¿Qué ocurrió con la familia de Sakura?
Después de todo lo que había ocurrido, lo último que Sakura esperaba era que Sonomi preguntara —con sincero interés— por el bienestar del padre de Sakura. Fue una sorpresa, pero más aún lo fue que enseguida dejara claro que también era importante que hablaran con él… y con su hermano.
Sakura bajó la mirada por un instante. Sabía que Touya se enfadaría. Mucho. Y con razón. No solo por lo que había pasado, sino porque no le habían pedido ayuda en ningún momento. Él siempre había estado ahí para protegerla, y esta vez lo habían dejado al margen por completo.
Esa culpa era lo único que aún la detenía.
—Supongo que ya es hora de dejarlos venir —murmuró la castaña, apenas audible, mientras desviaba la mirada hacia Tomoyo, esbozando una sonrisa nerviosa.
Tomoyo la miró con sorpresa. No sabía que Sakura había pedido explícitamente que su padre y su hermano no se involucraran, ni siquiera se acercaran, mientras todo aquello se resolvía. Lo había hecho para protegerlos… o tal vez para protegerse a sí misma.
Pero ahora, por fin, estaba lista para enfrentar esa parte del pasado.
Días más tarde, Sakura y Tomoyo se encontraban sentadas frente a Touya, Yukito y el profesor Fujitaka. Los dos últimos mantenían una sonrisa amable en el rostro, pero Touya no podía ocultar el ceño fruncido que delataba su molestia.
Tomoyo había sido la encargada de relatar lo ocurrido hasta ese momento, cuidando de omitir o suavizar los aspectos mágicos de la historia. Mientras tanto, Sakura se armó de valor para contarles sobre la relación que ahora unía a ambas. Todo parecía ir relativamente bien, hasta que Touya pidió hablar a solas con su hermana. El ambiente se tensó ligeramente mientras él la guiaba fuera de la sala, dejando al resto en una conversación algo forzada.
Yukito y Fujitaka notaron que Tomoyo ya no prestaba atención a lo que trataban de decirle. Su mirada permanecía fija en la puerta por donde habían salido Sakura y Touya, visiblemente inquieta.
—No te preocupes, hija —dijo Fujitaka con una sonrisa tranquila—. Estarán bien.
—Hablé con Touya antes de venir —añadió Yukito, también sonriendo—. Me prometió que no sería demasiado duro con ella. Y si lo hace… yo me encargaré de castigarlo.
Tomoyo se dio cuenta de lo obvia que estaba siendo. Su actitud no ayudaba en nada a Sakura, y mucho menos a calmar los ánimos.
Inspiró hondo y se obligó a componer una sonrisa, decidida a ser una buena anfitriona y dar lo mejor de sí en la conversación.
—Lo sé… y de verdad, les agradezco su apoyo en nuestra relación.
Después, la conversación tomó un rumbo más relajado. Hablaron de temas variados, aunque fue Fujitaka quien más preguntó, deseoso de saber qué había sido de Tomoyo durante todos esos años en los que no estuvieron en contacto. Ella, encantada, le contó sobre sus estudios y su trabajo.
La calidez del ambiente fue creciendo, y las sonrisas comenzaron a aparecer con más naturalidad.
Mientras tanto, en el jardín, la atmósfera era completamente distinta.
Touya se había recargado contra el tronco de un árbol, los brazos cruzados, la mirada fija en un punto indeterminado del cielo. Frente a él, Sakura lo observaba en silencio, tensa, esperando a que dijera lo que fuera que tenía que decirle.
El viento movía suavemente las hojas sobre sus cabezas, pero entre ellos, el aire parecía más denso.
—Bueno… —empezó Touya sin mirarla aún—. Así que tú y Tomoyo, ¿eh?
Sakura asintió con firmeza, sin apartar los ojos de su hermano.
—Sí. La amo.
Touya bajó la mirada hacia ella. No parecía enojado, pero tampoco del todo tranquilo. Solo... serio.
—¿Estás segura de lo que estás haciendo, Sakura?
Sakura asintió con firmeza, sin apartar los ojos de su hermano.
—Sí. La amo.
Touya bajó la mirada hacia ella. No parecía enojado, pero tampoco del todo tranquilo. Solo... serio.
—¿Estás segura de lo que estás haciendo, Sakura?
—Claro que lo estoy. Tú sabes cuánto me costó encontrarla. No la dejaré ir tan fácil.
Una leve sonrisa apareció en el rostro de su hermano, sin embargo, fue inmediatamente
reemplazada por una sombra en sus ojos.
—Todo eso está muy bien… pero sé que no nos contaron todo lo que pasó. Dime, Sakura... ¿pelearon contra Akiko?
Sakura se sorprendió. A pesar de haberle entregado su magia a Yukito, Touya seguía siendo increíblemente perceptivo. No tuvo opción más que contarle todo.
Sakura bajó la mirada, sujeta por el peso de la verdad.
—Sí —murmuró—. Peleamos contra ella.
Touya no dijo nada. Solo esperó, en silencio, como siempre lo hacía cuando sabía que su hermana necesitaba tiempo para hablar.
—Fue... diferente a cualquier otra batalla. Akiko no quería simplemente herirme o ganar. Quería debilitarnos emocionalmente. Quería quebrarme.
—¿Y lo logró? —preguntó Touya con voz baja, pero cargada de preocupación.
—No del todo. Pero estuve cerca.
Sakura le conto todo con detalle al acabar se sentia extrañamente desahogada.
Touya la miraba, y Sakura no sabía interpretar del todo el significado en sus ojos. Había algo más allá de la seriedad habitual, algo que rozaba la tristeza.
—Me hubiera gustado que confiaras en mí... que me pidieras ayuda para esa situación tan difícil —dijo, con voz baja pero firme.
—Comprendo que, al ya no tener magia, no hubiera podido ayudar mucho… pero aún así... me hubiera gustado estar para ti—continuo, con la voz cargada de una emoción contenida.
Volteó a ver a su hermana, sus ojos reflejando una determinación inquebrantable.
—No vuelvas a ocultarme nada, Sakura —ordenó, con firmeza en su tono.
Sakura lo miró sorprendida. Nunca había esperado eso, y mucho menos lo que siguió a continuación. Su hermano la abrazó con firmeza, como si quisiera protegerla de todo lo que la atormentaba.
—No tienes que mostrarte fuerte siempre, hermana —dijo él, con una suavidad que contrastaba con su habitual seriedad.
Sakura no había notado cuánto había necesitado el apoyo de su hermano hasta ese momento. Fue como si, al sentir su abrazo, todo lo que había estado reprimiendo se desbordara. Se quebró, y en ese instante, desahogó todo el peso que había cargado: antes, durante y después de la batalla. Las lágrimas fluían sin control.
Tomoyo era todo lo que Sakura necesitaba en su vida: consuelo, comprensión, amor incondicional. Pero su hermano… siempre sería su hermano. Su refugio silencioso, su fuerza en las sombras.
—Muchas gracias, Touya —murmuró Sakura, aún con la voz entrecortada.
—No tienes que agradecer eso, monstruo —respondió él con una leve sonrisa, usando el apodo de siempre, como si todo volviera poco a poco a la normalidad.
Una vez que Sakura logró tranquilizarse, ambos regresaron al comedor. Tomoyo se levantó de inmediato, preocupada al ver los rastros de llanto en el rostro de su pareja. Pero su expresión se suavizó al ver la radiante sonrisa que le dirigía Sakura.
Touya también la miró y, con una expresión seria pero satisfecha, levantó el pulgar en dirección a Tomoyo. Una señal clara, sin palabras, de aprobación.
Sí… definitivamente, todo estaba bien ahora.
Touya, Yukito y su padre se despidieron con abrazos breves y palabras suaves después de una charla amena, sabiendo que Sakura necesitaba tiempo para descansar. Cuando la puerta se cerró, todo quedó en calma.
Sakura se quedó de pie en la sala, respirando hondo, sintiendo el eco de las emociones vividas. Tomoyo se acercó con cuidado, como si no quisiera romper el momento, pero con la misma ternura de siempre.
-Ven vamos a descansar.
Eventualmente, subieron a la habitación, sin prisas.
Sentadas sobre la cama, con la luz tenue de la lámpara iluminando sus rostros, Sakura rompió el silencio con voz suave:
—A veces me pregunto cómo será el futuro… cuando todo esto sea solo un recuerdo.
Tomoyo le sonrió con ternura, sus dedos entrelazándose con los de Sakura.
—No me importa cómo sea el futuro, mientras tú estés en él. Siempre he querido estar a tu lado, sin importar la forma que tome ese "nosotras".
Sakura bajó la mirada por un momento, procesando esas palabras, y luego volvió a mirarla, con los ojos llenos de emoción.
—Quiero construirlo contigo, Tomoyo. Nuestro propio futuro. Quiero despertar cada mañana sabiendo que estás ahí. Reír, llorar, soñar… vivirlo todo contigo
Tomoyo se acercó, con los ojos brillando como estrellas. No dijo nada, solo acarició el rostro de Sakura con una delicadeza infinita, como si aún temiera romper algo sagrado.
—Entonces será así —susurró—. Porque te amo, Sakura. Y siempre lo haré.
El beso que siguió fue lento, sincero. No había prisa ni incertidumbre, solo la certeza de dos almas que finalmente se habían encontrado de verdad. La noche las envolvió como un abrazo silencioso mientras, entre caricias y suspiros, se prometían sin palabras un futuro compartido
Esa noche no fue como ninguna de las anteriores pero fue magica ya no necesitaban mas sabian que siempre estarían juntas aunque su amor fuera complicado.
Fin
