—No, no te puedes ir. No después de todo lo que hemos luchado. ¿Recuerdas lo que dijimos? Vamos a seguir juntas. Aún tienes mucho que decirme

dijo Sakura, con firmeza, aunque su voz estaba quebrada por la angustia.

Tomoyo logró abrir sus ojos brevemente, pero respiraba con dificultad, Sakura noto entonces que aunque su cuerpo ya no respondía como antes, su corazón seguía latiendo.

—Lo sé...

respondió, su voz quebrada.

—Juntas... siempre juntas.

Con esas palabras, Sakura sintió una punzada de esperanza, estaba viva un pequeño resquicio de luz en medio de la oscuridad. Con gran esfuerzo, levantó a la morena en sus brazos, y a pesar de lo agotada que estaba, no iba a permitir que se fuera. Kero las seguía con emoción y lágrimas en su ojos esto era un milagro.

Sakura comenzó a caminar tambaleante con Tomoyo recostada en sus brazos. La oscuridad comenzaba a desvanecerse poco a poco, pero aún quedaba mucho por hacer, muchas batallas internas que librar. Sin embargo, sabían que, mientras estuvieran juntas, podían afrontar cualquier cosa.

Tomoyo exhausta, apoyó su cabeza contra el pecho de Sakura, cerrando los ojos, dejando que el consuelo de su presencia la envolviera. Ya no tenía fuerzas para hablar más, pero las palabras no eran necesarias. Sabía que Sakura la había comprendido.

Y así, con una última mirada al campo de batalla, Sakura la llevo lo mejor que podía al hospital, sabiendo que aún quedaban cosas por resolver, pero ahora luchaban, por sanar, por reconstruir todo lo que la oscuridad había destruido.

Con cada paso que daba, el pulso de la Tomoyo se hacía más débil. Sakura lo sentía. El cuerpo de su amada estaba en un estado crítico, y el calor de su piel se desvanecía lentamente. Tomoyo, tan llena de vida y valentía momentos antes, parecía ahora una figura inerte, sus ojos cerrados y su respiración casi imperceptible.

Sakura miró hacia abajo, las lágrimas llenando sus ojos mientras su garganta se apretaba. La desesperación se apoderaba de ella. Estaba perdiéndola de nuevo, y no podía hacer nada para detenerlo.

—No... no puedo perderte. No después de recupérate

susurró, su voz temblorosa.

No recibió respuesta, solo el sonido tenue de la respiración de Tomoyo, cada vez más distante, cada vez más débil. El miedo comenzó a carcomerle de nuevo por dentro, y la desesperación crecía en su pecho como un peso insoportable.

Pero la verdad era que, en ese momento, Tomoyo se encontraba en una lucha interna que ni siquiera ella misma entendía. Estaba atrapada entre la vida y la muerte, entre el cansancio extremo que la había invadido y la fuerza de voluntad que no quería rendirse. La energía que había usado durante la batalla la había dejado al borde del abismo, y aunque su cuerpo parecía haber sucumbido, su alma aún resistía, luchando por aferrarse a la vida 'no puedo volver a asustar a Sakura'

Con un esfuerzo monumental, la morena abrió los ojos de nuevo por un breve momento, miró a Sakura, y en su mirada había algo que no se podía ignorar. No era dolor, no era miedo, era una mezcla de gratitud y amor que sólo ella podía transmitir. Con un leve movimiento de los labios, como un susurro en el viento, dijo:

—No… me iré… tan fácilmente…

Fue todo lo que Sakura necesitaba escuchar. Aquellas palabras, débiles pero firmes, le regresaron la esperanza que había perdido hace solo unos instantes. Sabía que Tomoyo no estaba lista para irse, que había una parte de ella que aún luchaba por regresar a la vida, y eso la mantenía aferrada a la realidad.

Con renovada determinación, Sakura envolvió a la morena con sus brazos, la rodeó con todo su ser, y susurró con voz temblorosa pero firme:

—Lo sé… te prometo que no te dejaré ir. No te dejaré ir nunca.

Tomoyo, aún agotada y débil, cerró los ojos nuevamente, pero esta vez, su respiración era más regular. El pulso de su cuerpo, aunque aún frágil, era lo suficientemente fuerte como para aferrarse a la vida, sabiendo que, con el tiempo, sanaría.

Sakura no la soltó. No la dejaría ir. Mientras ella estuviera viva, mientras tuviera algo de fuerza, lo lucharían juntas. Y así, en los brazos de la mujer que amaba, Tomoyo descansó, con la certeza de que no estaba sola. El destino de ambas no se había sellado esa noche. No aún.

Kero notó el esfuerzo que Sakura hacía, especialmente por su pierna herida, al intentar cargar a la chica. Conmovido por su determinación, decidió ayudarla. Gracias a su apoyo, ambas lograron llegar rápidamente al hospital, donde fueron ingresadas de inmediato. Sin embargo, Sakura fue dada de alta pronto, ya que esta vez no dudó en usar su magia para recuperarse con mayor rapidez. Tomoyo, por otro lado, necesitó más tiempo para sanar por completo.

Durante la convalecencia de su amiga, Sakura se mantenía ocupada siguiendo los avances de la señora Sonomi. Con las indicaciones precisas de Tomoyo, se encargó de supervisar y dar instrucciones para la reconstrucción del edificio que había sido consumido por el fuego.

Después de tres meses de reposo, Tomoyo finalmente salió del hospital.

Sakura estaba nerviosa. Sin Ritsuko, ya no había quien la ayudara a mantener la casa de Tomoyo en orden, por lo que tuvo que aprender por sí sola. Cada rincón, cada detalle, lo cuidaba con esmero, deseando que todo estuviera perfecto para su regreso.

Después de preparar la casa con dedicación, el chófer de Tomoyo se acercó con una expresión amable y le informó que ella estaba por llegar. El corazón de Sakura dio un vuelco. Sabía que la hora de hablar había llegado. No podía retrasarlo más.

Respiró hondo, intentando calmar los nervios. Había tantas cosas que decir, tantas emociones acumuladas… pero ahora era el momento de enfrentarlas.

Tomoyo por fin llegó. Con pasos lentos, cruzó la entrada de su hogar. Sakura la esperaba allí, con una gran sonrisa que fue recibida con otra, más suave, más cansada, pero igual de sincera. Sin decir mucho, ambas se entendieron y tomaron asiento en la sala, sabiendo que había cosas importantes que hablar.

Pasaron muchas cosas —dijo Sakura, rompiendo el silencio.

—Sí… ¿Pudiste hablar con la familia de Ritsuko?

-Sí, todos están bien. Agradecen mucho la compensación económica que les enviaste.

—Bien… —respondió Tomoyo, bajandbajando un poco la mirada.

Hubo una breve pausa. Sakura tragó saliva antes de continuar.

—Tomoyo, yo…

Tomoyo la interrumpió suavemente, alzando la mirada con una intensidad nueva, distinta.

—¿Sabes, Sakura? Estando en el hospital… me la pasé tratando de entender ese temor tangrande que sentí cuando nos encontramos aquella vez —susurró, acercándose despacio, con esa elegancia innata que siempre la había caracterizado, pero ahora cargada de un matiz distinto, más íntimo, más cercano—. ¿Sabes qué descubrí?

Su voz apenas era un hilo mientras sus labios se acercaban con lentitud a los de Sakura, la respiración compartida entre ambas, el silencio colmado de lo no dicho.

Sakura se quedó inmóvil, el corazón golpeándole con fuerza en el pecho. La cercanía de Tomoyo, su tono, su mirada… todo la envolvía en una sensación desconocida pero profundamente familiar.

—Descubrí… que era falso —continuó Tomoyo, sus labios rozando apenas los de Sakura— el único miedo real fue cuando creí que podría perderte…

El aire entre ellas se volvió espeso, cargado de emociones contenidas. Sakura tembló levemente pero no se apartó. "Tomoyo no te arrepientes de lo que me dijiste en batalla",En sus ojos brillaban lágrimas de alivio.

—Tomoyo… yo también sentí miedo. Sentí que te perdía y no podía permitirlo —confesó con voz temblorosa, posando una mano sobre la de su amiga, cálida y firme.

Tomoyo sonrió apenas, una sonrisa llena de ternura y algo más que empezaba a asomar tímidamente entre las grietas de todo lo vivido.

—Entonces… No tenemos por qué seguir fingiendo ¿Cierto?

Sakura asintió levemente

Y sin más palabras, sus labios se encontraron en un beso suave y honesto.

Era una declaración. No hacían falta más palabras. Ambas lo sabían.

A partir de ese momento, estarían juntas, como una pareja, como debió ser desde hace meses, quizás años. Habían pasado por el dolor, la incertidumbre, el miedo de perderse… pero su amor, silencioso y profundo, había logrado vencer cada obstáculo

Ahora solo quedaba construir. Trabajar juntas por ese futuro que, sin decirlo, siempre habían imaginado.

Sakura entrelazó sus dedos con los de Tomoyo, sintiendo esa calidez conocida y reconfortante.

—Esta vez… no voy a soltarte —dijo con una sonrisa suave.

—Y yo no voy a dejar que lo hagas —respondió Tomoyo, apoyando su frente contra la de ella.

La casa, que por un tiempo había estado vacía, se llenó de vida. Su amor había sido complicado desde el principio pero no importaba.

Porque habían descubierto que lo más importante era que por fin se tenían.

Y eso, era el verdadero inicio de su camino juntas.

Fin