CAPÍTULO 47

Las noches ya no eran tan frescas y las flores de cerezo ya habían dejado atrás su máximo esplendor, los días eran más largos y poco a poco más cálidos. Mayo era un mes agradable para descansar en el balcón mientras bebes un poco de té y escuchas la campanilla ondear con la suave brisa de mediados de primavera.

—No te ves muy contenta, Hime.

Satoru abrió la puerta del balcón para salir, había estado observándola desde la cocina y no lucía como alguien que estuviera disfrutando de su tarde libre. Gojo había llegado hacía unas cuantas horas y de inmediato se percató de que algo no andaba tan bien como ella quería aparentar.

Los ojos caoba siguieron al peliblanco, quien se recargó en la baranda, justo al lado de la campanilla. Gojo se quedó quieto y observó a su mujer.

—¿Te sigue molestando el hombro?

—No, ya está mejor, el médico hizo un gran trabajo.

—¿Qué te pasa?

—Nada, estoy bien —Utahime intentó sonreír, pero era obvia su falsedad.

—Hime, por favor —se quejó Gojo, incrédulo de las palabras de su novia.

—No me siento diferente o mal —comentó mirando sus manos—. ¿Tú ves algo malo en mí?

—En términos de hechicería no veo nada fuera de lo normal. Como tu increíblemente perspicaz y audaz novio, afirmó con certeza que algo te pasa.

—Tal vez solo estoy abrumada. Si algo le hubiera sucedido a Nishimiya por mi culpa…

—Todo salió bien, no esperaba menos de ti —dijo orgulloso—... Aun con tus limitaciones.

—Idiota, ibas tan bien —renegó frunciendo el ceño. Gojo se rio, lo había hecho a propósito.

—Te propongo algo: invitemos a tus amigos al departamento. Pasa un rato agradable con ellos, te animará.

—Ciertamente no los veo desde hace un tiempo.

—Llamaré a Ryohei y Kaito.

Gojo sacó de inmediato su celular para ponerse en contacto con los chicos y que ellos dieran aviso a los demás. Parecía feliz y eso trajo paz al corazón de Utahime. Se sentía mal porque había mentido en el reporte de misión diciendo que ella sola había acabado con las maldiciones hace unas semanas, pero que Gojo confirmara que no sucedía nada malo con ella también era tranquilizador. En el fondo creía que Gojo sospechaba de ella, pues dos maldiciones de grado uno no son fáciles de manejar, aun así, no dijo nada que cuestionara su versión de los hechos.

Definitivamente Utahime pensó que hubiera sido mejor ir al bar, puesto que traer a todos a su casa implicaba que revelarían que compartía el departamento con su novio, lo cual no tenía nada de malo, sin embargo, era algo que nunca habían visto a Utahime ceder en los últimos cinco años. Ciertamente su relación con Gojo cambió las reglas del juego para ella.

Antes del anochecer la casa quedó dispuesta para recibir a los invitados, habían comprado botanas, cervezas y claro que sí: dulces para Gojo. El peliblanco se veía más contento de lo que probablemente debería, incluso había puesto el karaoke (que le regaló a Utahime por su cumpleaños) en la tv para cantar antes de que llegaran los chicos. Ver a Satoru tan tranquilo y feliz al fin hizo a Utahime olvidarse de las cosas raras que pasaban a su alrededor.

—Uta, tu casa es super linda —dijo Ana, quien veía que ahora tenía un sitio más amplio en comparación al anterior.

—Y la ubicación es excelente, puedes ir prácticamente caminando hasta el castillo —añadió Izumi.

—Me costó un poco encontrarlo, pero supe que era este lugar en cuanto lo vi.

—Claro, claro, ahora que son dos es mejor tener un lugar más grande —añadió Izumi.

—Luce como preparativos para vivir juntos —dijo de forma burlesca Ana. Estaba midiendo que tanta información podía sacarles.

—Será temporal —habló Gojo, quien estaba en el sillón con micrófono en mano. Las invitadas conversaban desde el balcón—, después buscaremos algo mejor ¿no es así?

—Mudarse es agotador, incluso hay cajas sin desempacar luego de dos meses —dijo Utahime, harta de no terminar con ello.

—Entonces ¿vivirán en Kioto?

—No está definido —dijo Utahime—, conforme pase el tiempo hablaremos de que es lo más conveniente.

—Me sentiría triste si te vas, pero… Estaré feliz si lo estás también.

—Gracias, Izumi.

—¿Tienes una buena casa en Tokio? —preguntó Ana para Gojo. Tomó asiento cerca de él sobre el sofá.

—Diría que sí, pero Hime odia el lugar —dijo Gojo entre risas.

—¿Por qué?

—Es innecesario en todos los sentidos —comentó Utahime frunciendo el ceño.

—¿Tienes fotos?

Ana parecía curiosa ante la respuesta de Uta, así que Gojo les mostró el lujoso penthouse con decoración en mármol y enormes cortinas blancas. Los balcones amplios y las vistas de los jardines. La hermosa cocina y su espacio de juegos. Las dos chicas estaban que no se lo creían que pudiera vivir con tanto lujo y luego estuvieran ahí en ese modesto apartamento en Kioto.

—¿Vendes drogas o traficas armas? No alquilas un departamento como este con un sueldo de profesor —se quejó Izumi acusadoramente.

—Soy un excelente profesor.

—No, en serio ¿a qué te dedicas en realidad?

Gojo miró a Utahime, esperando que aprobara el que dijera la verdad, sin embargo, ella negó discretamente con la cabeza. El peliblanco sonrió de oreja a oreja mientras veía a las chicas curiosas por descubrir la verdad.

—Mi familia es rica. Muy rica. Soy maestro por mero capricho y gusto —confesó. No eran mentiras y no hacía falta decir detalles.

—¿Es cierto? —preguntó Ana para Utahime.

—Sí, Gojo tiene bastante dinero, por eso no le pesa gastarlo en comprar un departamento que no necesita.

—Encima es tuyo…

—Utahime Iori, ¿cómo es que de pronto apareces un día con un "compañero" que es guapo, simpático y rico, el cual conoces desde tu niñez y jamás habías hablado sobre él?… —renegó Izumi.

—Es lógico, boba, si yo tuviera un hombre así tampoco lo presentaría de buenas a primeras. Hay muchas mujeres interesadas y poco respetuosas.

—¿Así que solo me querías para ti? ¿Por eso me negabas tanto? ¿Por miedo a que alguien me robara de ti? —Gojo estaba disfrutando hacia donde iba la conversación. Se cruzó de piernas en el sillón y con el rostro apoyado en el dorso de su brazo, encaró a Utahime con esa sonrisa pícara y cínica.

—No seas ridículo, Gojo, tú sabes que eres horrorosamente fastidioso conmigo. Y sí no hubiera perdido ese tonto juego, no te habría llevado al bar nunca en la vida.

—Eres una tsudere de manual —dijo Gojo, atónito ante las amorosas palabras de su novia.

—¡¿A quién estás llamando tsudare?!

El timbre de la puerta sonó y la discusión fue salvada antes de que la pelinegra se enfadara aún más con su autoproclamado adorable novio. El resto de los integrantes del grupo llegó con un poco más de bebidas. Como era costumbre, Haru no tardó en pegarse a Utahime como un pequeño mono.

—Oigan, este es un excelente kotatsu, parece mandado a hacer —dijo Ryohei cuando tomó asiento en la mesa baja.

—Es de buloke, aunque aún no ha sido estrenado —dijo Gojo tan sinvergüenza como solo él. No necesitaba decir más para dar a entender a que se refería.

—¿Recién lo trajeron? —preguntó inocentemente, Kaito. Izumi y Ana se rieron de él.

—Está semana —afirmó Utahime, con la vena de la cien a punto de explotarle. Miró a Gojo, fulminándolo con la mirada.

—Aguantará —concluyó Ryohei para Gojo.

Haru estaba ajena a la plática, su atención había sido robada por los estantes al lado de la televisión, justo al lado de donde los otros conversaban. El mueble tenía elementos decorativos bastante lindos, sin saturar mucho el ambiente, pero lo que atrajo su atención fueron los dos cuadros de fotografías que estaban dispuestos ahí, cada uno en una repisa distinta.

El primer retrato, el del estante superior, era una de Gojo y Utahime, debía ser reciente, probablemente de ese mismo año. Utahime llevaba una gorra en color negro de béisbol y la chaqueta de los Lions que Gojo le había regalado, Satoru por su parte tenía su brazo rodeando a Utahime por sobre el hombro, los dos sonreían agradablemente. No era una fotografía melosa, pero ambos lucían cercanos, afectuosos y, sobre todo, felices.

La siguiente era una de hace ya bastante tiempo, podía notarlo en la juventud de los rostros de sus conocidos. Había cuatro personas más aparte de ellos, con excepción de Utahime todos vestían uniformes negros. Utahime estaba al lado de una chica de cabellos cortos y castaños, la tenía abrazada fuertemente y sus mejillas tan juntas que se apachurraban entre sí, ellas estaban al frente. Del lado de Utahime, atrás, había un chico rubio muy serio y junto a él otro castaño bastante risueño haciendo una señal de amor y paz. Del lado de la otra chica estaba Gojo, quien guiñaba el ojo y podía verse que su mano estaba sujetando el hombro de quien estaba a su lado, sonriendo al igual que él y pasando su brazo por encima de sus cabellos negros para señalar a Gojo.

Eran sus preciados recuerdos de una adolescencia feliz que no duró mucho tiempo.

—Por un buen precio podría darte una copia de mi colección de fotos de Hime —dijo Gojo, quien se acercó hasta Haru.

—¿Colección?

—¿Estás interesada?

—Quiero ver a Iori–san en su época de estudiante —respondió rápido, totalmente ilusionada.

—Me pregunto cuánto debería costarte. Es bastante exclusiva.

—No serán fotos pervertidas ¿verdad? —replicó frunciendo el ceño.

—¿Quién te crees que soy? Son las imágenes más adorables que verás de Hime.

—¿Hime? —enarcó una ceja. La había estado llamando así desde que llegaron.

—¿Te parece cursi?

—Quién lo diría de ti…

—Ya que no me has insultado desde que llegaste, te daré información exclusiva.

—¿Sobre qué?

—Acá —Gojo señaló la foto de la preparatoria—. Él, su nombre es Nanami Kento, fue mentor de Ino por varios años.

—Así que todos en estas fotos son hechiceros ¿no?

—Correcto.

—Ino–san nunca lo ha mencionado, supongo que es porque no sabe que yo sé a qué se dedica en realidad.

—Está muerto —dijo sin más, en su voz no se escuchó tristeza ni melancolía.

—¿Qué?

—Nanami está muerto —lo señaló con el índice, luego se movió al siguiente—, Haibara está muerto —volvió a recorrer la foto con el dedo, pasando por sí mismo y se detuvo en el pelinegro—, Suguru está muerto.

—Lo lamento mucho.

—Así es la vida de un hechicero, no sientas pena.

—¿Crees que debería decirle a Ino–san que sé la verdad? —preguntó viendo la foto, centrándose en Nanami.

—Es tu elección.

—Cincuenta por ciento…—musitó pensativa—. ¿Es así de peligroso?

—Diría que peor.

—Promete que vas a cuidar a Iori–san y que no dejarás que nada malo le pase —dijo, tomando a Gojo por la camisa, como una niña pequeña.

—Haré lo que sea necesario para eso.

Gojo le palmeó la cabeza de forma tosca y sonrió. Seguía tratándola como una chiquilla y eso le molestaba a Haruhi.

—Chicos, hagamos un brindis por la vida feliz de esta pareja de enamorados que recién empiezan su nido de amor —dijo Izumi, bastante poética. Tenía su lata de cerveza alzada por sobre la cabeza.

—Basta con decir que brindamos por la mudanza —se quejó Utahime.

—Un nido de amor, es exactamente lo que es —Gojo llegó hasta Utahime para abrazarla y ser tan empalagoso como perfectamente sabía que Uta detestaba que lo mostrara frente a otros.

Takeuchi le dio el vaso con refresco a Gojo y le pasó una cerveza a Haruhi. Todos brindaron con una enorme sonrisa en el rostro, incluida Utahime en su cohibida postura por la mano firme que sujetaba su cintura.

El timbre volvió a sonar y eso les pareció extraño, porque no esperaban a nadie más. Al instante, Satoru, se ofreció para ver quien podría ser, Uta pensó en que tal vez algún vecino vendría a quejarse por tanto ruido. Los demás siguieron conversando y bebiendo animosos como siempre lo eran.

Cuando el peliblanco regresó de nuevo a la sala, hubo un silencio bastante particular. Utahime volteó a ver a Gojo, regañándolo con la mirada, este solo atinó a seguir sonriendo campante mientras veía como la más joven del grupo se ponía cada vez más colorada.

—Buenas noches —dijo él recién llegado, de forma cortes.

—Chicos, les presento a: ¡Ino Takuma! —dijo Gojo, como un anfitrión de juegos. Estaba haciendo tanto espectáculo porque sabía que Ino era un tema pendiente entre el grupo y también para molestar a Haru.

—¡¿Qué?! —gritaron los cuatro que no lo conocían aún.

—¿Por qué no me dijiste que vendría? —cuchicheó Haruhi toda alterada, para Utahime.

—No lo sabía, estoy tan sorprendida como tú.

—Gojo… —bramó la chica con coraje.

—Tú eres el famoso Ino —dijo con burla, Izumi—. Un gusto.

—¿Famoso?

—Takuma–san, es una sorpresa, no sabíamos que vendrías

—¿No? —preguntó Ino, dirigiéndose a Gojo.

—Olvidé mencionarlo —se rio Gojo, con su falsa inocencia.

Haru tomó la mano de Utahime y se escondió detrás de ella, estaba muerta de vergüenza. No es que tuviera algo de malo que estuviera ahí, más no estaba preparada mentalmente para responder la pregunta que sabía todos querían hacerle.

Ino saludó primero a Kaito y este lo presentó más amenamente al resto del grupo. Por otra parte, Satoru fue a buscar a su querida Haru, le palmeó la espalda para animarla, aunque lo hizo tan fuerte que tanto ella como Utahime trastabillaron unos pasos al frente.

—¡Gojo! —bramó Utahime.

—Hime, usemos el karaoke, hay que ambientar la fiesta —sugirió Gojo, ignorando el hecho de que no había medido sus fuerzas. Sabía que, si no sacaba a Uta de enmedio, Haru jamás se despegaría de ella.

—¿Quieres cantar en estos momentos? —replicó sin comprender a su entusiasta novio.

—Te a puesto que no sacas mejor puntaje que yo.

—Por favor, sabes que soy mucho mejor que tú.

—Apostemos el desayuno de mañana.

—Me lo llevarás hasta la cama —retrucó con plena confianza en sus habilidades.

—Bueno, tú sabes que me gusta desayunar —vociferó con sorna y esa mueca pícara. Uta se sonrojó al recordar su encuentro en el departamento de Gojo.

—Solo pon la canción —respondió ofuscada, arrebatándole el micrófono

Los chicos se reían de la escena de la pareja de anfitriones. Seguían peleando como adolescentes pese a que eran dos adultos prácticamente viviendo juntos. Haruhi suspiró con más calma al escuchar la voz de Utahime en los altavoces, el idiota de Gojo también sonaba bastante bien.

—Igual que en el béisbol —comentó Ino entre risas. Se había parado junto a Haru sin qué ella lo notara—. Hola.

—Hola, Ino–san —dijo Haru, con la vista en cualquier parte qué no fuera él.

—¿Te incomoda que esté aquí?

—No, no es nada de eso —respondió presurosa, agitando sus manos desordenadamente—. Tan solo… Me sorprendió.

—Estaba cerca y Gojo–san preguntó si podía venir.

—Me alegro, hace tiempo que no hablábamos en persona —murmuró. Inconscientemente pasó su cabello por detrás de la oreja, dejando ver más su rostro apenado.

—Por ahora… sigamos la corriente de estos dos —señaló a Gojo y a Uta, quienes peleaban ferozmente en su duelo de karaoke—. Mañana hagamos algo solo tú y yo ¿qué dices?

—Sí —respondió apenas audible.

Habían pasado ya cinco meses aproximadamente desde que comenzaron a enviarse mensajes y salir esporádicamente. Si bien, salían como amigos, poco a poco ambos iban dándose cuenta hacía que dirección se movían sus propios sentimientos. No faltaba mucho para una posible declaración.

—Te hice pedazos —se jactó Utahime con orgullo.

—Nah, te dejé ganar. Estaría mal que fuera mejor que tú en tu mejor habilidad.

—¡Soy mejor que tú aún sin trampas!

—Cierto, yo nunca he escuchado a nadie cantar mejor que Uta —habló Ana.

—Debiste dedicarte eso —le animó Take.

—¡Wow! Utahime siendo una idol: con lindos atuendos de colores. Puedo verlo —dijo Gojo como si una revelación divina hubiera abierto su mente.

—Eso es para adolescentes, Gojo.

—Iori–san sería una cantante elegante, definitivamente —corrigió Haru a Gojo.

—La veo con un vestido entallado, muy brillante, cantando al lado del piano en algún club muy exclusivo —añadió Ryohei un poco de su imaginación.

—Podría ser tu mánager y tendríamos una aventura clandestina —sugirió Gojo. Un nuevo juego de rol se había desbloqueado para un futuro.

Antes de que Utahime pudiera renegar al respecto de sus bizarras ideas, Gojo le dio un gran beso en los labios, lo hizo frente a todos sin importarle que pensaran que era un atrevido, cosa que ya sabían que sí lo era.

—Nunca hubiera pensado en ver a Gojo tan despreocupado y feliz —comentó Ino, lo dicho captó la atención de Haru—. Es decir, él siempre ha sido alguien muy relajado, pero, esto es diferente.

—Iori–san dijo que no ha tenido una vida fácil.

—Gojo ha pasado por muchas cosas que a cualquiera le borraría la sonrisa, eso te lo aseguro. Pero es un optimista y un soñador. La mayoría concuerda en que es alguien egoísta y tal vez sea cierto, pero es probablemente un ser humano que nace cada mil años ¿quién no sería un fanfarrón de ser así?

—¿Lo admiras?

—Lo respeto. Si lo admirara significa que quisiera ser como él y la verdad que cargar el peso que trae consigo no es lo mío.

—¿Qué hay de Nanami–san?

—¿Cómo sabes de Nanami? —preguntó con sorpresa.

—Gojo me contó que era tu mentor.

—Nanami–san… Fue un gran hombre. Ojalá hubieras podido conocerlo.

—Seguro que me agradaría —sonrió Haru, tan cálida como pudo ante el fantasma en los ojos de Ino, alguien que parecía significar mucho para chico.

—Y tú a él.

La reunión siguió, animada y ruidosa como solían ser las reuniones de ellos. Utahime pareció olvidarse de los pensamientos molestos y mantuvo una sonrisa sincera durante toda la noche. Gojo se aseguró conscientemente de que solo se enfocara en todo aquello que le hacía feliz: su lata de cerveza bien fría, la plática amena con sus amigos, la música que sabía perfectamente que era su favorita, así como las caricias discretas debajo de la mesa.

Buena parte de la noche se fue en interrogar a Ino y poner incómoda a Haru, pues los chicos no fueron para nada discretos en insinuar que era un secreto a voces que ellos dos estaban saliendo con miras de ser algo más. Gojo se quejó con Kaito de que había celado más a Utahime de él cuando lo presentaron que de su hermana saliendo con Ino.

—Tú tienes pinta de playboy, Takuma–san parece alguien más confiable —se defendió Kaito.

—¿Y qué hay de malo en no aparentar ser un ordinario del montón? —se quejó nuevamente.

—¿Me está llamando del montón? —preguntó Ino casi en shock.

—Es verdad, con solo mirarte las personas suelen molestarse contigo —dijo Utahime, ya estaba un poco borracha.

—Es envidia —afirmó el peliblanco muy seguro.

—Nunca te hemos visto sin las gafas, ahora que lo pienso —comentó Yamamoto.

—Cierto, me da curiosidad —añadió Ana.

Gojo enarcó una ceja y pensó en que no había un motivo por el cual debía ocultarlo. Como ya era tan común para él usarlas no era algo de lo que prestara atención. A decir verdad, ahora que lo pensaba bien, tardó varios meses en revelarles su rostro desnudo a Maki y compañía, tanto así que cuando lo hizo no lo reconocían.

Se quitó las gafas oscuras y sus abundantes pestañas blancas y largas enmarcaron con gracia el azul cielo de sus ojos. Satoru parpadeó y contempló la mirada atónita de los amigos de Utahime.

Él era increíblemente hermoso.

—Cielos, ver tu rostro me hace querer golpearte —dijo Ryohei.

—¿Verdad que sí? —dijo Utahime con entusiasmo. No podía ser la única que tuviera ese sentimiento. Claro, actualmente ya no le pasaba tan seguido.

—¿Tienes algún hermano o primo que puedas presentarme? —habló Ana.

—No tengo hermanos y mi familia es basura. Soy el único bien parecido.

—Hasta para mi es un poco raro verlo de esa forma —comentó Ino en un susurro, solo para que Haruhi lo escuchara.

—¿Si es verdad que siempre las usa?

—Todo el tiempo. Tiene que cuidar sus ojos para no agotar su ene… —Ino guardó silencio, su elección de palabras podría ser extraña como explicación.

—Dijo que era porque las luces le lastiman —añadió Haru según los que recordaba le habían dicho hace mucho.

—Algo así —Ino se rio nervioso—. No sé muchos detalles.

—Haru y yo te vimos en el club ¿cierto Haru? Aunque te veías súper enojado esa vez, hoy luces diferente —dijo Izumi. Estaba hablando de la ocasión que salieron a bailar y Gojo mágicamente apareció y desapareció de ahí.

—No me lo recuerdes, fue un dolor de cabeza —dijo Haru poniendo mala cara al recordar las tonterías que tuvo que inventarse para excusar la desaparición de Gojo y Utahime.

—¿Puedo decir que mi deuda está saldada ya que te presenté a Ino? —Gojo lanzó la pregunta con malicia. Quería girar el tema nuevamente a ellos.

El rostro de Haru se volvió tan rojo que parecía que explotaría como una tetera en cualquier momento. Eran tan evidentes sus sentimientos que Satoru disfrutaba con alevosía el molestarla, aun sin importar que eso hiciera llevarse entre las patas a Ino. Los demás se rieron de la muda respuesta de Haru.

Cerca de la una de la madrugada todos se habían marchado a sus respectivos destinos. Los dueños de la casa terminaron de recoger las latas de cerveza y los platos de los aperitivos.

—¿Qué haces? —dijo con sorpresa, Gojo.

Utahime estaba desvistiéndose en la sala de forma torpe. Terminó de sacarse el pantalón y aventó la blusa al sillón.

—Estrenar el kotatsu —dijo mientras se sentaba en el mueble.

Gojo prestó suma atención en cómo se quitaba el sostén, la forma deliberada que sus manos tocaban su propio cuerpo para erotizar más el momento. Las yemas de los dedos finos de Utahime pasaron sobre sus pezones duros, bajaron por su abdomen y llegaron hasta su vientre. Miró el rostro de su novio: ese que momentos atrás había afirmado querer golpear, el mismo rostro que ahora la devoraba con la mirada.

Aunque el bukole crujió un par de veces, al final de cuentas resistió. Satoru estuvo contento con la inversión.


NOTAS:

Avisé por Twitter que estaba mala de influenza y que no iba a poder actualizar, ya me encuentro mejor así que aquí estoy, disculpen la tardanza!

No tengo alguna anécdota sobre este capítulo, al menos no que recuerde. Lo de Ino y Haru no estaba planeado, pero me pareció buena idea incluirlos un poco aquí. El título del capítulo de hoy es una mierda, lo sé, no se me ocurrió uno mejor.

Agradezco enormemente su continuo apoyo al fic, ni yo sé cómo es que llegamos casi a los 50 capítulos (más los extras)!

Próxima actualización: día 20 de marzo!