POV Jinx

Soy la primera en despertarme.

Ekko todavía duerme, con un brazo sobre mi cintura como si su inconsciente supiera que si me suelta, podría desaparecer. Me quedo quieta, observando su rostro relajado, sus pestañas largas, el leve movimiento al respirar. Y por un segundo, solo un segundo, me permito creer que este momento es eterno.

Recuerdo la primera vez que me trajo aquí. Cómo me temblaban las manos. Cómo me dolía el pecho, como si lo último que quedara de mi corazón hubiera sido arrancado. Me sentía tan perdida.

Pero Ekko… siempre supo cómo hacerme sentir segura. Incluso cuando yo misma era mi peor amenaza. Desaparecí por dos años, le hice creer que había muerto y aun así, aquí esta, a mi lado. Como si solo me hubiese ido dos días, como si todo este tiempo nunca hubiera transcurrido.

Deslizo la punta de mis dedos por su brazo, a pesar de lo mucho que hemos cambiado, puedo notar que aún mantiene esa cicatriz que sé que tiene desde que era niño. Cicatrices. Todos tenemos. Algunas se ven. Otras no. Me apoyo en su pecho y dejo escapar un suspiro que suena más como un "gracias" que como un suspiro.

-¿Ya te vas a escapar otra vez? – murmura de pronto, con los ojos cerrados, voz grave y rasposa.

Sonrío.

-Nah… aún no he terminado de invadir tu espacio personal.

El abre un ojo, divertido. Se estira perezosamente sin soltarme.

-Eso espero. Me gusta cuando lo haces.

- ¿Desde cuándo? – le pregunto, tomando su mano de mi cintura y enredando mis dedos con los suyos.

-Desde siempre, Jinx. Incluso cuando me hacías robar los tornillos de la tienda de Benzo solo para hacer explotar latas de conservas.

Suelto una risa suave.

-Eran armas útiles que a su vez intentaba ser arte. Pero nunca has estado listo para esa conversación.

Se incorpora un poco y me mira de frente. Sus dedos acarician mi mejilla y por un instante me siento como aquella niña que soñaba con construir algo bonito en un mundo que se derrumbaba.

-¿Dormiste bien? –pregunta.

-Sí. Más de lo que he dormido estos dos años. Contigo…siempre duermo bien.

Y no es mentira.

Nos quedamos ahí, en silencio, solo respirando juntos. Compartiendo un espacio tan frágil como necesario. Pero eventualmente el mundo golpea la puerta. Y esta vez, no lo hace con golpes, sino con deberes.

Ambos nos levantamos y comenzamos a prepáranos, Decido dejarme puesta su camiseta, noto que su mirada se queda un poco más de tiempo. No hay lujuria. Es algo más… algo que me asusta y me atrae al mismo tiempo. Aferrarse a alguien después de haber vivido sola en tu propio caos es un acto de valentía. Y empiezo a preguntarme si tengo suficiente de eso para lo que viene.

Al abrir la puerta de su taller, Scar ya está esperándonos. Apoyado contra la pared, brazos cruzados, con su típica cara de "todo está por irse al carajo, pero no me sorprende"

-¿Listos para jugar a ser diplomáticos? –pregunta con sarcasmo.

-Lo intentaré- dice Ekko-. No prometo nada.

-Ella sí que va a intentar incendiar el lugar- responde Scar, apuntándome con la barbilla.

-Pero si voy de incognito- le digo mientras camino y me coloco la capucha de la chamarra de Ekko- Bueno… solo si me provocan. Ya, sabes viejos hábitos.

Nos dirigimos hacia el acceso principal del Refugio y caminamos hasta llegar donde el transporte que conecta con Piltover espera. El camino esta flanqueado por pasillos de metal, engranajes y vapor. Cada rincón grita Zaun. En cuanto estamos en el ascensor de carga este cruje al elevarse, y el zumbido eléctrico que lo impulsa parece protestar por cada metro que nos acerca a la superficie Ekko va a mi lado, con la mirada fija al frente, serio como si ya estuviera frente al consejo.

-¿Sabes?- murmuro mientras caminamos- A veces siento que este lugar está vivo. Que respira con nosotros. Que late con cada cosa que hacemos.

Ekko asiente, serio.

-Y por eso tenemos que protegerlo.

Al llegar a Piltover, el contraste es grande.

Siempre tan limpia, tan perfecta…tan fría. Las calles parecen recién pulidas, las torres tocan el cielo, y la gente… bueno, la gente hace todo lo posible por no mirar hacia abajo. Hacia el pueblo que hace dos años le ayudo.

Ekko mantiene el paso, aunque noto cómo su mandíbula se tensa. Scar va unos pasos por delante, no parece afectado, su andar es firme y su brazo cruzado con esa maldita hoja en la espalda siempre lista. No sé porque la gente solía pensar que yo era la impredecible cuando él es básicamente un arma andante.

-¿Saben? – Digo lo suficientemente alto para que ellos y algunas personas de nuestro alrededor me escuchen- Me encanta como huele todo aquí. Como a superioridad moral con un toque de hipocresía y desinfectante.

Scar suelta una risita nasal. Ekko solo me lanza una mirada de advertencia, pero no dice nada. Tampoco me detengo.

-Y ese guardia de allá- señalo con descaro -. Si su ceja sube más, va a despegar del piso.

-Jinx…- murmura Ekko. Está aguantando, lo sé. Pero lo está haciendo por mí, no por ellos.

-Tranquilo, líder- digo palmeándome el pecho sin perder el paso- Estoy manteniendo un perfil bajo…por ahora

A la distancia, se alza la estructura del Consejo. Más moderna que antes, como si Piltover hubiese intentado borrar el fuego y las ruinas con mármol blanco y columnas nuevas. Pero yo sé. Nosotros sabemos. Aún queda hollín en los rincones, aunque no lo vean.

-¿Crees que funcione?- le susurro a Ekko cuando estamos por subir las escaleras

Él se detiene un segundo y me acomoda su chaqueta.

-No lo sé. Pero es todo lo que tenemos.

Y yo solo asiento. Porque por primera vez en un tiempo, quiero creer que eso puede ser suficiente.

La gran puerta del Consejo se abre con un chirrido lento, ceremonioso. Como si hasta la madera supiera que aquí dentro todo pesa más. Las miradas se clavan en nosotros mientras cruzamos el umbral. A pesar de que mi rostro está cubierto puedo sentir sus ojos como dagas. No necesito ser un gran genio como para saber que estas personas siguen sin confiar del todo en los Zaunitas.

Ekko camina firme a mi lado. Scar se queda cerca de la puerta, como un perro guardián que no necesita cadenas. Caitlyn está sentada junto a una de las representantes de Piltover. Vi se cruza de brazos al vernos entrar, me lanza una pequeña mirada, su forma de asegurarse que estoy bien. Lux está a su lado, tensa, como una cuerda a punto de romperse.

Ekko pasa al centro y toma la palabra, su voz llena la sala con una seguridad que yo jamás podría fingir.

-Gracias por recibirnos. Hay algo urgente que discutir.

Ekko coloca el viejo mapa de Zaun sobre la mesa frente a él. La misma mesa donde, hace años alguien decidió que nuestras vidas no valían tanto como su progreso, la misma mesa donde dos años atrás nos pidieron pelear a su lado, solo para que Scar y Sevika salieran de la sala sin aceptarlo.

Caitlyn se acerca a la mesa hasta quedar al lado de Ekko.

-Han estado ocurriendo ataques, bastante premeditados… culpando a alguien más- me sorprende la forma en que lo dice- Y recientemente nos hemos enterado que otras regiones de Runaterra saben sobre la gema y la quieren. La gema no está tan segura como debería.

Un silencio helado se instala. Porque el hecho que Caitlyn este aceptando que la gema necesita más protección es algo grave.

-Piltover y Zaun deben unir fuerzas para protegerla como es debido- sentencia.

El murmullo se desata, consejeros de pie, protestas, acusaciones, dedos señalando. Algunos a Caitlyn y otros tanto a Lux.

Es entonces cuando Lux da un paso al frente.

-Demacia quiere ayudarles a proteger la gema –miente y solo unos cuantos aquí sabemos la verdad y el porqué de esa mentira- No mentiré al decir que también desea su beneficio, lo que si diré es que nosotros estamos siendo honestos y claros con lo que queremos, sin embargo como ya dijo la comandante, hay gente moviéndose por debajo del radar que no dudara en atacarlos… es por eso que tenemos que hacer algo ahora…

Se detiene. Traga saliva.

-…o podría repetirse lo de hace dos años. O algo peor.

Las palabras se quedan suspendidas en el aire. Y justo cuando Ekko va a hablar de nuevo, una figura entra corriendo desde el pasillo. Un mensajero. Esta pálido, agitado.

-¡Atacaron el conducto Este! ¡La entrada a las minas fue comprometida! ¡Tenemos bajas! ¡La concejal Sevika está ahí tratando de atrapar a algún culpable!

Esa es una de las entradas que lleva a la cámara donde está la gema.

Todo estalla.

Gritos. Ordenes cruzadas. Alarmas activándose.

Ekko se acerca rápidamente a mí y puedo notar que Scar ya está a mi lado.

Vi ya tiene su comunicador en la mano.

Lux toca el mango de su espada.

No puedo evitar soltar una risa seca. Porque claro. Justo cuando empezábamos a hacer las cosas bien…

-Bueno- digo mientras tomo una granada de dentro de la chamarra y la hago girar del seguro sin zafarlo del todo –Supongo que el plan se fue a la mierda.