Hermione – Entre libros y jadeos
2:44 a.m.
El sueño empezó en el lugar más insospechado:
La biblioteca de Hogwarts.
No era la misma.
Era más oscura, más cálida.
Más íntima.
Hermione hojeaba un libro sin leer una sola palabra.
Sabía que él estaba allí.
Podía olerlo. Sentir su presencia antes de verlo.
Draco.
Ya no la miraba como enemigo.
Ni como un recuerdo.
La miraba como un hombre hambriento.
Se acercó en silencio.
Le apartó el cabello.
Le rozó la piel del cuello con los labios, lento, como si estuviera marcando territorio.
—Estás soñando —susurró él, pegado a su espalda—. Pero yo no me pienso ir.
Hermione soltó un suspiro que no era de sorpresa.
El libro cayó al suelo.
Sus cuerpos se encontraron en una danza conocida y peligrosa.
Las caricias fueron firmes, decididas.
Su aliento cálido contra su piel, su voz grave susurrando palabras que la rompían por dentro.
Ella se dejó llevar.
Se aferró al borde de la mesa.
Se entregó sin pensar, sin freno.
Cada roce.
Cada gemido.
Cada movimiento...
Era un grito del pasado que pedía repetirse.
—Dime que me soñaste así —susurraba él—. Dime que pensaste en mí...
Ella no contestó.
No hacía falta.
Su cuerpo hablaba por ella.
La intensidad creció hasta hacerse insoportable.
Una mezcla de rabia, deseo y algo que se parecía demasiado al dolor de querer aún.
Y entonces… despertó.
Sudorosa. Agitada. Temblando.
El deseo seguía ahí.
Tangible. Latente.
No sabía si había sido un recuerdo o un sueño.
Y por primera vez... deseó que no fuera ninguno de los dos.
Draco – Entre gritos y espasmos
3:13 a.m.
No fue un sueño.
Fue una condena.
Hermione.
Aparecía entre el vapor de la ducha.
El cabello húmedo, los ojos encendidos.
Una visión más peligrosa que cualquier hechizo.
—No digas nada —ordenó ella—. Solo hazlo.
Y él… obedeció.
No hubo palabras.
Solo urgencia.
Una necesidad brutal. Una conexión inquebrantable.
Cada gesto era preciso.
Cada beso, una confesión disfrazada.
La tomó como si estuviera pidiendo perdón con el cuerpo.
Como si ese momento fuera lo único real que le quedaba.
Como si su redención estuviera escrita en la piel de ella.
Y luego, en medio de la intensidad, la miró a los ojos.
—Dime que es mío —le pidió, la voz quebrada.
—Todo —respondió ella—. Mi cuerpo, mis secretos... mi magia.
Y él cayó.
Entero.
Rendido.
Despertó jadeando.
Las sábanas revueltas.
La respiración hecha pedazos.
El nombre de ella ardiendo entre los dientes.
Hermione.
No lo dudó.
La buscó.
En el recuerdo.
En el deseo.
En la memoria de esa noche, de ese año, de esa herida.
Y comprendió una verdad ineludible:
Si incluso en los sueños más intensos seguían encontrándose…
entonces, estaban malditamente destinados a hacerlo en la vida real.
。゚ ︎。 ¿Te dejaste llevar por esta escena? La intensidad también puede vivirse en lo que no se dice. Déjame tu o un comentario, que es la única forma que tengo de saber si este viaje te está tocando tan fuerte como a mí
