Ginny siempre decía que el mejor antídoto para una mala semana era vino rosado y una tabla de quesos.
Hermione no estaba muy convencida con lo del queso —la lactosa y ella eran enemigas juradas—, pero el vino sonaba bastante bien. Especialmente después de cinco días de reuniones, deadlines imposibles y un algoritmo de citas que parecía obsesionado con mostrarle hombres que o bien levantaban pesas o posaban con peces muertos.
—¿Y entonces? ¿Algún match decente esta vez? —preguntó Ginny, estirada en el sofá, copa en mano y una ceja alzada—. ¿O seguimos con el desfile de varitas flojas?
Hermione soltó una risa mientras se servía más uvas.
—Uno... interesante. Pero no sé.
—¿Cómo que no sabes?
—No sé si escribirle. Hay algo raro. No raro-mal... raro-familiar.
Ginny se enderezó.
—¿Cómo se llama?
—Solo tiene iniciales. SM.
—¿SM como en sadomaso? ¿O Súper Misterioso?
—Ginny —gruñó Hermione, divertida.
—A ver, enséñame la foto.
Hermione, aún dudosa, le mostró el celular. Ginny lo observó atentamente.
—Mmm... está para dejarle la custodia de mis plantas y el control de mi Netflix —dijo, alzando una ceja—. Tiene buena barba, buena mandíbula... y esos ojos —hizo un gesto teatral—. Me está mirando como si supiera que no sé cocinar y aún así quiere casarse conmigo.
Hermione miró la pantalla de nuevo. Esos ojos otra vez. Ese algo.
—¿Y? ¿Por qué no le has escrito?
—Porque creo que lo conozco.
Ginny bajó la copa.
—¿Cómo que lo conoces? ¿Un ex?
—No. Peor.
—¿Es feo?
—Para nada.
—¿Psicópata?
—No lo creo.
—¿Entonces?
Hermione suspiró.
—Es como cuando hueles una colonia y no sabes dónde la oliste... pero te dan ganas de llorar. No sé si es bueno o malo. Pero me da miedo.
Ginny la miró con seriedad.
—Hermione... no tienes que escribirle si no quieres.
—Lo sé.
—Pero si quieres, y solo tienes miedo... entonces quizás deberías. No todo lo que se parece al pasado es una amenaza. A veces también es una señal.
Hermione no respondió. Solo bajó la mirada a la pantalla.
Quedaban veinte minutos para que el match expirara.
Y entonces lo supo. Lo iba a hacer.
10:42 a. m.
Estaba en videollamada con su equipo, fingiendo concentración. Había pasado la noche debatiendo consigo misma.
El match con SM seguía ahí. Silencioso. Como una carta sin abrir.
—Jean, ¿puedes revisar los artes finales antes de las 4? —preguntó su asistente.
—¿Ah? Ah, sí, claro. De hecho... ya los revisé —mintió mientras cerraba la app con disimulo. Sentía que la pantalla brillaba demasiado, como si cargara un secreto.
Ni siquiera le había contado a Ginny. No por vergüenza, sino porque no quería escuchar su teoría de "el universo conspira para lo que tú deseas". Y porque aún se preguntaba si Draco Malfoy había tenido barba en séptimo (spoiler: no).
Ginny no lo había reconocido. Cuando le mostró la foto, solo dijo:
—Amiga... ese está para casarse y divorciarse contigo dos veces. ¿Qué esperás?
Hermione solo había respondido con un "no sé, me da flojera".
Mentira. Lo que tenía era miedo.
5:08 p. m.
Draco estaba en la terraza, camisa abierta por el calor, una copa en mano. El atardecer doraba los viñedos frente a él.
Theo, su viejo amigo, se estiraba en la silla de al lado con una cerveza.
—¿Hiciste match y no escribiste nada? —preguntó, curioso.
—No estoy seguro si es ella... pero creo que sí.
—¿Ella quién?
—Granger.
Theo casi se atraganta.
—¿Estás hablando en serio? ¿Hermione Granger? ¿La que casi te incendia las cejas en sexto?
—La misma.
—¿Y cómo sabes que es ella?
Draco giró el celular. Perfil. Jean G. Foto.
Theo silbó.
—No se parece mucho, pero... sí. Esa mirada.
—Lo sé —susurró Draco—. No sé si escribirle. Tal vez sería un error.
—¿Y dejarlo expirar no lo es?
Draco no respondió. Solo miró la cuenta regresiva. Dieciséis minutos.
5:44 p. m.
Hermione cerró la laptop. Quince minutos. Miró su reflejo en la pantalla: cansada, nerviosa.
El match expiraría. Y no quería que lo hiciera.
—Bueno, Granger... ¿qué es lo peor que puede pasar? Que no sea él. O que sí sea —murmuró.
Abrió la app.
Sus dedos temblaron.
Y entonces, escribió:
Hola.
Cuatro letras. Una palabra.
Casi una cicatriz.
Presionó "Enviar".
Y se quedó mirando la pantalla. Como si acabara de encender una bomba de tiempo.
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