—No va a acabar así. No te lo permitiré

dijo Sakura, con determinación, mientras su báculo brillaba una vez más con energía pura "no tengas miedo Sakura eso solo la hace más fuerte"

Fue el pensamiento que Tomoyo le transmitió para después levantarse con más fuerza, su propia magia resonando en el aire. No dejarían que la oscuridad las derrotara. No sin pelear.

Akiko, viendo la resistencia en sus ojos, preparó otro hechizo mortal, pero esta vez, las dos mujeres no retrocederían. La batalla había alcanzado su punto máximo.

Sin esperar más, Sakura y Akiko se lanzaron a la batalla. Todo era un caos. Tomoyo no era capaz de seguirlas con la mirada; ambas se movían con una velocidad y fiereza descomunal. A pesar de la confusión, Tomoyo podía sentir la frustración de Akiko al no lograr hacer retroceder a la castaña. El cansancio y las heridas comenzaban a hacerse evidentes en su rostro, ahora descompuesto por la ira.

Fue entonces que, en uno de los aterrizajes forzosos, la pierna de Sakura flaqueó. Akiko no dudó ni un segundo: con los ojos encendidos de furia, lanzó un ataque devastador. Una explosión sacudió el terreno, haciendo vibrar el aire mismo. Ninguna de las contendientes pudo comprender de inmediato qué había ocurrido.

Un silencio lleno de angustia y lucha interna. Sakura, con el corazón acelerado, observó a Tomoyo, su mirada llena de dolor y preocupación. Estaba en el suelo sujetando su abdomen con fuerza no habían podido compartir.

Sakura, con el báculo en mano, luchaba por acercarse a ella, aunque la habia protegido la explosión fue demasiado fuerte Sakura estaba evidentemente afectada pero sus ojos no podían apartarse Tomoyo, cuando la castaña al fin la alcanzo, Tomoyo la miró con una sonrisa débil y finalmente rompió el silencio.

—Sakura... perdóname...

Su voz apenas fue un susurro, pero sus palabras atravesaron el aire, como un peso que caía sobre ambas

—. En realidad... yo nunca dejé de amarte, pero no pude decírtelo antes.

Las palabras de Tomoyo hicieron que el corazón de Sakura diera un vuelco, y aunque una oleada de emociones la invadió, su mente se nubló por el peligro inminente.

—¡Este no es momento para que me digas eso! ¡Te pondrás bien!

respondió Sakura, su voz cargada de una mezcla de desesperación y rabia. No era el momento para confesiones, eso no era una despedida.

Tomoyo la miró, sus ojos llenos de dolor, pero en su rostro, una débil sonrisa apareció. Estaba claro que estaba al borde de sus fuerzas. Ella sabía que no podía seguir mucho más, y lo aceptaba.

—Tienes razón…

dijo, la voz quebrada, pero con una calma resignada que dolía más que cualquier hechizo. Estaba tan cerca de perder la consciencia, tan cerca de perder la batalla, pero lo que más la lastimaba era que no había sido capaz de decir lo que sentía antes. Ahora, en la desesperación, sentía que el tiempo se les escapaba.

Akiko las miraba con una sonrisa de satisfacción al menos había alcanzado a una de ellas.

Fue entonces cuando algo inesperado sucedió.

Un destello brillante apareció de la nada, una energía que emergió como un rayo de esperanza en medio de la oscuridad. La magia, débil pero firme, recorrió el aire. Ritsuko, quien se había mantenido en el lugar pero estaba al borde de su propia resistencia, había decidido intervenir una última vez. Con un esfuerzo sobrehumano, envió el último vestigio de poder que había acumulado. Era lo último que le quedaba, el último sacrificio de su energía.

El aire tembló mientras la energía de Ritsuko se dirigía hacia ellas. La magia era tenue, casi débil, pero llenaba el espacio con una intensidad que las rodeaba, renovando las fuerzas de Sakura aunque fuera por un breve instante.

También se colocó de forma que pudiera cuidar a Tomoyo.

Sakura sintió el poder fluir a través de ella, y aunque no era suficiente para restaurar por completo sus fuerzas, le dio la esperanza que necesitaba. Sin pensarlo, extendió su báculo, canalizando la energía recién recibida, creando una barrera protectora alrededor de las tres. La magia de Ritsuko aún latía en su interior, ayudando a que sus hechizos tuvieran más fuerza.

Akiko, al ver el resurgir a la castaña, se tensó. No esperaba que tuviera otra oportunidad. Pero, aunque sus ojos brillaban con furia, sabía que algo había cambiado. El aire estaba cargado de una nueva energía, una energía de lucha.

—¡No lo permitiré!

Gritó Akiko, mientras canalizaba su propia energía para atacar de nuevo, pero en el fondo de su voz, había una duda, una ligera grieta en su arrogancia. No había previsto que, incluso en su debilidad, la castaña pudiera encontrar una última chispa de fuerza necesitaba atacar al eslabón más débil se detuvo para replantear su ataque.

Sakura miró a Tomoyo, sus ojos reflejando una determinación renovada.

—No dejaremos que esto acabe aquí

Dijo Sakura, su voz firme, más fuerte que nunca. Su corazón latía con fuerza, no solo por el poder que había recibido, sino por la promesa no dicha entre ellas. Una promesa de que, pase lo que pase, no lucharían solas.

Tomoyo, aunque exhausta, asintió con una ligera sonrisa en su rostro desde los brazos de una agotada Ritsuko que en un último esfuerzo cerraba la herida de Tomoyo. Sabía que, aunque las fuerzas las abandonaran, su amor y su conexión no lo harían.

—Juntas, lo enfrentaremos

murmuró la morena, su último susurro de esperanza. Aunque el agotamiento amenazaba con consumirla, su voluntad permaneció firme así que con esfuerzo logro ponerse en pie avanzando hacia Sakura que respiraba aliviada.

Cuando escuchó algo.

El susurro fue leve, apenas un eco que llegó a los oídos de Tomoyo como un lamento, tan débil y distante que casi la hizo dudar de haberlo oído. "Adiós, señorita..."

Era la voz de Ritsuko. La morena giró la cabeza hacia el lugar de donde antes la había estado en sus brazos, pero lo único que encontró fue una niebla densa que comenzaba a engullir la figura de Ritsuko. Su cuerpo se desvanecía lentamente, como si la misma energía que había dado para protegerlas estuviera consumiéndola.

El rostro de la morena se descompuso en un gesto de horror y desesperación. La magia de Ritsuko había sido la última chispa de esperanza, pero ahora, al parecer, también era el precio que debía pagar.

—¡No!

Gritó, pero su voz fue sofocada por la creciente niebla. Desesperada, dio un paso hacia la figura de Ritsuko, pero todo lo que encontró fue vacío. Su guardiana, la mujer que había estado a su lado, que había luchado por salvarla, ya no estaba. El sacrificio había sido más grande de lo que la morena había imaginado. Y ahora, Ritsuko se desvanecía, llevándose consigo todo lo que había sido.

Sakura, al notar la expresión de la Tomoyo, la vio temblar, una ráfaga de angustia llenando sus ojos. no necesitaba palabras; estaba claramente devastada por la pérdida, por la ausencia repentina de su aliada y amiga. La mirada de Tomoyo se cruzó con la de Sakura, y en sus ojos, una tormenta de emociones se reflejaba: miedo, desesperación, pero también un sacrificio que no podría deshacerse.

Sakura se acercó a ella, colocando una mano en su hombro, tratando de darle algo de consuelo, aunque sabía que las palabras serían vacías en este momento.

—Ritsuko…

Susurró, el dolor profundizándose en su voz. Sabía que no podrían devolver a la mujer que acababa de sacrificarse por ellas, y ese vacío se sentía como una herida abierta.

El campo de batalla estaba en silencio por un momento, como si el universo mismo estuviera conteniendo el aliento. Pero Akiko ya no vaciló, era justo eso lo que necesitaba, se acercó, sus ojos brillando con esa maldad infinita que ya no podía ocultar más.

—¿Creen que pueden seguir luchando después de esto?

rió con malicia, observando la debilidad de las dos mujeres. Sabía que su oponente estaba al borde de la derrota. Que la pérdida de Ritsuko había dejado una grieta aún mayor en su resistencia.

Pero Tomoyo, aunque desgarrada por el sacrificio de su amiga, no dejó que la desesperación la consumiera. Aunque su corazón sangraba, con fuerza renovada, miró a Sakura, y asintió.

—No vamos a dejar que tu venganza gane… "su fuerza viene de las emociones"

dijo la morena, con una mirada firme, aunque el dolor seguía ahí, latente. La pérdida de Ritsuko les había dado aún más razones para luchar.

Sakura asintió, apretando su báculo con determinación. No podían fallar ahora. No podían permitir que todo lo que había costado, todo lo que habían perdido, fuera en vano.

Con una última mirada al lugar donde Ritsuko había estado, Tomoyo finalmente dio un paso hacia adelante, decidida a enfrentarse a Akiko, a pesar del dolor de las heridas no recuperadas por completo.

La batalla no había terminado. Y mientras Akiko lanzaba su siguiente hechizo, con la magia oscura girando a su alrededor, las dos mujeres, aunque heridas y agotadas, sabían que todo dependía de este último intento.

Sería el sacrificio final, el enfrentamiento que marcaría el destino de todos.

Ambas chicas se lanzaron a la batalla sin saber exactamente cómo lograban mantenerse en pie, pero estaban dando todo lo que tenían. Sakura sentía cómo su pierna empeoraba con cada movimiento, pero no se detenía. Akiko, por su parte, ya no mostraba la confianza de antes; su sonrisa sardónica había sido reemplazada por un enojo contenido. La muerte de Ritsuko no había tenido el efecto que ella esperaba. En un descuido fatal, Tomoyo arriesgando su vida la tomó por la espalda, y entonces Sakura reunió todas las fuerzas que le quedaban. Su magia ardía en su interior: Tomoyo le estaba brindando una oportunidad única.

Sakura lanzó su ataque, canalizando cada fragmento de su energía en un solo hechizo. La luz que emergió de sus manos fue cegadora, cargada de desesperación y esperanza. Pero Akiko, incluso atrapada por el agarre de Tomoyo, no se rindió. Con un grito de furia, alzó sus manos e invocó una barrera desesperada. El choque entre ambas fuerzas provocó una explosión de energía que sacudió el campo de batalla. Un estallido de luz y viento los envolvió a todos, lanzando escombros y polvo por doquier. Durante unos segundos, todo fue caos. Cuando de pronto un rayo de luz cegadora atravesó la oscuridad, desintegrando todo lo que quedaba de la magia maligna. Akiko no podía ser había fracasado gritó, su cuerpo rodeado por las llamas de su propio poder descontrolado, antes de desvanecerse en la nada.

La batalla había terminado.

Un pesado silencio cayó sobre el campo. Las dos mujeres cayeron de rodillas, agotadas, su cuerpo y alma al límite. Las cicatrices de la lucha, tanto físicas como emocionales, estaban claramente visibles, pero sabían que habían ganado. habían logrado honrar el sacrificio de Ritsuko.

Sakura miró a Tomoyo, su corazón aún latiendo con fuerza por la batalla ganada, pero también por la tristeza de la pérdida. Tomoyo, aunque debilitada, le devolvió una mirada llena de gratitud.

—Lo hicimos… —dijo Sakura, su voz apenas un susurro.

La morena asintió, una leve sonrisa apareciendo en su rostro, aunque las lágrimas caían en silencio.

—Sí… lo hicimos.

La niebla se disipó por completo, dejando que la luz regresara lentamente al mundo. El viento trajo consigo el eco de la victoria, pero también la quietud de la despedida. La batalla había terminado, pero el camino hacia la sanación aún estaba por delante. Y aunque la pérdida de Ritsuko seguía pesando sobre ellas, sabían que había valido la pena.

A lo lejos, vieron una figura dorada que recuperaba su forma pequeña y volaba felizmente hacia ellas... Habían vencido. Él estaba aliviado.

Seguían rodeadas por el eco de la lucha, por el cansancio y las heridas que los hechizos y la magia les habían dejado. Tomoyo, aunque había logrado mantenerse en pie durante el último esfuerzo, ya no podía más.

La adrenalina que había mantenido su cuerpo funcionando ahora se desvanecía, y con ella, la fortaleza que había estado aferrándose a su interior. Con un suave gemido de dolor, la morena trato de ponerse en pie, pero sus piernas ya no respondieron. El agotamiento, las heridas y el desgaste de la magia finalmente cobraron su precio. Sus rodillas cedieron y cayó al suelo, sin poder evitarlo, su cuerpo debilitado colapsando contra el suelo.

Sakura, al sentir la caída de la morena, dejó de mirar a Kero y corrió hacia ella con rapidez, el terror recorriéndole el pecho.

—¡No! ¡No puedes caer ahora!

gritó, tomándola en sus brazos. El peso de Tomoyo era pesado, su cuerpo inerte de agotamiento y daño. Las cicatrices de la batalla eran evidentes en su piel, y sus ojos, aunque abiertos, mostraban el vacío del dolor.

Sakura no sabía si sus palabras llegaban a ella. No sabía si la oía, pero no podía dejarla ir. No después de todo lo que habían pasado juntas.

Kero miraba a corta distancia sorprendido y asustado no había podido terminar de acercarse… definitivamente no esperaba eso.

—Por favor…

susurró Sakura, con lágrimas acumulándose en sus ojos mientras Tomoyo la miraba, la desesperación reflejada en su rostro. Aunque apenas podía hablar, logró esbozar una sonrisa débil.

—Sakura…

su voz era apenas un murmullo, pero cada palabra tenía un peso inquebrantable. —Lo hicimos... lo prometí... que te protegería...

Sakura sintió el dolor punzante en su pecho, y aunque sus manos temblaban mientras la sostenía. trató de mantener la calma.

Tomoyo no podía más. El cuerpo le pesaba, los párpados luchaban por mantenerse abiertos. Tragó con dificultad y, en un último esfuerzo, levantó la mano, rozando con suavidad la mejilla de la castaña.

—Mi amor... te amo. Me hubiera gustado estar contigo para siempre...

—Estaremos juntas siempre, Tomoyo. Yo también te amo —respondió ella, con lágrimas desbordando sus ojos.

Tomoyo esbozó una débil sonrisa, pero entonces todo se tornó negro. Su mano cayó pesadamente al suelo.

—¿¡Tomoyo!? ¡¡Tomoyooo!! ¡No puedes dejarme! —gritó entre sollozos, aferrándose a su cuerpo sin vida.

Un llanto desgarrador salio de su garganta, mientras Kero la observaba en silencio. Con una expresión triste, apoyó una de sus patas sobre su hombro.

—Se fue... No hay nada que podamos hacer.

continuara...