-Tomoyo… "¿Dijiste que me amas? ¿No fue mi imaginación cierto?"
-Pronto Sakura… te prometo que lo hablaremos pronto pero por ahora necesito descansar
Murmuró sin abrir los ojos, la castaña decidió no insistir encogiéndose de hombros tomó la cobija cubriendo el cuerpo de su amante y el suyo acomodándose suavemente a su lado para poder abrazarla. Tomoyo acepto esto de buen grado sujetándola por los hombros con fuerza pero sin lastimarla acariciando suavemente su cabello castaño… no podía negarlo, se sentía tan bien estando con ella.
No es que la preocupación por su madre se hubiera esfumado, pero ahora le parecía más manejable incluso tenía esperanzas de que ella se recuperará pronto.
Sin embargo había una situación no resuelta, seguía enamorada eso era claro y sus dudas ya no eran las mismas sin embargo seguía sin saber que hacer Sakura se había comportado a la altura y con una madurez abrumadora… "¿Soy merecedora de tu amor?"
La castaña descansaba tranquilamente en sus brazos pero Tomoyo a pesar de alegar cansancio no podía detener su mente, es cierto que ya no se sentía como cuando llegó pero aún así no podía dormir…. se rindió por lo que decidió levantarse, se puso su bata y tras mirar un momento a Sakura salió rumbo al salón de música sin embargo el salón no se encontraba vacío como Tomoyo había esperado.
-¿Qué haces aquí?
Pregunto con intriga y nerviosismo
-Mi trabajo es velar por el bienestar de la pequeña señorita Daidouji, no puedo irme cuando ella tiene problemas.
Contestó tranquilamente la figura haciendo como que limpiaba el piano.
-¿Te das cuenta que ya no soy una niña?
Contestó sin embargo una radiante sonrisa infantil adornaba su rostro, en el fondo le daba gusto que ella estuviera ahí.
-jaja claro señorita pero me temo que no puedo dejarla sola menos ahora.
"hay fuerzas, dotadas de potestades que exceden nuestro entendimiento, y una sombra funesta se cierne sobre usted y su madre, necesitan de mi"
-Aunque no lo parezca yo te lo agradezco
Murmuró Tomoyo
Ritsuko distraída de sus preocupantes pensamientos, miró a su jefa fijamente
-¿Hay algo importante de lo que desee hablar señorita?
Tomoyo sorprendida, la miró; no esperaba hallar en sus ojos lo que allí descubrió... Era como si la leyese por completo. Podría culpar a aquella mirada, o quizás al anhelo profundo de confesar lo que su atribulado corazón sentía. Mas no lo pensó más: sencillamente, comenzó a hablar.
-No sé si sabré comunicarlo adecuadamente, pero no puedo seguir llevando este peso sola. Tienes razón hay algo… algo que arde en mí, que me consume, y sólo tú mi segunda madre podrás comprenderlo. Porque siempre has visto en mí lo que ni yo misma entiendo.
Sus manos temblaban, entrelazadas sobre su regazo como buscando amparo en sí mismas. Y aun así, su voz cobraba fuerza con cada palabra:
- He temido, temo al amor, a la vida. Y a veces mi alma tiembla ante las mentiras forjadas a mi alrededor.
Ritsuko la miraba en silencio, pero no fue un silencio vacío. Era denso, casi sagrado, como el que precede a una tormenta. La observó, recordando a la niña pequeña que alguna vez fue, lentamente, estiró sus brazos, la envolvió en un fuerte abrazo.
Ambas sabían que no hacía falta decir más Ritsuko sabía lo suficiente para entender los temores y sentimientos de su jefa.
-Señorita Tomoyo…Sakura la ama, no tiene porque temer.
-La he lastimado. Yo no la merezco, y sin embargo, ella me busca, me cuida... No comprende que ya no soy quien era antes. Lo mejor sería decirle que se marche. Yo... yo solo sé hacerle daño.
Decía todo esto mientras se derrumbaba en sus brazos
—¡Tomoyo!
Me vas a perdonar que rompa el protocolo, pero no tienes permitido volver a decir eso jamás.
Tomoyo la miró, sorprendida. No sabía que su dama de compañía pudiera hablar con tal firmeza.
—P-pero...
—No. Ahora usted me escuchará a mí.
Sakura la ama, ¿no lo entiende? Si usted la aleja, solo la hará sufrir. Y usted también sufrirá, aunque finja que no. No se esconda detrás de esa culpa, no la use como escudo para huir.
En ese instante un brillo imperceptible para Tomoyo salio de las manos de Ritsuko directo a su corazón, ella comprendió lo que le quería transmitir. Su corazón, que había estado cerrado durante tanto tiempo, comenzaba a abrirse con decisión, comprensión y agradecimiento. Volteó a ver a Ritsuko, los ojos llenos de una nueva claridad.
—Tienes razón, todo parece tan claro ahora. Yo... solo estaba huyendo
dijo, su voz llena de una mezcla de arrepentimiento y alivio.
Ritsuko sonrió suavemente, como quien sabe que un peso se ha aliviado pero sin poder evitar una leve mueca de dolor que por suerte Tomoyo no observo.
—Me da gusto que lo entienda, señorita. Ahora descanse, es tarde. Vuelva con ella y solo descansen. Después habrá tiempo para arreglar lo que quedó pendiente.
Tomoyo la miró sorprendida. Ritsuko sabía que Sakura estaba dormida, luego de... bueno, no podía decirlo en voz alta. Sin embargo, la sonrisa pícara de su interlocutora le dio a entender que sí lo sabía.
Con verguenza pero tambien una nueva resolución, Tomoyo caminó hacia su habitación feliz de quitarse un peso de encima. Sin embargo no todo era alegría, afuera, más allá de los muros de la mansión, una figura encapuchada se quejaba amargamente.
—Maldita... lograste detectarme... pero tu contrahechizo no funcionará mucho tiempo, querida Ritsuko
murmuró, antes de marcharse, perdiéndose en la oscuridad.
Mientras tanto, Ritsuko, que había quedado sola en la habitación de música, cayó agotada en una de las sillas, respirando con dificultad.
—Arf... arf... Señorita... creo que no podré ayudarle mucho tiempo
murmuró, con la voz quebrada por el cansancio. Los años pesan...
Al ingresar a la habitación comprobó que su amada seguía dormida, era extraño pero su corta charla con Ritsuko la había hecho sentir mucho mejor... Cómo algo tan sencillo había logrado lo que no había podido desde que se reencontró con su amor... Era como si una nube negra hubiera estado rodeándola hasta ahora. Estaba por acomodarse a un lado de la castaña cuando, un leve movimiento en su brazo, acompañado de un susurro suave, la hizo abrir los ojos de golpe.
—Buenos días
dijo la castaña al verla despertar.
— Disculpa por despertarte, es solo que no dejabas de llorar...
La morena, sorprendida, se llevó dos dedos a los ojos. ¿Había sido un sueño? El levantarse para ver a Ritsuko, el hacer el amor con la castaña a su lado… Pero al tomar más consciencia de su desnudez, comprobó que esa parte, al menos, no había sido un sueño. Aún así, las resoluciones que había tomado seguían presentes en su cabeza, como una sombra que no la dejaba escapar.
aún ligeramente confundida entre sueño y realidad, sonrió a Sakura, recordando las palabras de Ritsuko: "si la alejas ambas sufrirán" Fuera realidad o no, había tenido mucha razón. Feliz, besó a su pareja con una libertad que hacía años no sentía, como si un peso enorme hubiera desaparecido de su pecho. Solo entonces, en medio de ese beso Sakura pudo sentir la pureza en el aura de su amada, como si todo lo que la había atormentado se disolviera en ese instante y entonces todo fue tan claro.
¿Cómo no lo había notado antes? Su querida morena había estado atribulada en gran parte porque alguien había intervenido en su energía, alguien tan poderoso y malicioso que, al no tener magia su pareja había sido incapaz de detectarlo. Sin embargo, para ella, siendo una maga, era imperdonable no haberse dado cuenta. Aquella interferencia en su energía, tan sutil y destructiva, había dejado una huella profunda, una marca que ahora parecía más clara, como si todo hubiera sido un laberinto de sombras que finalmente comenzaba a desvelarse.
El peso de esa revelación la abrumó por un momento. ¿Cómo pudo haber sido tan ciega? Sabía que la magia no era algo que pudiera tomarse a la ligera, pero nunca imaginó que alguien tan cercano a ella pudiera haber sido vulnerable a una influencia tan oscura. Mientras se separaba del beso, el recuerdo de la energía distorsionada que había sentido antes comenzaba a tomar forma en su mente en el momento exacto en que el incendio del edificio Daidouji se había iniciado, como un eco lejano.
Tomoyo, por su parte, no comprendía la reacción de Sakura, pero podía sentir la tensión en la atmósfera. Un suspiro escapó de los labios de la castaña antes de que, con determinación, se levantara.
—No puedo permitir que esto quede sin resolver
dijo, su voz grave y firme.
Tomoyo la miró con una mezcla de preocupación y comprensión. De pronto toda su madurez había vuelto de golpe entendía que, lo que estaba a punto de hacer Sakura no solo era necesario, sino inevitable conocía esa mirada era la misma determinación que mostraba cuando las cartas actuaban mal. Lo sabía había un enemigo, aunque oculto, existía y a pesar de que estaba interrumpiendo su felicidad dijo:
—Te apoyaré en lo que sea
La castaña asintió, su mirada ahora llena de resolución. Sin importar lo que tuviera que enfrentar, no dejaría que nadie pusiera en peligro a la persona que amaba.
continuara...
