Advertencia: Capítulo con contenido R18. Leer bajo responsabilidad.
CAPÍTULO 43
—Te ves bastante cansada —dijo Shoko, al notar los quejidos de Utahime. Tenía además marcas sutiles de ojeras.
—Sí… no he descansado correctamente los últimos días —respondió, pero hablando entre dientes.
Una parte de ello era por trabajo, Utahime había tenido mucho a principios del ciclo escolar como había predicho y la mudanza la tenía agotada. De hecho, había llegado a Tokio la tarde anterior, directo para una misión. Esa mañana llegó a la sede junto a Gojo, quien sospechosamente había desaparecido de las instalaciones de la escuela la noche anterior.
Shoko alzó las cejas y sonrió con una mueca de perversión.
—¿Es muy impetuoso?
Utahime rápidamente se ruborizó y apartó la mirada de ella. Sabía a que se estaba refiriendo. No le molestaba hablar de ello con unas copas encima, sin embargo, estando sobria y en la escuela era otra cosa.
—Vamos. Desahógate, si no es conmigo ¿con quien? Me pondré celosa —insistió Shoko.
La pelinegra hizo un puchero, no muy segura de querer contar su vida íntima con aquel que por tantos años peleó fervientemente. Claro, ahora tenían otro tipo de peleas más… placenteras.
—Tenemos demasiado sexo… —soltó con un suspiro—, no es queja, lo disfruto mucho. Pero… Ah, Gojo es… ¿cómo ponerlo en una palabra?
—Pero es normal, que quieran hacerlo la mayor parte del tiempo —Shoko encendió un cigarrillo—. A Kiyotaka y a mí nos pasó igual. Había días en los que no queríamos salir de la cama.
—Creo que está cobrándose el tiempo por el que no lo hicimos.
—Te lo estará haciendo diez veces al día, entonces.
—Creeme que si yo pudiera soportar tanto para él no sería problema —dijo poniendo una cara de espanto.
—¿Cómo se están cuidando? ¿Usan condón?
Hubo un silencio de unos cuantos segundos. Utahime vaciló ya que la decisión de eso había sido en consecuencia de un tema delicado para ella.
—Ya que lo hacemos tanto…, me parecía poco práctico en ocasiones.
—Entonces lo haces tú.
—Es lo mejor, tener el control y que no tengamos un accidente.
—Así podrá follarte donde sea y cuando quiera —expresó, con tintes de burla.
—¡No es para eso! —exclamó ruborizada.
—Claro, claro… yo te creo.
—La otra vez, estábamos… —dijo apenada, lo demás lo dejó a la imaginación—, y lo hicimos sin cuidarnos. Tomé una píldora de emergencia. No quisiera que volviera a pasar algo así, es por eso.
—Me sorprende que Gojo haya sido así de irresponsable —Shoko alzó las cejas y apagó su cigarro en el cenicero.
—¿Y por qué no te sorprende de mí?
—Me sorprendería de tí si lo hubieras hecho con otro hombre que no sea Gojo.
Utahime relajó los hombros y habló con sobriedad. El tic tac del reloj avanzaba para el límite del que habían acordado juntos, así como el tic tac avanzaba para ella como mujer.
—Él aún no está seguro de querer una familia y yo dije que lo esperaría por un tiempo —se confesó ante su amiga, con un rostro que evidentemente no era el más feliz—. Así que mientras ese tiempo llega, quisiera estar segura de que no ocurra algún imprevisto.
—Con que esperar un tiempo… ¿Crees que es justo? Para tí, me refiero.
—Yo fui quien lo propuso, así que no puedo quejarme.
—Eres tan condescendiente con Gojo.
—¿Que debía hacer? ¿Botarlo?
—Lo decía como algo bueno.
—¿A qué te refieres? —dijo confundida.
—No es que Gojo haga lo que se le dé la gana contigo, tú se lo permites —sonrió—. Desde tu infinito amor por él. Solo ten cuidado de no consentirlo mucho, se va a mal imponer.
—Solo quiero respetar su punto de vista…
—Bien, bien. ¿Usas las mismas que tomabas cuando estabas con Hijikata?
—Sí, estuve bien con ellas. Pocos efectos secundarios.
—Es jodido tener que hacerlo —dijo con fastidio—. Pero es lo mejor si consideras que pueden tener más deslices.
—Lo cual era bastante probable.
—Por cierto, ¿cómo te fue en Ise?
—Muy bien. Estar en casa fue muy agradable.
—Gojo fue corriendo a buscarte. Tuve que cubrirlo para que pudiera ir sin que los Altos Mandos armaran alboroto. Me debe un favor —le aclaró, para que constara.
—Gracias, Shoko. Todo salió bien. Nada que ver con el recibimiento del Clan Gojo.
Shoko miró a Utahime y la sonrisa tierna que había puesto al pensar en su hogar y la visita de Satoru.
—Te ves feliz. Más feliz de lo que te veías con Hijikata.
—¿Te lo parece? —preguntó, sorprendida.
—Absolutamente. Y no lo digo porque Gojo sea mi amigo.
—No te voy a mentir que cuando estaba pensando en mis sentimientos por Gojo, también pensé en cómo sería mi vida si estuviera con Toshizo y… parecía agradable.
—¿Te arrepientes de haberlo dejado ir?
—Por mucho tiempo me pregunté lo mismo. Pero cuando Gojo toma mi mano… Solo puedo pensar en lo agradecida que estoy por haberlo elegido a él.
—Solo te tomó quince años admitir que Gojo es el amor de tu vida —dijo de forma burlesca.
—¿Podría el amor de mi vida dejarme dormir temprano una noche? —se quejó con ironía.
—Dormirás menos ahora que tomas las píldoras…
—Sí, ya me estoy arrepintiendo…
Habiendo reportado el éxito de su trabajo ante la directora, no pasó mucho tiempo hasta que fue secuestrada por su novio. Gojo sabía que Uta se iría la tarde siguiente.
Gakuganji ya le había mencionado que, a raíz de su noviazgo, Satoru se tomaba más tiempo libre, había reducido significativamente sus reuniones con los Altos Mandos, empezaba a delegar más de sus funciones y en general era más minucioso en su organización. Los alumnos también lo notaron, aunque siempre que le pedían ayuda él jamás se negaba.
Ahora que se había tomado más en serio el entrenamiento de Hiroshi, volvió a asumir una nueva diligencia, por eso, cuando tenía tiempo para dedicarle a la mujer de su vida, lo tomaba.
Estaba embriagado por la sensación de confort y alivio que sentía al rozar el cuerpo tibio que dormía junto a él. Sus horarios de sueño eran horribles, muchas veces, por no decir todas, pasaban horas desde que Utahime se dormía hasta que él podía hacerlo, a veces le acariciaba el cabello y los hombros sin nada en particular que pasara por su mente, tal vez deberes y deberes que debía cumplir después, otras veces perdía el tiempo en el móvil, algunas leyendo mientras Utahime lo abrazaba o le echaba la pierna encima. En ocasiones, pocas, Gojo se daba el lujo de acurrucarse en su pecho, apretarla gentilmente y sucumbir ante lo agotador que era ser "el hechicero más fuerte".
Esa noche durmió apaciblemente, tarde, sin embargo, con el calor de Utahime en esa enorme y fría cama, concilió el sueño reparador que pocas veces conseguía. Desconectarse del mundo para tan solo dormir, era una tarea que no figuraba con regularidad en su lista de deberes.
Salió de su habitación, había logrado dormir unas buenas cinco horas, un par de horas extras para lo que usualmente despertaba en las mañanas. Gojo escuchó a Utahime tararear alguna canción, su voz provenía de la cocina.
Era increíble que pudiera tenerla para él, aun seguía pareciendo un sueño del que no quieres despertar, afortunadamente era su realidad. La amaba y ahora sabía que la había amado desde hace mucho tiempo atrás.
Se lamió los labios al verla vestir solo su playera, lo había hecho a propósito porque ella tenía ropa ahí que podía usar. Se acercó por detrás, mientras ella seguía trabajando en el desayuno, cortando algunas verduras sobre la barra de la cocina. Gojo apretó sus senos y pegó su cuerpo al de ella, acurrucando el rostro entre el cuello de Utahime. Inhaló lento su aroma: a su jabón que ahora se mezclaba con el olor de su piel y adquiría otro matiz.
—Buenos días —habló Utahime con ironía.
—Buenos días… —respondió somnoliento, dejando un beso detrás de su oreja.
—Estoy preparando el desayuno —dijo, ocultando el hecho de lo bien que se sentía el masaje en su pecho.
—No te estoy deteniendo las manos…
Intentó seguir picando la verdura como hasta antes de la interrupción, pero cada vez sentía más las ganas de corresponder a las caricias que su amante le regalaba. Tiró la cadera atrás al sentir la dureza que comenzaba a encajarse en su espalda baja. Gojo empujó su pelvis, haciendo que Uta se encajara el borde de la encimera en el abdomen.
—Tengo el cuchillo en la mano, cuidado —lo regañó, como si ella no hubiera buscado ese empuje intencional.
—Perdón, seré más cuidadoso.
Satoru apretó los pezones de la pelinegra, notoriamente excitados bajo la ropa, pellizcando justo en la raya del dolor. Besó su hombro y ella movió la cabeza a un lado para ofrecerle su cuello, mismo que fue tomado de inmediato. Las manos del ojiazul contornearon la cintura de Utahime y siguieron bajando hasta meterse debajo de la playera. Cuando notó los dedos del peliblanco tomar su ropa interior para desplazarla hacia abajo entre sus piernas, Uta gimió, procurando hacerla pasar como una queja.
—Gojo…
Quiso girarse para llamar su atención, pero él tomó sus manos, indicándole que siguiera haciendo el desayuno. Claramente escuchó más ropa, que no era la suya, caer al piso. Satoru le separó más las piernas valiéndose de su rodilla, dos segundos después el miembro de Gojo chocaba entre sus nalgas.
—Gojo…
Gimoteó con cero concentración.
—Anda, sigue con lo tuyo. Yo me entretengo aquí —le ordenó, para después morderle el cuello.
Utahime se retorció en deseo, ¿cómo pretendía que se enfocara en la comida?
Las manos de Gojo estaban tibias y se sentían agradables sobre su piel desnuda. Estuvo un rato acariciando sus glúteos mientras depositaba tantos besos como podía desde el hombro hasta su oreja.
Para él era sencillo saber cuando Utahime estaba lista para más, lo notaba en cómo se le erizaba la piel y comenzaba a tornarse más bermellón sobre los pómulos. Los dedos de Satoru entraron en ella lentamente, queriendo poseerla. La pelinegra apretó su cuerpo y él sintió lo delicioso que era esa presión que ejercía con su intimidad.
Utahime comenzó a jadear, incapaz ya de hacer algo de lo que estaba haciendo. Empujó la tabla de picar cuando Satoru introdujo un dedo más, siendo ahora tres los que la penetraban. Gojo sonrió lascivo y apretó su pezón izquierdo. Las caderas de la pelinegra se movieron siguiendo el ritmo de la mano de Satoru, buscando una profundidad que solo se la daría algo más.
¿No es que se acababa de levantar? ¿Cómo es que podía empezar el día de forma tan intensa?
Gojo empujó totalmente el torso de Utahime sobre la encimera, tirando lo que estaba preparando del desayuno. Ella quedó de puntitas, con el aliento chocando sobre el mármol blanco, lista para ser poseída por el ojiazul.
"Humm" exclamó cuando el miembro de Gojo la penetró. La mesa tenía todas las verduras regadas y los huevos habían rodado al otro lado de la cocina, cayendo al piso y haciendo todo un desastre.
—Estás más húmeda de lo usual…
Gimoteó Gojo mientras sentía resbalar su pene dentro y fuera de ella sin ningún tipo de resistencia. Puso las manos en la barra como apoyo, no necesitaba marcar cadencia cuando su novia se acoplaba de manera espectacular al empuje de sus caderas.
—¿Realmente te ha gustado que te asalte de esta manera? —dijo con la característica sorna de siempre. El calor del interior de Utahime era tan adictivo que solo pensaba en las ganas de permanecer ahí el mayor tiempo posible.
Embestía una y otra vez, no tan frenético, pero con fuerza.
—Estás apretando tanto que se siente delicioso…
—Satoru…
Utahime hizo las manos puño, sus pechos se apretaban contra la tabla para picar, la cual ya había embarrado todo su contenido en "su" playera.
—Este debería ser mi desayuno diario —Gojo se reclinó sobre ella, para llegar hasta su oído—. ¿No te gustaría?
—Si~ —jadeó extasiada contra la barra.
Continuó haciéndola suya mientras ella se aferraba a lo que podía para contenerse. Satoru tenía las manos sucias entre la lubricación de Iori y los tomates que había aplastado. Estaba casi por terminar, sujetó las caderas de Utahime, no sin antes darle una buena nalgada que ella sintió por todo el cuerpo. La había golpeado fuerte, tal vez un poco más de lo que pretendía, así de entusiasmado estaba con su encuentro matutino, eso sí, Utahime aguantó sin decir nada.
Gojo terminó en su interior, moviendo levemente las caderas al ritmo del semen fluyendo fuera de él. Utahime había alcanzado su orgasmo ya hace buen rato, la verdad es que sí había encontrado muy excitante el sexo en la cocina.
—Te va a quedar una marca, lo siento —dijo al notar la gran mancha roja que su mano había dejado pintada sobre el glúteo de Iori. Ella intentó ver, pero solo alcanzó a notar como Gojo le dejaba un besó en la marca mientras bajaba para recoger sus pantalones—. Ve a lavarte, yo limpio todo esto —añadió muy amable luego de haber cometido su deliciosa fechoría.
Utahime miró el desastre que su travesura había provocado. Ah, todos sus preparativos estaban arruinados.
—No, vamos juntos a la ducha.
Y eso, no era una petición, sino un mandato que debía cumplirse tal cual ordenaba. Gojo sonrió con picardía, al parecer su mujer no había tenido suficiente. Él encantado, tenía las energías y las ganas para un buen rato más.
Era una mentirosa, no solo era él, ella también contribuía a la lujuria de su relación. Amaba cada momento en que la hacía suya, y amaba aún más hacerlo sentir deseado.
Siguieron haciéndolo hasta que sus estómagos les recordaron que seguían sin probar bocado y ya pasaba de la hora de desayunar.
Gojo volvió a pensar en que era feliz, tan feliz que deseaba que nada pudiera perturbar cuán dichosa era su vida actual. Qué nadie, incluyéndolo a él mismo, fuera atreverse a romper lo que poco a poco estaban logrando.
Su día terminó en la estación de tren, mientras susurraba un tierno "te amo" cuando las puertas del vagón estaban cerrándose.
Notas:
Ayer tuve algunos imprevistos y no pude subir el capítulo a tiempo, lo lamento.
Muchaa gracias por pasar a leer! y tambirn agradezco mucho sus comentarios!! Siempre me hacen saber si voy por buen o mal camino.
Saludos!
