EXTRA 48.5: AKIBA
Akihabara, la meca de la cultura otaku del anime y manga, además de la electrónica. El paraíso para cualquier fan donde podrías encontrar de todo. Era un barrio que Gojo solía recorrer en su juventud, cuando tenía tiempo libre, ahora ya no pasaba tanto por ahí, sin embargo, el ambiente le traía nostálgicos recuerdos.
—¡Increíble! ¡Increíble! —gritaba Noi super emocionada, sus ojos brillaban con la alegría de un niño que cumplía uno de sus más grandes sueños.
—Es genial ¿no? —dijo Gojo con orgullo, como si presumiera porque el barrio es suyo.
—Hay tantas cosas que no sé qué ver —dijo Yashiro.
—Gente haciendo cosplays como sin nada en la calle, sorprendente —señaló Sayu.
Gojo lideraba la expedición por Akiba como un experto guía, debía admitir que algunas cosas habían cambiado a lo largo de los años, sin embargo, en su mayoría las tiendas importantes se habían mantenido. Los carteles que anunciaban mil animes seguían en cada pared de los altos edificios, sin mencionar los promocionales en las pantallas electrónicas que cambiaban cada dos por tres.
Había tantas cosas que ver que Utahime se sentía un poco abrumada ante la exhaustiva carga visual del distrito de Akihabara que poco o nada tenía que ver con sus gustos. Las niñas, por otro lado, estaban entusiasmadas, incluso Misao que conocía poco del mundillo otaku.
La tienda Mandarake fue la primera opción de parada ya que Noi fue la que quería ir a comprar mangas. La pequeña se encontró delante de estanterías repletas de libros desde el piso al techo, no pudo evitar pegar un brinco y luego buscar su sección favorita. Las otras pequeñas, sin tanta emoción, recorrieron el lugar en busca de algo divertido para leer de vuelta a casa. Gojo a un nivel más discreto estuvo emocionado, usualmente compraba en línea sus cosas otakus, era un aficionado más reservado.
—¿Qué opinas de este, Hime?
Gojo le mostró un manga erótico donde la protagonista tenía un evidente aire de similitud con su hermosa novia. Utahime se puso colorada de oreja a oreja y le arrebató el libro al peliblanco, cerciorándose de que las niñas no vieran de que hablaban.
—Eres un pervertido —le susurró mientras rechinaba los dientes.
—Lo compraré después, parece interesante —dijo mientras leía la descripción al reverso. Incluso era un romance entre profesores.
—Iré a cuidar a las niñas.
Noi salió del sitio con poco más de diez mangas, se le veía feliz y contenta, tanto que incluso daba pequeños saltos al caminar por la calle.
La siguiente parada fue Radio Kaikan, una cadena con un edificio de diez pisos todos enfocados ya sea en manga, anime, videojuegos y electrónica. A diferencia de Mandarake, Kaikan era mucho más moderno y tenía más cosas por ver para los gustos de todas, incluso había una sección de cosplays donde Sayu estuvo entretenida bastante tiempo. Utahime atrapó a Gojo, Noi y Yashiro jugando en la sección de figuras y maquetas, estaban siendo molestos para los otros clientes así que se llevaron su correspondiente regaño.
Todas salieron con algo del lugar: ya fuera desde una cámara fotográfica nueva, videojuegos, figuras, DVDs y mangas, todo patrocinado por el increíble tío Gojo. Obviamente la que más había aprovechado (sin saber que Gojo pagaría) fue Noi, así que iba ya con tres bolsas de cosas, aunque era Utahime quien cargaba dos de estas.
—Ayane ¿dónde está Misao? —preguntó Utahime al darse cuenta, mientras caminaban a su siguiente parada, que la niña no estaba en compañía de sus primas.
Ayane apretó su mano, la que se supone que debía estar sujetando a la pequeña, pero no sintió nada y no sabía desde hace cuánto había desaparecido. Todos voltearon alrededor, pero no parecía estar cerca.
—Estaba conmigo hace un segundo —dijo Ayane con la cara pálida y con la voz entrecortada, estaba angustiada de que por su descuido se hubiera perdido.
—Voy a buscarla —dijo Utahime, igual de preocupada.
—Iré yo —anunció Gojo, dándole la bolsa de sus compras a la pelinegra—. Será más fácil para mí encontrarla, descuida.
—¿Estás seguro?
—Sí —dijo como sin nada—. Ustedes vayan a donde acordamos.
—Tío, iré contigo —dijo Ayane, asumiendo la parte de su responsabilidad.
—No. Y ya váyanse.
—Pero…
—Deja que el tío Gojo se haga cargo.
Gojo sabía exactamente dónde encontrarla, si concentraba su habilidad de sus seis ojos, podía separar y reconocer a cada individuo por su energía maldita, aunque para las emanaciones tan pequeñas como las de Misao, era un poco más tardado el separarlas del resto, aun así, no fue problema luego de unos momentos.
La pequeña estaba parada junto a la vitrina de una tienda de juguetes, probablemente se quedó viendo mientras los demás se alejaban y ya no supo cómo volver a encontrarlos. Estaba quieta, apretando sus puños sobre la tela de su vestido rosa pálido. Lucía como una muñequita de aparador, seguro que Haruhi se volvería loca solo con verla.
Antes de que Gojo cruzara la calle para encontrarse con ella, vio como una pareja joven, bastante desalineada, se acercó para hablar con la niña. Misao se encogió más en sí misma y negó fuertemente con la cabeza. La mujer la jaló del brazo, pero la pequeña se opuso a ser llevada. Algunos transeúntes miraron la escena sin decir nada.
—Te estoy diciendo que vengas con nosotros, vamos a llevarte a un lugar seguro —insistía la mujer, empleando un tono de voz molesto.
—No lo hagas más difícil, mocosa.
Al intentar tirar de ella, la mano de Satoru detuvo por completo el jalón. La mujer miró a Satoru, quien sonreía de manera siniestra, esto hizo que ella soltara a Misao. La pequeña inmediato se escondió detrás de Gojo, sujetando su pantalón.
—¿Y tú quién eres? —le encaró el hombre. Gojo le sacaba fácil unos veinte centímetros más.
—Soy su tío. Te recomiendo largarte de aquí antes de que…
—¿Cómo sé que no quieres aprovecharte de ella? No te pareces en nada —le acusó la mujer.
Bueno, eso era cierto, Satoru y Misao eran físicamente lo contrario, hasta Gojo pareció sorprendido de cómo comprobaría eso. O sea, legalmente tampoco lo era porque no estaba casado. Ladeó la cabeza, haciendo una mueca y pensó que lo mejor sería noquearlos y largarse ahí lo más rápido posible.
—¡Él es el increíble tío Gojo! —gritó Misao asomando su cabecita detrás de la pierna de Gojo.
El autoproclamado "Increíble tío Gojo" era al fin reconocido por el miembro más inesperado del séquito. Cuando Misao dijo eso, algo en el corazón de Satoru se sintió más cálido y blandito, que ella, quien siempre había estado temerosa de él, dijera aquello era… ¿encantador?
Otra mujer que no era Utahime lo había hecho sonrojar un poquito, increíble.
—Sí no se van ahora mismo, los mataré —pronunció Gojo con frialdad y el semblante inequívoco de que bien podría atribuirse a un asesino serial.
La pareja sintió el sudor frío recorrer su espalda, podría ser broma o no serlo, pero no querían averiguarlo, no valía la pena. Ambos chistaron y dieron media vuelta para seguir con su camino.
Gojo dejó de sentir el tirón en su pantalón y miró a Misao, quien hasta ahora se había mantenido serena, pero una vez que el peligro estuvo lejos y Gojo estuvo ahí, las lágrimas comenzaron a escurrirse por sus mejillas y los mocos de su nariz. Se había estado haciendo la valiente todo ese tiempo, él lo sabía bien.
—Hiciste un buen trabajo esperando a que volviéramos —la felicitó Gojo, acariciando su cabeza.
—Mami… dijo que…eso debía hacer —dijo entre sollozos.
—Nao te educó bien. Ahora que eres hermana mayor eres más fuerte ¿no?
—Tenía miedo, pero no quería llorar…
—No, está bien —Gojo la alzó para cargarla en brazos—. Los adultos también lloran ¿sabes?
Misao abrazó el cuello del ojiazul y lloró un par de segundos más, luego de soltar el estrés ella misma fue conteniéndose hasta limpiarse el resto de las lágrimas y mocos. Gojo no dijo nada más para consolarla.
Cuando volvieron con las chicas, todas se alegraron de verlos llegar sanos y salvos, como no podría ser de otra manera. Misao llevaba un helado enorme de tres bolas de nieve de colores extravagantes y se veía muy feliz.
Desde ese momento hasta el final del recorrido por Tokio en el Roppongi Hills, Misao caminó al lado de Gojo, tomándolo del dedo meñique. Utahime no entendía que había pasado, pero resultaba divertido verlos juntos, sobre todo porque Misao era tan pequeña que para Gojo era difícil llevarla de la mano, él a veces ponía cara de fastidio, pero nunca se quejó, cuando era más complicado avanzar periferia cargarla o ponerla sobre sus hombros, para eso le regaló pantalones cuando estuvieron en el centro comercial.
La cena en casa fue ruidosa y agradable, hubo muchas burlas de Gojo para las cuatro mayores de lo ocurrido en la tienda de ropa, todas se hicieron las desentendidas del bochornoso espectáculo. En ningún otro momento ese departamento se sintió tan vivo y alegre. No parecía que aquel penthouse se hubiera comprado con el fin de torturarse mentalmente por sus malas decisiones y las consecuencias de las mismas. Con la calidez y la inocencia de las niñas, casi parecía un hogar acogedor de una familia normal.
La despedida fue emotiva, pero llena de risas. Las niñas amenazaron en volver pronto para divertirse a un más.
Tres días después, al volver al departamento, con el fijo objetivo de mantener la tortuosa rutina nocturna de culpas, vio sobre la parte inferior del refrigerador algunas notas de colores llamativos. Eran las letras de las sobrinas de Utahime.
[Genial y divertido, la próxima vez sube al tobogán conmigo] Yashiro.
[El amable tío Gojo que escuchó mis preocupaciones] Ayane.
[Otaku de closet, sabe mucho sobre Digimon] Noi.
[Tiene ropa a la moda y huele bien] Sayu.
[Valiente y alto. Da menos miedo] Misao.
Y en medio de aquellas notitas había un garabato que con gran imaginación sería un dibujo del mismo Gojo. Arriba de la imagen decía de forma exagerada: ¡El increíble tío Gojo!
Esa fue la primera vez que Satoru no apreció Shibuya y Shinjuku cuando iba a casa solo.
NOTAS:
El extra nació porque quería incluir esta escena dentro del parque de diversiones, pero no encontré el momento adecuado para ponerla y ya el capítulo tenía la extensión que quería, así que solo modifiqué unas cosas y lo escribí como un extra.
Amo a Gojo y Misao juntos son muy tiernos, en general creo que Gojo fue bastante dulce con todas, era un niño más en el grupo.
¡En el siguiente Extra sabremos que pasó en Roppongi Hills!
