— Oye, ¿Estás despierto? — Escucho a Gatomon.
Al momento, siento como un par de brazos rodean mi cuello, unos muy suaves y felpudos, era ella, que me abraza mientras me encuentro en la cama de la cabaña, junto a Brook, Katt y su digimon.
— ¿Dónde estoy? ¿Qué hacen ustedes aquí? — Me duele todo el cuerpo.
— Amigo te durmieron al igual que a mí — Responde Brook, con un claro tono burlón en su voz. —, pero al menos no me noqueo una chica.
— No fui yo, fue Bearmon, tu me tenías al límite cuando me hiciste la llave en el cuello. Bearmon te mando a volar y duraste así al menos unas seis horas.
Seis horas. Si ellos no hubieran estado aquí, al despertar hubiera perfectamente pensado que toda esa pelea no fue más que un sueño de gripe. Al momento de entrar en conciencia, empiezo a notar el gran dolor en la zona lateral izquierda de mis caderas, un dolor considerable en mi pecho, así como nuevamente el tortícolis en la parte izquierda de mi cuello. Afortunadamente me encuentro en mi cama, atendido y fuera de peligro, a lo cual no pude evitar sentirme relajado.
— Procura pedirle a tu Bearmon mandarme a volar más seguido, podría acostumbrarme a esto.
— No abuses de tu confianza, puede que termine excediéndose contigo. — Me contesta Katt, con una sonrisa en su rostro.
Brook y Katt se despiden para dejarme descansar, reviso mi reloj y apunta casi las 15 horas, al cabo de un par de minutos recibo una visita de la Teniente Jay.
— Hola Jay. — La saluda Gatomon, ofreciéndole un abrazo. Jay acepta su abrazo, y le regala una canasta de frutas y unas latas de atún. Gatomon no duda en abrir una de las latas y comérsela con evidente felicidad.
— Felicidades. — Me dice la Teninete Jay, mientras se retira su casco, mostrando nuevamente su rostro. — Veo a Gatomon un poco más abierta contigo.
— ¿Felicidades de qué? Katt y su digimon me volvieron mierda.
— Puede que no lo recuerdes, pero protegiste a Gatomon de dos peligros que sabías que no podrías contener, aún cuando ella pudo haberse defendido, estuviste dispuesto a evitar que la hirieran, eso confirma lo que aún pienso de ti. — Al acto, la Teniente Jay saca de un morral que carga a su diestra una bolsa con una hamburguesa y una lata de soda de dieta, así mismo, me hace entrega de un documento.
— La hamburguesa va por mi cuenta, felicidades también por pasar el primer entrenamiento, el sargento primero quedó impresionado — Se toma una pausa mientras bebe agua de su cantimplora y mientras yo leo el documento que me dio. —. Por otro lado, tienes una incapacidad por el término de dos días, el sargento sólo quería darte un día, pero esos moretones que dejan algunos digimon me los conozco celosamente, un día no basta.
— Bueno, creo que al fin y al cabo no soy tan "marica" después de todo. — Dije, relajado, tranquilo y en gran medida, muy satisfecho.
— Ser marica no es algo malo — Dijo la Teniente Jay, reprochando mi respuesta. —, lo verdaderamente malo es cómo ustedes los hombres se denigran de esa manera los unos a los otros sólo por ser diferentes, cuando deberían velar no sólo por sus intereses, sino por quienes los rodean más que nada; hay gente amanerada que tiene más pelotas que la mayoría de hombres que integran los pelotones de este puesto.
— Sabe, Teniente, a veces valen más las acciones que las palabras, no lo pienso tanto la verdad. — Le dije, mientras acomodo mi almohada y noto a Gatomon comer delicada, pero gustosamente, sus "goodies".
— Precisamente, soldado, y tu fuiste hoy una prueba de ello — La teniente Jay toma su casco nuevamente, se lo pone y se acerca a la salida de la cabaña. —. Disfrute sus días de reposo; adiós Gatomon, te lo encargo. — Jay se fue, dejándonos así a mí y a Gatomon solos. Sin pensarlo dos veces, comí mi hamburguesa mientras Gatomon finaliza su lata de atún y complementa su festín con un par de manzanas de postre. Una vez finalizamos ambos de comer, Gatomon se acerca a mi cama para recoger el empaque de la hamburguesa, la lata de soda y arrojarlos al cubo de basura al lado de la entrada, junto a lo que ella consumió también. Luego, se sienta a los pies de mi cama, mientras me mira con una sonrisa iluminando su rostro.
— Oye, a ti te golpeó ese digimon en el rostro. ¿Estás bien? — Le pregunto, consternado en cómo parecía que no hubiera sufrido daño alguno.
— Estoy bien, ese Bearmon golpea muy fuerte, sin embargo, nosotros tendemos a curarnos más rápido que ustedes. — Nos quedamos callados un rato, pues en gran medida, aun me encuentro cansado y las heridas se están empezando a sentir. Por un momento, Gatomon se comienza a acerca más hacía mí, buscando mi mano izquierda, la cual sujeta delicadamente con sus garras.
— Gracias, Ken — Dice Gatomon, mirándome con una gran sonrisa en su rostro. —. Hiciste algo muy bello sin tener la obligación de hacerlo, eso lo aprecio mucho.
— Para nada, para eso estoy. Además, ya te había dicho que tenía que probarte que puedes contar conmigo — Le respondo, mientras me acomodo cuidadosamente en la cama para poder verla mejor. —. Bueno, ahora si tenemos tiempo para conocernos, ¿Qué te parece? — Ella, con una sonrisa en su rostro, se apunta para hablar.
Primero comencé yo. Le digo lo básico primero: que tengo 28 años, que vengo de una familia bastante humilde y que por lo mismo tuve que suspender mi carrera profesional como profesor en la tierra para conseguir un mejor estilo de vida; que me enlisté en la Data Magna porque contaban con excelentes beneficios para mí y mi familia, entre ellos, un hogar fijo, economía estable y acceso a muchas oportunidades dentro de mi Estado de origen; que tuve que hacerlo en gran medida por la enfermedad de mi mamá y la discapacidad de mi papá; mamá tiene un cáncer muy agresivo y papá perdió sus dos piernas hace más de cuatro años, pues era mecánico de automóviles y, en un momento de descuido, uno de los carros que se encontraba suspendido en la plataforma calló encima de él, y mi hermana menor -que tiene 15 años a la fecha- al no cumplir aún la mayoría de edad, es la única que puede disponer su tiempo para cuidadorlos mientras logramos mejorar un poco nuestra situación.
Luego de terminar mi historia, comienza a hablar Gatomon, me manifiesta que vivía tranquilamente en diferentes partes del Digimundo, pues se encontraba en búsqueda de algo muy importante para ella, le pregunto qué era lo que estaba buscando, pero prefirió evadir la pregunta. Me dice que se había radicado por un tiempo al norte de este lugar, muy cerca a las costas, poco antes de empezar la guerra contra los humanos. Dice que duró bastante tiempo allí, peleando contra diferentes tipos de humanos y unos que otros digimon. Luego, cinco meses antes de conocernos, me explica que fue herida de gravedad por el ataque de unos soldados humanos que invadieron con gran potencia de fuego el lugar donde se radicaba, fue allí donde conoció a la Teniente Jay e igualmente donde fue capturada y puesta a disposición del Programa de Desfragmentación de la Data Magma, le preguntó que es eso sobre haber sido capturada en el Programa de Desfragmentación, a lo cual me explica que es, aparentemente, el área que gestiona, artícula y prepara a los digimon que captura la Data Magna, para así, utilizarlos como armas contra los digimon rebeldes, explica que, en su mayoría, capturan a digimon conocidos por ser resistentes y duraderos en batalla, así como aquellos que ostenta evoluciones bastante peligrosas, eso explica porque la mayoría de digimon que integran las filas del Data Magna se componen de Agumon, Guilmon y Gotsumon, pues son bestias bastante feroces. Gatomon relata que parte de ese programa es reestructurar la información que compone a los digimon, me puso un ejemplo en el que, como si de humanos se tratara, se modificara el mismo ADN, de tal forma que no sólo las mentes de las criaturas, sino también sus facultades físicas en general, cambiaran drásticamente.
Ella se detuvo por un momento, reunió sus garras sobre su regazo y, simultáneamente, sus orejas descendieron, reluciendo una clara tristeza combinada con una gran ira. Las lágrimas comenzaron a descender de sus brillantes ojos y con una voz quebrada, pero firme por su evidente rencor, decide continuar con su relato, agregando que ella fue uno de los digimon a que sometieron a esos experimentos y aclarando que dichos experimentos no lo hacen con todos los digimon, sino con aquellos que ostentan facultades especialísimas respecto de otros, ahí fue donde la Teniente Jay se acercó más hacía ella; ella evitó que experimentaran con su cuerpo, discutiendo en múltiples ocasiones con sus superiores, quienes la acusaban arbitrariamente de traición a la humanidad por sus alegaciones, aún así, logró evitar que el proceso continuara cuando, después de constantes discusiones con los administradores de dicha área, la Teniente Jay logró que perdieran el interés de experimentar con Gatomon, aun así, dice que duró tres meses en dicha zona y que las cosas que tuvo que ver fueron cosas que nunca pensaría que fueran posibles. Gatomon comienza entonces a exclamar, alegando con ira los terribles acontecimientos que vivió en aquel sitio: Los digimon que llevaban más tiempo allí terminaban con mutilaciones de todo tipo, así como con extremidades que nada correspondían a su verdadera naturaleza; también era sometidos a diferentes tipos de pruebas que medían sus límites físicos, desde qué tanto podrían llegar a aguantar el hambre, qué tipo de heridas podrían clasificarse como mortales o no, formas de muerte, hasta incluso, pruebas relativas con sus procesos reproductivos; ¡Decía que había digimon que terminaban dividiéndose en dos arbitrariamente, cuando en su curso natural debían de evolucionar! Gatomon culmina su historia, expresando que, hace mucho tiempo, era costumbre que los digimon virus fueran aquellos a quienes se le atribuían cambios irrisorios en lo que conforma el mundo, tanto el de ella como el mío, pero que, después de haber estado allí, entendió que los digimon virus no eran más que seres que nacieron así, no lo eligieron, contrario a los humanos que, además de gozar con capacidad de elegir, optaron por proferir la corrupción de los seres que aquí habitan; el daño que pueden crear, resulta en cosas que nunca llego a pensar posibles en medida alguna.
Ella finaliza su trágica experiencia mencionando al Agumon que intentó saludarla esta mañana y el por qué no fue capaz de dirigirse a él, pues la criatura, a diferencia de ella, no corrió con la misma suerte y fue sometido a los procesos de Desfragmentación de Datos. Dice que, si llega enojarse mucho, ese ser es capaz de soltar una ola de brutalidad jamás vista, algo que ella tuvo entonces el dudoso honor de haber presenciado «Tomó a toda una familia de Gazimon, así como uno de los humanos que supervisaba los experimentos, y los despedazó, no quedó nada del uno y del otro».
Nos quedamos en silencio. Gatomon se acomoda sobre los pies de la cama, recostándose a un lado y abrazándose así misma mientras me daba la espalda. No le dije nada, en gran parte, porque no sé qué decirle, por otro lado, me opongo a hablar si ello implica perturbar el proceso que necesita para asimilar sus recuerdos. Al quedarnos así, me puse a pensar en lo mucho que me odié al momento de enlistarme en las filas de la Data Magna. Desde antes ya sabía que las guerras son pretextos para el cumplimiento de fines que, en principio, nada tienen que ver con una tesis del interés general, sino todo lo contrario, un claro y expreso interés particular, ejecutado mediante la influencia y las estratagemas políticas actuales. No obstante, no podía permitirme ser egoísta; mi profesión no me permitía prosperar y mi familia necesitaba (y necesita aún) desde mucho antes mejorar su calidad de vida. Esto no era por mí, sino por ellos y aún cuando esta guerra en realidad le interesa a unos cuantos, a mí me interesaba (y también me interesa aún) respecto de mi familia y del bien que les brinda mi esfuerzo… Supongo que, pensándolo de esa forma, el interés particular varía según cada sujeto aquí involucrado y yo no soy la excepción, pues, directa o indirectamente, lo hago para que mi familia viva mejor, viva bien, vivan lo suficiente al menos. Dios, no sé si sentirme mejor o peor después de pensarlo así.
Pasaron ya unos cinco minutos desde que guardamos silencio. Con un poco de esfuerzo, logro manipular mi cadera con cuidado y sentarme sobre mi almohada a fin de ver mejor a Gatomon, ella se da cuenta de que me estoy moviendo, por lo que se para sobre la cama y se dirige cuidadosamente hacía mi lado derecho.
— No te esfuerces tanto, debes descansar. — Me dice. Mientras se sienta sobre sus rodillas y se instala a mi lado. Ella comienza a frotar mi hombro con su garra izquierda. Nos miramos por un momento, luce una expresión consternada, melancólica y dudosa; su mirada es triste y retraída, como si quisieran ver otros tiempos que se encuentran atrapados en el pasado, aún así, se encuentra esbozando una pequeña sonrisa, queriendo, aún cuando le cuesta, ser atenta conmigo, aparentemente.
Sin querer, me fijo en más cosas: en sus grandes orejas, levantadas en virtud de estar dispuestas a escucharme; de su cola anillada, elevada sobre su espalda y danzando en el aire, como si fuera parte del mismo; en su sentado, elegante, firme, y en el que reluce claramente su pequeña figura, sus caderas levemente marcadas y curvadas, sus piernas y su regazo el cual sincroniza con su figura y su pecho felpudo que a la vista luce más cómodo la cama per se, así como sus brazos, delgados, delicados, finos, pero fuertes. Aun con todo, lo que más estoy notando en su presencia es el calor que emana; una energía que la rodea, que, por alguna razón, percibo de ella. Dios, ha pasado por tanto y, aun así, intenta confiar en la gente que puede, aún cuando tiene razones para no hacerlo, aún cuando, en este mismo estado, podría matarme, podría huir, podría hacer lo que sea menos estar pendiente de lo que me pasa o de lo que me pueda pasar; ella se siente muy bien, en verdad que sí.
— Eres muy bonita, Gatomon. — Le digo, sin contener las ganas de sonreír al verla.
De repente su rostro cambia, aparta su garra fugazmente, se da la vuelta, como si mirara a la pared y baja su cabeza, como si no tuviera lugar en donde fijar la vista. Giro un poco mi cabeza amén de poder encontrar su rostro nuevamente y, al verla de perfil, noto en su expresión algo de pena, también ¿Rubor quizás?
— Discúlpame, no quería hacerte sentir incómoda. — Le digo. Ella no me responde. Nuevamnte, nos quedamos en silencio. En consideración a lo abrupto de mi comentario, me deslizo un poco más al lado izquierdo de la cama para brindarle un poco más de espacio. Mientras ella continúa dándome la espalda, yo continúo mirándola, pero esta vez disimuladamente, notando aún más cosas de su aspecto: su postura es verdaderamente elegante, su espalda luce firme, casi que virtuosa y claramente, los detalles femeninos de su cuerpo se notan más desde este panorama. Decido alejar mi mirada, pues, su similitud con las mujeres ya era más evidente conforme iba descendiendo más la vista. Gatomon es una digimon muy bonita. Cielos, creo que me estoy empezando a incomodar un poco, pues, sí, es hasta… ¿Guapa? Cielos.
— Hace mucho tiempo que no tengo una conversación asi — Dice Gatomon, rompiendo finalmente el silencio que nos dividía. Se gira, en su posición original mientras pone juntas sus garras sobre su regazo. —. Ha pasado tanto tiempo de no escuchar a alguien, que, francamente, encuentro tus palabras más conmovedoras de lo que en verdad son. Aún así, te doy las gracias.
Aún sentada, inclina su cabeza hacia abajo con delicadeza, insinuando una modesta reverencia, posteriormente, se levanta de la cama y aterriza en el suelo. Acercándose esta véz a mi izquierda mientras acerca sus garras a mi brazo.
— Voy a tomar un poco de aire. Volveré pronto, ¿Está bien? — En respuesta, asentí con mi cabeza, confirmando que entiendo su deseo. Finaliza la interacción iluminando su rostro con una gran sonrisa, mientras se dirige a la puerta de la cabaña y la cierra mientras sale, logro darme cuenta al verla desde ventana al lado de la entrada que ella despliega un gran salto hacía arriba; subió al techo de la cabaña.
Pobrecita, en verdad que ha pasado por muchas cosas. No era mi intención incomodarla con mis palabras, pero en gran medida, ella tiene razón, al menos, por mi parte, yo no he perdido la oportunidad de interactuar constantemente con mis semejantes, ella por otro lado, parece no haber tenido una charla con alguien en mucho tiempo Quizás, sólo quizás, esto entre Gatomon y yo sea algo más particular de lo que se ve a simple vista. ¿Por qué Jay no se quedó con Gatomon? ¿Por qué coincidimos? ¿Cuáles serán las consecuencias? ¿En verdad la gente de este puesto es tan inhumana que sea únicamente yo el único apto para cuidar de ella? Bueno, no sé, después de lo que dijo de esa "Área de Desfragmentación", no sé qué pensar de todo esto, honestamente, dudo si vale la pena sacrificar mi vida por una causa impía, aun cuando lo hago por vidas que no son la mía. Estoy cansando, me duele el cuerpo y, honestamente, no me siento en la facultad de tener esta conversación conmigo mismo aún.
Creo que cerraré mis ojos, a ver si logro descansar un poco más. Vaya día.
