Instintos

El sol comenzaba a ponerse sobre el Palacio de Jade, tiñendo el cielo de tonos naranjas y dorados.

Los demás Guerreros ya se habían dispersado, dejándolos solos.

Tigresa estaba de espaldas a Po, enfocada en ajustar las vendas de sus muñecas, cuando sintió su presencia detrás de ella.

No necesitaba mirarlo para saber que sonreía.

—Sabes… —dijo Po, su tono casual, pero con un matiz que la hizo ponerse alerta—. Hoy fuiste más ruda que de costumbre.

Tigresa mantuvo la vista en sus manos.

—Es entrenamiento, Panda. No hay espacio para la piedad… Además, tú te lo buscaste

—Oh, lo sé —dijo él, acercándose apenas un poco más. Lo suficiente para que su voz fuera solo para ella.

Lo suficiente para que sintiera su cercanía .

—Pero tengo que decirlo… aún estoy esperando esas garras.

Tigresa se quedó inmóvil.

—¿Qué?

Po sonrió. Lo sabía.

Sabía que ella recordaba.

—Me dijiste que no te subestimara —continuó él, con su tono de siempre, pero con un peso que no estaba allí antes—. Que si usabas tus garras contra mí, me harías pedazos.

Se inclinó apenas.

—Pero aquí estoy, intacto.

Tigresa entrecerró los ojos.

—No siempre es necesario usarlas.

—Oh, claro. Pero si alguna vez lo haces… —su voz bajó un poco más—. Espero que sea porque lo estás disfrutando.

Ni él mismo entendió de dónde salió el comentario, las palabras brotaron de su boca de manera casi inconsciente

Y Tigresa sintió un calor traicionero recorrer todo su cuerpo

Este panda estaba jugando con fuego.

Y lo peor… es que ella quería quemarse.

Tigresa entrecerró los ojos, su expresión impasible, pero con una chispa felina que traicionaba su juicio.

—Si Shifu te escucha diciendo esas cosas… —su voz descendió, un ronroneo bajo, íntimo—, te hará pedazos.

Ya se había enojado en la mañana ¿Qué más daba seguir el juego ? No podía molestarse con él y más cuando era tan … seductor . Simplemente no podía resistirse.

Po no retrocedió. Su sonrisa era lenta, segura, como si estuviera probando qué tanto podía estirar esa línea antes de cruzarla.

—Oh, lo sé… pero hay riesgos que valen la pena.

Tigresa alzó una ceja, como si lo evaluara. Luego, con la misma precisión con la que lanzaba un golpe, dio un paso adelante, desdibujando la distancia entre ellos.

—¿Eso crees?

Po sintió su tacto antes de que su aliento rozara su piel. Su instinto le dijo que no se moviera, que no le diera la satisfacción de saber cuánto lo afectaba, pero maldita sea, ella lo hacía difícil.

—Sí. —Su voz fue más grave de lo que pretendía.

Tigresa sonrió, y él sintió ese gesto más de lo que lo vio.

—Sabes, Tigresa… —dijo con falsa despreocupación, aunque su tono tenía un matiz calculado—. Hoy te noto… diferente.

Ella no reaccionó de inmediato, pero su cola se agitó con un movimiento lento, casi imperceptible.

—¿Diferente? —repitió, con un tono que bordeaba la diversión.

Po inclinó la cabeza, observándola con atención. Algo en ella parecía distinto, aunque no podía precisar qué era exactamente.

—No sé… —hizo una pausa, como si intentara poner en palabras lo que intuía—. Hay algo en tu energía.

Sus ojos bajaron sutilmente por su cuerpo antes de volver a su rostro.

—En la forma en que te mueves.

Tigresa sostuvo su mirada sin pestañear, su expresión imperturbable, pero él notó el leve cambio en su respiración.

—En la forma en que me miras.

Po se inclinó apenas, reduciendo la distancia entre ellos, dejando que su voz descendiera en un murmullo cargado de intención.

—En el aire a tu alrededor.

El silencio que siguió fue denso.

Tigresa entrecerró los ojos.

Po la estaba provocando.

Sabía que ella recordaba sus palabras. Sabía que estaba midiendo cada una de sus reacciones, viendo hasta dónde podía empujarla. Pero lo que él no sabía…

Es que Tigresa quería que lo hiciera.

Demonios , en verdad quería que lo hiciera. Lo necesitaba.

Podía sentirlo en cada fibra de su cuerpo, ese calor que la envolvía enroscándose en su cuerpo como una serpiente , esa energía espesa que latía bajo su piel como un tambor silencioso. No era algo nuevo para ella; había pasado por esto antes. Sabía lo que significaba. Sabía lo que su cuerpo pedía, sabía lo difícil que era mantener el control cuando sus sentidos estaban afilados de esa manera.

Pero esta vez no estaba sola.

Esta vez, tenía a Po

Y él hacía casi imposible para ella mantener sus instintos a raya

Lo había sentido en el entrenamiento, en la forma en que su propio cuerpo respondía de manera más agresiva, más intensa. No había sido casualidad que lo golpeara con más fuerza, que lo desafiara con más provocación de la habitual. Había sido instintivo. Natural.

Y ahora, él lo sospechaba.

Tigresa lo notó en su mirada. En la manera en que sus pupilas se dilataron apenas, en el modo en que su respiración cambió, aunque él intentara disimularlo. No había retrocedido, no había tratado de desviar la conversación.

Y eso la puso en un dilema.

¿Confirmárselo?

¿Dejarlo ver lo que realmente estaba sucediendo?

Porque si lo hacía… no habría vuelta atrás.

Podría fingir que todo era parte del juego, que solo estaba disfrutando de verlo retorcerse bajo su mirada. Podría reírse, cambiar de tema, alejarse.

O…

Podría asegurarse de que lo entendiera.

No con palabras. No con explicaciones.

Con algo más sutil.

Tigresa sintió la decisión formarse en su mente con una claridad perturbadora.

Sonríele.

Solo un poco.

Solo lo suficiente.

Y así lo hizo.

Su boca se curvó lentamente, un gesto medido, cargado de intención. Y cuando sus ojos atraparon los de Po, cuando sintió la forma en que él contuvo el aliento, expectante…

Le guiñó un ojo.

No fue coquetería barata. No fue burla.

Fue una confirmación.

Silenciosa. Letal.

Po parpadeó. Solo una vez. Pero la manera en que su pecho se expandió con una inhalación repentina, como si le hiciera falta aire de pronto, le dijo a Tigresa todo lo que necesitaba saber.

Lo entendió.

Sin darse cuenta el cuerpo de Po reaccionó antes que su mente.

El leve temblor en su pelaje.

La forma en que su respiración se ralentizó sin que lo ordenara.

Ese calor que se filtraba bajo su piel, que lo mantenía alerta, inmóvil, pero completamente atrapado.

Algo en ella lo mantenía en vilo. Algo que iba más allá del juego de palabras, más allá de su mirada felina y su proximidad calculada.

Y entonces, cuando Tigresa se movió con esa calma afilada, dejando que su mirada se hundiera en la suya con una intensidad que parecía perforarlo desde dentro… todo encajó.

Po entrecerró los ojos.

El cambio en su presencia.

Su postura, más suelta, pero letal .

El leve, casi imperceptible aroma en ella tan condenadamente embriagante

Po no sabía por qué lo notó justo ahora.

Tal vez siempre había estado ahí, un matiz oculto entre todo lo demás, algo que su mente simplemente había ignorado… hasta que dejó de hacerlo.

El aroma.

Tigresa siempre olía a jazmín.

Era algo que él había asumido como parte de su presencia: una fragancia sutil, limpia, con un dulzor suave que no se imponía, pero que siempre estaba ahí, flotando a su alrededor. Era un olor que asociaba con noches tranquilas en el Palacio, con el roce del viento entre las cortinas y la calma después de un largo entrenamiento.

Pero ahora…

Ahora el jazmín estaba ahí, sí, pero era solo un susurro detrás de algo más.

Algo que no podía describir.

No era ni bueno ni malo. No era perfume, ni sudor, ni madera, ni cuero. Era más profundo, más crudo. Como el calor de una fogata que ha ardido durante horas y que, aunque ya no se ve, sigue ahí, pulsando en las brasas. Era un olor tibio, envolvente, imposible de ignorar.

Era ella.

Y cuando Po lo entendió, cuando su cerebro finalmente ató los hilos y comprendió que lo que estaba oliendo no era nada más que su esencia desnuda

Lo había notado desde el principio.

Desde el momento en que empezó el entrenamiento, cuando Tigresa había sido más ruda, más intensa, mas agresiva, más dominante de lo habitual.

Desde la primera vez que se atrevió a desafiarla con palabras en lugar de golpes.

Desde la manera en que, sin siquiera pensarlo, había estado provocándola todo el día.

Su instinto lo supo antes que él.

Por eso se le había acercado sin pensarlo dos veces, era inevitable.

Por eso había probado hasta qué punto podía tensar la cuerda.

Porque en lo más profundo de su ser, sin haberlo puesto en palabras, Po ya lo sabía.

El panda sintió su piel erizarse.

Oh.

Oh.

Era eso.

Tigresa estaba en celo.

No era solo su actitud.

Era ella.

El aire se sentía más denso porque lo era.

Y lo peor no era que Po lo supiera ahora

Era que Tigresa quería que lo supiera.

—Bueno… —murmuró para sí mismo, tragando con dificultad, su voz más áspera de lo que pretendía—. Eso explica muchas cosas.

Tigresa se inclinó apenas, su aliento rozando el suyo, su voz un ronroneo bajo que parecía deslizarse sobre su piel.

—Entonces, Po… —susurró—. ¿Qué vas a hacer al respecto?

El panda sintió la sangre arder en sus venas.

Porque el desafío no era solo suyo.

Era de ella.

Y maldita sea, no había escapatoria

—Dices que esperas que si alguna vez uso mis garras contigo… sea porque lo estoy disfrutando — repitió ella con toda la intención

Po tragó grueso, sintiendo el peso de sus propias palabras regresar con una intensidad diferente de la boca de ella.

—Ajá…

Tigresa levantó una garra, acercándola a su cuello, sin tocarlo. La zarpa afilada se deslizó en el aire, apenas a un suspiro de su piel, trazando una línea invisible desde su mandíbula hasta su clavícula.

Po sintió cómo se le erizaban los vellos de la nuca.

—Qué curioso… —murmuró ella, su aliento tibio justo donde más lo sentía—. Porque hay muchas formas de disfrutar algo, Po.

El panda inspiró hondo, como si así pudiera recuperar algo de control.

—¿Ah, sí? —Su voz sonó más áspera.

Tigresa giró la garra apenas, bajándola lentamente hasta rozar su brazo , arrastrándose con provocación indolente, casi perezosa.

—Tal vez… —hizo una pausa, disfrutando la forma en que él seguía cada uno de sus movimientos, acerco su rostro al del panda a tan solo milímetros — si te comportas esta noche…

Dejó que el silencio colgara entre ellos, letal, hirviente.

—…podrías descubrir cómo me gusta usarlas. — le susurró al oído

Po sintió la sangre espesarse en sus venas, un escalofrío recorriéndole la espalda, su boca seca y sus ojos verde jade se oscurecieron dilatando sus pupilas por el deseo.

—¿Y cómo sugieres que haga eso? —preguntó, su tono más bajo, como si el aire se hubiera salido de sus pulmones de golpe.

Tigresa se alejó e inclinó la cabeza, mirándolo como si ya tuviera la respuesta y le divirtiera verlo adivinarla. Sostuvo su mirada un segundo más, disfrutando la tensión pesada entre ellos, sintiendo cómo su propia piel hormigueaba con la anticipación que ella misma había sembrado.

Luego, con la misma calma con la que lo había envuelto, se giró lentamente, dándole la espalda con una deliberación estudiada.

No fue un rechazo. No, no lo era en absoluto.

Fue un desafío.

Cada movimiento suyo, desde la forma en que dejó caer los brazos hasta el ritmo medido de sus pasos al alejarse, fue calculado para dejarlo exactamente donde ella lo quería: atrapado en la red que había tejido con palabras y silencios.

Porque dos podían jugar ese juego.

Y si Po quería tentar al fuego… bueno, ella se aseguraría de que sintiera cada maldito grado de calor.

Se movió con la misma seguridad de siempre, sin esfuerzo, sin prisas. Y en ese sutil desplazamiento, en ese ínfimo roce del aire contra su piel, supo que había dejado algo más detrás de ella.

Su aroma.

No el usual. No solo jazmín y dulzura.

Esto era otra cosa.

Era más espeso, más envolvente, más primitivo. Una esencia que no se rociaba ni se elegía, sino que simplemente ocurría, derramándose en el aire de forma invisible, pero innegable. Un olor cálido, denso, imposible de ignorar.

Feromonas.

Lo supo sin necesidad de voltear. Lo sintió en la forma en que el silencio tras ella cambió, en la manera en que la respiración de Po se quebró apenas un instante.

Un instante en el que su instinto despertó .

—Eres un Guerrero, Po… —dijo sin voltear, dejando que su voz flotara en el aire, envolviéndolo—. Descúbrelo.

No aceleró el paso. No tenía por qué.

Sabía que él la estaba mirando.

No solo mirando.

Sabía que sus ojos se habían deslizado automáticamente hacia sus caderas, que seguían el movimiento de su andar con una intensidad pesada, como si cada balanceo fuera una hipnosis de la que no podía apartarse.

Sabía que su mirada subía y bajaba por su espalda, recorriendo cada línea de su cuerpo con una atención que rozaba la devoción.

Sabía que en ese preciso instante Po no estaba pensando en entrenamiento, ni en kung fu, ni en el hecho de que cualquier otro podría aparecer y verlos.

Estaba pensando en ella.

En lo que había dicho.

En lo que había insinuado.

En el olor que ahora, por más que intentara, no podría sacar de su cabeza.

Y en lo que haría cuando la noche cayera y el silencio del Palacio se hiciera más profundo.

Tigresa sonrió para sí.

Sabía que no podría dejar de pensar en ello.

Y, sobre todo, sabía que cuando llegara el momento… él encontraría la manera de descubrirlo.

Apenas cruzó la puerta, Tigresa apoyó la espalda contra la madera y dejó escapar una risa baja.

No fue burlona.

Fue suave, privada, un poco sorprendida… y un poco nerviosa.

Se pasó una garra por el rostro, exhalando con fuerza.

Dioses…

Había jugado con fuego antes.

Pero nunca así.

Nunca dejando que ese fuego la envolviera por completo.

Nunca permitiéndose a sí misma disfrutarlo.

Por años había contenido esos impulsos, enterrándolos bajo la disciplina, el control, el deber. No porque los despreciara, sino porque no tenía espacio para ellos. Porque admitirlos era abrir una puerta que no podía permitirse cruzar.

El celo era un instinto, sí, pero también era peligroso.

Para ella.

Para los demás.

Para su control.

Había pasado tanto tiempo reprimiéndolo que aprender a ignorarlo se convirtió en un acto reflejo. Como contener la respiración bajo el agua. Como anular una emoción antes de que siquiera pudiera aflorar.

Pero entonces llegó Po.

Y por primera vez, Tigresa no sintió la necesidad de esconderlo.

Él no la hacía sentir débil por ello.

No la hacía sentir avergonzada.

No la miraba como si fuera un problema que debía resolverse o una bestia que debía contenerse.

Po simplemente… lo aceptaba.Y lo motivaba, exacerbaba en ella de manera inconsciente esos instintos.

Y al hacerlo, le permitía algo que nunca antes había tenido:

Libertad.

Libertad de sentir.

De provocarlo.

De dejarse llevar.

Y, por primera vez en su vida, Tigresa quería más.

Sus pupilas estaban dilatadas, su respiración aún agitada, su piel tibia al tacto.

Si esto era un juego, entonces ya había cruzado la línea.

Pero si Po había decidido jugar con ella…

Bueno.

Él tenía mucho que aprender sobre lo que significaba jugar con una Tigresa.

Y la mejor parte de todo esto…

Es que ahora ella tenía toda la intención de enseñarle.

Tigresa se enderezó y tomó aire, intentando recuperar la compostura antes de que la sonrisa aún presente en su rostro la delatara.

Pero no fue lo suficientemente rápida.

Porque cuando giró para dirigirse al baño, se encontró con Víbora mirándola desde el umbral con una expresión de sorpresa evidente.

—¿Me estoy volviendo loca o… te estabas riendo? —preguntó la serpiente, enarcando una ceja.

Tigresa parpadeó, sintiendo un calor incómodo en la nuca.

—No sé de qué hablas.

Víbora ladeó la cabeza, claramente divertida.

—Te vi, Tigresa. Estabas apoyada contra la puerta, sonriendo como si…

Se interrumpió un segundo, como si estuviera eligiendo sus palabras con cuidado.

—Como si fueras una adolescente con un secreto.

Tigresa chasqueó la lengua y cruzó los brazos.

—Estás imaginando cosas.

—No lo creo —replicó Víbora con tono travieso—. Lo que sí creo es que algo te tiene de muy buen humor.

Tigresa sintió cómo sus orejas se movían involuntariamente, traicionando su falsa indiferencia.

—Voy a darme un baño —cortó, esquivando la mirada de su compañera mientras se dirigía a la puerta.

—Ajá… —canturreó Víbora detrás de ella, siguiéndola con la mirada—. Como digas.

Pero Tigresa no miró atrás.

Porque sabía que, si lo hacía, encontraría a Víbora sonriendo con una sospecha más que justificada.

Y la última cosa que quería en ese momento…

Era dar explicaciones.


Hello! Bueno de nuevo me deje llevar y fui publicando a lo maldita sea el capitulo jajaja sin dejarles una nota sin saludarlos sin nada. Perdón por si siguen mis demas historias prometo actualizarlas pronto , es solo que me he sentido atrapada por esta en particular y queria subir este capitulo. Si estos capitulos les han gustado tengo la certeza que el que viene les va a encantar

En fin, espero que les guste mucho recuerden que los quiero y amo leer sus reviews 3

Un abrazo