Tomoyo sostuvo su mirada un segundo más, luego bajó los ojos y asintió con aparente resignación.

—Está bien… si eso es lo que necesitas, irás.

Sakura le acarició la mejilla por última vez antes de girarse, con pasos firmes, hacia la puerta. Kero la esperaba afuera. Era el momento de partir.

Pero apenas se cerró la puerta, la morena apretó los puños a sus costados, clavando la mirada en el suelo.

"Sé que no puedo detenerte… pero tú, tampoco puedes detenerme"

Tomoyo temblaba, pero en ese instante, todos los recuerdos de lo vivido cruzaron su mente como un torrente imparable. Era un momento crucial: su amada había salido a pelear contra aquella energía oscura que, desde su aparición, no había hecho más que arruinar su relación.

—Pero, por otro lado…

Susurró con amargura

— Fue esa misma oscuridad la que la ayudó a entender lo que sentía por mi.

"Y sin embargo, yo... continué con miedo".

"Es cierto, nunca pude comprender por qué no podía terminar de aceptarla por completo. No era falta de amor. Era otra cosa. Algo más profundo, más oscuro, que se aferraba a mí con fuerza. Y jamás se me ocurrió pensar que estaba siendo manipulada. Que esa energía había estado dentro de mí también, susurrando mentiras, distorsionando mi visión, haciéndome dudar de lo más puro que había sentido. Le permití la entrada desde el momento que Sakura me alejo de su vida"

-Ahora lo entiendo. Pero quizás... sea demasiado tarde.

—No lo es, señorita... Nunca es tarde para enmendar las cosas.

La voz de Ritsuko, su querida cuidadora y segunda madre, se deslizó suavemente desde algún lugar de la habitación. Era un susurro cálido, lleno de ternura y fuerza, como si supiera exactamente lo que Tomoyo necesitaba oír.

Tomoyo giró lentamente con los ojos aún nublados por la duda sin preguntarse siquiera cómo y cuándo había llegado ella. Lo importante era que allí estaba, de pie en la penumbra, con esa mirada que siempre había logrado calmar sus tormentas internas. No había juicio en su rostro, solo una fe silenciosa.

—¿Crees que aún estoy a tiempo...? preguntó Tomoyo, su voz quebrada por el miedo.

Ritsuko sonrió, caminando hacia ella con pasos lentos pero firmes.

—Siempre que haya amor, siempre que tu corazón quiera luchar por lo que cree... estás a tiempo. Lo que importa es lo que decidas hacer ahora.

—Pero quizás Sakura no sobreviva... y yo tampoco

Dijo la morena, aún temblando, con la voz apenas saliendo de entre sus labios.

Ritsuko se acercó, tomándola suavemente de las manos, como lo hacía cuando la conoció y tenía miedo a los recuerdos.

—Eso no es lo importante, señorita

Dijo con una dulzura firme

—. Si usted está decidida, podrá darle las fuerzas a su amada para que pueda pelear… y algo aún más valioso: una razón para sobrevivir.

Tomoyo apretó los dientes, sintiendo cómo esa verdad calaba hasta los huesos. No se trataba del miedo. No se trataba del destino. Se trataba de una elección.

De amor.

De no dejarla sola, no esta vez.

Respiró hondo, como si intentara absorber todo el valor que había a su alrededor, y entonces levantó la vista con una nueva determinación brillando en sus ojos.

—Entonces... no la dejaré. No otra vez.

Se giró, su expresión ahora endurecida por la decisión. No sabía cómo ni cuándo, pero encontraría la forma de estar allí. Porque si la oscuridad se atrevía a reclamar a Sakura… tendría que pasar también por ella.

Porque esto no era solo un problema de Sakura.

Ella… Akiko había vuelto para atacarla. "Tal vez, pensó con un escalofrío, en realidad nunca se había ido". Siempre estuvo ahí, acechando en las sombras, esperando el momento adecuado para volver a herir.

Y ella, Tomoyo, había sido tan ciega como Sakura lo fue en el pasado. Había cerrado su corazón, se había convencido de que el peligro había pasado… y por eso, por esa ceguera, estuvo a punto de perderla otra vez.

Pero esta vez, el ataque era... Más cruel. Más fuerte. Ahora quería arrebatársela de otra forma: llevándosela a través del deber, del sacrificio, del silencio. Robándola poco a poco hasta que no quedara nada.

-No lo permitiré.

Esta no es solo tu batalla, Sakura. Es nuestra. Y yo estaré presente.

Porque si el pasado regresaba para arrancarles el futuro… lo enfrentarían juntas. Como siempre debió ser

Pero justo cuando la morena se disponía a salir, decidida a no dejar a Sakura enfrentar sola ese destino, Ritsuko que la había seguido en silencio se interpuso en su camino.

-¿Es consciente que se dirige a una batalla de magia?. Usted… no podrá hacer mucho.

Dijo era consciente que ella misma la había impulsado pero primero debía asegurarse que su jefa estaba lo suficientemente preparada.

Tomoyo la miró fijamente, sin dar un solo paso atrás.

—Pero algo podré hacer

replicó, con la misma determinación que antes

—. Así que déjame pasar, Ritsuko. No puedo dejar que Sakura siga sin saber que mi amor por ella nunca desapareció

Por un instante, el silencio se impuso entre ambas. Pero entonces, Ritsuko bajó ligeramente la mirada, como si dudara… y luego alzó una mano.

—Quizás… yo pueda ayudarle.

Un tenue resplandor emergió de su palma. Era débil, inestable, pero aún vivo. El poder que le quedaba tras purificarlas, a través del sueño. Apenas una chispa comparado con lo que había sido… pero suficiente para despertar algo más.

Tomoyo entrecerró los ojos, sintiendo ese calor conocido, esa energía que no pertenecía del todo a este mundo.

—¿Qué es lo que estás haciendo?

—Un puente

susurró Ritsuko

—No tengo fuerza para luchar por ustedes… pero tal vez sí para unir lo que necesita estar unido.

Y con un gesto leve, colocó su otra mano sobre el corazón de la morena. Una corriente de magia suave, casi imperceptible, la recorrió. No era ofensiva… era resonancia. Un lazo.

—Ahora, cuando esté cerca de Sakura… ella lo sabrá. Sentirá tu presencia, incluso si no te ve. Y si el momento llega… tú también lo sentirás.

La joven asintió, agradecida… y sin más, cruzó la puerta. Ya nada la detendría.

Pero Ritsuko cayó rendida… pero volvió a levantarse aún no… aún no podía dejarse caer le faltaba una labor más por hacer.

Tomoyo avanzó por la calle, su corazón latiendo con fuerza, pero la magia de Ritsuko aún latía dentro de ella, un suave recordatorio de que no estaba sola. Cada paso que daba la acercaba más a la confrontación, y sin embargo, había algo más: la presencia de Sakura, aunque distante, la llamaba de una manera que no podía ignorar. La conexión mágica comenzaba a sentirse real, tangible.

A lo lejos, al final del pasillo, vio a Sakura tomando con fuerza su báculo. No la había sentido llegar, pero en ese momento, la magia de Ritsuko parecía hacerle saber exactamente dónde estaba. El lazo recién creado pulsaba entre ellas, como una cuerda invisible que las mantenía unidas, sin importar las distancias que las separaran.

Sakura, mantenía la mirada fija en el horizonte, donde la sombra de lo que se avecinaba comenzaba a vislumbrarse.

De pronto, un escalofrío recorrió la espalda de la morena, como si una sombra se alzara frente a ella. Y fue entonces cuando lo entendió. Estaba cerca.

Mientras tanto, Sakura se encontraba en un punto de no retorno. Había llegado al lugar donde todo comenzaría. La sensación de peligro era palpable, y el aire se volvía espeso a medida que avanzaba. Había algo diferente esta vez, algo oscuro que parecía filtrarse por las rendijas de su conciencia.

No estás sola, Sakura.

La voz, aunque silenciosa, resonó en su mente, tan clara como el mismo susurro del viento. Era Tomoyo, su presencia a través de la magia de Ritsuko. El lazo entre ellas era más fuerte de lo que pensaba, y, por un segundo, una sonrisa se asomó a sus labios. No estaba sola debió saber que no se resignaria a esperarla.

En un impulso, Tomoyo la alcanzo sujetándola de la mano.

— Necesito que sepas algo..

—Shh, lo sé

la interrumpió con una sonrisa tranquila

-pero…

—. No te preocupes, yo también quisiera decirte cosas "por ejemplo quisiera reclamarte por estar aquí…" pero ahora debemos concentrarnos.

Sakura no sabía si era por la conexión mágica, pero había comprendido que no podría dejar atrás a su amada, por mucho que quisiera protegerla.

Pero la sonrisa desapareció tan rápido como llegó. El enemigo estaba cerca. Y ahora, más que nunca, no podía permitirse flaquear.

Con determinación, soltó la mano de Tomoyo y sujetó con firmeza su báculo… La oscuridad avanzaba, y no podía dejar que llegara a más. Tenía que ser ella quien enfrentara lo que vino a destruirlas.

Tomoyo por su lado no pudo evitar notar que Sakura aún caminaba con cierta dificultad aunque había dejado las muletas en la habitación, La batalla estaba por comenzar, pero ahora, tuvo la certeza de que la cuidaría, no perdería de vista esa pierna.

Una risa susurrante se coló en el aire, fría y cargada de desprecio. Una presencia oscura se materializó, y al sentir el debilitamiento del campo de energía de Ritsuko, la amenaza se hizo tangible. La enemiga finalmente había llegado.

—Vaya, vaya… así que han decidido enfrentarse a mí, ¿eh?

la voz era suave, casi un murmullo, pero cargada de maldad.

Sakura y Tomoyo se detuvieron en el mismo instante, sintiendo cómo el aire se volvía aún más pesado. Aquella voz era como un veneno que se infiltraba en sus pensamientos, provocando una oleada de miedo que ambas combatieron en silencio.

Desde las sombras, una figura emergió, y la oscuridad parecía seguirla como una capa. Sus ojos, fríos como el hielo, brillaban con una furia contenida, y cada paso que daba parecía hacer que la tierra bajo sus pies temblara.

—Sonomi ya no me importa lo más mínimo

continuó la voz, más llena de burla ahora

—. Puedo abandonar su vigilancia en el hospital. Lo que realmente me interesa está aquí.

Mirando fijamente a Tomoyo y con un movimiento sutil, la figura avanzó, por un momento, la luz alrededor de las dos mujeres pareció desvanecerse. La enemiga no estaba solo allí para intimidar; su magia ya comenzaba a desplazar el campo de protección que Ritsuko había puesto sobre ellas.

Sakura apretó el puño alrededor de su báculo, y Tomoyo, aunque consciente de que la batalla sería difícil, también tomó su posición. El lazo mágico que las unía no era solo un vínculo de amor, sino también de fuerza. No permitirían que esta sombra las destruyera.

La enemiga se detuvo, observándolas con una sonrisa cruel, como si ya hubiera ganado. Pero algo en sus ojos decía lo contrario. Sabía que la batalla no estaba decidida aún.

—¿Qué? ¿Ahora me miran con valentía? ¿Creen que la magia de Ritsuko podrá detenerme otra vez? No tienen idea de lo que se avecina.

La enemiga se acercó aún más, observando a las dos mujeres con una sonrisa cruel y despectiva, como si ya las hubiera derrotado con solo su presencia. Sin embargo, cuando sus ojos se posaron en Sakura, su mirada se endureció ligeramente al ver que llevaba un báculo, un símbolo de su fuerza diferente, pero igualmente poderosa.

Sakura, sosteniendo su báculo con ambas manos, lo levantó ligeramente, su postura erguida y decidida. Sabía que la batalla no sería fácil, pero no importaba cuán poderosa fuera la enemiga. El báculo brilló con una luz tenue, señal de que su magia también estaba lista para entrar en acción.

Tomoyo se situó a su lado, su energía vibrando a través del lazo que las unía, el vínculo de protección que Ritsuko había reforzado. No iba a dejar que nada les arrebatara el futuro que aún no habían logrado construir.

—Lo que no entiendes

dijo Sakura, con calma, pero con firmeza

-es que no importa cuán fuerte seas. No podrás vencernos como en el pasado.

Akari frunció el ceño, como si aquellas palabras no tuvieran sentido para ella.

—¿Crees que este lazo, esta magia débil, podrá detenerme?

preguntó con burla estaba segura que las dudas que había sembrado en sus corazones en todo este tiempo sería suficiente.

Sakura no respondió, pero su báculo comenzó a brillar más intensamente, y una ligera ráfaga de viento comenzó a moverse a su alrededor. Sus cartas estaban en el aire, esperando la orden de desatarse.

Akiko observó a Tomoyo, con una sonrisa fría en su rostro mientras hablaba con una tranquilidad escalofriante.

—Solo existió un mago en la historia que pudo detener a mi Madre. Pero él ya no existe

dijo, con una ligera pausa, como si saboreara el momento

—. Y aunque mi madre tampoco, me legó todos sus conocimientos y poderes veo que ese tipo hizo lo mismo. Sin embargo no importa, soy más que suficiente para enfrentarme a ustedes.

Sakura sentía cómo su corazón se aceleraba. La desesperación comenzaba a nublar su mente. Había creído que podría manejar la situación, que podría enfrentar a la enemiga sola, pero al ver a la Tomoyo a su lado, el miedo se apoderó de ella. No había querido admitirlo, pero su temor había crecido al saber que ella también estaba allí. La pelinegra le había seguido, desafiando su deseo de protegerla.

—No sigas…

Sakura intentó decir, pero su voz se quebró. El temor de perderla, de que algo le sucediera, se volvía insoportable.

Pero Tomoyo no le prestó atención. Sus ojos, ahora fijos en la enemiga, no mostraban miedo, solo una fría determinación.

—Antes que nada, quiero saber…

su voz fue baja, pero firme, como un desafío

—Fuiste tú la causante de todas mis dudas, ¿verdad?

La enemiga soltó una risa suave, pero cruel.

—Oh, querida prima, quisiera decirte que sí, pero lamentablemente no. Yo solo las aproveché. Y agrandé todo lo que ya estaba presente en tus corazones.

Tomoyo frunció el ceño, su mirada se endureció al escuchar esas palabras. Estaba claro que la enemiga no solo las había atacado por venganza. Había jugado con sus mentes, con sus emociones, y con su historia.

—¿Entonces lo que sucedió… fue tu juego?

preguntó la pelinegra, sin apartar la mirada de su adversaria.

Akiko no respondió de inmediato. En cambio, su sonrisa se amplió, una mueca de satisfacción.

—El destino siempre está en nuestras manos, querida. Aunque no siempre jugamos limpio por ejemplo yo podría cambiar tu destino atacandote ahora mismo.

Sakura, al escuchar eso, sintió la rabia fluir por sus venas. La magia dentro de ella aumentó en intensidad, su báculo brillando con una energía aún más potente.

—No lo permitiré

dijo, con firmeza, mirando a la Tomoyo, como si su presencia le diera el valor necesario para seguir adelante

La tensión creció en el aire mientras la enemiga se cruzaba de brazos, observando a las dos mujeres con una mirada de absoluta superioridad. Su sonrisa se amplió, como si ya supiera el final del juego.

—Lo que no entienden es que yo ya gané

dijo, su voz llena de desdén

—. ¿Cuánto daño puede hacerme una tipa sin magia, y la otra con magia debilitada por las dudas y los dolores en su corazón?

Las palabras de la enemiga golpearon como una descarga eléctrica, y un miedo profundo se apoderó de Sakura. Algo en su pecho se estremeció, pero antes de que pudiera articular respuesta, un recuerdo doloroso se coló en su mente, como un destello afilado de lo que había sido su relación con la morena.

"Una bonita amistad."

"¿Quieres que seamos amigas?"

"NO, he sido paciente, pero si tú me quieres como yo te quiero, debemos ser más que amigas."

La nostalgia la invadió, y por un momento, las palabras de la enemiga se desvanecieron, reemplazadas por la calidez de esos recuerdos. Recordaba cómo había sido tan fácil caer en esa conexión, tan sencilla en ese entonces, pero también tan cargada de sentimientos que no habían sabido cómo manejar.

Pero la voz de Tomoyo, tan clara en su mente, la trajo de vuelta al presente, justo en el momento en que su mirada se endurecía hacia la enemiga. Sin embargo, la morena no estaba exenta de su propia tormenta interna. Un dolor profundo emergió de su memoria, un recuerdo que, como un puñal, la atravesó en silencio.

"Tenemos que... tu madre no puede salir del coma."

El rostro de la morena se distorsionó brevemente en una mezcla de rabia y tristeza, como si la ira que sentía por lo que le habían hecho a su madre nunca la hubiese dejado ir. Y entonces, la imagen de un incendio comenzó a surgir en su mente, una llamarada arrasadora que no tenía sentido.

"Un incendio sin razón aparente."

-Fuiste tú…

Grito llena de rabia, tú enviaste a mi madre al hospital.

Sakura vio cómo la morena apretaba los puños, su rostro pálido por la rabia contenida, mientras Akiko las observaba con una sonrisa llena de desprecio.

La morena no respondió de inmediato, pero su cuerpo tembló por dentro. La historia que había intentado olvidar, los eventos que la habían marcado, todo estaba regresando con una fuerza brutal. Esa mujer, había sido la causante del sufrimiento de su madre, de sus dudas, de la herida profunda que aún no se cerraba en su alma.

Sakura, por su parte, intentó centrar su mente en lo que estaba sucediendo. La magia que emanaba de su báculo parecía resonar con sus emociones. No puedes dejarte llevar por el pasado, se recordó. Lo importante es el presente. Es ahora.

Pero la voz de la enemiga la interrumpió nuevamente, llena de veneno.

—Creen que pueden ganarme, pero ¿cómo pueden vencer a alguien que ya conoce cada uno de sus miedos y debilidades?

La mujer dio un paso hacia adelante, su sonrisa burlesca aún en su rostro

—. Gané

La atmósfera se volvió densa, la sonrisa arrogante de la enemiga seguía presente, pero algo en su mirada comenzó a cambiar cuando las dos mujeres se prepararon para enfrentarla. No había vuelta atrás.

Sakura, con su báculo en mano, lo levantó con firmeza. La magia fluía en sus venas, respondiendo a su voluntad. El miedo, el dolor, la rabia... todo eso se convirtió en poder. Sabía que la batalla no sería fácil, pero el lazo que la unía a Tomoyo le daba fuerza.

Tomoyo, por su parte, se adelantó un paso, sintiendo cómo la magia que Ritsuko había infundido en ella comenzaba a vibrar. No se trataba de un poder físico, sino de una conexión más profunda, más sutil. Una resonancia mágica que, aunque débil en comparación con la enemiga, la impulsaba a avanzar. Estaba lista para enfrentarse a su destino.

Akiko, que había permanecido quieta mientras las observaba, finalmente levantó una mano, desbordando de su palma una oscuridad tan densa que parecía absorber la luz misma.

—Si creen que su magia puede competir con la mía, están equivocadas

dijo con una risa burlona.

Con un grito, liberó una explosión de energía que se disparó hacia las dos mujeres. Sakura reaccionó con rapidez, levantando su báculo invocando a la carta escudo . La energía chocó contra la barrera, haciendo que el aire vibrara con fuerza. Un sonido sordo llenó el espacio mientras la magia oscura se desintegraba en el aire.

Sakura luchó por mantener la concentración, su mente enfocada en la defensa.

—No… no te dejaré ganar

murmuró, mientras comenzaba a canalizar su propia energía hacia el báculo. Un resplandor blanco emergió, y en un movimiento rápido, conjuró una ráfaga de luz que chocó contra la oscuridad de la enemiga.

La mujer reaccionó con agilidad, esquivando la luz y creando una serie de esferas oscuras que lanzaba hacia ellas sin descanso. Cada esfera parecía tener vida propia, ardiendo con una energía propia aún así Tomoyo, sin pensarlo, se lanzó al frente. Con un grito de furia, levantó su mano y canalizó la magia que había recibido de Ritsuko.

Una explosión de energía pura surgió de su palma, destruyendo las esferas oscuras en el aire, dejando solo una estela de luz resplandeciente.

—¡No te atrevas a subestimarnos!

gritó la morena, su poder resonando con la misma fuerza que la enemiga. La conexión mágica entre ellas, aunque inestable, parecía despertar con cada acción.

La enemiga frunció el ceño, por primera vez mostrando una grieta en su actitud confiada. La batalla no estaba siendo como había anticipado.

—Interesante...

dijo, un destello de odio brillando en sus ojos después de todo siempre creyó que Tomoyo sería fácil.

- Pero no creerán que esto es todo, ¿verdad?

De repente, Akiko desapareció en un parpadeo, apareciendo justo detrás de Sakura que eDe repente, Akiko desapareció en un parpadeo, apareciendo justo detrás de Sakura que en una distracción había desactivado al escudo por la sorpresa, Akiko tenía la mano extendida hacia su cuello. Antes de que pudiera reaccionar, Tomoyo ya estaba delante de ella, empujándola hacia atrás con una fuerza imparable, lanzándola unos metros por el aire.

Sakura, temblando por un instante por la cercanía del ataque, no perdió tiempo. Levantó su báculo nuevamente, y una ráfaga de luz pura surgió de él, envolviendo a Akiko en un resplandor cegador.

Akiko dejó escapar un grito de rabia, esquivando la luz a duras penas, pero ahora estaba claramente más cautelosa. El combate había alcanzado su punto más crítico, y lo que parecía ser una lucha de magia y voluntad no era solo por sus vidas, sino por algo mucho más grande.

Aún ardiendo en ira, volvió a lanzar un hechizo de oscuridad, envolviendo el campo en una niebla densa. Pero las dos mujeres, con la conexión que las unía, no dudaron ni un segundo. Juntas, podrían enfrentarla.

La batalla continuaba, y solo una cosa estaba clara: no iban a permitir que la oscuridad las consumiera.

La niebla oscura se espesó a su alrededor, y un espeso silencio invadió el aire mientras las examigas se preparaban para lo que parecía el siguiente ataque. Akiko, visible solo por sus ojos brillando en la oscuridad, se desplazaba como una sombra. Los hechizos que lanzaba no solo destruían el entorno, sino que desmoronaban cualquier esperanza de estabilidad, dejando el lugar en un caos absoluto.

Sakura, con su báculo levantado, intentaba mantener el control de la magia que fluía a través de ella, pero algo en la atmósfera comenzaba a desbordarse. La niebla parecía estar debilitando su energía, y el miedo comenzó a anidar en su corazón.

Permitiendo a Akiko lanzar un ataque directo hacia ella.

Fue en ese momento cuando Tomoyo, sin pensarlo, se adelantó. Sabía lo que estaba en juego. Si algo le sucedía a Sakura, la batalla estaría perdida. Su conexión con ella y amor, la impulsaba a protegerla a toda costa.

La morena levantó su mano con una fuerza que parecía trascender todo lo que había sentido antes. Un destello de luz pura surgió de su palma, chocando contra la niebla oscura y disolviendo momentáneamente el ataque.

—¡Sakura, aléjate!

gritó, justo antes de que un torbellino de furioso en respuesta se desatara del cuerpo de Akiko. El ataque que venía directo hacia ellas era más fuerte que el anterior.

Pero Tomoyo, consciente del peligro y aunque debilitada por su contraataque anterior se interpuso entre Sakura y el hechizo. Un fuerte impacto resonó en el aire cuando el torbellino chocó contra ella. El poder la envolvió como un manto pesado, y por un instante, Tomoyo temió que no pudiera resistir.

Sin embargo, se aferró a su fuerza interna, a la energía que Ritsuko le había otorgado, y en un último esfuerzo, desató una barrera de luz, empujando el hechizo hacia atrás. La sombra se disipó, pero no sin dejar una marca en ella, que cayó de rodillas, jadeando con dificultad.

Sakura, con el rostro demacrado por la preocupación y el miedo, dio un paso hacia ella.

—¡No!

Hasta entonces pudiendo reaccionar exclamó, pero Tomoyo la miró fijamente, levantando una mano para tranquilizarla.

—Estoy bien…

dijo, entre dientes, antes de levantarse nuevamente. Pero no pudo evitar que su cuerpo temblara, agotada por la magia utilizada.

Sin embargo, antes de que pudieran continuar con la lucha, algo extraño ocurrió. Una figura apareció en el borde del campo de batalla, la presencia tan repentina y poderosa que congeló el aire por un instante.

Kero, que había estado vigilando a lo lejos, se encontraba frente a ellas, con su imponente figura preparado para unirse a la batalla.

Miro fijamente a Akiko y se lanzó con fuerza al ataque pero lo atrapó en una nube negra.

—¿Creyeron que tenían ayuda?

La voz de Akiko era como la de una serpiente venenosa que se colaba en sus pensamientos.

-arg Sakura… ahora lo entiendo su poder radica en los sentimientos..

Un destello cegador de oscuridad emergió de Akiko, y en un abrir y cerrar de ojos, el guardián desapareció del lugar. No hubo rastro de él, solo un vacío que quedó flotando en el aire, como si nunca hubiera existido.

Sakura dio un paso atrás, horrorizada.

—¡No! ¡¿Qué le has hecho?!

su voz se quebró.

Tomoyo miró a su alrededor, intentando encontrar a Kero, pero no había señales de él. Era como si hubiera sido arrancado del mismo tejido de la realidad pero había dicho algo antes de desaparecer.

"su poder radica en los sentimientos… ¿significaba eso que las dudas y el temor la volvían poderosa?"

La enemiga sonrió con malicia, disfrutando del terror que había sembrado.

—Él no puede ayudarte. No hay nada que puedan hacer. El destino ya está sellado.

Sakura apretó los puños, el miedo en su pecho transformándose en rabia. Miró a la Tomoyo, quien aún temblaba por la carga de la batalla, pero su mirada era clara y decidida había comprendido todo.

continuara...