Declamer:los personajes que se nombraran en dicha historia no me pertenecen, pertenecen a los autores del manga y anime que se nombraran Naoko y de Gotouge.

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Capítulo 7: El corazón ardiendo de la llama y la flama.

Ese día de jueves en la noche había una intensa lluvia, fría, que te helaba hasta los huesos. Rei no había llevado su carro y había salido apresuradamente olvidando también su paraguas por lo que estaba sumamente empapada. Su ropa elegante del día, dado que tuvo que dictar una conferencia, se pegaba a su piel y sus tacones altos le daban el toque mas femenino del mundo. Su cabello trenzado suavemente se había mojado y escurría mientras caminaba disfrutando en medida de la lluvia que caía, lo único que protegía con sus brazos era el maletín donde llevaba el portátil y documentos. Ubicándose en la parada del autobús vio una silueta que le resultaba familiar y hacia su corazón palpitar, ese día solo se habían hablado por mensajes de celular dado que ambos habían tenido agendas muy ocupadas no se había podido ver en todo el día.

Rengoku al sentir que alguien especial para él lo observaba en el paradero se giró con la sonrisa más radiante que solo le dedicaba a ella. – ¿También olvidaste tu paraguas? – le dijo con una voz mas fuerte de lo normal. – me hubieras avisado, te hubiera esperado para que saliéramos juntos. – sonrió.

-Lo siento. No quería molestarte. Tanjiro kun me dijo que tuviste una jornada difícil cuando pase a saludarte y despedirme. – ella se acercaba lentamente a él. – por cierto, ¿También tuviste reuniones hoy?, te ves muy elegante, aguado, pero guapo. – había llegado al lado de él y le agarraba la mano que él le ofrecía.

- ¿Guapo?, vaya, es el primer cumplido que me dices desde que eres mi novia. – terminado esa oración con una risa estridente y única.

-No te vuelvo a decir nada entonces – había dicho ella haciendo un puchero e inflando las mejillas, empujándolo levemente. Viéndose mas hermosa a los ojos de Kyōjurō.

-Rei, ¿Qué vas a hacer esta noche?

- Mmmm, bañarme, ponerme mi pijama y posiblemente dormir. Estoy muy cansada, hoy fue un día agotador. Mañana puedo hacer deberes dado que tengo día libre y por fin un fin de semana sin pensar en la clínica.

-Jajajajaja te ganaste un fin de semana libre! ¡Que emoción! Tenemos que celebrarlo. -había casi gritado con su energía habitual mientras aun sostenía la mano de ella y habían salido un poco al lado de la parada mientras seguía lloviendo. No sentían las gotas de agua que les caía.

-Lo dices como si hubiera descubierto la cura contra el cáncer- sigo intentado verse tierna para provocarlo. -pero ¿Porque me preguntas que voy a hacer esta noche? – lo miro con sospecha – ¿Vas a invitarme a hacer algo acaso?

- ¿Quieres venir a mi apartamento? – soltó sin rodeos y sin soltarla en ningún momento. Rei sonrió y se sonrojo, pero afirmo apretándole la mano. – Vamos, caminemos bajo la lluvia, no podemos estar mas empapados y podemos ir hablando de nuestro día. – y así caminando de la mano se dirigían al apartamento de Kyōjurō, Rei intentando olvida una vez mas lo que hacia poco había soñado con él en Marte. Las imágenes vividas y lo que sintió en esa era por la persona que caminaba a su lado, la hacía estremecer, él hablaba efusivamente de su día e irradiaba calor como si fuera el mismo sol a pesar de la noche fría y la lluvia.

Rengoku al llegar al apartamento y abrirle la puerta para dejarla pasar, se encontró más nervioso de lo usual, aun no podía olvidar lo que "vivió" aquel día en el cuarto de residentes donde la vio, bueno a la princesa, desnuda sobre él.

Ya no hablaban mucho. Pero tampoco hacía falta.

Había algo suspendido en el aire.

La lluvia caía sin dar tregua ni indicios de acabar, como una melodía persistente sobre el cristal. El murmullo del agua golpeando la ventana se mezclaba con el crujido de la madera bajo los pasos de Rei, mientras recorría el apartamento de Kyōjurō con una mezcla de curiosidad y contención, se había quitado los tacones y secado por encima gracias a una toalla que le había pasado Kyōjurō, se había quitado la chaqueta del traje elegante que llevaba.

Las luces cálidas proyectaban sombras suaves sobre las paredes. La calefacción llenaba el ambiente con una calidez envolvente. El aroma al perfume de él embriagaba todo el lugar, se veía libros en los estantes de una biblioteca lateral, una Katana preciosa colgaba una de las paredes de la sala, un sofá gris que a la vista se veía cómodo, una mesa ratona en la mitad con mas libros.

Kyōjurō volvió del pasillo que conducía a su habitación con un suéter limpio blanco y pantalón oscuro y en la mano una camiseta larga negra para que ella se cambiara. Se había secado el cabello, pero aún tenía gotas deslizándose por el cuello. Cuando la vio parada junto al ventanal, con la ropa húmeda aun pegada al cuerpo, se detuvo un segundo de más.

Ella lo miró por sobre el hombro.

—¿Siempre es así de tranquilo tu mundo cuando no estás trabajando?

Él sonrió levemente.

—Solo cuando estás en él.

Rei desvió la mirada, pero no por incomodidad. Era para ocultar cómo esa frase le había estremecido la piel y la calentaba en sobremanera.

—Ten, te dejo esto para que te cambies. ¿Quieres algo caliente? —preguntó él, acercándose para dejarle la prenda y dirigirse a la cocina—. Tengo té, café… algo más fuerte.

—Té por favor. Caliente está bien.

Él asintió, abrió un mueble donde tenía té de naranja y le agregaba unos toques de jengibre y miel, la sentía detrás, mirándolo. Respirando cerca. El silencio entre ellos no era incómodo. Era magnético.

Cuando le entregó el mug con el té, sus dedos rozaron los de ella. Un toque breve. Un latido que se escapó. Rei no se movió.

—Té de naranja, jengibre y miel, no quiero que te resfríes —murmuró, entregándosela.

—Gracias – respondió ella suavemente bebiendo.

Él se quedó junto a ella. Ni muy cerca, ni muy lejos. A una distancia peligrosa. De esas que hacen que el cuerpo anhele avanzar sin permiso.

—Estás empapada —dijo él finalmente, con voz baja.

—No me molesta, pero creo que estoy mojando tu sofá.

—A mí sí, vas a enfermar.

Ella lo miró.

Kyōjurō no se acercó más, pero su voz bajó un tono. Su mirada ya no era la de siempre, ni la del compañero de pasillo.

Era otra, más suave, más profunda, más varonil.

—Podrías cambiarte… si quieres, para eso te traje esto, aunque creo que te va a quedar muy grande.

Rei no respondió de inmediato. Sus ojos recorrieron la habitación. Luego lo miraron a él, con lentitud. Como si lo evaluara, como si buscara algo en su rostro… y lo encontrara.

—¿Y si no quiero… todavía? - le contesto retándolo.

Kyōjurō parpadeó, sorprendido. Y sonrió. No con picardía. Con ternura.

—Entonces no te quejes si te da fiebre. – dijo finalmente mirándola fijamente. Rei por toda respuesta se fue al baño a cambiarse, retirarse la ropa húmeda y dejarla ahí para que se secara, solo había quedado con su brasier negro de encaje y ropa interior del mismo color.

Ella se movía por el lugar como si flotara, descalza. Llevaba la camiseta que él le presto puesta y esta le llegaba hasta mitad del muslo, la piel aún brillante por la humedad, el cabello cayéndole por la espalda como tinta negra derramada aun sin secarse. Kyōjurō la miraba, no hablaba. Solo la observaba, y sus ojos decían todo.

Deseo.

Amor.

Fuego.

Y sin tocarla aún, se acercó más a ella cuando se sentó en el sofá. Estaban a centímetros. Respiraban el mismo aire. Los latidos de ambos se sentían casi sincronizados.

—¿Por qué me invitaste a venir? —susurró ella directa y clara.

—Porque no quería estar solo esta noche.

—¿Y si solo hubiera querido cenar contigo unos minutos?

—Hubiera sido suficiente.

Ella se acercó otro poco. El mug del té que seguía en sus manos temblaba apenas. Lo dejó sobre la mesa del centro y sin apartar la mirada de él.

—No te dije que no iba a acompañarte porque no vine solo a cenar, Kyōjurō.

Él bajó la vista a sus labios, y luego volvió a subir a sus ojos violetas, brillantes que evidenciaban deseo puro.

—Lo sé.

No la besó de inmediato.

Pero sus dedos rozaron su mejilla, su oreja, la línea del cuello, rozaron su clavícula. Lentamente. Con delicadeza. Como si quisiera memorizarla antes de atreverse a algo más.

Rei cerró los ojos. Exhaló.

—Si me tocas así… no voy a querer que pares. – susurro ella lento y sensual disfrutando de la caricia que él le dedicaba.

—Entonces no paremos. - Sus manos se encontraron al fin. Y todo ardió. La distancia se acorto y la besó.

Fue un beso largo, húmedo, profundo. Las bocas se exploraban con deseo contenido. Las manos de ella buscaron su cintura, su espalda, el borde de su suéter blanco para quitárselo. Kyōjurō la levantó con cuidado, como si fuera frágil y preciosa. Ella envolvió su cintura con las piernas, sin dejar de besarlo y se sentó en su vientre empezando a sentir su excitación.

Se besaban como si no existiera un mañana.

La luz cálida de la habitación delineaba la silueta perfecta y sensual de Rei.

—Eres un milagro, no puedo creer que estes aquí—susurró él con voz ronca, al recorrerla con la mirada.

Kyōjurō deslizó las manos por su espalda, por debajo de la camiseta hasta tocar el brasier de ella y sentir electricidad al darse cuenta de que era de encaje mientras la besaba suavemente en el cuello. Ella tembló y gimió suavemente apenas y con trabajo lo había escuchado él. No sentía frio, sentía deseo puro.

—¿Tienes frío? —preguntó él, apenas en un susurro cerca del oído sintiendo el temblor de ella.

—No —respondió ella—. Tengo fuego.

—Ardamos juntos Rei—dijo él muy sensual

La llevó a su habitación mientras ella lo besaba como si fuera a desaparecer, rodeándolo con sus piernas y él demostrando lo fuerte que era llevándola alzada. La recostó con cuidado en su cama pulcramente tendida. Ahí Kyōjurō la miro con lujuria y deseo infinito topándose con sus ojos violetas que se encontraban dilatados y lo miraban con el mismo deseo que él sentía. La volvió a besar con hambre, empezando a bajar lentamente por su cuello, la saboreó con la lengua, la acarició con los dedos, subieron lentamente por sus costados, apenas rozando la piel bajo la camisa. Rei temblaba, gemía, se arqueaba contra su boca.

Se sentó frente a él, con la respiración agitada. Él se acercó, y con las manos en sus mejillas, la besó otra vez, más mucho más intenso. Rei entrecerró los ojos, ladeó el cuello y dejó que él volviera a besar su piel. Desde la mandíbula hasta el hombro, bajando por la clavícula, con una lentitud tan cruel que la hizo temblar.

—Lo siento, pero quiero memorizar cada parte de ti —dijo él, mostrando en sus ojos la llama vida de la pasión.

Le retiró su camiseta besando la piel que se revelaba poco a poco. Quería tomarla con calma. Quería hacerla suya despacio a pesar de que sentía que iba a terminar y apenas estaban empezando.

Kyōjurō besó su vientre, sus caderas. Subió las manos por sus muslos desnudos, acariciándolos como si fueran sagrados. Rei se aferró a sus hombros mientras él empezaba a retirarle el brasier de encajes a pesar de que la hacía ver extremadamente sexy, ahorita solo le estorbaba para memorizarla. Rei le retiró, mientras le besaba el cuello y gemía sobre su piel por las caricias que le profesaba, el pantalón que llevaba dejándolo solo en sus bóxeres negros y sintiendo su gran excitación en su vientre. Su piel ardía. Sus miradas estaban encendidas como llamas. Al sentir esa pequeña liberación, Kyōjurō empezó a besarla con mas desesperación, mas fiereza, y bajar por su clavícula, al retirarse un poco sintió que se excitaba más al ver el busto de ella, suaves, firmes y del tamaño perfecto para él, quien no dudo ni un segundo en besarlo como si fuera lo más preciado que tenía.

Rei solo seguía gimiendo y suspirando mientras lo agarraba suavemente de su cabello amarillo. Después de darle atención a su busto, bajo más, mucho más pasando su vientre, y empezó a retirarle la ropa interior que ya se veía húmeda de la excitación de ella dando la visión más sensual que Kyōjurō había visto en su vida. No nos confundamos, no era la primera vez de él teniendo relaciones, pero si era la primera vez que se sentía extremadamente excitado con solo estar con esa mujer a su lado. Al verla nuevamente en ese estado, recostada en su cama, intentando respirar, completamente desnuda, con las mejillas sonrojadas y el cabello revuelto, supo que ya no había marcha atrás. Con sumo cuidado empezó a besarla entre las piernas. Ella se arqueó con un gemido alto, sorprendida no esperaba que fuera tan preciso. Tan devoto. Su lengua la acariciaba con ternura firme, con hambre contenida, con una lujuria infinita que la hizo derramar unas lágrimas de placer.

—Kyō… —jadeó—. No pares… por favor.

Él obedeció, se perdió en ella, la saboreó como si quisiera terminar con la sed que tenía. Ella tembló, lo empujó más, jadeó, arqueando la espalda, apoyándose en sus anchos hombros, guiando su cabeza con las manos enredadas en su cabello. Kyōjurō después de sentir que empezaba a temblarle las piernas, la hizo venir con la lengua, lento, profundo. Ella llegando al orgasmo gimió su nombre.

Ella intentando recuperarse respiraba con dificultad, él la miraba con una sensualidad increíble y sus ojos ámbar dilatados a mas no poder con un brillo especial y lujurioso, después de ver que ella se recuperaba él subió nuevamente por su cuerpo besándola y acariciándola sin parar, Rei lo atrajo de inmediato en un beso desesperado y sucio. Su sabor aún en su lengua. Su deseo ardiendo más fuerte que nunca.

—Quiero tenerte dentro de mí —dijo, rozando su boca—. Quiero que esta vez… sí sea real, en esta vida.

Rengoku mostrando su cuerpo fuerte, dorado, definido, sensual, respiraba lento, Rei miraba el gran miembro excitado de el nuevamente estremeciéndose y sintiéndose afortunada de estar con un hombre hermoso. Él se acercó a su mesa de noche donde saco un paquete, abriéndolo lentamente, colocándose el condón en su miembro siempre mirándola a ella. Luego se posicionó entre sus piernas y la penetró con lentitud, con un gemido grave que se perdió en su cuello. Rei lo recibió con un jadeo suave, los ojos entrecerrados, las uñas en su espalda, lo sintió llenarla, calzaban perfectamente en su cuerpo como si estuviera hecho para ella.

Unidos empezaron a moverse en un ritmo lento, profundo, constante. Se besaban entre embestidas, suaves, se miraban fijamente. Él bajaba la cabeza a su cuello. Ella lo acariciaba.

—No quiero que esto termine tan rápido—gimió ella.

—No aún.

Él la giró con cuidado, sin salir de ella haciéndola quedar sobre él. Ella se sentó, lo rodeó con las piernas, y comenzó a moverse con sus manos sobre su pecho, los ojos entrecerrados, la boca entreabierta, sus mejillas sonrojadas y su cabello cayendo sobre sus pechos. Dominaba el ritmo. Marcaba su fuego. Kyōjurō jadeaba, besándola en cada parte que alcanzaba.

—Eres mía —murmuró ronco acariciándole las caderas. Marcando un ritmo más rápido.

—Siempre lo he sido —respondió ella—. Solo tenía que recordarlo.

El ritmo aumentó. Las caderas golpeaban, las respiraciones eran ruidosas, sus cuerpos sudaban, se estremecían, vibraban. Los gemidos más altos que antes llenaron la habitación. Las respiraciones se mezclaban. Las manos se aferraban. No había barreras. Solo fuego.

Volvieron a cambiar de posición, Kyōjurō se movió para sentarse, y acomodarla mejor para poder lamerla, marcando el trazo de su piel con la boca, descendiendo por la clavícula, por el pecho, atrapando uno de sus pezones con los labios, succionando con fuerza medida mientras reanudaban las embestidas y empuja con ritmo exacto que la hacía estremecer.

—Más… —gimió Rei, con la voz entrecortada después de sentirlo en su pecho—. No pares…

—No lo haré —jadeó él mientras continuaba con su labor.

Ella arqueó la espalda, presionando contra él, buscando más contacto, más profundidad y sentirse mas juntos de ser posible.

—Kami… Kyō—gimió alto—. Te siento tan dentro… tan…

—Tu…—gruño él, sin dejar de moverse—. Eres hermosa.

Él volvió a cambiar el ángulo, inclinándola apenas, recostándola y ella gritó su nombre al sentir la nueva presión exacta en el punto más profundo de su placer.

Rei mientras se movían con mucha desesperación, lo besó con hambre. Sus lenguas se encontraron una y otra vez. Lo mordió apenas en el labio inferior. Él río, ahogado por el deseo, y le respondió con una embestida más firme que la hizo gemir contra su boca.

—No pares… no pares… no pares…

Los cuerpos golpeando con un ritmo que ya no podían controlar, el clímax los golpeó al mismo tiempo. Kyōjurō gimió su nombre, Rei se quebró entre sus brazos, gritando también su nombre, con el rostro escondido en su cuello y luego terminando esa unión mientras él se derramaba, sellaron todo con un beso intenso y lleno de amor puro.

No hablaron al principio, solo intentaron regular sus respiraciones, él encima de ella, abrazados fuerte. Luego de unos minutos de silencio cómodo, Kyōjurō se retiró al baño, ella se acomodó y se arropó con las mantas para cubrir su cuerpo desnudo, sin él a su lado sentía frío. Kyōjurō volvió para meterse entre las sábanas y acomodar a Rei sobre su pecho de forma posesiva. Su cabello enredado sobre su piel. Después de varios minutos más de silencio, Rei empezó a mover sus dedos trazando círculos lentos sobre la línea de su ombligo, su oído se acoplaba al ritmo de su corazón, aún acelerado, aun luchando por acomodarse a lo que acababan de compartir. Él la miraba como si la vida misma estuviera allí, en su pecho.

—¿Estás bien? —murmuró él, rompiendo el silencio con suavidad.

Rei asintió.

—Nunca me sentí tan viva, tan completa.

Kyōjurō le besó la frente. La nariz y luego los labios, con un beso que fue tan suave como una caricia, tan tierno, que le erizó la piel más que todo lo anterior.

—Quiero esto siempre —dijo él—. Contigo, despertar contigo. Verte reír. Cocinarte. Pelear por quién lava los platos. Dormirme abrazado a ti y que me dejes amarte todos los días.

– Podemos hacerlo. – dijo ella, sus ojos estaban brillantes, pero no por lágrimas, él le miraba con amor profundo, afuera, solo escuchaban cómo se calmaba el mundo, la lluvia cesaba. Y sus corazones se acompasaban.

—¿Te arrepientes? —preguntó él, sin mirarla solo acariciándole la espalda, hablando desde la inseguridad.

—¿De qué?

—De haberme dejado entrar. De… esto. - ella levantó la cabeza. Sus ojos se cruzaron.

—No, ni por un segundo. Pero me aterra todo. – contestó ella acariciándolo suavemente en las mejillas.

—¿El amor?

—No. Que me quiten la felicidad otra vez.

Rei suspiró, cerrando los ojos por un instante. Luego, se incorporó lo suficiente para besarlo en el pecho, donde latía fuertemente su corazón, afirmando lo que le había asegurado. Él le tomó la barbilla con los dedos y la atrajo en otro beso suave, un beso tranquilo, largo, dulce. De esos que no buscan encender más fuego, sino abrigar lo que ya arde en paz.

Se abrazaron otra vez, más fuerte.

—No pienso dejarte Reiko. No importa lo que venga.

Y así, envueltos en el calor mutuo, sin importar el futuro, se durmieron con el calor de sus cuerpos.

Y bueno, aquí dejando otra entrega, con un 18 perfecto para esta pareja y decirlo: primera en escribir un Lemon con esta pareja en toda la historia del fanfic …. desde que salió el personaje de Kojuro Rengoku, en español. (creo)

Me siento feliz.

Nos vemos en el próximo.

Adiosito.