Hermione – Amanecer en Bondi
—¡Hermione, apúrate! ¡Va a correr otra vez! —gritó Emily, su hermana menor, mientras luchaba por sujetar a George con más entusiasmo que técnica.
Hermione sonrió, aún medio dormida.
El mate caliente en una mano, la cámara colgada al cuello.
El mar brillaba. El cielo ardía.
Bondi Beach, 6:30 a.m.
La luz era perfecta.
El aire, salado.
Y sus hermanos... inagotables.
Emily, con su coleta alta y energía de maratonista.
George, todo sonrisa y bronceado, siempre pareciendo sacado de un anuncio de protector solar.
Hermione ajustó el lente y enfocó.
Primero, las olas.
Luego, su hermano.
Y entonces...
Él.
Al principio, solo una silueta.
Un cuerpo sobre una tabla, surcando la espuma con precisión casi coreográfica.
Músculos definidos.
La espalda dorada por el sol.
El agua resbalando lentamente sobre su piel...
Hasta que giró.
Y Hermione vio los ojos.
Bajó la cámara.
Sintió un golpe seco en el pecho.
El corazón palpitando.
Demasiado.
—No... —susurró.
Volvió a mirar. Fingió ajustar el foco.
Pero lo que hacía era memorizar.
Torso. Barba. Cabello revuelto. Cicatriz en el hombro izquierdo.
Sí.
Era él.
Draco Malfoy.
O SM.
Como si dos letras pudieran ocultar lo que había sido.
Él aún no la había visto.
Pero ella no podía dejar de mirarlo.
Y por un instante... su mente viajó.
No estaba en la playa.
Estaba bajo su cuerpo.
Enredada en sábanas que no recordaba.
Con su barba contra el cuello.
Con sus manos.
Su boca...
Hermione parpadeó.
Sacudió la cabeza.
—Contrólate... —se murmuró.
Pero le gustaba.
Le gustaba de una manera que dolía.
Porque el Draco de sus recuerdos se había ido.
Y este...
Este era un hombre.
Un hombre que parecía haber hecho las paces con todo.
Con su historia.
Con su cuerpo.
Con ella.
"Si no juego bien," pensó,
"este hombre me va a romper en mil pedazos."
Le tomó una sola foto.
Y la guardó.
En una carpeta sin nombre.
Draco – Marea viva
El mar estaba bravo.
Perfecto.
Draco surfeaba como si el agua pudiera purgarlo.
Lo aliviaba.
Lo hacía olvidar... incluso a ella.
Hasta que la vio.
Primero, al chico alto que saludaba a la orilla.
Y luego, al girar...
Dos chicas.
Una, enérgica, atlética.
Y junto a ella...
Cabello desordenado.
Zapatillas viejas.
Una cámara colgando.
Mirada aguda.
Hermione.
La tabla se balanceó bajo sus pies.
Pero él no se movió.
No había visto sus ojos aún.
Pero el modo en que ocupaba el espacio...
era inconfundible.
Ella siempre tuvo esa presencia.
Como si el mundo girara alrededor suyo sin que lo notara.
Como si todo el ruido se apagara en su órbita.
La Hermione de siempre.
La que lo desarmaba solo con existir.
Y al mirarla —con esa trenza floja, los labios partidos por el viento, la cámara colgando como una extensión del alma—
Draco sintió cómo la respiración se le enredaba en la garganta.
En su mente, ya estaba tocándola.
Ya la tenía contra la pared de la ducha.
Ya le deshacía la trenza.
Ya la escuchaba murmurar su nombre.
Con urgencia. Con rabia. Con deseo.
Inspiró hondo.
Pero el mar no lo calmaba.
—No puede ser... —murmuró.
Pero lo era.
Y lo sabía.
Surfeó otra ola.
Con los ojos ardiendo.
Con la mente llena de ella.
Hermione
Bajó la cámara cuando él se perdió en la espuma.
Pero la imagen se quedó con ella.
La espalda.
La forma en que la había mirado sin verla.
Claro que sabía quién era.
Desde ese "hola".
Desde la barba.
Desde los silencios en sus mensajes.
Y aún así... jugaba.
Ignoraba.
Bromeaba.
Ponía distancia.
Porque si decía la verdad...
perdía el control.
Y Hermione Granger no pensaba perder.
No esta vez.
Draco
Flotaba en su tabla.
El sol le ardía en los ojos.
Y ella estaba allí.
Sabía que era ella.
La forma de escribir.
La manera en que corregía sus errores como si fueran conjuros fallidos.
La forma de mirarlo sin miedo.
—Jódete, Malfoy —murmuró, sonriendo con ironía.
Esto era un juego.
Uno peligroso.
El primero que nombrara al otro... perdía.
Y él prefería desearla en silencio
...antes que perderla otra vez por hablar demasiado pronto.
。゚ ︎。 A veces la tensión más intensa no se grita, se fotografía. Si este capítulo te atrapó, dejá tu o contame qué sentiste. Gracias por estar del otro lado
