás espíritus en el bosque encantado. Si algo llegara a sucederle…
-No le sucederá nada. -Niega con la cabeza Liv con mucha seguridad en su voz.
Odette sonrió ligeramente al escuchar tanta seguridad en su nieta.
–La sensación de querer proteger a Elsa puede estar relacionado con tus poderes… como también no.
Liv apretó sus labios y rápidamente saltó en defensa.
-Elsa tiene a su hermana en Arendelle. No quiero que otra familia se pierda. Ahora no puedo proteger a mi hermana… pero puedo proteger la hermana de alguien más.
Odette tocó el hombro de Liv sintiéndose orgullosa. Reconoció que Liv había heredado la empatía de su madre Ofelia.
-Creo que la hermana de Elsa estaría muy agradecida de oír esas palabras.
Liv sonrió sin ganas y notó que el sol ya estaba a mitad de camino.
-Bien, mi estómago ruge por un desayuno y tú… necesitas comer algo. -Odette se puso de pie y le extendió su mano-. Y dormir.
Liv tomó su mano.
–Gracias Odette.
La anciana acarició la cabeza de Liv como si fuese una niña pequeña.
–Eres mi nieta Liv. Haría cualquier cosa por ti. Incluso ayudarte con tu magia si quieres.
-¿Tú… puedes ayudarme?
-¿Acaso crees que Spirit fue el Guardián del viento en mi generación? -Alza una ceja Odette y emprendió el regreso a la aldea dejando a Liv con la boca abierta.
Elsa no regresó al Bosque Encantado hasta pasadas las primeras horas de la mañana. Había decidido compartir el desayuno junto a Anna, Kristoff y Olaf y eso le había alegrado la mañana.
-¡Elsa! -Saludó alegremente Ryder-. ¿Cómo estás?
Elsa se sintió contagiada por el buen humor de Ryder y sonrió ligeramente. –Bien Ryder gracias ¿Viste a Honeymaren?
-Si… -Ryder terminaba de cerrar una mochila con suministros-. Hace un rato estuve con ella. Se nota que necesita descansar. -Sonrío con amabilidad el joven y Elsa asintió.
-Gracias Ryder. -Elsa pensó si era buena preguntarle si había visto a Liv, pero prefirió intentar por su cuenta.
-Ni lo menciones Elsa. ¡Nos vemos! -El Nothuldra se despidió y se alejó de allí junto a otro grupo de aldeanos.
-Hey.
Elsa se sobresaltó y giró rápidamente encontrándose cara a cara con Liv. La castaña tenía ojeras en sus ojos y su rostro mostraba mucho cansancio. Parece que al igual que ella no había podido dormir demasiado.
-Buen día Elsa. -Liv saludó con la voz algo gruesa y luego carraspeó.
-B-buenos D-días. -Elsa no pudo evitar titubear y se cacheteó mentalmente por ello. Las cosas no salieron como las planeó siendo Liv quien la encontrara a ella y Elsa no podía encontrar las palabras adecuadas para hablar. Era como si su timidez se hubiera apoderado de ella.
-¿Has desayunado? -Pregunta Liv.
-S-si, hace unas horas ¿Tú?
-Comí algo con Odette. -Liv se rascó la cabeza y soltó una risa algo tonta-. Igual no tenía tanta hambre…
El silencio las invadió, pero solo fueron por unos cortos segundos.
-¿Podemos hablar? -Dijo Liv.
-Por supuesto. E-lsa respondió de inmediato casi arrastrando las palabras.
Se dejó guiar por las pisadas de Liv y abandonaron la aldea. No se fueron muy lejos llegando a la orilla de un arroyo donde el agua corría provocando un sonido relajante.
Liv se detuvo y volteó a enfrentar a Elsa. Elsa intentaba buscar las palabras en su cabeza para conversar de lo que había sucedido anoche. Pero al ver los ojos de Liv no veía el brillo, veía dolor, podía ver su historia y eso le provocaba un vacío que no sabía cómo llenar.
Las palabras apenas salieron de sus labios. –Lo siento.
-¿Por qué?
-No quería que esto sucediera. -Liv no podía verla a los ojos.
-Yo tampoco.
Liv suspiró y tomó valentía para ver a Elsa que la miraba con preocupación.
-¿Has dormido?
-Nada. -Negó Liv-. ¿Y tú?
-Solo unas horas. -Admitió Elsa-. Liv, creo que deberíamos… conversar de lo que sucedió. Contar lo que vimos. Yo no sé qué viste…
Liv asintió con pesadez y se frotó los ojos.
–Sí, estoy de acuerdo.
-¿Quieres dormir un poco primero? Te ves agotada.
-No podré. Necesito hablar Elsa.
Elsa asintió lentamente y decidieron sentarse sobre unas rocas mientras sus pies se sumergían en el arroyo.
Liv fue la primera que contó lo que vio. Elsa no la interrumpió en ningún momento y Liv podía detectar como ciertas partes de sus recuerdos le afectaban cerrando sus ojos con fuerza, apretando sus manos o mordiendo sus labios. Liv en cierto momento no pudo soportarlo y tomó sus manos apretándola entre las suyas.
-Debe ser horrible recordarlo. Lo siento.
-No es tu culpa. -Dijo Elsa con angustia-. No puedo fingir que no sucedió, esa historia es parte de mí. Es lo que me hace quien soy ahora.
-Tienes una hermana increíble. Ahora entiendo porque la quieres tanto. -Sonríe Liv intentando animarla-. Me alegro que ella este bien.
Elsa recordó la sonrisa excéntrica de Anna y como la había estado abrazando hace solo unas horas y eso logró hacerla sonreír.
–Lo sé, ella es increíble. Gracias.
Liv asintió y Elsa sintió que sus palabras eran honestas. Ahora que Liv había contado todo le tocaba a ella.
Pero cuando intentó contarle recordaba los golpes, los gritos de Liv y su hermana siendo confinada. Eso solo provocó que sus labios temblaran al igual que sus manos.
-¿Elsa? -Liv volvió a apretar sus manos y trató de buscar sus ojos-. No sé qué viste, pero debes decímelo. Solo dime donde estaba. No tienes que contarme el resto. No quiero los detalles.
Elsa vio los ojos cansados de Liv y asintió. Su boca se abrió y logró articular.
-Vi… el día que fuiste separada de tu hermana por el rey Edward.
Ahora Liv se congeló con los ojos abiertos. Bajó su cabeza llevando su pulgar y su índice a los ojos apretándolos y soltó un desquebrajado suspiro.
Elsa notó que intentaba ocultar como realmente se sentía al respecto para no preocuparla. Eso solo hundió más el corazón de la ex reina de Arendelle.
-¿Hasta dónde viste?
-Hasta donde fueron separadas y prometiste que irías por ella. -Respondió Elsa.
Eso solo logró otro suspiro y sus codos apoyados en sus rodillas rendida. Elsa imaginó que Liv debía estar reviviendo cada golpe, cada grito, viendo como era separada de su hermana. Entonces decidió tomar su mano y acercarse a apoyando la cabeza en su hombro. Liv inmediatamente se aferró a su mano y bajó levemente su cabeza para descansar junto a ella.
Ninguna se movió. Ambas sentían miedo de que si alguna se movía despertarían de ese momento íntimo y reconfortante. Pero Liv aún seguía con dudas.
-Significa que ahora sabes que mi hermana tiene poderes ¿No es así?
Elsa levantó su cabeza y asintió. Liv volvió a soltar otro largo suspiro y llevó las manos al agua para lavarse el rostro reiteradas veces. Finalmente pasó sus manos mojadas por su cabello peinándolo y se lo acomodó a un lado del hombro.
-Lamento que hayas tenido que ver todo eso Elsa.
-No te disculpes. -Elsa tocó su hombro-. En todo caso, yo lamento lo que has pasado.
Liv negó con la cabeza.
-Yo decidí no obedecer y sufrí las consecuencias. Aguanto cualquier golpe o castigo por Keyla porque daría lo que sea por protegerla. ¿Tú entiendes verdad?
-Entiendo. -Asintió Elsa-.-Para eso son las hermanas, para protegerse una a la otra.
-Así es. -Sonríe sin humor Liv-. Compartimos ese gran amor por nuestras hermanas.
Ambas bajaron la cabeza para ver sus reflejos en el agua. Se quedaron unos minutos en silencio hundiéndose en sus propios pensamientos. Hasta que Elsa decidió preguntar lo más importante.
-¿Por qué nunca dijiste que tu hermana tenía poderes?
Liv alzó los hombros.
–No lo vi necesario. Ella ahora debe estar ocultándolos. Sé que si no estuviera en peligro haría una señal de humo para que la busque o algo así. Si no muestra señales de sus poderes; significa que ahora no puede usarlos. Además; Switzland quiere sus poderes ¿Por qué pensaría que sería diferente aquí? Los Southuldra quieren que me quede a liderarlos en el futuro por mis poderes ¿Qué crees que harán con Keyla si se enteran?
Elsa no lo había pensado así, pero tenía sentido. Keyla fue secuestrada, torturada y tratada como un arma por meses. ¿Qué haría el Bosque Encantado al encontrarla? Claro que no la torturaría, pero sus poderes eran poderosos y ayudarían. Pero ¿A qué costo? Elsa sabía que lo único que quería Liv era encontrar a su hermana y vivir en paz con ella siendo el único familiar que le quedaba. ¿Por qué el Bosque Encantado lo impedía?
-Por eso Elsa… te pido que mantengas el secreto ¿Puedes hacerlo? No quiero que nadie lo sepa por ahora. Sólo enfoquémonos en encontrarla ¿Por favor?
Elsa vio total sentido a la petición de Liv y asintió sin pensarlo dos veces.
-Mantendré el secreto.
Liv sonrió mostrando los dientes.
–Gracias, de verdad. -Segundo después soltó un largo bostezo y se lo tapó con el brazo-. Perdón.
Elsa inmediatamente se sintió contagiada y bostezó, pero abriendo menos la boca y se lo tapó con la palma con más elegancia. –Parece que estamos igual.
Ambas se sonrieron y decidieron levantarse de las piedras.
-Aún tenemos tiempo de buscar a tu hermana ¿Quieres ir? -Preguntó Elsa ahora más motivada de encontrarla.
Para su sorpresa Liv negó con la cabeza.
–Estoy agotada y creo que ambas merecemos un descanso. Prefieres… ¿Qué nos sentemos a hablar? O simplemente no hacer nada…
Elsa no tenía nada importante que hacer hoy por el Bosque. Ante cualquier emergencia alguno de los espíritus la llamaría. Por lo que no le disgustaba la idea de sentarse junto a Liv a conversar o simplemente no hacer nada. Podía quedarse un rato y luego irse.
–C-claro.
Ambas caminaron un rato buscando el mejor lugar para sentarse hasta que decidieron recostar sus espaldas a un enorme ombú que les daba sombra del sol. Respiraron el aire otoñal del bosque y suspiraron relajadas. Era una delicia.
-Este bosque es hermoso. -Admite Liv-. Me encanta cada centímetro de él.
-¿De verdad? -Elsa alza las cejas, curiosa. Era la primera vez que oía a Liv decir algo positivo de este lugar.
-Por supuesto. -Liv responde con total obviedad-. ¿Acaso viste lo que es este sitio? La fauna, la flora… no tiene comparación… los bosques de Switzland lo hace parecer un lugar para puercos.
Elsa rio ante la referencia y cerró los ojos respirando nuevamente el aire otoñal.
–Tienes razón este bosque no tiene comparación.
Se quedaron en silencio un buen rato. Elsa miró la copa del enorme ombú y comenzaba a pensar si Liv estaría recordando lo que vio de sus recuerdos. Y eso le provocó una duda. Liv conocía cada aspecto de Anna, pero ella no conocía ninguna de su hermana Keyla.
-¿Liv?
-¿Mmh? -Liv tenía los ojos cerrados.
-¿Cómo es tu hermana?
Liv abrió lentamente los ojos y sonrió con tristeza. Ladeó la cabeza para verla a Elsa y respondió en voz baja.
–Es extrovertida, cariñosa, dice exactamente lo que piensa y es una excelente cocinera. Hace el mejor pan del planeta. -Liv sonrió con más fuerza al sentir como los recuerdos aparecían-. Me encantaba despertar oliendo su pan recién horneado y ella nunca me dejaba que tocara la cocina por las mañanas. Cuando era pequeña me decía que no me acercara al horno porque si lo hacía envenenaría el pan y arruinaría su sabor.
Elsa rio y disfrutó ver la sonrisa de Liv.
–Tiene un cabello hermoso rojo como el fuego, aunque eso ya lo sabes. No le iba muy bien con los estudios y le gustaba mucho salir por las noches. Nos gustaba mucho quedarnos en un pub bebiendo vino y ella… siempre fui su mano derecha para meternos en problemas, pero al final ella siempre conseguía salirse con la suya.
Liv suspira mirando el cielo y volvió a sonreír.
–Ella nunca se iba de mi lado. Me hacía sentir la persona más valiosa del mundo.
Elsa notó que movió su mano con rapidez para limpiar una traicionera lágrima. De pronto se sintió algo arrepentida de haber preguntado.
-Lo siento, no debí preguntar…
-¿Qué? -Liv abrió los ojos como platos sorprendida-. No, no te disculpes Elsa. Me hace muy bien hablar de ella.
–Suena a que es una chica encantadora.
-Lo es. -Dijo Liv y se giró para recostarse enfrentada a Elsa. -Ojalá la conozcas algún día.
-La encontraremos Liv. -Sonrío amablemente Elsa recostando su cabeza.
Sus ojos volvieron a chocarse mientras sus rostros estaban a muy poca distancia. Elsa podía sentir el aire que Liv desprendía de sus labios. Miró sus labios que eran claros y carnosos y Elsa se humedeció los suyos imaginando como se sentiría besar esos labios.
Un momento ¿Qué?
Ella deseaba besar a Liv. Eso provocó que sus mejillas enrojecieran y su corazón volviera a palpitar con fuerza. Tenía miedo de moverse, por lo que se quedó quieta mientras su mente le recordaba que lo que estaba sintiendo no estaba bien.
-Gracias Elsa. -Susurró Liv.
Finalmente volvieron la vista al frente y Elsa intentaba recuperarse de lo que había sentido.
Liv en cambio estaba tan agotada que cerró los ojos.
Lo último que recordó pensar antes de quedarse dormida fue que los labios de Elsa eran rosas y finos.
Elsa abrió los ojos. Lo primero que detectó era que ya estaba anocheciendo ¿Cuántas horas habían dormido?
Su estómago reclamaba comida y su cuerpo estaba entumecido por haber dormido contra un árbol. Inmediatamente sintió un peso en su lado izquierdo y notó a Liv que dormía profundamente apoyando la cabeza en todo su hombro mientras sus brazos se apretaban y sus manos estaban unidas.
Elsa suspiró mirando a Liv. Su rostro dormido mostraba mucha paz y su pecho bajaba y subía con cada respiración. Jamás la vio tan calmada como ahora y eso le parecía… tierno.
Un mechón de pelo estaba sobre su rostro y Elsa no pudo evitar tomarlo con cuidado para colocarlo tras su oreja. Rápidamente se arrepintió de lo que hizo porque Liv gruñó y se movió levemente para despertarse.
-Maldición. -Susurró rascándose los ojos con su mano libre-. Dormí profundamente.
-Yo también. -Admitió Elsa-. Aunque me siento algo entumecida.
-Coincido. -Liv soltó su mano para crujir su cuello a ambos lados. Elsa se sorprendió por el fuerte ruido.
Vieron el cielo. El sol ya se había ocultado y la noche aún era clara.
-Todavía no debe ser la hora de cenar. -Dice Liv poniéndose de pie empezando a estirar sus piernas, brazos y espalda-. ¿Regresamos a la aldea? Tienes que ver cómo está Honeymaren ¿No?
Elsa recordó a su novia y sus ojos se abrieron con fuerza despertándola de cualquier posibilidad de volver a dormir.
–Es cierto.
-¿Cómo está ella?
-Se recupera como era de esperarse. En dos semanas estará bien.
-Tú crees… ¿Qué deberíamos probar nuestros poderes con ella?
Elsa lo había pensado. La primera vez que había pensado que podrían usar sus poderes en alguien fue cuando la loba estaba moribunda pero ya era tarde cuando quiso decirlo. Sin embargo, ante lo sucedido ayer no estaba muy segura si era buena idea.
-No lo sé Liv. Ni siquiera podemos entender como nuestros poderes unidos funcionan. Y lo de ayer… podría ser peligroso si sucede otra vez.
Liv asintió.
–Tienes razón. Solo fue una divagación. Olvídalo.
Elsa sonrió y aceptó la mano de Liv para ponerse de pie.
–Gracias por preocuparte por ella.
Liv alzó los hombros. –Ella es especial para ti.
Elsa se sonrojó ante la idea. Liv no le preocupaba de verdad Honeymaren, le preocupaba porque sabía que era importante para ella.
Comenzaron su camino de regreso y Liv continuó.
-Entonces estamos de acuerdo que debemos tener… cuidado al combinar nuestros poderes. Odette me dijo que compartimos un poderoso vínculo.
-¿De verdad? -Elsa tenía mucha curiosidad-. ¿Qué más te dijo?
-Pues… -Liv bostezó con fuerza y estiró nuevamente sus brazos-. Me dijo que es la primera vez en la historia que un quinto espíritu y un guardián del viento coexisten juntos como humanos. Y que la leyenda dice que ambas magias tienen un vínculo que está más allá de lo que las palabras pueden explicar. Parece que nuestro poder nos hace acercarnos cada vez más. Eso explica nuestra unión y lo que sucedió anoche.
Elsa asintió en silencio procesando todo lo que había dicho.
-¿Algo más?
-Nop.
Elsa se sintió algo decepcionada. Aún no había suficientes pistas para saber por qué sus poderes compartían ese vínculo. Entonces pensó en Keyla.
-¿Crees que exista algo parecido, pero con los poderes de Keyla?
Liv caminó pensativa.
–Mmh. No lo sé. Si tuviéramos algún vínculo creo que tendríamos alguna pista de donde está. -Pasó las manos por su cabello y gruñó frustrada-. Hay muchas cosas que no tienen sentido.
-¿Cómo qué?
-Si los poderes del viento desaparecen cuando pasan a la siguiente generación… ¿Por qué mis poderes despertaron veintitrés años después?
Elsa abrió los ojos.
–Tienes razón ¿Jamás los sentiste? ¿Ni cuando eras pequeña?
Liv negó con la cabeza.
–Keyla era la favorita de la familia por crear fuego y encender fogatas. Yo siempre fui una ordinaria plebeya.
-¿Te molestaba?
Liv alzó los hombros.
–Aprendí a lidiar con ello. A diferencia de lo que te sucedió a ti Elsa, nosotras no fuimos separadas. Crecimos juntas y con mis padres la ayudamos a controlar sus poderes y que aceptara que son parte de ella.
Elsa no pudo evitar sentir algo de envidia. A diferencia de Keyla ella fue separada de Anna y vivió con el miedo constante de lastimar a los demás con su magia. Keyla creció rodeada de amor.
Finalmente llegaron a la aldea. Todo parecía normal y hasta ahora nadie se había percatado de su llegada.
Sin embargo, ninguna se movió.
-Tengo que ir… -Dijo Elsa señalando la carpa.
-¡Oh! -Reaccionó Liv y re rascó la cabeza con torpeza-. Cierto, cuéntame después.
-Seguro. -Asintió Elsa.
-Nos vemos.
-Adiós.
Fue una despedida algo incómoda. Fue como salir de la burbuja que habían creado y volver a tierra. Pero no podían estar todo el tiempo juntas si así lo desearan.
Después de todo lo habían pasado en las últimas veinticuatros horas les parecía muy extraño separarse y seguir con sus vidas por separado. Para ellas sus vidas habían cambiado.
Y Elsa esperaba que fuese para bien.
Mientras ella ingresaba a la carpa Liv caminaba mirando a su alrededor buscando que hacer. Tal vez cenar, o hablar con Odette. No tenía muchas alternativas así que iría a lo primero que viera.
Fue así como algo chocó con sus piernas, se detuvo en seco y miró hacia abajo.
Un pequeño niño Nothuldra estaba mirándola con los ojos color almendra muy abiertos.
-¿Tú eres quien mató al oso?
Liv alzó una ceja. El niño se aferró a sus rodillas y parece que no iba a dejarla ir si no le contestaba.
-Ah… -Balbuceó y respondió algo insegura-. ¿Si?
Los ojos del niño brillaron y su boca se abrió con asombro. Rápidamente y sin permiso tomó de la mano de Liv y la arrastró a una carpa cercana.
-¡Es ella! ¡La encontré amigos! -El niño gritó y Liv vio salir de la carpa a un grupo de niños y niñas tanto Southuldras como Nothuldras que cuando la vieron sus ojos también brillaron y aplaudieron de alegría.
-¿Qué rayos…? -Susurró y se encontró con Aster que estaba apoyado arriba de la carpa. El ave abrió su ala para taparse el pico demostrando que se estaba riendo y Liv negó con la cabeza divertida.
Los niños se acercaron atolondrados entre sí y miraron a Liv con ojos suplicantes.
¿Nos cuentas? ¡Cuéntanos como mataste al oso! ¿Sangraba? ¿Moriste? ¿Es verdad que era más grande que un pino? Eres linda…
Las preguntas y exclamaciones de los niños no paraban de sonar mientras la hicieron entrar a la carpa haciéndola sentir invadida. Nunca le desagradaron los niños… pero tampoco podía asegurar que les agradaba. Nunca tuvo la oportunidad de estar rodeada por ellos.
Finalmente decidió mostrar sus manos.
-¡Bien, bien! Les contaré. Solo si hacen silencio y se…
Los niños se movieron con prisa sentándose pegados entre sí, en total silencio con los ojos inyectados en ella.
-…Sientan. -Liv jamás se sintió tan observada en su vida.
Ella prosiguió a sentarse cruzando sus piernas mirando a todos los niños.
-De acuerdo… ¿Por dónde empiezo?
-¡Por el principio! -Exclamó un niño del fondo y los demás lo chistaron.
Liv rio divertida.
Tal vez esto no esté tan mal.
-Bien. Eso haré…
Se habían cumplido dos semanas desde lo sucedido y Liv podía definir que no estaba teniendo los resultados que quería. Todas las mañanas emprendía largas caminatas con Elsa buscando a Keyla, pero siempre volvían decepcionadas. Ni una pista, ni una huella. No había forma de constatar que Keyla o su caballo Riven estuvieran por los alrededores. Tampoco los espíritus ayudaron o pudieron constatar que su hermana estaba viva.
Cerca del mediodía decidieron emprender el regreso. Elsa pudo notar que Liv caminaba mirando el suelo, decepcionada.
-Mañana buscaremos de nuevo. No te desanimes.
Liv la miró.
–No hallaremos nada Elsa. Estoy llegando a la conclusión que hay algo que no estamos haciendo bien.
-¿De qué hablas?
-Debe haber otra forma de buscar. Otra forma de constatar que ella está bien. Ha pasado más de un mes no una hay ni un rastro. Sé que Keyla está viva y si no encontramos nada es porque se debe estar escondiendo.
Liv extendió sus brazos al suelo y una leve ventisca sacudió las hojas creando un sendero.
-También creo que si aprendo a usar mi magia eso podría ayudarme a encontrarla. Y últimamente no he avanzado nada; casi ni los uso.
Elsa nunca vio a Liv intentar descubrir su magia y eso le generaba muchas dudas de por qué. No podía creer que alguien tenía poderes igual que ella y no estuviese para nada interesada en usarlos. Claro que comprendía que Liv solo pensaba en salvar a su hermana, pero… teniendo el poder elemental del viento. ¿No le daba un poco de curiosidad?
-Descansemos por hoy. Mañana volveremos a buscar y…
-¿¡Y luego qué!? -Elsa se detuvo en seco cuando Liv volteó exasperada-. ¡Es inútil Elsa! No vamos a encontrar nada.
El silencio culminó en ellas. Liv había despertado con el pie izquierdo y se podía constatar por sus cortas contestaciones y los largos silencios en donde no decía ni un comentario sobre cualquier tontería o algo gracioso. Elsa podía entender que podía tener esos días ante los pobres resultados de Keyla.
Liv soltó un suspiro y se tomó la cabeza entre las manos. –Lo siento Elsa. No quise…
-Está bien… Susurró.
-¡No, no está bien! Solo… necesito estar sola un momento. Lo siento.
Elsa apenas pudo decir su nombre cuando comenzó a correr perdiéndose entre los árboles. Liv la había oído más cerca de lo natural por la sensibilidad de sus oídos, pero no pudo detenerse. En esos momentos solo quería perderse.
No supo cuánto corrió, pero se sorprendió de sí misma cuando se detuvo luego de un rato. No estaba jadeando, ni siquiera sentía sudor, su corazón estaba algo acelerado, pero no lo suficiente. La verdad que no se sentía agotada en lo absoluto.
Volteó a mirar por donde había corrido y no vio un rastro de Elsa ni de nada cercano. Había corrido kilómetros a mucha velocidad y no se había cansado.
Sintió su cuerpo y sabía que algo era diferente. Se sentía ligera, ventilada y que necesitaba sentir más.
-Mierda, mierda. Insultó. -¡Maldita sea!
Exclamó pisando su pie con fuerza y una explosión de aire voló a su alrededor ventilando la copa de todos los árboles con mucho ruido. Estaba enojada, impotente. Necesitaba sentirlo de nuevo.
-¿Dónde mierda estas Keyla? ¿¡Por qué no te puedo encontrar!? -Liv golpeó el aire estirando todo su brazo y de su puño nació una explosión de aire que desgarró un arbusto alto de frutos secos del suelo haciéndolo volar en círculos por los aires.
-Oh wow… -Liv miró su puño-. ¿Hice eso?
Por supuesto que ella lo había hecho. Liv asintió sorprendida y comenzó a sentir el aire pasar entre sus dedos como una víbora.
-Ah claro… -Rodeó los ojos viendo el viento con una pequeña tonalidad de gris-. ¿Ahora apareces?
Entonces recordó lo que Odette le había dicho en ese amanecer.
Siéntelo, vívelo.
Libéralo.
-¡Liv!
Su amigo Aster voló sobre ella antes de aterrizar sobre una rama baja.
-¡Cielos! Sí que te fuiste lejos. Volé bastante para encontrarte y… -Su cabeza se dirigió al arbusto destruido-. ¿Eso estaba cuando llegaste?
-¿Qué quieres Aster? -Liv no estaba de humor para escucharlo bromear.
-¡Hey tranquila! Pude ver que tuviste un mal día.
Liv resopló.
–Sí, así es. Gracias por recordármelo.
-Sé que la extrañas.
Liv aflojó su ceño y miró al ave con angustia. Hace meses conocía a Aster y sabía que a pesar de que se mostraba desinteresado y bromista, él la conocía muy bien para saber cuándo realmente necesitaba compañía.
-Yo extraño a Riven. -Dijo Aster-. Extraño competir con él por la pradera. Nunca conocí un caballo tan rápido. -Soltó un suspiro desgarrador batiendo sus enormes alas-. Lo que daría por correr nuevamente contra él. Estamos empatados.
Liv miró el camino que mostraba el bosque. Los árboles estaban alineados como amigos y el terreno se veía bastante alentador. Sacó la linga de hielo de su muñeca y se ató su cabello rápidamente en una cola de caballo. Percibió que sus músculos le pedían trabajo y su corazón palpitaba de emoción.
-¿Quieres intentar?
El ave ladeó levemente a la cabeza.
–No estoy entendiendo.
-Correr... -Liv señaló el sendero-. Por el bosque, una carrera.
Aster desplegó sus alas y rio a carcajadas.
–No lo creo.
Liv empezó a pegar pequeños saltos en el lugar y movió sus brazos.
–Oh vamos ¿Tienes miedo?
-Claro que no.
-Entonces no tienes nada que perder…
Mantuvieron sus miradas entre sí. Liv sonreía de lado con orgullo entrecerrando los ojos y Aster amaba ver esa mirada en ella.
-De acuerdo piernitas. -Aster abrió sus alas de golpe-. Muéstrame que puedes hacer.
Minutos después Liv había preparado una línea de partida y estaba haciendo los últimos estiramientos.
-¿Reglas? -Preguntó el ave rascándose un ala con el pico.
-No veo meta concreta. Supongo cuando uno pierda de vista al otro la carrera terminó.
-Sabes que no durarás ¿Verdad?
Liv ríe y se prepara.
–Voy a sorprenderte ave.
-Y para qué te dé tiempo para sorprenderme te daré diez segundos de ventaja.
-¿Solo diez? -Liv sonrió mostrando falsa ternura-. Eres tan amable.
-Daré la partida.
Liv asintió. Puso su pie izquierdo adelante y flexionó sus rodillas; luego dio una respiración profunda y fue entonces que sintió el aire recorrer todas sus extremidades sintiendo un cosquilleo adictivo en su torrente sanguíneo.
No detectó que sus pupilas de dilataron. Y apenas sintió la voz de Aster cosquilleando su oído dando la partida salió disparada.
Aster comenzó a contar y se sorprendió al perderla de vista cuando llegó a contar tres. Parpadeó y cuando llegó al seis se dio cuenta que la velocidad de Liv no era normal en un ser humano.
Contó sin pausar los últimos cuatro números y desplegó sus alas volando tan rápido como pudo para poder alcanzarla.
Segundos después la encontró corriendo a toda velocidad. Sus piernas casi se distinguían al avanzar, su cabello volaba y el viento se expandía por donde pisaba dejando un camino por donde iba dejando sus huellas.
-¡Hey! ¿¡Qué es todo esto!? ¿Desde cuándo puedes correr así? -Exclamó el ave volando a su lado.
-¿Loco eh? -Jadeó Liv y pegó un salto sobre un tronco caído-. Se siente increíble.
Siguió corriendo animándose a aumentar su velocidad. Apenas sentía sus pies rozar la tierra y su visión no se enceguecía; es más, podía ver metros antes de llegar y prepararse para el siguiente movimiento. El ave aulló con augurio y empezaron a correr juntos por todo el bosque. En un momento un terreno lleno de renos obstaculizaba, pero Liv fue rápida y decidió saltar para correr por los troncos y pasar por encima de la manada para nuevamente caer en pie y continuar corriendo.
Aster chilló de alegría. -¡Eso fue increíble!
Liv sonrió de alegría y gritó junto a su amigo ave disfrutando de este nuevo poder.
Kilómetros después escuchó ladridos y vio a una manada de lobos correr todos juntos. Liv abrió la boca y aulló de alegría al compartir la carrera con los caninos que corría mirándola con sus lenguas hacia afuera. Los lobos corrían unidos y Liv al compartirlo sintió que fue uno de los mejores momentos de su vida.
Después de alejarse de la manada Aster reconoció que ya habían corrido demasiado. Él no estaba tan cansado, pero notó que Liv jadeaba y se veía preocupada intercambiando miradas entre sus pies y el camino.
-Liv ¿Cómo lo llevas?
-Aster… -Gimió Liv-. No puedo detenerme.
-¿¡Qué!?
-No sé por qué. -Liv seguía corriendo y demostró que quería frenar pisando la tierra, pero sus piernas respondían con mucho dolor. No podía detenerse si no quería romperse las piernas-. No puedo parar.
-Eventualmente te cansarás.
-¡Estoy agotada! ¡Ayúdame!
-Soy un águila ¿Qué quieres que haga?
-¡No lo sé! Debo detenerme de alguna forma.
Aster estrechó sus ojos en el camino y se concentró en ver la mayor distancia posible. -Sigue en línea recta. Hay un risco que lleva al mar. Iré por ayuda.
-¡No me dejes aquí! -Gritó Liv.
-Obsérvame haciéndolo.
Liv apretó sus puños e insultó a Aster con todas sus fuerzas mientras se desviaba con sus alas para dejarla sola. El ave soltó una carcajada provocando más ira en ella.
-¡Cuando te vea Aster, vas a sufrir!
Sentía sus piernas quemarse en dolor, su cabeza palpitaba y el sudor cubría mayor parte de su cuerpo. Debía encontrar la forma de detenerse pronto y lo único que podía esperar era encontrarse con ese risco y tirarse al mar. Si se dejaba caer ¿Podría volar? Liv pensó que tendría bastante sentido si disponía de esa habilidad ya que manipulaba el viento.
De repente la tierra comenzó a temblar alejando sus pensamientos. Liv miró la tierra y efectivamente estaba temblando. Vio una sombra deslumbrarse y así fue cuando un enorme pie de piedra pisó cerca de ella.
Chilló pegando un salto alto por el aire que se expulsó de la pisada.
Alzó la vista y quedó boquiabierta. Los gigantes de Tierra estaban a su lado. Cuando la vieron una ceja de piedra se alzó en alto con verdadera curiosidad.
Pero eso cambió drásticamente cuando el ceño de uno se frunció y esta vez levantó su enorme pata y la mantuvo apuntando a la zona de Liv.
-¡Hey! ¡Esperen! -Gritó Liv sintiendo la sombra de la piedra sobre ella. Sin opciones corrió más rápido y el pie cayó detrás de ella provocando que la tierra se eleve al igual que sus pies-. ¡No hagan eso!
Otro gigante también elevó su pie y nuevamente cayó a la derecha de Liv provocando que la tierra se impregnara en su rostro y tropezara sobre sus pies.
-¡No quiero hacerles daño!
Liv gritó cuando una piedra cayó a su lado.
-¿¡Es en serio!?
Vio otra sombra avanzar y levantó la vista para descubrir que lanzaban más piedras. La segunda cayó a unos metros y logró esquivarla, pero las demás seguían cayendo como meteoritos.
Otro pie se acercaba y Liv tomó la intrépida decisión trepar hasta la cima de una piedra y empujarse con ambos pies sobre la piedra para ganar más distancia. Agradeció a su coraje porque eso logró que la pisada no la haga puré.
Distinguió el risco a lo lejos y ya no se le ocurrían otras ideas. Sus piernas comenzaron a endurecerse y cada vez le costaba más contener el aire. Los gigantes parecían no querer rendirse con ella porque gruñeron por detrás.
Llegó la saliente y no cerró los ojos al saltar. Vio por el rabillo del ojo que otra piedra caía a su lado, pero a mayor velocidad. La caída fue larga lo que le dio tiempo de prepararse para caer prolijamente mientras gritaba de miedo.
Las caídas a precipicios le traían malos recuerdos.
Chocó el agua con rudeza. Sintió su cuerpo pesado y como poco a poco perdía la cercanía con la superficie. Sus piernas estaban inútiles, no podía moverlas. Rápidamente empezó a mover sus brazos para subir, pero tampoco estaban haciendo un buen trabajo. Comenzaba a desesperarse mientras se quedaba poco a poco sin resistencia al aire.
Un extraño resoplido se escuchó en las aguas. Liv pensó que había sido su imaginación, pero sus ojos se abrieron como platos cuando una cabeza de caballo la miró con ojos intensos y furiosos.
Liv abrió la boca del susto e intentó alejarse, pero fue inútil. Su visión comenzaba a borrarse y ahora el caballo parecía el menor de los problemas.
Sus piernas estaban acalambradas lo que provocó que abriera la boca de dolor y más agua entrara a sus pulmones. Eso fue lo último que sintió antes de sucumbirse a la oscuridad.
Sintió una horrible y familiar rasguño en su cabeza. Aster siempre lo hacía para despertarla, pero esta vez se excedió en fuerza lo que sus ojos se abrieron de golpe y al querer gritar comenzó a toser y vomitar agua.
Tosió sin parar expulsando toda el agua de sus pulmones en las piedras. El dolor en sus pulmones era tan fuerte y su garganta quemaba que cerró los ojos con fuerza soportando el dolor.
Sintió una delicada mano tocar su hombro desnudo. Suave, fría y provocó que sus pulmones ya dejaran de doler demasiado.
-¿E-elsa?
-¿Se puede saber en que estabas pensando?
Bueno, eso no lo esperaba venir. Elsa estaba sentada sobre sus rodillas y la miraba con el ceño fruncido.
Rápidamente Liv cambió miradas con Aster y el giró su cabeza al océano mostrando que no estaba interesado en participar en la conversación.
-Pues…
-¡Casi mueres! -Exclamó Elsa apretando sus puños mostrando que realmente estaba tratado de contener su ira-. ¡Nokk te tuvo que sacar de allí y no estabas respirando!
-¿Nokk?
Liv giró al océano y vio el majestuoso caballo. Aún sus ojos mostraban ira y claramente eran hacia ella. Liv hizo una mueca y se echó levemente hacia atrás pensando que tal vez el caballo saltaría sobre ella, pero simplemente se evaporó en las aguas.
Oh claro. Ese era el espíritu que le faltaba conocer.
-¿¡Qué estabas pensando!?
La exclamación de Elsa la hizo sobresaltar y volvió a verla. Seguía molesta y se dio cuenta que eso le daba un poco de miedo.
-Puedo explicarlo… -Liv levantó sus manos en señal de defensa e intentó sonreír para calmar a Elsa, pero no estaba funcionando-. Fue un accidente, por supuesto que no me tiraría al mar apropósito ¿He?
Rio de forma incómoda y supo que no iba a salir de esta con Elsa calmada. Entonces prosiguió a contarle todo lo que había sucedido desde que se habían separado.
-Solo te fuiste. Te quedaste sola por diez minutos ¿Y haces estas cosas? -Elsa se palmeó la cara; Liv pensó que ya era hora de que Elsa supiera que una de sus características era ser muy impulsiva. -¿No piensas en las consecuencias?
-Muchas veces no lo hace.
Ambas fulminaron con la mirada al ave. Sin embargo, Aster se sintió más aterrado con la mirada de Elsa. Carraspeó y sacudió sus alas.
–Estaré por allá… si me necesitan.
Ahora totalmente solas Elsa suspiró agotada. Recordó como Nokk había dejado a Liv en la orilla tomando su atuendo por los dientes como si fuese una carga. Un sentimiento de deja vú había despertado en ella recordando que cuando conoció a Liv fue en la orilla con marcas de azotes y quemaduras por toda su espalda y una bala en su hombro. Era como volver a vivir una pesadilla.
Cómo el recuerdo de cómo fue maltratada al separarla de su hermana.
-La verdad no pensé que no podría detenerme ¿Es lógico no? No quise que esto terminara así. -Liv seguía explicándole sin sospechar lo que corría por la mente de la ex reina de Arendelle-. Además, con los gigantes atacando…
Elsa la fulminó con la mirada.
-No los conoces. Ellos son muy territoriales y no les gusta que la gente se les acerque. Ellos son los que se acercan, no nosotros.
Liv hizo una mueca.
–Alguien tendría que habérmelo dicho.
El pecho de Elsa se llenó de aire y trato de mantenerlo ahí para controlar la ira que prevalecía en ella. Esas ingenuas y tontas palabras de Liv; queriendo hacer cargo a alguien más de su estupidez fue la gota que rebalsó el vaso en su paciencia.
-¡No puedes hacer esta clase de locuras y despreocuparte! -Gritó con sincera ira-. Aster llegó agitado diciendo que estabas en problemas ¿Sabes lo que me preocupé por ti?
Los labios de Liv bajaron. Quería responderle, decirle que no tenía que preocuparse, que ella misma podía manejarlo o que no era su responsabilidad ocuparse de ella. Pero no pudo.
Elsa se veía realmente enfadada por lo que había hecho. Puede ser que para Liv no fue la gran cosa, pero para Elsa sí.
Ahora que lo pensaba mejor si había sido una estupidez caer al mar y casi morir ahogada de no ser por un caballo mágico. Si hubiese muerto no tendría forma de encontrar a Keyla. Keyla jamás la encontraría a ella y… habría fallado a su promesa.
Ahora solo sintió ganas de golpearse a sí misma y llamarse idiota. Debía concentrarse, enfocarse más. Y experimentar sus poderes de esta forma no era la solución.
-Lo siento. -Susurró con la voz muy apagada-. No volveré a hacerlo.
Ahora era Elsa la que habría los ojos sorprendida por la respuesta. No pensó que se había excedido, pero la voz de Liv decía lo contrario.
–Lo siento si fui muy…
-No, no. -Interrumpió Liv-. Tienes toda razón. Hacer estas estupideces no me ayudan a encontrar a Keyla. La próxima vez pensaré mejor las cosas.
Elsa asintió. Y aún pensaba en lo rígida que había sido con Liv. Nunca se había enojado tanto por alguien que se haya puesto en riesgo. Recordó cuando Anna había corrido hacia el fuego de Bruni la primera vez que habían llegado al Bosque, pero no era lo mismo. Anna era su hermana, daría lo que fuera para que su vida no peligre ¿Por qué sucumbió a la desesperación en el momento que Aster le decía que Liv estaba en problemas? Se imaginó a Liv nuevamente herida de muerte, desmayada a su suerte en océano, siendo azotada por el ejército de Switzland. Todas las batallas que Liv había tenido que sucumbir sola le provocaba un deseo inexplicable de que no le volviera a suceder algo igual. Si ella podía estar para que Liv no se metiera en problemas, lo haría.
Elsa volvió a suspirar y se puso de pie.
–Es mediodía ¿Regresamos a la aldea? No le contaré a nadie lo sucedido.
-Suena a un buen plan.
Liv aceptó la mano de Elsa para ponerse de pie. Se sorprendió de que requirió más fuerza de la necesaria. Pero al pararse sintió su cuerpo totalmente adormecido y sin control. Intentó advertirle a Elsa, pero fue muy tarde. Sin control alguno cayó sobre ella y terminaron el piso.
-¿¡Qué haces!?
Las mejillas de Elsa estaban totalmente enrojecidas al sentir el cuerpo mojado de Liv sobre el suyo.
-¡Lo siento! -Exclamó Liv-. No puedo moverme.
-¿Cómo que no puedes moverte?
Liv intentó levantarse apoyando las palmas de sus manos a ambos lados de la cabeza de Elsa, pero al hacerlo sus brazos temblaron como gelatina y cayó nuevamente en un jadeo.
La unión del cuerpo de Liv junto el jadeo cosquilleando su oreja de Elsa fue suficiente para que su cuerpo se tensara y un calor la recorriera totalmente.
-Se ve que agoté completamente. -Dijo Liv chocando su frente contra las piedras pegando totalmente su cuerpo con el de Elsa derrotada-. No tengo fuerzas.
Elsa mientras tanto sentía su corazón iba a salirse de su pecho. Todo el cuerpo de Liv tocaba el suyo; sus piernas, su torso, sus senos, además de sentir su tibio aliento rozar su oreja.
Ahora ese calor viajó desde el pecho hasta muy por debajo de su ombligo. No sabía cuánto más iba a soportar.
Liv apenas encontró fuerzas y apoyó los antebrazos a cada lado de la cabeza de Elsa para poder levantar su propia cabeza. Ahora sus rostros estaban a centímetro de distancia. Liv estaba mojada y, pero al hundirse en los ojos de Elsa sintió su cuerpo como un volcán en erupción. Sus mejillas apenas estaban rosas a diferencia de Elsa que era un tomate mientras se mordía el interior del labio con fuerza y trataba de aguantar el aire.
Liv nunca había visto a Elsa tan de cerca lo que le dio la oportunidad de perderse en sus ojos para luego bajar a su pequeña nariz. Y entonces notó una peculiaridad que la hizo sonreír.
Elsa notó la sonrisa y no pudo evitar sentir curiosidad.
-¿Q-qué? -Susurró lo más bajo posible como si alguien pudiera oírlas.
-Tienes pecas en tus mejillas. -Susurró en el mismo tono.
Elsa la oyó y eso solo empeoró la situación provocando más calor en su cuerpo. Sentía que se iba a desmayar si no hacía algo pronto. Pero ahora lo único que podía hacer era ver los plateados ojos de Liv. Eran únicos y le quitaban el aliento.
Liv pensó que si tuviera fuerzas en su cuerpo le gustaría acariciar lentamente las pecas de Elsa para enfatizar su punto. Eran pequeñas, pero ahora visibles y Liv creía que eran muy adorables.
Abrió los ojos levemente despertando en la realidad de la situación y se dio cuenta que Elsa debería sentirse incómoda. Si fuese por ella no le importaría quedarse más tiempo en esa posición. Elsa era cómoda.
Mientras que Elsa se sentía petrificada todavía intentando de tener algo de autocontrol. No pudo hacer más que cerrar los ojos.
-¿Me ayudas? -Pidió Liv-. No puedo moverme…
Al escucharla abrió los ojos y despertó a la realidad doblando sus brazos para poner sus manos en los hombros de Liv para hacerla girar.
Finalmente, Liv rodó quedando boca arriba junto a Elsa. Ninguna despegó la vista del cielo.
-Lo siento. -Repitió Liv sintiendo cada extremidad dormida.
Elsa trataba de controlar su respiración. Ahora su vestido estaba apenas húmedo y su corazón sentía que golpeaba como si fuese un fuerte tambor, pero un dolor placentero que hacía sentir todo su cuerpo arder. Jamás había sentido algo así.
-N-no te preocupes. -Apenas tartamudeando-. ¿Nuestra magia servirá?
-Solo cura heridas, no el agotamiento.
-Entonces hay que encontrar alguna forma de llegar a la Aldea.
-¿Tal vez Nokk quiera llevarnos?
Un chorro de agua se disparó a su cara. Elsa levantó su torso arqueó la ceja con curiosidad al caballo que estaba sobre la orilla y sin hacer nada más desapareció.
-Se ve que no le agrado. Dijo Liv apretando sus ojos para que el agua no entrara ya que no podía levantar su mano para limpiarse. –Aun así, me salvó.
Elsa se puso de pie y se quedó mirando a Liv en el suelo con un dedo en la barbilla de forma pensativa.
-¿De verdad no puedes moverte en lo absoluto?
-¿Crees que si pudiera moverme me quedaría en esta inútil posición? -Arqueó una ceja Liv-. Mi cuerpo está totalmente adormecido.
-Tenemos que conseguir un reno o llamar a Gale. Tal vez pueda ayudar…
-¿No puedes llevarme tú?
Elsa se sonrojó imaginando llevar a Liv en su espalda.
-¡Claro que no!
-¡No con tu cuerpo tonta! ¡Con tus poderes! ¿No puedes hacer algo con ese hielo que siempre sueltas?
Elsa alzó las cejas y se mordió los labios. No quería dejar en evidencia su distracción de su magia y respondió.
–No se me ocurre nada.
Liv movió la cabeza. –Ve a la aldea a buscar ayuda. No iré a ninguna parte… Soltó una carcajada ante su astucia. –Pues claro que no iré a ninguna parte ¡Si no puedo!
-No pienso dejarte sola ahí en el suelo…
Liv levantó la cabeza y la miró confundida.
-¿Por qué? Aster vigila.
-Aster podría ir más rápido a conseguir ayuda.
Elsa podría ir montada en Nokk y llegaría rápido a la aldea a conseguir ayuda. Pero por una extraña razón no quería dejarla a Liv sola en ese estado. Quería asegurarse ante sus propios ojos que estaba bien.
-Es un buen punto… -Liv recostó la cabeza en el suelo y gritó-. ¡ASTER!
El ave llegó poco tiempo después y luego con la tarea de buscar ayuda en la aldea volvieron a quedar solas.
Elsa estaba de pie abrazando sus brazos observando el océano oscuro. El otoño hacía las olas más pausadas y suaves. Se distrajo con el sonido hasta que escuchó a Liv reír sola.
-¿Qué? -Alzó una ceja Elsa pensando que tal vez Liv estaba loca.
-Nada, nada… -Liv intentó evitarlo, pero volvió a reír sin poder taparse la boca-. Es que no puedo creer que pensabas llevarme cargando a la aldea teniendo poderes de hielo…
Elsa se vuelve a sonrojar sintiéndose humillada. Sin pensarlo dos veces creó una bola de nieve y la arrojó sobre el rostro de Liv para que dejara de reírse.
-¡Me tiras nieve porque sabes que es cierto! -Pero eso solo aumentó su risa mientras la nieve se esparció por su cara.
Elsa reconoció que era muy gracioso ver como intentaba sacarse la nieve al no poder usar sus brazos y no pudo evitar reír.
-¡Oye! No puedo sacarme la nieve de la cara ¡No es justo! -Gritó Liv sacudiendo su cabeza de un lado a otro para que la nieve cayera.
Elsa se tapó la boca para sofocar su risa y cuando finalmente se calmó respondió.
–Puedes con ello.
Media hora después, gracias a que Aster llevó el mensaje a la aldea un reno con pequeño trineo atado atrás estaba llevando a Liv de regreso.
Despertó y ya era de noche ¿Había dormido todo el día?
Liv se rascó los ojos y se levantó de su cama del pequeño Goathi. Se sentía como nueva, ya no le dolía absolutamente nada. Se puso de pie y sacudió sus piernas, brazos y se estiró para certificar que todo estuviese en orden. Se sentía excelente.
Se ve que solo necesitaba dormir. Y sí que había dormido bastante.
Vio comida junto a su cama y babeó. Su estómago rugía de hambre y seguía haciéndolo cuando terminó su ración. No era suficiente, pero no era hora para estar pidiendo más ya que todos dormían.
Salió de la carpa, no había nadie despierto y las fogatas estaban apagadas. Miró el cielo y observó que no estaba tan oscuro por lo que la hora del amanecer se acercaba. Su estómago reclamaba comida e incluso una hora más de sueño si se dejaba caer en la tentación. Pero a pesar de ello estaba dispuesta a buscar a la responsable de todo esto. Y sabía dónde podría estar.
La encontró en el mismo sitio bailando otros movimientos con Gale.
-¡Liv! -Saludó alegremente su abuela sin dejar de mover sus brazos-. Despertaste. Pensé que dormirías menos, a decir verdad. ¿Descansaste bien?
Liv decidió ir directamente al grano.
-¿En serio? ¡Impulsé mis poderes y casi muero! ¿Por qué no me lo advertiste?
Odette no reaccionó antes la ira de su nieta.
-No pensé que fuese necesario. Además, me habías dicho que no estabas interesada en aprender a usarlos ¿No es así? -Preguntó alzando sus cejas con un tono lujurioso.
Liv frunció el ceño y se cruzó de brazos.
–No, claro que no. Yo solo quiero encontrar a mi hermana y no necesito de ellos para hacerlo.
-¡Bien! Ve a por ello. -Le sonrió su abuela y le da la espalda para continuar su baile.
Liv parpadeó sintiendo que algo no cuadraba. Odette siempre la alentaba o trataba de convencerla de sus poderes, pero esta vez no. Simplemente le dio la razón.
-¿Por qué estas actuando rara?
Odette movió sus caderas y giró levemente mientras Gale chilló alegremente de sentirla a su alrededor.
-¿Es lo que quieres hacer no?
-S-sí, bueno, sí. Liv da media vuelta para irse, pero aún sentía que algo no estaba bien. Volvió a su abuela y esta vez la curiosidad le ganó. -¿Hay algo que quieras decirme? ¿O algo que tenga que saber?
Odette terminó su baile con los brazos extendidos y le sonrió. -¿Hay algo que te gustaría escuchar?
Liv abrió la boca, pero nada salió de ella. Realmente no sabía que era lo que quería que Odette dijera. ¿Qué le diera una disculpa? ¿Qué la dejara irse? O mejor, quería escuchar a la mujer decir "Oh lo siento, no eres heredera de mi pueblo nos confundimos con otra chica que tiene tu misma edad, que tiene poderes de viento y que también tenía un padre llamado Derek."
-Yo solo… -Liv suspiró y dejó caer sus brazos rendida a discutir-. ¿Qué es lo tengo que hacer?
Era su forma de decir. "Si, necesito que me enseñes."
Odette sonrió con triunfo. Al fin celebrado que había ganado.
–Eres orgullosa, pero sabes reconocer la derrota. -Liv entrecerró sus ojos al no saber si era un cumplido o un insulto. Por las dudas no preguntó al respecto-. Para optimizar tus poderes hay dos cosas fundamentales que debes saber. Cómo utilizas el aire de tu alrededor, como utilizas el aire que fluye dentro de ti. Así que esto es lo haremos.
Odette aplaudió sobresaltando a Liv por la sorpresa y ofrece el contrato sin rodeos.
–Te entrenaré para que aprendas a usar tus poderes y tú a cambio te incluirás en la aldea aprendiendo nuestras costumbres.
-¿¡Qué!? No, no no…. -Negó Liv chasqueando su lengua y negando con las manos-. No lo creo.
-Sé que no quieres conocer a mi pueblo, has dejado bastante en claro que nadie puede convencerte a hacerlo...
-Y por eso ahora me estas chantajeando. -Asumió Liv de brazos cruzados fastidiada.- Sabía que no debía insistir a que Odette hablara.
¿Por qué eres tan curiosa Liv?
–Liv, debes creerme cuando te digo que integrarte a nuestro pueblo podrás conocer a tus poderes y también… te conocerás a ti.
Liv se quedó en silencio con sus ojos abiertos. Odette parecía que le había leído la mente todos estos días y ahora la dejaba en evidencia. No pudo ocultar su preocupación al respecto y su mirada detonó tristeza sintiendo como los recuerdos brotaban de ella.
-Tienes muchas dudas sobre quién eres en realidad ¿No es así? -Odette movió la cabeza levemente para buscar sus ojos, pero al tener la cabeza abajo su largo cabello tapaba levemente su rostro-. A pesar de que te demuestras fuerte, decidida y despreocupada tus ojos no dejan de reflejar dolor e ira. No puedo imaginar lo difícil que debe ser todo esto para ti ahora. Y yo de verdad deseo que encuentres a tu hermana; después de todo también es mi nieta. Pero has viajado desde tan lejos y por giros del destino llegaste aquí. Llegaste aquí por una razón y no puedes seguir huyendo de eso Liv.
Liv sentía las palabras de Odette como un puñal en el pecho. Admitir la razón era algo, pero oírla desde los labios de otra persona era más dolorosa y perforante. Su garganta se cerró y sintió sus manos temblar mientras su cuerpo reproducía todo el camino que había tenido que atravesar y sobrevivir para llegar donde estaba ahora.
-El Bosque Encantado te estaba llamando, nosotros te estábamos llamando y nos salvaste la vida. Pero esto es solo el principio; algo peor se acerca Liv… y por eso el Guardián del Viento ha tenido que regresar.
Liv retrocedió un paso tratando de respirar hondo y apretar sus ojos para no llorar. Estaba aceptando lo que se había estado negando desde que había llegado al Bosque Encantado. Algo la había traído aquí, su corazón siempre se lo había estado diciendo. Pero no estaba feliz por ello porque al admitirlo sentía que estaba rompiendo su promesa. Sentía que traicionaba a la promesa que le había hecho a Keyla que volvería a ella sin importar que. Aceptar esta nueva responsabilidad significaba dejar un lado lo que la había motivado a seguir viva y seguir adelante. Significaba dejar un espacio en su corazón no solo para su hermana.
Liv empezó a sentirse mareada y se tapó la boca con la mano para equilibrarse. Muchos pensamientos cruzaban por su mente mientras que su pecho se cerraba pensando en que Keyla ahora debía estar despertando en otro sitio esperando por encontrarla y así volver a estar juntas solo ellas dos contra el mundo, pero hoy no sería ese día. Y tal vez los próximos tampoco lo sean.
Odette solo se quedó observándola, sintiendo empatía. Liv estaba dejando en evidencia el dolor en su interior dejando que presenciara como finalmente aceptaba quien debía estar destinada a ser.
-Te estaré esperando mañana después del almuerzo. Tú decides Liv. -Le dijo antes de marcharse.
Liv se quedó como estatua un largo rato aun intentando controlar todas las emociones que desbordaban en su cuerpo y se acumulaban en lágrimas en sus ojos. Hasta que inevitablemente cayó de rodillas comenzando a llorar.
Apretaba los dientes con fuerza soportando el grito que quería soltar para aliviar el dolor emocional que estaba sintiendo.
–No pienso romper mi promesa Keyla; volveré a ti no me importa cuánto me tome. Lo siento… -Lloró y se tapó la boca bajando su cabeza mientras las lágrimas caían libremente por sus ojos.
Preocupada de que alguien pudiera encontrarla intentó recomponerse e irse, pero escuchó el sonido de un aleteo muy familiar.
-Aster no ahora. Gruñó limpiando sus lágrimas con sus manos lo más rápido posible.
Pero al no escuchar al ave burlándose de ella levantó la cabeza. Aster estaba sobre ella y Liv lo tomó como señal de que quería apoyarse en su brazo. Ambos amigos ahora se estaban viendo muy de cerca.
-Sabía que eras especial. -Dijo Aster teniendo cuidado con sus filosas garras. Liv era la única cosa que jamás se atrevería a clavar sus garras-. Todo este viaje lo has hecho para encontrar a tu hermana… es hora de encontrarte a ti misma.
Liv se acomodó en el suelo para estar más cómoda con Aster en su brazo. Pocas veces tenía el placer de tener a Aster tan de cerca y este era uno de los momentos para apreciarlo. Sus plumas color bronce eran hermosas y suaves, su pico largo, filoso y sus ojos pequeños pero amenazantes.
-Estoy ansioso por ver en la persona en la que te vas a convertir. -Dijo Aster-. –Y sé qué Keyla también. Volverán a estar juntas Liv.
Aster era bromista con Liv siempre demostrando desinterés e insultándola para hacerla enfadar. Liv la mayoría de las veces caía en sus provocaciones, se enojaban, discutían, pero jamás se separaron uno del otro. Su amistad era inquebrantable y cuando Aster le hablaba de esa forma era imposible que estuviera mintiendo.
Liv sonrió de oreja a oreja y se limpió rápidamente las nuevas lágrimas.
-¿Liv? -Preguntó Aster al no escuchar a su amiga decir algo.
-¿Si?
-Te ves horrible.
Liv inmediatamente empezó a reír cerrando sus ojos. Los abrió para acercar su mano al ave y presionar su pico con cariño.
–Aster. -Suspiró y le sonrió muy feliz de tenerlo a su lado-. Eres un maldito bastardo ¿Lo sabías?
Aster sacudió la cabeza para soltarse de su agarre y rio para sus adentros.
–Lo sé, lo sé.
Se quedaron un rato en silencio, disfrutando de la simple compañía de uno con el otro. Liv repentinamente despertó al sentir que la temperatura había aumentado y el cielo se había aclarado por completo.
-Es de mañana… -Susurró-. Debo buscar a Elsa.
Se puso de pie mientras que Aster abrió sus alas para volver a su zona de confort que era cualquier sitio siempre que esté más arriba de la cabeza de su amiga.
-¿Vas a ver a tu enamorada? -Preguntó Aster volviendo a su tono bromista e irritante.
Inmediatamente Elsa apareció en su mente. Liv recordó su cuerpo contra el suyo. Recordó que había humedecido sus prendas sobre ella y su corazón palpitaba con tanta fuerza al sentir sus cuerpos tan juntos que pensó que Elsa podría escucharlo. Y cuando recordó haber encontrado ese valle de pequeñas pecas en sus mejillas no pudo evitar sonreír y sentir esas extrañas mariposas en su estómago.
Elsa realmente hermosa. Cada parte de ella.
Pero no iba a admitírselo a su entrometido amigo.
-Estas dañado Aster. -Respondió Liv mientras se acomodaba el cabello y su rostro de su reciente llanto.
-¿Crees que los ojos de un águila depredadora están dañados? -Río Aster.
-No, pero tu cerebro sí. Que desconfiguran la imagen de tus ojos. -Contratacó Liv ya caminando de regreso a la aldea luego de confeccionarse para verse presentable.
El ave desplegó sus alas y acompañó a Liv volando encima de ella. –Ah bien… entonces verte acurrucada con el quinto espíritu en la orilla del océano fue mi error. Supongo que haces eso con todo el mundo ¿no?
-Awwn, ¿Estas celoso Aster? -Preguntó Liv y le dio una mirada seductora al ave. Saltó para tomarlo de sorpresa y lo aplastó contra su pecho- Podemos recostarnos en la orilla del océano si quieres. -Propuso divertida mientras resistía a mantener el ave en su pecho.
-¡Suéltame loca! -Gritó Aster sacudiéndose como una gallina.
Liv sabía que odiaba que lo estrujara de esa forma y por eso se tomó su tiempo.
Comenzando a sentirse las tensiones...
A medida que pasan las semanas me siento feliz de publicar esta historia, sea quien sea que la lea espero que la guste y se introduzca en este mundo ficticio creada por una fanática (que solo quería probarle algo a un amigo).
Cierto protagonismo se la está llevando mi OC, pero ella es la ventana a expandir el mundo, por lo que bueno, espero que les agrade
Advierto que es una historia larga, si ustedes lectores creen que treinta o treinta y cinco páginas no son suficientes, háganmelo saber.
Si llegaste hasta acá te agradecería que me lo hagas saber. Muchos cariños.
Hasta el próximo capítulo
