Hermione –

El celular brillaba sobre la mesa de noche, como si supiera que ella seguía despierta.

"¿Nos conocemos?"

Qué descaro.

Lo apagó, lo dejó boca abajo. Como si eso pudiera calmar el temblor en el pecho.

Pero ya era tarde.
No era el mensaje lo que no la dejaba dormir.
Era el pasado.

Cerró los ojos, esperando descanso.
Pero encontró la imagen del lago, reflejando la luna sobre Hogwarts.

La última noche.
El último beso.
El cuerpo que no debía tocar.
El nombre que no debía susurrar: Draco.

Se suponía que se odiaban.
Pero el odio era un disfraz. Un escudo.
Y esa noche, cuando él la miró diferente, ella supo que estaba perdida.

Recordaba su voz.
Sus manos.
La frialdad de la piedra del ala norte.
La intensidad de ese primer contacto.
Las lágrimas silenciosas que no supieron de dónde venían.

Y luego... nada.

Sin cartas.
Sin respuestas.
Sin despedidas.

Solo un vacío amargo.
Uno de esos que no se llenan con los años.

—¿Nos conocemos? —repitió, sarcástica.

Claro que sí.

Conocía su piel.
Su respiración.
La manera en que temblaba.
El tono con el que decía su nombre... como si doliera.

Y ahora se escondía tras iniciales y una barba bronceada.

Hermione se abrazó las rodillas en la cama.
Podía sentirlo aún.
Esa parte vulnerable de ella que él había tocado.

—Hijo de... —susurró.
Pero la voz se le quebró.

No por odio.
Por lo que aún quedaba.

Y entonces, a pesar del nudo, del orgullo, del miedo...

Abrió la app.

Todavía faltaban años de heridas.
Meses de verdades a medias.
Pero ahí estaba ella.

Escribiéndole otra vez.

Porque, a pesar de todo...
su corazón nunca lo soltó.


Draco – Fantasmas en el viñedo

8:14 a.m.

La app seguía abierta.
Albus roncaba a sus pies.
El café se enfriaba.
Y la pantalla seguía mostrando:

SM: ¿Nos conocemos?

Había tardado en enviarlo.
Sabía que era una forma cobarde de empezar.

No podía simplemente escribir:
"Hola, Hermione. Me partiste el alma a los 18 y todavía no lo supero."

Así que se escondió. Como siempre.

Y ella no respondió.

Cinco minutos.
Diez.

Al mediodía, ya llevaba tres cafés. Dos caminatas por el viñedo. Diez maldiciones contra sí mismo.

—No va a responder —murmuró.

Albus lo miró con ese juicio silencioso que solo los perros saben dar.

¿Nos conocemos?

Qué estúpida pregunta.

Claro que sí.

La recordaba con el pelo desordenado, la túnica mal puesta, corriendo con los libros a punto de caer.
La recordaba jadeando su nombre esa noche, en medio de una guerra que los arrinconaba.

Y después...
Silencio.
Distancia.
Una carta nunca enviada.

Pero ahora... ella estaba allí. En una app.
Y él, como un tonto, había abierto una puerta con una pregunta que no merecía.


12:47 p.m.
El celular vibró.

Jean G.:
¿Tú qué crees?

Tres palabras.
Pero no eran simples.

Eran un eco.

Un hilo que los unía desde la noche sin cierre.

Por primera vez en años, Draco sintió que tal vez… solo tal vez… aún quedaba algo que valía la pena no dejar ir.


Hermione – La estratega Granger

La cafetera chisporroteó.
Crookshanks maulló.
Ella no escuchaba.

Estaba frente a su laptop.
Excel abierto, KPIs flotando, correos por enviar.
Pero su mente estaba en otra parte.

En una notificación.
En un mensaje.
En una herida.

¿Nos conocemos?

Volvió a leerlo.
Y sonrió. No dulce. No amable.
Una sonrisa afilada. Como una daga que ya no duele.

—No está seguro... —murmuró.

Claro que era él.
Draco Malfoy.
O "SM", como si eso pudiera borrar lo que fue.

¿Y qué si tenía barba y un bronceado ridículamente perfecto?
¿Y qué si seguía siendo malditamente atractivo?

No iba a caer.
No tan fácil.

No después del silencio.
No después de hacerla creer que esa noche no significó nada.
No después de romperla y desaparecer.

Así que dejó pasar las horas.
Lo dejó dudar.
Lo dejó sudar.

Quería que se sintiera tan perdido como ella a los 18.

12:47 p.m.
Mientras hablaban de metas y porcentajes en una videollamada, bajó el volumen.
Y escribió:

¿Tú qué crees?

Frío. Críptico.
Como un espejo.

Envió.
Cerró la app.
Subió el volumen.
Siguió hablando como si nada.

Porque a veces, el silencio…
es la victoria más elegante.


。゚ ︎。 Si este capítulo te removió recuerdos, heridas o ganas de escribirle a alguien que nunca te contestó… dejá tu o contame qué pensaste. Gracias por leer hasta acá. A veces, la historia más intensa es la que no se termina de escribir