Hermione sabía que no iba a encontrar el amor en una app de citas.

Ni siquiera lo buscaba, si era sincera. Solo quería distraerse. Después de una reunión agotadora, del tráfico imposible de Sídney y de la presión constante de parecer que tenía todo bajo control, solo necesitaba desconectarse por un rato.

Era jefa de marketing, hermana mayor, mujer de treinta y cuatro con un sueldo decente... pero emocionalmente, era un pequeño desastre funcional.

Se dejó caer sobre la cama, aún en pijama: una camiseta vieja de Pink Floyd, regalo de sus hermanos menores, y un short gris. La ropa suelta era su aliada desde que sus caderas decidieron romper relaciones con la talla 36 (EU).

Abrió la app sin pensar mucho.

Swipe left. Foto levantando una pesa.

Swipe left. Foto con un tigre. ¿En serio?

Swipe left. "No busco nada serio, solo pasarla bien."

Swipe left. Next. Next. Next.

Hasta que apareció él.

Perfil: SM. 35 años. Vive a las afueras de Sídney. Dueño de una finca de vinos. Le gusta cocinar, surfear y desconectarse del mundo.

Foto: Un hombre de barba prolija, cabello rubio claro despeinado por el viento, piel ligeramente bronceada. Llevaba una camisa blanca remangada, una copa de vino tinto en la mano y un perro —un pastor ganadero australiano blanco con gris y negro— echado a sus pies.

Hermione sintió un cosquilleo en la nuca. No era solo por el físico, aunque era atractivo. Era algo más.

Los ojos.
Plata. Casi grises.
Brillantes, pero con algo oscuro detrás.

Ojos que una vez la miraron con desprecio. O con duda. O con algo que nunca quiso nombrar.

Se incorporó, de golpe, como si alguien la estuviera observando.

—No… no puede ser. Él no llevaba una "S" en su nombre —murmuró.

Volvió a mirar el perfil. Sin apellido. Sin mención al mundo mágico. Nada sospechoso.

Pero su intuición —la misma que le había salvado la vida más de una vez— gritaba que esos ojos eran los de Draco Malfoy.

O lo que quedaba de él.

Y entonces, sin pensarlo más, deslizó el dedo hacia la derecha.

Swipe right.


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