Capitulo 11
Sakura estaba frustrada. No había podido disfrutar ni siquiera un poco del beso que, por fin, Tomoyo había iniciado con plena consciencia. Pero, más allá de la decepción, también estaba molesta consigo misma por no haberse percatado del peligro que había estado rondando a Tomoyo. Sin perder un segundo, salió apresurada rumbo a su habitación, con su pareja siguiéndola de cerca. Necesitaba hablar con Kero. Y lo necesitaba ahora.
Ya en la habitación, su guardián le explicó con calma todo lo que él y Ritsuko habían notado. Hablaba con serenidad, pero sus palabras cargaban el peso de la preocupación.
—Nosotros conocemos esa energía
dijo al final, con tono grave
—Ya nos hemos enfrentado antes a ella.
Sakura apretó los puños, sintiendo cómo la rabia se le acumulaba en el pecho.
—Entonces no me equivoqué…
Murmuró, mirando al suelo con el ceño fruncido
— Ha vuelto... para ejecutar su absurda venganza y Ritsuko lo sabía
Ritsuko al recordar ese nombre, una serie de visiones aparecieron con claridad frente a sus ojos.
Vio a Ritsuko niña, parada frente a su maestra: una mujer de largo cabello y mirada profunda.
—Ritsuko
dijo la mujer con voz serena pero firme
-Tienes un futuro trágico, pero necesario. De ti depende que personas muy importantes para cierta jovencita no desaparezcan.
La niña no comprendía del todo esas palabras, pero asintió con solemnidad. Después de todo, era su maestra.
Las imágenes cambiaron. Ahora Ritsuko era una adulta, llegando a la residencia de la familia Daidouji para solicitar trabajo.
—¿Por qué tanto interés en trabajar con nosotras?
Preguntó Sonomi durante la entrevista, observándola con desconfianza.
—Porque es mi destino protegerlas
Respondió Ritsuko, con una convicción que sorprendió.
Sonomi la miró con extrañeza, pero la aceptó. En ese momento, necesitaban toda la ayuda posible.
La siguiente visión la mostraba cubriendo la casa de Tomoyo con un campo de protección. Una pequeña Tomoyo, con curiosidad, la observaba.
—¿Qué haces?
preguntó la pequeña.
—Solo lo necesario, señorita... ni más ni menos
Respondió Ritsuko, sin apartar la vista de su labor.
Después, la visión la llevó a otro momento. Ritsuko observaba a una Tomoyo adulta, elegante y fuerte trabajando incansablemente, pero también profundamente marcada por el tiempo y los acontecimientos. Había tristeza en sus ojos… pero no era su tristeza, era la de Ritsuko.
Ella sabía lo que venía.
La llegada de Sakura…
El accidente…
El quiebre inevitable.
Podía sentirlo como si ya hubiese ocurrido. No era solo una posibilidad, era una certeza escrita en un hilo invisible que unía destinos.
Ritsuko bajó la mirada. No podía detenerlo. Solo proteger, lo mejor que pudiera.
—Ojalá nunca tuviera que ver lo que ya sé susurró para sí misma
—. Pero así es el destino que elegí.
Sakura vio claramente, a Ritsuko con una expresión decidida acordando con Kero la manera en que podrían ayudarlas. Había un entendimiento silencioso entre ambos, sellado por la urgencia de la situación.
Después la vio en el hospital, al lado de su jefa, protegiéndola con un campo de protección. Sin permitir que nadie la tocará el problema fue que al estar ahí alguien había aprovechado para acercarse a Tomoyo y Sakura al momento de sentirlo Ritsuko se conectó con los sueños de su Tomoyo y de la pareja de esta, Allí, comenzó a purificar la energía que Akiko había ennegrecido, para sembrar su corrupción. Pero Ritsuko, no se rendía: su determinación era el faro que guiaba la restauración.
Sakura entonces comprendió el significado de su sueño. Ritsuko solo le había dicho:
—El momento ha llegado, Sakura. Ella ha vuelto… más fuerte que nunca, y no se detendrá hasta destruir a la señorita Tomoyo y todo lo que ella representa.
Cuídala.
Al finalizar las visiones Sakura alzó la vista y miró con preocupación a Tomoyo. Sabía bien que, aunque la amenaza los envolvía a todos, la venganza tenía un blanco claro: ellas.
Eran sus decisiones pasadas las que habían incrementado ese fuego de odio. Y ahora, estaban pagando el precio por no notarlo antes.
Tomoyo notó su mirada y frunció ligeramente el ceño, avanzando un paso hasta quedar frente a ella. Tomó su mano con firmeza, como si quisiera anclarla al presente, apartarla de los fantasmas del pasado.
—No estás sola en esto, Sakura
dijo con voz baja pero segura
—. Sea lo que sea que te preocupe, lo enfrentaremos juntas.
Sakura sintió un nudo en la garganta. Por un momento, quiso aferrarse a esa promesa, dejarse caer en el consuelo de esas palabras. Pero no podía permitirse flaquear. No ahora.
—No voy a permitir que te haga daño... ni a ti, ni a nadie más
respondió, su tono endurecido por la determinación.
-¿De quién hablas?
Pregunto Tomoyo pero solo fue suficiente una mirada por parte de la castaña para que una figura conocida apareciera en los recuerdos de la morena "no, no puede ser…"
Kero observaba en silencio, respetando el momento, pero sabía que el tiempo apremiaba. El enemigo se había movido... y esta vez, lo haría con todo.
No se conformaría con incendios ni destrucción de propiedad esta vez.
Kero lo sabía bien... vendría por sangre.
La venganza no era sólo una advertencia ni un intento de desestabilizarlas. Era una sentencia. Esta vez, se aseguraría de cobrar las vidas de las Daidouji, sin importar lo que Sakura dijera, hiciera o suplicara.
—Ella quiere acabar con nuestra familia murmuró Sakura, como si decirlo en voz alta pudiera darle forma al horror que ya sentía en el pecho
—. No va a detenerse.
La morena apretó su mano con más fuerza, sin temor.
—Entonces que lo intente...
susurró
Sakura cerró los ojos un instante, respirando hondo. El pasado había vuelto. Y no les dejaría otra opción que luchar.
—Tú no harás nada
dijo Sakura con firmeza tras abrir los ojos, apartándose apenas, pero sin soltar su mano.
La seguridad en su voz hizo que el ambiente se tensara. Sus ojos ardían con una determinación que no dejaba espacio a discusión.
—Esta batalla es mía
continuó
-Fui yo quien se confió, creyendo que la habíamos vencido para siempre. Fui yo quien te hirió… por escucharla, por creer en sus palabras.
Su voz tembló un segundo, pero se obligó a mantenerse firme.
—Y ahora, viene por ti. Por tu madre. Por todo lo que yo juré proteger. Cuando fui yo quien la encerró en el pasado… fui yo quien selló su destino.
Tomoyo quiso hablar, pero Sakura negó con la cabeza suavemente, con un gesto lleno de amor y gravedad.
—No, amada mía…
usurró, acariciando su mejilla con los dedos temblorosos
-Esto… Esto es algo que tengo que hacer yo.
Tomoyo bajó la mirada por un instante, luchando contra la mezcla de emociones que la embargaban: miedo, enojo… y un amor que dolía.
—¿Y qué se supone que haga yo mientras tú te enfrentas sola a esa mujer?
preguntó con voz baja, contenida, como si cada palabra le costará
—. ¿Esperarte con los brazos cruzados? ¿Rezar para que vuelvas bien?
Sakura sonrió con tristeza, acercándose hasta apoyar su frente contra la de ella.
—Solo quiero que estés a salvo. Que no cargues con mis errores.
—Pero también son mis errores, yo no estoy libre de culpa… desde que llegaste no he parado de lastimarte
respondió la morena, con un susurro herido
—. No puedes apartarme de esto como si no me doliera igual o más.
Sakura cerró los ojos. Su alma temblaba. Pero debía mantenerse firme, Akiko era alguien de cuidado su magia era poderosa Tomoyo de ninguna manera podría con ella.
—Por eso… precisamente por eso no puedo dejar que nos arrastre a las dos.
Hubo un largo silencio. Solo sus respiraciones se entremezclaban, cálidas y tensas. Hasta que, finalmente, Tomoyo asintió lentamente, aunque sus ojos estaban llenos de lágrimas contenidas "¿para esto purificó Ritsuko su energía? De que sirvió al fin decidir darme una oportunidad con Sakura si la oportunidad puede que nunca llegue…"
-Prométeme… que vas a regresar… que no terminarás igual que mi mamá.
Dijo con aparente resignación
Sakura la miró fijamente, y por un instante su voz casi no salió.
—Lo prometo.
Pero ambas sabían que, en el fondo, no había garantía alguna.
continuara...
